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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
Lecciones de los 30 años en Argentina Buenos Aires/Pagina12 Una muchedumbre policlasista, con fuerte presencia de clases medias, de una vasta pluralidad ideológica y multietaria con predominio juvenil, la mayor parte de los presentes integrada a la marea humana sin encuadramientros orgánicos, por propia decisión, mostró que con esfuerzo está arraigándose, al fin, una cultura nueva, ajena a dogmas y prejuicios pero con una vocación definida por la libertad y la justicia. Pese a algunas provocaciones y a la mezquina pretensión de grupúsculos por manipular el contenido del acto en la Plaza de Mayo, la ciudadanía allí congregada supo pasar por encima de esos incidentes y rendir solidaridad con las Abuelas y las Madres, heroínas indiscutidas de una resistencia inclaudicable de veintinueve años sucesivos. La dictadura más cruel de Argentina no nació de un repollo. Tampoco fue la repuesta ineludible a un gobierno grotesco o a la insurgencia de milicias juveniles, porque aquel golpe de Estado formó parte de una sucesión de asaltos al gobierno en el Cono Sur y en casi toda la región. Eran piezas de un plan más amplio cuyo propósito central era desarmar la oposición popular a una reorganización de las economías regionales según las pautas conservadoras más estrictas. Hay archivos, documentos y toda clase de evidencias para comprobarlo. Sin embargo, esta dictadura tuvo una ferocidad superior a las demás. ¿Cuánto de lo monstruoso que pasó había incubado antes en la sociedad argentina? ¿Qué sustratos perversos salieron a la superficie para que jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas y de seguridad actuaran con semejante desprecio inmisericorde por el otro? Los militares pudieron avanzar hasta donde llegaron porque encontraron las puertas entreabiertas. Igual que otros golpes anteriores, aunque éste peor que ninguno, no hubiera sido posible sin el consentimiento, entusiasta o resignado, de los civiles que tenían responsabilidades decisorias en todo tipo de instituciones, los partidos políticos en primer lugar y luego, de la Iglesia cupular a los medios de prensa, de los sindicatos a los organizadores del Mundial deFútbol, de los indiferentes a los nacionalistas sobresaltados de Malvinas. Es uno de los más tremendos fracasos de aquella república plagada de facciones antagónicas que sólo concebían el futuro a través de la aniquilación del Otro. Si es verdad que ya quedó en claro que el respeto a los derechos individuales y civiles son obligaciones permanentes de la república democrática y de todas sus instituciones, es tiempo de pensar en los derechos humanos por lo que tienen que ver con el pasado, pero también por sus implicancias más amplias del presente. Para decirlo en términos sencillos y directos: los derechos ciudadanos estarán siempre incompletos si no se realiza la justicia social, desde el derecho a la protesta hasta la equitativa distribución de las riquezas. Cada mujer u hombre en derecho de ciudadanía no puede ser desmembrado: si vota, la democracia ya cumplió, si no come, no trabaja o no se educa es culpa de cada individuo, pretenden los demócratas formalistas. No habrá verdadera democracia si las mayorías no gozan de la plenitud de oportunidades. Eso es lo bueno de este presente: la vida empuja más que la muerte.
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El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe. |