V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

Pastoral carcelaria

 Villa Devoto es un barrio de la Ciudad de Buenos Aires, muy conocido por su cárcel, una de las más grandes del país. Durante el gobierno militar en Argentina esa cárcel, tenía una sección especial para mujeres sospechosas de haber cometido delitos de subversión. Había unas 200 en esa condición.

El gobierno militar había creado un sistema de condena consistente en un tribunal civil, otro militar y un tercero, presos a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional) en ese sistema una condena de tres o cinco años podía convertirse en varios años mas. El sistema carcelario permitía solo a un capellán Católico atender la vida espiritual de las personas presas.

Solo en casos especiales un pastor protestante podía obtener un permiso especial para visitar a determinadas presas que solicitaban la asistencia espiritual de el. De esa forma tres internas solicitaron mi visita pastoral, ellas eran Virginia, Mónica y María Celeste, luego de largos trámites pude conseguir el debido permiso. El gobierno militar procuraba estar bien con las Iglesias.

Aproximadamente en el año 1977 en plena represión militar en el país, cuando cientos de personas desaparecían “de la noche a la mañana”, cuando en unos 300 centros clandestinos se torturaba a los desaparecidos para obtener información, yo comencé a hacer semanalmente, mis visitas a la cárcel de Villa Devoto.

Una hora de viaje, otra hora para presentar mis documentos, revisación personal previa al ingreso y espera hasta llegar a los locutorios donde tenía solo 20 minutos para hablar con cada una de las tres presas que visitaba.

Había aproximadamente 100 locutorios ubicados en un largo y estrecho pasillo. Cada uno tenía un grueso vidrio como pequeña ventana, para hablar había que hacerlo mediante un caño que llevaba la voz al otro lado. Sucedía que, cuando había muchas personas en los locutorios era muy difícil entenderse. Además era necesario hablar en “clave” para no levantar sospechas a la guardia policial que custodiaba.

Una de las expectativas de las presas era llegar a la fecha del término de su condena. Mónica 30 de junio 1980, Virginia y María Celeste otras fechas. Los días pasaban y al llegar a la fecha…. seguía la condena por que eran pasadas a disposición del Poder Ejecutivo Nacional durante tres años más de cárcel.

Este sistema, junto al muy estricto régimen carcelario tenía el propósito de destruir psíquicamente a las presas. En varios casos lo lograban, esa situación era como una carrera de resistencia, las presas decían “tengo que salir bien de aqui´” los carceleros todo lo contrario “te vamos a destruir”.

Cuando Virginia fue encarcelada estaba embarazada. Dentro de la cárcel nació su hija Evita que vino a poner un poco de alegría no sólo en su mamá sino en todas las presas. Pasaron algunos meses y llegó el día cuando Evita le fue quitada a su mamá. Imaginamos la angustia de Virginia, en esos años el régimen militar hacia desaparecer bebes, niños y niñas que luego eran regalados o vendidos.

Para nuestra alegría, en este caso, Evita fue entregada a los padres de Virginia quienes vivían en San Juan, 1100 kilómetros de Buenos Aires. Aproximadamente una vez por mes viajaban a la cárcel para visitar a Virginia. La niñita creció viendo a su madre en el locutorio, solamente la mitad del cuerpo, imposible era tocarla y besarla, un grueso vidrio lo impedía. En su mente sencilla su mamá no era una persona entera sino solo de medio cuerpo.

Un día Mónica me dijo que querían participar en la comunión, para ello era necesario solicitar a las autoridades carcelarias el permiso para hacer una visita de contacto es decir personal. Con ese propósito escribí una carta al Director de la cárcel quien, luego de un mes me respondió “de acuerdo a la reglamentación solamente el capellán Católico puede celebrar la comunión” A los pocos días volví a escribir dando mayores argumentos de porque las presas protestantes debían ser atendidas espiritualmente por sus propios pastores. Se repitió la negativa. Insistí nuevamente acusando ahora a las autoridades de violar la libertad de culto y maltratar espiritualmente a las presas. No recibí respuesta pero en mi siguiente visita me hicieron sentir el rigor en el momento de la revisación personal, esa fue la respuesta. Debía no molestar mas con ese tema o tendría problemas mayores.

Cuando llegué de regreso a casa frustrado y de mal humor por la experiencia vivida escribí un texto apocalíptico describiendo lo que vivíamos en el país, el texto habla de la visión de un monstruo en el gobierno del país, además, resolví guardar un pan hasta el momento cuando, en el futuro, llegaría el momento de poder celebrar la Santa Comunión.

Pasaron varios años, el gobierno militar hizo desaparecer entre 15 a 30 mil personas, robaron sus bienes, robaron la identidad aproximadamente a 700 niños y niñas desaparecidas que fueron vendidos o regalados, también las fuerzas armadas hicieron desaparecer toda la información sobre lo sucedido, endeudaron el país como nunca antes mediante el bien planeado sistema de la deuda externa. Al comenzar el gobierno militar en 1976 la deuda era de aproximadamente 7.000 millones de dólares luego de ocho años había trepado a 48.000 millones. Vino la guerra contra Inglaterra por las islas Malvinas donde murieron cerca de 500 soldados argentinos muy jóvenes.

Finalmente cayó el gobierno militar y Argentina recuperaba la democracia en diciembre de 1983. El 1 de diciembre me fue concedido el permiso para celebrar la comunión con las tres presas en la cárcel de Villa Devoto, así lo hicimos pocos días antes de que obtuvieron su libertad. Busque aquel pan que había guardado años atrás, tenía gran significado para nosotros. En la capilla de la cárcel celebramos la comunión. Cuando regrese a casa escribí:

“Al fin, el permiso llegó y hoy celebramos la Santa Comunión , pero, de tanto esperar el pan se había endurecido.

Tomen, coman, este es mi cuerpo…

No era el pan fresco y blando de la comunión dominical. Era el pan endurecido por años de espera. No era el pan fresco de la congregación sino el pan duro guardado por años.

No era el pan fresco, fácil de romper sino el pan duro que se resistía.

Pan duro de la Santa Comunión postergada.

Pan duro de largos años de espera. Pan duro que significaba valor y resistencia al poder de las armas. Pan que fue mas fuerte que la represión militar. Pan lleno de significado y que ahora nos alimentaba en la fe dándonos abundancia de vida. Pan y vino de la liberación. Pan y vino de la esperanza y la libertad. Aleluya !!!

En esa misma celebración Virginia me contó la experiencia que había vivido con su hijita Evita que ahora tenía aproximadamente seis años. Le habían dado también a ella y su familia el permiso para tener una visita personal, prohibida hasta ahora por años de verse en el locutorio. Evita estaba radiante de felicidad y abrazaba a su madre una y mil veces. Virginia le preguntó ¿Estas feliz Evita?

Si mama !! estoy muy feliz porque…tienes piernas !!

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.