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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
Honduras Tegucigalpa/NS La reunión de la Junta Directiva del Clai en Tegucigalpa en inicios de marzo, posibilitó un acercamiento a ese país que se caracteriza como el tercer país más pobrete América Latina y el Caribe. Honduras tiene 6.4 millones de habitantes, 55% menores de 20 años. El mas grande foco del dinamismo económico son las maquilas (montadoras). Esas empresas han generado la gran parte de los empleos (72% femeninos). A partir del año 2004 el ingreso de remesas pasó a ser el rubro más importante de ingreso de divisas, alcanzando un poco mas de 1,000 millones de dólares. Hasta el tercer trimestre del 2005 Honduras fue el principal exportador de productos agrícolas a los Estados Unidos. El 11% de la exportación entraba por el Puerto de Nueva Orleáns, que fue duramente afectado por razón del Huracán Katrina. El índice de competitividad ubica a Honduras en la posición 74 de 76 países, sólo superior a Nicaragua y Haití, países con una situación de desestabilización política y social reconocida. El 62.1% de la población hondureña vive bajo línea de pobreza y un 38% en pobreza extrema. Estos indicadores son mayores en el área rural. El 60% de la población rural está concentrada en laderas y tierras con poco potencial productivo que carecen de vías de comunicación para conectarse con los mercados. El subempleo está por arriba del 30% y cuenta con una tasa de participación de la mujer en la fuerza de trabajo remunerado de 40%. El promedio de educación no alcanza más allá de 4.2 años de instrucción formal. Honduras es el tercer país más pobre de América Latina y del Caribe. Indicadores como acceso a los servicios de salud, prevalencia de enfermedades, acceso a los medicamentos e infraestructura en salud, manifiestan que el derecho a la salud es uno de los más vulnerados en Honduras. Sobresale, además, el problema del VIH-SIDA. Entre 1985 y 2005 se han reportado 17,208 casos. Con los casos no registrados se considera que la cifra es casi diez veces superior al número de los registrados. El deterioro ambiental es creciente, tanto en el medio urbano como rural lo que causa un incremento de la vulnerabilidad ante desastres naturales. La deforestación ha llegado a ser de 100,000 hectáreas por año. El paso del huracán Mitch puso al descubierto la vulnerabilidad social del país. Honduras tiene un movimiento emigratorio internacional importante para su población. Alrededor de 15,000 hondureños y hondureñas han salido anualmente del territorio en los últimos 10 años. Un efecto de ello, es el impacto creciente que están teniendo las remesas: en 1999 el monto alcanzó los US$ 320 millones y del 2000 en adelante US$ 409 millones. La sociedad civil hondureña es una de las más débiles en Centroamérica. Las organizaciones sindicales y campesinas tienen una visión estrecha de sus reivindicaciones y poca legitimidad ante sus bases. En parte, el vacío dejado por las organizaciones sociales tradicionales ha sido ocupado por ONGs que han producido propuestas de diverso tipo, pero sin llegar a tener la fuerza social necesaria. No obstante, éstas han tenido algunos logros como: servicio militar voluntario, reforma policial, debate sobre deuda externa, comisión de seguimiento de reconstrucción. La inseguridad ciudadana se ha ido acrecentando. Persisten altos niveles de violencia y tasas de criminalidad. Es importante registrar además el incremento del crimen organizado ligado al narcotráfico cuyos registros no existen. También crecen la violencia intrafamiliar y la corrupción. La Declaración de Lima surgida de la Octava Conferencia contra la Corrupción celebrada en Lima, Perù, en 2005, convocada por “Transparencia Internacional”,Honduras obtuvo un índice de 1.98, con lo que se sitúa en el penúltimo lugar, solo superado por Paraguay (1.88) y Panamá (1.70). Dentro de el conglomerado de actores-as importantes en el contexto de la región centroamericana ocupan un lugar especial las iglesias ya que ante la inconsistencia de la institucionalidad de los estados, el desencanto de la población con los resultados de los esfuerzos en desarrollo a la fecha, las iglesias recobran importancia en la región de tal forma que nos resulta importante puntear algunos aspectos que puedan contribuir a un debate en esta lógica eclesial en Centroamérica. Se aprecia un crecimiento de las iglesias cristianas en la región. Las iglesias están presentes en coaliciones, alianzas y otras expresiones de sociedad civil que quieren incidir en el desarrollo de la región. También se puede apreciar la presencia y la participación de las iglesias y otras articulaciones eclesiales en la facilitación de procesos de desarrollo. De la misma manera se observa el fortalecimiento de las mega iglesias y el surgimiento de nuevas expresiones de este tipo de iglesias. El rol de las iglesias fue determinante y protagónico en las diferentes áreas de la problemática que surgió con el Match. En este sentido señalamos que la Comisión Cristina de Desarrollo (CCD), dirigida por Noemí Espinoza, vicepresidente del CLAI con las iglesias atendieron el 28% de la población damnificada. Eso hizo que CCD y Cáritas fuesen merecedoras del Premio Nacional de Derechos Humanos en 2001. Los procesos de Desarrollo Local y Participación Ciudadana van planteando nuevos desafíos a la fe en la medida que avanzan y uno de ellos es el de fortalecer la participación de las iglesias y organizaciones ecuménicas como parte de la sociedad civil en estos procesos para asegurar sostenibilidad equitativa y facilitar un espacio de equilibrio entre ciudadanía y gobiernos locales, donde la fe en términos con concretos, sea un ingrediente que ilumina y anima estos procesos. Como demandas actuales, las iglesias se enfrentan a un creciente interés en la Educación Teológica en todos los niveles, especialmente en el campo del laicado (CEPAS). Esa educación teológica acontece desde una visión y acercamiento a la problemática nacional desde lo pastoral. De manera especial se destacan la creación de programas que aborden la problemática de la Juventud en alto Riesgo y el flagelo del VIH/SIDA, que demandan a las iglesias un cambio de actitud y el asumir presencia pastoral con este sector. |
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe. |