V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

María Magdalena
Una visión desde el Siglo XXI

María (la preferida de Dios) Magdalena renace hoy con sus pensamientos, sus apetitos, sus ansiedades, sus historias ocultas, su testimonio femenino sobre Él, de quien siempre tuvimos un testimonio masculino. Limitada por sus miedos y sus roles, abundante en su amor, entregada en su dedicación, la discípula, aquella a quien Jesús había quitado siete demonios, escruta con sus ojos enamorados, fieles y seguidores, las huellas del Ungido.

Bienaventurada, porque desde el día en que lo encontró no lo abandonaría jamás: probablemente ungiera con perfumes de mirra y azafrán su cabeza; complotaría con los doce y con varias mujeres, al lado de Aquel que vino a revolucionar el Cronos y el Kairos.

Convencida y comprometida, da testimonio en su evangelio apócrifo, palabra sinónimo de oculto, oscuro e ilegal para muchos, seguramente para los que detentan el poder, aquellos que fueron cómplices de la "invisibilización" de la mujer.

María de Magdala se contagió del amor ardiente de Jesús y anunció a los apóstoles el misterio de la resurrección, la Pascua. El tiempo nuevo y el perdón de los pecados, no solo de los de ella, sino de los de todos los revestidos de Cristo. Su pecado gira en torno a una iconografía, la de la penitente, la prostituta; y sin embargo, en ningún pasaje bíblico se la sitúa como mujer que vendiera su cuerpo públicamente, ninguno de los evangelistas la retrata de esa forma. En el transcurrir histórico se realiza esa estigmatización de Magdalena.

De ella se dijo que tenía siete demonios, los cuales fueron expulsados por Jesús, pero demonios también podían significar enfermedades o malos espíritus. Su muerte, como su vida, están rodeadas de leyendas, de mitos tejidos en el transcurrir del tiempo y conforme se acrecentaba su figura de acompañante perenne del Maestro. Fue así como ella misma lo llamó, cuando confundida y sombría, encontró la lápida fúnebre fuera de su sitio, y en su lugar un hombre a quien inicialmente confundió con el hortelano, y que luego, dichosa de asombro, reconoció en su magnificencia y en su resurrección.

Junto con María -la madre- acompañó la pasión y estuvo presente, infaltable, al pie de la cruz, soportando en sí misma cada dolor que recibía nuestro Salvador; fue la primera en llegar al sepulcro y la escogida para anunciar, aun a los Apóstoles, la resurrección.

María Magdalena, la mujer borrada

Contra ese trasfondo se levanta una pieza de teatro debida a la pluma de la escritora ecuatoriana Viviana Cordero, quien emplea textos del Cantar de los Cantares, el Himno a Isis y un rostro de Alejandra Pizarnik en su obra. En María Magdalena, la mujer borrada, la actriz -Juana Estrella, nacida en Cuenca, es todo el elenco- se alista para sorprendernos con el transcurrir del reloj de arena. Ella, fuerte y convencida, emerge de una barca sin remos, arrojada al mar y encerrada en una red de pescar. Su pelo largo, negro, espeso acompaña perfectamente bien al personaje que algún día todas imaginamos: sensual, voluptuosa, decidida; la marginal, la excluida, dispuesta a contar su historia. María Magdalena está decidida a ser escuchada.

La obra devela una María Magdalena diferente: la privilegiada, la esposa, la escogida, la curada por el Redentor; la agradecida, pero también la mal vista, la mal interpretada, la permanentemente juzgada. El componente literario rescata los escritos ocultos y ha supuesto una investigación seria y sólida, tomando en cuenta que el tema siempre resulta un agente perturbador del orden. Es, en definitiva, una nueva visión de esta mujer, que representa y simboliza a tantas otras.

La propuesta de la obra es desafiante respecto a la posición de la historia eclesiástica, que se encargó de subrayar que María Magdalena, al no ser inmaculada, no pudo lograr participar del mensaje del Señor. Sin embargo, el evangelio apócrifo rescata los siguientes versículos:

"Yo -dijo- vi al Señor en una visión y le dije: «Señor, hoy te he visto en una visión». Él respondió y me dijo: «Bienaventurada eres, pues no te has turbado al verme, pues allí donde está el Intelecto, allí está el tesoro». Yo le dije: «Señor, ahora, el que ve la visión ¿la ve en alma o en espíritu?». El Salvador respondió y dijo: «No la ve ni en alma, ni en espíritu, sino que es el Intelecto que se halla en medio de ellos el que ve la visión". (Los Evangelios Apócrifos, por Aurelio De Santos Otero)

Según este testimonio, real o irreal, -solo la historia se encargará de demostrarlo- María Magdalena había visto al Señor con su intelecto. Ella hablaba con el Maestro de la materia, del pecado, de las diferencias entre alma y espíritu, y esas conversaciones se retratan en su evangelio, el único con nombre de mujer. ¿Pero por qué, si ella fue escogida por Jesús, serán los hombres los encargados de invisibilizarla?

Así, en la estructura de la obra surge Pedro como el gran rival de María Magdalena. Pedro duda de la importancia de este ser, solo por el hecho de que ella es mujer. Recurrimos nuevamente a los escritos no autorizados para sustentar esta diferencia:

"Después de decir todo esto, Maria permaneció en silencio, dado que el Salvador había hablado con ella hasta aquí. Entonces, Andrés habló y dijo a los hermanos: «Decid lo que os parece acerca de lo que ha dicho. Yo, por mi parte, no creo que el Salvador haya dicho estas cosas. Estas doctrinas son bien extrañas». Pedro respondió hablando de los mismos temas y les interrogó acerca del Salvador: «¿Ha hablado con una mujer sin que lo sepamos, y no manifiestamente, de modo que todos debamos volvernos y escucharla? ¿Es que la ha preferido a nosotros? Entonces Maria se echó a llorar y dijo a Pedro: «Pedro, hermano mío, ¿qué piensas? ¿Supones acaso que yo he reflexionado estas cosas por mí misma o que miento respecto al Salvador?"

"Entonces Leví habló y dijo a Pedro: «Pedro, siempre fuiste impulsivo. Ahora te veo ejercitándote contra una mujer como si fuera un adversario. Sin embargo, si el Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla? Bien cierto es que el Salvador la conoce perfectamente; por esto la amó más que a nosotros. Más bien, pues, avergoncémonos y revistámonos del hombre perfecto, partamos tal como nos lo ordenó y prediquemos el evangelio, sin establecer otro precepto ni otra ley fuera de lo que dijo el Salvador». (Textos Gnósticos, Biblioteca Nag Hammadi II, por Antonio Piñero )

Hoy, veintiún siglos después, al ingresar en el tercer milenio, las preguntas siguen siendo muchas y las fuentes de investigación, no verificables, lo cual puede levantar la indignación de los exégetas. Pero si algo queda con fuerza y testimonio, es la necesidad de visibilizar la figura de la mujer, de levantarla, como lo hizo Jesús cuando pronunció en arameo: Talita Kumi.SV

La boliviana Soraya Luján es cineasta y periodista.

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