V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

Psicología de la conversión
Su efecto en la personalidad

Cuando era joven experimentó un período de angustia.
Un día en su jardín en Milán, mientras meditaba, escuchó una voz que le dijo: "Toma y lee". Abrió su Biblia y leyó
Romanos 13.13. Instantáneamente sintió una serenidad en lo profundo de su corazón y la oscuridad y duda se desvanecieron.
San Agustín

La conversión es definida, teológicamente, como un cambio dramático en la forma de pensar, de sentir y actuar de una persona, causada por una experiencia religiosa. A su vez, la psicología define la personalidad como la estructura intrapsíquica única que no cambia mucho, reúne las características sociales, emocionales y motivacionales de la persona, lo cual la hace distinta a otras. ¿Es entonces posible decir que, la personalidad cambia por la conversión? Si cambia, ¿ cuán profundo puede ser el cambio? ¿De qué manera se afecta la personalidad en el proceso de la conversión y cómo la conversión afecta ciertos aspectos de la personalidad en América Latina?

Conversión y personalidad

La conversión, para Freud era un "signo de psicopatología e inmadurez", lo cual se menciona implícitamente en su libro El Futuro de la Ilusión (1928). Algunos psicólogos contemporáneos reafirman esta lectura freudiana al indicar que la conversión sucede cuando las personas fracasan en su intento de resolver sus sentimientos de culpa y enojo en formas ordinarias y saludables. La religión y conversión permiten, entonces, resolver esta tensión interna de manera inmadura, a través de una experiencia "sobrenatural", que reprime y apoya al "ego" en su tarea de resolver esta tensión intrapsíquica.

Sin embargo, William James, psicólogo clásico norteamericano, en su libro Variedad en las Experiencias Religiosas ( 1902) presenta una opinión opuesta. James se refiere a la conversión como a una regeneración gracias a la experiencia religiosa, en la cual "el yo se unifica, experimentando el ser conscientemente correcto". A su vez, psicólogos contemporáneos, algunos cristianos y otros no, perciben la conversión como un evento que provoca cambios positivos observables en la vida de la persona. La frase muy conocida en nuestra iglesia protestante Latinoamericana "Yo no soy el que fui o nunca seré el mismo desde que conocí a Cristo, ahora mi vida tiene significado y vivo con una paz genuina en mi interior" expresa este proceso de cambio positivo en el ámbito espiritual, perceptual y conductual, experimentado en la conversión. Desde el punto de vista de James, la afirmación anterior indica que el "ser" previo a la conversión se encuentra dividido y se unifica posteriormente en un "nuevo ser" a través de dicha conversión.

Con relación a la personalidad, también existen opiniones diversas. Por ejemplo, Freud la percibe como un conjunto de características de la persona, que se ha formado principalmente en la primera etapa de la vida y se mantiene generalmente estable en la etapa de la adultez. Esta es la razón por la cual teóricos de la psicología de la personalidad como Eric Erikson, psicoanalista alemán, consideran a Freud representante de una posición determinista de la personalidad. Erikson en su libro El Ciclo de Vida Completo (1982) más bien propone que la personalidad se desarrolla a lo largo de la vida a través de ocho etapas psicosociales, y asume de este modo,

indirectamente, una posición más dinámica y menos determinista de la personalidad. Allport, otro teórico de la personalidad también manifiesta que ésta mantiene una relación interdependiente y dinámica con la cultura, puesto que la personalidad es afectada por la cultura y la cultura por la personalidad. En este sentido, la espiritualidad, que es parte intrínseca de la cultura, impacta cambiando la forma de vida y la personalidad de las personas.

La conversión en América Latina

La conversión en América Latina podría definirse de dos formas: cultural y personal. Se entiende por conversión cultural, la conversión o creencia religiosa en Dios, debida a la enseñanza dada en la escuela, en el barrio y en la sociedad a la que pertenecemos, que es eminentemente judeocristiana. En la conversión cultural participan hombres y mujeres; esta experiencia se torna, algunas veces, en un esquema mental religioso, a través del cual dichos seres humanos satisfacen su necesidad cultural religiosa. En esta población se percibe a la persona religiosa como a alguien que ha logrado un cambio positivo en su personalidad; dicha persona, en términos de la subcultura evangélica, se denominaría la persona religiosa nominal. Por ejemplo: Un comerciante entrevistado en Perú por el antropólogo Luis Marzal en su libro Los Caminos Religiosos de los Migrantes en Lima (1988) dijo lo siguiente:

"Si alguien es malo, egoísta, envidioso, es porque no cree en Dios, y así las cosas le van siempre mal. Las personas egoístas y envidiosas no progresan... Mis vecinos, que hablan mal de mí y de mi familia porque ven que hemos progresado y dicen que es porque manejamos la plata de la crucecita y que nos la agarramos, veo que aunque dicen que creen en Dios, les va mal y tienen problemas".

La conversión personal, por el contrario, no es una herencia cultural sino más bien una opción de cambio individual que experimenta una persona al tener un cambio religioso, principalmente identificado en la subcultura protestante. Héctor Laporta, antropólogo peruano, también rescata esta idea del cambio cualitativo conductual y de identidad en la conversión dentro del mundo andino. En las entrevistas que realiza para analizar el discurso de las conversiones (monografía no publicada, 2003), un entrevistado manifiesta lo siguiente:

"Antes uno cuidaba la vida de uno pero no podía vivir en el hogar en ningún momento y estaba dado mucho al alcohol, entonces procedía mal ante la familia y la esposa. Ahora (luego de la conversión) la Palabra de Dios y el Señor me ha cambiado la vida, el Señor me ha atendido hasta aquí, para el hogar, para la vida también, me siento un poquito más aliviado que antes en la esclavitud".

Otra persona entrevistada manifestó:

"Hemos aprendido algo nuevo, hemos hecho reuniones y hemos aprendido que todos somos válidos ante Dios, somos hombres y mujeres los que valemos y no sólo los hombres".

Esta última narración muestra el cambio en relación con la identidad, la autoestima y la relación de género, que se experimenta luego de la conversión.

Otro aspecto significativo en América Latina es el de que sean las mujeres quienes principalmente han experimentado la conversión personal, mientras que la mayoría de los hombres vive una conversión cultural o nominal. Algunos colegas psicólogos atribuirían este fenómeno a cierto perfil que tradicionalmente se ha asociado a las mujeres como el de ser más sentimentales y extrovertidas; el de tener disposición para aceptar creencias sobrenaturales, o el de vivir conflictuadas por sentimientos de inseguridad, etc.). Marzal encuentra también que entre las personas entrevistadas, el 60% de la gente católica popular identifica los momentos de dificultad como aquellos que brindan la ocasión más importante para experimentar la cercanía con Dios. A su vez, señala que las mujeres sienten más que los hombres la cercanía de Dios. Sin embargo, la historia da testimonio de que los varones con tendencias muy intelectuales y racionales que experimentaron una conversión cristiana, también tuvieron cambios en su identidad y forma de vida, como San Pablo, San Agustín, Calvino, etc.

¿Cuánto cambia la personalidad con la conversión?

Como se he mencionado, existe correlación positiva entre conversión y personalidad. Diversos estudios psicológicos reconocen que la conversión personal religiosa provoca generalmente cambios en las actitudes, en la manera de pensar, en el área emocional y del comportamiento. Los psicólogos somos más escépticos en aceptar que los cambios provocados por la conversión se den en el aspecto fundamental de la personalidad. Es decir, se acepta que una persona cambia en ciertos niveles, pero una persona extrovertida seguirá teniendo este perfil de personalidad y de comportamiento, luego de la conversión. Lógicamente, la persona introvertida variará algo en su forma de relacionarse: se volverá más asequible debido al cambio experimentado en su autoestima, en su identidad y su perspectiva de vida, etc., gracias a la conversión. Sin embargo, no se podría afirmar que esta persona introvertida, luego de la conversión, cambiará su estructura de personalidad tan profundamente, que pase a ser, desde su introversión anterior, una persona extrovertida, por ejemplo.

A su vez, la psicología contemporánea y particularmente neofreudiana e interpersonal acepta que las experiencias positivas vividas aun en la adultez provocan cambios y mejoras sustantivos en la personalidad, al renacer un nuevo ser. Quizá en términos evangélicos esto se refiera al proceso de "reforma" de la persona o de "santificación"; a través de la conversión, que en forma progresiva impacta y provoca cambios en diferentes niveles y áreas de la personalidad, vemos cómo diversos comportamientos y esquemas mentales que fueron disfuncionales van cambiando progresivamente y los reemplazan formas saludables de pensar y actuar, tanto en el ámbito doméstico como en el de la vida privada. Luego de un tiempo, entonces "el nuevo ser" , el ser integrado y consciente de sus conflictos como consecuencia de la conversión personal y religiosa, logra ser conocido y hasta predecible por la consistencia de su actuar. Al parecer, los cambios provocados en la personalidad pueden ser intensos o leves, instantáneos o progresivos. Por ejemplo, otra persona entrevistada por el sacerdote y antropólogo Marzal, al narrar su experiencia de conversión indica:

"Entonces yo sentí como un rayo de luz en el corazón y me arrodillé, todos los hermanos que estaban allí oraban y desde ese momento (cambio instantáneo) conocí al Señor. Pero todavía tenía ese gusto de ser fiestera, me gustaba cantar, no pude vencer el vicio. Solamente pedía al Señor, como la hermana que me había guiado a orar: Transforma mi vida para hacer tu voluntad, para vivir delante de ti como una hija obediente. Y así yo pedía. Entonces, poco a poco, (cambio progresivo) eso de ir a las fiestas, de tomar cerveza, hasta de fumar cigarros, todo ese vicio el Señor me lo quitó".

Nuevamente la psicología intenta explicar este cambio instantáneo o progresivo indicando que las personas que buscan una experiencia religiosa son aquellas que sienten cierto sentimiento de culpabilidad y por esta razón tienen el factor motivador y catalizador para provocar un cambio en sus vidas.

Esta explicación es factible, pero no niega otros casos en los que muchas personas experimentan la conversión sin haberla buscado y sin haber estado anhelando un cambio interior. Así , la conversión personal y religiosa se ha dado también en personas que fueron sorprendidas por lo experimentado y más aún, por los cambios observados y vividos en ellas mismas, que no fueron buscados, en el área cognitiva, espiritual, emocional y conductual de sus personalidades. Tales cambios solo pueden entenderse como producto de la gracia de Dios y de su poder transformador que va mas allá de lo que la psicología intenta explicar.

Conclusión

La espiritualidad o religiosidad es un aspecto inherente al ser humano. En este sentido, no se puede negar que la espiritualidad y en particular en el ámbito cristiano, la conversión personal, provoca cambios sustanciales en la personalidad. Los testimonios son expresados con frases como las siguientes:

"Fue una experiencia que ha transformado mi vida, soy una persona diferente, ahora siento paz en mi vida y en mis relaciones, mi propia familia me ha dicho que me comporto diferente, solo Dios pudo haber logrado este cambio en mi vida, etc."

En psicología reconocemos básicamente lo mismo, pero usamos otro lenguaje, y decimos que existe una correlación positiva entre la conversión y ciertos cambios en la personalidad. Entre los cambios positivos encontrados se pueden señalar algunos como el de haber dejado las adicciones; el mejoramiento en la calidad de vida y en la relación de pareja; el hecho de asumir la responsabilidad de cada uno de sus actos; la disminución de síntomas psicosomáticos; la integración del ego y un sentimiento de armonía consigo mismo; la autopercepción en la que se asume una actitud más positiva, etc.

Los cambios señalados muestran que las personas, a través de la conversión, experimentan cambios significativos pero mantienen la estructura básica de la personalidad. Quizá se podría afirmar que los cambios provocados por la conversión son cualitativos, que mejoran la personalidad existente y logran optimizar la identidad nueva en Cristo, lo cual provee al sujeto de un nivel de confianza saludable y de un propósito en la vida que trasciende lo temporal, y provoca cambios en el ser y en el hacer. El amor incondicional de Dios y el recibir la oferta de su perdón provoca que la persona, al confesar su pecado y recibir el perdón viva una dinámica parecida a la catárticaterapéutica; esto provoca que la persona deje de usar sus defensas para autoprotegerse y experimente el renacimiento o conversión.SV

Carlos Pinto, peruano presbiteriano residente en Quito, es Coordinador de la Asociación Latinoamericana de Asesoramiento Pastoral y Familiar.

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