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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
La imagen del Dios de reconciliación En países donde ha habido conflictos de alta intensidad, y donde se han dado violaciones de los derechos humanos, los gobiernos han establecido como parte de su agenda la "reconciliación nacional" encubriendo, en algunos casos, crímenes de lesa humanidad. Los cristianos y cristianas asumimos haber sido reconciliados con Dios y que a la iglesia le ha sido dado el ministerio de la reconciliación. Sin embargo, la acción de la iglesia en los conflictos ha sido cuestionada por defender a los victimarios, o por ponerse del lado de las víctimas sin tener un acercamiento a los victimarios. Frente a un mundo cada vez más dividido por los conflictos y la violencia, ¿cómo podemos hablar de un Dios que reconcilia? A partir de la Biblia recuperaremos la idea teológica de reconciliación que, a la luz de una reflexión sobre diferentes textos, podemos matizar. Cuando aquí utilicemos el concepto de reconciliación nos referiremos al restablecimiento de relaciones entre dos enemigos. La reconciliación no se refiere a un acto en sí, en un solo momento, sino que está asociada y depende de otros elementos como la fe, el perdón, la justicia, la paz, la restauración, la restitución, la verdad y la misericordia. Es decir, es prácticamente imposible entender la reconciliación por sí sola, a no ser que se entienda como consecuencia o resultado de un proceso que incluya los anteriores conceptos. Además, podemos darnos cuenta de que esta reconciliación en su concepto inicial de restablecimiento de una relación con Dios abarca otras dimensiones de la vida: reconciliación de los seres humanos entre sí, consigo mismos y de estos con la naturaleza. Así pues, la reconciliación pasa de ser un evento meramente personal a convertirse en un evento de carácter holístico. Me referiré, en primer lugar, a los elementos propios de todo proceso de reconciliación, cualquiera que sea el conflicto y el contexto donde se den la fe, el perdón, la justicia, la verdad y la restauración. Estos elementos nos ayudarán a ver un Dios de reconciliación que busca la restauración de las relaciones rotas entre enemigos, sin parcializarse y sin dejar de lado, ni a la víctima-ofendida ni al victimario-ofensor. Dios de reconciliación y fe "Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1). En medio de un conflicto requerimos de esperanza. No es posible enfrentar un conflicto sin creer que hay salidas a él. Por eso, asumir la reconciliación desde la fe genera la esperanza de que podemos transformar las situaciones conflictivas destructivas en relaciones constructivas. La fe es una actitud de confianza en Dios que nos ayuda a dejar de lado el pesimismo y las dudas ante las situaciones adversas de la vida, incluidos los conflictos que nos dividen y ante los cuales no vemos salida. Para desarrollar la fe, no basta sentir y pensar, sino que se debe actuar. Por esto, nuestra actitud ante los conflictos debe cambiar. No es posible la reconciliación si no creemos (si no tenemos fe) que es posible el acercamiento entre las partes en conflicto o entre los enemigos. Lo que sucede es que esta fe tiene implicaciones prácticas, como lo veremos en los elementos que abordaremos más adelante. Dar lugar a la fe es aceptar que el sujeto de la reconciliación es Dios mismo, que es por Él mismo que podemos llegar a la reconciliación y no solo por nuestras propias fuerzas. Por lo tanto, somos nosotros y el mundo los objetos de la reconciliación de Dios, que intenta abarcar a todos y todas sin restricciones de ninguna especie. Dios de reconciliación y perdón "¿Cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? Jesús le dijo: no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete" (Mateo 18:21-22). Debemos reconocer que en una situación degenerativa del conflicto, según la gravedad de la lesión, ejercer el perdón es, para las víctimas, una de las tareas más difíciles que se puede pedir. ¿Cómo perdonar a quien ha causado daños irreparables? ¿Cómo perdonar a quien no se arrepiente? Sin embargo, este paso en la reconciliación es indispensable si se quiere romper el ciclo destructivo del odio y violencia que prevalece en el mundo. Debemos experimentar el perdón como un poder que sana las vidas interiormente, y sana la forma de relacionarse con otras personas. Jesús mismo nos lo recuerda en la oración del Padre nuestro: "Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mateo 6:12). Sin perdón no hay perdón de Dios. El perdón debe ser instrumento de liberación, tanto para la víctima-ofendida como para el victimario-ofensor. Ayuda a cambiar la manera de pensar y genera la esperanza de crear una nueva sociedad y de forjar un futuro mejor para las nuevas generaciones. El perdón debe ser entendido como un acto emocional interior. Por esto, no es un indulto. El indulto es un acto público de puesta en libertad, e involucra a una autoridad responsable. El indulto es una forma de reafirmar las normas, al mismo tiempo que busca liberar a la persona victimaria, a la ofensora, de la sanción total que le corresponde por violar las normas. Esto no quiere decir que perdonar al victimario-ofensor sea abolir el castigo por lo que haya hecho. Perdonar no es excusar o pasar por alto. Perdonar no es apoyar conductas que causan dolor a la víctima. Por eso, no se tiene que aceptar la conducta del otro para perdonar. Tampoco debe entenderse el perdón como reconciliación, porque el perdón es un proceso personal interior y que involucra solo a unmismo. Más bien el perdón es un paso necesario para acercar a las personas para que se puedan reconciliar, e incluye la disposición a reconciliarse. Perdonar tampoco es olvidar, tal como nos lo han enseñado tradicionalmente en la iglesia. Uno no puede decidir olvidar algo: por lo menos biológica y fisiológicamente, es imposible. Aunque debemos reconocer que las cosas que no son significativas para la persona se olvidan más fácilmente que aquellas que han causado un dolor muy profundo, que han tenido un impacto profundo en la víctima. Perdonar, entonces, consiste en dejar de lado el dolor, el sufrimiento, el pasado, la amargura, el resentimiento, el deseo de venganza, el deseo de revancha. Es un acto de liberación que está en uno mismo y no depende del otro. El perdón nos pone en el camino de la reconciliación, pero no es la reconciliación en sí misma. Dios de reconciliación y Justicia Restauradora "El producto de la justicia será la Paz , el fruto de la equidad una seguridad perpetua" (Is.32:17). El entendimiento legal de la justicia tiene que ver con el castigo para el victimario infractor de la ley y con la reparación para la víctima. Esto lleva a impedir que se vuelva a cometer la infracción e incluye, además, la declaración del daño y una reforma de las actitudes del individuo. Sin embargo, no es a este concepto de justicia castigadora, sino al de la justicia que propende a la reconstrucción de relaciones rotas, al que debemos apuntar; en otras palabras, a la justicia restauradora. Esto quiere decir que cuando hablamos de justicia debemos pensar también en reconciliación, pues estos dos elementos no se excluyen mutuamente; lo que debe buscar la justicia restauradora es ayudar a que la persona victimaria se reforme, a encontrar por qué razón se comporta así. Este concepto de justicia restauradora es, desde nuestro punto de vista, lo más aproximado al concepto evangélico de justicia, pues no es una justicia que condena, sino una justicia que restaura y libera. La justicia restauradora rompe con el viejo paradigma de la justicia distributiva que castigaba penalmente al criminal. Apuesta a una visión más integradora y adecuada a las partes, en un proceso penal, y vuelve necesaria la figura de la mediación víctima-victimario. Es un proceso por el cual la víctima-ofendida y el victimario-ofensor participan activamente en la búsqueda de soluciones, con la ayuda de un tercero llamado mediador. El Dios de reconciliación y la verdad "Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan" (Salmo 85:11) En el proceso hacia la reconciliación, es importante tener en cuenta la verdad. Es necesario confrontar diciendo la verdad, al menos desde la perspectiva de cada uno. Quienes más reclaman la verdad en un proceso de reconciliación son las víctimas-ofendidas y, además, reclaman el derecho de narrar sus propias historias. Quieren que el mundo sepa lo que pasó a ellas y a los suyos. Hablar con la verdad es el primer paso hacia la reconciliación. Es fundamental, para todos aquellos que tienen la tarea de acompañar a los implicados en el conflicto y de contribuir al proceso de reconciliación, escuchar las versiones de víctima y victimario. . Para las víctimas de los conflictos, decir la verdad tiene aspectos personales y colectivos. Tienen necesidad de acabar con el silencio, el aislamiento, el miedo y la mentira; de esclarecer la historia y de restaurar la memoria. Todo esto contribuye a la sanidad. El Dios de reconciliación y el cambio de orden-transformación "Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación" (2 Cor. 5:17,18). El contexto para entender qué significa concretamente la reconciliación desde la perspectiva del Nuevo Testamento es la nueva creación, esto es, la realidad social de un nuevo pueblo en el marco de un nuevo orden de Dios. Solo en el contexto de esta nueva realidad podemos tener la auténtica experiencia de la reconciliación. La reconciliación, entonces, no consiste meramente en un cambio en la disposición interior de las personas, ni tampoco en un mejoramiento de su situación legal ante Dios o ante la justicia ordinaria. Tiene que ver con una modificación concreta en cuanto al orden, la esfera o el ámbito en el que viven los seres humanos, así como también con cambios profundos que se producen en la experiencia particular de cada uno. La obra del Dios de reconciliación debe acompañarse con cambios radicales que van desde la conversión de las mentes y los sentimientos hasta la transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales que distorsionan las relaciones humanas y las hacen injustas y violentas. Ser instrumentos de reconciliación es trabajar por la creación de un nuevo orden, basado en relaciones de equidad y de paz. Las dimensiones de la reconciliación A los anteriores elementos, propios de todo proceso de reconciliación, debemos agregar que el Dios que reconcilia es un Dios que "reconcilia consigo todas las cosas, así las que están en los cielos como las que están en la tierra" (Col.1:20,21). Este concepto de reconciliación se discierne en cuatro dimensiones, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Reconciliación con Dios En el pensamiento cristiano, esto significa crear armonía con Dios, solucionando el conflicto que separa a las personas de Él. Esto exige el reconocimiento de la responsabilidad de cada persona en su distanciamiento respecto de Dios; la confesión y el arrepentimiento de nuestros malos actos; el pedir perdón y el tomar la decisión de alejarse de los malos actos y rectificarlos cuando sea posible. (Ef. 2:16; Ro 5:10) Despuésel perdón y la misericordia de Dios hacia la persona establece la reconciliación en esta primera dimensión. Digamos que es una reconciliación espiritual. Reconciliación consigo mismo En el pensamiento cristiano, el conflicto interno con uno mismo se minimiza si uno está reconciliado con Dios. Por ejemplo, en Ro 7:15, Pablo se lamenta de su conflicto interno y de la contradicción entre sus intenciones y sus acciones, e indica de qué manera estar reconciliado con Cristo reconcilia también al ser humano consigo mismo, más allá de sus conflictos internos. Se espera que la renuncia al "egoísmo pecador" y el sentimiento de ser perdonado de la culpa pasada para empezar de nuevo, generen tranquilidad, paz y armonía en el interior de la persona. Esto sería una consecuencia de la primera dimensión. Los Salmos tienen varias ilustraciones de la relación entre la reconciliación espiritual y la reconciliación con uno mismo. Por ejemplo, el Salmo 32:1-2 dice: "Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada... Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad". Reconciliación con el prójimo y con la comunidad humana en general Significa que el perdón y la misericordia que la persona experimenta al reconciliarse con Dios ahora, deben ser transferidos para compartir la reconciliación con otros seres humanos. El privilegio de ser perdonado y reconciliado con Dios, crea la obligación de perdonar y de reconciliarse con los otros. En el Sermón del Monte, Jesús relata una parábola que subraya esta relación entre la primera y la tercera dimensión de reconciliación. Cuenta la historia de un siervo que debía dinero a su amo y fue exonerado por él de pagarle, porque no podía hacerlo. Pero el siervo rehusó a dar idéntico perdón a otra desafortunada persona que le debía dinero y no podía pagarle. Cuando el amo escuchó lo que el siervo había hecho, se retractó y le cobró todo lo que este le debía. Finalmente, Jesús dijo: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdona de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas". (Mateo 18:23-35) La Biblia hace de la reconciliación con el prójimo un prerrequisito para la reconciliación con Dios. En Mateo 5:23-25 hay una luz: "por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allá te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda". Es decir, Dios no aceptará el gesto de reconciliación de la persona, en tanto que ella esté sintiendo rencor o sepa que están resentidos con ella. Por eso, en 1 Juan 4:20 Juan nos recuerda "si alguno dice 'yo amo a Dios', pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" Reconciliación con la naturaleza Esta dimensión se desarrolla a partir del reconocimiento de que los humanos no pueden reconciliarse plenamente con Dios, mientras vivan en una relación conflictiva, irrespetuosa y abusiva respecto de la creación de Dios. Abusar de la creación que no es humana, incluidas la tierra y su ambiente, también profana la relación con el Creador. El Salmo 24 dice: "de Jehová es la tierra y su plenitud". Esta clase de reconciliación requiere una relación de respeto y cuidado con la naturaleza y el sistema ecológico. Esta relación se ve reafirmada aún más si revisamos la relación entre la tierra y los seres humanos, prevista en Génesis 2:8,15: "Jehová Dios plantó un huerto y puso al hombre que había formado en el jardín del Edén para que lo trabajara y lo cuidara". Según lo anterior, uno no puede estar en una relación abusiva y conflictiva con la tierra y su medio ambiente y, al mismo tiempo, afirmar que está reconciliado y en paz consigo mismo. Por eso, las actitudes conflictivas o las actividades perjudiciales hacia la tierra y su ecología son equivalentes a hacerse daño a uno mismo y a hacer daño a otros seres humanos.SV César Moya, colombiano, es teólogo y pastor menotia. Reside en Quito. Assefa, Iskías en Paz y reconciliación como paradigma. Una filosofía de paz y sus implicaciones para el conflicto, el gobierno y el crecimiento económico en Africa, Nairobi:Nairobi Peace Initiative, 1993, p.12-20. Comentarios |
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe. |