V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

“18-J: Luchar por lo evidente”

‘No os engañéis;
Dios no puede ser burlado:
pues todo lo que el hombre sembrare,
eso también segará.'
Gálatas 6:7

La frase que constituye el título de este trabajo ha sido adjudicada a varios autores, no habiendo podido yo verificar cuál es el auténtico. Hay tres candidatos posibles para ello que, por orden de popularidad, son los siguientes: Che Guevara, Bertolt Brecht y Friedrich Dürrenmatt. El primero no necesita de presentación, porque su imagen ha traspasado fronteras, habiendo sido uno de los gurús revolucionarios de los años 60 y 70; el segundo, también figura de primera línea, fue poeta y dramaturgo comprometido con las causas sociales y enemigo del nazismo; el menos conocido es el tercero, autor suizo que escribió obras teatrales de vanguardia. Todos vivieron en el siglo XX, siglo agitado y convulso, y es perfectamente plausible que la frase pueda haber sido de cualquiera de ellos. Aunque también podría ser anónima, de ahí el intento de adjudicarle paternidad conocida. Pero completemos la frase en cuestión, que dice así: “¡Qué tiempos estos en los que hay que luchar por lo evidente!”

Supongo que para el Che era evidente que debe existir igualdad y justicia social en el mundo, pues se entregó a esa causa y murió como consecuencia de su lucha, en una nación a la que recientemente hemos visto al borde del abismo: Bolivia. Imagino que para Brecht, igualmente, era evidente que el nazismo y el capitalismo son, ambos, detestables y que el socialismo es la respuesta a las necesidades humanas. Y no estoy seguro de aquello en lo que consistía lo evidente para Dürrenmatt, cuyo concepto del mundo es que es absurdo; aunque tal vez lo evidente para él era precisamente la irracionalidad del mundo, de ahí que su lucha consistiera en demostrar a los demás ese aspecto que para él fue incuestionable.

Yo estuve en la manifestación del día 18 en Madrid a favor de la familia y del matrimonio, porque considero que es algo evidente que está siendo puesto en entredicho y combatido desde muchos frentes. La verdad es que si hace algunos años alguien me hubiera dicho que tendría que escribir para defender la certeza de que el matrimonio acontece entre un hombre y una mujer, probablemente hubiera tomado por loco a mi interlocutor, pero a esto hemos llegado. Es como demostrar que dos y dos son cuatro o que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. Probablemente hay una demostración matemática y científica que comprueba la verdad de ambas afirmaciones, una demostración al alcance solamente de expertos que se mueven en profundidades abstractas, a las que el común de los mortales no llega. Pero el común de los mortales sabe por experiencia e intuición que dos y dos son cuatro y que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. No necesita hacer un doctorado en ciencias exactas para saber que eso es así. Pues bien, no hace falta ser jurista, ni psicólogo, ni otro tipo de experto para saber que el matrimonio ha de darse entre un hombre y una mujer. Es más, yo diría, oyendo hablar a algunos juristas, psicólogos y expertos, que es más seguro no tener ninguno de estos títulos, pero gozar de un poco de sentido común y sensatez. Claro que tal vez Dürrenmatt tuviera razón, aunque no en el sentido que él pensaba, sino en el hecho de que los seres humanos, no el mundo, somos absurdos. Porque ¿hay algo más absurdo que considerar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo?

La pancarta que me hice para el día de la manifestación decía así: ‘Menos mal que en el arca de Noé entraron cuatro matrimonios heterosexuales'. También podría haber añadido: ‘Y menos mal que a Noé se le ocurrió meter en el arca a una pareja (pero heterosexual) de animales de toda especie'. Imaginemos por un momento que las cosas no hubieran sido así, y que Noé hubiera entrado con Francisco, y sus hijos Sem, Cam y Jafet, hubieran entrado con Pedro, Antonio y Juan, respectivamente; luego imaginemos que a Noé se le hubiera ocurrido la buena idea de meter solamente machos o solamente hembras en el arca. Y ya tenemos los ingredientes necesarios para saber cuánto iba a durar todo eso. ¡Qué pena de ecología! Todos los animales condenados a extinguirse en el lapso de una generación. ¡Qué pena de humanidad!, que solo sobrevive a la catástrofe por una generación. Y es que la procreación de las especies, es decir, la proyección más allá de uno mismo, está ligada orgánicamente, no moral ni religiosamente, a la heterosexualidad. Por lo tanto, el problema ya no es solamente si la homosexualidad es o no inmoral, la cuestión es que se trata de algo irracional, de una contradicción en sí. Pero, y aquí está la auténtica gravedad del asunto, el verdadero problema no es que algunos, o muchos, se empeñen en vivir de esa manera, sino en que los expertos de turno en el campo del Derecho hayan elevado eso a la categoría de matrimonio; en que gobernantes que se supone están para legislar de acuerdo con el raciocinio y la inteligencia, la insulten de esa manera. Si el año pasado en la televisión en España se nos mostraba a bombo y platillo a algunos ciudadanos estadounidenses que deseaban marcharse de USA avergonzados porque George Bush había sido reelegido, sería interesante saber cuántos ciudadanos españoles se sienten avergonzados de lo que en su Parlamento se ha hecho con el matrimonio.

Hasta un niño entendería esto, aunque tal vez a partir de ahora algunos tendrán que inventarse algo diferente, no sé el qué, para explicar a ¿sus hijos? de dónde vienen los niños. Tal vez tengan que recurrir al viejo subterfugio de decir que los trae la cigüeña o que vienen de París. Lo que es evidente para un niño lo han podido entender también los adultos en Francia y en Suiza, naciones de primera línea en el desarrollo en tantos aspectos, y en las cuales la pretensión de equiparar el matrimonio con las uniones homosexuales ha fracasado. Pero, claro, Spanish is different. Qué pena.

Pero, tal y como dice el pasaje bíblico de arriba, las cosas no quedarán así, pues a la postre habrá un efecto boomerang y todo este engendro jurídico, moral y racional (más exactamente antijurídico, inmoral e irracional) que algunos se han inventado se volverá contra nosotros. Ciertamente hay quien acumula una carga terrible sobre sus espaldas; no me gustaría estar en su lugar.SV

Publicado originalmente en ProtestanteDigital.com.

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