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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
“Y sin embargo... se mueve” En algunos sectores de la ICR , desde el nombramiento de Benedicto XVI, el desconcierto abre el corazón para el pesimismo hacia el futuro. Mis reflexiones son un intento de acompañarles en la esperanza: Una oración para que el Ratzinger que excluyó y reprimió, pueda, bajo la gracia del Espíritu Santo, ser el Papa Benedicto XVI, pastoral y reconciliador, que la ICR necesita. El Espíritu obra a pesar de nosotros. Soy protestante evangélico convencido de lo que profeso. Quisiera superar la miopía anticatólica que a los evangélicos nos ha afectado durante tanto tiempo. Pido perdón si mis reflexiones pueden sentirse como anticatólicas. Me anima el compartir preocupaciones y desafíos. Como evangélicos, necesitamos una ICR sana, que ante un mundo secularizado y pragmático, nos permita cumplir el mandamiento de Cristo: “que seamos uno para que el mundo crea” (Juan 17:21). No puedo compartir el pensamiento del teólogo español Juan Luis Herrero del Pozo: “¡cuánto peor, mejor!” No me mueve la confrontación, sino el diálogo fraterno de un ecumenismo que junto a lo celebrativo y simbólico, pueda acompañarnos pastoralmente en nuestra debilidad. Es difícil hablar de una visión de futuro con Juan Pablo II o de una época de transición con Benedicto XVI. Más bien se diría que la ICR vive una involución respecto al “aire fresco que sopló” durante el II Concilio Vaticano y al impulso impredecible que le imprimió Juan XXIII. Digamos con mucho respeto: El Pontificado de Juan Pablo II no preparó a la ICR para enfrentar los grandes desafíos del siglo XXI. El Cardenal Ratzinger fue Papa antes de ser Benedicto XVI: la prolongada enfermedad de Juan Pablo II nos hablaba de un “poder” detrás del trono. En las tensiones que se dan en el mundo del Vaticano fue evidente que Ratzinger logró imponer su visión. Si hay dudas al respecto, las exequias de Juan Pablo II mostraron a un Ratzinger que fue Papa antes de ser nombrado tal. Para que Benedicto XVI fuera un Papa de transición hacia una apertura de futuro, tendría que negarse a sí mismo. El futuro de la ICR estará dado en la capacidad del papado actual de detener su involución, a fin de recuperar con mística el espíritu del II Concilio Vaticano No por hallarse en una transición, sino porque confiamos en el Espíritu Santo, creemos que aún es posible recuperar el camino. No es real pensar en una ICR monolítica y obediente, sin diversidades, a veces incontrolables, sin cuestionamientos a las “disciplinas” de una jerarquía centralizadora. Las líneas jerárquicas doctrinales no siempre son escuchadas ni respetadas por los fieles. Constituiría una lucha contra “molinos de viento” el desconocer el impacto de la modernidad en estructuras con gran dominio de poder estructural en su interior, pero poco efectivas para la vida cotidiana en un mundo globalizado. Un botón a modo de ejemplo: en la Polonia católica se producen más abortos que nacimientos. Durante las primeras semanas de abril, los medios de comunicación se concentraron en Roma. Una verdadera “sobredosis” de cobertura sobre la muerte de Juan Pablo II y la elección de su sucesor. Según Globo Online durante las 72 horas siguientes al anuncio de la muerte del Papa se escribieron 75000 reportajes. El nombre del pontífice fue citado 5,6 millones de veces. En el Pontificado de Juan Pablo II se abrazaron el carisma de una persona con el poder manipulador de los medios de comunicación. El problema de los medios de comunicación, como dice Joseph Ramoneda, es que cuando uno se acostumbra a vivir en ellos es difícil romper el hábito. Se acaba siendo esclavo del propio narcisismo. Un Papa que manejó con maestría los medios de comunicación, al final se tornó en su víctima. Resulta fascinante que puertas afuera, Wojtyla haya dejado una iglesia con fuerte visibilidad. Pero, ¿qué ha acontecido puertas adentro? La información virtual nos quiere transmitir la imagen de una ICR que no concuerda con la realidad. En un mundo globalizado, el anclaje de la iglesia en la vieja cultura centralista le ha hecho perder vigencia. El espíritu antirreformista la ha llevado a una crisis de credibilidad. Los datos revelan que un Papa mediático que fue capaz de inscribir con éxito lo religioso dentro del mundo del espectáculo, no logró dejar el legado de una iglesia más fuerte, menos dividida y más pertinente para el siglo XXI. Un Papa que atrajo personalmente a millones, no pudo evitar que la institución iglesia perdiera feligreses como nunca antes. Cual pinceladas, comparto las que considero tensiones no resueltas del papado tremendamente importante de Juan Pablo II, que se convirtieron en desafíos para Benedicto XVI. Repito: confío en que el poder de Dios ilumine a Benedicto XVI para que vea en estos desafíos, no amenazas, sino oportunidades para la transición. De congregación de espectadores a comunidad de fe. El mundo que se ve es el mundo tal como lo ven los medios de comunicación. Hay una diferencia entre la realidad y la representación mediática. En lo que Jean Baudrillard llama “el simulacro”, se acaba la distinción entre realidad y ficción, entre lo verdadero y su representación, entre lo acontecido y lo inventado Se descubre que el medio es el mensaje, que termina desviando la atención, del contenido del argumento. Los medios de comunicación se vuelven un “fetiche” para la fe, es decir, la fe se vuelve un simulacro que desvía nuestra atención del verdadero contenido de vida de esa fe. Es la idolatría de la comunicación. Los medios de comunicación ven el mundo como una sucesión de acontecimientos. Lo importante es que cada acontecimiento sea lo suficientemente fuerte como para llamar la atención y conservarse en los titulares. De esta manera, los acontecimientos narrados convierten al ciudadano en espectador, no en actor. Los acontecimientos sirven para ser mirados y disfrutados, no para actuar. Los medios de comunicación producen “congregaciones de espectadores”, no comunidades de fe militante. No hay sentido de pertenencia ni de compromiso, no se demandan acciones de lealtad. El espectáculo nos permite sentirnos bien. En el mundo evangélico conocemos de esta triste realidad. La transición hacia Benedicto XVI siguió el lineamiento trazado en el uso magistral de los medios de comunicación. Desde un inicio, el “toque mágico” de los medios mostró, sin lugar a dudas, quién era el hombre fuerte y preferido para la sucesión. El “toque mágico” de ahora consiste en convertir a un hombre inflexible en un pastor afable; en mostrar una imagen distinta de la de un hombre académico, de la academia alemana, caracterizada más por la razón que por el espíritu; distinta de la de un hombre que ha carecido de la vivencia pastoral cotidiana del sacerdote de “a pie”; de la de quien ha vivido durante más de veinte años, dentro de la burocracia romana; de la imagen de un hombre que se caracterizó por la rudeza en su oficio de guardián de la ley y de la doctrina, por encima del amor y de la vida. Se proyectar*n los gestos amables, se trabajará la imagen..., pero ahora lo que se le pide no es imagen, sino conversión. Benedicto XVI tiene el desafío de ser un papa mediático, sin dejar la tradición de su antecesor, pero sin ser víctima de los medios. De vivir un papado de renovación de los tiempos, no de gestos y símbolos mediáticos. Una iglesia sedienta de democracia. El pensamiento de Ratzinger, el cardenal, inquietó a muchos cuando afirmaba que la democracia no era aplicable a la iglesia. Muchos obispos y fieles se sintieron marginados por sus pensamientos, huérfanos de diálogo e impotentes ante decisiones verticales sin sentido pastoral. El cardenal Aloisio Lorscheider, quien por su edad no pudo votar en el último cónclave, decía respecto al papa que había de elegirse: “deberá democratizar las decisiones de la Iglesia , escuchando más a los obispos”. ¿Es este un llamado que Benedicto XVI debe escuchar en cuanto a que el poder radica en los obispos y no en los cardenales ni en los prefectos de las Congregaciones Romanas? ¿Es un desafío para que en el futuro sean los obispos quienes elijan al Papa? ¿Es un llamado para que el Papa sea Obispo de Roma, sin el papismo que se ha venido desarrollando? La descentralización de la iglesia, su democratización y mayor lugar para las iglesias del Tercer Mundo son desafíos para un papado que quiera mover la iglesia más allá de una vieja estructura centralista. De una moral represiva a una ética de valores. En el campo religioso existe tensión entre las posiciones liberales que tienen la fortaleza de conversar con la modernidad, sin evitar la debilidad de diluirse en ella, y las posiciones conservadoras que tienen la fortaleza de la resistencia ética frente a un mundo que se desintegra en sus valores, pero presentan la debilidad de perder vigencia y credibilidad. Verificamos otra realidad contrastante en el campo de la ética y los valores, en especial en lo relacionado con la sexualidad y la biogenética: Una mayor coincidencia de posiciones entre los evangélicos conservadores y los católicos vaticanistas. Es probable que el diálogo entre esos sectores aumente, y disminuya el acercamiento con las iglesias protestantes históricas. Al menos, vemos a esos dos sectores votar por Bush y oponerse a la educación sexual en los colegios en Argentina. Las coincidencias pavimentan el camino hacia el diálogo. ¿Será ésta la sorpresa del ecumenismo del siglo XXI? Compartimos la pasión ética de Juan Pablo II. la La crisis de nuestro tiempo no es solamente política, económica y social: es, fundamentalmente, crisis de valores y de comportamientos éticos. Pero lo ético no puede ser reducido a una moral represiva sin matices. Debemos afirmar una ética de mística, de significado y de convicciones, frente a la pérdida de vigencia y a la doble moral. Ante la fragmentación ética de nuestras sociedades, el desafío para todas las iglesias cristianas es el de ser reservas morales, y recuperar la mística de una ética para nuestro tiempo. La globalización de la solidaridad A todos nos impresiona la capacidad que tuvo Juan Pablo II para luchar contra las perversidades de los regímenes comunistas del Este, y su entereza para descubrir el carácter perverso del sistema neoliberal dominante. Su grito por una globalización de la solidaridad es la esperanza de los excluidos y de quienes buscan justicia en un mundo distinto. Ese camino de la unidad en la búsqueda de la justicia, de la paz y la preservación de la creación de Dios, ofrece una agenda de vida para nuestro ecumenismo. El desafío para Benedicto XVI es el de recordar, en un mundo de injusticia, que es más, mucho más importante el amor por la justicia que la recta doctrina. Que la vida del ser humano está por encima del guardar el Sabbath. De un ecumenismo de gestos a un reconocimiento de diversidades. Aplaudimos el interés inicial de Benedicto XVI por renovar las relaciones ecuménicas. Durante los primeros días, han sido evidentes, sus gestos a favor del diálogo; pero aún no se logra borrar la memoria de la rigidez ecuménica que, en el pasado reciente, nos dañó a todos. Importantes son los gestos, pero para un ecumenismo que genere confianza, Benedicto XVI debe avanzar en los siguientes temas: • La voluntad de retomar la agenda pendiente, integrando nuevas perspectivas, que nos legó el espíritu del II Concilio Vaticano. • Reabrir el diálogo sobre la hospitalidad ecuménica. • Atender con sensibilidad las iniciativas que nos vienen de un ecumenismo “desde abajo”, cercano a las luchas por la supervivencia y la justicia del pueblo creyente. • Comprender las diversidades que se dan al interior de la propia ICR. Benedicto XVI, a pesar de una historia de intransigencia, tiene la oportunidad de proyectar un nuevo rostro ecuménico y una renovada vocación por la unidad de las iglesias. Oramos para que los gestos se transformen en hechos concretos de unidad. ¿Cruzada para cristianizar Europa o avivamiento misionero que afirme la espiritualidad por la vida?. Parece ser que la elección de un Papa europeo responde a la necesidad que siente la ICR por recuperar su espacio en Europa. En el decir de algunos, un recuperar las raíces cristianas de la cultura occidental. Este es un tema para otra reflexión. Europa, con su secularización, su pérdida de valores y sus inmensas diversidades desafía nuestra imaginación y nuestra fe. Esta realidad tan compleja llama a las iglesias cristianas a la confesión y al arrepentimiento. Europa tiene su espiritualidad, pero tiene, a la vez, el problema de que dicha espiritualidad no se encuentra representada en la institucionalidad de nuestro cristianismo. Juntos debemos reflexionar sobre el sentido misionero de las iglesias cristianas en Europa. No podemos proyectar imágenes de cruzadas o levantar dedos acusatorios: hay que aprender a palpitar con el hombre y la mujer europeos de este siglo XXI. Juan Pablo II decía: “Nadie puede eludir el reto de la época en la que le ha tocado vivir”. Benedicto XVI tiene el privilegio de asumir el papado en época de grandes desafíos. Yo creo en la fuerza del Espíritu Santo. No esperaría que el papa actual pierda su celo por la verdad, sino que sea sensible a escuchar y reflexionar sobre las nuevas preguntas que una nueva realidad eclesial y un mundo cambiante nos plantean. Confiamos en que, más que por ideas preconcebidas, Benedicto XVI se sienta impulsado por la fuerza y la libertad del Espíritu. Que así sea.SV El pastor Israel Batista, cubano, es secretario general del CLAI. Comentarios |
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe. |