MATRIMONIO, FAMILIA Y SEXUALIDAD HUMANA. UNA LECTURA DESDE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.
Lisandro Orlov

INTRODUCCIÓN
Los aportes y pistas de reflexión y trabajo que presenta  el equipo que elaboró el documento aprobado en la última reunión del Consejo de la Comunión Luterana celebrada en Lund (Suecia) entre el 20 y 27 de marzo de 2007, y que lleva el título de LA FEDERACIÓN LUTERANA MUNDIAL: MATRIMONIO, FAMILIA Y SEXUALIDAD HUMANA. UNA PROPUESTA DE GUÍA Y UN PROCESO  PARA UN DIALOGO RESPETUOSO merece todo nuestro reconocimiento. Una lectura atenta y creativa nos puede aportar muchísimos elementos a  quienes  que trabajamos en el acompañamiento de personas y grupos afectados por la epidemia del vih y del sida. Este documento es también una excelente plataforma para establecer un diálogo,  tanto en el espacio ecuménico como con las organizaciones  gubernamentales y  la sociedad civil en la región.

 

            Es necesario confesar que muchos y muchas nos hemos acercado a esta declaración de la comunión luterana con prejuicios y temores. Su título  no nos  ayudaba mucho en un primer momento,  ya que parecía que daba un encuadre muy preciso y limitado a la discusión del tema de la sexualidad que va mucho más allá de la familia y el matrimonio, pero a medida que logramos conocerlo mejor y  trabajarlo,  reflexionar sobre sus aportes y dejarnos desafiar por sus propuestas, hemos modificado radicalmente nuestra posición, Consideramos que esta declaración es una herramienta creativa, equilibrada y positiva que los hermanos y hermanas luteranas en América Latina y el Caribe pueden utilizar desde ahora y que podemos hacer una lectura comunitaria y compartida del documento desde nuestro contexto y promover acciones que pongan en práctica estos aportes.

 

Primera Parte: Un encuadre luterano: Matrimonio, Familia y Sexualidad Humana. El Evangelio como núcleo unificador.

Es interesante comenzar el tratamiento de este tema desde la perspectiva de la identidad confesional luterana y su específica forma de comprender y vivir el Evangelio. El núcleo metodológico de esta comprensión del mensaje de Jesús de Nazaret se fundamenta en un elemento esencial al que no podemos renunciar,  y que marca nuestra forma de ser iglesia y de vivir el evangelio:  “solus Christus, sola Scriptura, sola Gratia y sola Fide”  es nuestra forma de organizar toda reflexión y acción teológicas. Solo podemos leer las escrituras y la tradición,  con los ojos y a la manera de Jesús de Nazaret. Esta es nuestra única herramienta de mediación con la realidad,  y su cruz nos llama a tener coherencia en este núcleo y a “evitar una teología cuyo punto fundamental de referencia sea aquello que hago, aquello que fracaso en hacer, o aquello que no puedo hacer”.  Esta frase nos permite enriquecer el trabajo de acompañamiento a las personas que viven con vih y sida en forma realmente avanzada y el diálogo con todos las personas y  grupos vulnerables a la epidemia. Este encuadre evita que caigamos  en la tentación de construir  una peligrosa teología de las obras,  que oscurece el centro de nuestra confesión.
Indudablemente,  somos y hablamos dentro de la comunión de iglesias que vive la sorprendente gracia de Dios,  y confesamos que solo esta nos salva en un mundo quebrado que tiene como característica el excluir, marginar y estigmatizar. Es crucial construir toda nuestra acción testimonial desde la afirmación que nos aporta este documento al proclamar: “Ninguna otra cosa está en el verdadero corazón (constitutivo) del ser cristiano,  sino el reconocimiento y la recepción de esta gracia”.  Este es el núcleo de una acción de proclamación, de acogida y acompañamiento, en nuestra situación, de las personas que viven con vih y con sida,  y esta es la única condición para la recepción y afirmación del bautismo y  la pertenencia al cuerpo estigmatizado de Cristo.

Sabemos y confesamos,  junto con el documento,  “que toda obra buena emerge de la recepción de esa gracia, y  es una consecuencia natural de la justificación de Dios”.  Estas palabras son realmente evangelio, ‘buena noticia’ a nuestros oídos y en nuestro compromiso de vida personal y comunitaria. Es esencial compartir esta visión de la gracia que transforma,  y no confundir la clara distinción que debe existir entre ley y evangelio.

 

Es importante la forma en que se define el concepto de pecado que nos lleva a la reafirmación de una verdadera antropología confesional luterana: “Sostener la obra de Cristo como contenido central del Evangelio significa que el pecado debe ser comprendido como falta de temor de Dios, falta de confianza en Dios y mala voluntad”.  Por lo tanto y como consecuencia de esta afirmación,  pecado es una forma de estar en el mundo y constituye una parte de nuestra naturaleza actual,  y no se lo puede circunscribir a una determinada acción. La intencionalidad de la acción determina su condición. Jesús de Nazaret nos libera justamente del pecado,  para que en Él, con Él y junto a Él podamos confiar nuevamente en Dios y servir a nuestros hermanos y hermanas con formas renovadas,  por amor. Indudablemente,  detrás de algunos párrafos encontramos el debate entre quienes  sostienen posiciones que podemos llamar  “esencialistas”  y quienes,   en temas de familia, matrimonio y sexualidad,  sostenemos posiciones que denominamos  “constructivistas”.  

 

Es de mucha importancia distinguir entre aquello que forma parte de los contenidos de la revelación y las realidades que no le son constitutivas. “Los temas de familia, matrimonio y sexualidad humana no constituyen  el Evangelio ni nos hacen capaces de recibirlo. Pertenecen al área en la cual se proclama la Ley de Dios”.   Claro llamado a mantener la distinción entre aquello que es parte de la naturaleza y del accionar de Dios,  que es el evangelio,  y el anuncio de la gracia y de la acción de Dios,  que no es parte de la revelación y que tiene como objetivo que cada sociedad viva en contextos de justicia y paz.

LA DOCTRINA DE LOS DOS REINOS,  COMO ENCUADRE RELEVANTE PARA EL DEBATE SOBRE FAMILIA, MATRIMONIO Y SEXUALIDAD HUMANA.

Es todo un  hallazgo el de mirar el debate sobre familia, matrimonio y sexualidad humana en la perspectiva de la distinción que nos aporta la doctrina luterana de los dos reinos: “Dios es el Señor de la creación y de la iglesia. En la Iglesia, Dios conduce con el Evangelio,  y en el mundo,  con la Ley. Sin embargo, ambos son parte de la voluntad de Dios puesta de manifiesto para todos los seres humanos y para toda la creación. A diferencia de algunas otras iglesias, las iglesias luteranas consideran el tema de familia, matrimonio y sexualidad humana, al igual que los temas éticos en general, como constitutivos de un ámbito civil –esto es, fundamentado en aquello que llamamos ‘reino secular’ en la doctrina de los dos reinos. En el ‘reino espiritual’, la Palabra del Evangelio gobierna y este es el espacio para la vida de fe en la Iglesia… En el reino secular debemos hacer uso de la razón”.
Esta distinción es esencial para el diálogo  hacia adentro de la comunión luterana, y  es  un aporte al diálogo ecuménico y con la sociedad civil en su totalidad.
En el siguiente párrafo,  este documento afirma: “Aquello que la sociedad civil decide no se lo hace para agradar a Dios o merecer el favor delante de Dios (cf. Confesión de Augsburgo VI), sino para servir a nuestro prójimo”.  Es importante colocar como medida de acción el servir a nuestro prójimo como consecuencia de aceptar y vivir de la gracia de Dios y no castigarlo o excluirlo con un equivocado uso de la Ley. La teología luterana distingue claramente entre Ley y Evangelio, entre régimen evangélico o reino celestial y régimen secular o reino civil;  entre una antropología que entiende al ser humano como siempre justificado y siempre pecador. Esta es nuestra esencia y nuestra metodología de aproximación a los temas cruciales que solicitan una perspectiva iluminadora.

Después de haber colocado claramente el tema de la sexualidad en el ámbito del reino secular y civil,  y de haberlo sacado del espacio estrictamente eclesial, el documento llega a la afirmación de que: “…la Biblia tiene una importante contribución también en el reino secular, aun teniendo en cuenta que no puede pretender tener la misma clase de autoridad absoluta en cuestiones morales contextuales, tal como la tiene en lo relacionado con la salvación”.  Esta distinción es sumamente importante en un contexto como el de América Latina donde incluso algunas instituciones cristianas pretenden vivir en un contexto de cristiandad e imponer a toda la sociedad conceptos y posiciones éticas que son propias de un espacio confesional. No tenemos derecho a imponer  en el espacio secular las normas propias del ámbito de la fe.  Solamente habría que diferenciar en esta afirmación, que quien tiene una importante contribución para el espacio civil es el Evangelio de Jesús de Nazaret, es decir, una persona,  no un libro.

DOS EJEMPLOS COMO MODELOS
Este documento nos brinda como propuesta de análisis dos modelos para encuadrar y comparar el debate sobre matrimonio, familia y sexualidad humana. Las iglesias cristianas han aceptado muchas veces a lo largo de la historia y aun hoy, tanto internamente como en el diálogo interconfesional, dos modelos incompatibles con relación al tema de si los cristianos deben o no servir en las fuerzas armadas. Este tema tan importante y con consecuencias tan graves para las iglesias y los cristianos, ha admitido posiciones completamente diferentes que no han llevado a cismas ni divisiones, y no son una amenaza de  ruptura de la comunión.

El otro tema que puede servir como modelo y encuadre del debate ha sido el de la ordenación de las mujeres al ministerio de la Palabra y los Sacramentos. Este es un asunto que se viene debatiendo dentro de las iglesias luteranas desde hace ya más de medio siglo y nunca fue una amenaza ni impidió el fortalecimiento de los lazos de comunión. Aun reconociendo que este debate incluye definiciones claras y divergentes sobre género y poder dentro de la iglesia y de la sociedad,  y que toca de muy cerca el núcleo del Evangelio, tampoco ha provocado divisiones,  a pesar de las diferentes respuestas de las iglesias, tanto en el ámbito ecuménico como dentro de la comunión luterana.

SEGUNDA PARTE. GUÍAS CON RELACIÓN AL DEBATE SOBRE MATRIMONIO, FAMILIA Y SEXUALIDAD HUMANA
La fundamentación bíblica y teológica para el diálogo
La fundamentación bíblica y teológica para el diálogo
Debemos considerar que es un aporte y un tema en el que hay que profundizar,   la convicción de que “todos los seres humanos son creados a la imagen de Dios, y deben ser respetados y afirmados sus derechos humanos. Esta afirmación no puede verse comprometida por diferencias de clases, edad, género, raza u orientación sexual”. Afirmación clave para la comprensión de los aportes de este documento,  debe ser una piedra fundamental en toda nuestra construcción de la pastoral, pero,  en especial,  de aquella acción de acompañamiento que se quiere construir con las personas que viven con vih y sida y en nuestro diálogo con todos los grupos vulnerables a la epidemia. Es esencial hacer de esta afirmación el núcleo, el objetivo y el contenido de todas nuestras  tareas de testimonio, de promoción social y defensa de los derechos humanos en América Latina. Esta  posición es de tal manera nuclear,  que no puede ser negociada bajo ningún concepto, pues tiene un valor que sobrepasa nuestra actual comprensión. Es importante que se escuchen las voces que proceden del “traditional south” [el sur tradicional] tan acostumbrado a  la negación y el desconocimiento de esta imagen en las relaciones políticas, sociales y aun religiosas. Esta imagen de Dios refleja y es espejo de la pluralidad de identidades del arocoiris cultural en que  vivimos. Imagen que sobrepasa toda frontera y limitación, y es el fundamento que nos llama al irrestricto respeto de la dignidad,  de la diversidad de identidades y formas de vida que asume actualmente la realidad en la cual vivimos. Este reconocimiento universal ilimitado, sin exclusiones ni preferencias,  de la imagen de Dios  tiene que ser una afirmación que atraviese, tanto las regiones geográficas,  como las confesiones cristianas y las religiones en general.

Es importante el aporte por el cual el documento nos llama a distinguir entre Palabra de Dios y lenguaje humano: “Una aproximación histórico-critica a la Biblia puede ser de utilidad para distinguir entre la voluntad y la Palabra permanente de Dios, y aquello que es parte de la cultura del contexto bíblico”. Por supuesto, esta distinción puede ayudar a las iglesias de la comunión luterana a evitar la  lectura y el uso literal de las Escrituras.

PUNTOS COMUNES DE APRECIACIÓN E INTERPRETACIÓN.
El documento repite algo en que todos y todas estamos actualmente de acuerdo y no es tema de discusión: “…la procreación es un objetivo importante, pero no es una meta necesaria para el matrimonio”. Considero que aquí tenemos otro aporte al diálogo: el concepto de mutualidad en lugar de hablar de complementariedad. Necesariamente debemos profundizar  y enriquecer  este concepto de mutualidad,  a lo largo de la tarea que iniciamos.

Es importante en esta sección el reconocimiento de que no es la familia la que está en crisis,  sino nuestro concepto de familia. Que no siempre la familia ha sido ni es un espacio libre de violencia, abuso y falta de respeto. Muchas veces las familias mismas han sido estructuras que han consolidado situaciones de inequidad de género y opresión. Esta afirmación nos permite tener una aproximación realista al tema y considerar los nuevos criterios que nos lleven al reconocimiento de una variedad de situaciones que podemos llamar también familia.  Es sumamente importante la afirmación que dice: “Sin embargo, el solicitar la bendición de Dios [del matrimonio] en el contexto luterano, no significa declarar el matrimonio como sagrado. Pensamos que el matrimonio es un ordenamiento civil positivo que fue ordenado por Dios para quienes desean vivir una relación de toda la vida con una persona especial del sexo opuesto”.  Seguramente,  lo mismo se puede decir respecto de nuestra actual comprensión de familia y del ejercicio de la  sexualidad.

FAMILIA: OBJETIVOS, NORMAS Y SIGNIFICACIÓN INSTITUCIONAL.
Este documento reconoce en diversos textos la diferencia  de configuración en el mundo de aquello que llamamos familia y que el propósito de la sexualidad es “el permitir actos sexuales, gozo y deseo; profundizar relaciones de amor y mutualidad entre personas adultas; que sirva a la procreación; que resalte la comunicación y que lleve a la plenitud el apoyo personal”. Y continua: “encontramos que las normas de amor, fidelidad, mutualidad, responsabilidad y respeto son importantes,  y que las relaciones sexuales deben estar fundamentadas en prácticas de equidad sin explotación”. Dentro de nuestra comunión, tanto como en el plano ecuménico,  y con la sociedad civil en su plenitud es parte del diálogo   el reconocimiento de que en la actualidad entre las iglesias de la comunión luterana existe “un consenso respecto de que la sexualidad humana está reservada a dos personas en una relación de compromiso exclusivo. Sin embargo, el tema fundamental en el cual nuestras iglesias pueden diferir es en que el propósito y objetivo de la sexualidad humana también se puede aplicar a relaciones entre personas del mismo sexo y a relaciones heterosexuales fuera del matrimonio”.  Este es un aporte sumamente importante para el debate y el diálogo. Tenemos que trabajar aún más este reconocimiento fundamental.

CONCLUSIÓN
El documento reconoce que las iglesias han sido capaces de vivir en comunión,  a pesar de diferir en temas cruciales como la ordenación de las mujeres al ministerio de la Palabra y los Sacramentos, el divorcio y los nuevos matrimonios de personas divorciadas, el uso de métodos de prevención de embarazos no deseados y la cohabitación. Por lo tanto,  habría que evaluar por qué el tema de la sexualidad podría llegar a ser un tema de ruptura y división entre las iglesias.  Por ello,  el documento llama a “considerar  en temas como estos, qué es contrario al Evangelio de salvación en Jesucristo, el Hijo de Dios, y a la doctrina de la justificación por la sola gracia, siendo este el artículo en que la iglesia permanece o cae”. En nuestro trabajo con personas que viven con vih y con sida y con los grupos vulnerables a la epidemia, o con cualquier grupo de personas que viven en situación de exclusión, o consideradas impuras por sistemas ideológicos o religiosos, estigmatizadas por su condición, queremos asumir como componente de nuestra identidad la invitación de este documento que nos lleva a  preguntarnos:  ¿existe un lugar para ellos y ellas en la iglesia que proclama la justificación por la sola gracia?

Lisandro Orlov es argentino, pastor  luterano y coordinador de la Pastoral Ecuménica VIH-SIDA de la Iglesia Evangélica Luterana Unida en Argentina.

 

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