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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
ALGUNAS RAÍCES TEOLÓGICAS E HISTÓRICAS DE LA ICONOCLASIA PROTESTANTE Y PENTECOSTAL Daniel Chiquete Introducción. Algunas de las convicciones y prácticas pentecostales tienen fundamento en tradiciones bíblicas y protestantes, aunque con frecuencia no somos conscientes de ello. Esto es especialmente válido respecto a las actitudes iconoclastas en relación con las imágenes religiosas y los lugares para celebrar el culto. Las primeras son rechazadas y los segundos, erigidos con estricta austeridad. Mi intención es señalar sucintamente algunas raíces bíblicas e históricas que motivan estas disposiciones. Para entender los cambios en la arquitectura, hay que considerar lo acaecido en el ámbito de las artes plásticas, pues es en donde se libran las batallas ideológicas y estéticas que luego repercutirán en la arquitectura. En la historia de la iconoclasia y en la del arte cristiano ningún texto bíblico ha tenido tanta influencia como Ex 20,4-5b: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”. Este mandamiento fue componente esencial de la religión yahvista y una de sus principales herencias entregadas a la religión cristiana. La interpretación de este mandamiento ha sido también la base para el desarrollo o la falta de un arte cristiano. La prohibición de la realización de imágenes determinó la austeridad visual de los templos protestantes, llegando en el pentecostalismo al mayor minimalismo representativo. En el Nuevo Testamento y la iglesia antigua. En el NT hay algunas tendencias hostiles al templo de Jerusalén, lugar central del culto judío. La aparición de un “nuevo templo” es una idea existente desde el profetismo exílico y el surgimiento de la apocalíptica. Jesús se ubica en esta línea profética. A la mujer de Samaria le asegura que los templos rivales de Gerizím y Jerusalén serán sustituidos por un culto “en Espíritu y verdad” (Jn 4,23). Para Jesús el templo no media un encuentro individual o comunitario con Dios, Él percibe su propia persona como este lugar privilegiado. Su conciencia de superioridad sobre el templo se refleja en su afirmación: “Os digo que uno mayor que el templo está aquí” (Mt 12,6). Otra actitud muy crítica es la representada por Esteban, para quien “el Altísimo no habita en templos hechos de mano” (Hch 7,48; 17,24). Diferentes autores neotestamentarios expresan también la idea de que la nueva comunidad cristiana es el lugar de encuentro con Dios, su nuevo templo o casa. Pablo escribe a la comunidad corintia: “Vosotros sois alabanza de Dios, edificio de Dios... ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1Cor 3,9-16); en tanto que el autor de 1Pe 2,5: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo”. El templo es visto en las primeras iglesias sólo como uno más de los múltiples lugares para el culto y la misión. Pero en realidad fue la “casa” el espacio más importante del cristianismo durante sus primeros tres siglos de existencia. La “casa” asumió casi todas las funciones que se desarrollaban en el templo y en la sinagoga, además de adquirir funciones nuevas. La “casa” es lugar de ejercicio de la misión, de celebración de la cena del Señor, de oración, de instrucción catequética, de hospitalidad y refugio, etc. Estas funciones continuaron durante algunos siglos, pero lógicamente experimentaron cambios debido al crecimiento de las comunidades y a la diversificación de las funciones desarrolladas por las iglesias locales. En los testimonios literarios de los tres primeros siglos, así como en la continuidad teológica entre el NT y los Padres de la iglesia respecto a los lugares litúrgicos se confirma la permanencia de las comunidades domésticas. . Sirva de ejemplo Hipólito (alrededor del 200), quien discurre sobre el término ecclesia : “Porque no es un lugar el que es llamado ecclesia , tampoco una casa construida con piedra y barro... ¿Qué es, pues, la ecclesia ? La santa congregación de los que viven en justicia... esa es la ecclesia , la casa espiritual de Dios”. Los testimonios arqueológicos son menos abundantes, pero igualmente significativos. A través de ellos queda constancia de la importancia de la “casa” en el desarrollo de la iglesia en general y de la ausencia casi total de cualquier expresión artística en ella. Fueron, pues, su esencia de religión “doméstica”, la prohibición de representar lo divino en imágenes y, posteriormente, las persecuciones, las que impidieron el surgimiento de un arte cristiano vigoroso en esas épocas. Sin embargo, han sobrevivido algunas expresiones artísticas de este período, especialmente en las catacumbas y los sarcófagos cristianos, expresiones que pueden considerarse las primeras creaciones de un arte cristiano. La paz de Constantino (313) y la declaración del cristianismo como religión oficial (323) permitieron el desarrollo externo de la iglesia. Surge la arquitectura imperial-cristiana que habría de desarrollarse con el paso de los siglos y que crearía en occidente los estilos basilical, románico y gótico, como los más representativos de la cristiandad hasta la Reforma del siglo XVI. Junto a este factor político, fue muy importante la justificación teológica. Ya Orígenes había defendido la posibilidad de “reconocer al Dios invisible en las cosas del cosmos visible”, lo que motivó a los emergentes artistas cristianos al uso de elementos naturales como símbolos de la fe cristiana. Otro cambio importante acontece en Oriente en el s. VI, cuando la imagen cristiana se convierte en icono, es decir, se pone en tal relación con lo representado que se le considera como mediación del favor divino. Hay otra tendencia que niega la adoración de las imágenes pero que reconoce su posibilidad de estimular la piedad. También se argumenta la posibilidad de representar la esfera de lo divino con la encarnación de Cristo, según su humanidad, ya que él representa lo invisible de Dios. En la Alta Edad Media fue muy importante Tomás de Aquino, para quien las imágenes cumplen tres funciones: 1) promover la piedad, 2) recordar el ejemplo de los santos, y 3) enseñar a los ignorantes. Las imágenes son concebidas como laicorum literatura, posibilidad de instrucción para los ignorantes o pueblo sencillo. La Reforma protestante. La Reforma fue un importante momento en la discusión teológica respecto a las imágenes y los lugares para el culto. Andrés Karlstadt, colega de Lutero en Wittenberg, exigió desde principios de 1522 la eliminación de las imágenes de las iglesias, porque consideraba que eran adoradas como ídolos; y en relación a los templos opinó que “las casas de Dios son casas en las que solamente Dios debe ser adorado… pero nuestros templos pudieran ser llamados cuevas de asesinos, porque en ellos se asesina nuestra espíritu”. Martín Lutero, representante de una posición más moderada, escribió: “Donde las imágenes son quitadas del corazón, ellas no pueden hacer daño al ojo… Dios prohíbe las imágenes que uno pone y adora en lugar de Dios… No se prohíbe toda imagen, sino sólo la imagen de Dios que se adora”. Lutero también reconocía el potencial pedagógico de las imágenes: “Es mejor que en la pared se pinte cómo Dios creó el mundo, Noé construyó el arca u otras buenas historias, que pintar alguna cosa mundana vergonzosa”. A él le gustaban las imágenes en sus escritos, especialmente en su Biblia en alemán. También las consideró una valiosa ayuda para la oración: “No podemos renunciar en la vida religiosa a la contemplación, porque nosotros no podemos pensar ni entender nada sin las imágenes” y, además, “la creación es el libro más hermoso, o una Biblia en la que Dios a sí mismo se ha descrito y pintado”. Consideraba a la imagen útil para la fe, pero no salvífica. En cambio, Huldrich Zwinglio no acepta ningún valor pedagógico de las imágenes, pues para él lo sagrado está en oposición a todo lo sensible. Entre los argumentos que esgrime están los siguientes: 1) las iglesias ricamente decoradas son un escándalo en tanto los pobres en la sociedad no tengan suficiente para comer; 2) la fe viene de la predicación y no por la contemplación de imágenes materiales; y 3) Dios es Espíritu y quiere ser adorado en espíritu y verdad. También Juan Calvino está en contra, tanto de la adoración, como de la fabricación de imágenes. Para él, “una imagen de Dios no puede ser nunca otra cosa que un ídolo antropomórfico y significa una ofensa contra Dios, ya que atenta expresamente contra su mandamiento”, Calvino afirmó: “El completo sinsentido se ha apoderado del mundo cuando se quiere poseer una forma visible de Dios… Ya Isaías previene respecto al daño a la majestad de Dios cuando alguien quiere representar al Incorpóreo en un material corpóreo, al Invisible en una estatua visible, al Espíritu en un objeto sin alma y al Inmensurable en un pedazo innoble de madera”. Como en Zwinglio, “Dios es Espíritu y debe ser adorado en espíritu” es el tono fundamental de la polémica de Calvino contra las imágenes. El único reflejo de Dios que reconoce es la Palabra Y en relación a los templos que contienen imágenes religiosas expresó: “Los burdeles son más píos que nuestros templos”. También los “herejes” de la Edad Media y del tiempo de la Reforma rechazaron la adoración de imágenes como opositores a una iglesia mundanizada. En su argumentación pueden detectarse elementos importantes de crítica social. Las imágenes son rechazadas como símbolos de dominio de la iglesia feudal, y dañadas o destruidas. Los anabaptistas de Münster veían también las imágenes, epitafios y estatuas como símbolos de poder. La principal tendencia fue atacar las imágenes en las cuales se expresaban las pretensiones de la jerarquía eclesiástica y las demostraciones de poder de la clase dominante. Más que las imágenes, lo que se rechazaba y atacaba eran las instituciones que éstas representaban. El ataque contra ellas tenía la función de demostrar su falta de poder. Por ello, en cierto sentido, puede considerarse la iconoclasia como un fenómeno sustitutorio y como una revolución cultural: las imágenes pierden en el protestantismo su carácter numinoso, caen ante el proceso de racionalización, de “desencantamiento del mundo”, en el sentido de Max Weber. En general, la Reforma protestante estuvo marcada por sus tendencias iconoclastas, que posteriormente habrían de influir también en la arquitectura protestante, aunque en las primeras décadas no produjo cambios significativos en la construcción y uso de los lugares de culto. Se continuó la práctica común de la Edad Media de utilizar los templos cristianos para múltiples actividades, como lugares de enseñanza, de almacenaje de alimentos, de reuniones comunitarias o para la realización de transacciones comerciales. Los principales reformadores concordaban en atribuir a los templos, más un valor utilitario que religioso. Según Lutero: “No hay otro motivo para construir iglesias, que el de que la gente se reúna para poder orar, oír la predicación y recibir los sacramentos”. También afirmó: “En las iglesias no sucede otra cosa, más que nuestro amado Señor mismo nos habla por medio de su santa Palabra y nosotros, por nuestra parte, hablamos con él por medio de la oración y la alabanza”. Las imágenes religiosas en los templos han comenzado a no ser tomadas en consideración. Los primeros cambios en la arquitectura cristiana se aprecian hacia finales del s. XVI, pero se evidencian con mayor claridad hasta el XVII. La liturgia protestante da un papel protagónico a la predicación, y el púlpito es elevado, tanto por razones acústicas como teológicas. Se implementa el uso de las bancas en las iglesias, lo que también indica la importancia que va adquiriendo en el protestantismo la comunidad litúrgica. Una comunidad sentada provoca menos ruido y está en mejores condiciones de oír la predicación y de ver lo que está aconteciendo durante la liturgia. El baptisterio fue trasladado al área del coro para que estuviera a la vista de la comunidad. Otro producto especial de la Reforma fue la ordenación espacial del altar, el púlpito y el órgano en forma axial, en la parte oriental de la iglesia, es decir, también visible a la comunidad que se encuentra congregada en la nave. Se puede apreciar que la Reforma puso en movimiento la idea de la centralidad de la comunidad en la celebración litúrgica. La predicación, expuesta en el idioma propio de las comunidades, se convierte en uno de los momentos más relevantes. La palabra desplaza a la imagen en la celebración cristiana: oír se vuelve más importante que ver. A partir del siglo XVIII, adquiere relevancia teológica la discusión, que se prolongará durante los siglos posteriores sin encontrar consenso ni en el catolicismo ni en el protestantismo, sobre si el edificio eclesiástico es domus Dei o domus ecclesiae . . En términos generales, se puede afirmar que en el catolicismo la tendencia es a considerarlo domus Dei y en el protestantismo, domus ecclesiae. En cuanto a la tradición ortodoxa, deriva hacia una posición intermedia. Conclusión Considero que lo dicho anteriormente es el trasfondo que puede ayudar a entender la iconoclasia pentecostal contemporánea: ella es un legado de su herencia protestante. Pero además, en América Latina se ve reforzada por la constitución pentecostal como minorías religiosas en ambientes abrumadoramente católicos, al menos en las primeras décadas de la expansión del movimiento. Su negación absoluta de las imágenes religiosas y la austeridad formal y visual de sus templos buscan también estar en contraposición respecto de las representaciones católicas en estas áreas. En el catolicismo popular, la imagen juega un papel central y la iglesia católica institucional generalmente se identifica por su visualmente rica arquitectura barroca. El pentecostalismo se ubica en oposición a ambas tendencias e, incluso, intenta ser su negación simbólica. En la religiosidad pentecostal, además de la importancia de la palabra, herencia protestante, se halla la experiencia subjetiva del encuentro con el Espíritu Santo; ambas son componentes esenciales de su culto y su espiritualidad. Así, la imagen no tiene mucha cabida, lo que considero como una expresión iconoclasta pasiva: no hay intento de dañar ninguna imagen, simplemente se niega su existencia. En el pentecostalismo, la imagen pictórica es sustituida por la imagen verbal y el templo objetivo de ladrillo y cemento, por el subjetivo de la comunidad como “morada del Espíritu Santo”. |
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