V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

LOS GOBIERNOS EN LA CUERDA FLOJA

 

Frecuentemente se afirma que los países pobres necesitan, para su desarrollo, más ayuda foránea e inversiones del Norte. En realidad, los países pobres sufren de la salida de grandes flujos de capital, legal e ilegal, hacia el Norte, como resultado de la evasión de impuestos, la repatriación de utilidades, y las propias crisis financieras. Además, gastan US $ 100 millones diarios para el servicio de su deuda externa. En efecto, más que ayuda para el desarrollo, lo que necesitamos es eliminar los “flujos financieros” desde el Sur hacia el Norte.

Este sistema de empobrecimiento de los países “subdesarrollados” en beneficio del desarrollo de los países dominantes, y que ahora con la globalización alcanza niveles nunca antes vistos, se estructuró con la conquista de los pueblos del Sur para satisfacer los requerimientos del crecimiento y desarrollo económico de los países del Norte. Los países europeos no encontraron subdesarrollo en el Sur: lo generaron.

El orden económico internacional vigente es la continuación de la imposición histórica de un sistema cada vez más excluyente, en el cual los países empobrecidos solo pueden aspirar al “desarrollo del subdesarrollo” con una mayor y creciente dependencia externa que se profundiza dentro de la globalización capitalista, en connivencia con procesos internos de concentración de la riqueza en los sectores que sirven a los intereses foráneos, y el empobrecimiento de amplísimos sectores de la población.

Los mecanismos de exacción se mantienen, solamente han cambiado sus formas; tal es el caso de la profundización del deterioro de los términos de intercambio , donde se observa la caída sistemática de los precios de las materias primas exportadas por el Sur (con excepción del petróleo, en determinadas coyunturas del mercado mundial) y del aumento sostenido de los precios de los bienes industrializados del Norte, que nuestros países importan; o bien, el de la deuda externa.

Es necesario recordar que “la globalización, a un nivel incipiente, aparece con los inicios del sistema capitalista, en el contexto de una civilización que engloba el planeta y expande su poder desde el siglo XV, lo que da lugar al surgimiento del mercado mundial.

América es integrada a la economía internacional como productora y exportadora de bienes primarios. Europa se especializa en la producción de bienes manufacturados. África se integra a través del suministro de mano de obra barata, los esclavos. Asia estaba ya de alguna manera integrada en Europa con el suministro de seda, especerías, porcelanas y demás. Hay en esta época, una configuración de lo que luego serían el mercado mundial y la globalización. La globalización es una fase del sistema capitalista que ha llegado a un nivel de desarrollo en el cual “el globo ya es una estructura productiva y de mercado cada vez más integrada”,1 donde los Estados y los gobiernos de los países del Tercer Mundo sufren una suerte de mutilación de sus funciones y atribuciones, conforme a las políticas y “modelos” impuestos por los centros hegemónicos del poder.

Los neoliberales sustentan erróneamente, que “mientras menor presencia tengan los Estados en la regulación de las economías de sus respectivos países, más fácilmente se lograrán las metas del desarrollo de esos países”.

Las condicionalidades que acompañan los préstamos y programas del FMI y el Banco Mundial han logrado reducir las atribuciones de los Estados en los países del Sur y con ello, avanzar en los procesos de desregulación de las economías, logrando así estructurar la economía global capitalista.

La aplicación de las recetas neoliberales-fondomonetaristas como son los “Programas de ajuste estructural”   desde principios de la década de los 80, en países con una deuda externa considerable, pobreza creciente y problemas financieros, han forzado a la mayoría de países del Sur a seguir las políticas económicas impuestas por los países industrializados, sin consideración de la pertinencia que pudieran tener tales políticas respecto de las necesidades de desarrollo del propio país.
 
Debido a la imposición de políticas neoliberales  sobre países desesperados por acceder a los créditos, los pueblos de todo el Sur se ven forzados a convertirse en economías orientadas a la producción de exportaciones, antes que a la provisión de los mercados locales, y a enfrentarse a un gran porcentaje de factores económicos en manos extranjeras, a valiosos recursos públicos privatizados; a servicios de salud y a otros servicios sociales mutilados por décadas de falta de inversiones; a recursos ambientales devastados por la sobreexplotación; a las economías campesinas y los pequeños emprendimientos arruinados por la denegación de créditos y subsidios, y a un desempleo masivo.

La desregulación de las economías favorece a las compañías transnacionales y viabiliza los intereses hegemónicos geopolíticos de las potencias. La ausencia de regulación de la economía y de planificación por parte de los Estados conlleva la ruina de los países “subdesarrollados” ya que, de acuerdo con los intereses transnacionales, esos países debieran seguir asumiendo su rol de proveedores de materias primas baratas (energía, agua, biodiversidad, minerales, etc.) además de mano de obra barata.

Se trata de la dominación total del capital sobre el trabajo y de la reedición del Modelo Primario Exportador asignado por las potencias a los países de menor desarrollo relativo.

El FMI y especialmente el Banco Mundial han sido los impulsores principales de la privatización de los servicios básicos; y junto a ellos, otras instituciones  como los bancos de desarrollo regionales y las agencias de crédito a las exportaciones.
 
Las instituciones financieras internacionales promueven la privatización  a través de políticas condicionantes y asesoramiento en políticas, financiando proyectos que abren el camino a las privatizaciones, proveyendo asistencia técnica en la preparación de estudios de factibilidad, como también en el  proceso de implementación, y hasta apoyando directamente a las compañías privadas para que compren los servicios públicos.

 
El marcado interés en la privatización de servicios básicos muestra una actitud fetichista hacia el mercado al que se considera el único principio organizador de las economías. Un fracaso tras otro en las privatizaciones del agua en el Sur no han disuadido a las IFIs de su misión de arrebatar los bienes de propiedad pública. Es urgente detener el financiamiento y colaboración de las IFIs en proyectos destructivos del medioambiente, empezando por las grandes represas, el petróleo, el gas y la minería, y dar paso a la implementación de las recomendaciones del Examen de industrias extractivas.

Las instituciones financieras internacionales pretenden liderar la lucha contra el cambio climático y la destrucción de la naturaleza. Sin embargo, ningún tipo de mediación discursiva o de supuestas nuevas estrategias puede ocultar el hecho de que muchos proyectos diseñados, dirigidos y apoyados por las instituciones financieras internacionales violan las normas y salvaguardas declaradas por estas mismas instituciones, y causan o agravan problemas ambientales y sociales de gran impacto.


El neoliberalismo no se interesa por el cuidado del medio ambiente. En su afán de acumulación sin fin de ganancias generadas con la expoliación de los recursos naturales y la dominación del capital sobre el trabajo, está generando cambios climáticos como el efecto invernadero que se observa ya en la reducción de los glaciares de los casquetes polares; en el aumento del nivel de los océanos; en las inundaciones de las tierras bajas en varios continentes; en el aumento de fenómenos meteorológicos, como huracanes y tifones, etc., etc.


El propio Banco Mundial es un gran deudor ecológico, puesto que en su accionar real, más allá de sus discursos, viene financiando fuertemente grandes proyectos como represas hidroeléctricas, exploraciones petroleras, minas, y el desarrollo de proyectos que han desplazado poblaciones y han producido daños sociales y ambientales enormes. Las recomendaciones importantes de su  propio Examen de industrias extractivas no han sido respetadas por el Banco, entre ellas el principio de que las comunidades afectadas directamente por los proyectos de extracción de recursos deben dar su consentimiento libre e informado, y  el progresivo retiro de inversiones en proyectos de extracción de hidrocarburos. 

Confiar el precario futuro del clima mundial a las soluciones de mercado que inventa el  Banco Mundial distrajo a los actores principales de poner su mayor atención al sobre-consumo que amenaza de muerte al planeta. En la práctica, el Grupo Banco Mundial, que proclama su liderazgo en el desarrollo de energías alternativas, dedica muchos más recursos a desarrollar fuentes de energía convencionales. El Banco Mundial lidera la financiación de proyectos que producen el efecto invernadero.
 
Las transnacionales buscan relocalizar en los países del Sur las industrias contaminantes que no son toleradas en el norte post-industrial. La lógica neoliberal radica en aprovechar las facilidades del Sur, donde las normas y leyes sobre contaminación ambiental son, desafortunadamente, casi inexistentes. Si no se toman medidas urgentes, como lo son los cambios drásticos en la legislación y en las penalidades a quienes contaminan la naturaleza, nuestros países se hallan ante la amenaza cierta de llegar a ser depósitos de los desechos industriales contaminantes de origen químico y aun atómico, del Norte desarrollado.

Los flujos de capital hacia el Norte son parte del sistema de exacción por el capital especulativo-financiero transnacional. Tal sistema de exacción incluye los mecanismos de endeudamiento del Sur y la transferencia al Norte de grandes capitales a nombre del “servicio de la deuda” que en muchos casos, ya ha sido pagada con creces. El sistema, con el FMI y el Banco Mundial a la cabeza, se encarga de perennizar las deudas, incluso las ilegítimas, a favor de las economías desarrolladas y en perjuicio del desarrollo de los países del Sur, afectando negativamente la provisión de servicios básicos de salud y educación por parte de los Estados, que se ven forzados a priorizar el “servicio de la deuda” contra las grandes demandas sociales que permanecen insatisfechas.

La “deuda social” se configura en tanto los presupuestos generales de los Estados asignan al servicio de la deuda externa entre el 35 y 40% de sus ingresos, mientras que los requerimientos de salud y educación son postergados año tras año. La inversión estatal en vialidad, sistemas de riego, electrificación rural, sistemas de agua potable, alcantarillado, etc. se ve muy fuertemente limitada por el desangre del servicio de la deuda, a extremo tal que las maniobras financiero-especulativas de los países acreedores, del Club de París, del FMI y el Banco Mundial hacen posible que “mientras más se paga más se deba”.

El sobreendeudamiento de nuestros países ha sido parte de una estrategia de algunos países desarrollados para acceder por esa vía a recursos naturales de imponderable importancia, tales como el petróleo, el gas natural, el agua, etc. No desconocemos la responsabilidad de nuestros gobiernos elegidos democráticamente y de los de facto , en el tema del endeudamiento, pero exigimos la judicialización de la deuda y que se distinga entre deuda ilegítima –por ejemplo la contraída por las dictaduras- y la deuda concertada con gobiernos democráticos.

Otro mecanismo para someter a los países “subdesarrollados” a la lógica del capital transnacional globalizado es el denominado “libre comercio” a ultranza, y sus instrumentos, los TLC bilaterales o regionales con los EE.UU. En efecto, los Tratados de Libre Comercio (TLC) no son tratados solamente comerciales, pues su aplicación contempla casi todos los sectores de la economía, e incluye temas tales como los de propiedad intelectual, inversiones, compras del sector público, normas de origen, telecomunicaciones, entre otros.

Se trata, pues, de la apropiación de los recursos estratégicos de nuestros países, entre otros el petróleo, las telecomunicaciones, la electricidad, el agua y nuestra biodiversidad, facilitando la apropiación de estos recursos a través de una legislación supranacional sobre inversión, propiedad intelectual, etc., y subordinando inclusive la(s) Constitución(es) a estos Tratados.

Los TLC, en el caso de los países andinos, son un complemento al Plan Colombia , tal como lo señala Robert B. Zoellick en carta a J. Dennis Hastert, Presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, el 18 de noviembre del 2003; “Un ALC con los países andinos ayudaría a promover la integración económica entre los cuatro países andinos. Al mismo tiempo, brindaría oportunidades de exportación para los proveedores de productos agrícolas, industriales y de servicios de EE.UU. … Brindaría oportunidades de exportación para los proveedores de productos agrícolas, industriales y de servicios de EE.UU. Serviría como un complemento natural al Plan Colombia , al que el Congreso ha dado un apoyo significativo a lo largo de los años”. 2.

Las empresas transnacionales norteamericanas prácticamente se apropiarían, mediante los TLC, de nuestros países. Tal como lo señala Collin Powell, jefe de la diplomacia estadounidense, … nuestro objetivo con el ALCA es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo ártico hasta la Antártica , libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio” . 3.

El actual orden económico internacional globalizado es un instrumento de la disparidad económica y política Norte–Sur y que, a menos que las fuerzas democráticas en el ámbito mundial logren colocar en la agenda internacional la urgencia de una nueva arquitectura financiera internacional , los gobiernos, especialmente los de los países subdesarrollados, se hallan en serio riesgo de dejar de ser poder, y de encarnar la soberanía de los respectivos Estados.

Eco. Franklin Canelos
(Economista asesor del Programa Fe-Economía y Sociedad del CLAI)

Comentarios

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NOTAS:
1/ ACOSTA, Alberto “Alternativas a la civilización de la desigualdad” La Insignia , 29 de enero de 2006.

2/ RUIZ, Patricio “El Tratado de Libre Comercio Estados Unidos - Ecuador”.

3/ POWELL, Collin. Citado en “El Tratado de Libre Comercio Estados Unidos - Ecuador”

 
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