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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
LOS PROFETAS
¿Existe alguna relación entre la acción de los Profetas y el trabajo en favor de la salud del pueblo? En general, los profetas del A.T. casi no tocan el tema de la salud del pueblo. De vez en cuando, aparecen rezando por algún enfermo (Is. 38, 1-6; 1. Reyes 13,6), o prevén un futuro en el cual, por el poder de Dios, los ciegos, sordos, cojos y mudos serán curados (Is. 29,18; 35,5-6). No se debe olvidar, además, que la visión con que el pueblo de Dios enfrentaba los problemas de la salud y de la enfermedad fue rebasada por la medicina moderna. De ahí que se justifica la pregunta que se hacen muchos: “¿Será que la Biblia , y en particular los profetas, tienen aún algún mensaje relevante para los que hoy trabajan en la pastoral de la salud?”. Un ejemplo concreto. En el libro del Deuteronomio, Dios afirma categóricamente: “Yo soy yo, y no hay otro. Soy el que mata y hace vivir, soy el que hiere y vuelve a curar. Y nadie escapa de mis manos” (Dt. 32,29). Tomado al pie de la letra, este texto desestimula cualquier trabajo en favor de la salud del pueblo y sugiere que la oración es el único remedio válido para combatir la enfermedad. Como este, existen muchos otros textos en la Biblia. ¿Cuál es su valor? ¿Sirven para nuestro trabajo en favor de la salud del pueblo? El profeta es hijo de su tiempo y de su cultura. Sobre todo en esta área de la salud y la enfermedad, la cultura del pueblo de la Biblia era bien diferente de la nuestra. Es otro mundo. Conviene tener presentes estas diferencias culturales cuando se quiere evaluar la posición de los profetas frente al problema de la salud del pueblo. De otra manera, se corre el peligro de caer en concordias superficiales, que pueden conducir a conclusiones forzadas sin fundamento en los textos bíblicos, y desastrosas para la propia salud del pueblo. Por ejemplo: existen personas que, en nombre de la Biblia , prohíben la transfusión de sangre. Otros, en nombre de la misma Biblia , prohíben comer carne de cerdo, etc. Pero por otro lado, no conviene exagerar las diferencias de cultura hasta el punto de provocar una ruptura y de impedir que se perciban las semejanzas. Conviene saber leer entre líneas y descubrir la gran preocupación por la vida humana que en las palabras proféticas se revela. Solo así, a pesar de las diferencias de cultura, los textos bíblicos comenzarán a hablar de nosotros y de nuestros problemas. LA VISIÓN QUE DE LA SALUD Y LA ENFERMEDAD TENÍA EL PUEBLO DEL ANTIGUO TESTAMENTO Un primer contacto a través de la lectura de tres textos. Se trata de tres textos de los libros sapienciales. En el A.T., la preocupación por preservar la salud y la cura de las enfermedades aparece con mayor frecuencia en los libros sapienciales que en los libros de los profetas. Los textos son los siguientes: Job 24, 1-12: describe la situación del pueblo pobre, herido y moribundo. Salmo 88 (87): describe la situación de abandono y de sufrimiento de un enfermo. Eclesiástico 38, 1-15: habla de la curación, del médico y de los remedios. Lea cada uno de estos textos con las siguientes preguntas: 1. ¿Cómo ve el texto la causa de la enfermedad? 2. ¿Cómo ve la situación del enfermo? 3. ¿Cómo ve la curación? Además, procure verificar otros dos asuntos: 1. ¿En qué puntos su visión es diferente de la nuestra? 2. ¿Cuáles son los puntos de semejanza entre ellos y nosotros? Siguen ahora algunas informaciones bastante incompletas, sobre la visión que el pueblo del A.T. tenía sobre la salud y la enfermedad, la curación, el médico y la medicina. LA VISIÓN QUE LA BIBLIA TIENE DE LA SALUD 1.- La salud tiene que ver con la vida, por eso está envuelta en el mismo respeto cuasi-sagrado con el que el pueblo de la Biblia cubría el origen de la propia vida. (Sal 139,138, 13-16; Job 10, 8-12; Sab 7,1-6). 2.- La convicción más profunda de la fe del pueblo de la Biblia es que por la liberación de Egipto, Dios adquirió un título de propiedad sobre ellos (Ex. 19, 4-6). Dios es el Señor del pueblo, el autor de la vida. Todo está en sus manos, también la salud. Es Él quien controla todo y todo lo conduce, pues fue Él quien llevó al pueblo desde Egipto hasta la posesión de la tierra prometida donde corre leche y miel. Es Yahvé, el Dios del Pueblo, quien decide sobre la vida y la muerte y manda la salud y la enfermedad (Dt. 32,39) (I Sam. 2,6; 2 Re 5,7). 3.- De esto resulta una actitud de entrega de la vida en las manos de Dios que no debe interpretarse sin más, como fatalista. Para la salud, tanto mental como corporal, puede ser de gran importancia. 4.- No conviene olvidar que la palabra salud viene de salus . “SALUD” es palabra latina que significa, al mismo tiempo, salud y salvación . Incluye alma y cuerpo, espíritu y materia; no separa las cosas. Por eso, cuando la Biblia habla de salvación (salus) conviene recordar el origen material de esta palabra, a saber, la salud. La palabra hebrea para indicar la salud viene de la raíz shalam que significa estar entero. De ahí proviene la palabra shalom , esto es, paz. 5.- Como hoy, los proverbios populares de la Biblia encaran la salud como la cosa más importante que se puede imaginar: “No existe riqueza mayor que un cuerpo sano, ni mayor satisfacción que la alegría del corazón” (Eclo. 30,16). “La salud y una buena constitución valen más que todo el oro; un cuerpo vigoroso es mejor que una enorme fortuna” (Eclo. 30,15). LA VISIÓN QUE LA BIBLIA TIENE DE LA ENFERMEDAD 1.- Si la salud es la mejor cosa que se puede tener, la enfermedad es el peor de los males. Un proverbio dice que es mejor morir que vivir con una larga enfermedad (Eclo. 30,17). La enfermedad es un mal que hace perder el sueño a la gente (Eclo. 31,2). 2.- La enfermedad es vista como castigo de Dios por el pecado (2 Cró. 26, 16-20; 1 Sam 5,6; Juan 9,2) y por la transgresión de los mandamientos de la Ley de Dios (Lev. 26,25; Deut. 28,21-22.27-29). Conforme a la tradición del pueblo de la Biblia , existe una ligazón real entre la culpa humana y la falta de salud. 3.- En la Biblia , el estudio de las causas de las enfermedades está poco desarrollado. No sabían hacer un buen diagnóstico. Por eso, los nombres que la Biblia da a las enfermedades son bastante primitivos, poco variados y muy genéricos: tumores o úlceras ( Deut. 28,27; 2 Re. 20,7); tuberculosis o tisis (Deut. 28,22); rotura de los huesos (parece ser un nombre genérico para indicar cualquier enfermedad: Salmo 22 (21) 15; 51 (50) 10; Lam 3,4); fiebre (Lev. 26,26; Deut. 28,22; Mc. 1,30); enfermedades de la piel (Lev. 13,14; Deut. 28,27); enfermedad del ombligo (Prov. 3,8 conforme a la traducción de la S.BB ); peste (Lev. 26,25; Jeremías habla mucho de peste, hambre y espada Lev. 21 7-9; 24, 10;27,13, etc.); heridas, (B 1,6); ceguera, cojera, sordera, mudez, (Is. 35,5-6), etc. 4.- Es muy difícil saber cuáles son exactamente las enfermedades indicadas por estos y otros nombres tan genéricos. Por ejemplo, ¿qué viene a ser la “mano seca” del hombre que estaba en la sinagoga el sábado? (Mc. 3.1). ¿Consecuencia de la poliomielitis? ¿Qué es la “mano seca” del rey Jeroboán? (1 Re. 13,4). La enfermedad del rey no tenía nada que ver con la poliomielitis. Tal vez haya sido una parálisis histérica. ¿Y los “tumores” y “úlceras” de los habitantes de Azoto? (1 Sam. 5,6). El pueblo decía que era castigo directo de Yahvé (1 Sam. 5,6). Algunos médicos dicen que fue una peste bubónica transmitida por ratones contaminados (Cf. 1 Sam 6,4). Existen estudios médicos respecto de las enfermedades mencionadas en la Biblia. Intentan mejorar el diagnóstico. De cualquier modo, la falta de conocimiento respecto de las enfermedades y sus causas impidió el progreso de la medicina en tiempos del pueblo de la Biblia. LA VISIÓN QUE TIENE LA BIBLIA DE LA CURACIÓN 1.- Todo lo que acabamos de ver ayuda a entender por qué, para el pueblo de la Biblia , la curación de las enfermedades debía ser obtenida en primer lugar por la oración. David no busca médico ni medicina, sino que reza y ayuna para obtener la curación de su hijo enfermo ( 2 Sam. 12,15-23). Varios salmos son de enfermos que piden a Dios su curación (Salmos 6; 38 (37); 41 (40); 88 (87). La salud y el perdón de los pecados parecen dos lados de la misma medalla: ambos proceden de Dios y se consiguen a través de la oración (Salmo 32 (31), 1-5). 2.- Los profetas son invitados por el pueblo para ir a rezar por los enfermos: Elías reza por el hijo de la viuda de Sarepta ( 1 Re. 17,17-24). Eliseo reza por el hijo de la mujer de Sunam ( 2 Re. 4,8-37). Isaías intercede por el rey Ezequías que está enfermo (Is. 38,1-6). Un profeta anónimo de Judá intercede por la mano seca del rey Jeroboán ( 1 Re. 13,6). Más aún, el profeta Eliseo es conocido como alguien que supo mejorar las aguas de una ciudad hasta tal punto que devolvió la fecundidad a sus habitantes (2 Re. 2,19-22) y como alguien que curaba la lepra a través de baños (2 Re. 5,1-14). Parece haber sido una especie de curandero. 3.- La preservación de la salud (y no tanto la curación de las enfermedades) se obtiene por la observancia de la ley de Dios. Las bendiciones prometidas para quien observa la ley de Dios describen una situación de bienestar y de salud (Deut 28, 1-8). La transgresión de la ley trae enfermedades (Deut. 28,21-22,27-29). Se trata, por tanto, de medicina preventiva. 4.- La preservación de la salud se obtiene también por la moderación en el uso de las cosas y por el buen sentido: “tiene sueño saludable aquel que come con moderación, se levanta temprano y con buena disposición” (Eclo 31,20). “Insomnio, vómitos y cólicos son el precio que se paga cuando se come sin moderación”. (Eclo 31,20). “Muchos murieron por intemperancia, pero aquel que se cuida prolonga su vida”. (Eclo 37,31). (Ver Eclo 31, 19-24 y 37, 27-31). 5.- La curación de las enfermedades se obtiene usando medicinas. Las medicinas que aparecen en la Biblia son caseras y populares: vino para desinfectar heridas (Lc. 10,34); masa de higo para curar úlceras ( Is 38,21); colirio para los ojos ( Ap. 3,18); aceite para ablandar las heridas (Is 1,6; Lc. 10, 34); baños para las enfermedades de la piel ( 2 Re. 5,10); provocar el vómito para sentir alivio en el estómago (Eclo 31,21); hierbas y raíces (Sab. 7,20; Eclo 38,4); miel (Prov. 24,130, hiel, corazón e hígado de pez, Tobías 6,5,7-9; 11,1-3), etc. Ya existía jabón para la higiene (Job. 9,30). También se usaba salitre para conseguir mayor limpieza, (Jer. 2,22; Mal 3,2). Al parecer, las mandrágoras se usaban para excitar el amor y devolver la fecundidad a las mujeres estériles (Gén. 30, 14-24; Cant 7, 13-14). 6.- La curación se obtiene llamando al médico (Eclo 38, 1-15), pero en general, el médico no tiene un nombre muy respetado. LA VISIÓN QUE LA BIBLIA TIENE DEL MÉDICO 1.- La visión que tiene la Biblia del médico no siempre es buena. El rey Asad fue criticado porque “en la enfermedad no recurrió a Yahvé, sino a los médicos” (2 Cró. 16,12). El Evangelio de Marcos informa que la mujer que buscó a Jesús para quedar libre de su hemorragia sufrió mucho en manos de varios médicos, gastando en ellos toda su economía, sin ningún resultado, al contrario, quedando cada vez peor. (Mc. 5,26). Existía un proverbio para referirse a la persona que hablaba y no hacía: Médico, cúrate a ti mismo. (Lc. 4,23). En otro lugar, el médico aparece en compañía de gente que engaña (Job. 13,4). Hay también textos en que el médico no aparece de manera tan negativa, sino como profesional responsable de la salud (s. 3,7; Jer. 8,22; Mata. 9,12). Los médicos de Egipto eran los encargados de embalsamar los cuerpos de los fallecidos. (Gen. 5o, 2). 2.- En el Eclesiástico 38, 1-15 se enseña cómo proceder en la enfermedad: después de haber hecho las preces y las ofrendas, se debe llamar también al médico, pues la posibilidad de curar del médico como la de la medicina, no proviene de ellos, sino de Dios. Por esto, el texto recomienda incluso que el propio médico rece por sus enfermos. Probablemente, este texto del libro del Eclesiástico representa la tentativa de combinar los nuevos descubrimientos comprobados de la medicina venida de Grecia a través de la cultura helenista, con las tradiciones antiguas del pueblo que decían que la salud y la enfermedad provenían de Dios y que la enfermedad solo podía ser curada por Él. 3.- Aquí conviene recordar la figura de la “partera” o “curiosa”. Las parteras aparecen como personas que han acumulado mucha experiencia práctica con relación a la mujer embarazada. Las parteras hebreas eran buscadas por las mujeres egipcias. (Cf. Ex. 1,19). El amor a la vida de estas parteras fue una de las causas que contribuyó a la liberación del pueblo de la esclavitud de Egipto. La experiencia y la sabiduría práctica de las parteras aparecen aun en el nacimiento de los gemelos de Tamar (Gén. 38, 27, 30). 4.- Lucas es llamado “médico carísimo”. (Col. 4,14). Al relatar el caso de la mujer que sufría de hemorragia, defiende su clase y ablanda la crítica que Marcos hace a los médicos. (Cf. Lc. 8, 43 y Mc. 5, 26). La sensibilidad de Lucas como médico se trasparenta en la manera en que describe las curaciones que hacía Jesús. 5.- El profeta, cuando es invitado a curar a alguien enfermo, nunca es llamado médico , ni tampoco ningún médico es llamado profeta . Pero Jesús utiliza la palabra médico por dos ocasiones, para indicar, de manera indirecta, el trabajo que Él hacía (Mt. 9,12; Lc. 4,23). VISIÓN BÍBLICA DE LA MEDICINA La medicina del pueblo de la Biblia estaba muy atrasada en relación con la medicina de sus grandes vecinos, Egipto y Mesopotamia. Sin embargo, este atraso tiene su explicación. 1.- El pueblo del A.T. era un pueblo de campesinos, fuerte y combativo. Vivía de su trabajo en lo alto de la sierra. Pueblo saludable, la enfermedad no era para ellos un problema que mereciera la atención especial de los profetas. La enfermedad, por grande que fuera, formaba parte de la vida normal y se aceptaba como se acepta la muerte al fin de la vida. Además , era un pueblo de esclavos libertos que tenía ante sí un desafío mucho mayor que la sola lucha contra la enfermedad: el de la liberación de la esclavitud, la conquista y la posesión de la tierra, la resistencia contra la explotación de los reyes y la injusticia de los grandes. Todo esto, junto con la falta de conocimiento ya citada, explica por qué la medicina no progresó entre ellos tanto como en los otros pueblos. 2.- Además, como en los otros pueblos de la antigüedad, también en Israel la enfermedad y la curación estaba envueltas por la religión y la magia. En general, la medicina era ejercida por los sacerdotes. Eran ellos quienes debían dar el certificado de curación a los leprosos. (Lev. 14, 1-32). Mc 1,44). La Biblia condena la magia y prohíbe las consultas a los adivinos, cartománticos, encantadores y hechiceros. (Ex. 22.18; Lev. 19, 26; 19, 31; 20, 6-27; Deut. 18, 10-11). Mientras tanto, a pesar de tanta prohibición, el adivino y el encantador inteligente formaban parte de la vida de la sociedad de la misma manera que el profeta, el anciano, el comandante de escuadra o el consejero. (Is. 3,2-3). El propio rey Manasés practicaba la magia. (2 Cró 33,6). Otros ejemplos de cura mágica: la serpiente (Núm 21, 8-9); los ratones de oro para curar las úlceras ( 1 Sam 6, 4-5). No estaba clara la frontera entre la medicina y la magia. La persistencia de la magia a pesar de las prohibiciones se explica porque, conforme a las tradiciones antiguas y muy populares de Palestina, las enfermedades eran vistas como consecuencia de la acción de malos espíritus que debían ser expulsados por encantamientos, preces y pases .3.- Finalmente, ciertos tabúes impedían el avance de la medicina. Por ejemplo, la prohibición de tocar los cadáveres impedía la autopsia y el descubrimiento de la causa de las enfermedades. (Núm 5, 2; 6, 6; 19, 11-16). La aversión a la sangre derramada, (Gén 9, 3-4; Lev 19,26) impedía cualquier experimento en materia de cirugía. La única cirugía era la circuncisión. La ley de la pureza legal marginaba a los enfermos de la piel, llamados leprosos, (Lev 13 y 14), e impedía así una mayor aplicación en su curación. PASO DE LA FOTOGRAFÍA A LOS RAYOS X Acabamos de ver las diferencias entre antes y ahora. Acabamos de tomar las fotografías de la medicina de antes. Revelan una visión de la salud y de la enfermedad muy diferente de la nuestra. En lo que dice relación al problema específico de la salud del pueblo, los profetas del A.T. no aparecen como hombres que denuncian la falta de salud. Por grande que haya sido su experiencia de Dios y su visión crítica de la sociedad y de la religión, en materia de salud y enfermedad, eran hijos de su tiempo y de su cultura. Solo de vez en cuando aparecen, cuando algunas personas piden su oración o para anunciar un futuro sin enfermedad, llevado a cabo por el poder de Dios. De este modo, los profetas parecen reforzar la idea de que la oración es el mejor remedio y de que la enfermedad forma parte de la salud como la muerte forma parte de la vida. No discuten, prácticamente, la posibilidad de curación a través de recursos humanos. Esto estaba fuera de sus horizontes. Para ellos Dios es el Señor de la vida y de la muerte, de la salud y de la enfermedad. La pregunta que permanece es esta: “¿Entonces, el A.T. y particularmente los profetas no tienen nada que decir sobre el llamado profético que nos viene de la falta de salud de nuestro pueblo?”. La respuesta es doble: en primer lugar, la Biblia no contiene recetas médicas para indicar medicinas para nuestras enfermedades. La medicina evolucionó; nuestras costumbres y tradiciones son diferentes. En segundo lugar, no conviene detenerse en las fotografías que acentúan las diferencias. Conviene tomar radiografías para ver más de cerca los huesos que sustentan aquella visión tan diferente de la salud y de la enfermedad. Ahora bien, la radiografía muestra que los huesos de antes son muy semejantes a los que hoy sustentan el trabajo pastoral en defensa de la salud del pueblo en nuestras comunidades. Vamos a anotar cinco semejanzas: 1.- Consejos de las personas dentro de las costumbres populares. 2.- Preservar la vida y la salud evitando enfermedades. 3.- Pobreza y enfermedad: señal de rompimiento del plan de Dios (alianza). 4.- La enfermedad es castigo de Dios en la persona y en la sociedad. 5.- Causas económicas, políticas, sociales y religiosas. Las cinco semejanzas están unidas entre sí, revelan la preocupación del pueblo de la Biblia respecto de la defensa de la vida contra la enfermedad y el desorden: 1.- Los consejos sobre la salud de los libros sapienciales están casi todos en la línea de la medicina preventiva. Son consejos populares que recogen y refuerzan las tradiciones y las costumbres del pueblo, en defensa de la vida y de la salud y enseñan remedios caseros muy simples, accesibles al pueblo. 2.- La medicina preventiva (preservar la vida y la salud y evitar las enfermedades) está ligada explícitamente a la observancia de la ley de Dios (Ex 15, 26; 23, 25-26; Deut 28, 21-22-27-29). La ley de Dios es muy concreta. Trae prescripciones sobre alimentación, sobre higiene personal y social. (Deut 23,13-14). Habla de la prohibición de comer carne de cerdo, reglamenta la matanza de los animales, el cuidado de las mujeres después del parto, la actitud que ha de tomarse en relación con las enfermedades de la piel, las prescripciones para el hombre que tuvo “flujo seminal” y para la mujer que tuvo “flujo de sangre”, etc. (Lev. 11 hasta 15). Por atrasadas y discriminatorias que puedan ser hoy estas prescripciones, al comienzo eran medios imperfectos para defender el bien mayor de la vida y de la salud del pueblo. En cierto modo, ¡representan una primera tentativa de organización de la salud pública! Y no solo esto. La Biblia pone la observancia de estas prescripciones como condición para que el pueblo pueda presentarse puro ante Dios. (Lev. 11, 44-45; 14, 19-20). En otras palabras, la organización del pueblo en defensa de la vida y de la salud era, y continúa siendo, una obligación, no solo para con el pueblo en sí, sino también para con el propio Dios. Más tarde, en el NT, los escribas y los fariseos usaron la “ley de la pureza legal" contra la salud del pueblo. Como veremos, Jesús criticará este abuso. 3.-Los profetas del A.T. no tenían una preocupación especial respecto de los enfermos, pero sí una gran preocupación sobre los “pobres, los huérfanos, las viudas y los extranjeros”. ¿Cómo se explica esto? La aparición de estos grupos de personas empobrecidas y marginadas dentro de la sociedad era una señal evidente de que se había roto la alianza y de que la ley de Dios no estaba siendo observada. En el A.T., los enfermos no llegaron a ser un problema especial que constituyera un signo de ruptura de la alianza, de tal suerte que exigiese una denuncia profética. En tiempos de Jesús, sin embargo, el problema de la salud del pueblo toma otro aspecto. Como veremos, la ruptura de la alianza, la transgresión de la ley de Dios y, por consiguiente, la mala organización de la sociedad eran causas que contribuían mayormente a la falta de salud del pueblo. Por esto, la enfermedad se convierte en un problema que ha de ser denunciado. Es signo de la ruptura de la alianza y de la transgresión de la ley de Dios. En este sentido, los enfermos entran en la preocupación profética de Jesús. En el N.T., forma parte de la acción profética el preocuparse de los enfermos y del combate contra las enfermedades. 4.- La enfermedad revela una ruptura de la ley de Dios. Es vista como castigo divino. Esto no debe entenderse de manera mecánica y arbitraria, ni solo en una perspectiva individual ni moralista. Lo que está tras esta intuición de fe tan importante en el A.T., es lo siguiente: cuando no se observa el orden de las cosas, se acaba creando una situación en la que proliferan la enfermedad y la muerte. La situación actual de nuestro país es una confirmación de esta visión del A.T. 5.- La forma en que el libro de Job describe la situación del pueblo pobre, herido y moribundo, (Job 24,1-12) muestra claramente que, para él, la situación de falta de salud tiene causas económicas, sociales, políticas y religiosas. Además, se ve la salud, no solo como un bien personal e individual, sino también, y sobre todo, como un bien del pueblo que depende de su justa organización. Carlos Mesters oc
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