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DECLARACION DE CARACAS SOBRE LITURGIA

Consulta Luterana Latinoamericana sobre Liturgia

Caracas, Venezuela

14-17 de abril de 1986

Auspiciaron esta Consulta: El Comité de Presidentes y Obispos de las Iglesias Luteranas en América Latina y el Caribe y el Departamento de Estudios de la Federación Luterana Mundial.

Introducción a la Declaración de Caracas sobre Liturgia.

1.      Los días 14 al 17 de abril de 1986 en Caracas, Venezuela, se celebró una

consulta sobre Liturgia en Latinoamérica, patrocinada por el Departamento de Estudios de la Federación Luterana Mundial (FLM). Esta consulta respondió a las recomendaciones de la VI Asamblea de la FLM (Dar es Salam 1977) referente a la liturgia, a la Declaración de Northfield sobre Liturgia (EE.UU: 1983. Ver bibliografía) y a las recomendaciones del VI Congreso Luterano Latinoamericano (Bogotá 1980) en el área de la liturgia:

"-se recomienda encontrar las formas litúrgicas que expresen adecuadamente el sacerdocio universal de los creyentes y que conduzcan a una participación de todos los fieles en forma más libre y espontánea.

 -se recomienda que el Departamento de Estudios de la Federación Luterana Mundial colabore en la organización de un taller sobre "Liturgia, Adoración y Ministerios en el Contexto Latinoamericano" entre las iglesias de confesión luterana de este continente.

 -se recomienda que el Departamento de Estudios de la Federación Luterana Mundial promueva el intercambio de materiales de estudio sobre el Ministerio y la Ordenación provenientes de otras iglesias hermanas de América Latina y de otras partes del mundo."

 (Nuestra Fe y Nuestra Misión, pág. 138)

2. Las iglesias luteranas de América Latina recibieron una invitación para designar sus representantes en esta consulta. Hubo 19 delegados oficiales, 9 observadores y 5 invitados. (Ver lista de participantes).

2.      Proceso preparatorio

a)      El Comité de Presidentes de las Iglesias Luteranas en América Latina, reunido en Santiago de Chile en marzo de 1985, siguiendo la recomendación del VI Congreso y una iniciativa del Departamento de Estudios de la FLM, y a pedido de las Comisiones de Liturgia de la Iglesia Evangélica Luterana Unida (Argentina) y la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil estimó oportuno celebrar una Consulta sobre Liturgia a nivel Latinoamericano  previa al VII Congreso Luterano Latinoamericano al reunirse en Caracas. El Comité de Presidentes encomendó la preparación de la Consulta a ambas comisiones mencionadas.

b)      Las comisiones de liturgia se reunieron en julio de 1985 y enero de 1986 para   fijar el método de trabajo en la consulta, identificar los temas de estudio provenientes de la Declaración de Northfield, nombrar a cuatro conferenciantes para desarrollar los temas y elaborar un anteproyecto de declaración.

Las ponencias solicitadas fueron:

1.      El Centro de la Liturgia Comunitaria por el Pastor C. Lisandro Orlov

2.      Celebrando el Reino de Dios en un Mundo Conflictivo por el Pastor Günter Wehrmann.

3.      La Fe que Actúa mediante el Amor por el Pastor Ricardo Wangen

4.      El Ministerio del Pueblo de Dios en Latinoamérica por el Dr. Rev. Ricardo Pietrantonio.

c)      Este material, junto con el anteproyecto de Declaración de Caracas fue enviado a los participantes para su estudio con anterioridad a la Consulta.

4) Método de Trabajo.

Cada conferencista presentó su ponencia en un plenario; los participantes ofrecieron sus observaciones y, después en grupos de trabajo, se profundizó el tema. A través de dichos grupos de trabajo se revisó y modificó el anteproyecto cuyo resultado es la declaración que fue aprobada por los delegados oficiales a la Consulta.

5) Objetivos de la Declaración.

a)          Se entiende este documento como una complementación y contextualización de la Declaración de Northfield sobre Liturgia. Se recomienda el estudio de ambos documentos en conjunto para impulsar la renovación litúrgica en las iglesias luteranas en nuestros países.

b)         No se pretende que esta Declaración sea un estudio completo. Se reconoce sus limitaciones e imperfecciones, y la necesidad de profundizar el tema;

c)          No es un documento normativo:

d)         Se solicita que las iglesias estudien estos documentos y envien sus observaciones, preguntas y comentarios a las Comisiones de Liturgia de la IELU en Argentina y a la IECLB en Brasil;

e)          Es el deseo de la Consulta que la Declaración de Caracas sobre Liturgia y su estudio sirva como punto de partida para la renovación práctica de la liturgia en las iglesias luteranas de Latinoamérica.

Caracas, abril de 1986

DECLARACIÓN DE CARACAS SOBRE LITURGIA.

A.     El Centro de la Liturgia Comunitaria en América Latina.

1.      Cuando el Evangelio es correctamente proclamado como obra del Espíritu Santo que nos conduce al Padre y al Hijo, produce una comunidad que vive en unidad en la alabanza y la adoración de la acción liberadora de Dios (Efesios 1: 3-14, en la historia de la creación (Romanos 8: 22-23).

2.      Esto significa, en el contexto latinoamericano, una nueva comprensión de la celebración cristiana. Esta celebración ya no puede ser una obligada presencia pasiva de los fieles, con gestos y vocabulario sin contenido o con símbolos extraños a nuestra cultura.

3.      Por ello, y para encontrar formas más creativas y conscientes de celebración, nos dirigimos muy especialmente al liderazgo litúrgico y al pueblo de Dios en América Latina, para que se promueva la participación de toda la comunidad en la acción divina que se manifiesta en el compromiso de transfigurar la sociedad y sus valores. En nuestros países esta afirmación significa una mayor y más expresiva participación de los fieles en la realización de la celebración congregacional.

4.      La comunidad reunida en el nombre de Cristo manifiesta la presencia real de su Señor. A través de los medios de gracia recibidos, lleva en su seno esta realidad y la expresa mediante acciones concretas: en los cánticos y plegarias, en la contextualización de la Palabra y en los ministerio que la sirven.

5.      La comunidad congregada hace visible esta presencia en sí, y envía a sus miembros como portadores de esa realidad hasta los confines de la tierra. Como consecuencia lógica de esta afirmación debemos promover la eliminación de las barreras que separan lo sagrado de lo profano, resaltando que toda la existencia es vida en Dios. En este aspecto debemos recuperar el concepto bíblico de la unidad de la existencia. Por ello, la celebración dominical no puede permanecer separada de la vida cotidiana.

6.      La celebración comunitaria debe expresar la realidad de la presencia de Cristo en el Cuerpo a través de los múltiples ministerios que la componen (cf. Párrafo 56). La unidad de acción y objetivos de estos ministerios, que incluyen a todos los fieles, es también un signo de esa presencia real.

7.      Es necesario enfatizar la concepción de la comunidad, reunida en el nombre de Jesucristo, como un ámbito privilegiado en el cual se manifiesta la presencia de Dios. Esta concepción cuestiona las tendencias de la piedad popular de sacralizar personas, lugares, elementos, gestos, etc.

8.      Este mismo proceso de la religiosidad popular se da muchas veces en las comunidades luteranas, que el rechazar la renovación litúrgica, están sacralizando estructuras, vocabulario, vestimentas o escuelas y sistemas teológicos.

9.      Por otra parte, debemos abrirnos a los impulsos de renovación que nos vienen de nuestros pueblos, para que el futuro de la iglesia no esté comprometido. Lo cotidiano debe encontrar hospitalidad en nuestras celebraciones para que cada uno de los elementos utilizados nos hablen del mundo de cada día que estamos llamados a transformar. Por supuesto, que la elección de elementos, gestos y símbolos deben mantener continuidad con nuestras posiciones confesionales.

10.  La comunidad cristiana se hace realidad por la acción concreta de la proclamación. Entendemos por proclamación aquello que abarca y comprende los múltiples ministerios y sus carisma, las diversas formas de predicar la Palabra, celebrar los sacramentos, de servir al prójimo y a la sociedad. Este concepto de proclamación nos exige que tomemos en consideración cada elemento que integra la celebración y no sólo privilegiar el sermón.

11.  El sermón es una de las diversas formas de predicación que actualizan la Palabra en nuestro contexto, donde Cristo se hace nuestro contemporáneo. Recomendamos que se utilicen todos los medios que se ofrecen actualmente para hacerlo más comprensible y actuante. Esta dedicación mostrará el verdadero carácter del ministerio pastoral al ser fieles siervos del Evangelio.

12.  Es importan recordar que la asamblea misma de los fieles, en su celebración comunitaria, es una proclamación en sí del Evangelio.

13.  El Bautismo nos transfigura en un cuerpo de ministros activos y responsables en la proclamación. El sacramento del Bautismo nos integra a cada uno con plenitud de derechos en el ministerio de comunicar el Evangelio. Todo miembro del pueblo de Dios tiene una tarea específica y única en la acción de manifestar la presencia real de Cristo. En este sentido es importante destacar la tarea evangelizadora de la familia y su vida de oración cotidiana que prolonga en la semana la celebración dominical.

14.  La liturgia debe ser entendida como una acción integradora de la totalidad de los bautizados (nadie puede quedar excluido del ministerio por sus condiciones intelectuales, su nivel económico, su raza, sexo o edad). El recuperar este concepto de ministerio litúrgico debe manifestarse en una disminución de la exagerada presencia del pastor ordenado como único ministro o celebrante.

15.  La Eucaristía manifiesta la identidad de la Iglesia, por ello una de las tareas más urgentes de las comunidades de confesión luterana en América Latina es el redescubrir la centralidad de la Cena, junto con la predicación, para la vida y la espiritualidad de esas comunidades. La proclamación comprende en un pie de igualdad y complementación el sermón y la Santa Cena (El término Eucaristía se lo puede utilizar de dos maneras no siempre intercambiables. En algunos casos, se lo emplea para designar en forma limitada a la Cena del Señor, en otros, para indicar la acción de gracias en un sentido amplio, que abarca y comprende a todos y cada uno de los elementos que componen la celebración dominical.) (cf. Bautismo, Eucaristía, Ministerio. Eucaristía, párrafo 19)

16.  Si tenemos en cuenta la afirmación de que Cristo está presente en toda la celebración eucarística, constatamos en la práctica congregacional una actitud ambigua frente a la predicación y la Santa Cena. Por un lado, la comunidad se considera abierta para aceptar la Palabra que llega a través de la predicación. Por el otro lado, al abstenerse de recibir la Palabra que llega por medio de la Santa Cena (por no sentirse digna y preparada) está negando de hecho la realidad de las promesas y afirmaciones de la absolución de pecados. (cf. El uso del Padrenuestro previa a la comunión. Bautismo, Eucaristía, Ministerio, párrafo 2).

17.  Es importante destacar que la celebración cristiana es una fiesta de la gracia de Dios. Para ser coherentes con nuestra identidad confesional, debemos rescatar la práctica de la celebración dominical de la Cena del Señor como manifestación visible de que nuestra confianza está puesta sólo en la misericordia de Dios. (cf. Catecismo Mayor. Pág. 114)

18.  El carácter anamnético [1] de la celebración no es sólo "representación delante de Dios de un acontecimiento del pasado" por ejemplo: el Exodo y/o la vida, muerte y resurrección de Jesucristo), sino también la incorporación en la acción liberadora de Dios, para aplicarla en el entendimiento de nuestro aquí y ahora. (cf. Bautismo, Eucaristía, Ministerio, párrafos 20 y 21).

19.  El carácter epiclético [2] de la celebración no es sólo el invocar al Espíritu Santo en un determinado momento de la celebración o sobre determinados elementos, sino que es el vivir la celebración toda, que por mediación del Espíritu, llega a ser una fuerza movilizadora en la transformación de nuestras vidas y de nuestro contexto (cf. Bautismo, Eucaristía, Ministerio, párrafos 16 y 17).

20.  La Plegaria Eucarística, como parte de una unidad más abarcadora que es la Acción de Gracias (Eucaristía), debe mantener una estructura trinitaria: es decir, que nos incorpora en la acción creadora y liberadora del Padre, en la obra redentora del Hijo y el poder santificador del Espíritu. La presencia de esta plegaria en la liturgia luterana aleja toda tentación de una comprensión mágica de las palabras de institución de la Cena, o el conceder carácter eficaz a gestos y elementos. Por ello insistimos en la necesidad de entender toda la celebración litúrgica desde un punto de vista epiclético. La invocación del Espíritu Santo no sólo se efectúa sobre determinados elementos, sino que se invoca principalmente sobre la comunidad celebrante. "...la eucaristía no es un acto mágico y automático, sino una oración que se dirige al Padre, subrayando la total dependencia de la iglesia respecto a El". (cf. Bautismo, Eucaristía, Ministerio. Comentario párrafo 14).

21.  La anámnesis y la epíclesis nos muestran realidades del pasado y del futuro que nos llevan a tomar en serio el presente y a tener una mejor comprensión del mismo. Las dificultades que encontramos en el entendimiento de estos conceptos, hace cada vez más necesaria una catequesis litúrgica continuada y permanente en todos los niveles, que lleve a una vivencia del carácter anamnético y epiclético de toda la celebración. La frecuente participación en esta experiencia llevará a una mejor comprensión de este misterio que una simple explicación intelectual del mismo. Esta actualización efectiva y existencial (proléptica) [3] del pasado y del futuro a través del Espíritu Santo, tiene relevancia para el aquí y el ahora del pueblo de Dios. (cf. Hechos 2: 42-45 y 4: 32-37).

B.     La Fe que Actúa mediante el Amor (Ofertorio). Gálatas 5: 6

22.  En nuestro contexto latinoamericano creemos necesario redescubrir el término ofertorio y aplicarlo a la vida litúrgica comunitaria. Es nuestra convicción que toda la celebración se encuentra impregnada por la dimensión que llamamos "ofertorio". Esto nos posibilita incorporar en la liturgia el aspecto horizontal, es decir, el del contexto de toda la convivencia humana en que se encuentra inmersa la iglesia. (cf. Bautismo, Eucaristía, Ministerio. Eucaristía, párrafo 20).

23.  Creemos que el ofertorio debe ser entendido como el momento en el cual la acción corporativa de la congregación toma consciencia y encuentra los medios de subsistencia en beneficio de los necesitados. Este es uno de los aspectos esenciales de la función diacónica por la cual se expresa la acción del Cuerpo de Cristo. La acción corporativa de la celebración, no sólo es anamnética y epiclética. También posee un aspecto de ofertorio en el sentido de que ella, a través de su preocupación y cuidado de los carenciados, manifiesta visiblemente los signos del Reino. (Cf. Lucas 4:18, Jesús anuncia libertad a los oprimidos; Mateo 8: 2-4, Jesús cuestiona el sistema médico asistencial; Lucas 7: 14-15, Jesús cuestiona la previsión social; Juan 6: 1-15, Jesús cuestiona las fiestas congregacionales).

24.  El servicio de la Palabra nos conduce a la acción del amor, es decir, del ofertorio, y éste a su vez nos lleva a la Cena del Señor. Palabra, ofertorio y Cena son tres aspectos de una única e idéntica acción. Lutero afirma con respecto al ofertorio lo siguiente: "Entonces, ¿Qué sacrificios deberíamos ofrecer? A nosotros mismos, y todo lo que nos pertenece, con oración continua...Con esto deberíamos rendirnos a la voluntad de Dios, para que pueda hacer de nosotros lo que quiera, según su propio deseo. Además, deberíamos ofrecerle alabanza y acción de gracias con todo nuestro corazón". En otro párrafo Lutero agrega: "...no ofrecemos a Cristo como un sacrificio sino que Cristo nos ofrece a nosotros. Y de este modo es permisible y útil llamar a la misa un sacrificio; no por propia cuenta, sino porque nos ofrece a nosotros mismos como un sacrificio junto con Cristo...Si se entendiera la misa de esta manera y por esta razón se le llamara un sacrificio, sería muy bueno". (Cf. L.W. Vol.53 pág. 98 y 99 respectivamente. "Bautismo, Eucaristía, Ministerio. Párrafo 10. Romanos 12: 1 y 1º Pedro 2:5)

25.  En este sentido encontramos en la carta de Pablo a los corintios (1º Corintios 11: 20-21) que la ausencia de responsabilidad por los que pasan hambre, invalida toda la celebración. Al mismo tiempo que la comunidad adquiere consciencia de su responsabilidad diacónica, se transforma en la instancia en la fe que se llama a juicio a los opresores de los pueblos.

26.  El ofertorio, es decir, el servicio del amor, de la misma forma que está arraigada en la predicación, tiene profundas relaciones con la Cena del Señor. Estos momentos no deben ser separados. La Cena es también la confirmación de la solidaridad de la comunidad con aquellos que tienen hambre y sed de justicia. El relacionar el ofertorio solamente con la predicación de la Palabra sería distorsionar su significado. El ofertorio adquiere plena dimensión en la relación con la totalidad de la celebración eucarística.

27.  El ofertorio, la oración de intercesión y la comunión son partes integrantes de una única y continua acción. Donde una de ellas falta se oscurece el sentido de todo.

28.  El ofertorio manifiesta el aspecto escatológico de toda celebración comunitaria, porque hace realidad el mundo de solidaridad y justicia que llegará a su plenitud con la culminación del Reino.

29.  La vocación cristiana halla en el ofertorio su relación e integración con toda la celebración dominical. A partir de la mesa eucarística encuentra sentido el servicio a Dios en el mundo, el cual deberá volver continuamente a la Mesa para su purificación.

30.  Hacemos nuestra la declaración del Consejo Mundial de Iglesias contenida en el documento llamado Bautismo, Eucaristía y Ministerio : "La solidaridad en el Cuerpo de Cristo afirmada por la comunión eucarística,  y la responsabilidad de los cristianos, unos con respecto a los otros y respecto al mundo, encuentran una expresión particular en las liturgias: el mutuo perdón de los pecados, el signo de la paz, la intercesión por todos, el comer y beber juntos, llevar los elementos eucarísticos a los enfermos y a los prisioneros o el celebrar la Eucaristía con ellos. Todos estos signos de amor fraterno en la Eucaristía, están directamente vinculados al propio testimonio de Cristo servidor; los cristianos mismos participan de la condición de siervo. Dios, en Cristo, ha entrado en la condición humana; así la liturgia eucarística se encuentra próxima a situaciones concretas y particulares de los hombres y las mujeres. En la iglesia primitiva el ministerio de los diáconos y las diaconisas tenía la responsabilidad específica de manifestar este aspecto de la Eucaristía. El ejercicio de este ministerio entre la Mesa y la miseria humana expresa concretamente la presencia liberadora de Cristo en el mundo". (Eucaristía, párrafo 21). También, del mismo documento: "Reconciliados en la Eucaristía, los miembros del Cuerpo de Cristo son llamados a ser servidores de la reconciliación en medio de los hombres y las mujeres, y testigos de la alegría cuya fuente es la resurrección. Así como Jesús iba al encuentro de publicanos y pecadores y compartía la comida con ellos, durante su ministerio terrenal, a la solidaridad con los marginados y a convertirse en signos del amor de Cristo, que vivió y se sacrificó por todos, y que se entrega ahora en la Eucaristía" (párrafo 24).

31.  El ofertorio compromete a la comunidad de fe en su totalidad (koinonía) y no solamente a los miembros como individuos, en una acción de solidaridad con el mundo y con la naturaleza. A través de esta acción es como la comunidad aprende y comprende su responsabilidad diacónica. El ofertorio es el gesto visible por el cual la comunidad expresa su compromiso con el mundo todo, y sale así de la esfera de lo meramente intelectual y teórico.

32.  El ofertorio abarca mucho más allá de las dádivas materiales y por ello es importante tener cuidado de que no se transforme en un simple medio de obtener dinero para la iglesia. Por el contrario, este debe ser una expresión de la participación de la fe, donde aún en nuestra propia pobreza se puede encontrar una auténtica dimensión de ofrenda.

33.  En el contexto latinoamericano, hacemos un urgente llamado para iniciar estudios serios con relación a las implicaciones que el ofertorio tiene en el Nuevo Testamento. Sería sumamente positivo relacionarlo con la doctrina luterana del sacerdocio universal.

C.     La Celebración del Reino de Dios en una América Latina Conflictiva.

34.  El pueblo de América Latina, que sufre innumerables amenazas políticas, económicas, culturales y religiosas, debe encontrar en la celebración un espacio de solidaridad, esperanza y de impulso para transformar su vida y la de su sociedad.

35.  La Palabra vivida en medio de la comunidad cristiana debe movilizar a cada uno y a la comunidad en su totalidad, en la tarea de eliminar la injusticia, la opresión, la marginación y la mentira.

36.  Las formas simbólicas que adquiere la expresión litúrgica de la Palabra de vida, muchas veces se han transformado en lenguaje y gestos incomprensibles para aquellos que no han sido iniciados. Si bien la fe es la llave de la final comprensión de símbolos y gestos, por fidelidad al Evangelio y por amor a los que aún viven fuera del ámbito de nuestras comunidades, debemos utilizar elementos y gestos que promuevan el espíritu de hospitalidad y comprensión.

37.  El contexto conflictivo de nuestros países latinoamericanos exige a la comunidad litúrgica una mayor coherencia entre mensaje y sociedad. Por ello, la celebración dominical debe revelar la realidad en la que vivimos tal cual es. Esa revelación nos debe brindar los elementos movilizadores que conduzcan a la comunidad a trabajar por una cultura justa, estructuras humanas y actitudes sociales evangélicas.

38.  Cada uno de los elementos y el espíritu mismo de toda la vida comunitaria y litúrgica, deben expresar el compromiso de vida con los pobres del Reino. No es suficiente nombrarlos en algunas peticiones especiales, o destinar una parte de la celebración a recordar sus necesidades. Toda la celebración, con su vocabulario, gestos, espacio físico y elementos utilizados, deben manifestar ese compromiso acompañado por una actitud pastoral conscientizadora.

39.  La participación de los niños le concede a nuestras celebraciones de la Santa Cena sentido de familia. Por ello, solicitamos que se les incorpore en forma activa en la acción litúrgica porque esa participación será el camino en el que se comprenderá mejor la vida de fe. Esta es una urgencia, teniendo en cuenta que en América Latina, los niños y jóvenes constituyen el mayor porcentaje de la población. En la alegre y confiada participación de los niños, los adultos encontrarán una actitud a imitar. La invitación de Jesús a que dejemos venir a los niños a El, no sólo se refiere al Bautismo sino que va mucho más allá. Esa invitación no se limita a la comprensión intelectual sino que significa la aceptación confiada y simple. (Cf. "La familia" en Tantúr, párrafos 29-31).

40.  La celebración cristiana se mueve siempre en la tensión del anuncio de la esperanza del Reino y del servicio a un mundo que vive sus propias esperanzas. Vivir en esta tensión es un desafío para la celebración de la comunidad cristiana, y también es una tentación. Muchas veces, en lugar de mantener una actitud crítica inspirada en el Evangelio, hemos adoptado los valores de una determinada cultura,

41.  Como consecuencia de esta situación, se hace necesario acompañar las celebraciones dominicales, cuyo espíritu es primordialmente pascual, con encuentros que llamen a la conversión y a la penitencia personal y comunitaria. Estos servicios deben ayudar a los fieles a expresar la obediencia a la cual han sido convocados por el Evangelio en esta América tan conflictiva. Siguiendo esta línea de pensamiento, sería útil el celebrar encuentros con este espíritu durante las semanas de Cuaresma, del Adviento, o escoger algún período determinado en el ciclo posterior a la fiesta de Pentecostés (Cf. Catecismo Mayor pág. 77)

42.  Es urgente que revaloricemos la creación, para que sus elementos nos ayuden en la celebración del Reino de la Vida.  La belleza de la creación, tantas veces ultrajada por el egoísmo del ser humano, debe encontrar su lugar en la celebración cristiana. La creación es una unidad que exige equilibrio en el cual el ser humano es su administrador responsable (Cf. Tantur, párrafos 19-24). El uso de los elementos de la creación en la celebración deben ayudarnos a descubrir su aspecto gozoso. Aún en medio de la pobreza, la belleza de la vida brota gritando alabanzas a su creador, y esa fuerza vital encuentra su lugar en la tierra de los hombres y mujeres de buena voluntad (Cf. Lucas 19:40).

D.    La Liturgia en el Contexto Cultural Latinoamericano.

43.  En el proceso de autoctonización de la liturgia, no es suficiente traducir determinados textos a los idiomas de los pueblos, si con ese acto no se adecua también la mentalidad que subyace detrás de los mismos. Toda traducción debe ir acompañada por una reflexión sobre los elementos lingüísticos. Ellos nos revelan la personalidad de una cultura y están en relación con las otras estructuras que facilitan la comunicación de la experiencia litúrgica.

44.  En función de esto, consideramos necesario que las iglesias alienten y destinen recursos para que los creadores (escritores, músicos, artistas plásticos, etc.) de nuestras culturas, elaboren aportes que enriquezcan la celebración cristiana. Asimismo, recomendamos que se tome en cuenta seriamente los valores de las culturas nativas (precolombinas y afroamericanas).

45.  Existe una tensión saludable en la necesidad de adecuar las formas litúrgicas al contexto socio-cultural de América Latina. Esta tensión, no sólo nos pide la incorporación de elementos que ya existen en la cultura, sino que la celebración sea un juicio frente a prácticas y concepciones que se oponen al espíritu del Evangelio (Ver párrafo 40).

E.     El Desafío Ecuménico en América Latina

46.  El ecumenismo vivido en nuestro continente está determinado por nuestra inmersión en estructuras modeladas por la comprensión católico-romana de la vida. Esto es notable en la formación litúrgica de nuestros pueblos. Esta influencia, manifestada en las creencias religiosas populares, pueden ser recibida con un sentido positivo. Esta aceptación será parcial, ya que podremos asimilar aquello que consideramos que no se opone al Evangelio y rechazar lo que desde nuestra posición confesional pensamos que es contrario a las Escrituras.

47.  La estructura litúrgica nos une con muchos cristianos en América Latina y del mundo, por ser una herencia que tenemos en común. Toda renovación que se emprenda en este campo deberá hacerse con un amplio espíritu de diálogo. Este diálogo puede ser muy fructífero, por ejemplo, en el área de la música litúrgica, en la cual la colaboración de las distintas confesiones cristianas puede hacerse ya efectiva.

48.  En el campo del diálogo ecuménico, se hace cada vez más necesario el recuperar la comprensión de la Iglesia como pueblo peregrino, y del mismo luteranismo como un movimiento dentro de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Consideramos de utilidad emplear el término "católica" en el sentido del Credo Niceno, es decir: el Evangelio predicado a toda criatura en cualquier lugar y en todo tiempo. La liturgia es una de esas notas de la catolicidad de las comunidades luteranas, y una herencia en común de todo el Cuerpo de Cristo por lo cual no es saludable el reformarla de manera unilateral o individual (conf. Nota 26, pág. 13 del Catecismo Mayor: "La traducción latina dice: "sanctamecclesiam catholicam". Desde el siglo XV se traducía 'iglesia católica' por 'christliche Kirche', iglesia cristiana" y nota 162, pág.75: "Todo el mundo confiesa creer que la santa iglesia católica no es otra cosa que la comunión de los santos". (Cf. También Kimme, pág. 50: "La verdadera iglesia católica no está limitada a la iglesia papal de Roma, ya que ella incluye a todos los verdaderos cristianos que existen dentro de todos los cuerpos eclesiásticos de todos los tiempos y de todos los países").

49.  Es importante y pueden aportar mucha riqueza, el desarrollar nuestra comprensión de la Plegaria Eucarística en diálogo con cristianos de otras confesiones y con la cultura de nuestro contexto latinoamericano. (Cf. Párrafos 17-21).

F.      El Ministerio del Pueblo de Dios en América Latina.

50.  Reconocemos que aún hoy no se ha realizado en el contexto de América Latina una reflexión seria sobre el ministerio de la Palabra y del Sacramento y sus relaciones con otros ministerios. Es por esto que llamamos a nuestras comunidades para que inicien a la brevedad esta tarea.

51.  En el Bautismo todos somos llamados a asumir el ministerio de acuerdo con nuestros propios carismas. Los diversos ministerios litúrgicos nacen como respuestas de comunidades determinadas a necesidades determinadas. Nuestros ministerios o vocaciones se ubican tanto en la sociedad donde vivimos como en la tarea interna de la iglesia.

52.  El ministerio ordenado de la Palabra y del Sacramento es un servicio y una tarea que consiste en el presidir en la unidad a los restantes ministerios de la comunidad cristiana. En esta línea hacemos nuestra la afirmación del documento Bautimos, Eucaristía y Ministerio ,  que dice: " La función específica del ministerio ordenado es la de reunir y construir el Cuerpo de Cristo, por la proclamación y la enseñanza de la Palabra de Dios, por la celebración de los Sacramentos y por la dirección de la vida en la comunidad en su liturgia, su misión y su diaconía" (cf. Bautismo, Eucaristía y Ministerio , párrafo 13).

53.  La tarea del ministerio pastoral es la de predicar la Palabra y celebrar los Sacramentos para suscitar en la comunidad la manifestación de los diversos carismas que caracterizan a los otros ministerios eclesiásticos. En este sentido repetimos las recomendaciones del VI Congreso Luterano Latinoamericano para el área de ministerios: "Recomendamos a las iglesias luteranas de América Latina el estudio de los siguientes temas: a) el ministerio diversificado y las consecuencias prácticas que ésta nueva forma de trabajo puede producir en las estructuras eclesiásticas, b) los dones carismáticos, c) características y coordinación de los diversos ministerios: pastores, diáconos, maestros, etc.; d) la congregación local; e) el reconocimiento de ministerios de iglesias diferentes; f) la ordenación de la mujer; g) la problemática acerca de determinar sobre quien recae el poder de conceder la ordenación". (Nuestra fe y nuestra Misión, pág. 127).

54.  Asimismo recomendamos que las iglesias de América Latina estudien profundamente la tradición bíblica, la práctica de la iglesia primitiva, y los libros confesionales luteranos sobre el origen, la forma y la estructura del reconocimiento público de los carismas y los diversos ministerios. Por ello consideramos que sería importante la constitución de grupos de estudio que establezcan cuál es la correcta relación entre los multifacéticos ministerios que constituyen el sacerdocio universal de los creyentes. Este estudio debe abarcar el reconocimiento litúrgico y comunitario de los diversos ministerios.

55.  Afirmamos la complementación de los ministerios donde el pastor preside sobre una auténtica asamblea de ministros. Afirmamos que el ministerio de Cristo pertenece a todo el pueblo de Dios; por ello, encomendamos a las iglesias luteranas utilizar un lenguaje inclusivo al hablar del ministerio que evite distinción entre ministros clérigos y ministros laicos, entre varones y mujeres, entre niños y ancianos, etc. (Cf. Párrafo 14). Todos son fieles servidores.

56.  En el contexto de Latinoamérica, las necesidades litúrgicas de las comunidades nos llevan a solicitar a las iglesias que acojan la presencia de otros ministerios (por ejemplo, diáconos, profetas, músicos, ministros de consolación, de sanidad, maestros, administradores, misioneros, evangelistas, etc.) que colaboran en el único ministerio de la reconciliación. Estos ministerios no sólo pueden ser instituidos, sino que deben encontrar alguna forma de reconocimiento litúrgico.

Caracas, 17 de abril de 1986.

Indice a Abreviaturas y Obras citadas:

B.E.M. Bautismo, Eucaristía y Ministerio . Convergencias doctrinales en el seno del Consejo Ecuménico de Iglesias. Mendoza. Comisión Ecuménica Popular Argentina y Fundación Ecuménica de Cuyo, 1983.

C.M. Lutero, Martín. El Catecismo Mayor. Buenos Aires, Publicaciones EL ESCUDO, Buenos Aires. 1972.

Kimme. Kimme, August. Theology of the Augsburg Confession . Berlín. Lutherisches Verlagshaus. 1968. Traductor de la cita. Pastor Lisandro Orlov

La Liturgia entre los Luteranos . 1. Declaración de Northfield sobre Liturgia, 2) Informe de Tantur sobre Liturgia. Eugene L. Brand. Editor. Departamento de Estudios. Federación Luterana Mundial. Ginebra. 1983.

L.W. Luther's Works , Vol. 53. E. Theodore Bachmann, editor. Philadelphia. Fortress Press., 1960. Traductora de la cita: Mary R. De Kuhlman.

Nuestra Fe y Nuestra Misión . Ponencias. Informes y Recomendaciones del VI Congreso Luterano Latinoamericano, 17-53 de agosto de 1980. Sao Leopoldo, R.S. Editora Sinodal, 1981.

[1] Anámnesis (del griego: Hacer memoria): Una acción con la cual una persona o un acontecimiento es conmemorado y hecho litúrgicamente presente. Específicamente, es la respuesta de la iglesia al mandato de Jesús: "Hagan esto en memoria mía", y que nos recuerda la totalidad de la vida y obra de Cristo, y hace contemporánea nuestra ésta experiencia.

[2] Epiclesis (del griego: invocación): una acción por la cual se pide en la celebración eucarística la venida del Espíritu Santo.

[3] Prolepsis (del griego: anticipación): anticipación litúrgica y profética de una realidad futura. (Ver Declaración de Northfield, párrafo 14).


 

 

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Textos relacionados a la Iglesia Evagelica de Confesion Luterana en Brasil - IECLB


 
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