EL INICIO DEL MOVIMIENTO ECUMÉNICO MODERNO:

La Conferencia
Internacional acerca de la Misión que tuvo lugar en Edimburgo

1. El marco inicial del movimiento ecuménico fue la Conferencia Internacional acerca de la Misión que tuvo lugar en Edimburgo, Escocia, en 1910. No fue la primera conferencia de ese tipo, pero sí la más grande y la más
representativa. Ella es considerada el divisor de aguas en la historia del ecumenismo. Lo que antecedió fueron preliminares; lo que sucedió en Edimburgo es la concretización de una visión y de derrumbamiento de estructuras. Se pretendía la coordinación de la misión, principalmente, en África y Asia. Sin embargo, el resultado fue mucho más allá. Representantes de las Iglesias Ortodoxas y de la Iglesia Católica Romana todavía estuvieron ausentes. Se reúnen, en esa oportunidad, más de 1.200 delegados de Sociedades Misioneras protestantes. La Conferencia fue marcada por un fuerte optimismo misionero. Se pregonaba la “evangelización del mundo aún en esta generación”, una esperanza que se frustró. La importancia de la convención, sin embargo,
reside en los incentivos ecuménicos que se dieron. Las mismas Iglesias demoraron en acoger la idea; pero la semilla estaba lanzada. Cada vez más se sentía la necesidad de no solo ordenar la tarea misionera, sino también de hablar acerca de doctrinas y de promover acciones conjuntas en cuestiones prácticas entre las Iglesias.


2. A partir de esta Conferencia nacieron diversas organizaciones que darían origen al Consejo Mundial de Iglesias. Ellas son:
a. El Consejo Misionero Internacional, constituido legalmente en 1921, en los Estados Unidos. Su objetivo consistía en el apoyo y en la coordinación de las iniciativas misioneras a nivel global. Cabe resaltar que ello debería suceder en el simultáneo esfuerzo por la evangelización y por la justicia en la relación entre los pueblos y razas.
b. El movimiento para el cristianismo práctico, llamado “Vida y acción” (“Life and Work”). El movimiento fue una respuesta ecuménica inmediata a los horrores de la Primera Guerra Mundial, teniendo en la promoción de
la paz una de sus grandes metas.
c. El movimiento “Fe y Orden” (“Faith and Order”, llamado en portugués “Fé e Constituição”), que se propone el diálogo teológico y la regulación de las Iglesias en cuestiones doctrinales. La idea de crear tal foro se remonta al
obispo anglicano Charles Brent. En Edimburgo, él se convenció de la imposibilidad de aproximar a las Iglesias sin la remoción de los impedimentos doctrinales de la unidad.

3. En el período entre la Conferencia de Edimburgo y la fundación del Consejo Mundial de Iglesias, la idea ecuménica madura, fue abrazada de forma creciente por el liderazgo eclesiástico. En 1919, en Suecia, el obispo luterano Nathan Söderblom lanza, por primera vez, la sugerencia de la creación de un “Consejo Ecuménico de Iglesias”; la idea cayó en terreno fértil. Era fuerte el anhelo por una mayor unidad entre las Iglesias cristianas, nutrido entre otras causas por las turbulencias de un mundo en crisis. Se asocia también la Iglesia Ortodoxa, aunque de forma tímida y parcialmente reluctante; en 1920, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla envía una encíclica en la que propone una “Koinonia ton Ekklesion” (Comunión de las Iglesias). En aquel mismo año, la Conferencia de Lambeth, realizada por la Iglesia Anglicana, avanza un paso
más: clama por la reunificación de la cristiandad. Estos son apenas algunos ejemplos del entusiasmo con que venía siendo acogida la idea ecuménica en la época. Mientras tanto, la Iglesia Católica Romana se mantenía alejada del movimiento; solamente decenios más tarde iría a despertar al mismo.

4. La misión, la acción y la doctrina, cada cual con sus respectivas organizaciones, son las principales venas que confluirán en el Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Hay otros movimientos que se unen, por ejemplo el “Consejo
Mundial de Educación Cristiana”, creado en 1947 a partir de la Liga Mundial de las Escuelas Dominicales, ya existente desde 1907. Además, no deben ser olvidadas las iniciativas de los grupos laicos. Jóvenes, mujeres y otros tienen una participación decisiva en desatar y hacer crecer la idea ecuménica. Y los movimientos alrededor de la misión, de la acción y de la doctrina constituyen algo así como las motivaciones fundamentales del ecumenismo en las Iglesias. “Fe y Orden” pretende el testimonio conjunto, la fe profesada de común acuerdo. Trabaja la teología y la doctrina; parte de la convicción de que la unidad necesita de un consenso básico en el credo, y promueve el diálogo interconfesional. El movimiento “Vida y Acción” quiere conjugar los esfuerzos
diaconales de las Iglesias, al servicio de las sufridas criaturas. Tiene en vista la praxis eclesial, convencida que ella es una poderosa fuerza de unión. Las misiones, finalmente, buscan la sintonía en el cumplimiento del mandato de llevar el evangelio a los confines de la tierra; pretenden evitar el descrédito y demostrar la coherencia evangélica. En todos estos casos había dificultades por vencer. “Fe y Orden” celebra dos grandes conferencias internacionales, la primera en 1927, en Lausanne (Suiza), y la segunda en 1937, en Edimburgo
(Escocia). Decide adherir a la sugerencia de crear una comisión preparatoria del “Consejo Mundial de Iglesias” (CMI). Algo semejante sucede con el movimiento “Vida y Acción”. Se realiza su primera conferencia en 1925, en Estocolmo, Suecia y la segunda en 1937, en Oxford, Inglaterra. En esa oportunidad, se manifiesta, igualmente, el apoyo para la creación de un Consejo Mundial.


5. Quien queda fuera es el Consejo Misionero Internacional. Él también realiza Conferencias Internacionales, en Jerusalén (1928) y en Tambaram, India (1938). Pero todavía no se ve en condiciones de integrarse al Consejo en
formación. Lo que sería conocido como “misión cristiana”, ya era controvertido en aquella época. La adhesión se daría recién en 1961, en la tercera Asamblea General del CMI, en Nueva Delhi (India). Permanece como cierto que la misión, la acción social y el diálogo doctrinal, estos tres elementos son el trípode sobre el cual se asienta, y a partir del cual se desarrolla, el proyecto del CMI. Se pretende la misión conjunta, la acción conjunta y el testimonio conjunto.


6. Debe anotarse al margen que el movimiento ecuménico, en la primera parte del siglo XX, era una promoción predominantemente europea y norteamericana. Las Iglesias jóvenes, del así llamado Tercer Mundo, eran más
bien espectadoras que partícipes. Esto empieza a cambiar ya en 1928, en la Conferencia acerca de la Misión, en India. Parece imposible concebir la “misión cristiana” como una única vía, siendo unos los permanentes “dadores” y otros los “receptores”. Solamente la mutualidad promete el buen éxito. Un desarrollo semejante se puede observar en lo que respecta al ecumenismo. De una promoción de entidades cristianas del hemisferio Norte iría gradualmente transformarse en un movimiento global, adquiriendo forma de hecho “ecuménica”. Ello no disminuye para nada la validez de la iniciativa. Demuestra, sin embargo, que el “ecumenismo”, también bajo este aspecto, es un proceso de aprendizaje.