La mesa de asuntos indígenas se reunión en Resistencia y habla de la unión en la lucha de los pueblos indígenas de los chacos argentino, paraguayo y boliviano
 


El toba Orlando Charole, presidente del Instituto del Aborigen del Chaco (Idach): "Los funcionarios públicos nos tratan con un lenguaje inmoral."


El obispo de la Iglesia Metodista de Bolivia Eugenio Poma es el coordinados del Programa de Pastoral Indígena del CLAI: "Nuestro aporte debe estar en la organización política de las propuestas indígenas con un proceso de formación de liderazgo".

 



La cuestión indígena en el Chaco argentino

Resistencia/NS

En el Chaco suelen autodefinirse como una provincia plural y multiétnica. Hay tres pueblos originarios: toba, wichí y mocoví. Cifras oficiales cuentan 60 mil indígenas, pero en las comunidades aseguran que son muchos más. Desde inicios del mes de junio miles de indígenas y campesinos pobres están acampados en la calle principal de Resistencia.

Los reclamos por tierras y mejoras al mundo indígena chaqueño son antiguos, pero hicieron eclosión a inicios de mayo, cuando el municipio de Villa Río Bermejito (a 320 kilómetros al noroeste de Resistencia) no entregó mercadería y vestimenta que tenía como destino los inundados de la zona. Las comunidades indígenas y criollas locales comenzaron a pedir la renuncia del intendente, Lorenzo Hefner, acusado reiteradamente de actos discriminatorios hacia pobladores originarios. Entonces comenzó el levantamiento indígena, primero con cortes de rutas provinciales y luego con una concentración masiva en la ciudad de Resistencia.

De la mano de organizaciones sociales que tradicionalmente trabajan con las comunidades, y de la nueva gestión del Idach, el conflicto local se provincializó. El Instituto del Aborigen del Chaco (Idach) es un organismo del gobierno y está formado por tres etnias (toba, mocoví y wichí). El toba Orlando Charole es su presidente que coordina todo el proceso de negociación con el gobierno provincial. En Asamblea General, los reclamos de las comunidades indígenas son por la entrega inmediata de tierras a las comunidades aborígenes; la suspensión de toda venta de tierras fiscales; la formación de una comisión popular investigadora y que se sepan los nombres de los compradores. Además piden al gobierno provincial del Chaco la ampliación del presupuesto del Idach; de la oficialización de títulos a los maestros bilingües y la puesta en marcha de programas habitacionales, de salud, educación y producción para las comunidades. Además de eso, las comunidades indígenas también denuncian a los empresarios sojeros: "Ellos alambran todas las tierras fiscales. Y, encima, cuando fumigan con su avioneta también nos fumigan en nuestra cabeza, nos envenenan a nosotros y a la tierra. Son prepotentes, invasores". E n los últimos diez años desaparecieron entre el 30 y 60 por ciento del bosque nativo y un e estudio de la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación, realizado en el 2004, ya alertaba sobre los desmontes por el "avance de la frontera agrícola (plantaciones de soja) y la tala indiscriminada".

Además, un reciente programa televisivo mostró de forma explícita que el gobierno provincial vendió 2500 hectáreas de El Impenetrable a la irrisoria suma de $ 1,14 (un peso y cuatorze centavos) la hectárea. Un total de 2850 pesos. El empresario luego lo revendió a 2,2 millones de pesos. "Ese informe mostró de manera contundente lo que aquí todos sabemos: cómo se negocia con la tierra que corresponde al aborigen y el campesino. Eso sin contar la cantidad de veces que se venden campos con los propios indígenas adentro", afirma Germán Bournissen, coordinador del Equipo Nacional de la Pastoral Aborigen (Endepa), organización que trabaja junto a los pueblos originarios.

La Constitución provincial establece que las tierras que dejen de ser fiscales deben quedar en manos de "aborígenes, ocupantes (ancestrales), pequeños productores o su descendencia; grupos de organización cooperativa y unidades económicas de tipo familiar. Pero nada de ello se cumple. En 1995 existían en el Chaco 3,9 millones de hectáreas fiscales. Hoy sólo quedan 660 mil", denuncia el Idach.


Marcelino Alegre lee el diario sentado en el extremo de la plaza apuesto al acampe, frente a la catedral. Es jubilado bancario, viste zapatos, pantalón color caqui y prolija camisa celeste. Ante la pregunta periodística, inclina la cabeza, mira por sobre sus anteojos grandes y responde contundente: "Son todos unos vagos. No les gusta trabajar. Es una cuestión cultural de ellos", asegura sin vacilar. "¿Si fui a ver cómo viven? ¿Para qué? Si sé que son unos vagos", reitera. No es un discurso minoritario de Resistencia.

El abuelo indígena Mario Gómez , 73 años, 1,80 de alto, camisa blanca derruida, zapatos con muchos kilómetros ya andados, manos grandes repletas de cicatrices por cosechar algodón y hachar quebrachales en Pampa del Indio, en su chacra, a 250 kilómetros de Resistencia. se indigna ante esas afirmaciones: "Que vengan y me muestren sus manos. Yo les muestro las mías. Y usted mismo puede comprobar quién trabajó más en esta vida", desafía el abuelo toba antes de agachar la cabeza, enojarse por los agravios y maldecir en su idioma ancestral.

Resistencia es conocida como la "ciudad de las esculturas". La Subsecretaría de Turismo publicita que hay unas 400 en todo el centro urbano. En avenidas, veredas, plazoletas, rotondas y plazas hay obras artísticas del más diverso estilo, material y temática: remiten a la madre, a Dios, a la patria, a los próceres y a todo lo que se pueda imaginar (incluido un perro vagabundo sobre el que escribió el cantautor Alberto Cortés), pero -en una provincia con gran presencia aborigen- escasean las esculturas sobre el mundo indígena.
 

 

 

 

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