Quito, 20 de julio de 2005
A: PARTICIPANTES DEL III ENCUENTRO DE FAMILIAS CONFESIONALES ENTRE HURACANES
Confío en que hayan tenido un feliz retorno a sus hogares y al trabajo habitual, tal vez con más inspiración y fuerzas, después de las ricas bendiciones de Dios que experimentamos durante el III Encuentro de Familias Confesionales en Matanzas.
Los Encuentros con Familias Confesionales ya se inscriben con identidad propia. Como nos decía el Obispo Holguín en su carta: "Este es un evento que les pertenece". Un momento, no para detenernos en nuestras responsabilidades, sino para fortalecernos en nuestros compromisos. Trabajemos entre todos para continuar con estas experiencias. Abrimos el diálogo para escuchar sugerencias, apoyos y comentarios.
Con apenas unas horas de comenzar el evento no teníamos la seguridad de poder realizarlo, dadas las afectaciones materiales causadas en Cuba por el huracán que la azotó. En el nombre de Dios tomamos la decisión de seguir adelante. Después, en medio del evento supimos la noticia del otro huracán que nos podía afectar ese fin de semana, lo que no sucedió. Salí convencido que la fuerza del Espíritu de Dios es mayor que la fuerza de los huracanes. La gracia de Dios sobreabunda frente a las dificultades.
Una palabra de gratitud por la participación de cada uno/a de ustedes. Comprendemos los sacrificios que se hacen y las responsabilidades que quedan pendientes, pero su presencia y el espíritu de entrega y de comunidad que les animó fueron fundamentales para el éxito del evento. Valió la pena el esfuerzo.
Nos impresionó a todos el espíritu de amor y servicio de los dirigentes de las iglesias cubanas, de los trabajadores, del Seminario de Teología y del Consejo de Iglesias. Fuimos tratados, no como extranjeros, sino como hermanos/as de una misma familia. Ahora conocemos, al menos "por espejo", las dificultades que deja un huracán, en una situación que ya tiene problemas. Sintieron el sacrificio que los/as hermanos/as cubanos/as tuvieron que realizar para hacernos sentir bien. Con ese espíritu de amor, servicio, compromiso y entrega a la causa de Dios es entendible la fuerza de las iglesias cubanas. Un desafío para nosotros.
Al volver a nuestra cotidianidad, no perdamos ese "amor e inspiración profundas" que recibimos en Cuba. Continuemos hacia delante unidos como Pueblo de Dios en la proclamación de la esperanza en Cristo para nuestros pueblos. Como dicen los ortodoxos, la liturgia después del culto. Ahora comienza la liturgia de la vida.
Abrazos,
Israel Batista
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