Misión en un Mundo Globalizado
III Encuentro de Familias Confesionales
Matanzas, Cuba - Julio 13-15, 2005
Dr. David E. Ramírez
SEMISUD
Nora y Darío Bloj, Una pareja del norte argentino que estudió en SEMISUD, Quito, Ecuador con fondos argentinos, norteamericanos, europeos y ecuatorianos. Ahora sirven en Moscú, Rusia como docentes y sembradores de iglesias.
Juan Pérez chileno, estudia en SEMISUD, Ecuador, planta una iglesia en Carolina del Norte, USA
Donata Verman , miembro de una iglesia en Holanda, estudia teología en los Estados Unidos, sirve como profesora de teología y misión en Ecuador.
Daniel Johns , Norteamericano, viene a Ecuador para estudiar teología y así abrir una obra en W. Virginia, USA.
Carolina de Noruega viene a estudiar teología y practicar la misión en Ecuador para luego servir en su país de origen.
David Ramírez , un servidor, nace en Argentina, crece en Chile, se casa en California con una argentina para vivir en Ecuador junto a sus 2 hijos ecuatorianos y un argentino.
Esta es la manera de hacer misión hoy en un mundo globalizado que cambia vertiginosamente. Se ha dicho que lo único constante en la vida es el cambio. Tal vez nuestro mundo es mas sensible al cambio hoy que en ninguna otra época en la historia humana. Debido a los cambios tan repentinos, constantemente estamos sufriendo choques culturales.
No solo nuestro mundo está cambiando, también estamos cambiando nosotros y nosotras. Estamos creciendo o muriendo, avanzando o quedándonos, progresando o regresando, fortaleciéndonos o debilitándonos, más cerca o más lejos de Dios.
Las iglesias también están cambiando. Los estilos litúrgicos, estilos de predicación, y la evangelización cambian constantemente. Las congregaciones que se resisten al cambio pronto se transforman en reliquias del pasado. No es suficiente que las iglesias acepten las modas eclesiásticas, la iglesia debe ser un agente de cambio.
Al parecer los años, además de brindarnos grandes logros y satisfacciones, nos han venido haciendo el mismo daño que han experimentado otros movimientos espirituales en la historia de la iglesia, que con el pasar del tiempo, fueron perdiendo su visión, su sentido de misión y pasión por las personas sin Cristo. Cambiaron su estado de movimiento por la de una institución; su identidad de peregrinos por la de propietarios de templos; sus inocentes estrategias misioneras por complicados y costosos esquemas burocráticos, y sus llamamientos apostólicos por perfiles de liderazgo autoritarios y verticalistas , olvidando que las instituciones y denominaciones eclesiásticas son agencias humanas convocadas por Dios, para facilitar el ministerio de Jesucristo y producir los frutos de su Reino.
¿Qué nos está pasando como iglesia? ¿Seremos un grupo más que surge con la intención de restaurar la iglesia y su llamado bíblico para ser la extensión del ministerio de Cristo en la tierra, pero que en el camino aprendemos los beneficios de una estructura que nos invita a cuidarla y vivir para ella en desmedro de la misión que originó su existencia?
La acción de rechazo al cambio por temor de dejar de ser lo que siempre ha sido está perjudicando a nuestras iglesias y lastimando el propósito para la cual fueron fundadas.
¿Qué hemos hecho como iglesia frente a los grandes cambios de nuestra sociedad?
Los Cambios de Paradigmas en un Mundo Globalizado Deben llevarnos a Actualizar los Paradigmas Bíblicos y de Misión.
Cuando los paradigmas antiguos se derrumban y los nuevos todavía no se imponen, es precisamente cuando experimentamos lluvias de ideas creativas . Este es un momento muy importante para que la iglesia y los seminarios generen, dirigidos por el Espíritu Santo, alternativas que surjan de la reflexión bíblica y del contexto actual. Aquí es donde se puede generar un espacio intencional para que el Espíritu hable a la iglesia.
Son precisamente estos momentos de caos los que brindan una oportunidad a la iglesia para su renovación, reedificación e integración a partir de su intención original.
A esta fase del caos también se le llama el estado de reflexión, fase de una enorme ambigüedad que debe ser aceptada con respeto y paciencia, el momento entre viejos patrones de realidad y las maneras nuevas de ver la realidad. Este es un estado peligroso debido a que podemos esquivar las preguntas fundamentales sobre la identidad y el propósito. A partir del caos podemos establecer una nueva integración personal, institucional o cultural. La realidad es que nunca veremos todo el fruto de nuestro peregrinaje, mas debemos iniciar y continuar en esperanza.
El problema consiste en que aunque las experiencias de caos son las maneras por las cuales somos estimulados para el cambio, preferimos mucho más la seguridad del orden y lo predecible que las oportunidades de cambio. La cultura eclesiástica actual constituye el mejor mecanismo de defensa ante la ansiedad del caos.
Los cambios de paradigmas hacen que la vida se perciba de otra manera, se piensa distinto, se procesa y ordena la información en segundos, pero parte de la iglesia, al parecer, sigue sus viejos patrones sin dar lugar a lo nuevo, e insistiendo en hacer la misión con los mismos esquemas administrativos y filosóficos del pasado.
¿Será que nuestras amadas iglesias entrarán en un agresivo proceso de transformación con el fin de ser refundadas y así recuperar su esencia, naturaleza misma y por sobre todo la intención original de la Trinidad para ella?
Es hora de que nuestros institutos y seminarios reflexionen con un serio compromiso bíblico-teológico con el fin de producir una generación de hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo, capaces de provocar cambios en los modelos de iglesias imperantes las cuales manifiestan tener un serio retraso que afecta su misión y compromiso con Dios y con el mundo. Los tiempos nuevos llaman a la plantación de nuevas iglesias. Las únicas denominaciones que están creciendo son aquellas que mantienen un agresivo programa de fundación de nuevas iglesias contextualizadas y un alto grado de encarnación en las culturas por alcanzar. Es aquí donde hoy podemos aportar como recurso a la iglesia estadounidense. Según últimas encuestas la mayoría de las denominaciones en los Estados Unidos están decreciendo, las que registran cierto crecimiento son las que están atendiendo las necesidades de los diferentes grupos étnicos, en especial los hispanos. America Latina cuenta con personas preparadas para hacer frente a la misión hispana en los Estados Unidos. También podemos proveer formación ministerial mas económica a las personas hispanas o anglosajonas que deseen alcanzar a los mas de cuarenta millones de hispanos para Cristo.
Evidentemente el nuevo Siglo requerirá un retorno a los patrones bíblicos de misión. Nuevos escenarios han surgidos con los cambios culturales, cambios políticos y económicos, como también el crecimiento del cristianismo en el hemisferio sur. Modelos misioneros tradicionales heredados de la mentalidad de la Cristiandad y la era colonial ahora están obsoletos. Es tiempo de un cambio de paradigma que nos regrese a la Palabra de Dios. Las nuevas perspectivas requerirán un firme compromiso con los imperativos de nuestra misión los cuales son parte de la misma estructura de nuestra fe y un serio trabajo de erudición e interpretación bíblica.
Como los israelitas del pasado, nosotros podemos usar el caos para librarnos de actitudes y estructuras formadas irrelevantes para hacer un nuevo cambio radical basado en la misión de Cristo, la iglesia, las experiencias de los fundadores de nuestra iglesia, las necesidades del mundo y de nuestro contexto inmediato. Para experimentar una renovación no es cuestión de modificar métodos antiguos; sino regresar a los principios y valores que le dieron inicio; hoy necesitamos una iglesia que represente fielmente el ministerio de Jesucristo.
Este trabajo no permite elaborar todas las áreas donde considero que la Iglesia en Latinoamérica debe reflexionar para buscar en oración una renovación. Me gustaría señalar cuatro dimensiones de la iglesia que, a mi entender, deben ser atendidas en breve, a saber; la iglesia como comunidad peregrina y escatológica, la iglesia como comunidad apostólica, la iglesia como comunidad en misión y la iglesia como facilitadora de un liderazgo de servicio y visionario.
La Iglesia como Comunidad Peregrina y Escatológica.
La iglesia debe estar orientada al futuro sin perder su naturaleza de peregrina si desea ser conductora en una sociedad vacía de esperanza y llena de incertidumbre en cuanto a saber cómo proceder de aquí en adelante.
Todas las instituciones de poder (el gobierno, las leyes, el sistema educativo, la familia y las organizaciones de trabajo y religiosa, entre otras) que controlaron la vida de las personas por décadas asegurándoles un futuro adecuado han perdido su influencia y autoridad. Nuevas tecnologías e ideologías están cambiando irresistiblemente el poder desde las instituciones al individuo. La sociedad está viviendo un tiempo incomodo donde se ven seriamente afectada la vida, las comunidades y el medio ambiente. Hoy el mundo mira el futuro sin saber a dónde se dirigen o cómo van a llegar allá. Ya no pueden ver el camino hacia el horizonte, más bien han llegado al final de la ruta. Como que el final del Siglo XX representó el final del orden de las cosas. El fin del paradigma industrial, el fin de las guerras mundiales, el fin del predominio de los Estados Unidos, el fin del Comunismo y del Capitalismo como se conocía. Tal vez el fin de la historia (según Francis Fukuyama).
Es aquí donde la iglesia debe actualizar el paradigma de Abraham, su llamado a un futuro incierto. Su estado de nómada y peregrino, en búsqueda de la ciudad prometida por Dios, nos debe dar las mejores condiciones y recursos para enseñar y dirigir a un mundo en caos. La iglesia posee una oportunidad grande de protagonismo que impacte y oriente a las personas y comunidades hacia el futuro. Será que debemos entender la movilización de las personas también como una estrategia divina para llevar la esperanza a las lejanas tierras. Hace algunos años visité las iglesias de los inmigrantes en Francia. Estas fueron las únicas donde se persibía la presencia de Dios, estaban vivas y rebosantes haciendo un contraste muy notorio con la iglesia establecida, en su mayoría cerradas o destinadas a cumplir otras funciones comerciales.
El pueblo peregrino puede vagar cuarenta años en el desierto, o abandonar la seguridad de sus redes para seguir a Jesús en los caminos polvorientos de Galilea, sabiendo que "las zorras tienen cuevas y las aves de los cielos nidos; mas el hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza" (Lucas 9.58). Pero su meta final nunca esta en duda.
La encarnación del Hijo de Dios nos hace posible una transformación permanente, invitandonos a seguirlo hasta la misma presencia del Padre. El pueblo bíblico eran peregrinos que se movían por fe hacia un futuro desconocido, dispuestos a seguir la dirección de Dios y confiados en su meta final.
Jesús llamó a una comunidad de peregrinos quienes, como los israelitas, habrían de hacer camino de la esclavitud a la libertad. Y en nuestro tiempo, en respuesta a este llamado nosotros debemos mantenemos libres de esclavitud a estructuras institucionales particulares y patrones prescritos administrativos. Por el contrario, como peregrinos contemporáneo, aceptamos el reto a desarrollar nuevas formas para expresar fielmente el evangelio de Jesucristo, el Señor de la historia.
Mi preocupación es que si "nosotros, quienes amamos nuestras tradiciones y sistemas religiosos; ¿tendremos el tiempo para rediseñar, reinventar y desarrollar otra vez nuestras esquemas operativos?" ¿Será que nosotros, quienes estamos heredando las victorias de las generaciones pasadas, de pioneros fieles y responsables; seremos capaces de pasar una mejor herencia de fe a las próximas generaciones?
Hay una necesidad de ruptura profunda de esquemas: primero a nivel íntimo y luego a nivel institucional. Los cambios tienen que tener cabida en instituciones renovadas: el vino nuevo y aún el vino viejo tienen que estar en odres nuevos que permitan responder a la situación cambiante que se vive. Institución que no se abre a cambiar, dando lugar a la renovación y conservando su tradición esencial, muere. ¿Hasta qué punto tenemos espacios para que se viva la libertad en Jesucristo o más bien tenemos espacios de esclavización y adormecimiento de las conciencias en nombre de nuestro celo denominacional?
En primer lugar el ministerio de la iglesia debe ser encarnacional. Esto quiere decir que la iglesia debe asumir formas y métodos que sean relevantes y pertinentes a la sociedad y formas culturales contemporánea. La iglesia debe desafiar críticamente estas expresiones socioculturales pero al mismo tiempo en forma creativa debe usarlas para tocar las vidas de las personas en todas sus áreas de acción.
Las tendencias que hemos descrito hacen necesario considerar un nuevo paradigma debido que el dinamismo de la misión viene hoy de lo periférico del mundo, de las iglesias de los pobres. Hoy tenemos que vivir como forasteros en una cultura post-moderna y esto es posible hacerlo solamente en el poder del Espíritu Santo.
Recordemos que las misiones Protestantes vinieron de los movimientos Evangélicos en Europa. El movimiento misionero después de Carey fue inspirado más que por los reformadores del Siglo XVI por los avivamientos Wesleyanos y por los misioneros pioneros Moravos. Ellos percibieron la verdad y dirección del Espíritu Santo. La voluntad y apertura de hombres como Juan Wesley y Count Zinzendorf para abandonar las estructuras de la antigua iglesia, y su creatividad en desarrollar nuevas estructuras para la misión de la iglesia fue posible debido a que fueron sensibles al mover del Espíritu Santo. "Entender la misión desde un lenguaje neumatológico es un acto con dos pasos. Lo primero es percibir el soplo del Espíritu y la dirección de donde viene, y luego, consiste en correr en la misma dirección donde el Espíritu está soplando." Tal vez este es el desafío más grande de nuestra iglesia hoy. Hemos desarrollado un espíritu tan cauto con el fin de proteger nuestra doctrina y formas de gobierno que hemos perdido sensibilidad para reconocer el mover de Dios en nuestros contextos y en el mundo.
El otro desafío es en cuanto al modelo de liderazgo que necesitamos para la iglesia en estos momentos de crisis y vacío existencial. Los modelos de liderazgo que fueron los de más vigencia en el siglo pasado no son necesariamente los que garantizarán el logro de la tarea. El modelo autoritario se ha institucionalizado en nuestros países y se expresa ahora también en nuestras comunidades cristianas. Solíamos ser ejemplo de un liderazgo más informal como modelo alternativo de liderazgo, pero lamentablemente hemos perdido esa virtud ajustando nuestros modelos a los estilos que fueron populares en las dictaduras militares y administraciones de corte jerárquica. Me preocupa enormente el modelo de liderazgo de Bush que con seguridad ya está permeando la mentalidad de los evangélicos que dirigen las iglesias más grandes en los Estados Unidos. Estos son los líderes que suelen decirnos "el que pone la plata manda".
El intervencionismo eclesiástico norteamericano todavía representa un problema en nuestras latitudes. Sin embargo también debemos reconocer que la iglesia del norte está atenta y desea aprender de lo que ocurre con la iglesia en el emisferio sur.
Conclusión:
Hay una necesidad crítica de aceptar a los innovadores-gente que se arriesgue a tratar nuevas formas de hacer la misión (Enrique Pinedo de Compasión Internacional y el SEMISUD contemplan la posibilidad de hacer un programa para formar a las personas interesadas en el desarrollo integral de la niñez). Debemos permitir que estos y estas innovadores se equivoquen sin, por esto, perder su credibilidad ni ser rechazados y marginados.
La iglesia debe pensar en maneras más efectivas de hacer la misión. Nuestras comunidades están buscando micro modelos de comunidades alternativas que funcionen.
Las comunidades eclesiales deben convertirse en modelos de vida digno de imitar; solidarias, sensibles al dolor y las necesidades de las personas. Estos modelos son totalmente exportables y necesario en los países del emisferio norte.
Las iglesias y seminarios deben evaluar rápidamente los modelos de liderazgos bíblicos y contemporáneos con el fin de identificar imágenes, conductas, y áreas de competencias con el fin de desarrollar programas formativos que tiendan al logro de la misión, y a la multiplicación del liderazgo cristiano. Hay una clara necesidad de redefinir las funciones, estílos y carácter del líder cristiano latinoamericano.
¿Qué paradigmas estructurales y de misión debemos renovar, actualizar o refundar para agilizar la tarea de la iglesia en América Latina?
Hoy en día cuando invitamos a eruditos norteamericanos para enseñar en nuestro seminario quedan sorprendidos por el nivel de reflexión de nuestros estudiantes y maestros. Por lo general reconocen que han aprendido más de lo que han compartido. He notado con agrado que estos invitados no vienen a imponer su cosmovisión teológica sino más bien le interesa aprender de nuestras propias visiones. Esto es nuevo y hay que celebrarlo.
La iglesia ha madurado, hoy nosotros declaramos la visión y las personas de otros países que deseen ser parte de esta visión participan sin ningún tipo de condicionamientos particulares. SEMISUD es una institución denominacional pentecostal pero tiene entre sus estudiantes representación de 14 iglesias diferentes y una gran diversidad en los profesores adjuntos.
Mi denominación todavía está retrasada en lo que respecta a su proceso de internacionalización, participación, equidad, valorización del otro, legitimación ministerial y clerical, pero ha dado pasos agigantados en relación a invertir en visiones que no son las propias deseando participar en lo que Dios está haciendo en el mundo.
Un buen ejemplo es un convenio académico de postgrado entre la Universidad Lee y el SEMISUD. Las dos instituciones vienen de igual a igual para formar un consorcio académico.
Solo el Espíritu de Dios puede llevar a la iglesia del futuro a una nueva vida de compromiso y servicio en la expasión de su Reino.
Si me vas a acompañar ayudame a llegar a donde quiero ir y no a donde tu deseas llevarme. Los procesos de cooperación tienen que ser sensibles a las visiones de los demás y no solo ayudar a quienes desean fomentar sus propias agendas y proyectos. Jesús murió por los otros no por el mismo.
La cooperación también tiene que ver con traspasar los templos en manos de las iglesias que ya no tienen egergia, para servir a los grupos más nuevos que entienden y se conectan con la cultura a la que deben evangelizar.
Toffler, Alvin and Heidi. Repensando el Futuro . London : Nicholas Brealey Publishing, 1997. Pág. 7.
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Ibid . Pág. 3
Mead, Loren B. Five Challenges For the Once and Future Church . Alban Institute, 1996. Pág. 7.
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Ibid . Pág. 33.
Padilla, Op. Cit . Pág. 18
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