La Iglesia como Comunidad Peregrina y Escatológica.

 

Los Cambios de Paradigmas en un Mundo Globalizado Deben llevarnos a Actualizar los Paradigmas Bíblicos y de Misión.

Cuando los paradigmas antiguos se derrumban y los nuevos todavía no se imponen, es precisamente cuando experimentamos lluvias de ideas creativas . Este es un momento muy importante para que la iglesia y los seminarios generen, dirigidos por el Espíritu Santo, alternativas que surjan de la reflexión bíblica y del contexto actual. Aquí es donde se puede generar un espacio intencional para que el Espíritu hable a la iglesia.

Son precisamente estos momentos de caos los que brindan una oportunidad a la iglesia para su renovación, reedificación e integración a partir de su intención original.

A esta fase del caos también se le llama el estado de reflexión, fase de una enorme ambigüedad que debe ser aceptada con respeto y paciencia, el momento entre viejos patrones de realidad y las maneras nuevas de ver la realidad. Este es un estado peligroso debido a que podemos esquivar las preguntas fundamentales sobre la identidad y el propósito. A partir del caos podemos establecer una nueva integración personal, institucional o cultural. La realidad es que nunca veremos todo el fruto de nuestro peregrinaje, mas debemos iniciar y continuar en esperanza.

El problema consiste en que aunque las experiencias de caos son las maneras por las cuales somos estimulados para el cambio, preferimos mucho más la seguridad del orden y lo predecible que las oportunidades de cambio. La cultura eclesiástica actual constituye el mejor mecanismo de defensa ante la ansiedad del caos.

Los cambios de paradigmas hacen que la vida se perciba de otra manera, se piensa distinto, se procesa y ordena la información en segundos, pero parte de la iglesia, al parecer, sigue sus viejos patrones sin dar lugar a lo nuevo, e insistiendo en hacer la misión con los mismos esquemas administrativos y filosóficos del pasado.

¿Será que nuestras amadas iglesias entrarán en un agresivo proceso de transformación con el fin de ser refundadas y así recuperar su esencia, naturaleza misma y por sobre todo la intención original de la Trinidad para ella?

Es hora de que nuestros institutos y seminarios reflexionen con un serio compromiso bíblico-teológico con el fin de producir una generación de hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo, capaces de provocar cambios en los modelos de iglesias imperantes las cuales manifiestan tener un serio retraso que afecta su misión y compromiso con Dios y con el mundo. Los tiempos nuevos llaman a la plantación de nuevas iglesias. Las únicas denominaciones que están creciendo son aquellas que mantienen un agresivo programa de fundación de nuevas iglesias contextualizadas y un alto grado de encarnación en las culturas por alcanzar. Es aquí donde hoy podemos aportar como recurso a la iglesia estadounidense. Según últimas encuestas la mayoría de las denominaciones en los Estados Unidos están decreciendo, las que registran cierto crecimiento son las que están atendiendo las necesidades de los diferentes grupos étnicos, en especial los hispanos. America Latina cuenta con personas preparadas para hacer frente a la misión hispana en los Estados Unidos. También podemos proveer formación ministerial mas económica a las personas hispanas o anglosajonas que deseen alcanzar a los mas de cuarenta millones de hispanos para Cristo.

Evidentemente el nuevo Siglo requerirá un retorno a los patrones bíblicos de misión. Nuevos escenarios han surgidos con los cambios culturales, cambios políticos y económicos, como también el crecimiento del cristianismo en el hemisferio sur. Modelos misioneros tradicionales heredados de la mentalidad de la Cristiandad y la era colonial ahora están obsoletos. Es tiempo de un cambio de paradigma que nos regrese a la Palabra de Dios. Las nuevas perspectivas requerirán un firme compromiso con los imperativos de nuestra misión los cuales son parte de la misma estructura de nuestra fe y un serio trabajo de erudición e interpretación bíblica.

Como los israelitas del pasado, nosotros podemos usar el caos para librarnos de actitudes y estructuras formadas irrelevantes para hacer un nuevo cambio radical basado en la misión de Cristo, la iglesia, las experiencias de los fundadores de nuestra iglesia, las necesidades del mundo y de nuestro contexto inmediato. Para experimentar una renovación no es cuestión de modificar métodos antiguos; sino regresar a los principios y valores que le dieron inicio; hoy necesitamos una iglesia que represente fielmente el ministerio de Jesucristo.

Este trabajo no permite elaborar todas las áreas donde considero que la Iglesia en Latinoamérica debe reflexionar para buscar en oración una renovación. Me gustaría señalar cuatro dimensiones de la iglesia que, a mi entender, deben ser atendidas en breve, a saber; la iglesia como comunidad peregrina y escatológica, la iglesia como comunidad apostólica, la iglesia como comunidad en misión y la iglesia como facilitadora de un liderazgo de servicio y visionario.

 

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