--> Consejo Latinoamericano de Iglesias


Las enseñanzas de un proceso de crisis en el CLAI

El Bordado de Dios
Cuando yo era pequeño, dice la fábula, mi madre a menudo bordaba. Yo me sentaba a sus pies, la observaba desde el suelo y le preguntaba qué estaba haciendo, a lo cual respondía que estaba bordando. Entonces yo le decía que desde donde me encontraba, aquello parecía un lío. Como desde el piso yo veía su trabajo limitado por el pequeño bastidor redondo que sostenían sus manos, me le quejaba de   que realmente desde donde yo estaba eso parecía muy confuso.

     Ella sonreía, me miraba y me decía cariñosamente: “Hijo mío, tú sigue con tu juego por un ratito y cuando yo haya terminado mi bordado, te sentaré sobre mi falda y te lo dejaré ver desde mi lado.” Yo me preguntaba por qué ella usaba algunos hilos oscuros a la par de los claros y por qué todo parecía tan confuso desde donde yo me encontraba.

    Así pasaban algunos minutos hasta que oía la voz de mamá diciéndome: “Hijo, ven ahora y siéntate en mi falda.” Cuando lo hacía, quedaba sorprendido y conmovido a la vista de una hermosa flor o de una puesta de sol. No podía creerlo, porque desde abajo había parecido tan desprolijo. Entonces mamá me decía: “Hijo mío, desde abajo parecía desprolijo y confuso, pero tú no percibías que sobre el derecho de la tela había trazado un boceto previo que era un dibujo y que yo no hacía más que seguirlo. Ahora míralo desde mi lado y verás lo que estaba haciendo.”

    A lo largo de mi vida muchas veces levanté la mirada y dirigiéndome a mi Padre Divino le dije: “Padre, ¿qué estás haciendo?” Y Él me respondía: “Estoy bordando tu vida.”

Volviendo a beber del viejo pozo

El CLAI surge por la necesidad de responder eclesiológicamente a un contexto marcado por la miseria y la opresión de clases, razas y culturas enteras en América Latina y el Caribe. Este contexto continúa muy presente en nuestro mundo y se presenta mucho más grave que antes. A medida en que la contradicción ideológica derecha/izquierda ha disminuido, se ha agravado la contradicción Norte/Sur, Centro/Periferia.
La cuestión de la miseria de las masas es para las iglesias un problema rigurosamente teológico, en la medida exacta en que esa miseria es producto de un  «pecado social» y la contradicción con el «plan del Creador y la honra que le es debida».
En una palabra: lo que está en juego en todo eso es la opción evangélica por los pobres. Esa opción es para el movimiento ecuménico una «cuestión de principio», no una cuestión meramente estratégica. La memoria de Jesús en el movimiento ecuménico y en la comunidad de fe ha de andar siempre junto con la memoria de los pobres, como recomiendan los Apóstoles a Pablo (cf Gá 2, 10). El olvido del pobre es un peligro constante para la Iglesia y también para el ecumenismo.
En América Latina ese compromiso con el pobre construyó una Teología identificada con la opción preferencial por lo pobres.   En fines de los años 80 apareció un  factor que obligó a la Teología de la Liberación  a retomar la cuestión de la opresión/liberación de las masas. Era la crisis del socialismo. Esta crisis impuso una seria revisión de la reflexión teológica que jamás logramos resolver y  por eso fue un tema abandonado por muchos. Hoy vivimos la crisis del capitalismo en su modelo neoliberal. En este nuevo momento histórico resurge otra vez la inquietud: En la coyuntura actual, ¿Cómo interpretar la nueva realidad política en América Latina? Estamos viviendo trasformaciones políticas importantes en nuestro continente. Pero, ¿Hay que conformarse con elegir gobiernos más o menos de izquierda y continuar, sumisos o derrotados, dentro de un sistema capitalista de derecha? 
No falta quien afirme que ya pasó la hora de las derechas y las izquierdas. A esta afirmación el humorista responde: «El que no haya derecha ni izquierda, no significa que no haya arriba y abajo»; «los que tienen y los que no tienen». 
A nivel de movimiento social en América Latina, muchos siguen escépticos a estos cambios de gobiernos, porque dicen que sin una visión política clara cualquiera de estos gobiernos alternativos corre el riesgo de resbalar, tanto para el democratismo caótico como para el autoritarismo populista. Además, la sabiduría popular recomienda no acercarse demasiado al santo, para que no te trague y tampoco alejarse demasiado para que no te alumbre.  En lenguaje teológico eso significa mantener la diferenciación entre Iglesia y Estado. La mejor manera de colaborar con los cambios no es atribuirles un carácter mesiánico, sino mantenernos en una perspectiva profética de la denuncia y del anuncio y dedicarnos a nuestro trabajo para el fortalecimiento de la sociedad civil  animando el trabajo en redes con foros sociales, acogida de migrantes, medios de comunicación alternativos, etc. Trabajar en redes significa hacerlo de un modo horizontal pero coordinado, crecer desde abajo y de modo descentralizado, alimentar la autogestión y la acción directa. Este es un desafío que nos toca aprender en el CLAI.

Un cambio de visión y metodología en el CLAI.
Desde 2008 estamos trabajando el tema de la constitución de las Mesas Nacionales del CLAI, como un intento de priorizar en el CLAI los reclamos de las iglesias y organismos ecuménicos. Esto incluye la pregunta acerca del sentido del ecumenismo. Creemos que debemos trabajar esa pregunta dándonos primero un baño de realidad, poniendo nuestros ojos sobre los problemas e inquietudes de la gente. Analizando las realidades nacionales y , regionales tendremos condiciones de trabajar la pregunta sobre el sentido del ecumenismo.
La novedad de las Mesas Nacionales es una propuesta de organización de base en el CLAI. Con ello se quiere dar voz a las iglesias y a los procesos nacionales.
Esta propuesta de la Mesas Nacionales va a contravía a la lógica dominante. Por lo general la concepción es que los pueblos están abajo precisamente porque no son capaces de organizarse y  porque eso no entra siquiera en su horizonte. Pero, algunos del pueblo sí son capaces de salir de él y hay que estimularlos a que lo hagan, pero la masa, al carecer de cualificación tiene la suerte que merece. Si no es productiva, es justo que carezca de elementos para vivir. No aporta a la sociedad, luego tampoco recibe de ella. Dentro de esta lógica se presenta el argumento que no hay por qué invertir sino lo mínimo en el pueblo porque la inversión no es productiva, es a fondo perdido. Y como los recursos son escasos, es mejor emplearlos en el trabajo con formación de liderazgo solamente.
Esta distinción responde a una concepción teorizada hace mucho por Aristóteles, que el ser humano se define como animal racional y como animal político. Esta equivalencia se explica en el sentido de que la racionalidad sólo se actualiza plenamente en la polis, es decir en el ejercicio pleno de los derechos y deberes ciudadanos. Estos son los iluminados. Aristóteles insiste en que hay una porción considerable de seres humanos que por naturaleza no son aptos para tomar su vida en sus manos de un modo responsable. Esos son los bárbaros, que según Aristóteles son esclavos por naturaleza: sólo podrán vivir humanamente tutelados por quienes son realmente humanos. Pero hay entre los siervos algunos que se destacan y que estando bajo la guía temporal de conductores civilizados, pueden llegar a una existencia personal y social plenamente humana.
Tratamos de explicarlo tan claramente porque necesitamos estar muy conscientes de los nuevos caminos en el CLAI. La nueva propuesta de trabajo tiene muy poco que ver con esta lógica aristotélica.   Lo que proponemos en el CLAI actualmente es asumir la metodología y pedagogía de Jesús, con su visión de horizontalidad, de participación, de inclusividad.

Los nuevos caminos del CLAI
Lo que estamos proponiendo en esta nueva administración del CLAI es que trabajemos motivados por la figura  del agente pastoral.  Dentro de la nueva visión y metodología del CLAI, el rol del secretario general, de los secretarios regionales, coordinadores continentales de programas y referentes nacionales debe ser el de agente pastoral.
Lo primero que es imprescindible a todo agente pastoral es que dé lugar. Las iglesias y organismos nacionales (Mesa Nacional) tienen que ser agentes y no sólo destinatarios. No es que el agente pastoral no tenga que proponer nada ni gerenciar nada. Tiene que proponer lo suyo, que traer las orientaciones y desafíos desde la Junta Directiva del CLAI, pero a pequeñas dosis, de manera que no cope todo el tiempo disponible y no habitúe a la Mesa Nacional a no pensar ni decidir ni llevar las cosas porque se espera que él (el secretario) sea el que proponga, discierna, explique y se responsabilice.
El agente de pastoral debe tener la sensibilidad pedagógica para respetar el ritmo de la gente. Esto es lo decisivo. No es pedagógico que se planteen muchas tareas a la vez. Lo que se plantee debe desarrollarse normalmente a través de varias sesiones, si necesario. Es muy importante considerar la cultura popular en este aspecto. Así pues, es el agente pastoral el que debe hacer la propuesta y animar a las Mesas Nacionales del camino participativo que estamos buscando en el CLAI.
El CLAI es una creación histórica contemporánea de los últimos 30 años. Sólo tiene una serie de intuiciones y en el mejor de los casos alguna experiencia  y alguna referencia circunstanciada de otras organizaciones. Esto significa que la propuesta del agente pastoral tiene que ser realmente abierta. Cómo vaya a cuajar una propuesta más participativa en cada país es cuestión de ensayo y error. Y aquí es donde el agente pastoral tiene por un lado que proponer con la mayor claridad posible, pero por el otro debe dar lugar para que sea la Mesa Nacional la que discierna el camino que se va transitando. Porque es ella la que experimenta si el proceso les ayuda a crecer en humanidad según el paradigma de Jesús.
El ensayo y error incluyen propuestas y gerencia, animación y evaluación. Para la aplicación de esta propuesta creemos que son fundamentales las orientaciones de la evaluación institucional y programática que estamos realizando en el CLAI y que debe concluir en fines de junio 2009. Esa evaluación nos debe ofrecer una lectura acerca de la eficiencia y del impacto que las actividades y la propuesta del CLAI  ha dejado en las iglesias y organismos miembros. Pero también nos ofrecerá instrumentos de cómo planificar, monitorear y evaluar el trabajo futuro.

Conclusiones
En el desamparo en que se encuentra la humanidad actual se hace urgente rescatar el sentido libertador de la utopía. En verdad, vivimos en el ojo de una crisis de civilización de proporciones planetarias. Toda crisis ofrece oportunidades de transformación y riesgos de fracaso. En la crisis, se mezclan miedo y esperanza. Necesitamos esperanza, la cual se expresa en el lenguaje de las utopías. Éstas, por su naturaleza, nunca van a realizarse totalmente, pero nos mantienen caminando. Bien dijo el irlandés Oscar Wilde: «Un mapa del mundo que no incluya la utopía no es digno de ser observado, pues ignora el único territorio en el que la humanidad siempre atraca, partiendo enseguida hacia otra tierra aún mejor».
En estas tierras latinoamericanindias hemos aprendido que la utopía no se opone a la realidad, más bien pertenece a ella, porque ésta no está hecha solamente de aquello que es, sino de lo que todavía es potencial y que un día puede ser. La utopía nace de este trasfondo de virtualidades presentes en la historia y en cada persona. En Brasil vivió un poeta llamado Mário Quintana que observó acertadamente la vida y las crisis diciendo: «Si las cosas son inalcanzables… ¡oye! / No es motivo para no quererlas / ¡Qué tristes los caminos si no fuera / la mágica presencia de las estrellas!».

Pastor Nilton Giese
Secretario General del CLAI
abril 2009.