Oración por el pueblo de Haiti

Ante el dolor que desgarra,
Clamamos a una voz,
Intercede junto a nosotros,
Oh solidario Señor.

Por tu pueblo sufrido de Haití, clamamos solidarios, Oh Señor

Ante la muerte que hiere,
Y marca con el dolor,
Danos la fuerza del abrazo
Y la paz que nos da tu amor.

Por  los y las rescatistas y voluntarios y por toda mano solidaria en Haití, clamamos solidarios, Oh  Señor

Ante la injusticia que mata
Y reclama a la conversión,
Muévenos a transformar el mundo
Y que toda muerte se haga canción.

Por quienes han perdido seres queridos en el terremoto, clamamos solidarios, oh Señor.

Ante la desolación y el llanto,
Ante la impotencia y la frustración,
Acércate a nuestro lado, 
Aliéntenos tu vida, Señor.

Por quienes tienen que dar consuelo y esperanza, clamamos solidarios, oh Señor

Tú eres el Dios de los pobres,
El que siembra esperanzas,
El que entrega su amor.
Eres el Dios solidario, el Eterno, el gran Yo Soy.
Tú eres Dios con nosotros, Dios abrazo, Dios canción.
Dios caricia, Dios esfuerzo, Dios entrega, Dios acción.

Por cada uno de nosotros y nosotras, por nuestra solidaridad, servicio y acción, clamamos solidarios, oh Señor.

Venga tu reino al doliente,
Venga tu oído al clamor,
Vengan tus hijas e hijas,
A mostrar tu rostro fraterno, Oh Solidario Señor.

¡Gracias por ser Dios con nosotras, en nosotros y a través de nosotros! Amén.

Rev. Jorge Ziljstra
Secretario Regional del CLAI para el Caribe y Gran Colombia

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“…pero Dios tampoco estaba en el terremoto.”
(1º Reyes 19:11)

La tierra se sacudió como animal furioso,
temblaron los montes y el mar desató su enojo,
los suelos se abrieron y lo construido fue destruido,
y un pueblo cansado de sufrir vuelve a sufrir.
Vimos sus rostros y oímos sus llantos,
las imágenes estremecían y golpeaban,
personas deambulando, cuerpos aplastados,
destrucción y muerte, dolor y angustia,
tras el terremoto cruel y devastador.

Pero Dios no estaba en el terremoto…

Hijos sin madres, madres sin hijos,
hermanos sin hermanos, amigos sin amigos,
miles y miles de vidas aplastadas en segundos,
historias, esperanzas, sueños, ilusiones
qiue desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.
El horror dejó su marca indeleble
en las miradas perdidas, en las caras desoladas,
en los muertos, en los atrapados, en los mutilados,
en cada vida quebrada por lo no esperado.

Pero Dios no estaba en el terremoto…

Alguien gritó su espanto, otras voces se unieron.
alguien elevó una plegaria, otras siguieron,
alguien cantó y muchos cantaron,
alguien levantó una escombro
y otros más comenzaron a levantar las piedras,
alguien abrazó a un herido
y otros más los cargaron en brazos,
alguien tendió su mano
y miles de manos se unieron.

Y Dios estaba entre ellos.

En solidaridad con el pueblo haitiano
Gerardo Oberman
Castelar, 13 de enero de 2010
Red Crearte