Desafíos a la misión en camino hacia la nueva creación


Karla Ann Koll

Agradezco en gran manera la oportunidad de formar parte de este proceso de reflexión que las iglesias de CLAI Costa Rica, junto con la Universidad Bíblica Latinoamericana, están realizando en el marco de la celebración de los cien años de la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo. Dicho acontecimiento nos ofrece una gran oportunidad para cuestionarnos acerca del caminar de nuestras iglesias en la misión de Dios. Me pidieron referirme a los desafíos contemporáneos de la misión. Quizá ustedes conocen mucho mejor que yo, una visitante con pocas semanas en el país, los desafíos que enfrentan sus congregaciones cada día en su lucha por ser fiel a Jesucristo. No obstante, quiero invitarles a reflexionar sobre un pasaje de Pablo, un solo versículo, y sus implicaciones para nuestro quehacer misional y pastoral en los lugares donde Dios nos ha llamado a servir.

El pasaje bíblico que he escogido se halla en una de las epístolas que escribe Pablo a la iglesia de Corinto, y dice así: “De modo si alguno o alguna está en Cristo, ¡nueva creación! Las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

En la mayoría de nuestras traducciones este pasaje no se lee así. Por lo general los equipos de traducci[on añaden un verbo, ser, el cual no aparece en el texto griego, y cambian el sentido del sustantivo, presentándolo de esta forma: “De modo que si alguno está en Cristo,  nueva criatura es”. Las traducciones y la predicación en las iglesias evangélicas tienden a enfatizar la transformación personal, la posibilidad de ser hechos nuevos y hechas nuevas por el poder del evangelio. Entonces, por un lado, jamás debemos olvidar el deseo de Dios de transformar vidas. Esto implica ver a cada persona en nuestro alrededor como alguien amada por Dios, quien como nuestro prójimo reclama nuestro amor también. En el momento que dejemos de creer que el poder de Dios a través del evangelio de Jesucristo pueda cambiar vidas, ya no participamos más en la misión de Dios. Pero por otro lado, hemos sido capturados y capturadas por el individualismo de la modernidad, que en muchos aspectos se va profundizando en la posmodernidad. Este individualismo ha sido una característica del mensaje de las iglesias evangélicas, pero representa una distorsión muy grande del evangelio y por tanto, un desafío a la misión de Dios.

Al hablar de la nueva creación a la cual las personas que están en Cristo han entrado, Pablo tiene en mente algo mucho más grande. Esta nueva creación, iniciada por Dios, pasa por la transformación personal, pero también abarca todas las relaciones humanas y toda la creación de Dios. Notamos primero que en el Nuevo Testamento ktísis se refiere a una creación o un acto creador. Se aplica a categorías de personas o instituciones, nunca a individuos como tal.

La literatura apocalíptica del periodo de Jesús y Pablo, nutrida por las visiones proféticas de la tierra nueva y los cielos nuevos, especialmente del Segundo Isaías,  expresaba con frecuencia un profundo anhelo popular de ver un nuevo acto creador de Dios que establecería un nuevo orden social. Se esperaba una época radicalmente distinta del tiempo presente, sin muertes prematuras, sin explotación laboral, y sin violencia (Isaías 65: 17-25). “Las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2 Corintios 5: 17b). Johan Cristian Beker argumenta que debemos entender a Pablo básicamente como un pensador judío apocalíptico. Él ubica la visión de la nueva creación en el centro de la teología de Pablo. Para el apóstol y las comunidades a las cuales escribía, Dios ya había iniciado esta nueva creación tan anhelada en la persona de Jesucristo. Y, por esto, las personas que aceptan la fe de Jesucristo ya forman parte de esta nueva creación y deben vivir sus vidas desde esta realidad.

Juan Driver, citando la obra de Paul Minear, resalta la importancia de la imagen de la nueva creación para la manera en que las primeras comunidades cristianas entendían su relación con el mundo. En la medida en que la iglesia fue acomodándose a las estructuras de la sociedad a su alrededor, esta imagen de la creación renovada perdió su poder. Como argumenta Driver, esta imagen puede ayudar a la iglesia a recuperar su verdadera identidad dentro de la misión de Dios en el mundo, y dice al respecto: “Se percibe la iglesia colocada entre lo que Dios ha hecho en el pasado y lo que [Dios] hará en el futuro mediante sus obras creadoras en la marcha de la historia de la salvación hacia su desenlace final.” Driver ofrece la siguiente traducción del pasaje: “De modo que cuando alguno está en Cristo, hay una nueva creación; el antiguo orden ha perdido su fuerza y ha sido creado uno nuevo.”

La nueva creación demanda, en primer lugar, un cambio de perspectiva. Si mirábamos las cosas, aun a Cristo, desde un punto de vista humano, ya no debemos mirarlas de esa forma (2 Corintios 5:16).  “No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir,  lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.” (Romanos 12:2) El problema es que andamos según  el viejo orden de las cosas, el cual yace bien arraigado dentro de nosotros y nosotras. Y éste estructura nuestros pensamientos y determina nuestras percepciones. Por eso, Efesios 4:22 dice que debemos despojarnos del ser humano viejo para que nuestra mente pueda ser renovada por el Espíritu. Así pues, el desafío para nosotros y nosotras es ver  la misión de Dios y la iglesia dentro de la misión de Dios desde la perspectiva de la nueva creación.

¿Vidas restauradas o nueva creación?
Muchas iglesias en varios lugares de Centroamérica están abriendo casas de restauración. Están haciendo una difícil y necesaria labor de ofrecer a personas adictas a diferentes sustancias químicas la oportunidad de empezar de nuevo, de superar su adicción y entrar otra vez en la sociedad como una persona productiva y responsable. Desafortunadamente, las estadísticas sobre la descomposición social en la región nos indican que habrá más y más demanda para este tipo de servicio. Y a causa de esto me pregunto: ¿Qué estamos haciendo? ¿Estamos incorporando a estas personas a la nueva creación que pretende Dios, o sencillamente estamos enviándoles de nuevo a la misma sociedad que les ha enfermado, al viejo orden de las cosas?

En la  preconsulta con la congregación de la Misión Pentecostal Fe y Sanidad en Cartago, el hermano Mariano Chinchilla observó que muchas personas miran a la iglesia como si fuera un taller para carros. Acuden a ella cuando las cosas no andan bien, y lo que están buscando es una reparación. Una vez que resuelven sus problemas, ya se ponen en marcha y no siguen en la iglesia. No sienten la necesidad de formar parte de la comunidad de fe, mucho menos de involucrarse en la obra. Lo anterior trae a mi mente a mi suegro, quien es alcohólico. Cuando entraba en una crisis, asistía a una iglesia evangélica por un tiempo: semanas o meses. Declaraba ser evangélico. Sin embargo, ya superada la crisis empezaba a tomar de nuevo; ahora decía que era católico y que siempre lo había sido, aunque jamás iba a misa. Desgraciadamente, para él y para muchas personas, “católico” no significa una manera particular de seguir a Jesucristo, sino una serie de comportamientos y prácticas culturales. Entonces, me pregunto si no estamos poniendo remiendos de tela nueva en ropa vieja (Mateo 9:16) en lugar de conducir a las personas hacia la nueva creación.

Lo ya señalado está íntimamente relacionado con el contenido de nuestra predicación evangelística. En muchas campañas piden que las personas vengan a Cristo para ser salvas. Pero ¿qué dijo Jesús? “Porque [la persona] que quiera salvar su vida, la perderá; pero [la persona] que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 16:25) Debemos invitar a la gente a perder sus vidas, a perder sus vidas en la causa de Dios, a entregarse a la nueva creación. Tal vez esto de perder sus vidas no suena muy atractivo, pero el éxito de los libros de Rick Warren sobre vidas e iglesias con propósito lo confirman; muchas personas están buscando una causa a la cual entregar sus vidas.

La iglesia como comunidad de la nueva creación
La iglesia debe ser la comunidad donde se vive anticipando que Dios hará nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5). La traducción de la versión Biblia para todos capta que la nueva creación es una realidad colectiva. “Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación.” (2 Corintios 5:17) Y en Santiago 1:18 la iglesia es descrita como “las primicias de sus criaturas”. La iglesia nace como comunidad del Espíritu ya dentro de la nueva creación que está obrando Dios. Como dice Driver, la iglesia debe “hacer visible en el mundo la alternativa mesiánica de una nueva creación.” De ahí que, el desafío es cómo experimentar esta realidad de la nueva creación en nuestra vida colectiva. ¿Cuánta energía gastan las iglesias en apoyar el viejo orden de las cosas, muchas veces en nombre de los llamados valores cristianos, en lugar de vivir desde y hacia la nueva creación? Un pastor que conseja a una mujer agredida quedarse en la casa y en un matrimonio con el agresor en nombre de salvar a la familia está apoyando el viejo orden. Las comunidades que buscan la nueva creación de Dios, quienes saben que el mundo actual no es como Dios desea ver a Su creación, no buscarán vivir como hijos e hijas del rey en este mundo, sino trabajarán  por transformar las relaciones humanas.

Nunca debemos confundir lo novedoso con la nueva creación. Hoy en día, al igual que en los tiempos de Jesús y Pablo, existe un profundo deseo de ver al mundo cambiado. Pero este anhelo muchas veces no se expresa de forma explícita. Es un sentimiento, una inquietud que nos dice que debe haber algo más. Creo que muchas personas llegan a las iglesias buscando lo nuevo, y lo que ofrece la mayoría de ellas es lo novedoso: música novedosa, efectos audiovisuales novedosos, hasta manifestaciones novedosas del Espíritu Santo. No obstante, lo novedoso, a pesar de ser novedoso, pertenece al viejo orden. Lo novedoso entretiene, pero no satisface. Es más, no conduce a la nueva creación.
En una comunidad que vive buscando la nueva creación cada miembro encuentra su lugar en el proyecto de Dios. Afirmamos que Dios ha dado dones a cada persona, según la medida de su gracia, para servir en lo que Dios quiere obrar en el mundo (Romanos 12: 6-8). Debemos ver a todas las personas, incluyendo a  los niños y las niñas y a las personas de la tercera edad, como colaboradores en la misión de Dios. Los líderes en las iglesias deben capacitar a estas personas,  ayudándoles desarrollar sus dones, a fin de que puedan participar de manera plena en el proyecto de Dios (Efesios 4:11-12).

Una iglesia que se organiza y vive en función de la nueva creación buscará la unidad de la iglesia de Jesucristo. Dicha unidad proviene del proyecto mismo. El otro texto en el cual Pablo usa la frase “nueva creación” es Gálatas 6:15. En éste se nos dice: “Porque ni la circuncisión es nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación”. Las distinciones sociales, culturales y hasta religiosas ya no importan. Lo que vale es lo que Dios está obrando, creando en medio de nosotros y nosotras. La gran lección que descubrieron los delegados y las delegadas en la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo  en 1910, como ya lo habían aprendido muchas misioneras y muchos misioneros en el campo de  trabajo, es que la misión une a cristianos y cristianas de distintas tradiciones. Por eso, recordamos hoy a la conferencia de Edimburgo como precursora de los esfuerzos en el siglo XX por construir una unidad visible entre distintas iglesias, esfuerzos que fueron institucionalizados en el movimiento ecuménico conciliar.

Cabe señalar que si somos honestos y honestas, reconoceremos que en cada una de nuestras iglesias existen ciertas tendencias sectarias. Como grupos minoritarios en las sociedades latinoamericanas, las iglesias evangélicas han buscando enfatizar lo que les distingue tanto de la Iglesia Católica Romana como de las otras iglesias evangélicas o protestantes. ¿Cuánta energía gastamos en enfatizar nuestra versión particular de la verdad cristiana, en lugar de identificar cuáles dones específicos ha dado Dios a cada una de nuestras iglesias y tradiciones cristianas para aportar a la iglesia universal y al proyecto global de Dios? De modo que, el desafío sigue siendo cómo afirmar la unidad y la universalidad de la iglesia desde la vida de nuestras congregaciones.

La agenda misional de la nueva creación
La imagen de la nueva creación no sólo nos da pautas para saber cómo orientar la vida comunitaria en nuestras iglesias, sino también nos provee una agenda muy concreta de acción misionera. El teólogo de Hong Kong, Raymond Fung, quien sirvió por muchos años como Secretario de la Comisión de Misión Mundial y Evangelización del Consejo Mundial de Iglesias, resumió la agenda misional de la visión de nueva tierra y nuevos cielos, la cual encontramos en el Segundo Isaías, en los siguientes aspectos: “1) los niños [y las niñas] no mueren; 2) los ancianos [ y las ancianas] viven con dignidad; 3) los [y las] que construyen casas viven en ellas; 4) los [y las] que plantan viñas comen su fruta”. En nuestros contextos centroamericanos marcados por crecientes niveles de violencia, la visión de un futuro en el cual “no harán mal ni dañarán” (Isaías 65:25) nos motiva a acciones en contra de la violencia.

Pablo tiene su propia manera de describir la agenda misional de la nueva creación. Continuando con el pasaje que hemos estado trabajando de 2 Corintios 5, leemos: “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo misión, no tomando en cuenta a los [seres humanos] sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros [y nosotras] la palabra de reconciliación.” (2 Corintios 5:18-19) Él, que es nuestra paz  (Efesios 2:14), nos envía a trabajar a favor de la paz y la reconciliación. Pero no puede ser una reconciliación que apoya al viejo orden de las cosas, sino debe partir desde las víctimas de este orden. Con respecto a lo anterior, Luis Augusto Castro expresa lo siguiente: “Son las víctimas las primeras y a veces las únicas interesadas en que el horror terrenal no tenga la última palabra. Son ellas quienes anhelan, a veces sin poder expresarlo, una verdadera reconciliación. Ésa es su gran esperanza.” Por tanto, debemos ponernos a lado de ellas, solidarizándonos con su esperanza, que es la esperanza de una nueva creación.

Una nueva creación que abarca toda la creación de Dios
El deseo de Dios es renovar toda Su creación, no sólo a la humanidad. En Romanos 8: 19-21 Pablo habla del “anhelo profundo de la creación” de ver y compartir la libertad de los hijos e hijas Dios. Y en el versículo 22, él expresa: “La creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora”. El Espíritu Santo gime dentro de nosotros y nosotras; nos capacita para escuchar los gemidos de la creación y solidarizarnos con ella en su dolor (versículo 23) ¿Qué pasaría si las iglesias llegaran a ver a la creación como víctima del pecado humano y como objeto del amor salvífico de Dios? Nos llevaría mucho más allá, creo, que los conceptos tradicionales de la mayordomía de la creación. Así pues, el desafío es abrirnos a las dimensiones cósmicas de la nueva creación y al mismo tiempo emprender acciones específicas. Hablemos en términos muy concretos. Refirámonos al pedacito de la creación, de la tierra, donde se halla el templo. ¿Cuántas iglesias evangélicas hay en Costa Rica? ¿Cuántas más si incluimos a las parroquias de la Iglesia Católica Romana? Intentemos imaginar por un momento que todas estas iglesias miraran a la cuadra donde están ubicadas como la creación que Dios quiere liberar del efecto del pecado y renovar. ¿Cuánta basura hay en las calles alrededor de nuestras iglesias? ¿Qué testimonio dan estos montones de desechos de nuestra fe en el Dios de la creación? ¿Qué diferencia habría si cada iglesia decidiera mantener limpia la cuadra donde está?

Pablo toma la imagen de la creación gimiendo con dolores de parto de la apocalíptica judía. El nuevo orden de libertad nace desde adentro del viejo orden; no viene impuesto desde afuera o desde arriba. Años atrás, antes de que naciera mi hija, estaba hablando sobre este texto con un grupo de mujeres. Una hermana compartió su experiencia. Ella estaba caminando por un camino cuando de repente le agarraron los dolores de parto. Tuvo que ir a la casa más cercana y pedir un espacio para tener el parto allí mismo. Quienes hemos tenido la experiencia de dar a luz, sabemos que una vez que empiezan en serio los dolores no hay nada que pueda detenerlos. Sólo se deben crear las condiciones para que haya un buen resultado.

Esta imagen nos ayuda a pensar en el papel de la iglesia en relación con la nueva creación. Me gusta mucho pensar en la iglesia como una partera, la comadrona que está asistiendo al parto. Con ella o sin ella, el parto se va a dar, pero su presencia puede hacer el proceso más fácil, menos doloroso. Ella está allí, en medio del trabajo del parto, ese trabajo de parto tan prolongado, anunciando siempre la esperanza, que, como dice Pablo, “los sufrimientos de este tiempo” no es el final de la historia, sino viene el futuro que Dios nos tiene. Mientras que atendemos a las personas, familias y comunidades que están sufriendo por el viejo orden, anunciemos siempre, “De algún modo, si alguno [o alguna] están en Cristo, ¡nueva creación! Las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Bibliografía

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________________. Paul’s Apocalyptic Gospel: The Coming Triumph of God. Philadelphia: Fortress, 1982.

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Castro Q., Luis Augusto. “La reconciliación desde las víctimas”. Theológica Xaveriana 154, no. 154 (abril-junio 2005): 133-163.

Driver, Juan.  Imágenes de una iglesia en misión: Hacia una eclesiología transformadora. Guatemala: CLARA-SEMILLA, 1998.

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Schreiter, Robert J. Violencia y reconciliación: Misión y ministerio en un orden social en cambio.  Santander: Sal Terrae, 1998.

Stam, Juan B. Las buenas nuevas de la creación. Buenos Aires y Grand Rapids: Nueva Creación, 1995.

 

 

Karla Ann Koll es misionera norteamericana presbiteriana, profesora de la Universidad Bíblica Latinoamericana, actualmente reside en Guatemala y colabora con el Centro de Estudios Pastorales  de Centro América (CEDEPCA).

Bíblia de la Américas, alterado.

Reina Valera 95.

Juan Driver.  Imágenes de una iglesia en misión: Hacia una eclesiología transformadora. Guatemala: CLARA-SEMILLA, 1998, 74.

J. R. Levison, “Creation,” en Dictionary of Paul and his Letters, editado por Gerald Hawthorne, et. al. Downers Grove: Intervarsity, 1993, 189-190.

Johan Cristiaan Beker, Paul the apostle: The Triumph of God in Life and Thought. Philadelphia: Fortress, 1980. Johan Cristiaan Beker, Paul’s Apocalyptic Gospel: The Coming Triumph of God. Philadelphia: Fortress, 1982.

Driver, 70.

Ibid.

Ibid., 74.

Dios habla hoy.

Biblia de las Américas, alterado.

Driver, 76.

Biblia de las Américas.

Raymond Fung, The Isaiah Vision. Ginebra: WCC, 1992. Citado en Mervin Breneman, “La misión en Isaías, “ en C. René Padilla, ed., Bases bíblicas de la misión: Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires y Grand Rapids: Nueva Creación, 1998, 165.

Biblia de las Américas, alterado.

Luis Augusto Castro Q., “La reconciliación desde las víctimas,” Theológica Xaveriana 154, No. 154 (abril-junio 2005): 135. Véase también Robert J. Schreiter, Violencia y reconcilación: Misión y ministerio en un orden social en cambio.  Santander: Sal Terrae, 1998.

Bíblia de la Américas, alterado.