Fragmentos del profeta y mártir Oscar Romero: Hacer memoria sin olvidar el presente

Elsa Padilla Cancino

Preámbulo

Profeta, pastor, discípulo, misionero del evangelio, su vida sigue siendo testimonio de entrega, del profetismo, de martirio. Nutrirnos de esta memoria es alentar a los profetas, pastoras, pastores a renovar su compromiso y misión hoy, en el presente de la historia. Beber de la fuente de la que bebió Oscar Romero, es mirar la tradición del crucificado, del asesinado, es mirar nuestro presente y nuestro futuro. Estamos invitados a hacer memoria para vivir nuestra vocación profética. Estamos aquí para hacer memoria pero sin dejar de olvidar nuestro presente.

Quiero partir del testimonio de Carlos Mario Castro, escritor en residencia del Teatro la Fragua, quien desde 2000 a 2003 actuaba como el personaje conocido como  Barrera en la obra Romero de las Américas.
“Mi abuela y yo llegamos a las 2 de la tarde a la Catedral de San Salvador. Monseñor Romero iba a celebrar una misa en la cripta de la Catedral en memoria de un sacerdote asesinado por defender los derechos humanos de los pobres. Mi abuela era seguidora de Monseñor Romero, una más de aquellas mujeres maduras que no se perdían casi ninguna de las homilías dominicales del obispo Romero -aunque eso significara venir desde muy lejos para poder escucharlo. No sé cómo lo había conocido, probablemente cuando Monseñor Romero era sencillamente el Padre Romero, párroco de la iglesia central de San Miguel; tal vez cuando Óscar Romero fue obispo de la diócesis de Santiago de María.... No sé, pero mi abuela quedó atrapada de la manera de predicar de Monseñor Romero, de la claridad y la fuerza con que hablaba, y por eso lo había seguido por cuanta parroquia él pasaba.”

Haciendo memoria del profeta y mártir Oscar Romero. Dichos y hechos.

Beber de esta memoria es reavivar y recrear nuestra espiritualidad, nuestra vocación profética y martirial. Hacer memoria del profeta y mártir y no menciono Mons., porque, Mons. es un cargo honorífico, responde a un contexto jerárquico, no tiene ninguna función, cargo o consagración. Y recordarle como Mons. es sobreponer un mensaje jerárquico, no profético, es olvidar su propio mensaje “no es mi palabra la que siembra esperanza y fe, yo no soy más que el humilde resonar de Dios en este pueblo”.
Su ministerio pastoral se convirtió en una permanente defensa de los humildes, amenazados por una sangrienta lucha por el poder. El profeta Romero denunció implacablemente la violencia, y señaló sus raíces en la injusticia social que empobrecía cada vez más al pueblo salvadoreño, y en las ansias desmedidas de poder que impulsaban a los bandos en conflicto. EL denunció el egoísmo de los poderosos y el fanatismo comunista, “que por ideología y práctica revolucionaria niega a Dios y niega todo valor espiritual, calificándolo de alienante”. Con la misma intensidad, dijo, “la iglesia condena el sistema liberal capitalista”, que “asume al hombre como puro instrumento para acrecentar las riquezas, dejándolo en la pobreza y fomentando de este modo las diferencias de clases en la sociedad”.
En su homilía del 23 de marzo de 1980, el profeta clamó contra todos los que ensangrentaban a su país: “en nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cese la represión”. Al día siguiente, una bala le dio muerte, mientras oficiaba Misa en la capilla del Hospital la Divina Providencia. En una de sus homilías exclamó: “Mi disposición debe ser dar mi vida por Dios, cualquiera que sea el fin de mi vida, Él asistió a los mártires y si es necesario lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro… Pero más valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para Él y mi misión… Y acepto con fe en Él mi muerte por más difícil que sea, ni quiero darle una intención como la quisiera por la paz de mi país y por el florecimiento de nuestra Iglesia, porque el corazón de Cristo sabrá darle el destino que quiera… Me basta, para estar feliz y confiado, saber con seguridad que en Él está mi vida y mi muerte… Y otros proseguirán con más sabiduría y santidad los trabajos de la Iglesia y de la patria”.

Hacer memoria: Los escenarios de la misión: Profetismo – martirio y el anuncio de la Palabra
Esta mesa nos ha convocado a decir una palabra sobre la integridad de la misión. Esta misión hoy, quiero hacer incidir con nuestros mártires: hacer memoria nos lleve a recordar nuestra misión, vocación martirial, presente en la tradición, nos lleva a recordar la primera comunidad de discípulas y discípulos de Jesús.

Profetismo y martirio son experiencias del cristianismo que nos acompañan desde los orígenes de nuestra historia cristiana. El martirio es consecuencia de su profetismo, el martirio es parte de nuestra historia. Oscar Romero lo decía claramente: “mi posición de pastor me obliga a ser solidario con todo el que sufre. Y acuerpar todo esfuerzo por la dignidad de los hombres.” Esa postura está sostenida por su seguimiento a Jesucristo. Seguir a Jesús era su vocación suprema, aún en medio del miedo y la angustia, porque el reclamo del evangelio se imponía. Por esa convicción y urgido por el llamado de Jesucristo, Romero consideró que no es posible ni negarse ni ser neutral: “Hermanos, decía,  que hermosa experiencia es tratar de seguir un poquito a Cristo, y a cambio de eso recibir insultos, discrepancias, calumnias, las pérdidas de amistades, se convirtió en una persona sospechosa.”
Su ser profético lo colocó es una perspectiva escatológica, con una mirada hacía el futuro, con los pies en el presente. Las palabras de su mensaje que acompañó a su pueblo permanece. Y permanece en un horizonte de esperanza, no en una falsa utopía. Esa esperanza va conformándose en proyectos históricos que manifiestan signos positivos del Reino de Dios, no agotando su plenitud como manifestación futura. Decía la “Palabra queda”, es memoria subversiva. El profeta trasciende su tiempo, pero su mensaje permanece vigente. “La Palabra queda”. Y ese es el gran consuelo del que predica. Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger.

El profeta Oscar Romero centro su anuncio en la Biblia, la Palabra, el Evangelio. Hizo una lectura contextualizada y actualizada del momento histórico del pueblo salvadoreño, su realidad de pueblo oprimido,.. igual que Jesús su mensaje fue el Reino. La incidencia del discurso del profeta Oscar Romero, es un permanente acercamiento del Evangelio y la historia del pueblo de Dios vivenciado en nuestra realidad.

Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo en su sede catedralicia. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror que se arraigaba en toda el país. El 21 de enero de 1979 exclamó: “Mis predicaciones no son políticas. Son predicaciones que naturalmente tocan la política, tocan la realidad del pueblo, para iluminarlas y decirles qué es lo que Dios quiere y qué es lo que Dios no quiere.”

Una denuncia: Sin olvidar el presente
Hemos hablado de profetismo y vocación martirial desde una opción clara por los pobres y oprimidos. Desde mi realidad de mujer quiero ser fiel a este momento histórico:

Quiero denunciar a la iglesia patriarcal, jerárquica, piramidal, sexista. Vivimos un nuevo presente, una Iglesia inclusiva, en complicidad con el evangelio, donde caben las mujeres, los indígenas, los, y las negras. Donde la imagen de Dios es ternura, afecto con todo su rigor teológico, filosófico, antropológico y  bíblico.

Denuncio a nuestras iglesias, presidencias e instituciones donde aún no hay una inclusión de roles, funciones y liderazgos de mujeres en los espacios de decisión. Revisen pastores, pastoras, cuantas mujeres están en condición de opinar junto a ustedes los varones.  (Tengo que agradecer la invitación a esta mesa, pero no sé si después de este pronunciamiento voy a seguir siendo invitada a esta mesa una próxima vez). No es un favor lo que pedimos las mujeres, es un derecho divino, Dios nos ha hecho en igualdad de condiciones, el sexo no puede seguir excluyendo a las mujeres de los espacios públicos, debemos acabar con el mito que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Invito a revisar nuestras estructuras, cambiemos nuestra manera de ver, la perspectiva de la nueva misión integradora e incluyente.

Revisar y transformar, nuestros discursos de un lenguaje patriarcal a un nuevo paradigma, un lenguaje de género: hemos avanzado, hemos dado pasos, nos incluyen a las mujeres en funciones que en muchos casos solo mantenemos las mismas estructuras patriarcales, pedimos no solo participación sino decisión, no son migajas lo que pedimos son derechos lo que exigimos. Permanecer en espacios de decisión. Jesús promovió un discipulado de iguales.

Volviendo a la memoria del profeta Oscar Romero, sus discursos eran patriarcales, jerárquicos: recordemos algunos ejemplos: “Si un hombre por la necesidad de la sociedad, es elegido para ministro, para presidente de la republica, para arzobispo, para servidor, es servidor del pueblo de Dios, no hay que olvidarlo, no se hace despóticamente lo que yo quiero, no eres más que un pobre ministro de Dios” (23 de sept. de 1979). “Si alguna vez nos quitaran la radio, suspendieran el periódico, no nos dejaran hablar, nos mataran a todos los sacerdotes y el obispo también y quedaran ustedes un pueblo sin sacerdotes, cada uno tiene que ser un micrófono de Dios, cada uno de ustedes tiene que ser mensajero, un profeta”. (8 de julio de 1979)

Denuncio nuestras sorderas, inmovilidad, comodidad, el anuncio profético se ha congelado porque solapadamente encubrimos la pobreza. Hay pobres porque hay opresión, la pobreza no es condición, ser persona es un derecho, somos personas por mandato divino. Hay injusticia porque hay un sistema injusto que legitima: el sistema político y religioso, el gobierno y las iglesias. En nombre de nuestra vocación profética y martirial  y porque somos llamadas y llamados a entregar la vida, al igual que Jesús. El discípulo no es más que su maestro.

Quiero terminar haciendo eco de dos temas:
Haciendo memoria, la Cuaresma
            Lo esencial de este tiempo litúrgico fue entendido por Romero de la siguiente manera: “la Cuaresma como preparación a la celebración de la Pascua. El misterio pascual es la muerte y la resurrección de Cristo. Muerte: con la que el Redentor pagó todos los pecados de los hombres; y resurrección: nueva vida que Cristo está ofreciendo a todos los hombres para hacernos partícipes de esos méritos de la cruz y de esa vida de la resurrección. Es necesario convertirse, de allí, que la Cuaresma sea una temporada de conversión y de fe en el Evangelio. La fiesta de la Pascua no es una fiesta de Cristo, sino de Cristo como cabeza de todos nosotros que formamos la humanidad. En la próxima Pascua de 1979, tenemos que ser nosotros el Cuerpo de Cristo: mi carne, mi vida, mi situación concreta. El pueblo de El Salvador bautizado tiene que ser como encarnación de ese Cristo que aparece vivo y glorioso. Hagámosle honor a ese redentor nuestro en el cual creemos y esperamos. Preparémonos para no ser una célula muerta en el organismo viviente de Cristo, sino de hacer honor a todas las células revestidas de una nueva primavera, de una gran esperanza, de una vida divina.”

Acercándonos al presente: una iglesia ecuménica

“Meditar hoy en el bautismo de Cristo y en nuestro propio bautismo tiene que significar eso: nuestra propia identidad como nacidos para el Reino de Dios en el bautismo. No debemos traicionar esa ciudadanía de Reino de Dios. Aún, y, precisamente por trabajar en el reino de la tierra, aquellos que quieren ver contradicción entre el ser cristiano y el ser ciudadano político no han entendido bien la naturaleza de las cosas. No saben lo que es ser cristiano… Él es el verdadero líder de la liberación, así nos dice la lectura de hoy: "Te he formado y te he hecho alianza de mi pueblo para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de las mazmorras a los que habitan en las tinieblas". Es un lenguaje que lo podemos entender y que se traduce en lenguaje que lo podemos entender y que se traduce en lenguaje moderno: ¡los oprimidos! Cristo vino por los oprimidos de toda clase. Y todo aquel que quiera liberar al pueblo de la opresión, no puede encontrar otro líder más grande que Cristo,  el único liberador.” (13 Enero de 1980).

“Hermanos, cómo quisiera yo grabar en el corazón de cada uno esta gran idea: el cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una persona que me amo tanto, que me reclama mi amor. El cristianismo es Cristo, (6 de nov. de 1977)

  Elsa Padilla Cancino es estudiante de la Universidad Bíblica Latinoamericana en el programa de Ciencias Teológicas, es peruana y miembro de la Congregación Apostólica del Corazón de Jesús