Los caminos de la obediencia evangélica:
Ecumenismo, iglesia y sociedad en Puerto Rico

Rev. Ángel L. Rivera Agosto

  1. Introducción

En su libro Fe y Cultura en Puerto Rico, el Dr. Luis N. Rivera Pagán hace referencia al término “obediencia evangélica”, acuñado por el recordado pastor bautista Rev. Ángel Luis Gutiérrez, como principio ético teológico que guía a las iglesias evangélicas en Puerto Rico en la participación en controversias públicas, ya sea que estén relacionadas a la moralidad social o a asuntos de justicia y paz.  Indica Rivera Pagán que la misma “refleja una etapa nueva e irreversible de nuestra historia” basada en “la conciencia cristiana que aspira a cumplir el mandato de Jesucristo-la ley se hizo por causa del ser humano y no el ser humano por causa de la ley”- y que la misma se basa en “el ejemplo de Jesucristo, quien se enfrentó a las autoridades religiosas, económicas y políticas de su época por su fidelidad al Padre y su amor al ser humano desvalido y menesteroso”.   Me parece curioso que el profesor Rivera Pagán señale dicho término como uno que surge en una “etapa nueva e irreversible de nuestra historia” porque, a la luz de nuestro humilde pensar, nos parece que el movimiento ecuménico en Puerto Rico y las iglesias y entidades que lo han perfilado ha través de la historia, de una u otra manera han practicado esa necesaria “obediencia evangélica”, desde diferentes perspectivas y orientaciones.  Baste señalar, a manera de hipótesis inicial de estas reflexiones, que, desde el arribo de las familias misioneras a principios del siglo XX hasta el momento en que se acompaña a la Coalición “Todo Puerto Rico por Puerto Rico” así como a otra organizaciones de la sociedad civil, en su denuncia social y anuncio de alternativas a la crisis actual puertorriqueña, la tradición cristiana en su vertiente ecuménica ha transitado caminos de obediencia evangélica con claros impactos en la realidad social, económica y política en nuestro país.  A su vez, este caminar de las iglesias protestantes y evangélicas nos coloca en la práctica de un “ecumenismo práctico” a la usanza de la vertiente de “Vida y Acción” que surge de las reflexiones del Congreso de Edimburgo en 1910, pero que se desarrollan posteriormente en la vida ecuménica mundial. 

  1. La doctrina divide, la acción une: breves apuntes sobre el “ecumenismo práctico

Debe ser relativamente fácil adjudicarle al “ecumenismo de la praxis” o al “ecumenismo práctico” un éxito en su capacidad de unir a las más diferentes tradiciones cristianas, comparándolo con otros tipos de ecumenismo de corte más doctrinal o misionológico.  En el caso del llamado “ecumenismo práctico”, la unidad se forja desde el servicio o la diaconía de las comunidades cristianas.  Gottfried Brakemeier, ecumenista brasileño, nos dice que esta convicción tiene una larga historia. Solo habría que recordar al movimiento “Vida y Acción”, otra importante vena del Consejo Mundial de Iglesias, desde donde surgió este movimiento. Todavía retumba en la memoria la ya mencionada divisa que dice, mientras la doctrina divide la acción es la que une.   Dice Brakemeier lo siguiente:

“No se busca la unidad mediante la reflexión y el acuerdo teológico, sino mediante la acción, el compromiso común en las causas urgentes. Y los desafíos prácticos tienen naturaleza esencialmente “ecuménica”. Se colocan todos de la misma manera; la violencia, la destrucción ambiental, el desempleo y otros problemas semejantes no se orientan por créditos confesionales o religiosos. Alcanzan a todos por igual, no haciendo distinción alguna por cuestiones de credo.”

Así que este “ecumenismo de testimonio” prefiere dejar a un lado las intrincadas discusiones doctrinales de “Fe y Orden” y embarcarse, más bien, a dar prueba de la unidad mediante la acción profética y el servicio a la comunidad.  Es decir, que donde haya injusticia o pecado estructural, allí se manifiestan las comunidades cristianas de diverso credo, en pro del desarrollo y la vida plena.  Nacida en 1925 a raíz de la Conferencia Mundial sobre Vida y Acción en Estocolmo, este movimiento dedicó todos sus esfuerzos al servicio común en la vida concreta, esperando así hacer caer muchos prejuicios entre las Iglesias y fomentar un espíritu fraterno que permitiría realizar más fácilmente los objetivos de la unidad.

El crecimiento y el desarrollo del ecumenismo en Puerto Rico tienen una clara vertiente social y práctica.  Eso lo veremos en las líneas que siguen.  A pesar del énfasis civilizatorio del esfuerzo misionero que se condujo en Puerto Rico a principios de siglo XX, lo cierto es que el mismo también impactó social, económica y políticamente la vida de la nueva colonia y, aún hoy en día, continúa dando luces de testimonio en medio de los tiempos que nos ha tocado vivir.  Pero, antes de abundar en lo aseverado, echémosle un vistazo a una propuesta social de avanzada que encuentra en el esfuerzo ecuménico, un defensor y promotor. 

  1. Érase una vez una propuesta de avanzada para su tiempo….el voto de la mujer

 No cabe duda de que los misioneros y misioneras de las denominaciones protestantes y evangélicas que comenzaron a realizar tarea evangelística y misionera en nuestro país, a raíz de la invasión producto de la Guerra Hispanoamericana, obraban en el marco de una teología imperialista cuidadosamente tejida por los círculos políticos de la élite estadounidense.  A la vista están, entre otros, los señalamientos del Dr. Josiah Strong, Secretario General de la Sociedad  de Misiones de la Iglesia Congregacional en el oeste, quien para el 1891 hacía clara su postura misionológica en su libro Our Country, Its Possible Future and Its Present Crisis, lo siguiente:

El mundo tiene que ser cristianizado y civilizado.  Hay cerca de mil millones de la población mundial que no gozan de civilización cristiana.  Hay que sacar doscientos millones de estos del salvajismo…y con esos vastos continentes añadidos a nuestros mercados, con nuestras ventajas naturales logradas por completo, ¿qué puede impedirle a los Estados Unidos convertirse en el taller del mundo?

La ideología del doctor Strong es descrita por el profesor Silva Gotay como  perteneciente “al sector de la derecha de lo que se llamó el “evangelio social” en Estados Unidos.   Sin embargo, y a pesar de toda la ideología misionera de ese tiempo, lo cierto es que mucho del resultado de la prédica del Evangelio en la Isla redundó en la promoción de nuevos actores sociales y nuevos roles por vía de las experiencias de formación y participación en Escuelas Bíblicas, en directivas de congregaciones locales, desarrollo de programas, elaboraciones de presupuestos y otras dinámicas que son muy propias de las iglesias protestantes y evangélicas.  Todo esto fue creando un perfil liberal en el desarrollo del feligrés protestante y evangélico puertorriqueño que permitió la toma de posturas de avanzada, aún desde la extracción puritana de las mismas.  Un ejemplo de esto lo es la postura a favor del voto de la mujer, asumida en el 1917 por la Revista Puerto Rico Evangélico, instrumento de cooperación de las iglesias, fundada en 1912 y publicada desde una moderna imprenta en Ponce.  Lo cierto es que ya las mujeres venían participando de la vida de las iglesias y del desarrollo de la obra cristiana.  Son las nuevas prácticas de la participación social y religiosa las cuales alimentarían la eventual lucha por sus derechos.  En su declaración a favor del sufragio femenino, indica la Revista lo siguiente:

“Conseguido el voto de la mujer, alcanzaremos grandes reformas sociales, porque esas sus aspiraciones.  Si antes lo hubieran tenido, el licor, el juego y la prostitución ya hubieran desaparecido del mundo.”

Nótese que las mujeres consiguieron el acceso al sufragio en el año 1928, para quienes supieran leer y escribir, y en el 1935 para todas las demás.  Es decir, que temprano en el debate, las iglesias se colocaron en una posición de avanzada en relación con otros sectores sociales de la época.  A todo esto, se tendría que hacer honor a la labor médico-hospitalaria, educativa, relacional y de desarrollo humano que promovieron los misioneros en esta primera etapa de evangelización puertorriqueña, que de alguna manera fueron perfilando valores, posturas y creencias que ayudaron al desarrollo humano al menos en los primeros veinte o treinta años de predicación.

  1. Continúan los proyectos de colaboración: el Concilio Evangélico de Puerto Rico, PRISA, Misión Industrial, Proyecto Caribeño de Justicia y Paz y otros

Hemos mencionado el vehículo de expresión evangélica denominada “Puerto Rico Evangélico”, el cual continuó su publicación hasta la década de los 70.  Además de esta revista, la necesidad de seguir profundizando en torno a la unidad, sobre todo ante la hegemonía religiosa católica romana, promueve la formación de la Federación de Iglesias de Puerto Rico, lo que luego fue la Unión Evangélica de Puerto Rico, la Asociación de Iglesias de Puerto Rico, el Concilio Evangélico de Puerto Rico y, hoy en día, el Concilio de Iglesias de Puerto Rico.  Fundada en Ponce en el año 1905, la Federación cultiva los siguientes énfasis en la tarea de unidad de sus miembros:

    1. Edificar a las iglesias en la fe de nuestro Señor Jesucristo
    2. Preparar a las iglesias para lograr su propia solvencia económica
    3. Destacar el Día del Señor como señal de avance en el orden moral, social, religioso y físico de nuestra civilización.
    4. Enseñar con el precepto y con el ejemplo la total abstinencia del uso de licores.
    5. Respaldar nuestro sistema de instrucción pública y cooperar con el Departamento de Instrucción en la observancia de las leyes escolares en vigor.
    6. Velar para que se cumpla el principio constitucional de total separación de la iglesia y el estado.

Hay que destacar las temáticas sociales cubiertas por estos principios más que cuestiones doctrinales o de credos.  La Federación, desde un principio, se planteó el hecho de la colaboración orgánica en la promoción humana a partir de valores que las iglesias de ese tiempo compartían.  De ese modo, el Rvdo. Harry del Valle Irizarry, por muchos años líder de dicho Concilio, expresa que “este proyecto ecuménico tuvo (sic) éxito porque se transformó en proyectos concretos de colaboración.”  Indica Del Valle que “sus miembros no se conformaron con las declaraciones anti-católicos (sic), sino que trabajaron juntos en la educación teológica, las publicaciones, la educación universitaria, la educación de la salud, la planificación en el desarrollo de la misión y las capellanías universitarias y de hospitales.  De igual manera, los años 70 trajeron el testimonio de otros proyectos ecuménicos dirigidos a resolver situaciones que requerían un compromiso social más radical.  Entre ellos cabe mencionar al Movimiento Ecuménico Nacional de Puerto Rico (PRISA), Misión Industrial, el Proyecto Caribeño de Justicia y Paz, Conferencia de Cristianos por la Paz y, más recientemente el Diálogo de Reconciliación Nacional y la Coalición Ecuménica Pro-Vieques.

En continuidad con el planteamiento de obediencia evangélica y testimonio de vida abundante, se hace necesario plantar con Del Valle, los dos factores que han propiciado la efectividad de estos organismos en estos últimos años:

  1. La participación en debates que afectan a toda la sociedad por igual y el establecimiento de alianzas a favor del pueblo, sirviendo de instrumento para reivindicaciones concretas del pueblo.
  1. La participación de todos los sectores religiosos incluyendo los católicos romanos, pentecostales y sindicatos.  En la actualidad las jerarquías participan acompañando al pueblo; esto no se veía en el pasado.

 

De esa manera, la “obediencia evangélica” de nuestras iglesias y organismos ecuménicos, manifestada a través del siglo pasado y en continuidad con éste, se vuelve una expresión del “año agraciado de Dios” (Lucas 4:18-19) en el cual se anuncian las buenas nuevas a los pobres, a los oprimidos y cautivos, a los quebrantados de corazón.

  1. La obediencia evangélica al día de hoy

Posiblemente ya no contemos con algunas de las organizaciones ecuménicas que en el pasado engalanaron la voz profética y pastoral de nuestra conciencia cristiana.  Sin embargo, aquellas que quedan, como el caso del Concilio de Iglesias de Puerto Rico, siguen dando testimonio de esa obediencia evangélica, necesaria para mostrar a nuestro país de la misericordia, la paz y la justicia que predicamos y vivimos en Cristo Jesús.  Las Iglesias, representadas en el Concilio entienden su labor fundamentalmente como continuadoras de la misión de Dios en Jesucristo: anunciar al ser humano y a la creación la liberación de todo aquello que le quite o le impida la paz y la salvación.  Su tarea es, en consecuencia, ayudar al ser humano puertorriqueño para que encuentre paz espiritual, salvación para su vida y la transformación integral de su existencia. Por eso las iglesias acompañan solidariamente al pueblo en medio de sus dolores y proclaman la esperanza y la promesa de vida abundante. (Juan 10:10).   A la luz de su misión, han sido testigos del rudo golpe que se le ha asestado al pueblo, a raíz del despido de más de 20,000 trabajadores y trabajadoras del sector público, en unión con los más de 100,000 desempleados de la empresa privada en los últimos diez años.  Se trata del sufrimiento de decenas de miles de familias en una situación de completa indefensión y desasosiego, amén del efecto nocivo a la economía de nuestro país.  El Concilio ha manifestado que esto constituye el quiebre de la dignidad de la persona, manifestada en la privación de su sustento y de su vocación de servicio a nuestro pueblo.  Pero, más aún, la sociedad puertorriqueña en pleno se afecta, en vista de los escenarios que se van cerrando, la ansiedad y la frustración que se viene acumulando con cada decisión que esgrimen los políticos.
A todo esto, el panorama se complica.  Reseñamos brevemente los desafíos a un ecumenismo del testimonio y la esperanza:

  1. El proyecto de las Alianzas Público Privadas (APP’s) amenaza con destruir los empleos restantes luego de implantada la Ley 7. 
  2. Se está estructurando una reforma laboral para eliminar el estado de derecho laboral existente y esto redundará en la explotación de los trabajadores en este país. 
  3. Se enmienda la Ley de Cierre para beneficiar a las grandes empresas multinacionales, en detrimento de los pequeños y medianos comerciantes,
  4. Sedesarticula el Fideicomiso de la Tierra, afectando a las ocho comunidades que componen el Caño Martín Peña.
  5. Los niños, niñas y jóvenes formados por nuestro sistema de educación pública también están en riesgo cuando la responsabilidad de estructurar, operar y desarrollar programas en la educación pública es delegada a sectores empresariales privados.
  6. Se denuncia la nueva Ley de Permisología, la cual acelera la otorgación de permisos, menoscabando la participación ciudadana y los estudios ambientales. Con esto, les están garantizando los intereses a las personas que están de acuerdo con el modelo de privatización y desreglamentación, mientras se les niegan esos mismos derechos a las personas que reclamamos un país en el que nuestros hijos, hijas y nietos, puedan vivir saludablemente y con dignidad. 
  7. Los colegios y asociaciones profesionales sienten la amenaza a su existencia dada la descolegiación de los abogados en el país.
  8. Las organizaciones y las mujeres del Movimiento Amplio reclamamos que se nos garanticen los derechos adquiridos y que exista una perspectiva de género en la toma de decisiones.
  9. La selección de miembros del Tribunal Supremo de Puerto Rico a base de criterios políticos partidistas, lo cual pone en riesgo la justicia económica, social y cultural a la que tenemos derecho, sin distinción de clase social, estilo de vida o de género.

Uno de los desafíos que van quedando en el tintero tiene que ver con entender las fuerzas sociales y económicas que reproducen las acciones políticas que padece nuestro pueblo.  Estudiar el sistema y buscar la manera de “no amoldarnos a él sino renovar al espíritu de nuestro entendimiento” (Rom. 12) sigue siendo una tarea constante, realizada a través de encuentros, conferencias, investigaciones e iniciativas que complementen la necesaria oración y solidaridad en el servicio. Como Concilio de Iglesias, estamos acompañando a la Coalición “Todo Puerto Rico por Puerto Rico”, una organización compuesta por una amplia y diversa gama de sectores de la sociedad puertorriqueña. En ella coinciden servidores públicos, de la empresa privada, amas de casa, estudiantes, religiosos, laicos, comerciantes, artistas, profesionales de la salud, ambientalistas, cooperativistas, educadores, retirados, y, como lo define la propia Coalición en su página cibernética, “todo aquel ciudadano y ciudadana que habita en esta isla y cree en la necesidad de organizarnos para tomar acción y hacer de nuestro país uno mejor.” Dicho sea de paso, dos de nuestros líderes, el Obispo (E) Juan Antonio Vera Méndez y el Obispo Felipe Lozada Montañez son miembros de la portavocía de dicha entidad. 

También mantenemos vínculos de colaboración y apoyo con otras organizaciones tales como el Frente Amplio de Solidaridad y Lucha (FASyL), la Coalición Contra la Pena de Muerte, Misión Industrial, Proyecto Caribeño de Justicia y Paz y la más reciente Iniciativa de Oración y Esperanza por Haití, a raíz del terremoto que afectó a esta nación hermana.  Es decir, que las iglesias seguimos interpeladas a continuar practicando la obediencia evangélica a todos los niveles de nuestro trabajo pastoral, ministerial, diacónico, litúrgico y educativo.

  1. Conclusión

Concluyo de la misma manera que Rivera Pagán concluye su ensayo sobre “Fe y Política en Puerto Rico”, haciendo referencia al monje trapense Thomas Merton.  Me parece que la cita que se incluye en el mismo nos ilustra de manera elocuente sobre el mensaje bíblico para un testimonio eficaz, el cual nos servirá para proclamar la unidad en la Misión de Dios en el Puerto Rico de hoy:

"A través de toda la Biblia encontramos lo que podríamos denominar los cimientos de una teología de la liberación y de la resistencia... El 'pueblo de Dios' al que se dirige el mensaje de libertad es, de hecho, una pequeña nación o una minoría desterrada, constantemente llamada a oponer resistencia al poder indiscriminado de invasores y opresores...

Nunca debemos pasar por alto el hecho de que el mensaje de la Biblia es por encima de todo un mensaje predicado a los pobres, los agobiados, los oprimidos y los no privilegiados... y que el género humano avanza hacia un arreglo final de cuentas en que la historia misma verá que la injusticia de los opresores será castigada y que aquellos a quienes ellos oprimieron recibirán su justa recompensa.”

A través de la historia eclesial protestante y evangélica puertorriqueña, percibimos la resonancia de las palabras de Merton.  De alguna manera nuestras iglesias han resistido los valores dominantes y han expresado sus aspiraciones libertarias y justas en medio de los tiempos.  Ayer y hoy, sabemos que Cristo mismo está en aquellos y aquellas más menesterosos (Mateo 25:31-46).  Oremos al Señor de la Vida para que, desde un testimonio de unidad, podamos llevar a cabo la misión que encarne la obediencia al deber evangélico de proclamar vida y vida en abundancia.


Ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico.  Ostenta una Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, así como un Juris Doctor de la Universidad Interamericana de Puerto Rico y una Maestría en Divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico.  Por muchos años ha laborado como coordinador de programas y asesor del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) en temas de juventud, desarrollo y justicia económica.  Actualmente labora como Profesor Adjunto del Seminario Evangélico de Puerto Rico y es el Secretario Ejecutivo del Concilio de Iglesias de Puerto Rico. 

Rivera Pagán, Luis N. 2002. Fe y Cultura en Puerto Rico. Ediciones CLAI, Quito, pág. 63. 

Brakemeier, Gottfried. 2010. Curso de Ecumenismo. Ediciones CLAI, Quito. www.claiweb.org. pág. 1.

Brakemeier, Op. cit.

Buss, Theo. Movimiento ecuménico en la  perspectiva de liberación. 1996. Editorial Hisbol, La Paz.  Pág. 257.

Strong, Josiah. Our country, its possible future and its present crisis, 1ra ed. New York: Baker and Taylor, 1891, citado en Silva Gotay, Samuel. 197. Protestantismo y Política en Puerto Rico 1898-1930. Editorial de la Universidad de Puerto Rico, San Juan,  pág. 56.

Silva Gotay, Op.cit, pág. 57.

Figueroa Umpierre, Juan y Luis del Pilar. 2008. Los Discípulos de Cristo en Puerto Rico: Perfil de nuestra historia. La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico. Bayamón,  pág. 71; Silva Gotay, Op. Cit., págs. 227-229. 

Silva Gotay, Op.Cit, págs. 213-238.

Figueroa, Op.cit, pág. 62.

Del Valle, Harry. “El Ecumenismo del siglo XXI” en ASEL. De Getsemaní a la Pascua: Transformar la realidad por medio de Jesucristo. Acción Social Ecuménica Latinoamericana. Matanzas, pág. 15.

Del Valle, Op.cit.

En medio de la crisis…consuelo, solidaridad y esperanza.  Comunicado de prensa del CIPR del 13 de marzo del 2009.

Véase las declaraciones de la Coalición Todo Puerto Rico por Puerto Rico en su página cibernética www.todopuertorico.org

Merton Thomas. 1999. Leer la Biblia: una gran aventura espiritual. Barcelona, Oniro, págs. 64-65.