CONCEJO ECUMÉNICO CRISTIANO DE GUATEMALA
CONSEJO LATINOAMERICANO DE IGLESIAS CLAI
CONFERENCIA SOBRE MISION E INTEGRIDAD
GUATEMALA 20 DE ABRIL DE 2010
REVMO. OBISPO ARMANDO GUERRA
IGLESIA EPISCOPAL DE GUATEMALA
PRIMADO DE IARCA
Por muchísimos años, para la Comunión Anglicana la misión como tal fue muy restringida al mundo de la nobleza, especialmente a las colonias británicas, al imperio. La presencia anglicana, a pesar de que se remonta a cientos de años en algunos países, siempre se dio como una acción de acompañamiento a los expatriados que venían a trabajar o a cooperar en algunos programas especiales de las industrias y compañías inglesas.
En ese sentido, el interés básico durante muchos años fue el acompañar a los anglicanos que se establecían no solamente en América Latina, sino que a nivel mundial. Claro que en otros contextos como en la India y África, es un poco distinto porque llegaron a ser colonias de Inglaterra en algún momento. Esto de algún modo puso a la iglesia simple y sencillamente como una iglesia de mantenimiento y la misión en un segundo plano.
Fue precisamente la iglesia católica la que abrió los ojos de la Comunión a mediados del siglo XX, después de un análisis serio que hizo de su trabajo en el continente, declararon toda el área, como área de misión, probablemente con el fin de atraer a los alejados y de reforzar el trabajo hacia adentro, pero para el caso de la iglesia anglicana y para otras denominaciones fue lo que alertó en la necesidad de hacer algo también.
Es importante subrayar que la iglesia anglicana no hace esfuerzos concretos por atraer miembros a su iglesia o por convertir a alguien, sino hasta después de que se hace un reconocimiento que era necesario haber creído que la evangelización había dado todos sus frutos en América Latina y el mundo y de repente nos damos cuenta que la tarea es muy grande, y no se ha podido cumplir de manera completa.
A partir de ahí se afirma que es necesario salir del modelo de capellanías en donde el objetivo es sostener a los miembros de la iglesia que viven fuera del territorio británico y empezar un trabajo de misión, en el sentido no de proselitismo sino en el sentido de extender el reino de Dios, afianzarlo y reforzarlo en donde quiera que tuviéramos presencia. A eso se agrega el hecho de empezar a dar lugar a grupos de cristianos locales, al principio era cuestión de reunirse los miembros de la familia y tener su atención pastoral, pero quedaba pendiente el hablarles de la palabra de Dios y lo que Cristo significa en la vida, quizá por la idea de que esto ya estaba hecho, o con el fin de no entrar a competir en la lucha de ganar almas, sino con el objetivo de servir a la causa evangelizadora.
Se empezaron a formar grupos autóctonos que adoptaron el modo de vida anglicano, lo que da inicio a todo un movimiento de trabajo misionero.
Las cosas han cambiado desde 1910. Ha cambiado cómo las iglesias se ven unas a otras, así como ha cambiado el sistema de vida de la gente.
El siglo XXI es un siglo que se caracteriza por un mundo ya secularizado. Nunca antes hubiéramos pensado que hubiera un cuestionamiento como lo ha habido a las iglesias en estos últimos 25 años. Esta crisis que vive la iglesia católica actualmente, nosotros ya la vivimos hace una década más o menos y fue una situación difícil que conmovió el cimiento de la iglesia en todas partes. Todavía hoy estamos saliendo de algunos problemas en Canadá y Estados Unidos, por ejemplo. Sin embargo, después de las crisis, finalmente salimos con un modelo para responder a estas situaciones.
Otro aspecto interesante que ha cambiado en la misión, es que en la Comunión Anglicana la misión estuvo en manos no de la iglesia ni de las personas de forma individual, sino de las sociedades misioneras y la conferencia de Edimburgo básicamente es una reunión de sociedades misioneras que apoyan y financian el trabajo misionero a nivel mundial. Ese modelo es muy compartido por otras iglesias protestantes, donde sus grupos misioneros forman una especie de fraternidad, son los que promueven la misión.
Es diferente en los Estados Unidos, pues ahí se establece que la iglesia es una sociedad misionera, en donde todos sus miembros son misioneros, lo cual marca diferencia de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos con las iglesias anglicanas del resto del mundo, no es una Sociedad la que mueva la misión, sino que la iglesia se organiza como una Sociedad Misionera en la que todos sus miembros son socios misioneros, lo cual tiene un impacto fuerte en el desarrollo del concepto del “qué soy yo como cristiano dentro de la iglesia”, lo que se plasma directamente en el bautismo y en la confirmación.
En los ritos anglicanos viene un comisionamiento a la misión, la persona bautizada no lo es solamente para ser miembro de la iglesia, regenerado en Cristo, lavado de su pecado y ser creatura nueva, sino también para recibir una comisión, lo cual se reafirma con la confirmación que se hace a una edad más madura, en la que se le manda o envía a realizar la proclamación del Reino y el anuncio de las buenas nuevas.
Por eso cuando hablamos de misión a nivel de Comunión es un poco difícil entenderlo, porque en la iglesia Episcopal todos somos misioneros, pero en el resto de la comunión hay sociedades misioneras específicas para hacer su trabajo.
Esta nueva conferencia de Edimburgo que conmemora el centenario no será muy diferente a la anterior, en el sentido de convocar a las sociedades misioneras, que serán las que van a asistir. Por largos años yo estuve sirviendo en la Comisión Internacional de la Misión y Estrategia de la Iglesia de la Comunión Anglicana, y siempre es cuestión de lidiar con las sociedades misioneras y lo difícil de cambiar algunos estereotipos de cómo hacer el trabajo.
En el proceso se han destacado puntos importantes en la importancia de fijar criterios y convenios entre las mismas sociedades misioneras, tanto anglicanas como de otras iglesias protestantes, para poder hacer el trabajo de forma ordenada y no crear caos.
Quizá una de las cosas que más se lamenta en la Comunión en relación con la Misión, es el tema de la sexualidad humana que ha drenado mucha energía, como pueda ser que va a pasar con la iglesia católica en este problema relacionado con la sexualidad humana también. El estar lidiando con estos problemas le ha costado más de una década a la Comunidad Anglicana y eso ha obstaculizado hacer su trabajo en la misión de la iglesia, razón fundamental de su existencia.
Criterios para el trabajo de la misión en el mundo:
- La importancia de que en el proceso de hacer misión reconozcamos a Jesús en el contexto en el que le toca vivir al otro. Cómo Jesús puede verse en una cultura distinta a la nuestra y cómo podemos ser evangelizados desde esa perspectiva? Aceptar que Jesús actúa en la vida de otros y en las situaciones que a otros les toca vivir, que no necesariamente son las mismas que yo tengo en mi propio contexto.
- Con implicaciones de carácter ecuménico, la importancia de apoyarnos unos a otros y de unir esfuerzos en la misión. Recuerdo a uno de mis compañeros espirituales hace muchísimos años, que le gustaba decir que teníamos que evitar hacer misión unos contra otros. En nuestro propio contexto, en donde el proselitismo es la forma tradicional de hacer misión, es difícil ver con claridad esto, pues probablemente se pueda creer que la iglesia episcopal quiere quitar miembros a la iglesia católica o esté predicando en contra del trabajo de hermanos de otra iglesia. Entonces, debe insistirse en que nos apoyemos mutuamente, un llamado a que participemos juntos en el hacer misión, como parte del cumplimiento del llamado que Dios nos hace a todos en la misión de proclamar el Reino, no unos contra otros, sino juntos hacer la obra de atraer a otros a los pies del Señor.
- El aprecio y valoración a las expresiones de identidad religiosa y de espiritualidad que se puedan dar, como parte importante de las formas actuales de hacer misión. Esas expresiones, que probadamente vienen de raíces culturales distintas o que se dan en contextos diferentes. Aprendí en el contexto nuestro, cómo esto desafortunadamente las iglesias evangélicas no lo han visto con claridad, y cuando llegan a una comunidad quieren darle vuelta a la forma de vida de la gente, sin apreciar sus expresiones de identidad en Cristo. Y esto nos ha hecho mucho daño, pues contribuye a la división de la familia y la comunidad.
Nos viene bien recordar siempre las recomendaciones del Papa Gregorio a San Agustín sobre traer todo aquello que era bueno de la cultura nativa en Inglaterra, y desechar las que no.
A nivel ecuménico, si efectivamente compartimos nuestra fe y tratamos de ver una meta común en la misión que queremos alcanzar, explorar diferencias y desencuentros, lo cual podría abrir muchas posibilidades de crecimiento y aprendizajes, pero que desafortunadamente no se ha aprovechado.
El poder vernos como hermanos que compartimos una meta común será la señal del reino entre nosotros. Quizá no lo vemos tan importante porque vivimos en una sociedad donde de manera dominante el cristianismo tiene la primera posición, pero si fuéramos grupos pequeños viviendo en un contexto como el Islam por ejemplo, quizá tendría más sentido que nos unificáramos y buscáramos hacer un frente común. En Guatemala no tenemos ese problema que vive la iglesia cristiana en los contextos musulmanes, que es terrible, pues es penalizado hablarle de Cristo a otros, por lo que el trabajo de la iglesia va hacia los grupos de expatriados.
- Alegrarnos con el que se alegra y entristecernos cuando alguna parte del cuerpo sufre, es parte del mandato que Dios nos ha dado. Por ejemplo ser solidarios con la crisis que enfrenta la iglesia católica ahora. La misión nos llama a celebrar juntos los éxitos y llorar juntos también las dolencias que tenemos las diferentes iglesias.
- El llamado a compartir recursos en el trabajo de la misión juntos. Sabemos que algunos tienen más recursos que otros, que pueden ser recursos financieros, talentos repartidos. La posibilidad de acudir a otros hermanos para un apoyo en lo que se pueda y quiera en el trabajo de la misión conjunta, quizá es un camino no emprendido todavía, pero para esto necesitamos entender que estamos trabajando para una misión, una meta y un objetivo común.
- La reconciliación es un tema importante que no debe perderse en el proceso de hacer misión. Ser agentes de reconciliación en sociedades sumamente fragmentadas como la nuestra. Ser reconciliadores dentro de la iglesia misma que sufre, se fragmenta y lastima en el proceso de hacer misión. Vivir la promesa de la reconciliación, para nosotros y para el mundo: el que Dios está en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo.
Una misión vista desde esta perspectiva podría tener mucho significado en Guatemala, pero es necesario cambiar muchos paradigmas sobre cómo hacer misión, el tesoro más precioso que Dios ha puesto en nuestras manos y la razón de ser de la iglesia.
