Misión y Unidad: Retos y Desafíos
Una vivencia esperanzadora de la
Pastoral de Mujeres de Justicia y Género de Puerto Rico
Rev. Yamina Apolinaris y Profa. Nina Torres-Vidal
(Este trabajo es una muestra del análisis y la reflexión que surgen del diálogo continuo que se da en la Pastoral de la Mujer y Justicia de Género de Puerto Rico. El texto que aparece a continuación intenta ser fiel a la dinámica y al espíritu compartido que prevaleció durante la presentación.
- Las integrantes de la Pastoral de Mujeres de Justicia y Género. . .
YA: . . .Somos mujeres: atrevidas, curiosas, diversas, comprometidas. Hacemos preguntas, buscamos respuestas, señalamos problemas, ofrecemos soluciones. Conocemos, por experiencia, en carne propia, la realidad de ser y vivir como mujeres en una sociedad que sistemáticamente ha valorado como lo superior y deseable lo relativo a los Hombres y como inferior y menos deseable lo relativo a las Mujeres. A partir de esta experiencia de marginación, hemos creado modelos nuevos de juntarnos, de organizarnos, de trabajar juntas, de crear vínculos, de servir, de celebrar, de alabar…
NTV: Somos mujeres de Iglesia, mujeres de fe, protestantes y católicas – cristianas que hemos aprendido a profundizar en la Palabra. En este esfuerzo intencional, descubrimos que nuestros sueños y anhelos se ven reflejados en las vivencias de tantas mujeres- anónimas o nombradas, y también en las de varios hombres, que reflejan lo que somos y lo que queremos ser.
NTV: Como Eva, …… tratamos de descifrar el mensaje de la Divinidad para nosotras;
YA: como Sarah, ……queremos ser capaces de reír ante las sorpresas de Dios;
NTV: como Agar, …… esperamos encontrar agua en medio del desierto;
YA: como Judit, …… intentamos discernir los tiempos para actuar con sabiduría;
NTV: como María de Nazaret, … anhelamos amar a Dios con una entrega y disponibilidad radical
YA: Además, somos como Moisés………. llamadas a abrir caminos aun en medio del mar;
NTV: somos como José. . . ……
YA : ¡ porque nos encantan las túnicas de colores…. (¡!)
NTV: … (¡Yamina! J) Queremos ser como José……. el papá del Niño…, (¡Ahhhh!) quien aun frente a los sinsentidos, supo aceptar con serenidad la voluntad de Dios…
YA: Pero sobre todo…. queremos ser como Jesús: amorosas, respetuosas, persistentes, inclusivas, solidarias… Como él y por él nos comprometemos día tras día a poner nuestras palabras, nuestros cuerpos, nuestro trabajo, nuestros actos. . ., nuestras Vidas, al servicio de la justicia, del amor, de la paz… al encuentro solidario con las demás, con los demás…
- Presentamos algunas de las realidades y desafíos que enfrentamos en tanto mujeres y en tanto mujeres de fe.
NTV. Realidad: El discrimen por razón de Sexo/género:
Yo quise ser como los hombres quisieron
que yo fuese: un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Julia de Burgos
La primera realidad es que nacemos en una sociedad en la que las diferencias naturales entre los hombres y las mujeres (el sexo) han sido utilizadas histórica y sistemáticamente para marginar, controlar y discriminar en contra de las mujeres y eso marca nuestras vidas para siempre. A partir de la identificación biológica, somos criadas, educadas, moldeadas…es decir, socializadas y en gran medida domesticadas, para pensar, actuar, comportarnos y valorarnos , dentro de unos parámetros construidos desde el poder no compartido, para lo que se considera deseable en una mujer. A esa socialización—que es, en realidad, una construcción social, una hechura humana y no un acto natural, (y muchísimo menos divino), y que tiene su punto de arranque en la subvaloración de las mujeres frente a los hombres —se le llama construcción de género. Esa socialización nos lleva a creer y a internalizar que somos inferiores a los hombres en valor, en capacidades, en derechos, y lleva a los hombres a creer y a internalizar que son superiores a las mujeres en valor, en capacidades, en derechos. Una socialización que devalúa, minimiza, excluye, atropella a más de la mitad de la humanidad y limita sus posibilidades y oportunidades de desarrollo pleno, por razón de su sexo, es injusta.
Todavía hoy, en el siglo XXI, en el Puerto Rico donde tanto se han estudiado y discutido estos temas, donde existe tanta legislación de avanzada, donde la mayoría del estudiantado de las escuelas y universidades está compuesto por niñas y mujeres, donde la fuerza trabajadora es mayoritariamente de mujeres, donde las mujeres votan, y guían y viajan solas, y crían solas también… donde hubo una gobernadora, donde hace muchas décadas existe un activismo de mujeres organizado … …el sexismo sigue vivito y coleando.
Porque, no lo dudemos, el patriarcado y el sexismo, aun heridos de muerte, se reinventan. Desde las prácticas más evidentes –la violencia doméstica, la violación, el hostigamiento sexual, la restricción de derechos humanos fundamentales-- educación, servicios de salud apropiados, … hasta las más sutiles, el lenguaje, los chistes, y la publicidad sexista, o más insidiosas…los ataques a la moral o a la identidad sexual como forma de desacreditar, silenciar, o sacar de carrera…entre muchas otras prácticas. . . todas persisten y las mujeres nos enfrentamos a ellas día tras día…
YA: ¿Cuál es entonces nuestro desafío? Nombrar, Denunciar
NTV : Identificar, nombrar, visibilizar, denunciar, desde la mirada y las experiencias de las mujeres, desde una perspectiva de género, y desde nuestro convencimiento y compromiso de fe, las múltiples formas que va tomando el sexismo. Nuestro desafío es contribuir a erradicar las creencias y prácticas sexistas que todavía hoy y en todas partes del mundo afectan a niñas y mujeres. Nuestro desafío es ayudar a criar niños y niñas que vivan y practiquen el respeto, la solidaridad, la equidad, la paz. Nuestro desafío es invitar a otras mujeres a mirar sus vidas con nuevos ojos, a atreverse a soltar amarras, a caminar sus propias rutas hasta ¨alcanzar el beso de los senderos nuevos¨.
YA. Realidad: Fragmentación
A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.
Julia de Burgos
A pesar de que las mujeres (y las niños y los niños que siempre andan con nosotras) seguimos viviendo situaciones de violencia e inequidad, ni el Gobierno, ni las Iglesias, en tanto instituciones sociales rectoras asumen un compromiso coherente o concertado, para abordar, analizar y entender, desde una perspectiva de género, desde la experiencia de las mujeres, los múltiples problemas que acarrea el sexismo. Al contrario, en un aleteo desesperado, por seguir manteniendo el status quo, tanto en el mundo religioso como en el laico, se demoniza el género como categoría de análisis, y se desprestigia o se descalifica a las mujeres que reclamamos que se utilice lo que resulta en que se descarte nuestro reclamo de antemano.
La fragmentación ha sido siempre una estrategia de los poderosos para neutralizar y separar, y las mujeres hemos vivido esa fragmentación en diferentes escenarios. Enfrentarnos, crear categorías y subcategorías entre las mujeres—las buenas, las malas; las obedientes, las peligrosas, las que merecen ¨el homenaje¨ y las que se ¨tuercen¨…
Las mujeres de fe que asumimos la perspectiva de género como una de nuestras categorías de análisis vivimos una experiencia de marginación doble: Por un lado, en las iglesias se sospecha de nosotras, se nos acusa de ser inmorales, de atentar contra los valores de la familia, de ser desobedientes, de ambicionar el poder, de no querer someternos, de no amar la Iglesia…y por consiguiente a nuestras hermanas en la fe se les hace difícil escucharnos, acceder al diálogo, abrirse a considerar nuestras perspectivas como propuestas válidas, a plantearse otras posibilidades de vida ….por miedo, por obediencia, para no ser señaladas. ….De otra parte, en la sociedad laica, entiéndase que nos referimos a los movimientos de mujeres organizados bajo la perspectiva de género, se genera una actitud mixta: por un lado de incredulidad y por otro de sorpresa. Incredulidad porque prevalece el estereotipo de que las mujeres de iglesia somos personas ignorantes, no pensantes, sumisas, unas fundamentalistas a rajatabla (con la carga peyorativa que ha adquirido la palabra fundamentalista) y por lo tanto, casos perdidos…
La otra actitud es de ¡SORPRESA! Es que no pueden creer que existamos: ¿¡Ustedes quiénes son!? ¿Y dónde están? ¿Dónde se congregan? ¿Qué están haciendo en sus iglesias? Y entonces, muy tentativo: ¿Cómo podemos llegar a conocerlas mejor? ¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente? No hay que olvidar que para muchas de nuestras colegas, la religión organizada y las prácticas religiosas siguen siendo ¨el opio de las masas¨, y se les dificulta ver las conexiones entre nuestro activismo o nuestra mirada crítica con nuestra fe, con nuestra espiritualidad, con una práctica religiosa liberadora, sanadora, agradable a los ojos de Dios. Y como en los dos mundos se alimentan las oposiciones: buenas, malas, santas, pecadoras… las mujeres cristianas (buenas, como Dios manda), y (horror), las feministas ¨del mundo¨ listas para hacer caer a las demás…el empezar a conocernos requiere empezar a desembarazarnos de nuestros propios prejuicios.
NTV : Desafío: Cerrar brechas: construir comunidad, proceso de vida
Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia, de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres, de todas las mujeres, de los niños de las niñas , de todas las épocas, de hoy y de mañana… (con perdón de Julia)
Una de las fortalezas más significativas que pueden y suelen ir desarrollando las personas y los grupos que han experimentado formas de marginación, y han reflexionado sobre ella, es la capacidad de abrirse a conocer y establecer vínculos con otras personas o grupos que tradicionalmente han identificado desde sus diferencias, desde la Otredad. Conocernos, ir reconociendo entre las diferencias aquellos elementos comunes que nos acercan en vez de distanciarnos ; respetar, valorar e incorporar las diferencias teniendo presente que las diferencias legítimas no pueden ser nunca razones para excluir; desarrollar proyectos, tener metas común, reír, llorar, celebrar, amistarnos … contribuye a desarrollar redes de confianza y a crear comunidad.
Las mujeres tenemos muchas experiencias de este tipo. La convivencia en la cotidianidad, en el día a día, ha sido instrumental en contribuir a derribar muchas de las barreras que tradicionalmente nos han separado. Esa experiencia nos ha ido enseñando que es mayor y tiene más fuerza lo que nos une que lo que nos separa. Se nos va haciendo cada vez más fácil reconocer en las vidas de otras mujeres y sus afanes, nuestras propias vidas y nuestros propios afanes. También se nos ha ido revelando que, esas GRANDES diferencias que nos separaban, no lo eran tanto, y que como bien señala María Elena Walsh ¨siempre nos separaron los que dominan¨ , y lo hicieron y siguen intentando hacerlo, para asegurar sus propios intereses y poder. Los proyectos de convivencia y paz más permanentes y eficaces no se gestan en las esferas de poder sino entre la gente, en la vida práctica…. Porque es ahí, en la cotidianidad, donde las mujeres nos encontramos y compartimos desde nuestra diversidad teológica, social, económica, educativa (entre otras…) las múltiples maneras de vivir la fe y hacer teología.
Tanto en el mundo ¨secular¨ como en el de la Iglesia, las mujeres hemos trabajado para ir cerrando brechas… con palabras nuevas, rellenando huecos… con actos de solidaridad y confianza, y tendiendo senderos nuevos,… por donde podamos caminar -- hombres mujeres niñas y niños-- en justicia, en libertad, en plenitud.
YA: Nina, Tú y yo formamos parte de … ese grupo de mujeres a las que no nos amedrentan (atemorizan) las diferencias, todo lo contrario, nos sirven de estímulo para el conocimiento y la creatividad.
Destacamos dos grupos de mujeres ecuménicos… Fuimos miembros fundadoras de COMMADRES (Comunidad de Mujeres Agrupadas para el Diálogo y Respuestas Ecuménicas ) y también de la Pastoral de Mujeres de Justicia y Género del CLAI.
En las dos instancias las integrantes fuimos intencional en:
- · Compartir el poder y las responsabilidades: En COMMADRES se trabajaba en equipos y se compartían todas las responsabilidades. En la Pastoral de Mujeres de Justicia y Género del ClAI los planes de trabajo se preparan entre las integrantes, y en vez de una, hay tres coordinadoras que ayudan a facilitar el trabajo del grupo aunque una asuma las funciones administrativas.
- Respetar las prácticas, el lenguaje religioso, a la tradición de cada integrante e integrarlo (no invisibilizarlo ni homogeneizarlo) a nuestra cotidianidad.
- Trabajar/cooperar con otros grupos laicos de mujeres comprometidas con la justicia de género reconociendo nuestras diferencias, pero subrayando lo que nos une con el fin de alcanzar metas comunes.
- Hacer y ofrecer nuestro trabajo tomando como punto de partida nuestra vocación y nuestro compromiso de fe; un trabajo que se hace desde la fe, desde las iglesias, para las iglesias y para la sociedad en general.
- Poner en el centro de nuestro trabajo a la gente a quienes servimos y sus múltiples necesidades. (particularmente las mujeres en toda su diversidad, las niñas y los niños)
NTV : A las integrantes de la Pastoral de Mujeres de Justicia y Género del CLAI (como también a las COMMADRES) nos importa mucho lograr que la justicia, la ternura, la solidaridad, el compromiso, la paz, el cristianismo, el ecumenismo…. no sean para nosotras sólo conceptos o discusiones intelectuales, palabras que de tanto repetirse, a veces nos suenan desteñidas y gastadas. La palabra eficaz es aquélla que se encarna en nuestros actos, que modelamos en nuestra convivencia, que se convierte en testimonio de vida
El ecumenismo, lo mismo que la paz, la justicia, la equidad, la libertad…no son realidades rígidas y acabadas. Son experiencias de vida que se construyen, que se trabajan, día tras día.
YA: Realidad: La Invitación
“Al ver Noemí que Rut estaba tan resuelta a ir con ella, no insistió…Cuando entraron en Belén, toda la ciudad de conmovió por su causa y exclamaban: ¿No es esta Noemí? Pero ella les respondía: ¡No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque el Todopoderoso me ha llenado de amargura! Me fui llena, con las manos vacías me devuelve Yavé. Y así regresó Noemí y con ella su nuera, Rut, la moabita”. Rut 1:18-22
Como mujeres cristianas, la misión la visualizamos como una invitación a sentarnos a la mesa. Siendo así, participar de la mesa de la misión ha sido de particular interés para nosotras, como se puede notar en un gran número de recuentos bíblicos. Con todo y el peso del patriarcado, no se ha podido opacar la pasión de las mujeres por participar en la construcción del Reino. Pero por siglos, la mesa fue un lugar excluyente. Era el lugar donde se sentaban los que tenían el poder para definir la misión, controlar los recursos y distribuir los beneficios. A esa mesa se acudía sólo si se era invitado/a y claro está, para nosotras durante muchos siglos no hubo lugar. El lugar estaba en la periferia: en la cocina, preparando los alimentos, en el servicio y en la limpieza, colocando manteles y velas, organizando los papeles y los libros que usarían los encargados de la mesa… ¿Qué queremos decir con esto? Con esto queremos decir que no ha habido ministerio en el que la mujer no haya dejado sus huellas. No hay un templo en este país donde las mujeres no hayan dejado las huellas de sus manos preparando pasteles y friendo alcapurrias. No hay barrios donde las mujeres no hayan dejado las huellas de sus zapatos repartiendo tratados y recogiendo niños y niñas para la Escuela Bíblica. No hay proyecto social de la Iglesia donde la presencia de las mujeres no haya sido fundamental para su creación y sostenimiento. Por otro lado, a las mujeres se nos ha querido ver sólo como objetos de la misión.
Por mucho tiempo la participación de las mujeres fue limitada a acompañar a sus esposos y apoyarles en sus tareas ministeriales. A alguna que otra de nosotras, se nos distinguía y se nos hacía el honor de invitarnos a la mesa, pero a adornarla, cual florero exquisito y delicado. Esta actitud machista siempre se ha encontrado con la resistencia de mujeres que se sienten no objetos sino sujetos de la misión. En aquellas que se lanzaron aún contra viento y marea a ser protagonistas de la misión, en muchísimos casos ese protagonismo fue opacado o minimizado, haciendo entender que sus tareas eran secundarias. Se nos otorgaba la bendición de sostener la misión, pero se nos “liberaba” del esfuerzo de planificar, organizar y tomar decisiones.
De ahí que por siglos las mujeres hemos estado acompañando a una iglesia a la que se le dificulta reconocer nuestra presencia. Como Rut ante Noemí, hemos comprometido nuestra vida y esperanza con una Iglesia que, a pesar de nuestra presencia, se sigue sintiendo sola; a pesar de nuestro compromiso, sigue encontrándose vacía; a pesar de nuestra respuesta, lanza de forma desesperada una queja de angustia, porque los hombres la han abandonado y teme perecer.
Y nosotras aquí, insistiendo y resistiendo. Esas son dos de las características de las mujeres de la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento. Las mujeres insistimos, nos empeñamos, resistimos y hacemos lugar porque sabemos que nuestro lugar está ahí.
Ya hoy se nos dice que estamos invitadas a la mesa, incluso se nos ha hecho un espacio, un lugar. Claro está, se nos han asignado normas y condiciones para estar en la mesa; porque después de todo sigue siendo un privilegio el ser invitadas.
NTV : Desafío: Reconocer que estamos por derecho propio
Estaba también allí Ana, profetisa…y no se apartaba del Templo, sirviendo de día y de noche… Esta presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. Lucas 2:36-38
Como mujeres, creemos que la misión es la mesa que nos reúne a todas y todos. Es Cristo quien nos convoca, sin excepción de sexo/ género, raza/ etnia, recursos intelectuales o económicos. Por lo tanto, es proyecto que asumimos por derecho propio. Sentirnos invitadas por quienes aún dominan tanto los planes y proyectos como los recursos para realizar la misión, es sentirnos como agregadas. Significa también que, hay poca consideración y planificación desde la perspectiva de género. Esto significa que nuestras visiones y nuestras experiencias como mujeres con frecuencia no son reconocidas, mucho menos tomadas en cuenta. Tenemos, por lo tanto, que hacer el esfuerzo por “encajar”, por ser una más en el grupo y ajustarnos, porque después de todo, si miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta que no son muchas las mujeres en posiciones que representen la toma de decisiones y el control del uso de los recursos.
Para las mujeres de la pastoral el desafío no es controlar, el gran desafío es poder estar en la mesa no como invitadas sino por derecho propio. Estamos esperanzadas y comprometidas con adelantar ese día cuando ni las mujeres, ni las personas que por tantas y tan diversas razones hoy son excluidas, ignoradas o invisibilizadas, en unas mesas más que en otras, no lo sean más. Participamos de la mesa porque queremos hacer espacio. Porque creemos que Cristo es el que no sólo nos invitó sino más aún nos concedió un lugar.
YA: A la mesa traemos nuestros cuerpos, expresiones visibles del aliento de vida, del Espíritu. Cuerpos que llevan las marcas y cicatrices de lo que somos, de lo que hemos vivido, pero también de lo que nos han hecho otros. La iglesia necesita de nuestro cuerpo, con sus cicatrices y marcas, pero presente y dispuesto. A la mesa traemos nuestra mente, como un ejercicio racional. Asumimos una disposición mental y espiritual de análisis y discernimiento. En lo que respecta a las mujeres, por siglos se pensaba que éramos seres exclusivamente emocionales y que la razón escapaba nuestra naturaleza humana. ¡Cuánta equivocación! Este prejuicio es precisamente el que se encuentra tras la ley que prohibía a María la hermana de Lázaro sentarse a escuchar a Jesús. Y ella sin pedir permiso a nadie y reclamando su derecho y su interés se sienta como los demás discípulos a los pies del maestro y éste no la rechaza ni le llama la atención, sino todo lo contrario, le distingue y la defiende señalando que ésta ha escogido la mejor parte y no le será quitada. A la mesa traemos una visión comunitaria/misionera. Como resultado del encuentro con Jesucristo nos sentimos convocadas a compartir las Buenas Nuevas. El texto de Lucas es muy revelador: por un lado Simeón va al templo movido por el Espíritu, mientras que Ana estaba allí todo el tiempo. Simeón al ver al niño dio gracias a Dios porque habiendo visto con sus propios ojos la redención de Dios, podía llamarle a su presencia, mientras que Ana se regocija al ver la oportunidad de comenzar en un nuevo proyecto misiológico, compartir las buenas nuevas de la redención de Dios en Cristo Jesús. No estamos en una carrera desenfrenada donde cada cual busca llegar como pueda, somos un cuerpo en Cristo que procuramos no desmembrarnos en el camino sino, juntas, continuar adelante, acompañándonos, sosteniéndonos y propiciando la voluntad de Dios que es todo lo bueno, todo lo justo y todo lo agradable.
NTV Joan Chittister, en su libro “Odres Nuevos”, nos relata una historia de los sufíes;
“La historia dice que hubo en el pasado un santo varón que vivía como ermitaño en la montaña y al que un discípulo preguntó: Santo padre, ¿cuál es el Camino? ¡Qué fantástica montaña es ésta- dijo el venerable en respuesta-. No te pregunto por la montaña- dijo el discípulo-, sino por el Camino. Y el santo varón respondió: Dado que no puedes ir más allá de la montaña, no puedes llegar al Camino”.
Concordamos con Joan Chittister, que el movimiento femenino (sic) suscita las cuestiones más importantes de la vida. Nos fuerza a afrontar, pensar y abordar la naturaleza de nuestras relaciones, la naturaleza de la humanidad y la naturaleza de Dios (p.194).
Desde la Pastoral de Mujer y Justicia de Género reconocemos que en la Iglesia hemos adelantado muchos pasos en lo que respecta a la participación de la mujer en la misión; pero aún no llegamos al Camino. Necesitamos superar montañas de prejuicios, de desigualdad, reflejados en nuestra conceptualización de Dios y de nosotras/os mismas/os. Juntas, con esperanza seguimos caminando mientras cantamos:
Porque el camino es árido y desalienta.
Porque tenemos miedo de andar a tientas
Porque esperando a solas poco se alcanza
Valen más dos temores que una esperanza
Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.
Si por delicadeza perdí mi vida
Quiero ganar la tuya por decidida.
Porque el silencio es cruel peligroso el viaje
Yo te doy mi canción tú me das coraje.
Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.
Ánimo nos daremos a cada paso
Ánimo compartiendo la sed y el vaso
Ánimo que aunque hayamos envejecido
Siempre el dolor parece recién nacido.
Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.
Porque la vida es poca la muerte mucha
Porque no hay guerra pero sigue la lucha
Siempre nos separaron los que dominan
Pero sabemos hoy que eso se termina.
Dame la mano y vamos ya, dame la mano, y vamos ya.
Canción de Caminantes
(María Elena Walsh)
Yamina Apolinaris es Pastora Bautista y fue Ministra Ejecutiva de las Iglesias Bautistas de Puerto Rico. Actualmente es Directora de la Corporación Milagros de Amor, una ONG que sirve a las personas más necesitadas.
Nina Torres-Vidal es católica laica, profesora de lengua y literatura en la Universidad del Sagrado Corazón.
Ambas son defensoras de los Derechos Humanos y participan en organizaciones que reivindican los derechos de las mujeres, de los niños y las niñas. Son miembros fundadoras de COMMADRES y son integrantes de la PMJG del CLAI.
