Misión y Evangelización

En el mes de junio 2009 se realizó en el Seminario Evangélico de Matanzas/Cuba el seminario conmemorativo por los 80 años del Congreso Iberoamericano de la Habana. Este Congreso de 1929 marcó especial importancia porque fue el primer encuentro acerca del tema de la misión y evangelización de América Latina organizado por latinoamericanos y realizado en español.  El evento conmemorativo hizo una actualización de los contenidos discutidos hace 80 años y reafirmó la necesidad de volver constantemente a trabajar el tema de la misión y evangelización desde la perspectiva del Sur

Todas las ponencias y las conclusiones están reunidas en el libro: Misión y Evangelización en América Latina y el Caribe para el Siglo XXI, publicado por del Departamento de Comunicaciones del CLAI. El evento contó con la participación de más de 90 participantes internacionales, además de autoridades del gobierno cubano como el presidente del Congreso Dr. Ricardo Alarcón, el ministro de Cultura Dr. Abel Prieto y el vicepresidente de la República de Cuba Dr. Esteban Laso. Las conclusiones de este encuentro están siendo analizadas  por las mesas del CLAI con los siguientes temas:

Misión y Poder (REGIÓN ANDINA) -La misión de la iglesia debe apuntar a los procesos revolucionarios que están ocurriendo hoy, reconociendo los avances en beneficio del pueblo oprimido.  Las iglesias están llamadas a interpretar “las señales de los tiempos”, a descubrir y discernir la acción de Dios en la presente coyuntura del continente.  Es necesario analizar críticamente procesos como la Revolución Bolivariana y otros, reconociendo que iglesias conservadoras apoyan al imperio, en tanto que las iglesias progresistas que apoyan los procesos revolucionarios, a veces sienten temor a hacerse más visibles.  En la participación y en el acompañamiento solidario de esos procesos, es preciso advertir sobre el peligro de idolatrar los procesos o sus líderes.  En razón de su vocación profética, las iglesias deben apoyar aquello que consideren positivo, particularmente de los sectores más desfavorecidos, pero con el valor de disentir y criticar los errores.

Misión y unidad (REGION CARIBE Y GRAN COLOMBIA) - La unidad tiene como centro y fundamento a Jesucristo como Señor y transformador de vidas y no a la Iglesia.  Es tan necesaria que tenemos que cuidarla.  Para afianzar este proceso hay que propiciar espacios para conocernos más, para generar confianza mutua.  La unidad es un camino y para llegar a la meta un paso fundamental es conocernos. Es necesario que se fortalezca la unidad y la misión identificando “nuevos” temas, estableciendo una “nueva” agenda contextual y profética. “Unidos contra todo sistema que se opone a Dios, a su creación, a la vida”.

Eclesiología y misión (REGION BRASIL)
- La Iglesia es solamente co-partícipe en la misión de Dios y como sujetos en la misión, nuestra tarea incluye el discernimiento de la actividad de Dios en el contexto de la misión y en las comunidades. Una misión comprometida con la descolonización asume el desafío de fortalecer en los pueblos la búsqueda por las palabras sagradas reveladas por Dios en sus propias  historias y culturas al mismo tiempo que fomenta en el espacio de las iglesias el aprecio y el diálogo con la rica diversidad religiosa expresada y a veces guardada en lo más profundo de la vida de nuestros pueblos.  Para eso es necesario pasar de la visión de una-única-verdad-absoluta, donde dependemos de alguien que nos la transmita, a una visión compartida de la verdad, a la cohabitación de las diferencias, donde se reconoce que cada pueblo trae sus conocimientos, verdades, sus experiencias de lo Divino, y que juntos nos enriquecemos con nuestras diversas sabidurías.

La integridad de la misión  (REGION MESOAMÉRICA) - Los esfuerzos por realizar la misión y evangelización por un lado y la diaconía, el desarrollo, la asistencia a las emergencias, la defensoría de la justicia, la paz y la integridad de la creación por otro, constituyen un atentado contra la integridad de missio Dei, tal como fue practicada por Jesús en su proclamación del Reino que viene.  La misión conlleva una significación holística: la proclamación y participación de las buenas nuevas del Evangelio mediante la

palabra (kerygma), la acción (diakonia), la oración y el culto (leiturgia) y el testimonio cotidiano de la vida cristiana (martyria); la enseñanza como formación y fortalecimiento de las personas en sus relaciones con Dios y los semejantes, y la sanación como integridad y reconciliación en koinonia, en comunión con Dios, comunión con el prójimo y comunión con la creación como un todo. Por eso insistimos en la necesidad de reconocer la unidad y complementariedad entre la diaconía y la proclamación de las Buenas Nuevas como la expresión concreta de la misión integral, tal como la practicamos en América Latina y el Caribe.  Hay una misión hacia adentro de la Iglesia.  Nuestras congregaciones deben ser evangelizadas en lo que significa conocer, entender y poner en práctica toda la riqueza del Evangelio (igualdad de género, atención a la infancia, diaconía vs. asistencialismo, relectura de la Biblia en cada comunidad).

La espiritualidad en la misión y un auténtico discipulado (REGION RÍO DE LA PLATA) 
- Hay la ausencia de un verdadero discipulado, especialmente allí donde éste se identifica con el consumo de mercancías espirituales.  Las manos levantadas y el bautismo no son las marcas principales del discipulado.  El discipulado es la forma de vida del que sigue fielmente a Jesús: el discípulo y la discípula viven en koinonía (unidad, comunión), en diaconía (servicio), y practican una liturgia agradable a Dios.

Los resultados de estos diálogos en las mesas del CLAI y el libro Misión y Evangelización en América Latina y el Caribe para el Siglo XXI serán herramientas desde nuestra región latinoamericana para el evento del Centenario del movimiento ecuménico organizado  por el CMI para los días 2 al 6 de junio del 2010 en Edimburgo/Escocia.