LA UNIDAD, COMO DON DE DIOS
Rev. Esteban González Doble
Pastor General
ICDC en Puerto Rico
PALABRA INTRODUCTORIA:
Como Pastor General de La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, quisiera abordar este tema desde una perspectiva pastoral, confesional y testimonial. Nuestra Iglesia nace como un movimiento que aspiraba a fortalecer la unidad del Cuerpo de Cristo, sin pensar que eventualmente se constituiría en una Denominación eclesiástica. Es por ello, que el tema de la unidad es inherente a nuestra naturaleza y razón de ser como comunidad de fe. De un breve análisis de nuestra trayectoria histórica en Puerto Rico, por los pasados 110 años, y desde el ángulo de haber nacido en esta Iglesia y ser Pastor en ella por los pasados 30 años, he podido identificar tres ángulos fundamentales que, a mi modo de ver, se constituyen en los fundamentos para desarrollar y afirmar el proyecto de unidad en la vida de la Iglesia.
- La Convicción: La unidad, como regalo de Dios, se nutre de la confesión que hacemos del Cristo resucitado, como nuestro modelo de nueva humanidad. Esto implica que la oración de Jesús en el evangelio de Juan se constituye en un elemento fundamental a la hora de articular los procesos de unidad. No se puede fomentar la unidad, si no creemos firmemente en que es un regalo de Dios y, por consiguiente, un mandato que la Iglesia tiene que cumplir y preservar. Desde este ángulo, Dios está comprometido con el proyecto y espera que aquellos/as que le hemos confesado, a través de la persona de Jesucristo, también lo estemos.
- Compromiso: La unidad se nutre de los procesos de análisis y reflexión que en las diferentes instancias del Cuerpo de Cristo se realizan. Esta acción fomenta el encuentro de los principios y valores en los que estamos en convergencia unos y otros y nos prepara, por medio de un desarrollo natural de maduración cristiana, para que progresivamente podamos dialogar sobre aquellos aspectos en los que hay diferencia. Sólo nuestro compromiso con el proyecto de unidad, hará posible que ésta vaya trascendiendo de forma natural, de un encuentro casual de buenas relaciones intereclesiales e interconfesionales, a una profundidad dialogal que enriquezca la doctrina que afirmamos.
- Confianza: La unidad se nutre de la hermandad, confraternidad y la amistad transparente. Este un aspecto vital, resultado natural del buen desarrollo de los aspectos antes mencionados, entiéndase, la convicción y el compromiso. La experiencia nos indica que para profundizar en la relación con el otro y la otra, en la relación de una iglesia con otra y de un organismo con otro, se requiere que los elementos fundamentales de la confianza estén presentes. Esto es así, porque precisamente Jesús lo anticipó en su oración, cuando dijo: “para que sean uno, como tú y yo somos uno”. Es imposible entrar en esa dimensión de unicidad, sin la confianza que se genera de la interacción transparente, genuina, respetuosa, tolerante, y, en fin, evangélica y cristiana.
Durante mi trayectoria pastoral y compartiendo con las diferentes entidades ecuménicas, tanto dentro como fuera de nuestro país, he ido observando cómo estos aspectos se van desarrollando de forma progresiva y palpable en aquellos organismos que han logrado un nivel adecuado de efectividad operacional. Es por ello, que los comparto, porque al verlos evidenciados en mi trayectoria, me he dado a la tarea de observar por dónde andamos en los momentos en que participo en las diferentes instancias ecuménicas.
La historia de la Iglesia Protestante en Puerto Rico, en su proceso formativo, cuenta con estos aspectos en su ADN. Digo esto, porque seis años después de la llegada de todas las unidades misioneras de las iglesias protestantes en los Estados Unidos, se fundó la Federación de Iglesias y este organismo fue evolucionando hasta lo que es hoy el Concilio de Iglesias, con una participación mucho mayor de iglesias que las que en su origen tuvo.
Por otro lado, nuestra institución de educación teológica principal en el país, el Seminario Evangélico de Puerto Rico, está configurado por las diferentes tradiciones eclesiásticas y protestantes del país, fomentando esto que nuestros Ministros cuenten con una experiencia ecuménica en su proceso formativo.
Al día de hoy, la experiencia ecuménica en Puerto Rico es amplia, porque ya ha trascendido los espacios tradicionales en el contexto protestante, para comenzar con una trayectoria ecuménica con nuestras hermanas iglesias católicas y pentecostales en el país. Aún falta mucho por recorrer, pero la experiencia nos indica que, con mucha convicción, compromiso y confianza, la unidad, como don de Dios, será un hecho consumado en nuestra realidad puertorriqueña.
