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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

ESTUDIO EXEGÉTICO-HOMILÉTICO 069 - Diciembre de 2005
Instituto Universitario ISEDET
Autorización Provisoria Decreto PEN Nº 1340/2001
Es un servicio elaborado y distribuido por el Instituto Universitario ISEDET
Buenos Aires, Argentina
Este material puede citarse mencionando su origen

Responsable: Pablo Andiñach

Domingo 11 de Diciembre, tercer domingo de Adviento

Sal 126; Is 61:1-11; 1 Tes 5:16-24; Jn 1:6-8 y 19-28

Este tercer domingo de adviento nos encontramos con el texto del Evangelio relativo al desempeño de Juan el Bautista. Es interesante que mientras tenemos en la mente la cercanía de la Navidad leamos un Evangelio que no narra el nacimiento de Jesús ni incluya alusiones a su infancia. Esto nos tiene que hacer pensar en el sentido de la Navidad y de las narraciones que la evocan.

Juan el Bautista es un anunciador del Mesías. Su tarea es decirle a la gente que el tiempo se ha cumplido y que aquel que había de venir ya está entre nosotros. Debemos imaginar la sorpresa e incluso la incredulidad ante semejante mensaje. ¿Si lo habían esperado por siglos por qué habría de venir justo ahora? Y si era el Mesías ¿como lo sabrían ? Para una comunidad de fe que estaba acostumbrada a que el Mesías era siempre una realidad adelante en la historia y no una presencia en medio de ellos esta noticia no podía menos que alterarlos y hacerlos dudar. Las certezas inmemoriales comenzaban a resquebrajarse y aquel que siempre había sido una promesa futura ahora parecía que se transformaba en un cumplimiento inminente.

Por otro lado debemos comprender que muchos se habían autoproclamado el Mesías esperado y habían defraudado a la gente que creyó en ellos. La expectativa era grande por que también grande era la opresión social y religiosa a que estaba sometido el pueblo de aquel entonces. El Bautista era una persona que se había retirado al desierto y que desde allí -a orillas del río Jordán- anunciaba que ya no era preciso esperar más porque el mesiás estaba entre nosotros. Sus palabras no dejaban en claro cual era el tipo de Mesías que estaba anunciando. Entre el pueblo corrían diversas versiones que iban desde el mesias militar y guerrero al estilo de David hasta la figura celestial y casi mística de un Elías o Henoc redivivo. Desde un rey poderoso que sublevara a al pueblo y lo conduzca a la victoria contra los romanos hasta una especie de ángel de Dios que combatiría con el ejército celestial -el representante de «Jehová de los ejércitos »- y que instauraría un reino eterno y a mitad de camino entre este mundo y el venidero. ¿A quien creerle cuando todo hacía suponer que nadie podía en verdad desafíar el poder del invasor y reemplazar su poderío por el de una fuerza alternativa?

Las distintas partes del texto no ayudan a organizar la reflexión.

  1. Juan es descripto como aquél que viene a ser testigo de la luz. Se aclara que él no era la luz sino solo testigo de ella. Esta aclaración viene a cuento de lo que mencionamos que eran muchos los que se proclamaban ser el Mesías, los iluminadores y salvadores del pueblo. Para no dejar dudas se insiste en que él no es el Mesías. Su prédica apunta a la luz que es distinta de él. En esto nosotros podemos encontrar una enseñanza para nuestro propio testimonio. A veces parece que nos anunciamos a nosotros mismos: qué fieles que somos, cuánto amamos a Cristo, qué vida recta que llevamos. Si revisamos algunas de las canciones que entonamos en la iglesia vamos a encontrar que algunas de ellas parecen destinadas a ponernos a nosotros mismos como ejemplo más que a exaltar la persona de Cristo. Si escuchamos algunos sermones que se predican nos vamos a llevar sorpresas sobre cuán buenos somos los que asistimos a la iglesia y cómo el mundo debe imitarnos. Pero esa desviación no es nueva sino que ya existía en tiempos bíblicos y el evangelista quiere prevenirnos sobre ella. Se anuncia la luz que llega a las personas no a quienes son los encargados de dar testimonio de esa luz.
  2. Las cuatro primeras preguntas tienen que ver con la identidad del que anunciaba esto en el desierto. ¿Quién eres?, ¿Eres Elías?, ¿Eres el profeta?, y finalmente, confundidos, insisten en preguntarle a modo de resumen: ¿Quién eres? El problema era saber quien era este desconocido que anunciaba lo que muchos esperaban pero de una manera distinta a cómo lo esperaban. La primera respuesta es "yo no soy el Cristo". Lo dice de entrada para evitar confusión y especulación. Otros se endilgaban ese título pero Juan no. Es como decir: si esperan que yo los salve sepan que no tengo potestad para ello. Las autoridades religiosas que lo interrogan querían saber si estaban ante otro vendedor de ilusiones falsas o debían tomar en serio sus palabras.
  3. Elías era una figura que en la mentalidad judía había quedado como alguien que habría de volver en el final de los tiempos. Probablemente por lo significativo de sus relatos y andanzas y porque se había ganado el concepto de ser el más fiel de los profetas y así está dicho en Malaquías 4:5-6, al final del Antiguo Testamento. Este cierre de la primera parte de las Escrituras parece indicar que es él el que había de venir. Basta con gira la página y comenzar con Mateo y su narración de la Navidad. Sin embargo es bueno instruir a la congregación respecto a que ese no era el orden de los libros en tiempos del Nuevo Testamento y que las Escrituras de quienes redactaron los evangelios -nuestro Antiguo Testamento- no finalizaban con Malaquías sino con Crónicas. Fue posteriormente y ya en tiempos del cristianismo consolidado que se comenzó a colocar a los profetas al final del AT y así Malaquías y su final parecían ser el umbral del NT. Sea como fuere la figura de Elías evocaba esperanzas liberadoras, regresos de las glorias pasadas y la apertura de una nueva era para Israel.
  4. ¿Eres tú el profeta? Es difícil saber a quien se referían; si a un profeta en particular distinto de Elías o si de este modo mencionaban a un futuro nuevo profeta, una figura desvinculada de los profetas del pasado y constituido por Dios como el nuevo salvador. Recordemos que en el Israel de esta época el título de profeta era la más alta vestidura que podía darse a alguien, y de hecho no había "profetas" pues se reservaba el término para aquel que solo Dios podía enviar y lo iba a presentar como tal. Preguntarle si era el profeta puede haber sido una forma de indagar sobre su seriedad o quizás una manera de encontrarlo en infracción ante la ley. Sería luego acusado de apropiarse de la voluntad de Dios proclamándose profeta.
  5. Luego insisten en que el Bautista debe darles una respuesta respecto a su identidad. Aquellos que los enviaron esperan una palabra clara sobre quién es este que predica y que bautiza. Especialmente porque muchos iban a escucharlo y a recibir el agua que los limpiaba. ¿Quién dices que eres? le preguntan. La respuesta es por demás ingeniosa: "soy la voz de uno que clama en el desierto." citando a Isaías y colocándose no en la posición de profeta, Mesías o alguna otra figura esperada sino solo en la de aquel que anuncia que hay que enderezar los caminos, cosa que todo creyente y sacerdote de la época debía hacer. Si la pregunta fue capciosa la respuesta fue brillante: a nadie se puede juzgar por clamar que hay que arrepentirse y corregir los caminos.
  6. Pero quienes lo consultan no abandonan su propósito. Si no es ninguna figura especial ni enviado de Dios, ¿por qué bautizas? La respuesta es también sorprendente. El bautismo del agua es una preparación para la llegada el Mesías que está en medio "de vosotros". Así no solo no menciona quien es el Mesías -probablemente por que él mismo no lo sabría- sino que les dice que está en medio de ellos, es decir, puede incluso ser uno de ellos. Juan no confronta con los fariseos sino que los deja sin argumentos: quizás el Mesías sea un fariseo, un líder de ese propio grupo. Pero puede también que no sea así.
  7. ¿De qué manera nos preparamos para recibir al niño de Belén? ¿A qué clase de mundo llega? Aquel Jesús se encontró con una sociedad de fuertes contrastes e injusticias, las que hoy tienes otras formas y otros mecanismos pero también generan postergación y conflicto.
  8. Por otro lado el estado espiritual de los judíos era contradictorio. Por un lado anhelaban la llegada del Mesías. Por el otro le temían y los poderosos sentían que vendría a cuestionar su poder y privilegios. Uno puede pensar que hoy no estamos en una posición muy distinta de aquella. Millones se inclinan ante "dioses" pero pocos se deciden a seguir al Dios verdadero y asumir el discipulado que ello implica. Es como si estuviéramos más interesados en los beneficios que en el costo, más en los premios que en el esfuerzo.

Juan el Bautista nos recuerda que la llegada del niño de Belén no es un simple cuento romántico sino el comienzo de un ministerio que en última instancia conducirá a la cruz y a la resurrección.

 

 
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