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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Lisandro Orlov
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EVANGELIO
Juan 1, 6-8. 19-28 
(trad.  Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba) 


6 Apareció un hombre enviado de parte de Dios, su nombre era Juan;
éste vino para un testimonio, 7 para dar testimonio de la luz, de modo que, por él, todos llegasen a creer.  8 No era él la luz, vino sólo para dar testimonio de la luz.

19 Y éste fue el testimonio de Juan, cuando las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y clérigos a preguntarle: - Tú, ¿quién eres? 20 Él lo reconoció, no se negó a responder; y reconoció esto: - Yo no soy el Mesías.  21 Le preguntaron: -Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías? Contestó él: -No lo soy -¿Eres tú el Profeta? Respondió: -No. 22 Entonces le dijeron: -¿Quién eres? Tenemos que levar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Cómo te defines tú?  23 Declaró: - Yo, una voz que grita desde el desierto: "Enderezad el camino del Señor" (como dijo el profeta Isaías). 24 Había también enviados del grupo fariseo,  25 y le preguntaron: -Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres tú el Mesías ni Elías ni el Profeta? 26 Juan les respondió. - Yo bautizo con agua; entre vosotros se ha hecho presente, aunque vosotros no sabéis quién es, 27 el que lega detrás de mí; y a ése yo no soy quién para desatarle la correa de las sandalias. 28 Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.


Es interesante leer este texto del Evangelio de Juan desde la perspectiva de aquellos y aquellas que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida. Aquello que se nos impone desde la primera frase es la simplicidad con la cual se presenta la persona y la acción de Juan el Bautista. Apenas se nos dice " Apareció un hombre enviado de parte de Dios, su nombre era Juan . Ese es un excelente paradigma para la conducta de quienes acompañamos a personas que viven con vih y con sida. La simplicidad de nuestra presentación y de nuestra persona misma. Juan no es el centro de la acción sino que es aquel que señala a alguien que viene después que es en realidad el núcleo del relato. El personaje principal no está en escena sino que tenemos a alguien que nos indica la venida de aquel que aún no vemos pero que sabemos que viene. Los voluntarios y los acompañantes tampoco son el centro sino el puente entre dos protagonistas. Por un lado la persona que acompañamos, con su cultura, su identidad y sus proyectos y por el otro Aquel que nos envía. La tarea del acompañante es poner en relación esas dos realidades. Aquel que está y aquel que viene.

Los y las acompañantes estamos llamados a ser testigos tanto de la luz que encontramos en la vida de las personas junto a las cuales emprendemos la aventura de caminar juntos un trecho de vida y la luz que está en medio de todos nosotros y nosotras. Es importante recordar que no somos Dios y que tenemos limitaciones y pobrezas pero que en medio de esas limitaciones y pobrezas estamos llamados a ser testigos de la dignidad de todas las personas y por el otro ser testigos de la presencia de aquel que no se lo ve en la escena principal pero que sabemos que está presente sosteniendo y guiando al acompañado y al acompañante.

El otro personaje de esta escena son "las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y clérigos". Esta presencia y el diálogo que se establece es también significativa. Estamos frente a una comisión investigadora. Por el término judía el cuarto evangelio indica toda autoridad religiosa o política centrada en el templo de Jerusalén. Las dificultades para Juan el Bautista no proceden de las multitudes y de los excluidos sino de aquellos que ejercen el poder. Igualmente nosotros y nosotras que acompañamos a los grupos vulnerables al vih y al sida, y que dialogan y comen con nosotros y nosotras, sabemos que la dificultad en esta tarea no procede de allí sino de nuestros hermanos y hermanas que ejercen autoridad en nuestras comunidades de fe.

Este grupo representa aquellos y aquellas que se sienten los dueños de la interpretación de las Escrituras y utilizan esa interpretación para clasificar el mundo entre puros e impuros, buenos y malos, sanos y enfermos. Esa interpretación transforman a las Escrituras en tinieblas en lugar de ser luz para todo el mundo amado por Dios. Utilizan la ley de Dios, los mandamientos y las escrituras para aumentar la incredulidad porque presentan un Juez duro y cruel en lugar del Dios de la pura gracia y del amor incondicional. Aquellos y aquellas que piensan que por su propia voluntad y decisión pueden cumplir la Ley y los mandamientos caen en el pecado de la soberbia porque ya no necesitan de la mediación de Cristo. Ellos mismos son sus salvadores y redentores. De hecho su carácter y voluntad son los nuevos ídolos a los que sirven.

Por el otro lado, las Escrituras y la Ley se pueden también transformar en tinieblas cuando solo ponemos de manifiesto la debilidad y los errores de las personas porque nunca pueden amar al prójimo como a ellos mismo o servir a Dios con fidelidad. Nuevamente presentamos el rostro de un Dios cruel, exigente y perverso que, en lugar de fortalecer nuestra autoestima, la destruye mostrando nuestra debilidad. Se utiliza la Ley y los mandamientos para relacionarnos con Dios y con el prójimo y solo el cumplimiento de esos mandatos nos hace agradables ante los ojos de Dios.

Frente a esta comprensión de la voluntad de Dios, Juan el Bautista es un peligro y la delegación de sacerdotes y magistrados lo sienten claramente. Ese es el contenido de todo el interrogatorio. Ellos tienen autoridad sobre las Escrituras y su interpretación, en cambio, cuál es la autoridad de este hombre que aparece en el desierto anunciando que alguien viene y que nos habla de otra forma de relacionarnos con Dios.

Nosotros y nosotras también nos encontramos en medio del dilema. ¿Cuál es el rostro del Dios que vivimos y anunciamos?. ¿Es el Dios de la Ley y de los mandamientos o es el Dios del amor incondicional y de la aceptación gratuita y renovadora?.

Juan no se identifica con ninguno de los personajes que en la mentalidad tradicional anunciaban la llegada del libertador de toda opresión. No permite que lo identifiquen con ninguna figura que podría formar parte de ese esquema de poder. Se presenta desde el puro margen tanto de las estructuras sociales como religiosas. Construye su presencia ubicándose en los márgenes para desde allí anunciar la llegada de nuevos tiempos donde ya no habrá un Dios de demandas, exigencias y juicios que condenan. Alguien vendrá con exigencias de amor y solo en el amor hemos de ser juzgados en el ocaso de nuestras vidas.

Juan al afirmar que su bautismo es un bautismo con agua, reconoce que su proyecto es de transición, de preparación, de reforma. Pero afirma que aquel que aún no está en la escena vendrá con un bautismo de fuego, es decir de radical cambio, de ruptura con las estructuras que han oprimido a las personas en su espiritualidad y en su realidad cotidiana. Juan es el último representante de una espiritualidad fundada en la ley y anuncia a uno que traer una espiritualidad totalmente diferente.

Nosotros y nosotras, también estamos confrontados en la epidemia del vih y el sida, en construir juntos esa visión radicalmente diferente que se relaciona con los grupos vulnerables no a través del cumplimiento de leyes y mandamientos sino que nos relacionamos anunciando un buena noticia totalmente diferente y somos testigos del amor incondicional de Dios. Para realizar esta tarea también tenemos que ir a Betanía, es decir, que muchas veces tendremos que trabajar más allá de las fronteras de las instituciones y comunidades para que con simplicidad seamos signos de la luz que radicalmente desafía nuestros miedos, prejuicios y limitaciones.

Para la revisión de vida

La misión de Juan Bautista puede tomarse como símbolo de la misión de toda persona cristiana y en especial de aquellos y aquellas que trabajamos en la crisis del vih y del sida: no suplantar a Jesús, sino gastar la vida en abrirle camino, abriendo camino a su causa, ¡el Reino! ¿Estoy siendo un buen precursor del Reino que Jesús anunció? ¿Allano montes, relleno hondonadas, abro caminos?

Para la reunión de grupo

Realmente, ¿hemos pensado que el signo principal de la mesianidad de Jesús es el ser «buena noticia para los pobres y las y los estigmatizados»?

Qué es una buena noticia para los pobres y los excluidos? ¿En sentido real o figurado? El mensaje de nuestras comunidades de fe ¿es buena noticia?

Será que también para la Iglesia la principal señal de su «mesianidad» sería el ser buena noticia para los pobres y a los grupos vulnerables al vih y al sida?

Para la oración de los fieles

Para que en este tiempo de Adviento sigamos alimentando nuestra esperanza, profundizándola y compartiéndola, roguemos al Señor

Por todos los y las que en estos días cercanos a la Navidad se sienten tristes o nostálgicos, lejos de sus familias, en soledad... para que la potencia de su amor supere todas esas distancias y les haga sentirse en comunión universal...

Para que nos preparemos a la celebración de la Navidad con realismo tratando de hacer que "efectivamente nazca Jesús" a nuestro alrededor...

Para que la lejanía en que hoy día se ubica la utopía que todos las y los soñadores buscamos, no nos conduzca a la resignación o al fatalismo, sino que quede superada en la constancia, en la fe sin claudicaciones, en la resistencia y el esfuerzo por acercar una y otra vez la utopía del Reino...

Para que en estas vísperas de Navidad la austeridad de Juan Bautista, el precursor, nos recuerde que la sobriedad y la simplicidad en el gasto motivada por el deseo de compartir con los más necesitados...

Para que en Navidad y en todos los tiempos la Iglesia sea, como Jesús, Buena Noticia para los pobres, los excluidos y los oprimidos, para todos los hombres y mujeres necesitados de amor y de justicia.

Oración comunitaria

Amado Dios de nuestro Señor Jesucristo: al acercarse las entrañables fiestas de la navidad te pedimos que hagas aflorar en nuestras vidas lo mejor de nuestro propio corazón, para que podamos compartir con los hermanos y hermanas que nos rodean tu ternura, tu mismo amor, del que nos has hecho partícipes. Haz que lo vivamos como lo vivió Jesús, nuestro hermano, que contigo vive y reina, y con nosotros y nosotras vive y camina, por los siglos de los siglos. Amén.

Dios amado y amante nuestro, tú que quieres que trabajemos de tal modo que, cooperando unos con otros y otras, realicemos en esta tierra tu Reino, ayúdanos a asumir, en medio de nuestros trabajos diarios, nuestra condición de hijos e hijas tuyos y hermanos y hermanas de todos las personas. Por Jesucristo, nuestro Hermano y Señor. Así sea.

 

 
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