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PROCLAMAR LIBERTACAO
Publicado sob a coordenação do Fundo de Publicações Teológicas/ Instituto Ecumênico de Pós-Graduação em Teologia da Escola Superior de Teologia da Igreja Evangélica de Confissão Luterana no Brasil.
SALMO 49.1-6,11-13,18-20 PRÉDICA:
COLOSSENSES 3.1-5,9-11
LUCAS 12.13-21
René Krüger
1
Introducción
Estamos ante uno de los textos esenciales de la concepción
económica lucana. Aquí chocan crudamente dos economías: la del
acaparamiento egoísta y la de la función social de los bienes. El texto
tiene su paralelo simétrico en la parábola del mayordomo de Lc 12.1-8,
donde se propone un uso diametralmente opuesto de los bienes.
Con relación a los aspectos económicos del proyecto lucano, los
cap. 12 y 16 constituyen una especie de lentes convergentes, a través
de los cuales el evangelista “envía” estos aspectos, para formar un punto
focal en cada capitulo. El rico necio del cap. 12 representa el prototipo
de aquellas personas que pervierten la verdadera función de los bienes.
El rico de Lucas 16 retoma esta modalidad frente a Lázaro, el pobre.
A su vez, todo el capítulo 12 del EvLc es una cuidadosa composición
redaccional con la que el autor describe la posición de los seguidores y
las seguidoras de Jesús en este mundo, dando consejos concretos para
la organización del testimonio en diversos contextos: persecución,
bienes, sobrevivencia, espera de la parusía. A excepción de la parábola,
la mayoría de los textos proviene de la Fuente de los Dichos. Ante la
fuerte coherencia interna del cap. 12, se ha preguntado si acaso la parábola
del rico necio no pertenecía también a esa Fuente. Pero dado
que se trata de una de las llamadas “parábolas tis ánthropos” (cierto
hombre), que pertenecen al material peculiar lucano, es difícil pensar
en un origen divergente.
El fin último de la parábola consiste en instruir sobre el peligro
generalizado de la avaricia.
2
Repaso exegético
Un individuo plantea un pedido algo llamativo – por lo menos para
nosotros – a Jesús. Jesús lo rechaza y aprovecha la ocasión para una
instrucción. El pedido del heredero frustrado está vinculado
estrechamente con la parábola. A nivel redaccional, esta solicitud
establece un fuerte contraste con el contexto entero del capítulo que
habla de la confianza total en la previsión de Dios y la guía del Espíritu
Santo.
¿Por qué Jesús rechaza el pedido? ¿Porque no era rabí ordenado?
Esto en realidad no significa nada. A nivel literario es decisivo que el
caso se convierte en ocasión para una parábola cuyo fin es instruir
sobre el peligro generalizado de la avaricia (pleonexía). El concepto de
avaricia, codicia o ambición egoísta tenía una fuerte carga negativa, e
incluía una referencia implícita a la explotación del prójimo y a la
injusticia. A pesar de la pesadez redaccional de Lc 12.15b, el dicho
construye una clara discrepancia entre la acumulación de bienes y la
vida verdadera.
La parábola construye la función actancial de un hombre rico
(presentado así de entrada, superándose la imprecisión de las figuras
de otras parábolas), cuya riqueza aumenta considerablemente por una
cosecha extraordinaria. No se trata, pues, de un tipo con suerte, como
en la parábola del tesoro escondido (Mt 13.44); ni de un nuevo rico. El
rico ya estaba acostumbrado a manejar dinero y bienes. La oposición
que Jesús construye no se refiere, pues, a una situación excepcional
por el cual el rico pierde momentáneamente la cabeza; sino que se relaciona
con la incompatibilidad de la enseñanza de Jesús con el proceder
del rico egoísta, sin importar que se trate de ricos con cosechas
buenas o no, tal como lo expone el remate del v. 21.
Ante esa suerte, el rico habla consigo mismo. Su monólogo logra
una condensación literaria casi inigualable mediante los muchos mi: mis
frutos, mis graneros, mis granos y mis bienes, mi alma. Todo es mío. El
rico hace esta reflexión absolutamente solo, sin consultar a su familia o a
su administrador (se sobreentiende que un latifundista siempre tenía
un mayordomo). Decide por su cuenta; y finalmente se invita a la dolce
vita. Ni siquiera piensa en alguna fiestita con sus amigos. Este juego de
posibilidades es totalmente lícito – a pesar del carácter del texto como
parábola y no de relato histórico, pues otras parábolas lucanas incluyen
la dimensión festiva relacionada con una alegría especial: la gran cena,
la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo pródigo.
El imperativo regocíjate (eufrainou) corresponde a la descripción
del rico en Lc 16.19. Ambas parábolas subrayan las características del
egoísmo, el derroche y la exclusión de otras personas.
Después del desarrollo de todo un proyecto de almacenamiento y
dolce vita, de improviso sobreviene una valoración, con un color
marcadamente negativo. La misma consiste en dos etapas: v. 20 (en
situación: de Dios hacia el rico) y v. 21 (para el público: de Jesús hacia
sus oyentes). Entra en escena un sujeto nuevo: Dios mismo. Trae consigo
un programa imprevisto y contrario al anterior. La estructuración
de la parábola evidencia que su punto culminante no consiste
simplemente en el anuncio del juicio de muerte, sino en la vinculación
de este juicio (presentado con tono profético) con la pregunta acerca
de los futuros poseedores de tantas riquezas. Es decisivo que la parábola
termino tan abruptamente con el anuncio de la muerte y la
pregunta inquietante. De esta manera, la dinámica narrativa salta
directamente al público.
El rico queda desenmascarado como necio, loco. En los escritos
sapienciales del AT, el necio niega la existencia de Dios, Sl 14.1 y 53.2:
Dice el necio en su corazón: “No hay Dios”. Por ende, también vive sin
Dios. Como tal, es un sujeto perdido. Pero esto no es sólo una cuestión
de la fe o la religión. Se refiere a toda la vida: ese tipo vive fuera de la
voluntad de Dios. Vive contrariamente a ella. Ahora Lucas actualiza
económicamente este concepto de necio ubicándolo en el contexto de
los bienes. Establece que la necedad, la locura, el vivir sin Dios, tiene
que ver con el mal uso de los bienes.
Tu alma establece la referencia al alma del v. 19. Esto indica que el
juicio se relaciona con la actitud del rico; y a la vez deja en claro que el
alma, la vida, no es un bien o una propiedad del rico, sino algo prestado
que Dios exigirá de vuelta. El rico había creído poseer incluso su alma– y por muchos años.
El texto plantea una cuestión estremecedora: ¿De quién será lo
que has preparado? Esta pregunta se opone a la mención reiterada de
tantas cosas que pertenecen al rico. El rico es sancionado doblemente.
Por una parte, por la ironía de la pregunta acerca del traspaso de sus
bienes acumulados a otros. Se terminó eso de mío, mío y mío. El texto
no habla de herederos, sino que deja abierta la posibilidad de que estos
otros sean extraños. En segundo lugar, el texto indica la fundamentación
del juicio: el rico amontonó riquezas – ¡y olvidó a los “otros”! Ahora los“otros” tomarán “venganza” y se apropiarán de los tesoros acumulados.
Con ello, se instala la pregunta acerca de la función social de la
riqueza y los bienes. He aquí el principal antagonismo del texto. Todos
las demás oposiciones tienen sus raíces en esta oposición.
El pedido del heredero versus la exhortación al
testimonio
La acumulación de bienes versus la vida verdadera
Una larga vida con muchos bienes versus muerte repentina
esta noche.
Bienes acumulados para sí versus “otros” que usarán
esos bienes
Atesorar para sí versus ser rico para con Dios
El v. 21 ofrece la fundamentación del juicio y de la designación del
rico como necio. La oposición entre la acumulación de tesoros para sí
mismo y el ser rico para con Dios le confiere carácter de síntesis a esta
frase, construida como quiasmo. Al mismo tiempo, la formulación lleva
a preguntar acerca de la definición del programa descrito mediante la
fórmula ser rico para con Dios. El necio amontona riquezas para sí,
claro está; pero, ¿qué significa lo opuesto? Para ello será necesario considerar
todo el cap. 12 y aún más allá del mismo, el EvLc entero.
A nivel profundo, se percibe claramente la racionalidad materialista
y calculadora del rico con relación a su cosecha, los graneros y la
dolce vita. Desde la óptica de Dios, todo esto es necedad, locura. Con
esta visión de las cosas, Jesús – y Lucas – introduce(n) el punto de
vista de los pobres, hambrientos y explotados; y una vez más queda
establecida la conjunción de Dios con estos sujetos sin voz.
Esta parábola solía recibir explicaciones relacionadas con la
inminencia de la muerte o el juicio final, o con la negación de Dios. Pero
cabe remarcar que no hay elementos escatológicos en este texto. El
juicio no sobreviene a toda la humanidad, sino sólo a este rico; la
pregunta del v. 20 indica que la vida continúa después de la muerte de
este necio; el v. 20b no es una pregunta retórica, sino que remite a la
función social de los bienes; y el v. 21 reitera que lo que aquí se condena
es la avidez egoísta de bienes, y no el pasar por alto el destino mortal
de todo ser humano. El rico es condenado como necio porque acaparó
egoístamente sus riquezas. Ante la abundancia, no asumió ninguna
responsabilidad social, sino que se preocupó sólo por su bienestar. Su
visión de las cosas se materializó en un pecado muy concreto: sustrajo
cereales de la circulación. Con este proceder los latifundistas exitosos
provocaban carestía, encarecimiento de los productos y hambre. Luego,
quienes habían acaparado granos, los vendían a sobreprecio. Esta acción
delictiva era especulación pura que dañaba sobre todo a las capas más
necesitadas de la población. Este proceder no tenía nada que ver con
el almacenamiento al estilo de José en Egipto, sino con la especulación
para obtener mayores ganancias.
Estamos ante una de las leyes centrales de la economía del libre
mercado: toda carestía de bienes produce una suba de precios, y con
ello, favorece el enriquecimiento de quienes manejan los productos y
capitales. Los precios resultantes del “libre” juego de la oferta y la
demanda son precios libres de mercado. El rico de la parábola
aprovecha la situación que le brindan la cosecha abundante y el sistema. A nivel de la racionalidad económica actúa “inteligentemente” en
beneficio propio; teológica y éticamente se hace culpable porque se
enriquece a costas de los que tienen menos o nada. Es lamentable
que este aspecto central del pecado del rico haya quedado oscurecido
por lecturas espiritualistas escatológicas o existenciales. Recién la
lectura sociológica de los textos bíblicos volvió a sacar a luz esta
explicación del pecado del rico. Aquí debe mencionarse Pv 11.26, laúnica referencia veterotestamentaria a la práctica criminal del
acaparamiento cuyo fin era el enriquecimiento del rico: Al que acapara
el grano, el pueblo lo maldice, pero bendición cubre la cabeza del que lo
vende. En este texto se reflejan la experiencia de la población pobre y
su dependencia de cada nueva cosecha, y a la vez su dependencia de
las manipulaciones económicas de los latifundistas y monopolistas
de granos.
La necedad tiene otra faceta más: la haraganería del rico. Él quiere
descansar y disfrutar durante muchos años. La referencia a los muchos
años se opone a la necesidad constante de sembrar, plantar, arar, cuidar,
cosechar, como lo vivía y sufría todo pequeño agricultor con su
familia. El rico abandona el trabajo y se convierte en un parásito, que
ya no quiere emplear su tierra, su tiempo y sus capacidades para
producir bienes para todos y todas.
3
Reflexionando con el texto
El texto – en consonancia con la enseñanza general de la Biblia –
muestra que los bienes (y, por supuesto, el dinero, que los representa)
tienen una función social: posibilitar, mantener y mejorar la vida.
Jesús enseña que nuestra dignidad como seres humanos no se
deriva de la cantidad de bienes acumulados, ni consiste en llenarnos
de riquezas y codiciar lo imposible pasando por encima las necesidades
del prójimo. Teológicamente hablando, la dignidad consiste en ser hija,
hijo de Dios; y en poner en práctica el mandato del amor, traducido
económicamente a una economía del compartir. Esta economía o
mayordomía del compartir se contrapone a la economía salvaje del beneficio
propio de unos pocos, como sucede en la economía neoliberal
del mercado globalizado.
Para poder evaluar éticamente un determinado sistema
socioeconómico y político, la perspectiva bíblica plantea la pregunta
clave acerca de las consecuencias que ese sistema tiene para la vida, la
realización plena de los seres humanos y la convivencia de la comunidad
familiar, social, nacional e internacional; y sobre todo para la vida de
los miembros más débiles del cuerpo social.
Por más que un determinado sistema produzca un desarrollo
tecnológico deslumbrante o un aumento espectacular del ingreso bruto
de un país, siempre cabe preguntar acerca de la distribución interna
de los beneficios. Los índices globales del crecimiento deben ser confrontados
con las desigualdades internas dentro del sistema, referidos
a las oportunidades de acceso a trabajo, ingreso, educación, vivienda,
salud, cultura, seguridad, justicia y recreación. Recién allí se revelará
la ética (o antiética) del sistema. Todo sistema que margina y excluye a
seres humanos es totalmente condenable y debe ser rechazado.
Con esta parábola, Jesús ataca todo acaparamiento egoísta de
bienes en beneficio de unos pocos – y con ello, la quintaesencia del
sistema económico neoliberal globalizado. El texto nos ayuda a
desenmascarar la mistificación del mercado, según la cual imperan“sólo” las leyes de la oferta y la demanda; y que sostiene que si se
permite el libre actuar de estas leyes, en algún momento llegará a haber
suficiente para todos. Extrapolando la parábola, se percibe la denuncia
que los movimientos del mercado son manejados y controlados por un
sector relativamente pequeño de la sociedad, que actúa exclusivamente
en beneficio propio. El testimonio bíblico opone la vida y la salud del
cuerpo social entero a esta conducción personal en provecho propio de
unos pocos.
A partir de esta perspectiva, nuestras sociedades latinoamericanas
se deben un debate profundo sobre el modelo de convivencia
que necesitan y por ende, de la economía y de la política necesarias
para implementar este modelo. Este debate, la búsqueda de alternativas
y las acciones correspondientes son urgentes e impostergables.
¿Cómo formulamos en el nombre de Dios el juicio sobre la
acumulación egoísta de capitales y bienes?
4
Rumbo a la predicación
La parábola del rico necio se presta para un sermón narrativo, en
el sentido de re-contar el texto con constantes referencias y
extrapolaciones a la situación económica actual y al testimonio cristiano
en esta situación. Debe evitarse una lectura escatologista como también
aquella que pretenda ocuparse del destino mortal de todo ser humano.
Lo mortal – mortífero, para mayor precisión – del texto es la acumulación
egoísta por parte del rico y el efecto trágico que tiene la misma para la
población pobre.
El sermón puede facilitar la percepción de la llamada de
advertencia de Jesús sobre un sistema económico que produce muerte
para tanta gente.
Como recurso visual puede pensarse en una pila de alimentos
delante del altar, que luego se distribuye o se envía a los más pobres o
a una institución diacónica.
1 – Invitar a pensar y a expresarse sobre la siguiente pregunta: ¿En qué consiste la dignidad de la vida, o de qué depende nuestra
dignidad? Dialogar sobre las respuestas concretas. Introducir la temática
de la supuesta dignidad que confieren los bienes, y sobre todo la
acumulación de los mismos.
2 – Jesús hace un planteo alternativo: la dignidad no consiste en
la acumulación de fortunas, sino en ser hija, hijo de Dios; y en poner en
práctica el mandato del amor.
Ese mandato se traduce económicamente a una economía del compartir,
contrapuesta a la economía salvaje del beneficio propio.
Bibliografía
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ein Leben mit wahrem Reichtum, in: GERSTENBERGER, Erhard; SCHOENBORN,
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RANDLE, Guillermo. Oculto y descubierto. Una lectura de los signos de los tiempos a la luz
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SCHMIDT, Ervino. “Reino de Deus e as riquezas conforme Lucas 12”, in: Estudos Teologicos
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SCHOTTROFF, Luise; STEGEMANN, Wolfgang. Jesús de Nazaret, esperanza de los pobres.
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SENG, Egbert W. Der reiche Tor. Eine Untersuchung von Lk. XII,16-21 unter besonderer
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