Home
Institucional
Documentos
Miembros
Contactos
Secretarias Regionales
Programas de Trabajo
Publicaciones
Links
WebMail

 

 



Dan 7, 9-10. 13-14 :  «El hijo del hombre»
Sal 96 : El Señor reina, altísimo sobre la tierra
2 Pe 1, 16-19 : Esta voz del cielo la oímos nosotros
Mc 9, 2-10 : «Este es mi Hijo, escúchenle»

La primera lectur a del libro de Daniel nos recuerda que Israel como el mundo de aquel tiempo y lugar se encontraba en un proceso de helenización de Oriente. La fuerza de la cultura griega invadía todo y se extendía con rapidez. Toda una nueva forma de entender la vida. Esto trajo una crisis profunda en todos los que se encontraban con su cultura y su fe. Con la llegada de Antíoco IV Epífanes, lo que en un primer momento no era más que una mayor promoción de la cultura griega, va a dar paso a una persecución abierta de los judíos que siguen fieles a su fe. A la irracionalidad de la intolerancia se suma la irracionalidad de la violencia. La «cultura superior» lleva consigo la prepotencia y termina por masacrar a personas sencillas, inocentes, que lo único que pretenden es vivir en paz ¿quiénes son los bárbaros?. En este clima surge el libro de Daniel invitando a resistir, retomando acontecimientos del pasado anima a resistir también ahora. En su segunda parte cambia de género literario y ante la presión y la inestabilidad por lo absurdo de la fuerza... no puede expresarlo en lenguaje convencional y surge el género de la apocalíptica. Todo el capítulo al que pertenece el texto de este día hace de bisagra entre las dos partes del libro.

La segunda lectura es una de las pocas lecturas litúrgicas pertenecientes al último escrito, cronológicamente hablando, del Nuevo Testamento. No sólo por este motivo sino sobre todo por su contenido es claro que no fue obra del apóstol Pedro, primer Papa, aunque se le haya atribuido desde antiguo. Su intención es alentar a los cristianos de las generaciones siguientes a la primera a la permanencia y fidelidad, poniéndolos en guardia frente a posibles desviaciones. La certeza de la victoria total de Cristo se basa, entre otras cosas, en la Transfiguración, una especie de adelanto teológico de lo que Cristo es y representa para todos. Contrapone el autor esta realidad a mitos y leyendas poco de fiar. Y no es que la transfiguración haya de considerase, sin más, un hecho histórico. Se trata, mejor, de una aceptación y muestra de lo que el Señor Jesús, el Hijo atestiguado por el Padre, es y significa para todos los cristianos. Lo de menos es que se diera una voz perceptible por los testigos; lo realmente importante es que Jesús es el Hijo de Dios y ha de volver a culminar su obra comenzada. Es importante esta mención de Jesucristo como fundamento de la vida presente del cristiano, de su fe, de su realidad histórica en conjunto y, a la vez, la tensión hacia el futuro, hacia la realización completa.

Los símbolos que utiliza el profeta Daniel se inspiran en la apocalíptica judía del siglo III a. C. La apocalíptica intentaba presentar las grandes opciones de Dios para el presente mediante símbolos litúrgicos, cósmicos y sobrenaturales. El blanco representa la máxima santidad, la presencia divina. Los tronos simbolizan la capacidad para gobernar la historia. El hijo del hombre, aquel ser humano capaz de hacer realidad la voluntad de Dios. El evangelio se vale de estos símbolos para presentarnos la figura de Jesús como el ser humano totalmente nuevo, capaz de restablecer el diálogo entre Dios y su pueblo.

Los discípulos son obstinados y sólo quieren ver a Jesús como un Mesías triunfal e invencible. Pero él no se deja encasillar en esas pretensiones puramente mundanas de sus discípulos y de la multitud. Es fiel a la voluntad del Padre y por eso acude a la oración para recibir la guía necesaria para elegir el camino adecuado.

Cuando sube al monte, símbolo del encuentro de Dios con el ser humano, en compañía de Pedro, Juan y Santiago, éstos se duermen. No son capaces de imitarlo en la oración. Únicamente se despiertan cuando ven la gloria del Hijo de Dios, que era lo único que ellos querían ver. Pedro se adelanta y le pide a Jesús que hagan tres casas iguales: para el profeta Elías, el legislador Moisés y el Maestro Jesús de Nazaret. Estos entusiastas planes son contrarios a la voluntad de Dios. El Padre quiere, ante todo, que la humanidad escuche a su Hijo y comprenda su camino. El triunfalismo típico de Pedro y los discípulos queda contravenido por una revelación divina que da todo el poder a Jesús.

El camino de Jesús no es el de los triunfos rimbombantes, sino el de un éxodo a Jerusalén. En esta ciudad el Mesías había de sufrir porque la gloria de Dios no actúa desde el terror y el poder infalible, sino desde la más llana humildad. Porque, como dice San Ireneo de Lyon: «La gloria de Dios es que el ser humano viva», y eso era lo que pretendía Jesús: las personas debían ser todos iguales ante Dios y vivir en continua solidaridad, resolviendo los conflictos por la vía pacífica. Sin embargo, los discípulos estaban empeñados en un mesianismo que era el del demonio, porque se basaba en el poder, en el prestigio y en el dinero.

¿Leemos el evangelio para conocer la propuesta de Jesús, el «camino» que él nos ofrece? ¿Somos capaces de transformar nuestra oración en un encuentro con Dios o la convertimos en una oficina de «quejas y reclamos»?

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 68, «En la cumbre del Tabor», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300068 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap68b.mp3

Para la revisión de vida
- ¿Revisamos, volvemos a la palabra de Jesús en las dificultades, o estamos tan dominados que se nos hace difícil oír cualquier voz que no sea la de la nuestros agobios?
¿Sabemos tomar distancia y abrirnos a la experiencia de Dios en los reveses?
¿Somos capaces de orar en la dificultad?

Para la reunión de grupo
- Revisando conversaciones o experiencias actuales iluminarlas con la experiencia que revela el texto de la Transfiguración. Contemplar el mundo y escuchar la voz de Dios que dice «Éste es mi hijo».
- Hay varios detalles que proceden del Antiguo Testamento. Identifícalos.
- Ejercer el diálogo con la Palabra donde Jesús adquiere iluminación y sentido buscando el silencio, la cercanía a la gente y sus problemas.

Para la oración de los fieles
- Oremos a Dios Padre, que revela la gloria de su Hijo y confirma su misión en las situaciones de desamparo y debilidad invitándonos a transfigurarlas:
- Por todos los bautizados, para que seamos testimonio con nuestra vida diaria del don de la fe recibido en el bautismo y continuamente renovado en la Eucaristía.
- Por todos los que se juegan su vida por la causa de los pobres, para que no decaiga su ánimo a pesar de las dificultades.
- Por todos los presentes para que sepamos escuchar con fe e imitar al Hijo amado del Padre.

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro: en tu Hijo transfigurado alentaste la esperanza de los discípulos para que aceptasen el misterio de que sólo la Cruz del esfuerzo es el camino que lleva a la Vida; te pedimos que fortalezcas también en nosotros la fe en la Resurrección, de modo que no seamos recelosos a la hora de entregar nuestra vida a la causa del Reino y al servicio a los hermanos. Por Jesucristo.
o bien:
«Dios de todos los nombres y de todas las religiones», que a lo largo de la historia humana te has hecho buscar y te has dejado encontrar misteriosamente por todas las religiones, por medio de las cuales has dado a tus hijos e hijas la luz de la fe para entender la realidad de un modo transfigurado, y el coraje del amor para comprometerse en la transformación del mundo; te pedimos que sigas haciéndonos capaces de transfigurar nuestra mirada y para transformar nuestra vida y mejorar nuestro mundo. Nosotros te expresamos estos nuestros profundos deseos, inspirados y movidos por el Espíritu de Jesús de Nazaret, tu Hijo, nuestro Hermano.



 
CLAI - Departamento de Comunicaciones - Inglaterra N32-113 y Mariana de Jesús - QUITO - ECUADOR
Tel: + (593-2) 2504-377, Fax: + (593-2) 2568-373 - E-mail: nilton@clai.org.ec