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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas


ESTUDIO EXEGÉTICO-HOMILÉTICO 069 - Diciembre de 2005
Instituto Universitario ISEDET
Autorización Provisoria Decreto PEN Nº 1340/2001
Es un servicio elaborado y distribuido por el Instituto Universitario ISEDET
Buenos Aires, Argentina
Este material puede citarse mencionando su origen
Responsable: Pablo Andiñach

Domingo 4 de Diciembre, Segundo Domingo de Adviento

Sal 70; Am 5:18-25; 1 Tes 4:13-18; Mt 25:1-13

El Adviento es tiempo de espera y preparación y el texto de este domingo nos conduce en esa dirección. La parábola de las diez vírgenes puede interpretarse de diversas maneras pero en el contexto litúrgico en que esta vez las leemos el énfasis debe ponerse en la preparación para recibir al Señor. Ese será el tema de esta predicación, una preparación que no puede soslayar las circunstancias en que se encuentra el creyente y la comunidad a la que se dirige el predicador.

El texto comienza con la frase varias veces reiterada de que "el Reino de los Cielos será semejante a." para referirse luego a la situación de las vírgenes que esperan al novio. La parábola busca dar un ejemplo que haga pensar en la realidad del Reino que se ha acercado en la persona de Jesús de Nazaret. Para ello recurre a la conocida costumbre de la época que en la fiesta de bodas la pareja fuera acompañada por un cortejo de muchachas solteras que primero esperaban al novio para entrar con él en la casa de la novia, y luego acompañaban a ambos a la casa de la familia de él donde se desarrollaba la fiesta familiar. Estas jóvenes estaban allí para agasajarlo y para expresarle la alegría de sus amigos y parientes por el enlace. Todo indica que su función es celebrar con él -y también con la novia- el acontecimiento que están realizando. Por eso se da en el contexto de una fiesta que aunque no se nombre en el relato es evidente que constituye un eje principal del mensaje: la gente está de fiesta porque llega el novio y algunas no se prepararon como debían para participar de ella.

Es preciso señalar desde un comienzo que las parábolas tienen sus propias claves de lectura. Leídas sin tenerlas en cuenta pueden hacer derivar su interpretación hacia donde ellas mismas no quieren ir. En el caso que nos ocupa no sería afortunado cargar las tintas sobre el hecho de que el novio rechaza a las insensatas y no acepta que entren en su fiesta. Buscar el sentido por ese lado ha hecho que este texto se haya leído muchas veces como una advertencia para aquellos que no estaban en buena relación con Dios y que así se exponían al rechazo de él mismo el día en que lo buscaran. Toda la Biblia está escrita para decir exactamente lo contrario: que en su amor Dios nos espera y nos va buscar al lugar más lejano para hacernos volver a su redil. Que no hay distancia que el Señor no esté dispuesto a recorrer para rescatarnos de allí donde hayamos caído. ¿Cuál es en consecuencia el sentido de ese final? El propósito de la parábola está expresado en la disposición de las vírgenes prudentes a hacer todo lo necesario para que nada perturbe el encuentro con el novio. En ese sentido el énfasis está puesto en la actitud hacia el acontecimiento que se aproxima. En el caso de las insensatas no hicieron todo lo posible por evitar el problema y así perdieron la oportunidad de estar en el momento justo en que el novio entraba a la casa. El cierre de la parábola pone en evidencia el valor del tiempo presente, aquel donde se juega el destino, y que desperdiciar ese momento conducirá al desastre. En la parábola ese desastre se manifiesta en el rechazo del novio de las que no estuvieron preparadas para recibirlo. Es decir, se exagera para poner en evidencia el mensaje central.

Lo mismo puede decirse respecto a las vírgenes que llegado el momento de recibir al novio no quisieron compartir el aceite de sus lámparas y obligaron a las demás muchachas a ir a comprar el suyo. Así estas últimas perdieron la posibilidad de entrar junto con ellas. No deberíamos asumir que el sentido de la narración es que en determinados momentos el egoísmo es aceptable y hasta aleccionador. Lejos está este texto de ir por ese camino. Es claro que si las prudentes hubieran dado aceite a las otras el novio podía quedarse sin cortejo y por lo tanto el agasajado hubiera sido despreciado. Lo que importa en este caso es preservar el derecho del novio de ser bien recibido y de disfrutar de su boda. Otra vez es necesario insistir que los detalles ayudan a resaltar el centro del relato y que en este caso lo que se hace evidente es que mientras unas estaban listas para el novio las demás no lo estaban y debieron salir a solucionar el problema cuando ya era demasiado tarde. No es la negativa de las primeras sino la impericia de las últimas lo que se destaca en la parábola. En cualquier caso el novio merece ser bien recibido y eso es lo que se preserva al evitar que todas se queden sin aceite en sus lámparas.

¿Cómo nos preparamos para recibir esta Navidad? La parábola nos invita a tomar el tiempo de adviento como un período para repensar nuestra fe en la perspectiva de que el Señor está pronto a llegar a nuestra vida y nuestro pueblo.

Desde el punto de vista homilético es posible explorar las varias pistas que este hermoso relato nos presenta.

•  El novio evoca a Jesús que llega a nosotros y por lo tanto podemos reflexionar sobre la figura del novio. Este es un joven que está planificando su vida e invitando a su amada a que la comparta con él. Tiene un proyecto y es un proyecto de vida y compartido. No viene a celebrar una batalla ganada ni un premio obtenido, viene a buscar a quien será su pareja de por vida y con quien encararán las alegrías y pesares. La imagen de un novio entrando a la casa de su novia hace pensar en el amor, en la entrega, en la alegría de llevar a cabo un proyecto.

•  Las vírgenes nos hacen pensar en aquellos que son invitados a recibirlo y a alegrarse con él de su llegada. La iglesia debe estar atenta al mensaje de aquel del cual en la próxima Navidad lo recordaremos entrando en la historia de la humanidad naciendo como un niño más.

•  Luego las vírgenes prudentes nos conducen a pensar en que debemos estar preparados para agasajar al novio. El Señor espera eso de nosotros y no es dado que nos olvidemos de ningún detalle. Por otro lado las insensatas nos hacen pensar en las veces que por descuido perdemos la oportunidad de descubrir a Dios en los hechos cotidianos. Ellas no comprendieron la dimensión de lo que estaba sucediendo y se dejaron estar. Esta imagen es pasible de compararse con la vida de fe y el testimonio. ¿Cuántas veces olvidamos que estamos ante el dador de toda vida? ¿Cuántas veces nos quedamos dormidos y sin aceite para recibirlo como él merece?

•  Un elemento a explorar en la predicación es que mientras la fiesta se está llevando a cabo dentro de la casa las que quedaron fuera se la pierden. Ese detalle fue utilizado desde un punto de vista moralista -y por lo tanto equivocado- como si significara que las personas que no están preparadas espiritualmente para recibir a Cristo quedan excluidas del amor de Dios. En consecuencia se vinculaba la falta de preparación a la situación de pecado y en especial a los pecados "morales" -como si alguno no lo fuera- y a la inmediata consecuencia de recibir el rechazo de Dios expresado en el último versículo. Creemos que otro es el sentido que puede extraerse de este detalle del relato. Las doncellas descuidadas que no tenían aceite se pierden la fiesta. Y no lo hacen por voluntad -¡a quien no le gusta una fiesta!- sino como consecuencia de su olvido. El novio las hubiera querido celebrando con él su familia pero su desidia la priva de ese privilegio.

•  Esto último de pie para una reflexión sobre el sentido de ser creyente desde el momento que serlo es ser parte de la fiesta de Dios, de la fiesta del niño de Belén que llega para salvar al mundo. Esa es la fiesta que celebramos y que en muchos casos está distorsionada por el comercio y la superficialidad.

•  Estar preparados para recibir al novio -al niño de Belén- es estar atentos a lo que pasa en el mundo que nos rodea. La imagen bíblica de las bodas es tomada -como en todos los casos de las parábolas- de la vida cotidiana de la época. También el relato nos conduce a meditar sobre el aceite provisto u olvidado. ¿Cuántas veces estamos más preocupados por cuestiones menores y nos olvidamos del aceite para el Señor?

•  Es necesario decir que la imagen del novio como Jesús también tiene sus límites. Las parábolas no son alegorías donde cada cosa es exactamente lo que parece significar. Que se diga que el novio al final no permite entrar a las olvidadizas a su fiesta no debe dar pie a predicar sobre que el Señor rechazará a quienes no supieron recibirlo a tiempo. Las puertas de su casa están siempre abiertas a recibir al equivocado, lo aquel padre recibió a su hijo cuando regresó a casa luego de sus aventuras, como aquel pastor que arriesgó su vida por salvar a la oveja que se había apartado. Su amor es mayor que el texto de una parábola por más que esta pertenezca a su propia palabra.

Prepararnos para la Navidad es estar atento a como nos disponemos a recibir a Dios en nuestras vidas. La parábola nos insta a hacerlo de la mejor manera que podamos.
 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.