
Jacob el pequeño
Visiones en Amos 7-9 Milton Schwantes
En homenaje al Pastor Werner Fuchs
1. La Escritura: memoria de los pobres
En América Latina la Biblia está siendo redescubierta. Ella es leída con fervor. Es símbolo y alimento del nuevo modo de ser de toda la Iglesia. Las comunidades cristianas se nutren y se animan, leyendo y celebrando la historia bíblica.
Este redescubrimiento muestra una nueva manera de comprender la Escritura. Se experimenta una nueva aproximación a los textos. Se abren nuevas puertas. Paso a caracterizarlas, aunque de manera muy breve. La nueva lectura es, en primer lugar, profundamente litúrgica. Está enraizada en la convivencia de la comunidad, en su canto, en su oración, en su eucaristía. No fue concebida en el academicismo o en el mundo racional. Su cuna es la liturgia comunitaria.
Proviene de la práctica de la comunidad y a ella se dirige. Son las luchas por la tierra y por el techo las que, entre nosotros, empujan y animan a redescubrir la historia bíblica. Es la opresión de la mujer pobre y la expoliación de la clase trabajadora las que dirigen la óptica de lectura. Ellas reivindican una interpretación que parta de lo concreto y de lo social, de los dolores y utopías de la gente latinoamericana. Las luchas de nuestros pueblos fermentan y maduran el nuevo modo de leer. Y, en fin, emerge un nuevo portador de la interpretación. Mujeres y hombres empobrecidos se hacen sujetos de la lectura. Los empobrecidos son los nuevos agentes, los nuevos hermeneutas. La Escritura es memoria de los pobres.
Estas son algunas de las nuevas puertas que las comunidades van abriendo. Hay otras más. Aquí sólo quise aludir a esta nueva experiencia que nos marca en América Latina.
Esta lectura litúrgica, práctica y popular, incide sobre el estudio de la Escritura. Plantea nuevas cuestiones a los asesores. Traza nuevas exigencias al estudio. En la medida en que estudio y asesoría quieran ser solidarios y eficaces en medio de la iglesia de los pobres, pasarán a recrear el saber bíblico en medio de la práctica de las comunidades. Esta es una nueva exigencia. Sólo paso a paso podremos corresponder. Se trata de un camino por andar. En cada nueva curva del trayecto, se abrirán otros horizontes.
Seguidamente, nos pondremos a caminar en compañía de Amós 7-9. En estos capítulos atenderé a las visiones. El acceso a ellas estará marcado por un doble enfoque. Estaré tomando en cuenta el redescubrimiento bíblico que toma cuerpo en nuestra América Latina, cuanto consideraré la praxis histórica en la cual los textos en cuestión fueron formulados. Entiendo que esta manera de abordar el texto desde lo concreto, promueve la solidaridad con los oprimidos. Deletrea su dolor. Sensibiliza con su esperanza.
2. El contexto literario de las visiones
Me propongo privilegiar un enfoque. Pretendo concentrar la atención en algunos versículos. Se trata de un recurso metodológico. No deseo excluir otros abordajes ni dejar de considerar el contexto literario de estas visiones de Amós 7-9. Solamente estoy circunscribiendo la peculiaridad de este ensayo.
El lugar de las visiones dentro del libro es, sin duda, en verdad significativa.
Al final, en los capítulos 7-9, nos encontramos con cinco visiones (7,1-3; 7,4-6; 7,7-9; 8,1-3; 9,14) y diversas complementaciones. Después de la tercera visión (7,7-9), se da una interrupción. Hay intercalada una narración acerca del conflicto entre Amós y Amasías, en Betel (7,10-17). También después de la cuarta visión (8,1-3), hay otra interrupción. Se haya intercalada una colección de dichos que presenta escenas de la opresión a los pobres y de la destrucción de los opresores (8,4-14). Y lo mismo después de la quinta y última visión (9,14) se hacen enmiendas. Le siguen expresiones hímnicas (9,5-6) que, ciertamente, tienen la función de cerrar el conjunto. Similar papel desempeñan los dos dichos proféticos de 9,7-8. 9-10. Ambos son en verdad radicales contra el "reino pecador" y la "casa de Israel". Reafirman y sintetizan lo que es pormenorizado en el resto de los capítulos 7-9.
En estos capítulos, las visiones funcionan como columna dorsal. Representan su base. Es lo que se puede ver al esquematizar el conjunto:
7,1-3 primera visión
7,4-6 segunda visión
7,7-9 tercera visión
7,10-17 narración
8,1-3 cuarta visión
8,4-14 colección de dichos
9,14 quinta visión
9,5-6 himno
9,7-10 dichos
Aquí se ve que las visiones hacen las veces de hilo conductor. Narración, himno y dichos, son agregados. Pero, ciertamente, no son intercalaciones casuales. Solamente las tres últimas visiones poseen agregados. Diría que se trata de una especie de comentarios explicativos. La narración del conflicto entre Amós y Amasías (7,10-17) ejemplifica el sentido de la tercera visión (7,7-9). La colección de dichos (8,4-14) que acompaña la cuarta visión (8,1-3), explica la razón de la destrucción anunciada: los palacios serán destruidos (8,1-3), porque promueven la opresión de los pobres (8,4-6). Además de lo dicho, 8,4-14 también prepara la quinta visión al enunciar el fin del culto. Y esta quinta y última visión (9,1-4) es completada por el himno que enaltece a Yahvé (9,5-6). Pienso que los dichos en 9,7- 8 y 9,9-10 no sólo tienen en mente la última visión, sino la totalidad de los capítulos 7-9.
Por lo tanto, la disposición literaria de estos tres capítulos no es para nada accidental. Tiene sus intenciones. Persigue propósitos peculiares que si ahora no profundizo, no es porque niegue su relevancia. Si los dejo fuera del enfoque principal es para poder dar más atención a las visiones que, en última instancia, constituyen el fundamento de estos capítulos. Merecen, pues, atención especial. De su comprensión, en buena medida, depende que se entienda el conjunto.
Aparte de este contexto literario más inmediato, la totalidad del libro tiene también su relevancia para las visiones. La primera frase del libro se refiere a ellas. El título anuncia: "Palabras que Amós vio" (1,1). Recién en los capítulos 7-9, aparecen estas "palabras vistas" por Amós. Aquí incluso es llamado "vidente" (7,12). Luego, el título del libro remite ya a las visiones.
Además de este detalle, hay otro factor que evidencia la importancia de las visiones para la totalidad del libro. En los textos que preceden a los capítulos 7-9, Amós se autodefine como "mensajero". Esto es lo que se deduce de la fórmula introductoria: "Así ha dicho Yahvé" (1,3.6; 3,12; 5,16; etc.). Los mensajeros acostumbran presentarse de esa manera (Gn 32,3-6). Amós es uno de estos mensajeros que habla en nombre de otro. En 3,8, incluso se nos dice que ello lo hace bajo coacción: "Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Yahvé Dios, ¿quién no profetizará?". Ahora bien, las visiones de nuestros capítulos 7-9 muestran por qué Amós tiene que hablar. Evidencian porqué es mensajero. ¡Habla porque vio! ¡Es mensajero porque es visionario! Por lo tanto, los capítulos 1-2 y 3-6 son iluminados por las visiones de los capítulos 7-9.
En fin, no se puede dejar de anotar que los capítulos 7-9 parecieran ser una cierta sinopsis de los precedentes. El profeta nos es mejor presentado, ya sea en sus experiencias visionarias, ya sea en su confrontación con Amasías. Su crítica social es reforzada mediante una parcial repetición de su defensa de los pobres (8,4-6, semejante a 2,6-8). Y en particular, el mensaje profético es concentrado en torno a dos cuestiones centrales: ¡negación del templo y del reinado! Los capítulos 7-9, de hecho, ¡condensan el libro! En consecuencia, las visiones requieren ser leídas en este contexto más amplio.
Evidentemente, las vinculaciones contextuales de las visiones ni de lejos quedan agotadas con las observaciones hechas. Pero, como no se trata de nuestro enfoque principal, puedo darme por satisfecho. En todo caso, dejamos constancia de que es muy válido observar las conexiones de las visiones con su contexto literario menor (capítulos 7-9) y mayor (todo el libro). Y, por último, hemos podido constatar que estas cinco visiones, las cuales pretendo analizar con más detenimiento, desempeñan un papel especial en Amós.
Pasemos, pues, a las visiones en Am 7-9. Las dos primeras son semejantes. Pueden ser agrupadas.
3. "Se arrepintió Yahvé"
Las dos primeras visiones forman un conjunto. Forma y contenido lo evidencian. Pienso que incluso una primera lectura de estos versículos permite percibirlo. Pasemos, pues, sin demora a la traducción. (Recuerdo que tanto en estos versículos cuanto en las demás visiones, existen problemas de crítica textual. Los pormenores pueden ser examinados consultando la bibliografía mencionada al final de este ensayo).
1 Así me hizo ver mi Señor Yahvé: He aquí que alguien
criaba langostas cuando comenzaba a crecer el heno
tardío. He aquí que era el heno tardío después de la
siega del rey. 2 Cuando ellas pretendían terminar de
consumir la hierba de la tierra, yo dije: "Mi Señor Yahvé,
¡perdona, por favor! ¿Quién levantará a Jacob? ¡Pues
él es pequeño!" 3 Se arrepintió Yahvé de esto. "No será", dijo Yahvé.
4 Así me hizo ver mi Señor Yahvé: He aquí que alguien
(mi Señor Yahvé) llamaba para juzgar con fuego. Cuando
había devorado el gran abismo y consumiría la herencia,
5 yo dije: "Mi Señor Yahvé, ¡para, por favor! ¿Quién
levantará a Jacob? ¡Pues él es pequeño!" 6 Se arrepintió
Yahvé de esto. "Tampoco esto acontecerá", dijo mi
Señor Yahvé. (Am 7,1-3.4-6)
En ambas visiones las amenazas son suspendidas. "No acontecerá" es el veredicto final sobre las langostas y el fuego avasallador. Hay, pues, perdón. Las intercesiones del profeta son atendidas. En la primera visión, la intercesión está expresamente formulada como pedido de perdón. Ya en la segunda, asume contornos más incisivos. No es pedido. ¡Es apelación! "¡Para, por favor!".
En las dos ocasiones el argumento es el mismo: "¿Cómo subsistirá Jacob? ¡El es pequeño!" La pequeñez de Jacob motiva la intercesión profética. Y es ella también la que motiva el arrepentimiento y la compasión divinos. La profecía evoca la pequeñez. El perdón la trae a la memoria del propio Yahvé. En todo caso, esta referencia a la pequeñez de Jacob es decisiva para que cese la plaga de langostas y el fuego devastador. ¿Y quién es este pequeño Jacob?
La respuesta, primeramente, tendrá que ser buscada en las propias visiones. Esto podría no ser tan fácil. Las visiones juegan con figuras. Su lenguaje no deja de tener aires enigmáticos. Pero, esto no sucede con las dos que tenemos frente a nosotros. En ellas predomina lo concreto. Permiten que se identifique quién está siendo amenazado y, en virtud de la intercesión profética, perdonado.
La primera indudablemente nos conduce al mundo de los campesinos. Nos sitúa en el ámbito de su producción. El rey "segará" el primer plantío. Esta "siega del rey" es la pretensión de la realeza de confiscar directamente la producción campesina en situaciones de crisis (l Re 18,5) o de hacerla tributar regularmente (1 S. 8,10-17). La "siega del rey" absorberá la primera planta, la más rentable. Queda a Jacob, y esto es, a los labradores, el "heno tardío", la planta de la tarde, menos rentable que la primera. Y esta pasa a sufrir la amenaza de las langostas. Estas ponen en peligro la "planta de la tierra". En este caso, "planta" es el cereal y la demás vegetación del campo. Y la "tierra" es aquí sinónimo de roca. En suma, la primera visión tiene como tema la amenaza a los resultados del trabajo de los campesinos. ¡La producción está en juego!
La plaga de langostas es suprimida: "no sucederá". Lo mismo no sucede con la "plaga" de la "siega del rey". Esto sorprende, pero sólo en un primer momento, pues a partir de la tercera visión estará en discusión precisamente esta "plaga del rey".
Las comunidades cristianas se nutren y se animan, leyendo y celebrando la historia bíblica.
La segunda visión nos transporta al contexto de la roca. Se refiere a una amenaza todavía más radical para la sobrevivencia del pequeño Jacob, esto es, del campesinado. A Amós le es dado ver una sequía colosal. Se secan las aguas del "gran abismo". En la cosmovisión de la época, este es el océano debajo de la tierra. Son las aguas del subsuelo, tan decisivas en Palestina para la sobrevivencia en el verano, en los meses de sequía. Una vez "devorado" el "gran abismo", las condiciones mismas de trabajar y de producir se ven afectadas. La "herencia" pasa a estar en peligro. Aquí, esta "herencia" es la parcela de tierra a disposición de un clan agrícola (l Re 21,3). Es lo que la primera visión designara como "la tierra" (v. 2). Es el medio de producción.
Por lo tanto, las dos primeras visiones se sitúan en el ambiente de la roca. En la primera está en juego la producción de la gente del campo, su "heno tardío". En la segunda, lo que está en peligro es su propio medio de producción, su "herencia". Las amenazas que sobrevendrían de una "bandada de langostas" y del fuego al consumir el "gran abismo", son suspendidas por Yahvé, sensible a los clamores de profeta. Así, pues, Yahvé y su profeta son defensores del pequeño Jacob, que es el campesinado amenazado por las adversidades de la naturaleza y por las "siegas del rey". Es lo que se lee también en el resto de la profecía de Amós. El es el defensor de los labradores y de los campesinos empobrecidos y expoliados. La profecía de Amós es la voz de los empobrecidos, como se ve inclusive en el ámbito de los capítulos 7-9, en 8,4-6 (véase, por ejemplo 2,6-9; 5,11-12).
Langostas y sequías monumentales están aplacadas. La "siega del rey" continúa intacta. De ella se encargarán las próximas visiones. ¡Vamos a ellas!
4. "¡Jamás pasaré!"
La tercera y la cuarta visiones (7,7-9 y 8,1-3), forman un par diferente en forma y contenido de las dos primeras. (Nuevamente hay que señalar que el texto hebreo no fue bien transmitido. Quedan incógnitas que se encuentran discutidas en la bibliografía especializada que se cita al final)
7 Así me hizo ver: He aquí que mi Señor estaba parado sobre un muro. Tenía en su mano una plomada. 8 Y Yahvé me dijo: "¿Qué ves, Amós?". Yo dije: "Una plomada". Mi Señor dijo: "He aquí que yo puse una plomada en medio de mi pueblo Israel. Jamás pasaré por él. 9 Serán destruidos los altos de Isaac. Los santuarios de Israel serán devastados. Me levantaré con espada contra la casa de Jeroboam".
1 Así me hizo ver mi Señor Yahvé: He aquí un cesto de frutas de verano. 2 Y él dijo: "¿Qué ves, Amós?" Yo dije: "Un cesto de frutas de verano". Me dijo Yahvé: "Llegó el fin para mi pueblo Israel. Jamás pasaré por él". 3 En aquel día gemirán las cantoras del palacio, dice el Señor Yahvé. Muchos cadáveres en todas partes están regados. ¡Silencio! (Am 7,7-9; 8,1-3)
La "plomada" y el "cesto de frutas" en rigor no representan amenazas. Aquello que el profeta ve no tiene un sentido fijo. Podría asumir múltiples significados. Es la palabra de Yahvé la que atribuye a la "plomada" y al "cesto de frutas" una interpretación determinada, las que explicitamos como amenazas. No hay intercesión ni posibilidad de suspensión del aniquila- miento anunciado. "¡Jamás pasaré!", esto es, "¡Jamás transigiré!". Las amenazas son irrevocables.
Estas dos visiones son, pues, muy distintas de las dos primeras. Su intencionalidad es otra. Y se refieren también a grandezas distintas. Las dos primeras decían respecto al pequeño Jacob, los labradores "segados" por el rey y "devorados" por plagas y sequías. Las dos ahora en estudio amenazan a "mi pueblo Israel". ¿Y quién es éste? La respuesta ha de ser buscada, en la medida de lo posible, en las propias visiones. Veamos.
Acabamos de observar que recién la palabra divina fija el sentido de la "plomada" y del "cesto de frutas". Esta constatación acerca del significado de aquello que el profeta ve, no excluye que se pregunte por su ubicación social. ¿A qué contexto social pertenecen "plomada" y "cesto de frutas"? En el caso de la "plomada", la propia visión aclara que estamos "sobre un muro". Se podría pensar en un "muro" de la ciudad. Sería lo más obvio. El "cesto de frutas" permite también alguna deducción. Se podría pensar en la fiesta de la cosecha de las frutas. En este caso, estaríamos en el ámbito de lo sagrado, posiblemente otra vez en el ambiente de la ciudad. Por lo tanto, "plomo" y "cesto de frutas" podrían apuntar hacia el mundo urbano. Pero eso no pasa de ser una posibilidad toda vez que, también en lo que concierne a su identidad social, las "cosas" vistas permanecen vagas y poco definibles. En todo caso, queda la sospecha: las visiones de la "plomada" y del "cesto de frutas", ¿tendrían en mente el mundo de la ciudad?
Esto es lo que se confirma a partir de 7,9 y 8,3. Estos dos versículos son decisivos para la identificación del contexto social de la tercera y de la cuarta visión.
El escenario aludido en 8,3 es el cortesano. En palacio abundan los cadáveres, prevalece el silencio fúnebre. Las "cantoras del palacio", que eran esclavas y en tiempos de "paz" animaban las fiestas palaciegas, presiden ahora los rituales fúnebres de sus señores. A la corte se refiere también 7,9, al anunciar la muerte para la "casa de Jeroboam", es decir, para la dinastía en el poder. Se podría decir que 8,3 (el entierro de los de la corte) es el cumplimiento de lo preanunciado en 7,9 ("Me levantaré con espada contra la casa de Jeroboam"). Luego, este mundo palaciego es, en concreto, "mi pueblo Israel". En lo que toca a las "cantoras del palacio"-¡que no sucumbieron!-, ellas forman parte del pequeño Jacob. Después de todo, ¡el campo era el lugar de origen de estas "cantoras"-esclavas!
En 7,9 tenemos la confirmación de este resultado desde otro ángulo. Además de amenazar a la "casa"-dinastía real, este versículo pone en peligro los "altos de Isaac" y los "santuarios de Israel". Serán destruidos y devastados. Los "santuarios de Israel" habrían de ser los centros cúlticos de mayor proyección en el Estado de Israel, en especial el de Betel (7,13), pero también los de Samaria (Os 8,4-6) y el de Dan (l Re 12,29-30). Los "altos de Isaac" son los locales de menor relevancia, como los de Guilgal y Berseba (Am 5,4-5). Tanto unos como otros se hallaban profundamente ligados a los intereses palaciegos y urbanos. "Mi pueblo Israel" es, pues, este conjunto constituido por ciudad, palacio y templo. Es lo que confirma también el contexto literario. La narración de 7,10-17 es un comentario a la tercera visión. De acuerdo con ella, Yahvé "jamás pasará" por la dinastía, el templo, el sacerdocio. Y la colección de dichos de 8,4-14, explicita el sentido de la cuarta visión. De acuerdo con ella, la muerte en el palacio arrastra consigo a los comerciantes (8,4-8), los ritos y lugares sagrados (8,9-14). Y estos que se encuentran bajo la mira de la amenaza profética, son "mi pueblo Israel". Este "mi pueblo Israel", del cual Yahvé pronostica: "jamás pasaré", es el "reinado pecador" (9,8). Es todo lo contrario del pequeño Jacob, esto es, del campesinado "segado" por la realeza y amedrentado por las plagas y por el "fuego" de la sequía; de las "cantoras", campesinas esclavizadas en el palacio; y, en fin, de los "pobres", tan defendidos por Amós.
Podemos pasar a la quinta visión. Su asunto aparece ya en la tercera, cuando son mencionados los "altos de Isaac" y los "santuarios de Israel".
5. "Golpeaba el capitel"
La quinta visión (9,1-4) se encuentra sola, sin embargo, su proximidad a las dos precedentes es evidente. Es su continuación. Las lleva a su culminación. (Infelizmente, una vez más el texto original encierra muchas incertidumbres. De ellas nos habla la bibliografía especializada con mayores detalles).
1 Vi a mi Señor parado sobre el altar. Golpeaba el capitel, de suerte que se estremecían los umbrales. Y él dijo: "Destrozo la cabeza de todos ellos, su resto mató a espada. No escapará de ellos un fugitivo siquiera, ni se salvará ningún refugiado. 2 Aunque penetren en el mundo de los muertos, de allá los sacará mi mano. Aunque suban hasta el cielo, de allá los haré descender. 3 Aunque se escondan en la cumbre del Carmelo, allá los buscaré y agarraré. Aunque se escondan en el mar lejos de mis ojos, allá ordenaré a la serpiente que los muerda. 4 Aunque fuesen al cautiverio delante de sus enemigos, allá ordenaré a la espada que los mate. Pondré mis ojos sobre ellos para mal, no para bien".(Am 9,1-4)
Es evidente que esta visión difiere de las anteriores. Resalto dos diferencias. Por un lado, la mayor parte de estos cuatro versículos insisten en afirmar la ruina total. Nada queda del resto. No escapa fugitivo ni desertor. Ni siquiera los mejores escondrijos dan abrigo. Tan gran obstinación de "destrozar la cabeza de todos ellos", no aparecía en las dos visiones precedentes. Por otro lado, el profeta ve al propio Yahvé: "vi a mi Señor". Las visiones anteriores no habían llegado a este punto. Mantenían una respetuosa distancia. Por lo tanto, la quinta visión no sólo está separada de las otras, sino que es su culminación. Al final, el propio Yahvé es visto, y de los amenazados nada resta. ¿Quiénes son ellos? Para la comprensión de esta quinta visión y, en consecuencia, de las demás, es fundamental identificar qué es lo que está siendo "golpeado" y "destrozado".
¡El objeto de destrucción completa es el templo! Esta es la deducción que se impone a partir del texto.
Yahvé se encuentra "parado sobre el altar". Aquí no se trata ciertamente del pequeño altar para quemar el incienso, que existía dentro de la sala mayor del templo (ver Is 6,6-7). Debemos pensar más bien en el altar de los sacrificios, construido al aire libre frente al santuario. "Sobre" este altar se encontraba el Señor. Por otra parte, no deja de ser un tanto extraño que Yahvé estuviera "parado sobre" este lugar tan sagrado. Se esperaría verlo "junto" al altar, ocupando el lugar del sacerdote. El gesto de pararse "sobre el altar" hiere la sensibilidad; es poco elegante. Pero sucede que el altar no agrada a Yahvé; por el contrario, "le aborrece" (Am 5,21-23). Luego, ¡no es casual que el Señor estuviera parado justamente "sobre el altar" !
Desde encima del altar, Yahvé "golpeaba el capitel". A los golpes del propio Dios, no hay construcción que resista. Se estremecen los umbrales, como en un día de terremoto. El edificio se derrumba sobre "la cabeza de todos ellos". ¡Y esta construcción es el templo! De él y, en especial, de sus más allegados adeptos, de aquellos que tenían acceso al interior de lo sagrado, nada quedará. Estos que no conseguirán huir ni protegerse, son primordialmente los sacerdotes.
En rigor, esta radical amenaza al templo, sus ritos y sacerdotes, se encuentra presente desde la tercera visión, la cual profetiza la destrucción de los "altos de Isaac" y de los "santuarios de Israel" (7,9). La historia del conflicto entre Amós y el sacerdote Amazías (7,10-17), se refiere a la misma cuestión. Y en la colección de dichos que precede a la última visión, la negación de los santuarios y de los ritos está presente (8,10,13-14). En otras partes del libro se lee lo mismo (2,8; 4,4-5; 5,4-5.21-27). Sí, el repudio al templo es uno de los estribillos propios de Amós. ¡No extraña, pues, que constituya el ápice del ciclo de las visiones!
A nuestra quinta visión le sigue un himno (9,5 -6). Es, por así decirlo, la última estrofa de un himno de alabanza, del cual son también parte: 4,13; 5,8-9, y que está próximo al propio encabezado del libro: 1,2. Es muy probable que este lenguaje hímnico haya sido incluido por los compiladores posteriores. Por lo tanto, incluso para las generaciones posteriores a Amós, la alabanza a Yahvé alcanza su sentido más pleno recién después de la ruina total y completa del templo. ¿Por qué se da tanta relevancia al templo?
6. Las visiones en el conflicto campo-ciudad
El templo es parte de un todo mayor, al cual está integrado y en el que cumple su papel. Por consiguiente, es necesario identificar mejor este todo social. Lo hago con la brevedad debida, tomando como referencia nuestro conjunto de las cinco visiones. La visión sobre el templo encierra una serie de cinco visiones. Estas se subdividen claramente en dos tipos. En unas, las amenazas son seguidas de perdón; en las otras, se hace efectiva la desgracia. La suspensión de la pena acontece en las dos primeras; en las tres restantes prevalece la destrucción.
Las primeras hacen referencia al campo. Lo que se encuentra en discusión es tanto el resultado del trabajo de los agricultores, cuanto la propia posibilidad de producir. Lo que está en juego es la tierra (amenazada por la sequía) y la producción (amenazada por reyes y langostas). Este mundo del campo es el pequeño Jacob. Son las mujeres, los hombres y los niños, organizados de manera clánica y tribal en las aldeas y las aldehuelas. A este ambiente, porque son oriundas de la roca, pertenecen también las "cantoras"-esclavas citadas en 8,3.
Las tres últimas visiones, en cambio, tienen relación con la ciudad. Se refieren a sus muros y fiestas, sus lugares sagrados en los altos y santuarios, sus dinastías y palacios, sus templos y sacerdotes. Tematizan la ciudad y sus instituciones. Dentro de ellas cabe un papel preponderante al Estado monárquico. El es el coordinador de los intereses urbanos. Este mundo es "mi pueblo Israel" o simplemente "Israel".
La base real de estas cinco visiones constituye, pues, el conflicto entre campo y ciudad. Esta es la contradicción elemental en el sistema tributario o tributarismo, el modo de producción del mundo bíblico, en general, y de los tiempos de Amós (s. VIII a. C.), en particular. El campo es el lugar de la producción. El generador de la riqueza social es el clan agrícola. La ciudad sobrevive con base al campo. Recauda parte de sus productos y recluta a sus pobladores para el trabajo forzado en las construcciones públicas. Para hacer efectivos sus intereses, la ciudad se organiza en forma de ciudad-estado o, en conjunción con otras ciudades, se agrupa en un Estado territorial. Ejército, templo y burocracia, son los soportes o puntales de tales ciudades y estados. Frente a estas instancias urbano- estatales, el campesinado lucha por la disminución y extinción del tributo y por la abolición del trabajo forzado. Tanto el éxodo (Ex 1-15), cuanto la división del reino davídico-salomónico (l Re 11-12), se sitúan en el ambiente de esta oposición frontal al trabajo forzado.
Este es el contexto de las cinco visiones. En ellas, Amós es la voz del campo. Es la utopía de quien trabaja y produce. Es la defensa de quien enfrenta langostas y sequías para después ser "segado" por el rey, el sacerdote, el Estado y el templo. Por lo tanto, una lectura sociológica de las visiones nos provee el sentido del texto en conexión con las luchas reales existentes en una sociedad tributaria.
Con esto también hemos avanzado una explicación de la relevancia del templo, que ocupa un puesto tan central en las visiones.
En el tributarismo, el sector urbano-señorial todavía no alcanza a alterar las condiciones de vida y de producción en la aldea. Los clanes aldeanos mantienen una significativa autonomía. Controlan el proceso productivo. Los campesinos no son ni siervos feudales ni esclavos. No están expropiados. En consecuencia, ciudad y Estado tienen cierta dificultad en apropiarse de los productos del campo o en reclutar su fuerza de trabajo. No es raro el recurso de la represión militar y la fuerza bruta para "convencer" a los labradores del pago de los tributos. Es lo que se puede ver en Am 2,7; Mq 3,1-4; Ex 1-2, por ejemplo. Por más eficiente que sea la utilización del ejército en la recaudación del tributo, a largo plazo, no es apropiada. Existe otro instrumento más eficaz. Se trata del templo, su religiosidad y sus ritos. En el tributarismo el templo es central de recaudación del excedente. Allí se junta, con ocasión de las grandes fiestas de la cosecha y mediante la multiplicidad de ritos, la riqueza social campesina. Justamente por eso se da una estrecha vinculación entre el santuario y el Estado. Esto se puede constatar tanto en el conflicto entre Amós y Amasías (Am 7,10-17), cuanto en la condenación de Jesús (Mc 14-15). Por desempeñar un papel tan decisivo en el tributarismo, el campesinado negó continuamente el templo. La defensa del campo y la oposición al templo urbano son, en verdad, dos caras de la misma moneda. Así se explica por qué las visiones de Amós -en defensa del pequeño Jacob y en objeción del Estado de Israel-, culminan en la ruina del templo, destrozado por el propio Yahvé. Nuestro visionario se encuentra situado en las contingencias históricas del tributarismo y las analiza, en su palabra profética, desde la opresión y la utopía del campesinado tributario, "segado", esclavizado, expoliado. Las visiones no lo desplazan fuera de su contexto social; más bien lo lanzan para dentro de lo medular del conflicto. Revela la contradicción. Revela la crisis. No es, pues, casualidad que el desacuerdo entre el profeta del pequeño Jacob y el sacerdote del santuario del rey, aparezca en el comentario de una de las visiones. Ni hay que extrañarse que otra sea explicada por una denuncia como la siguiente: "Oid esto, vosotros que pisotiáis al pobre y que elimináis a los oprimidos del campo" (8,4).
7. El camino de la pastoral
No estoy dando por cerrada la interpretación del ciclo de las visiones de Amós 7-9. Muchos detalles no han recibido atención. Aparte de esto, permanece el problema de la transmisión del texto hebreo con sus "impasses" y posibles engaños. Así mismo, la teología de estos capítulos merecería ser evaluada. Ciertamente, persisten tales tareas. Sin embargo, pienso que al menos he esbozado una respuesta para la cuestión que me plantee: situar las visiones en su contexto social. Por ello, juzgo adecuado que, por ahora, nos encaminemos a una conclusión.
Comencé por la pastoral. Fue mi referencia en el transcurso de la reflexión sobre los capítulos 7-9. Retorno, pues, a la pastoral. Qué servicio podría prestar este estudio a las comunidades cristianas que, en medio de los pobres, dan nuevo rostro a las iglesias.
Propongo comenzar por la constatación de la distancia. Este ensayo no es ni quiere ser un texto para ser leído en el encuentro del círculo bíblico, allí en la periferia de la ciudad o entre los sin tierra. El no se presta para esa aplicación inmediata. Presupongo que el lector tenga sensibilidad para las cuestiones literarias. Probablemente, sólo quien esté habituado a la lectura alcanzará a valorar la relación entre las tres últimas visiones y sus comentarios anexos. Además de esto, cuento con lectores que estén ejercitados en la percepción de la diferencia entre el tributarismo y el capitalismo. Estoy insistiendo en que no se apliquen de manera directa a nuestra situación, textos formulados en ambientes socio-históricos muy diferentes. Por lo tanto, este ensayo no es un reportaje de la reunión comunitaria. ¡Pero, ahí brotó y allá remite! La solidaridad con los empobrecidos es, pues, la matriz de nuestra relectura de las visiones. No me parece necesario explicitarlo. Es lo que se transpira a cada paso. Las "cantoras" esclavas, el pequeño Jacob, el profeta de los pobres son, claramente, la clave hermenéutica de este comentario a Am 7-9.
No obstante, no me parece que en la relectura bíblica sea suficiente el ser solidario con las mujeres y los hombres empobrecidos. Igualmente decisivo es el modo de leer. La sola intención y el propósito pueden evidenciarse como incompletos. El método de lectura de la Biblia necesita estar ajustado al método de lectura y de transformación de las condiciones a las cuales los pobres están siendo sometidos. Los pobres se entienden cada vez más como empobrecidos y, en sus organizaciones, muestran que recién el derrocamiento de las causas de su diaria pauperización será capaz de transformar su situación. La lectura de la Biblia no podrá estar separada de esta práctica de los oprimidos. Ella precisa estar inserta en el método de los pobres. Justamente por eso insistí en situar las visiones de Amós en la práctica y en la utopía del pequeño Jacob. Luego, la manera de leer la realidad y de transformarla y la manera de interpretar la Sagrada Escritura convergen. "La religión pura y sin mancha para con nuestro Dios y Padre, es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y, asimismo, guardarse incontaminado del mundo". (Tg 1.27)
Ni la solidaridad, más bien intencionada, ni el método más afinado, bastan por sí solos. Afirmar su suficiencia rayaría con la arrogancia. Y , en última instancia, la solidaridad y el método no son los que sustentan y nutren las comunidades de las mujeres y de los hombres oprimidos. Lo que las impulsa a resistir con tenacidad y a avanzar con sabiduría, es la experiencia de Dios. En esta mística reside el secreto de la insumisión. Es lo que a ojos sucede en nuestros días. La tarea primordial de la relectura bíblica está conectada a esta experiencia de Dios. Textos como los capítulos 7-9 del libro de Amós ayudan a madurar el conocimiento del Yahvé que está con el pequeño Jacob, "segado" por los reyes y en dificultad con las adversidades de la naturaleza. Yahvé , él mismo como Creador y Liberador, es solidario con las "cantoras"-esclavas, las viudas, los huérfanos, los pequeños. No hay nada más decisivo que este testimonio respecto del Dios que ve y oye el clamor de su pueblo pisoteado.
Referencias bibliográficas
Evité las notas bibliográficas. Ahora al final, juzgo necesario indicar algunas de las obras que fueron compañeras de jornada. Existe una valiosa bibliografía sobre Amós. Cito algunos de los trabajos más recientes; en ellos está valorizada y considerada la literatura más antigua. Dentro de los comentarios exegéticos, el más exhaustivo y valioso continúa siendo el de Hans Walter WOLFF. "Dodekapropheton 2 Joel und Amos", en: Biblischer Kommentar Altes Testament, Vol. 14/2. Neukirchen, 1969. Existe traducción al inglés: "Joel and Amos", en: Hermeneia. Philadelphia,1977. En español se encuentra accesible una síntesis de este comentario bajo el titulo: "La hora de Amós", en Nueva Alianza, Vol.92. Salamanca,1984. Importante también es el comentario de Wilhelm RUDOLPH. "Joel-Amos-Obakja-Jona", en Kommentar zum Alten Testament, Vol. 13/2. Gutersloh, 1971. Informaciones exegéticas e históricas pueden ser obtenidas consultando otros estudios. Reseño algunos: Georgio TOURN. Amós, profeta de la justicia. Buenos Aires ,1978; Nelson KIRST. "Amós, textos seleccionados", en: Exegese, Vol. 1/1-2. São Leopoldo,1981; J. A. MOTYER. O dia lo leao, a mensagem de Amós. São Paulo, 1984; Milton SCHWANTES, Amós, meditaçoes e estudos. Sao Leopoldo,1987. Existe una monografía reciente especializada en las visiones de Am 7-9: Gunter BARTCZEK. "Prophetie und Vermittlung, zur literarischen analyse und theologischen interpretation der visionsberchte des Amos", en Euro- paische hochschulschriften, Serie 23, Vol.120. Frankfurt a. M.,1980. Para el análisis literario recurrí a Pablo Rubén ANDINACH. "Amós: memoria y hermenéutica; análisis estructural y hermenéutica", en Revista Bíblica, año 45. Buenos Aires,1983, págs. 209-301. Introducciones al tributarismo se encuentran, por ejemplo, en: Francois HOUTART. "Religiao e modos de producao pré-capitalistas", en Pesquisa y projeto, Vol. l. São Paulo,1982; Philomena GEBRAN (ed.). "Conceito de modo de producao", en: Pensamento crítico, Vol. 24. Rio de Janeiro, 1978.
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