
Trabaja en propagar la Buena Noticia
J.P. Wyssenbach
"Trabaja en propagar la buena noticia y desempeña
bien tu servicio" (2 Tim 4,5)
Una Mala Noticia
Casi un millón de venezolanos están desempleados. Casi otro millón de venezolanos están subempleado. Siete millones de venezolanos viven en situación de pobreza. Otros siete millones viven en situación de pobreza crítica: ni utilizando todos sus ingresos en comida tienen suficiente para una buena alimentación. En los últimos seis años el costo de la vida ha sufrido un aumento del 80%. Hay algunos venezolanos que ganan mensualmente mil veces más que otros. Los capitales venezolanos en el extranjero según el Morgan Guaranty Trust son de 89 mil millones de dólares: se enriquecen personalmente a costa del empobrecimiento de todos los demás., El dinero no tiene patria.
En el área metropolitana de Caracas hay 368 barrios en los cerros, con 360 mil ranchos, en los que viven 2 millones y medio de personas. La mitad de los caraqueños vive en zonas marginales. En toda Venezuela hay 4 mil barrios y un millón de ranchos. Seis millones de venezolanos viven en zonas marginales. Doce millones de venezolanos no están en capacidad de adquirir vivienda cuyo precio exceda los 160 mil bolívares. En los próximos 15 años se podría llegar a 10 millones de venezolanos viviendo en ranchos.
Más de un millón de venezolanos son analfabetas. Dos millones de niños venezolanos no reciben atención preescolar. Medio millón de jóvenes no encuentran cupo en la educación básica. De los que comienzan la educación básica las dos terceras partes repiten o desertan dentro de este nivel. La mitad de las edificaciones escolares están en regular o mal estado. Cien mil bachilleres no encuentran cupo en la universidad. De cada cien estudiantes en la universidad, sólo siete pertenecen a la clase obrera. Y muchos de los egresados aumentarán el número de los desempleados y subempleados. El poder no tiene corazón.
Es palabra de los poderosos, del dinero, del capital. Por esto no te podemos alabar, Señor.
Una Buena Noticia
¿Cuál es la Buena Noticia de Jesús?
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que de la buena noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor (Lc 4, 18-19).
La Buena Noticia que Jesús viene a anunciar a los pobres son hechos de transformación profunda.
Y cuando le preguntan si es el que tenía que venir o esperar a otro, responde:
Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia (Lc 7, 22).
La frase final no se añade a las anteriores, sino que las resume. Nuevamente está clara la referencia a hechos de salvación. Mateo resume en forma parecida la actividad de Jesús:
"Jesús recorría Galilea entera, enseñando en aquellas sinagogas, proclamando la buena noticia del Reino y curando todo achaque y enfermedad del pueblo" (Mt 4, 23; 9, 35).
La misma unión inseparable de proclamación y curación, la encontramos en el envío de los discípulos:
"Por el camino proclamen que ya llega el reinado de Dios, curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios" (Mt 10, 7-8; Lc 10, 9).
Y Lucas recogerá el cumplimiento de esa orientación: "Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la buena noticia y curando en todas partes" (Lc 9,6). No podían separar palabra y acción.
"Voy a llegar muy pronto"-avisa san Pablo a los corintios-"si el Señor quiere, y entonces veré no lo que dicen esos engreídos, sino lo que hacen; porque Dios no reina cuando se habla, sino cuando se actúa" (1 Cor 4,19-20).
Las palabras sirven para explicar los hechos. Pero aquí San Pablo subraya la importancia de los hechos.
Y nosotros, ¿qué hechos realizamos? ¿Qué buena noticia puedo anunciar en mi barrio? ¿Puedo hablar sin referencia a hechos de transformación profunda? ¿A qué hechos puedo referirme?
Una optimista canción puertorriqueña canta: Buenas nuevas pa mi pueblo, el que quiera oír que oiga, el que quiera ver que vea, lo que está pasando en medio de un pueblo que empieza a despertar, a caminar". Se pueden oír maravillas. Pero, ¿qué se pude ver? ¿Dónde empieza el pueblo a despertar, a caminar?
Un mal camino
Al hablar de buena noticia, ¿a qué hechos de transformación profunda podemos hacer referencia?
¿Una limosna a un pobre, una ayuda en comida, un buen consejo al que lo necesita, una visita a un enfermo, a un preso, una obra de misericordia individual? Claro que se trata de auténticas manifestaciones dc vida cristiana. Pero, ¿Cristo no espera más de nosotros? ¿No podemos hacer más?
En lo económico el sistema capitalista permite algunas uniones y cooperativas de consumo donde los precios de compra se mantienen algo más bajos por las horas de trabajo no retribuidos que aportan algunos miembros más desinteresados. Hasta que se agotan. Pero si se intenta una cooperativa de producción tropezará con los amos del mercado.
En lo político, los partidos políticos nos dejarán reunirnos a rezar y hablar. Pero no nos permitirán tener una asociación de vecinos ni un sindicato independiente, ni mucho menos escoger nuestros representantes independientemente de ellos. La burocracia se ríe de los reclamos populares por los servicios públicos.
En lo educativo no parece fácil dinamizar las sociedades de padres y representantes de alumnos y estudiantes. ¿Será que los adultos tienen una cierta inseguridad por su más bajo nivel de estudios? No hay esperanza de poder hacerse oír seriamente en los medios de incomunicación social masiva.
La interpretación de la Buena Noticia aparece como algo bien difícil. Pero tengo vagamente la sospecha de que si podemos publicar tranquilamente diez mil libros o artículos al año de interpretación bíblica sin hacer un mundo más humano, no caminamos en la buena dirección.
Un buen camino
Yo no soy el genio que va a anunciar el buen camino de la interpretación cristiana. Simplemente siento que para los intérpretes de la Biblia, para los exégetas, también valen las parábolas del Buen Samaritano y del Juicio Final. Que también en nosotros se van a fijar si pasamos de largo junto al herido, los millones de heridos de hoy-o si nos acercamos a él y lo curamos. También a nosotros nos van a decir si al hambriento-los millones de hambrientos de hoy les dimos de comer o les enseñamos a leer.
No tengo ni autoridad ni intención de erigirme en juez de nadie. Pero me preocupa muy seriamente si todos los libros de exégesis científica que los estudiantes tenemos que leer nos llevan por el buen camino o nos llevan por el lado del camino donde no está Cristo.
Tengo la suerte de estar con un grupo de jóvenes que ayudan a sus compañeros en los estudios, juegos, deporte, cultura, fe. Pocas veces explicitan su dimensión cristiana. Pero en el fondo, ¿no están siendo portadores de la buena noticia del amor, la fe, la esperanza?
Tengo la suerte de vivir en un país con numerosas religiosas y gente consagrada que está al lado del pueblo. Con grandes yacimientos de buena voluntad. Es como una semilla. Pero ¿dónde están las plantas? ¿Dónde está ese árbol de mostaza en el que se cobijan los pájaros? Esta preocupación, ¿no tiene que ver con la interpretación bíblica, con la exégesis? ¿Es una preocupación pastoral pero no científica?
En un país intentan hacer una sociedad menos inhumana, y enseguida les lanzamos minas, bombas y condenas. Y esa situación, ¿no tiene que ver con la proclamación de la buena Noticia ?
Está queriendo nacer una revista de interpretación bíblica en América Latina. Somos el continente donde más se habla de justicia. No me atrevo a decir que seamos el continente donde más injusticias se cometen, permiten y bendicen.
Pero deseo con todo el corazón que nuestro trabajo serio y científico de interpretación pueda ayudar significativamente a curar todo achaque y enfermedad del pueblo, a dar vista, oído, salud, vida y comida. Como Jesús. Como sus seguidores.
|