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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

LOS SESENTA AÑOS DE FRAY CARLOS

 Eliseu Lopes

 

 

1931-1991

Jacobus Gerardus Hubertus Mesters nació en Holanda el 20 de octubre de 1931, un martes. Fue este el nombre que recibió en la pila bautismal. Veinte años más tarde, al recibir el hábito de la Orden Carmelita , ya en Brasil, fue rebautizado como Carlos: Fray Carlos Mesters.

Escribir sobre Fray Carlos no es fácil. No es fácil escribir sobre la simplicidad. Al verlo, en uno de los encuentros inter-eclesiales de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), María, de Itapuranga (Goianas), exclamó: “Entonces el señor es quien es Fray Carlos Mesters. Parece una flor crecida en la sombra: alto, erguido y pálido”. Y esto es Fray Carlos. Es flor crecida en la sombra.

Nació como un tulipán, sin ostentación, en una pequeña ciudad al sur de Holanda. Creció en la acogedora y cálida sombra de una familia bíblicamente perfecta: siete hermanos.

En la infancia, vivió los años sombríos de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, por su localización geográfica, su ciudad quedó a la sombra de los acontecimientos y no sufrió grandes trastornos.

Cuando habla al pueblo sobre la Biblia, Fray Carlos recurre a veces a algunas imágenes familiares, impregnadas de reminiscencias de la infancia. La Biblia es como un álbum de familia. En un desorden organizado, siguiendo el ritmo de la vida, ofrece un retrato de la familia. Junta y reúne, en la secuencia de las páginas, y hasta en una sola página, el registro de cenas y hechos distantes en el tiempo. Años y años pueden ser hojeados en un minuto. Igual en la Biblia. Vienen zurcidos, uno con otro, acontecimientos con siglos de distancia.

La Biblia cuenta el pasado lejano con los ojos y la emoción de hoy. Cuando era pequeño, preguntaba al padre cómo había conocido a la madre. El quedaba serio, paraba de mirar, retenía la respiración. Después , henchía el pecho, carraspeaba y describía, con voz reprimida y en tono solemne, aquel momento único del primer encuentro, poniendo toda la carga de emoción y de ternura acumuladas durante tantos años de convivencia. Los hechos del pasado son vistos con los lentes de hoy.

La Biblia es como un proyector de slides: la imagen aumenta con la distancia. Cuanto más lejos esté el aparato, mayor es la imagen proyectada en la tela. En el Antiguo Testamento, los acontecimientos fueron escritos varios siglos después de que se dieron, a lo largo de los cuales fueron transmitidos de boca en boca. Ahora bien, quien cuenta un cuento aumenta un punto. Los hechos ganan volumen no sólo por la distancia, sino sobre todo por el sentido que tuvieron en la historia del pueblo. La exageración es un medio de resaltar el sentido. Para ejemplificar, Fray Carlos cuenta que, en su tierra, un puentecillo insignificante, casi un madero o tabla, por donde pasaban los invasores, fue dinamitado por un grupo de la resistencia. Hoy el hecho es contado como si fuese un puente enorme y sólido, que los patriotas destruyeron con una especie de bomba atómica. No es tanto el hecho mismo, en sí, lo que importa. Lo que importa es el sentido que él tiene para la liberación del pueblo. Los invasores no podían pasar más por allí.

Todo indica que Fray Carlos creció en la sombra: en los primeros años, en el convivio ameno y tranquilo de sus padres y hermanos en una pequeña ciudad del interior. Después, en el seminario de los carmelitas, bajo el manto de Elías.

 

1949-1962

A los 17 años, el joven Jacobus Mesters escogió el Brasil como campo de su futura actividad misionera. El 6 de enero de 1949, fiesta de los Santos Reyes, él y su amigo, hoy obispo de Itaguaí, Monseñor Vital Wilderink, tomaron el navío rumbo a Brasil. Fueron dos semanas entre el cielo y el mar. El 20 de enero, el navío echó anclas en el puerto de Río de Janeiro. Era la fiesta del patrono de la ciudad, San Sebastián. Una numerosa procesión caminaba por las calles y aquel espectáculo marcó sus primeras impresiones de la tierra que adoptara como su nueva patria.

Dos coincidencias interesantes: salió de Holanda el día de Reyes, como si se preanunciara el significado de Angra de los Reyes en su vida. Su primer contacto, en la nueva tierra, fue con el pueblo en caminata, ese pueblo de cuya caminata ha sido compañero constante y fiel.

Volvió al navío, y pudo así contemplar con nuevos ojos la belleza del litoral hasta la ciudad de Santos, donde desembarcó el día siguiente. Los paisajes de su nueva patria se revelaban, exhuberantes, en la subida de Santos a São Paulo.

En el convento de la Calle Martiniano de Carvalho, completó el curso de “humanidades” y, en enero de 1951, con el hábito de carmelita, recibió el sonoro nombre de Fray Carlos.

Muy sabiamente, los carmelitas enviaban sus futuros misioneros en plena juventud y todavía en el período de formación, en una fase muy propicia para la inculturación. Fray Carlos se brasileñizó tan bien que, en el encuentro inter-eclesial de las CEBs en João Pessoa, cuando los peritos tuvieron que escoger a alguien que pudiese hablar al pueblo de modo comprensible, lo escogieron, por unanimidad, como su portavoz.

Terminado el noviciado, hizo la profesión religiosa el 22 de enero de 1952. Cursó la filosofía en São Paulo, y fue a hacer la teología a Roma, en el Colegio Internacional San Alberto, en 1954. Venció gallardamente todas las etapas canónicas de las ordenaciones, y fue consagrado presbítero el 7 de julio de 1957.

Se formó en teología en el “Angelicum”, la respetada facultad teológica de los dominicos, en 1958. En ciencias bíblicas, estudio primero en el Instituto Bíblico dirigido por los jesuitas en Roma, y después en la Escuela Bíblica de Jerusalén, de los dominicos. En 1962 volvió a Roma para defender su tesis junto a la Pontificia Comisión Bíblica.

Hace algunos años, invitado para participar de una reunión de la Comisión de Doctrina de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, Fray Carlos fue abordado discretamente por un obispo, miembro de la comisión, quien le preguntó si era autodidacta en materia de exégesis. Fray Carlos se contentó con mencionar sus cursos en Roma y Jerusalén. Comentaba luego que, a partir de aquel momento, comenzó a ser tratado con mucho más respeto y atención por el Excelentísimo.

 

1963-1978

En 1963, de regreso a Brasil, fue nominado profesor en el curso teológico de los carmelitas, en São Paulo. Por el testimonio de algunos de sus alumnos, la exégesis, hasta entonces considerada una materia árida y secundaria, pasó a merecer un gran interés gracias a las virtudes didácticas y, sobre todo, al entusiasmo contagiante del joven maestro. Su desempeño como profesor no pasó desapercibido: en 1967 fue convocado para dar clases en el Colegio Internacional San Alberto, en Roma.

Es claro que este brasileño no podía conformarse con estar lejos de Brasil. En 1968 dio por cerrada su colaboración en Roma y se volvió a Brasil, siendo transferido a Belo Horizonte, donde el Convento del Carmen se destacaba como un centro de irradiación, un lugar de acogimiento y un punto de referencia en aquellos tiempos convulsos.

Fue llamado para impartir lecciones en el Instituto Central de Teología y Filosofía de la Universidad Católica , que vivía una fase de gran efervescencia. Además, todo el mundo estudiantil en Belo Horizonte estaba con fiebre alta. Fray Carlos y sus compañeros participaban activamente de los movimientos de resistencia al régimen militar que se exacerbaba. Cuando Edson Luís fue asesinado en Río de Janeiro, algunos padres en Belo Horizonte, solidarios con la lucha de los estudiantes, lanzaron un manifiesto de protesta. Fray Carlos fue uno de los firmantes. Ese manifiesto, juzgado subversivo, llevó a la conformación de un equipo policial militar (IPM) presidido por el entonces coronel Euclides de Figuereido, que resultó en la acusación de los padres.

Por más de dos años el proceso rodó en la máquina de la intimidación, hasta que fue señalado el juicio, en la auditoría de Juiz de Fora, días después de la brutal condenación del Padre Francisco Jentel, de la Prelatura de São Felix do Araguaia, por diez años. La fuerte reacción causada por la pena impuesta a Jentel, apuntaba hacia una sentencia benigna en el caso de los padres, conforme a la ambigua táctica de la dictadura. Después de todo un día de fatigoso juicio, los padres fueron absueltos. Al profesor Edgard da Mata Machado, quien le pedía impresiones sobre el evento, Fray Carlos respondió: “Por el tenor de los discursos, tal vez valiese más la pena si hubiésemos sido condenados”.

De hecho, aquel juicio fue un ridículo atroz. El auditor, un cursillista, comenzó su arenga haciendo la señal de la Cruz e invocando al Espíritu Santo. Después disertó sobre la enseñanza social de la Iglesia Católica , exhibiendo una pila de encíclicas papales y documentos conciliares, para concluir que el jefe del IPM, al acusar a los padres, daba muestras de desconocerla completamente. Peroró con arrobamientos (éxtasis) de elocuencia, pidiendo la absolución de los reos.

Era visible el malestar de los cinco o seis militares de baja graduación que formaban la corte. La sesión fue suspendida por algunos minutos, mientras los esbirros de la dictadura se retiraban para confabular. Reabierta la sesión, el oficial mayor, presidente del tribunal, leyó una dura protesta, escrito en perfecto lenguaje de cuartel, contra algunas expresiones despreciativas del auditor respecto a la digna e impoluta figura del jefe del IPM. El auditor, tartamudeando, con repetidas reverencias y curvaturas, se disculpó, tejiendo loas al monumento de inteligencia, cultura y honradez que era el coronel, a quien conocía y tributaba irrestricta admiración. Y pidió perdón con voz trémula. Aceptada la expiación, prosiguió la sesión con los discursos de la defensa.

La defensa técnica, a cargo de un profesor universitario, fue decisiva. Argumentó que no procedía la acusación hecha a los religiosos de incitar a los civiles contra las Fuerzas Armadas. Estas, por la Constitución, son el ejército, la marina y la aeronáutica. Ahora bien, los sacerdotes protestaron contra un acto de la policía, y policía de un Estado gobernado por la oposición. Por consiguiente, fue una protesta contra la oposición, algo merecedor de premio y no de castigo. Al pronunciar la sentencia absolutoria, el mayor hizo un pequeño sermón y terminó con las palabras finales de la Misa: “Id en paz y el Señor os acompañe”.

Fray Carlos no tiene mucha palanca de escritor. Es más un estudioso que escribe mucho, lo escribe todo. Sus cuadernos de anotaciones darían para formar una biblioteca. El tiene el cuidado de guardarlos, desde los tiempos de estudiante. No va a cualquier reunión o curso o conferencia, sin llevar su cuaderno de apuntes donde todo queda registrado en su letra menuda. Acostumbra decir a los grupos populares: “Yo perdí la capacidad que ustedes tienen de guardar las cosas en la cabeza: mi memoria está en el papel”. Como no deja carta sin respuesta, escribe decenas de cartas por mes. Cuando publica algún escrito, es siempre para atender a pedidos o aguijoneado por alguna necesidad.

Parece que uno de los primeros textos suyos que salió impreso fue una colaboración para la Revista de Cultura Bíblica (Vol. II, Cad. 4/5, págs. 1-81, 1964), bajo el título: “O tema do Exodo na Bíblia”.

Solicitado para colaborar en el periódico católico O Diario de Belo Horizonte (1968/69), publicó una serie de artículos que posteriormente fueron editados en dos volúmenes: Palavra de Deus na história dos homens, primero por la Editorial O Lutador (1969), y después por la Editora Vozes (1970).

En el volumen 29 (1969) de la Revista Eclesiástica Brasileira (REB), apareció: “La concepção bíblica da Palavra de Deus”, y en el volumen 30 (1970): “O profeta Elias, inspiração para hoje”.

Todavía en 1969, en colaboración con Francisco Teixeira, publicó: Rezar os Salmos hoje, por la Livraria Duas Cidades.

En 1971, ofrece al pueblo una “puerta” de entrada en el “laberinto del Antiguo Testamento” con Paraíso terrestre, saudade ou esperança?, editado por Vozes. Ese libro implicó un total cambio de registro en las interminables discusiones sobre los primeros capítulos del Génesis.

En esta época, para poner la Biblia al alcance del pueblo, y por solicitud de la Coordinación de Pastoral de Belo Horizonte, Fray Carlos tiene la idea original de hacer guías para círculos bíblicos. En el comienzo, eran mimeografiadas y distribuidas por los grupos. Fueron el origen de las colecciones de Círculos Bíblicos publicadas por la Editora Vozes , y que tuvieron gran aceptación y divulgación en todo el país. Más tarde, cuando la Campaña de la Fraternidad resolvió usar también ese instrumental, fue Fray Carlos quien elaboraba las guías.

En 1971, por la insistencia de amigos, publicó, a través de la Editora Vega , los contenidos de un curso: Deus, onde estás-Curso de Bíblia. Las últimas ediciones ya fueron publicadas por Vozes.

Fruto también de cursos impartidos a grupos fue el Por trás das palavras, editado por Vozes en 1974, cuya primera divulgación fue hecha a través de polígrafo. Termina con la promesa de un segundo volumen que no fue editado, pero que circuló poligrafiado, que trata de la lectura de la Biblia en la tradición de la Iglesia Católica.

A esas alturas, Fray Carlos ya había roto con las amarras de la enseñanza académica, y se convierte en una especie de servidor-viajante de la Palabra de Dios, atendiendo a las frecuentes invitaciones para cursos bíblicos y retiros, en las varias regiones de Brasil. Estrechó los lazos con el pueblo de Crateús, amigo fraterno que es de Monseñor Antônio Fragoso. Convidado para predicar un retiro al pueblo, en 1974 escribió, con todo esmero, 15 charlas bajo el título general de A roça de Deus, en que hace un paralelo entre todas las etapas de la Biblia y la vida de los labradores que tan bien había conocido en las visitas anteriores. Sin embargo, Monseñor Fragoso ya había educado a su pueblo para la reflexión comunitaria, el diálogo y la participación. Fue hecha la propuesta de un retiro en estilo diferente, en conjunto. Fray Carlos dejó de lado los papeles. A roça de Deus está plantada en su archivo y, si fuese publicada, daría un volumen de unas 200 páginas.

Gracias a su ligazón con Crateús, en 1977, por Vozes, publicó Seis dias nos porões da humanidade, envolvente y punzante diario de su servicio en una parroquia en el sertão (zona semiárida, poco poblada y dedicada a la cría extensiva del ganado) del Ceará.

Los superiores, quizá preocupados por la verdadera locura en que se había convertido su vida, con las constantes andanzas de norte a sur y de este a oeste, enfrentando sucesivamente climas y régimenes diferentes, lo nombraron maestro de novicios en el vetusto y tranquilo convento de Angra dos Reis, en Río de Janeiro, donde Monseñor Vital, obispo auxiliar de Volta Redonda, antes de ser titular de la nueva diócesis de Itaguaí, residía como vicario episcopal de la región. Como maestro de novicios, Fray Carlos tendría que limitar los viajes y reducir la aceptación de invitaciones que llovían de todas partes. Siempre dispuesto a dar lo mejor de sí a la Provincia Carmelita , él aceptó, de buen grado, la nueva tarea, aunque dudando un poco de sus virtudes de formador de candidatos en la disciplina conventual y para los cuadros institucionales. Reconoce, no obstante, que esa nueva experiencia, si bien pasajera, fue muy válida.

Siempre preocupado por responder al llamado del pueblo, aprovechó la relativa holganza de que pasó a disfrutar para escribir dos libros de índole genuinamente popular: Maria, Mãe de Jesus (Vozes, 1977) y Abraão e Sara (Vozes, 1978).

Fray Carlos siempre participa por entero de cualquier encuentro a que es convocado. Sin embargo, hay dos encuentros que parecen serle particularmente gratos: el Encuentro Inter-eclesial de las CEBs, y el Encuentro de Petrópolis, que reúne un grupo de teólogos, pastoralistas, sociólogos y cientistas de la religión unas tres veces cada año, desde 1974. En el primer Inter-eclesial, en Vitória (1975), Fray Carlos fue armado con el relatorio que, como asesor, elaborara sobre las respuestas de varias regiones al cuestionario previamente enviado. En el programa estaba previsto que la introducción sería hecha por un monje de Taizé, quien viajara al exterior y terminó no llegando a tiempo. Fray Carlos fue designado para sustituirlo, no sin antes pedir algunos minutos para ordenar las ideas en la cabeza. Su introducción crió el clima y dio el tono del encuentro.

El Grupo de Petrópolis, que desde el inicio ha estado marcado por la preocupación por el pueblo en un horizonte de liberación, tiene un énfasis fuerte en el ecumenismo. El fue, por así decirlo, el caldo de cultivo para la emergencia del CEBI (Centro de Estudos Bíblicos), por el estímulo que dio a Fray Carlos para tomar la iniciativa.

Para hablar sobre el CEBI, nadie mejor lo haría que el propio Fray Carlos. He aquí lo que escribió cuando el centro cumplió cinco años.

 

En la Biblia, ciertos hechos son narrados de varias maneras. El motivo de eso es que, en el momento en que los hechos acontecen, nadie percibe la importancia que ellos van a tener después. Cuando, tiempo después, el pueblo comienza a percibir la importancia, ya es tarde. Ahí ya no consigue alcanzar el hecho en sí, sino apenas las versiones del hecho que registran la mayor o menor importancia del mismo. Fue lo que ocurrió con el Centro Bíblico...

 

Nació para servir...

El Centro Bíblico nació sin pretensiones. Nació a partir de la necesidade bien concreta, sentida por mucha gente hacía varios años, de articular un servicio que ayudase al pueblo de las comunidades cristianas en el uso y en la interpretación de la Biblia. Pues la Biblia estaba siendo, de hecho, la gasolina escondida de la renovación de las iglesias a partir de la base y la luz que iluminaba el compromiso de muchos cristianos en la lucha por la transformación de la sociedad.

La forma inicial encontrada para prestar este servicio articulado fueron los cursos y el centro de documentación. A partir de eso, el servicio se fue ampliando, encontrando otras formas: equipos regionales, semanas de estudio, boletín, subsidios, publicaciones, servicio seleccionado y periódico de documentación, encuentro de exégetas, proyectos variados de estudio, escuelas bíblicas, etc. En las varias regiones los servicios fueron tomando otras formas, de acuerdo con las peculiaridades y necesidades de esas regiones.

 

Tiene su modo de interpretar la Biblia...

A lo largo de los años, se buscó explicitar el modo propio de usar e interpretar la Biblia. Tratando de contar y apuntar los innumerables nervios invisibles de esta hoja que nació de las comunidades, conseguí purificar siete de ellos:

 

1. Se procura hacer una interpretación liberadora a partir de los pobres, no por capricho, sino por fidelidad a nuestro pueblo creyente y oprimido y por fidelidad al Dios que se revela en la Biblia.

2. Se trata de hacer una interpretación a partir de la realidad de Brasil y de América Latina, no por cerrazón alegre o localismo, sino por fidelidad a la propia Biblia , que siempre presenta e interpreta el mensaje de Dios a partir de la realidad del pueblo.

3. Se busca una interpretación a partir y en vista de la comunidad de fe, no por falta de espíritu científico, sino por fidelidad al pueblo que vive su fe en comunidad, a la Biblia, que es un libro que surgió de la comunidad para la comunidad, y a la Tradición, que insiste en la importancia del sensus ecclesiae.

4. Se busca una interpretación que ayude al pueblo a re-apropiarse de la Biblia como del libro que le pertenece, no por anticlericalismo, sino por fidelidad al pueblo que es destinatario de la Palabra de Dios, y también su remitente.

5. Se procura una interpretación ecuménica de la Biblia, en el sentido de acoger a los hermanos de todas las iglesias cristianas, y en el sentido de explicar la Biblia al servicio de la vida, que es de todas las cosas la más ecuménica y la más amenazada y necesitada, y esto no por rebeldía, sino por fidelidad a la Biblia que coloca la historia de la creación de la vida antes de la historia de la salvación, y por amor a la propia vida criada por Dios y salva en Cristo.

6. Se busca una interpretación que tome en cuenta la preocupación por el método junto al pueblo simple, no por basismo, sino para evitar que se genere en él un complejo de ignorancia y una nueva dependencia frente a la sabiduría del otro.

7. Se procura una interpretación que no sea solamente una actividad intelectual, sino una actitud que tome en cuenta todos los aspectos de la vida: la razón, la fantasía, el corazón, la participación, la celebración, la oración, el pasatiempo, la poesía, la creatividad, la fe, la esperanza, el amor...

 

Tiene su manera de organizarse...

El Centro Bíblico fue creciendo, se fue alargando. Pero, desde el inicio, siempre tuvo algunas preocupaciones en relación a la manera de organizarse:

 

1. La simplicidad: no crear una organización pesada, no crear una institución que perdiese la noción del servicio; en vez de ser una pieza más del motor, ser aceite en el engranaje del todo.

2. La descentralización: el eje del Centro Bíblico no está en el poder y en la fuerza de atracción del equipo central, pero sí en el trabajo que está siendo hecho en las bases. De ahí que los equipos regionales son como las tribus de Israel: se organizan con total autonomía.

3. La misma visión de la Biblia: hacer que todos tengan el mismo modo de interpretar la Biblia. Crear un canal de comunicación que permita mantener en todos el mismo espíritu, la misma visión de la Biblia, el mismo modo de usar la Biblia...

 

El criterio básico que nunca puede cambiar...

Lo que se puede decir es que existe una práctica que creció y se afirmó. En la medida en que fuimos caminando en esta misma senda, tratando de ser fieles a Dios, al pueblo y a los hechos, algunas preocupaciones van a desaparecer y otras nuevas van a surgir. Que en todo esté siempre presente la inspiración inicial: articular un servicio que ayude al pueblo de las comunidades en el uso y en la interpretación de la Biblia, que es luz y fuerza en la caminata.

Que el servicio al pueblo sea el criterio para evaluar todo el resto. Que la preocupación por el estudio, por el uso de los resultados de la exégesis, por la aplicación de los varios métodos, sean constantemente evaluadas a partir de los encuentros que el pueblo hace cuando se reúne en torno de la Palabra de Dios para animar su fe, iluminar su caminata y dinamizar su lucha... ( Por trás da Palabra, Año 4 (1984), Nº 25).

 

1979-1991

El CEBI es como una planta rastrera que se desparrama y, en su aparente fragilidad, lleva la fuerza irresistible de la vida. La semilla de esa planta fue lanzada en Angra dos Reis, a finales de 1978, a través de dos cursos de carácter nacional. En 1979 fue sembrada regionalmente en el Nordeste, en el Centro-Oeste y en el Sur. Para Fray Carlos, su único mérito es haber sido el sembrador en el terreno fértil y ya preparado de las comunidades populares. Quien lo acompaño en esos inicios del CEBI, sabe de su total e incansable dedicación.

Comenzó una fase de intensa producción, digamos informal y espontánea, en que se desarrolló y perfeccionó aquel carisma de comunicador de la Palabra que todos reconocen en él. El mismo debe haber perdido la cuenta de los cursos que asesoró, de los textos que escribió, de las reuniones en que participó, de las charlas, entrevistas y reportajes que dio. Como no se atribuye ningún derecho de propiedad privada sobre lo que sale de su boca o brota de su pluma, su palabra, hablada o escrita, se esparció con la libertad de una brisa leve, para usar una imagen que le es muy querida, criando un clima nuevo en la atmósfera bíblica.

En 1981 vio la luz A missão do povo que sofre (Vozes), un comentario vivido y sufrido de los Cantos del Siervo en Isaías.

Desde que fue lanzado, en octubre de 1980, el informativo del CEBI, Por trás da Palavra, Fray Carlos ha sido su colaborador más fiel y asiduo.

En 1983, la Editora Vozes pidió autorización para reunir en un volumen, bajo el sencillo título de Flor sem defeza, algunos textos dispersos ya publicados. Son textos realmente antológicos, cuya unidad es garantizada por el estilo siempre límpido, fluido, simple, luminoso, matizado y envolvente.

Ahora bien, por el hecho de escribir siempre de forma clara y popular, Fray Carlos es acusado por la altivez de algunos doctorados de no pasar de ser un “vulgarizador” de la Biblia, sin peso científico. Se olvidan de que la obra de la vida de Jerónimo, el patrono de los exégetas, fue la Vulgata, y de que el gran ideal de Lutero fue vulgarizar la Biblia. Monseñor Tomás Balduíno replica: “Critican porque Fray Carlos no es un simple compilador, ni se contenta con hacer autopsia bíblica”.

En ese mismo año 1983, Fray Carlos fue transferido para Belo Horizonte, y el secretariado del CEBI lo acompañó para poder atender mejor las nuevas necesidades originadas por la expansión de las actividades.

En 1987, después de tantos años de trabajo ininterrumpido, Fray Carlos mostraba señales de cansancio y sentía la necesidad de hacer una pausa. Recurrió a su derecho al llamado “año sabático”. Sin embargo, de hecho, no paró. Fue a estudiar y a re-abastecerse en la Escuela Bíblica de Jerusalén. Sus cartas, publicadas en Por trás da Palavra (Nos. 38-43), constituyen una sabrosa e instructiva crónica de los meses pasados en Jerusalén.

En 1988, cuando se encontraba en Roma para su habitual colaboración en el curso internacional promovido anualmente por la Orden Carmelita , el Estadão publicó, con estruendo, un largo artículo de Monseñor Terra con virulentos ataques contra él y el CEBI. Se sabía que la misma diatriba era presentada en la Asamblea de la Conferencia Nacional de Obispos que entonces se celebraba en Itaicí. La repercusión fue grande. Reporteros de periódicos y revistas iban al CEBI o telefoneaban a la búsqueda de informaciones, y querían fijar entrevistas con Fray Carlos que, sabían, debería regresar por aquellos días. A falta de noticias, publicaban especulaciones sobre supuestos procesos en marcha en el Vaticano. Habiendo regresado, Fray Carlos esquivó a la prensa, pero preparó una respuesta contundente a todas las acusaciones, para distribuir entre los amigos e interesados.

Así es Fray Carlos: para defender al pueblo, no le falta audacia ni vigor. En cuanto a las acusaciones que le son achacadas alevosamente, simplemente las ignora para no perjudicar su trabajo con el pueblo. Este, con quien se identifica, es el que, en este caso, se sintió alcanzado, como lo prueban las innumerables cartas y documentos colectivos de repudio a los ataques que Fray Carlos recibiera entonces.

Para finalizar este suscinto esbozo del itinerario de los 60 años de Fray Carlos, el breve y denso “desahogo” que escribió el 1 de mayo de 1976:

 

Yo estaba en el fin de mi curso de “posgraduación” en el sertão. Estos seis meses sirvieron para crear en mí un sentimiento de profunda debilidad y no-saber. La gente no es nada. Es Dios quien llama y salva y, por eso, la gente tiene el coraje de hacer alguna cosa.

Sirvieron para crear en mí un sentimiento de la necesidad de gastar tiempo en quedar al acaso delante de Dios, a pesar de todos los trabajos y necesidades.

Sirvieron para crear en mí una mayor preocupación por las cosas bien pequeñas del relacionamiento humano y perder tiempo en eso, para que el sufrimiento de la lucha sea aliviado.

Sirvieron para crear en mí una convicción más firme de que el Evangelio es sobre todo de los pobres y para los pobres, y de que todos nosotros tenemos que aprender de ellos.

Sirvieron para hacer ver la relatividad de un puñado de cosas que antes parecían indispensables; para quedar un poco más libre por dentro. Se puede vivir mucho más con mucho menos.

Sirvieron para percibir la necesidad de la “fiesta” para que la “lucha” pueda tener éxito.

Sirvieron para percibir mejor la necesidad de un estudio más profundo de la realidad, a fin de poder divisar mejor los mecanismos que arruinan la vida.

Sirvieron para percibir que el Evangelio exige de la gente el asumir la causa de los pobres, que son tantos, y comenzar a ver el problema del mundo a partir del punto de vista de ellos.

¡Sirvieron para mucha cosa! No sé si todo esto va a crecer en mí. ¡Dios quiera que crezca! ( Flor sem defesa, págs. 186-187).

¡Creció, sí!

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.