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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

UN LLAMADO A LANZAR LAS REDES

EL NUEVO PROTESTANTISMO Y LA LECTURA POPULAR DE LA BIBLIA

 Jorge Pixley

 

En los últimos treinta años los biblistas hemos aprendido, para sorpresa nuestra, acerca de la capacidad del pueblo cristiano pobre para leer la Biblia como Palabra de Dios. Jesús dijo:

Te alabo, Padre, Señor del cielo y la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los niños. Sí, Padre, pues esa fue tu voluntad (Mt. 11.25-26).

Y, efectivamente, con nuestra ciencia bíblica estábamos excluyendo a los campesinos analfabetos, los pescadores, las gentes de la selva, y los trabajadores urbanos del estudio bíblico. Sucedió que cuando, en los años sesenta, los misioneros invadieron el campo, sin ser biblistas ellos en su mayoría, y les dijeron a esta gente humilde que podían leer la Biblia e interpretarla ellos mismos, el Dios de la Biblia habló. Es una historia conocida, aunque no deja de ser inspiradora.

La clave de este milagro del Espíritu que abrió las bocas de los humildes fue que los que nos creíamos dueños de la Biblia: 1) tuvimos que abandonar este reclamo de posesión, y 2) escuchar lo que la Biblia le decía al pueblo pobre. En algunos casos, como el de los pescadores de Solentiname, el resultado fue revolucionario en un país donde las iglesias oficiales creíamos que Dios quería que la Iglesia apoyara el orden existente. En la mayoría de los casos la lectura no resultó revolucionaria, pero la Biblia se demostró un apoyo para las luchas populares por la tierra, la vivienda, la educación, los servicios de salud y otros asuntos que se generan socialmente y que son necesarios para la dignidad humana. Ante todo, el pueblo llegó a comprender que el Dios de la Biblia se ocupa de las cuestiones que consumen las energías de la gente pobre, mientras luchan por sobrevivir y ser alguien en un mundo hostil.

Aquellos quienes nos sentimos llamados a servir al pueblo de Dios como biblistas, maestros e investigadores de la Biblia, nos habíamos instalado en la sociedad en lugares donde las necesidades básicas se dan por sentadas, y leíamos la Biblia como un libro que se ocupa de los asuntos que considerábamos propiamente espirituales. Estos son los aspectos del sentido de la vida que nos ocupan apasionadamente a los humanos cuando están satisfechas nuestras necesidades básicas. Cuando los pastores del pueblo pobre comenzaron a informar sobre la lectura bíblica que venían haciendo los pobres, muchos de nosotros caímos en la cuenta de que no habíamos entendido bien nuestro llamado, que Dios realmente quería que fuéramos maestros de la Biblia al lado de los pobres, quienes son sus hijos predilectos. Es sólo desde este lugar junto a los pobres, que podemos hablarle a todo el pueblo de Dios. Pues únicamente aquellos que, siendo pobres o no, asumen la posición social de los pobres, pueden ver la dinámica que obra en la sociedad entera. Desde las posiciones de privilegio en la sociedad, la realidad de los pobres no es visible. Resulta no tan difícil ahora entender por qué Jesús alabó a Dios por tratar a los pobres con predilección.

Aunque de manera existencial siempre estamos aprendiendo de nuevo el privilegio de los pobres, cuando se trata de la lectura de la Biblia podemos afirmar hoy que de manera teórica la lección se ha aprendido. Quiero proponer ahora que avancemos un paso más para incluir en el círculo de nuestra solidaridad al fenómeno nuevo y masivo del protestantismo popular, el cual ha venido creciendo aceleradamente durante los últimos treinta años.

 

1. El protestantismo popular

Desde tiempos coloniales este ha sido un continente católico, sin embargo hoy tenemos una vigorosa presencia protestante que es del 10 al 15% de la población total. El protestantismo de los siglos XVIII y XIX era mayormente el resultado de la inmigración de Europa Central y del norte europeo. Hacia el fin del siglo XIX y comienzos del XX, bajo gobiernos liberales, se fundaron iglesias protestantes supervisadas por sociedades misioneras estadounidenses invitadas con ese fin por los gobiernos, para establecer el pluralismo religioso que favorecería sociedades civiles liberales. Hasta hoy, el ecumenismo modesto que conocemos en nuestras tierras casi no trasciende los límites de estas dos corrientes de protestantismo.

Pero, desapercibido para la mayoría de nosotros, surgía un cristianismo protestante popular en el campo y entre la migración rural de las ciudades. Durante los últimos treinta años se ha visto un crecimiento explosivo, de modo que ya nadie lo puede ignorar. Pese a que los católicos tienden a despacharlo como sectario, y los nacionalistas tienden a despacharlo como una penetración imperialista que desmoviliza a las masas, los campesinos y los obreros se vuelcan masivamente hacia las capillitas que brotan dondequiera en los barrios de las ciudades y las montañas del campo. Esta variedad popular de cristianismo protestante, que es tan poco agradable tanto para católicos como para protestantes de viejo cuño, obviamente satisface alguna necesidad del pueblo o no sería tan atractivo para tanta gente.

Precisamos de muchos estudios serios para saber qué es esta forma de cristianismo. Pero precisamos también de contactos directos con él para conocerlo por experiencia personal. Yo quisiera tratar de caracterizarlo de modo preliminar por mi propia experiencia en esta ponencia, que constituye un llamado a conocerlo:

1.1. El protestantismo popular es una protesta contra un orden social que excluye a la gente pobre

En todas nuestras sociedades la Iglesia Católica es parte del orden social establecido. En las sociedades más conservadoras, como la colombiana, este vínculo es constitucional. No obstante, aún en países de hegemonía liberal, como México, que explícitamente niega en su Constitución que se favorezca a ninguna sociedad religiosa, en la práctica la jerarquía católica es parte de la élite gobernante. Las iglesias protestantes de viejo cuño son compañeras minoritarias de estos arreglos, especialmente en las naciones donde el liberalismo ha sido decisivo en la construcción del orden nacional.

Las pequeñas iglesias con nombres extraños como Iglesia Pentecostal de la Profecía o Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, que han brotado en el campo y los barrios populares de las ciudades, no tienen parte en estos arreglos. Esto no significa, por supuesto, que no haya líderes de algunos de los grupos más grandes entre estas últimas que no aspiren a participar del botín, si bien dondequiera han surgido como iglesias que rechazan “el mundo”, es decir, la sociedad organizada.

1.2. El protestantismo popular es una protesta contra el control clerical de la religión

El liderazgo pastoral de estas iglesias nuevas no proviene de las familias viejas de la sociedad, ni estos pastores han estudiado en las facultades teológicas conocidas. Ellos no pretenden portar la sucesión apostólica. Reciben su legitimidad por el reconocimiento que les otorgan sus congregaciones locales. Surgen por lo general de la misma comunidad, y pueden ser tanto hombres como mujeres. A medida que sus asociaciones se desarrollan tienden a subordinar el liderazgo femenino al masculino, como también a manifestar otras marcas del clero establecido.

Cuando los pastores hacen estudios teológicos, lo cual es frecuente, esto no se percibe como una virtud por sus congregaciones, que deben convencerse de que su pastor no ha perdido la fe al estudiar en una escuela establecida.

Aunque a veces existen vínculos con asociaciones pentecostales del extranjero, usualmente de los Estados Unidos (EE.UU.), éstos no son esenciales para la fundación y crecimiento de estas iglesias populares. Los misioneros extranjeros son pocos, si bien los evangelistas extranjeros que llegan a dar breves cruzadas de predicación se estiman mucho, pero sus vínculos permanentes con las iglesias locales son superficiales.

El anticatolicismo es evidente, y se dirige principalmente contra los sacerdotes que son la presencia visible de los elementos jerárquicos de la sociedad. También existe mucha sospecha hacia el protestantismo de viejo cuño, porque se le percibe como que ha entrado demasiado en el “mundo” y aceptado las estructuras mundanas, incluyendo la posesión de un clero más o menos preparado. El énfasis religioso se pone en la experiencia del Espíritu. Es esta experiencia la que establece la legitimidad, y solamente un pastor lleno del Espíritu será reconocido como tal. La ordenación no es más que la confirmación popular del ministerio lleno del Espíritu de la persona involucrada.

1.3. Las congregaciones protestantes populares son asociaciones fuertes de apoyo mutuo

Uno de los mayores atractivos de este tipo de cristianismo son las comunidades fuertes que forma. En momentos de crisis —salud quebrantada, desempleo, guerra o desastres naturales— los creyentes cuentan con el apoyo de sus hermanos y hermanas. Una marca del pastor, es su preocupación por los miembros del grupo. Se espera la presencia del pastor si uno ingresa a un hospital o afronta un problema legal con las autoridades municipales o militares. En el caso de una enfermedad prolongada, también se espera ayuda para los alimentos de parte de los hermanos, y ayuda de las hermanas para el cuidado de los niños.

Los cultos son frecuentes, casi diarios. Esto sirve para remover a los creyentes del camino de la tentación del mundo, pero también consolida los vínculos del grupo. La presencia del Espíritu se actualiza cada vez que la comunidad se congrega, lo mismo que la unidad y apoyo mutuo de la comunidad apostólica, al menos en teoría.

La congregación puede realizar trabajos comunitarios tales como brigadas para construir una escuela o una clínica. Para ellos ésta es una manera de mejorar el ambiente de su comunidad, así como de establecer su credibilidad entre sus vecinos. Esto último es importante para el reclutamiento, una preocupación constante de estas comunidades. En todo caso, el trabajo comunitario se realiza como grupo, y es otra forma de confirmar y solidificar la identidad de la comunidad.

1.4. Es a través de la Biblia que estos grupos encuentran acceso directo a la voluntad de Dios

El aspecto más importante del protestantismo popular es su apego a la Biblia. Una característica atrayente de este movimiento en su medio social es la posesión de la Biblia como la Palabra de Dios. Esto calza con su anti-clericalismo. Con el acceso directo a la Palabra de Dios, ¿para qué buscar intermediarios humanos?

La apropiación de la Biblia es directa e inculta. Hay elementos del uso de la Biblia que resultan chocantes para los biblistas, y de ellos trataremos en breve. Sin embargo, hemos aprendido que los pobres pueden mostrarse nuestros maestros, y no debiéramos cerrarnos a la posibilidad de que esto ocurra de nuevo. Y tenemos que estar alertas de que el rechazo de la lectura popular protestante no sea un caso más de clericalismo, la tendencia a despreciar a quienes no tienen la orientación de personas cultas, teológicamente entrenadas.

Los protestantes de este tipo se enorgullecen de la Biblia y buscan siempre desplegarla. Esto, al lado de la experiencia cúltica de la presencia del Espíritu, es el atractivo principal que estos grupos ofrecen a los pobres que se sienten excluidos de la vida intelectual y cultural de nuestras naciones. Con la Biblia en mano ellos pueden disfrutar de la instrucción directa del Creador del Universo y Salvador del Mundo, el mismo Dios que sienten directamente en el culto espiritual que practican todos los días de la semana.

 

2. La Biblia en el protestantismo popular

La Biblia es una fuerza poderosa en las manos del pueblo pobre. Hemos aprendido por la lectura bíblica de los pobres, que la Biblia se originó en las experiencias de los pobres, con sus tradiciones que luego fueron recogidas y transformadas por la gente culta de Israel. El Dios de la Biblia es el Dios de los pobres, que se reveló durante el éxodo como un salvador liberador.

No obstante, entre los pobres la Biblia frecuentemente está maniatada por una manera mágica, ritualista de pensar. Y esto es notable en el protestantismo popular latinoamericano. Leer la Biblia es un acto que desata poder por su misma ejecución. No requiere comprensión ni discusión, ya que el hecho de soltar la Palabra de Dios en el contexto del culto del Espíritu, es poderoso en sí. Esto es lo que quiero decir con uso ritualista de la Biblia.

La cultura popular latinoamericana está marcada fuertemente por el pensamiento mágico. Los protestantes de viejo cuño solíamos acusar a los católicos por su tolerancia con los residuos “paganos” de la reverencia mágica por las imágenes de los santos cristianos, que eran un barniz superficial de legitimidad cristiana para los antiguos dioses y espíritus americanos. Este mismo tipo de cultura popular existe hoy en este nuevo protestantismo, y la Biblia juega en él un papel. Las imágenes de los santos se han descartado, parece que por su vínculo con la borrachera de sus fiestas, pero varias prácticas mágicas en torno a la búsqueda de salud son aceptables. Un aura de reverencia rodea la versión Reina-Valera de la Biblia que distribuyen las Sociedades Bíblicas. Aun cuando su español elegante pueda no entenderse muy bien, las traducciones en el lenguaje del pueblo no tienen el mismo poder. Pueden usarse en retiros juveniles y para devociones personales, sin embargo no son aceptables en el culto de la comunidad.

Cuando los creyentes visitan el lecho de un enfermo, “creyente” o “incrédulo”, la lectura bíblica es un elemento esencial de las posibilidades salutíferas de la visita. Esto no conflige con la aplicación de la medicina tradicional, las prácticas médicas que remontan a tiempos pre-colombinos, ni con la medicina moderna cuando se dispone de acceso a ella. Pero se cree que en último caso la salud procede de Dios, y que la Palabra de Dios es el vehículo de su poder salutífero.

Otra área importante donde la Biblia puede ayudar es venciendo a los vicios, especialmente el alcoholismo. Uno de los atractivos de las comunidades protestantes es el apoyo que ofrecen para superar la adicción nociva al alcohol, tanto del individuo como de la comunidad. Los primeros protestantes del norte de Nicaragua fueron los Colindres y los Barahona, dos familias sandinistas de viejo cuño. Hasta donde he podido averiguar de entrevistas con algunas personas de esas familias, el atractivo para ellas fue la posibilidad de erradicar el alcoholismo que estaba arraigado en la zona. También me he encontrado en iglesias rurales con miembros antiguos de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), quienes responden a mis interrogantes, de por qué abandonaron esas comunidades cristianas tan interesantes diciendo que allí no encontraron apoyo para la superación de su adicción al alcohol.

Cuando uno se pone a escuchar la predicación y la conversación de los creyentes que pertenecen a estos grupos, descubre un gran énfasis en la literatura apocalíptica. La promesa del retorno de Cristo es el centro de la esperanza cristiana para ellos. La sociedad actual se percibe como el dominio de Satanás, cuyo gobierno será cortado cuando regrese en gloria Jesucristo. Esto se manifiesta en adición al rechazo de la sociedad presente con sus estructuras: 1) un sentido de impotencia para alterar estos arreglos sociales mediante la movilización popular u otras acciones, y 2) una esperanza que se basa en una comprensión mágica de las promesas bíblicas.

La creencia en el regreso de Cristo no se vincula con ninguna visión de una sociedad perfecta.

1) El catolicismo tradicional, de cuyos márgenes salieron la mayoría de estos disidentes religiosos, tiene una visión de una sociedad perfecta donde cada quien tiene su lugar. Las autoridades eclesiásticas y civiles cooperan para asegurar la unidad y el bienestar de la sociedad entera. Los pobres gozan de los beneficios de la armonía dada por Dios que resulta, aunque no tienen que molestarse con el quehacer político.

2) El protestantismo de viejo cuño se representa la sociedad ideal como una sociedad pluralista en la cual gobiernos liberales con constituciones liberales, garantizan los espacios para los grupos que sostienen posiciones disidentes. Las autoridades civiles se respetan y se apoyan en la medida en que mantienen este orden que es el que Dios desea, pues en él los humanos pueden libremente escoger el camino verdadero de la salvación ( o el camino del error, que conduce a la condenación).

3) Las CEBs tienen una utopía de una sociedad igualitaria que solamente se puede alcanzar mediante la organización y la lucha popular. Esto dinamiza a estas comunidades y les da esperanza y confianza en el futuro y en su contribución, bajo la dirección de Dios, a su realización.

4) El protestantismo nuevo no tiene una visión de una sociedad perfecta, más allá de la negación de la sociedad presente, como las versiones de la perfección que ofrecen las otras corrientes del cristianismo que hoy existen. Cristo gobernará, pero existe poco esfuerzo por tratar de imaginarse lo que su gobierno abarcará.

 

Existe la tentación de llamar fundamentalista a esta lectura bíblica, y creer que sabemos con ello suficiente para despacharla. El fundamentalismo, tal como se conoce en los EE.UU., es un movimiento que rechazó y rechaza la modernidad sobre la base de una lectura minuciosa de la literatura apocalíptica de la Biblia. Fue anti-católico y anti-comunista, de cara a una inmigración proletaria hacia los EE.UU. que era ampliamente católica y sindicalista. El fundamentalismo fue un movimiento estudioso, o por lo menos se basó sobre una interpretación cuidadosa de las profecías bíblicas. Esta visión fue al final sintetizada en la Biblia anotada del Doctor Cyrus I. Scofield, que alimentó las congregaciones fundamentalistas las cuales ya no practicaban el intenso estudio bíblico. La Biblia Scofield ha tenido influencia en el protestantismo latinoamericano, no obstante, hasta donde yo sé su influencia es poca en el nuevo protestantismo.

La modernidad, el enemigo principal de los fundamentalistas de los EE.UU., no es un asunto importante para los protestantes latinoamericanos. Las élites latinoamericanas tienden a ser conservadoras y católicas, no modernistas, si bien la estricta aplicación de estas categorías no resulta hoy muy útil. Estas congregaciones ven el retorno de Cristo como una liberación de la dominación de estas élites. Los fundamentalistas estadounidenses, en cambio, estuvieron muy ligados a las élites, es decir, a las tradicionales élites blancas, anglo-sajonas y protestantes (los WASPs). Para ellos, el retorno de Cristo era el fin de la amenaza que planteaban los elementos extranjeros que llegaban, e implicaba la restauración de una sociedad como la de su propio tiempo.

El fundamentalismo estadounidense siempre ha luchado contra la teología académica, y en esta lucha ha creado sus propias academias que adversan la teología dominante. El nuevo protestantismo no es anti-intelectual, y muchos de sus pastores buscan con unas ansias asombrosas una educación teológica. Y esto a pesar del hecho de que saben que sus congregaciones, en general, no le dan prioridad a la educación. No le dan prioridad para sus pastores, por la necesidad de un liderazgo lleno del Espíritu, pero no son activamente anti-teológicas como lo fueron los fundamentalistas de los EE.UU.

El entusiasmo de los estudiantes de teología que recibimos del nuevo protestantismo en nuestras instituciones de viejo cuño, sugiere la posibilidad de que en poco tiempo podamos esperar contribuciones bíblicas de este sector.

 

3. Los estudios bíblicos y el protestantismo popular

Propongo que debemos hacer con el protestantismo popular, lo mismo que venimos haciendo con las CEBs desde hace ya unos veinticinco años. Es decir, que debemos acompañarlos en su lectura de la Biblia, escuchándoles y aceptando su agenda, aunque corrigiendo y suplementando los elementos mágicos que les bloquean

Esto supone que la acusación de un estricto sectarismo que se le hace a este protestantismo es falsa, o al menos parcial. La experiencia con el proceso de paz en Nicaragua, por ejemplo, fue aleccionadora en este sentido. En Nueva Guinea, en la Mosquita y en Jinotega, los pastores de congregaciones protestantes fueron el apoyo principal para las comisiones de paz, trabajando al lado de algunas CEBs, algunos cooperados que eran sandinistas, y algunos campesinos identificados con los contras. Este fue un ecumenismo de base donde los católicos urbanos y los protestantes de viejo cuño, no tuvieron gran participación. Creo que el anti-catolicismo del protestantismo popular es fundamentalmente anti-clericalismo, y que no tiene que ser sectario y puede llegar a ser ecuménico en ciertas circunstancias. Las CEBs, por su parte, no han estado abiertas al ecumenismo. Lo cierto es que han hecho demasiado poco para explorar estas posibilidades, frenadas quizás por la presencia considerable del clero.

Si hemos de acompañar a estas congregaciones incultas dirigidas por pastores semi-alfabetos, tendremos que ejercitar nuestras habilidades para escuchar. Esto no significa que tengamos que aceptar todo lo que digan como válido, por provenir de la base. Si el evangelio trata de un Dios liberador, como creemos, este es un elemento no negociable. Por fidelidad bíblica no podemos aceptar el pensamiento mágico. Si podemos escuchar su agenda para estudio bíblico —el Espíritu, la venida de Cristo, el poder sanador de Dios, etc.—; podemos también trabajar con ellos para superar una visión mágica que dejaría la construcción de la sociedad perfecta para Cristo en su venida. Ireneo de Lión, pastor de una congregación que resistió al César hasta la sangre, creía que la sociedad perfecta se lograría en la resurrección de los justos y, como nuestro sector, no tenía un proyecto social positivo. Esa creencia mágica le permitió a él y a su pueblo enfrentarse a lo que sabían era una usurpación del gobierno legítimo sobre el mundo de Dios de parte del César, quien era un apoderado de Satanás. Nadie puede dudar de la erudición bíblica de Ireneo ni de su valor y honestidad pastoral, aunque tengamos que cuestionar su visión de la sociedad perfecta. En ese mismo espíritu podemos hoy acompañar al protestantismo popular, que es una fuerza en nuestros países.

Si hemos de realizar una sociedad nueva que nos libere de la dominación del capital transnacional y las finanzas transnacionales, tendremos que encontrar un punto de unidad para las luchas populares de nuestros pueblos. Para los cristianos esto significa, según sugiero, promover un cristianismo popular que, aunque incluya grupos católicos y protestantes que se identifican con las luchas populares, no será la mera suma de ellos. Existirá en universidades, en los partidos revolucionarios, y en grupos cristianos que rehúsen identificarse con ninguna iglesia. En la búsqueda de esta unidad pienso que el protestantismo popular no puede ser excluido como si fuera intrínsicamente divisivo, una cuña imperialista, u otro epíteto despectivo. Para lograr la unidad en torno a un proyecto liberador algunos elementos deberán excluirse; sin embargo, considero que la frecuente exclusión de estos grupos de pobres se debe a razones inconfesables que no pueden ser defendidas por cristianos revolucionarios honestos.

¡En nuestra lucha como biblistas para ser agentes de una unidad popular y revolucionaria, lancemos nuestras redes más allá que antes y tratemos de incluir al protestantismo popular!

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.