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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

«¡QUÍTATE DE MI SOL!»,

ECLESIASTÉS Y LA TECNOCRACIA HELENÍSTICA

  Stephan de Jong

 

Resumen

El libro de Qohélet fue escrito en la tercera época a.d. Cr., época en la cual la cultura helenística era la cultura dominante. Ella era una cultura impactante que influía profundamente en el pensamiento y la vida de los judíos, especialmente de la aristocracia. En ella soplaba un espíritu tecnocrático, caracterizado por un gran optimismo y sentimiento de supe­rioridad. El libro de Qohélet es una reacción contra tal espíritu, dirigiéndose contra la fe en las posibilidades ilimitadas del hombre. Además, el libro ofrece instrucciones, principalmente desde una perspectiva judía, para los jóvenes aristocráticos que iban a trabajar dentro del sistema tecnocrático helenístico.

 

1. Introducción

Cuando el emperador Alejandro Magno habría preguntado al filósofo cínico Diógenes lo que él le podría regalar, el filósofo le habría respondido: «¡Quítate de mi sol!». La respuesta fue una crítica sublime al emperador, cuyo pensamiento era determinado por una cultura de poder y sobreestimación de sí mismo.

 

Hace 500 años, la llegada de la cultura occidental significaba para Latinoamérica un encuentro con una cultura rica y fascinante, pero a la vez agresiva, poderosa y segura de sí misma. Todavía esta cultura está presente de modo dominante y parece más fuerte que nunca después de la crisis de los estados socialistas. Muchos creen que sólo la cultura tecnocrática y capitalista puede ofrecer la solución a los problemas económicos y sociales del mundo.

 

Viendo los problemas que esta cultura admirada ha creado -la explota­ción económica, la contaminación industrial, los valores del egoísmo- se podría esperar un nuevo Diógenes, que podría desenmascarar la fe en el sistema dominante.

 

Este artículo ha sido escrito porque tengo la convicción que en la Biblia encontramos un sabio del mismo calibre que aquel filósofo. Es Eclesiastés, quien vivía en el período ptolemaico, cuando la cultura helenística estaba invadiendo Palestina. Quiero proponer una interpretación nueva de su libro, en la espera que en la lectura surjan algunos elementos que puedan enriquecer nuestras reflexiones en cuanto a la cultura tecnocrática dominante de hoy 1.

 

2. El impacto de la cultura helenística en Palestina durante el período ptolemaico

La conquista de gran parte del mundo oriental por el rey macedonio Alejandro Magno tenía un impacto cultural tremendo. Se produjo un enfrentamiento del mundo griego y oriental que daba luz a la civilización helenística. Esta civilización poderosa era un fenómeno militar, político, económico y cultural que influía en todos los niveles de la vida.

 

En Palestina, la cultura helenística empezó a desarrollarse durante los años relativamente pacíficos del período ptolemaico. El poder de los macedonios y ptolomeos y su civilización impresionaban a los habitantes de Palestina, especialmente por su poder militar y su eficacia organizativa. Alejandro Magno, por ejemplo, había logrado conquistar la ciudad ‘inconquistable' de Tiro en siete meses, tarea para lo cual Senaquerib había necesitado cinco años y Nabucodonosor, trece. Sobre todo la técnica y la estrategia militar de Alejandro y sus sucesores fueron muy bien pensadas y les permitían someter grandes territorios con un ejército relativamente pequeño. En algunos textos judíos se refleja la impresión que dejaba el poder militar helenístico. Según Dan. 7,7 este poder era «una bestia terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte». La Septuaginta cambió «la espada aplastante» de Jer. 50,16 en una «espada griega» (= Jer. 27,16 LXX). Es posible que el rey Ozías en II Crón. 26,15 sea descrito a imitación de reyes militares helenísticos 2.

 

También se admiró la eficacia organizativa helenística. Los ptolomeos instituyeron una burocracia fuertemente centralizada. Un funcionario militar (el ‘strategós') y un funcionario económico (el «dioketes») ejercían el poder en nombre del rey sobre las provincias del imperio. Representantes suyos estaban presentes en cada ciudad y pueblo. Así los ptolomeos aseguraron sus ingresos tributarios que exigían de los pueblos sometidos, y el pago del arrendamiento por el usufructo de las tierras. El Estado era el poder económico principal y tenía el control sobre los productos principales, las exportaciones e importaciones, el transporte internacional y el acuñar moneda. Miembros de la élite indígena fueron involucrados en el sistema, para comprometerlos estrechamente con él. En Jerusalén el pontífice tuvo derecho de cobrar impuestos, aunque tenía que colaborar con un funcionario ptolomeo (el epistates). La admiración, mezclada con el miedo por este sistema eficiente, la encontramos en varios textos judíos de aquella época, por ejemplo en el relato de los Tobíadas, en la carta de Aristeas y en un texto de Artapanos, que afirma que el sistema ptolemaico había sido inventado por José y Moisés cuando estaban en Egipto 3.

 

Económicamente les fue muy bien a los reyes ptolemaicos, a sus funcionarios y a los comerciantes. El orden y la paz daban muchas posibilidades para los comercios y la burocracia extensa ofrecía la oportunidad de hacer carrera en la jerarquía estatal. En Palestina el interés económico se dirigía a los puertos en la costa, la madera de los bosques del Líbano, la agricultura, sobre todo de grano y uva. Especialmente en la agricultura se desarrollaron nuevas técnicas y se introdujeron nuevos tipos de plantas. Otro negocio lucrativo era el tráfico de esclavos. Podemos hablar de un crecimiento económico, que hacía surgir la producción y el número de habitantes de Palestina 4.

 

En este ámbito soplaba un espíritu optimista. El imperio ptolemaico era el reino del crecimiento económico, el reino de las grandes posibilidades, de los nuevos ricos. «Porque todo lo que existe y se hace, está en Egipto: riqueza, campos deportivos, poder, buen tiempo, gloria, teatro, filósofos, dinero, chicos..., vino, todo bien, lo que tú quieras y mujeres...» (Herondas) 5. Muchos fueron al imperio ptolemaico para hacerse ricos en este paraíso económico y técnico, especialmente los jóvenes que querían compartir en el nuevo espíritu, que también soplaba en Jerusalén 6.

 

Los griegos se sentían superiores a los demás pueblos, los «bárbaros». Se estimaban a sí mismos como una raza de dueños, que tenían el derecho de explotar a los pueblos sometidos. Se puede entender que tal actitud de orgullo, y la explotación económica, hicieron surgir la resistencia entre los pueblos sometidos, sobre todo en los ámbitos de los pobres. Ellos no podían compartir las «bendiciones» helenísticas, sino que eran las víctimas del sistema. Como ‘bárbaros' no tenían acceso a la educación griega, ni a las riquezas de la época. Una de las consecuencias sería la rebelión de los macabeos en el siglo II. En los ámbitos de la aristocracia judía la cultura helenística tenía mucha influencia. Muchos de ellos querían reformar la cultura judía siguiendo los valores helenísticos. A los hijos de los aristócratas les fue enseñada la cultura griega. No la torá sino los filósofos griegos tenían un lugar central en la educación de la élite. En el afán de vincularse con la cultura nueva algunos judíos afirmaron que su pueblo era de la misma raza que los griegos. Según ellos los israelitas y los espartanos serían descendien­tes de Abrahám 7.

 

3. El libro de Eclesiastés: su estructura y tema central

Antes de abordar la cuestión candente de la postura del Eclesiastés frente a la cultura helenística, queremos esbozar la estructura del libro y su tema central. Solamente un entendimiento del conjunto del libro nos hace captar la postura del Eclesiastés en su tiempo. Así evitamos que una impresión superficial del libro y una elección de algunos textos sueltos determinen nuestra investigación.

 

El libro del Eclesiastés parece estar compuesto de una mezcla de observaciones y consejos sin una estructura clara. Pero una lectura detenida, que da cuenta de las diferencias entre la literatura moderna y la literatura antigua, encuentra que sí hay una estructura. El libro del Eclesiastés consiste en dos tipos de unidades. En el primer tipo predominan las observaciones; en el segundo, predominan los consejos. Estas unidades, que entonces no son absolutas sino relativamente diferentes, se encuentran en el libro de modo sucesivo. Podemos indicar la siguiente división:

 

1,1

introducción

1,2

epígrafe del libro: ¡Vana ilusión, vana ilusión, todo es vana ilusión!

1,3-4,16

observaciones

4,17-5,8

consejos

5,9-6,9

observaciones

6,10-7,22

consejos

7,23-29

observaciones

8,1-8

consejos

8,9-9,12

observaciones

9,13-12,7

consejos

12,8

epígrafe del libro: ¡Vana ilusión, vana ilusión, todo es vana ilusión!

12,9-14

epílogo

 

En los textos que acabamos de caracterizar como «observaciones» hay un tema central que los une: el trabajo del hombre; o más en general: el quehacer del hombre. Las palabras clave en estos textos son: ‘amal y ‘asah y sus derivados. Las observaciones son el resultado de una investigación de los muchos aspectos del trabajo humano. El libro del Eclesiastés ofrece un enfoque bastante pesimista sobre este tema. Se pueden distinguir las siguien­tes ideas en las observaciones:

 

- El trabajo humano no puede cambiar nada en el mundo (1,3-11: 3,1- 15)

- El trabajo de los sabios es un quehacer sin sentido (1,12-18; 2,12-17; 4,13-16; 7,23-29; 8,16-17).

- El trabajo del ser humano se da en un mundo incomprensible e injusto (3,16-22; 4,1-3; 4,4-6; 8,9-15; 9,1-12)

- No se puede disfrutar de los resultados del trabajo (2,18-21; 5,9-6,9)

- El ser humano necesita ayuda en su trabajo (4,7-12)

- El trabajo no hace feliz (2,1-11; 2,22-23)

- Disfrutar la vida no es producto del trabajo sino dádiva de Dios (2,24-26; 3,12-13; 3,22; 5,17-19; 8,15; 9,7-10).

 

Cada vez reza la conclusión de Eclesiastés que todo eso es «vanidad y atrapar vientos». Se entiende que las soluciones que el Eclesiastés podía ofrecer no eran muy revolucionarias. Convencido de que el ser humano es bastante limitado aconsejó ser sabio de modo cauto. Las unidades en las cuales predominan los consejos contienen las siguientes pautas:

 

- Sé cauto con Dios (4,17-5,6)

- Sé cauto con las autoridades (5,7-8; 8,1-8; 10,4-11; 10,16-20)

- Sé modesto en todo (7,1-22)

- Sé sabio a pesar de las tonterías alrededor de ti (9,13-10,3; 10,12-15)

- No lo juegues todo a una carta (11,1-6)

- Disfruta de la vida prudentemente (11,7-12,7).

 

En base a los datos mencionados podemos resumir el núcleo del pensamiento del Eclesiastés así: destacó la habilidad del ser humano. El quehacer del ser humano limitado, sea su trabajo, sea su sabiduría, no sirve mucho para alcanzar la felicidad. Por eso aconsejó ser sabio y cauto hasta donde sea posible.

 

4. ¿Contra qué se dirigía el Eclesiastés?

 

Las advertencias del Eclesiastés nos ofrecen información indirecta sobre las ideas contra las cuales dirigía sus palabras. Porque el tema central del libro es destacar las limitaciones del ser humano y su quehacer, podemos suponer que el Eclesiastés principalmente se dirigía contra la fe en las posibilidades ilimitadas del hombre, especialmente la fe en la capacidad del hombre de alcanzar la felicidad y su capacidad de escudriñar la existencia.

Del mismo modo, interpretando los aspectos que el Eclesiastés elaboraba en sus observaciones, podemos esbozar un perfil más preciso de esta fe contra la cual se dirigía. Descubrimos que rechazaba las ideas de que el ser humano:

- puede realizar algo nuevo;

- puede conocer los misterios de la existencia;

- vive en un mundo donde existe un orden justo, donde todos reciben lo que les merece;

- puede disfrutar de los resultados de su trabajo;

- puede trabajar solo;

- puede lograr la felicidad por sus esfuerzos;

- puede disfrutar si quiere.

 

Las observaciones y las ilustraciones nos indican también dónde se encontraban estas ideas principalmente. Los textos se concentran en el mundo de la élite. Nos muestran el orgullo de los dominadores (7,8-9; 9,13-10,3; 10,12-15), las ambiciones de los muy ricos (2,1-11; 7,1-6), el poder de las autoridades (5,7-8; 8,1-8; 10,4-11; 10,16-20). Queda claro que el Eclesiastés dirigía sus palabras contra la fe en el poder del ser humano que se encontraba en los ámbitos de los poderosos 9.

 

Los datos nos dan suficiente razón para suponer que el Eclesiastés se resistía contra un cierto espíritu que soplaba por la civilización helenística de su tiempo, como acabamos de esbozar en un párrafo anterior. Fue el espíritu de la fe en las posibilidades ilimitadas, el afán de hacer carrera y hacerse rico, el espíritu de la tecnocracia, la fe en las filosofías. Las autoridades helenísticas, sus familias y los judíos aristocráticos fueron los portadores principales de tal espíritu.

 

Este espíritu formaba parte de las características del ambiente helenístico. Según el conocedor del mundo helenístico C. Schneider 10, el hombre helenístico tenía un gran ímpetu creador. Quería hacer mucho y realizar algo grande. Tenía la mentalidad de competencia. Por eso los deportes eran tan queridos en aquella época. El ideal del hombre helenístico era evitar la mediocridad. Alcanzaba aun la «desmesura del superhombre» 11. Un ejemplo de tal «superhombre» fueron los reyes ptolomeos, que gastaron enormes cantidades de dinero en fiestas, paradas, guerras superfluas y otras actividades. Se amaba el riesgo y se hacía empujar por un gran optimismo.

 

Eso también se daba en los ámbitos de los judíos helenistas. V. Tcherikover escribe sobre ellos: «El listo e inventivo recaudador de impuestos, el comerciante fuerte e inescrupuloso, era el padre espiritual del movimiento judío helenístico, y a través de todo el corto período del florecer del helenismo en Jerusalén, el afán por provecho y el ansia de poder eran las características más pronunciadas. Del nuevo movimiento» 12.

 

Un texto muy interesante al respecto es el relato de los Tobíadas, que encontramos en la obra Antigüedades judías de Flavio Josefo 13. Se trata de José, el hijo de Tobías, y su hijo Hircano. José fue un joven judío que ganaba la confianza del rey ptolomeo, obtuvo el derecho de recaudar los impuestos en Palestina y así se hizo muy rico. Hircano también gozaba de la buena voluntad del rey y se hizo muy rico como dominador de un territorio en Transjordania. El relato, probablemente basado en las crónicas familiares de los Tobíadas, tiene algunos rasgos legendarios, pero da una buena impresión del espíritu helenístico de la época ptolemaica en Palestina. También el hecho de que el escritor era probablemente un judío helenista, garantiza que el relato muestra una imagen fidedigna de este espíritu 14.

 

Los valores e ideales helenísticos que expresa el relato, nos hacen pensar en las observaciones y advertencias del Eclesiastés. José e Hircano incorporan la imagen del hombre contra la cual el Eclesiastés se dirigía. Ambos fueron hombres listos y trabajadores que, confiando en sí mismos, lograban una riqueza enorme. «... le dijo que su padre había reunido las riquezas trabajando y resistiendo a las pasiones, y le aconsejó que siguiera su ejemplo», le dijo Arión, el procurador de José, a Hircano 15. Son ejemplo de la fe que el trabajo es pagado y existe una relación justa entre acción y resultado (pero cf. Ecl. 2,18-21; 5,9-6,9; 8,9-15;9,l-12).El afán de lucro de José se encuentra en el asesinato de algunos ciudadanos que no habían pagado los impuestos 16 (cf. Ecl. 3,16-22; 4,1-3; 7,15; 8,2-4; 8,9). Padre e hijo ofrecieron sobornos para sus metas 17 (cf. Ecl. 7,7). Pero una consecuencia fue que Hircano tenía que enfrentar la envidia de sus hermanos por sus éxitos 18 (cf. Ecl. 4,4). En fin, el relato muestra claramente el concepto del hombre ideal según los ideales y valores de la cultura helenística. «Hircano, igual que su padre Josué, aparece como la personalidad característica del período helenístico, simbolizando el hombre fuerte y confiado en sí mismo» (Tcherikover) 19. Fue exactamente tal personalidad la que era rechazada fuertemente por el Eclesiastés.

 

5. ¿A quiénes se dirigía el Eclesiastés?

 

El autor del epílogo indicó que el Eclesiastés era un sabio que tenía una tarea educativa (12,9). Probablemente trabajó en una «escuela de escribas», donde fueron educados los funcionarios del templo y algunos laicos que también tenían acceso a la escuela. Los estudiantes pertenecían a las familias distinguidas sacerdotales y aristocráticas. Fueron enseñados en las tradicio­nes religiosas y sapienciales de Israel, formándose para tareas sacerdotales, administrativas y diplomáticas. Aunque el énfasis estaba en la enseñanza de las tradiciones nacionales, también existía una apertura a los pensamientos nuevos del helenismo, ya que, como hemos visto, especialmente en los sectores de la élite había mucho interés por la civilización helenística 20.

 

El Eclesiastés, entonces, se dirigía a jóvenes judíos que estaban en contacto con el mundo helenístico. Después de nuestro estudio de sus observaciones críticas, entendemos que el Eclesiastés les enseñaba a sus alumnos una posición crítica frente a la cultura helenística, sobre todo con respecto a los valores e ideales helenísticos sobre el hombre ideal. También criticaba las pretensiones de muchos sabios, que decían saber escudriñar los misterios de la existencia (cf. 1,12-18; 2,12-17; 4,13-16; 7,23-29; 8,16-17). Estos textos posiblemente se refieren a los filósofos, que formaban un fenómeno bastante influyente en el mundo helenístico y cuyos pensamientos podrían haber sido muy atractivos para los jóvenes aristocráticos 21. Había muchas escuelas filosóficas y filósofos ambulantes, que trataban de responder a las inquietudes de la gente y que tenían una cierta función pastoral 22. También se encontraban en las cortes, donde eran consejeros de los reyes 23. La influencia de la filosofía helenística llegaba incluso directamente a las escuelas de Palestina, donde los escritores griegos más conocidos estaban en el programa de estudios 24.

 

Rechazando los valores y filosofías helenísticas, el Eclesiastés no rechazaba el mundo helenístico. Aunque criticaba al mundo helenístico, no aconsejaba a sus alumnos alejarse de él o cambiarlo. Sus instrucciones planteaban un comportamiento cauto y sabio dentro del mundo helenístico, en el cual los judíos vivían y la mayoría de sus alumnos tendrían que tomar posiciones importantes. Aconsejaba ser cauto con respecto a las autoridades que tenían mucho poder (cf. 5,7-8; 8,1-8; 10,4-11; 10,16-20), ser modesto y buscar el justo medio (cf. 7,1-22), ser sabio en un mundo necio (cf. 9,13-10,3; 10,12-15) y disfrutar prudentemente la vida en cuanto fuera posible (cf. 11,7-12,7) 25. También aconsejaba a sus alumnos respetar a Dios y comportarse de modo sabio frente a él.

 

La profesión del Eclesiastés como profesor, su consejo de buscar el justo medio, su posición crítica frente a los valores helenísticos y su consejo de respetar a Dios nos ofrecen una indicación de su lugar dentro de la sociedad judía en la época ptolemaica. Por su profesión y postura cauta parece que no pertenecía a los sectores marginados de la sociedad, sino a ámbitos aristocráticos. Los demás datos muestran que en los círculos a los cuales pertenecía no existía ninguna admiración por la cultura helenística y que se trataba de mantener la tradición judía antigua. Esta «aristocracia tradicional» se distinguía de la «aristocracia nueva», cuyos miembros estaban abiertos por la civilización nueva y trataban de helenizar la cultura judía. Entonces, tenemos que presuponer una división dentro de la élite judía. La idea que toda la élite optaba por la civilización helenística no es cierta, como ya concluyó H.-P. Müller en un estudio sobre la imagen de Dios en el libro del Eclesiastés 26.

 

¿Eso significa que el pensamiento del Eclesiastés es totalmente judío y que no hay elementos helenísticos en el libro?

 

6. Eclesiastés entre la tradición judía y la tradición helenística

 

Dentro de la sociedad judía existían grupos que se resistían a la influencia helenística. Estos grupos fueron muy fuertes en el siglo II a. de C., como muestra la sublevación de los macabeos. Pero no es improbable que ya en el siglo III existiera una cierta tensión entre la opción helenística y la opción judía 27. Según nuestra interpretación, el Eclesiastés aparece como un representante de la tradición judía.

 

El rechazo del Eclesiastés a la idea de las posibilidades ilimitadas del ser humano no era una invención nueva dentro de la tradición judía. En textos anteriores al Eclesiastés ya encontramos la idea de la limitación del ‘amal humano («trabajo», «afán»; un concepto clave en las observaciones del Eclesiastés). El Sal. 90 describe al hombre como perecedero, viviendo setenta o quizás ochenta años: «... y su aspiración: afán (‘amal) y mal es...» (cf. Job 7,1-10, especialmente vs. 3). El Sal. 127,1-2 expresa la convicción de que el ‘amal humano no sirve si Dios no ayuda. Job 3 destaca el azar trágico del hombre que trabaja (‘amal; vss. 10 y 20) en vano. En la época helenística los judíos ortodoxos estimaban la necesidad de trabajar como maldición. En el futuro escatológico el trabajo se realizaría automáticamente 28. Más en general la idea de la limitación del ser humano, sobre todo frente a Dios, es muy conocida en el Antiguo Testamento 29. También la idea de la limitación de la sabiduría humana se encuentra en varias partes del Antiguo Testamento, especialmente en el libro de Job, pero también, por ejemplo, en Prov. 16,1; 19,21; 21,30-31; 30,2-4 30.

Podemos concluir que el tema central del libro del Eclesiastés no era nuevo en el pensamiento judío y que el Eclesiastés estaba en la línea de la tradición judía. Nuestra impresión es reforzada por el consejo del Eclesiastés de respetar a Dios (4,17-5,6).

 

Pero, a la vez, encontramos algunas semejanzas llamativas entre el pensamiento del Eclesiastés y la tradición helenística. R. Braun ha mostrado que existen muchos paralelos entre los textos del Eclesiastés y textos griegos, especialmente provenientes de la filosofía popular helenística. Sobre todo los paralelos con los pensamientos pesimistas de los «cínicos» y «escépti­cos» llaman la atención 31. Las semejanzas no se restringen a textos paralelos, sino que existen también en la función ideológica de algunas corrientes filosóficas de la época helenística. El cinismo, por ejemplo, era una filosofía crítica del espíritu del «sobrehombre» e «infinidad» y destacaba el valor de una vida moderada y prudente 32. Los cínicos expresaban sus convicciones de modo fuerte y alternativo, lo que inspira C. Préaux a hablar de un «fenómeno típico de contracultura». Sus pensamientos y su vida de pobreza eran una contestación de los valores compartidos de la sociedad 33. La actitud rebelde de algunos filósofos populares incluso los llevó a participar activamente en sublevaciones de esclavos 34.

 

No obstante eso, no tenemos que destacar demasiado las semejanzas entre el pensamiento del Eclesiastés y el de las filosofías populares helenísticas, ya que aquellos aconsejan el hedonismo y el trabajo como medios para alcanzar la felicidad . Aunque el Eclesiastés no negaba totalmente el valor del trabajo (cf. 9,10; 11,1-6) y estimaba el goce de la vida (2,24-26; 3,12-13; 3,22; 5,17-19; 8,15; 9,7-10; 11,7-12,7), era más reservado al respecto. Tenemos la impresión de que podemos entender el pensamiento del Eclesiastés como principalmente basado en la tradición judía, pero hasta cierto grado influido por los pensamientos helenísticos, sobre todo las filosofías críticas al espíritu optimista de su tiempo.

 

7. Conclusión

El Eclesiastés rechazaba la fe en la infinitud del ser humano. Este rechazo recibe más relieve si lo entendemos dentro de la realidad histórica en la cual lo expresó. Se dirigía contra los valores e ideales en cuanto al ser humano de la civilización dominante. Rechazaba el espíritu de la cultura helenística, cultura de los dominadores ptolomeos, que se caracterizaba por una fe tecnocrática. Dentro de esta realidad el Eclesiastés, influido por las filosofías críticas helenísticas, pero basándose en la tradición judía, trataba de dar consejos a la juventud judía para mantenerse en el mundo helenístico.

 

El Eclesiastés no fue profeta, ni revolucionario, tampoco ofreció soluciones para terminar la dominación cultural helenística. No obstante eso, no fue representante de la cultura dominante. El valor de su aporte estaba en su habilidad de criticar y desenmascarar. Señalaba la «hybris» aristocrática, las ambiciones ilimitadas y sus consecuencias de injusticia y fracaso. Desenmascaraba la dimensión «religiosa» detrás de la tecnocracia helenística; la fe en el poder ilimitado del hombre.

 

La lectura de su libro es un ejercicio para desenmascarar el espíritu religioso-tecnocrático de la cultura dominante de hoy. El Eclesiastés nos ofrece elementos para desarrollar un paradigma crítico en cuanto a esta cultura, que pone en la sombra de sus valores agresivos la dignidad de los pueblos latinoamericanos, que pone en la sombra de sus promesas de éxito comercial la vida de los explotados. La contracultura del libro del Eclesiastés nos sugiere responder a las promesas de la cultura tecnocrática presente: «¡Quítate de mi sol!».

Stephan De Jong , Casilla 13596 , Santiago , Chile

 

1 Este artículo elabora algunos elementos que he propuesto tentativamente en: El sabio con el martillo, Presentación del Libro de Eclesiastés, que va a ser publicado en Biblito en la segunda parte de 1991.

2 M. Hengel. Judentum und Hellenismus, Studien zu ihrer Begegnun unter besonderer Berücksichtigung Palästinas bis zur Mitte des 2. Jh. V. Chr. Tübingen, 1969 (Wissenschaftliche Untersuchungen zum Neuen Testament 10) pp. 21-32; M. Hengel. Jews, greeks and barbarians. Aspects of the hellenization of judaism in the pre-christian period , Philadelphia , 1980, pp. 4-11.

3 M. Hegel. Judentum, pp. 32-61; M. Hengel, Jews, pp. 21-32.

4 M. M. Hengel, Judenturn, pp. 71-92.

5 Citado por M. Hengel, Judentum, pp. 72-73.

6 M. Hengel, Judentum, pp. 72-75; 105-107.

7 M. Hengel, Judentum, pp. 92-105; M. Hengel, Jews. pp. 21-32; 55-66; 67-82.

8 Sobre el tema de este párrafo publicaré un articulo más detallado bajo el título A book on Labour, The structuring principies and the main of the book of the Book Qohelet que va a salir en The journal for lhe study ofthe Old Testament en 1991 ó 1992.

9 Son también los ámbitos donde hay chantaje (7,7) e injusticia (3,16; 4.1; 7,15; 8,11; 8.14; 9.3)

10 C. Schneider. Kulturgeschichte des Hellenismus. Vol. 1, München. 1967, pp. 44ss.

11 C. Schneider, oc., p. 61.

12 V. Tcherikover, Hellenistic civilization and the jews, New York, 1985, p. 142.

13 Libro 12, cap. 4,2-9.

14 V.Tcherikover, oc., pp. 128-130, 141-142.

15 Antigüedades judías, Lib. 12. cap. 4,8 (traducción de L. Farré, Obras completas de Flavio Josefo, Buenos Aires. 1961).

16 Antigüedades judías, Lib. 12, cap. 4,5.

Antigüedades judías, Lib. 12, cap. 4,2.5.9.

17 Antigüedades judías, Lib. 12, cap. 4,9.

Q8 V. Tcherikover,o.c., p. 139.

Q9 Véase M. Hengei. Judentum. pp. 143-152: R. Braun, Qohelet und die frühhellenistische Popularphilosophie. Berlin , New York . 1973 (Beiheft zur Zeitschrift für die alttestamentliche Wissenschaft 130) pp. 38-41.

20 Cf. también Ben Sirac 3,21-24; 37,20-25.

21 C. Préaux. El mundo helenístico, Grecia Y Oriente (323-1 46 a . de C.), Vol. 2. Barcelona, 1984. pp. 376-393.

22 C. Préaux. oc., Vol. 1, p. 28.

23 M. Hengel, Judentum, pp. 130-143; R. Braun, o.c.. pp. 38-41.

24 También 9.7-10. Los textos de 2,24-26; 3.12-13; 3,22; 5,17-19; 8,15 no son llamados a disfrutar de la vida («carpediem»), sino que solamente afirman que es bueno si Dios regala el goce de la vida. Al final depende de Dios, no del hombre, si alguien disfruta de la vida.

25 H.-P. Müller, «Neige der althebräischen Weisheit Zum Denken Qohäläts, en: Zeitschrift füt die alttestamentliche Wissenschaft 90 (1978) pp. 238-264.

26 M. Hengel, Judentum. pp. 55-61; 143-152; Braun, oc., pp. 38-41.

27Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testarnent, Vol. 2, Stuttgart, 1935, pp. 640-641.

28 C. Westermann. Theologie des Alten Testaments in Grundzügen, Göttingen. 1978, (Grundrisse zum AltenTestament, 6) pp. 81-83.

29 G. von Rad. Weisheit in Israel , Neukirchen-Yluyn. 1982 (2 ed.) pp. 131-148.

30 R. Braun. oc., pp. 26-31; 167-171.

31 C. Schneider, oc., Vol. 1, 1967, p. 65; Préaux, o.c.. Vol. 1, p. 26; 37-38.

32 C. Préaux, o.c., Vol. 2. p. 390-392, especialmente p. 390.

33 C. Schneider, oc.. Vol. 2, 1969, p. 549.

34 R. Braun. oc., pp. 26-31; Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament, Vol. 2, Stuttgart, 1935, pp. 632.

 

 
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