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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

EVANGELIZACIÓN Y CULTURA

 

Estudio exegético-hermenéutico de Hechos de los Apóstoles, capítulo 15

Dagoberto Ramírez F.

 

Introducción

En este tiempo estamos en el proceso de rememorar los 500 años de la llegada de los españoles a este continente. No hay completo acuerdo en que se trate precisamente de una celebración. Por lo menos, los descendientes directos de los pueblos indígenas que poblaban estas tierras, no tienen nada que celebrar. Se trata, en realidad, de un acontecimiento polémico, sobre el cual se discute y se escribe mucho en este momento.

El cristianismo, a través de la Iglesia Católica , estuvo directamente comprometido en la empresa de los conquistadores españoles. En épocas posteriores, otras expresiones del cristianismo europeo y estadounidense se hicieron presentes en estas tierras. Se puede decir que todos reclaman el haber venido a evangelizar. La fecha es también, entonces, una mag­nífica oportunidad para que el cristianismo, en todas sus expresiones, reflexione sobre el papel que han jugado las iglesias y movimientos misioneros en la evangelización de este continente. Es también un tema polémico. Una discusión amplia del asunto tendría que tocar muchos aspectos, como son: la economía, la política, la historia y la cultura. En lo que toca a la exégesis bíblica, nos remitiremos específicamente a la relación fe cristiana-cultura.

En los últimos quinientos años de su historia, América Latina ha sido permanentemente avasallada en muchos sentidos. En particular nos preocupa la dimensión cultural. Según J. Comblin, la historia de la cultura en América Latina registra, por lo menos, tres invasiones culturales: la ibérica, de 1492 en adelante; la europea, a partir del siglo XIX, y la invasión de la cultura contemporánea, cuyo liderazgo se atribuye principalmente a Estados Unidos 1. Nos hacemos la pregunta, desde el ámbito de la teología, ¿cuál ha sido el papel que ha desempeñado la Iglesia Cristiana , en sus diversas tradiciones, en esta invasión cultural?

Se trata de una discusión muy amplia que queremos abordar aquí desde la exégesis bíblica. Para esta ocasión hemos tomado el capítulo 15 del Libro de los Hechos de los Apóstoles. Sin temor a equivocamos, podemos decir que la decisión tomada en el Concilio de Jerusalén fue el acontecimiento más importante ocurrido en la historia de la Iglesia. Es muy posible que sin el paso del evangelio a los gentiles, el movimiento cristiano hubiese quedado reducido a una expresión minoritaria en el seno del judaísmo. Afortunadamente no fue así. Los designios de Dios, que el evangelista San Lucas interpreta muy bien, iban por el camino de la universalización del movimiento. Pero, tampoco se trataba solamente de los designios de Dios. Las condiciones sociales, políticas y culturales de la época permitieron la expansión del cristianismo. La dispersión de pueblos y razas en el contexto amplio de las fronteras del Imperio Romano, creó condiciones propicias para que muchos pueblos colonizados por los romanos encontraran en la fe cristiana un espacio para recuperar su identidad. Su participación en el movimiento cristiano les permitió acceder a una nueva manera de entender el mundo, la sociedad política, la dinámica de las fuerzas sociales y el futuro de libertad y justicia que podrían alcanzar.

El capítulo 15 de Hechos, es una composición literaria del evangelista Lucas. Al hacer la crítica del texto no es posible determinar con absoluta fidelidad la historicidad del episodio. Sin embargo, sí es posible descubrir en el relato, los elementos fundamentales de la crisis planteada. Esta crisis obligó al movimiento cristiano, en determinado momento, a asumir una posición frente a los acontecimientos que habían venido produciéndose a raíz de las acciones misioneras que Hechos relata en los capítulos anteriores. Es común, en la historia de la Iglesia por lo menos, que las acciones anteceden a las decisiones. Primero tenemos la práctica de algunos pioneros que obraron sintiéndose inspirados por el Espíritu de Dios. En un segundo momento tenemos las decisiones conciliares. La experiencia del apóstol Pablo es un ejemplo de esto que acontece. Una comparación entre Hechos 15 y Gálatas 2 demuestra que hay ciertas dificultades para compaginar ambos episodios. Un primer momento es la experiencia del apóstol, quien en una acción libre y carismática toma la iniciativa en la evangelización. En el transcurso de su misión se va enfrentando a situaciones que procura resolver sobre la marcha. En este proceso se producen conflictos a raíz de la rápida expansión del movimiento. Es necesario enfrentar la situación y llegar a algún acuerdo que permita la continuidad de la obra misionera. Según Lucas, en un segundo momento se necesita tomar ciertas decisiones bajo la inspiración del Espíritu Santo y en el contexto de los propósitos salvíficos universales del señor. Esto es lo que el evangelista nos quiere transmitir en este relato del Concilio de Jerusalén.

1. Los Hechos de los Apóstoles

El libro de Hechos tiene un prólogo (1.1-26) y cuatro partes en las cuales se agrupa todo el material. La primera parte describe la situación de la Iglesia en Jerusalén (capítulos 2 a 5); la segunda parte (capítulos 6 a 9) describe los comienzos de la expansión de la Iglesia. La tercera parte (capítulos 9,32 a 15,35) relata los orígenes de la Iglesia en el mundo gentil, a partir de la comunidad en Antioquía. La cuarta parte ( 15,36 a 28,31) está dedicada a las misiones de Pablo en Asia Menor y Grecia, para concluir el relato con las experiencias en Jerusalén y en Roma.

Para los efectos de nuestro estudio nos interesa la tercera parte (capítulos 9-15): la descripción de los orígenes de la Iglesia en el mundo gentil. La etapa anterior termina con el sumario de 9,31:

Las iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaría; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo.

A continuación se inicia la descripción de una serie de experiencias misioneras en el mundo gentil. Comienza con el llamado “ciclo de Pedro” ( 9,32 a 11,18). Luego se nos relata la fundación de la comunidad cristiana en Antioquía (11,19-26). Los capítulos 13 y 14 describen el primer viaje misionero de Pablo. Todas estas experiencias primeras en la misión a los gentiles, van a poner —progresivamente— de manifiesto, el conflicto que va a dar origen a la discusión en el llamado Concilio de Jerusalén.

2. El Concilio de Jerusalén (capítulo 15)

El capítulo 15 divide Hechos en dos partes. En cuanto a su es­tructura, esta división señala dos etapas en la evangelización. La primera corresponde a la evangelización entre los judíos, y la segunda evan­gelización a los gentiles. Vamos a analizar el texto de 15,1 -35. Los versículos finales del capítulo 14, describen la llegada de Saulo y Bernabé a Antioquía. Después de pasar por penosas experiencias en su viaje misionero, embarcaron en Atalia en viaje a Antioquía “de donde habían partido” (v. 26), dice el texto. Esta referencia cierra todo el ciclo del relato misionero que había empezado en 13.1ss. De esta manera el redactor puntualiza que la misión encomendada por la comunidad antioqueña a Bernabé y Saulo, ha sido cumplida. Los misioneros procedieron de acuerdo con las indicaciones de la comunidad y obraron bajo la dirección del Espíritu Santo, que les fue concedida por medio de los dirigentes (13,2-3).

Leamos ahora el texto de 15,1-35.

(A) 1. Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: “Si no os
circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros”.

2. Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos de ellos subieran a Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión.

3. Ellos, pues, enviados por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaría contando la conversión de los gentiles y produciendo gran alegría en todos los hermanos.

(B) (a) 4. Llegados a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia, y por los apóstoles y presbíteros y contaron cuanto Dios había hecho justamente con ellos.

5. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron para decir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la Ley de Moisés.

6. Se reunieron entonces los apóstoles y presbíteros para tratar este asunto.

(b) 7. Después de una larga discusión, Pedro se levantó y les dijo:

“Hermanos, vosotros sabéis que ya desde los primeros días me eligió Dios entre vosotros para que por mi boca oyesen los gentiles la palabra de la Buena Nueva y creyeran.

8. Y Dios, conocedor de los corazones, dio testimonio en su favor comunicándoles el Espíritu Santo como a nosotros;

9. y no hizo distinción alguna entre ellos y nosotros, pues purificó sus corazones con la fe.

10. ¿Por qué, pues, ahora tentáis a Dios queriendo poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar?

11. Nosotros creemos más bien que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos”.

12. Toda la asamblea calló y escucharon a Bernabé y a Pablo contar todas las señales y prodigios que Dios había realizado por medio de ellos entre los gentiles.

(c) 13. Cuando terminaron de hablar, tomó Santiago la palabra y dijo: “Hermanos, escuchadme.

14. Simeón ha referido cómo Dios ya al principio intervino para procurarse entre los gentiles un pueblo para su Nombre.

15. Con esto concuerdan los oráculos de los Profetas, según está escrito:

16. ‘Después de esto volveré y reconstruiré la tienda de David que está caída; reconstruiré sus ruinas,

y la volveré a levantar.

17. Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todas las naciones que han sido consagradas a mi nombre, dice el Señor que hace

18. que estas cosas sean conocidas desde la eternidad'.

19. Por esto opino yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios,

20. sino escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre.

21. Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores y es leído cada sábado en las sinagogas”.

(d) 22. Entonces decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia, elegir de entre ellos algunos hombres y enviarles a Antioquía con Pablo y Bernabé; y estos fueron Judas, llamado Barsabás, y Silas, que eran dirigentes entre los hermanos.

23. Por su medio les enviaron esta carta:

“Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia.

24. Habiendo sabido que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han perturbado con sus palabras, trastornando vuestros ánimos,

25. hemos decidido de común acuerdo elegir algunos hombres y enviarlos donde vosotros, justamente con nuestros queridos Bernabé y Pablo,

26. que son hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.

27. Enviamos, pues, a Judas y Silas, quienes os expondrán esto mismo de viva voz:

28. Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables:

29. abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós”.

(C) 30. Ellos, después de despedirse, bajaron a Antioquía, reunieron la asamblea y entregaron la carta.

31. La leyeron y se gozaron al recibir aquel aliento.

32. Judas y Silas, que eran también profetas, exhortaron con un largo discurso a los hermanos y les confortaron.

33. Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a los que los habían enviado.

34. Pero Silas decidió quedarse allí, y partió Judas solo.

35. Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía enseñando y anunciando, en compañía de otros muchos, la Buena Nueva , la Palabra del Señor 2.

El texto se nos presenta como una obra muy bien lograda. Lucas muestra una vez más sus grandes condiciones de escritor. La obra tiene tres partes. En primer lugar una introducción A), vs. 1-3, que ubica el relato en Antioquía del mismo modo, la tercera parte, que es la conclusión del relato, se ubica también en Antioquía C), vs. 30-33. Nos queda en el centro la parte principal del texto: vs. 4-29, B). Esta situación está ubicada en Jerusalén. Tenemos así un relato cuya estructura se mueve desde Antioquía (mundo gentil) hacia Jerusalén, el centro y el origen de la misión cristiana. Luego retorna el relato a Antioquía, con la solución del conflicto. Es importante en el discurso del texto el desplazamiento geo­gráfico-teológico: Antioquía, conflicto; Jerusalén, discusión del conflic­to y su solución; Antioquía, comienzo de una nueva era en la misión cristiana.

El centro del texto, B), también tiene una lógica estructural. Todo el relato de 4 a 29 da cuenta de las deliberaciones en el Concilio. Este relato comienza con la descripción del conflicto (vs. 4-5); el v. 6 es redacción narrativa. A esta descripción del conflicto le corresponden los vs. 22-29, que es la solución al conflicto. En el centro tenemos dos discursos: el discurso de pedro (vs. 7b-1 1), y el discurso de Santiago (vs. 13b-2 1).

Podemos ver la estructura del relato en el siguiente gráfico:

A: 1-3 Introducción Antioquía

4-5 (a) Descripción del conflicto

6 Relato (apóstoles y presbíteros)

7b- 11 (b) Discurso de Pedro

B: 4-29 12-13 (c) Relato (Bernabé y Pablo)

13b-21 (b') Discurso de Santiago Jerusalén
22-2 (a') Solución del conflicto

C: 30-35

Conclusión Antioquía

 

2.1. A) Introducción: el conflicto en Antioquía (vs. 1-3)

Estas primeras palabras en el relato describen lo que fue, no tanto el primer conflicto, sino tal vez, el más importante en la historia del cristianismo primitivo 3. El capítulo 15 de Hechos marca un cambio cualitativo y cuantitativo en la historia de la expansión del cristianismo. A partir de este acontecimiento la proyección misionera del cristianismo tuvo consecuencias tan importantes, que sus efectos siguen vigentes hasta hoy.

El punto central del conflicto tiene que ver con la evangelización a los pueblos no judíos, así llamados “gentiles” en algunas versiones, y “paganos” en otras 4. ¿Pueden salvarse (sozénai) los gentiles al igual que los judíos, o deben previamente circuncidarse? En el fondo de esta pregunta está la discusión acerca de la legitimidad de pertenecer o no a la comunidad mesiánica. Si bien el verbo sózein es el principal en el texto y sobre él gira la discusión formal, subyace la pregunta o tema no explicitado. ¿Pueden los gentiles, que no vienen de la tradición mosaica, pertenecer a la comunidad mesiánica sin someterse a la tradición judaica? La discusión está planteada en Antioquía, pero las objeciones vienen de Jerusalén 5. Se trata, entonces, de una confrontación entre Antioquía y Jerusalén. La comunidad cristiana en Jerusalén revela una postura más cercana al judaísmo. Según algunos exegetas, la comunidad cristiana en Jerusalén estaba muy cerca del judaísmo farisaico 6. Por otro lado, la comunidad cristiana en Antioquía estaba más próxima al mundo gentil, y se mostraba más proclive a incorporar a los gentiles al movimiento cristiano sin mayores restricciones.

En la descripción del conflicto, el redactor ya nos dice quienes estaban de un lado y quienes del otro. Por un lado, los que venían de Judea. Por otro, Pablo y Bernabé (vs. 1 y 2). Hay consenso en llevar el asunto a Jerusalén. Los “apóstoles y presbíteros” jugarán un papel importante en el asunto, y se les cita reiteradamente (2,4,6, 22, 23). En este caso, los apóstoles y presbíteros actuarán de jueces en la discusión. El redactor señala de esta manera quiénes son los que conducen la comunidad cristiana, destacando su autoridad. El v. 3 evidencia la toma de posición del redactor. Los mensajeros fueron enviados por la ekklesía, es decir, se reconoce a la comunidad de Antioquía la categoría de Iglesia. Después de todo: “En Antioquía fue donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de cristianos”, y el texto se refiere a ellos como “Iglesia” (Hechos 11,26).

La segunda manera que evidencia cómo el redactor toma posición en el relato y adelanta lo que será la decisión final, es mencionando la gira que Pablo y Bernabé hicieron por Fenicia y Samaría, testificando de su misión. La expresión “produciendo gran alegría en todos los hermanos” (v. 3c) revela la postura de Lucas y adelanta, por primera vez en el texto, lo que será la decisión del Concilio. No se trata de una situación que afecta solamente a Antioquía, ya que el movimiento se ha propagado por muchos lugares. En este sentido, Antioquía no es sólo un lugar geográfico en el relato, sino un actor paradigmático y un representante más allá de sí mismo del asunto teológico-misionero que se va a discutir.

 

2.2. B) La situación en Jerusalén (vs. 4-29)

La situación en Jerusalén se describe en varias escenas en el relato. En primer lugar, los vs. 4-6 narran los detalles de la constitución de la asamblea que va a discutir el asunto. En segundo lugar, los vs. 7-11 ofrecen el discurso de Pedro. El v. 12 redaccional, introduce la tercera parte (vs. 13-21) con el discurso de Santiago. El cuarto paso en el relato es el Decreto Apostólico (vs. 22-29), que constituye el desenlace. Con él culmina todo el relato.

La reunión en Jerusalén se presenta en forma de juicio. En el centro de este juicio comparecen Bernabé y Pablo (v. 12); cerca de ellos están Pedro, por un lado (vs. 7-11), y Santiago, por el otro (vs. 13-21). Un poco más lejos del centro que conforman los “acusados”, están los apóstoles y los presbíteros, al comienzo, (vs. 4-6), y al final (vs. 22ss). En la última fila de este círculo concéntrico está “la Iglesia”, al comienzo (v. 4) y al final (v. 22) de la discusión.

2.2.1. (a) Descripción del conflicto en Jerusalén (vs. 4-6)

De acuerdo con el esquema concéntrico que hemos planteado, el relato comienza reseñando los detalles de la constitución de la asamblea y los personajes que intervienen en ella. El v. 4 describo una imagen positiva en cuanto a la postura de apertura a los gentiles: “contaron (anéngeilán) todo lo que Dios hizo con ellos” (met' autón). Por otro lado, el v. 5 es la postura negativa que reacciona frente a la anterior: “pero (dé) se levantaron algunos...”. El hecho de que el redactor coloque en primer lugar la postura positiva del asunto, ya adelanta nuevamente la decisión. La reacción farisaica es una postura de oposición a lo que sería la posición del v. 4. Ocurre algo contrario a la introducción en 1-3. Allí se comienza con la reacción de los judaizantes (v.1) y se concluye con la respuesta (v.3), que muestra los efectos positivos de la evangelización entre los gentiles. El v.6 coloca en lugar destacado a las autoridades que han de conducir la discusión: los apóstoles y los presbíteros. Sin embargo, no queda claro en el texto si se trata de una “reunión a puertas cerradas”, como sostiene Roloff 7. Por otro lado, una variante tardía en el texto introdujo la expresión syn to plézei, junto al pueblo, para destacar que éste no estuvo ajeno a la discusión. La presencia del pueblo ofrece el marco en el cual los dirigentes toman las decisiones (v.22).

 

2.2.2. (b) Discurso de Pedro (vs. 7-11)

Este discurso, de redacción lucana, marca la última vez que Pedro interviene en Hechos. El discurso esta en la línea del redactor de anticipar la decisión final de la asamblea. Esta vez se incorporan una serie de argumentos teológicos. Por ejemplo, dice Pedro que Dios le ha elegido a él para anunciar el evangelio a los gentiles; Dios comunica el Espíritu Santo que actúa a favor de esta acción misionera; Dios no hace distinción de personas. ¿Por qué, entonces, se pretende ahora tentar a Dios? Hasta aquí los argumentos son fuertemente teológicos. Dios es el actor princi­pal en estos vs. 7b a 10. Recién en el v. 11 se remarca la argumentación con una homología cristológica que es determinante: la salvación (sozénai) (cf. con la pregunta en el v. 1 donde también se dice sozénai) viene solamente con la gracia del Señor Jesús, la cual es concedida del mismo modo “que ellos”. Nótese la redacción “nosotros creemos...”, y “... del mismo modo que ellos”. En esta redacción se revierte la argumentación. Ahora no es asunto si ellos (los gentiles) se salvan o no, sino que se afirma que ellos se salvan y nosotros lo mismo que ellos. Lo que era a y b en los vs. 1-3, es decir, nosotros y los gentiles, se ha transformado en b y a en el discurso: ellos y nosotros.

Los argumentos del discurso de Pedro son en realidad muy paulinos. Recordemos que se trata de una composición de Lucas, y que éste estuvo muy cerca de la tradición paulina. Estos argumentos pueden resumirse en tres: a) Todo esto acontece por el libre designio de Dios (cf. además 10,44,47; 11, 15, 17; y aquí en 15,7b y 8). (b) Dios no hace acepción de personas, o sea, no discrimina en cuanto a raza, sexo o condición social. Tal como aquí (v. 9). La no discriminación apareció ya en 10,20 y 11,12. El tercer argumento del discurso es el más paulino de los argumentos: c) la salvación viene por la gracia de Dios manifestada en el Señor Jesús, y no por las obras de la ley (cf. 15,1.5 con 10-11). También esta argumentación ha sido empleada anteriormente en 10,28; 11.8ss.

 

2.2.3. (c) Discurso de Santiago (vs. 13-21)

El discurso de Santiago es preparado por la explicación del v. 12. El redactor describe las escenas acumulando argumentos en cadena por medio de las acciones de cada uno de los que actúan en el relato. La asamblea es nuevamente el contexto para el testimonio de su acción misionera. En el v. 4 se vuelve a decir que contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos. En esta ocasión, y por tercera vez, relatan “las señales y prodigios” que Dios hizo por medio de ellos. Antes, en 2,22, era Jesús quien hacia “señales y prodigios”, de ahí en adelante serán los apóstoles y discípulos, en cuanto comunidad mesiánica, quienes obrarán “señales y prodigios” como evidencia del tiempo escatológico (cf. 4,29-30; 5,12; 6,8; 14,3). Hay una reiteración en la descripción de las señales obradas por medio de los discípulos, pero se deja constancia de que son debidamente dirigidas por Dios. De esta manera se insiste en el propósito de acumular argumentos no sólo teóricos-teológicos, sino sobre todo argumentos provenientes de la práctica misionera, que fundamenten la decisión final del Concilio.

Después de crear este ambiente en el relato, Santiago toma la palabra para hablar y lo hace con autoridad (akoúsaté mou, imperativo). Este discurso en boca de Santiago ratifica, en términos generales, lo dicho por Pedro. La explicación se hace argumentando con tres citas del Antiguo Testamento (vs. 16-18). Se recurre a Jeremías 12,15; Amós 9,11; e Isaías 45-2 1. Esta argumentación con base escritutaria sirve para apoyar el principio de que los gentiles también forman parte de la comu­nidad escatológica. Es propio de la teología lucana la idea de la continuidad histórica de los propósitos salvíficos de Dios. Por eso se refuerzan los argumentos con citas del A.T. Según esto, la comunidad cristiana está en línea de continuidad con los propósitos salvíficos de Dios expresados en el A.T. A esto se añade ahora el que los gentiles también forman parte de este pueblo. Esta explicación se hace por vía de una relectura de textos proféticos que fundamentan los propósitos del redactor.

En realidad, el discurso de Santiago, si bien corrobora las afir­maciones del discurso de Pedro, no obstante refleja una posición más moderada. La incorporación de los gentiles a la comunidad mesiánica-escatológica es legitimada, pero se la subordina a la restauración de Israel. La propuesta en los vs. 19-20, tiene cuatro exigencias legales (cf. Lev. 17,10; l2ss; 18,6-18). Se trata de la exigencia normal del estatuto jurídico judío aplicada a los conversos, y que sustituye la exigencia de la circuncisión. El final del discurso, con la referencia a Moisés, parece un tanto enigmático. Nos inclinamos a interpretar que esta referencia se propone legitimar la sinagoga como el lugar en el cual se hace la lectura e interpretación de las escrituras de este modo se coloca la argumentación, en cuanto a la apertura a los gentiles, en el seno mismo de la exégesis rabínica por el recurso a las citas proféticas y su correspondiente interpretación. La postura reflejada por Santiago puede interpretarse como un intento por una solución de consenso.

 

2.2.4. (d) El decreto apostólico (vs. 22-29)

La cita textual de la carta conteniendo la decisión del colegio apostólico, está precedida por una explicación en cuanto al procedimiento. El redactor avanza un paso más en una nueva escena dentro del relato. La conducción del asunto está en manos de los “apóstoles y presbíteros”, pero esta vez se explica que es con toda la Iglesia (syn hóle' ekklesía, v. 22); la decisión no es únicamente obra de los dirigentes, si no que está avalada por el respaldo de toda la Iglesia. Más adelante, en el tenor mismo de la carta, se dirá que también el Espíritu Santo respalda la acción. Los tres actores de la toma de decisión son entonces: los dirigentes de la comunidad, la Iglesia en cuanto comunidad, y el Espíritu Santo. Esta trilogía es fundamental en la eclesiología lucana. La carta no va solamente por mano de Pablo y Bernabé, sino que además les acompaña una delegación local: Judas, Barsabás y Silas. Todas estas explicaciones van en la dirección de sumar elementos que den respaldo a la decisión que se ha tomado.

La carta evidencia el estilo literario propio de la literatura epistolar helenista. F. W. Danker sostiene que la redacción de la carta obedece al estilo propio del contexto burocrático greco-romano al cual estaban acostumbrados los habitantes de Antioquía. No obstante, Lucas ha buscado un término medio en el estilo para adaptarlo además a lo que sería la práctica protocolar en el judaísmo jerosolimilano 8.

La carta comienza con un encabezamiento (23b). Los destinatarios, sin embargo, no son ya tan sólo los miembros de la comunidad cristiana en Antioquía, sino también los de Siria y Cilicia. De este modo se amplían los alcances de la decisión a un plano universalista. El cuerpo de la carta (vs. 24-26) explica los considerandos de la decisión. La resolución final está en los vs. 28-29.

La presentación de los mensajeros ya nos es conocida por lo que aconteció en el relato. Sin embargo, se destaca que Bernabé y Pablo son hombres consagrados al ministerio. Los hechos que certifican tal consa­gración, han sido señalados desde el comienzo del relato. No obstante, quienes dan a conocer la medida son los delegados de Judas y Silas. Lo sustancial de la decisión está en los vs. 28-29. No se trata solamente de una decisión de las autoridades de la comunidad. Es una decisión que ha sido respaldada por la voluntad de Dios, que se expresa en la presencia del Espíritu Santo. Sería muy largo extenderse en la importancia que tiene el Espíritu Santo en las decisiones y en las acciones misioneras en los Hechos de los Apóstoles. Debemos recordar que el Espíritu Santo es —en la teología de Lucas— el don a la comunidad escatológica para que testifique “hasta lo último de la tierra” (Hechos 1-8). Esta presencia pneumatológica en la comunidad constituye, en la teología de Lucas, la respuesta a las comunidades cristianas del primer siglo ante el retraso de la parusía. Por esta razón es que toda acción de importancia en Hechos, es normalmente ratificada por la sanción del Espíritu Santo. La decisión tiene una dimensión positiva: no poner exigencias legales a los gentiles convertidos. Con todo, ella habla de tres requisitos que son los mínimos exigidos por el fariseísmo a los conversos de la gentilidad (v. 29) 9.

En realidad, la decisión del Concilio constituye una vía intermedia entre la posición más radical de parte de la comunidad gentil en Antioquía, y las exigencias de la comunidad en Jerusalén. La despedida obedece al estilo literario griego: “Adios” (errosze). Todas las evidencias literarias denuncian la redacción de Lucas. Pero la mano de Lucas está no sólo en lo literario, sino que, además, el contenido teológico es en gran medida parte del pensamiento de Lucas.

La transcripción de la carta apostólica que contiene la decisión final sobre la situación planteada, es la culminación del acontecimiento que ha tenido como escenario la ciudad de Jerusalén. No obstante, el redactor nos ha de trasladar nuevamente a Antioquía para describir la reacción de la comunidad acerca de la decisión tomada. En un sentido, la decisión expresada en la carta no es sino la culminación de una decisión que ya había venido insinuándose en todo el transcurso del relato. Con la carta culmina un proceso que había venido subiendo en intensidad desde el comienzo del relato, y que ahora llega a su culminación.

2.3. C) Conclusión en Antioquía (vs. 30-35)

En los vs. 30-33 estamos de vuelta en Antioquía, donde había comenzado el relato en los vs. 1-3. En general, la reacción de la comunidad es positiva, y está remarcada por términos tales como “hubo alegría” (ejárésan), como en el caso de Fenicia y Samaria (v.3). Aparece una vez más un término favorito en Lucas (Jará=alegría), para expresar el gozo de los creyentes frente a la llegada del tiempo mesiánico. La comunidad recibe “aliento” (paraklései) con esta decisión que la legítima en cuanto al tema fundamental de la salvación y su pertenencia a la comunidad mesiánica escatológica. Este aliento es reiterado por las palabras de los delegados, Judas y Silas (pare kálesan, v.32b). Los v. 33-35, de redacción lucana, constituyen un sumario redaccional que indica los resultados positivos de la misión y la expansión del movimiento cristiano.

La comunidad de Antioquía ha de ser considerada, de aquí en adelante, como una etapa decisiva de la misión de los gentiles que había comenzado en 11,19-26. La decisión conciliar señala el final de un proceso y el comienzo de otro. Pablo y Bernabé cierran el relato del mismo modo como lo hablan comenzado, en cuanto a ser los actores en el relato. En Antioquía, primera etapa (vs. 1-3), eran misioneros que evangelizaban; en 4-29, en Jerusalén, están en situación de enjuiciados; finalmente, vuelven a Antioquía (30-35) como triunfadores. Su obra ha sido ratificada por lo dirigentes de la comunidad en Jerusalén, y no podía ser de otro modo, ya que el redactor estuvo reiteradamente durante el transcurso del relato, sumando argumentos sobre la base de la teoría teológica y la práctica misionera. El v. 34 es una variante innecesaria, a nuestro juicio, introducida tal vez con el propósito de armonizar con el v. 40.

3. Iglesia y cultura

La relación de la Iglesia con la cultura de los pueblos ha sido un problema permanente en la historia de la evangelización. Cada vez que la Iglesia llega con el evangelio a un grupo social determinado, debe resolver este problema: cómo anunciar el evangelio, de tal manera que no se imponga la cultura del evangelizador sobre la cultura del evangelizado. El profesor Richard Niebuhr trataba esta cuestión en la década de los años cincuenta, y proponía por lo menos cinco maneras de cómo la Iglesia se había relacionado con la cultura a través de sus veinte siglos de historia 10.

En el contexto de esta problemática nos parece muy importante el estudio del libro de los Hechos de los Apóstoles. Este documento recoge las experiencias del cristianismo que nace en el seno del judaísmo, y se proyecta luego al mundo gentil. Esta proyección misionera confrontará a la Iglesia con otros pueblos, sus culturas particulares y sus tradiciones religiosas. En el discurso del texto de Hechos se revela paulatinamente la naturaleza del conflicto y la opción que se hace finalmente, según el testimonio del evangelista San Lucas. La comunidad cristiana tiene que decidir entre quedarse en el contexto histórico, cultural y religioso del judaísmo, o bien salir al mundo gentil con todas las dificultades que encierra el salir a un mundo hasta entonces desconocido.

La situación planteada en el capítulo 15 refleja la solución defi­nitiva que se dio al asunto. No obstante, el conflicto ocasionado por la apertura misionera se plantea mucho antes en el texto. Surgirá una nueva expresión de la Iglesia de Jesucristo, a partir de un conflicto cultural-religioso de dos tradiciones.

Por un lado, tenemos un sector de la comunidad cristiana situada en Jerusalén, que está muy cerca del partido de los fariseos. Este sector parece entender al movimiento cristiano como una expresión de despertar religioso dentro de Israel. Aceptan a Israel como heredero de las promesas que vienen desde la tradición. La inauguración del tiempo mesiánico con la debida efusión del Espíritu, parece entenderse como el kairós en el cual el Señor restaurará el reino a Israel (Hechos 1,6). El día de Pentecostés en Jerusalén (capítulo 2), reúne fundamentalmente a judíos provenientes de la diáspora, más algunos prosélitos. Esta comunidad cristiana jerosolimitana, participa con el judaísmo en las prácticas en el Templo (Hechos 2,46); discursos misioneros, señales y prodigios acontecen en Jerusalén, pero luego comienzan los conflictos con los sacerdotes, los guardias del Templo y los saduceos (4,1ss). Es decir, que este sector cristiano jerosolimitano pro-judío tiene coincidencias con la teología farisaica y constituye un modelo de comunidad cristiana, que luego ha de entrar en crisis.

El segundo modelo de comunidad cristiana lo conforma el sector cristiano-helenista. Este sector surgió sin duda de la tradición judeo cristiana, no obstante discrepa de las posturas adoptadas por el otro sec­tor cristiano. Los antecedentes podrían encontrarse en las dificultades del sector cristiano pro-fariseo con las autoridades judías, tal como empieza a manifestarse en el capítulo 4 y siguientes. A esto deben sumarse algunos incidentes, como el que aparece en los capítulos 6-7. Crece la comunidad de los discípulos y se enfrentan griegos con hebreos a raíz de la distribución diaria de los alimentos. Crece el conflicto y se genera una persecución contra los cristianos, tanto los que estaban en Jerusalén (capítulo 8), como contra los pro-helenistas (capítulo 9). Esta persecución constituye el argumento socio-religioso que emplea Lucas para desarrollar su eclesiología, a partir del nacimiento de la comunidad cristiana gentil en Antioquía (11, l9ss).

Si seguimos el desarrollo del relato de Lucas, vemos que fue el sector cristiano helenista el que finalmente condujo la misión a los gentiles. Esta opción en el relato explica también la manera como se constituye el relato del desarrollo del Concilio de Jerusalén, y la decisión final que allí se toma. En síntesis, la comunidad cristiana nace en el contexto de un conflicto cultural-religioso que lleva a asumir dos posiciones. Una es una postura de síntesis, integradora y conciliatoria con el judaísmo. La otra posición es de apertura a nuevas alternativas misioneras, hacia otros pueblos más allá de la tradición judía. Con el triunfo de esta segunda posición se inicia una nueva etapa en la historia de la Iglesia.

En el inicio de esta nueva etapa, Lucas insiste en la existencia de una sola Iglesia. La comunidad de los cristianos gentiles no es un apéndice adherido a la Iglesia existente. Los cristianos provenientes del judaísmo y los cristianos que vienen desde la gentilidad, son expresiones de la misma Iglesia de Jesucristo. Esta nueva expresión de la Iglesia es la que sale a evangelizar a toda la humanidad. En esta etapa de evangelización a toda la humanidad, debe mantenerse el mismo principio: un solo evangelio, una sola Iglesia de Jesucristo encarnada en diferentes contextos culturales. Esta encarnación de la Iglesia en culturas distintas no significa negación del pasado. El cristianismo, en su nueva etapa de apertura a los gentiles, no reniega de las tradiciones judías, solamente que no se imponen éstas como exigencias básicas a los nuevos conversos. En este período, la decisión del Concilio es clara. Se trata de una decisión de consenso que busca hacer justicia a los que provienen del judaísmo, pero no perturbar al cristiano gentil en cuestiones secundarias. Esta decisión no quiere decir que se solucionaron todos los problemas. Nuevos problemas han de surgir a causa de esta misma opción sin embargo se ha dado un paso adelante en la evangelización 11.

 

4. Evangelización y cultura. Debate contemporáneo

La situación planteada en el libro de los Hechos de los Apóstoles entre evangelización y cultura, es un debate que está muy presente entre nosotros hoy. La actualización del conflicto se plantea frente a la revalorización de la cultura en los diferentes pueblos, como parte de la lucha por la liberación que llevan a cabo muchos pueblos. Existe un despertar de los pueblos frente a la opresión y la marginación de que han sido objeto por muchos siglos. Esto se refleja en Oriente, en África, en América Latina. Todos reclaman el derecho a su independencia como nación, y justamente con ello el reconocimiento y respeto por los valores de su cultura, y también de su religión.

En la experiencia de la Iglesia Católica Romana , esta preocupación por las exigencias de los pueblos frente a su cultura y religión, fue recogida en la discusión del Concilio Vaticano II en la década de los años sesenta 12. En Latinoamérica, las Asambleas del CELAM, Medellín y Puebla, recogieron esta temática. El documento de Puebla, habla espe­cialmente de la “Evangelización de la cultura” y distingue entre cultura y culturas 13. No hay lugar para discutir aquí estos documentos. Úni­camente baste constatar que el tema de la cultura debe ser necesariamente enfrentado desde ópticas distintas a lo que había sido tradicional hasta ahora. Ya no es posible seguir sosteniendo la superioridad de ciertas culturas frente a otras, y mucho menos que el anuncio del evangelio se identifique con las culturas del colonialismo, los opresores y sectores dominantes de la sociedad. Los documentos preparatorios de consulta para la IV Conferencia General del CELAM (en Santo Domingo, 1992) han recibido fuertes críticas sobre este punto, en la sección que habla sobre: El tema de las culturas en transformación en la II parte, en la que se aborda La realidad social y latinoamericana. La reacción viene no sólo desde los teólogos y cientistas sociales, sino también, y principal­mente, de los sectores indoamericanos, afroamericanos y otras expresiones culturales presentes en el continente antes, durante y después de la llegada de los españoles en 1492.

Las iglesias cristianas que provienen de las reformas protestantes del siglo XVI, tampoco han quedado ajenas a la cuestión. El siglo XIX fue considerado como el siglo de la expansión de las misiones protestantes, particularmente en Asia, África y América Latina. Sin embargo, a la hora de evaluar los resultados fue necesario reconocer con honestidad que la expansión de las misiones en ese período estuvo ligada fuertemente a la era de la industrialización en el Primer Mundo, y a los sistemas coloniales que se impusieron desde allí a lo países del Tercer Mundo. La evangelización se hizo con el ropaje cultural de los países colonialistas (¡y evangelizadores!) del Primer Mundo.

El Consejo Mundial de Iglesias ha sido pionero en la revisión de las estrategias de evangelización en el mundo moderno. En Melbourne Australia, se dijo

Las iglesias deben vivir con las tensiones existentes entre el evangelio y sus culturas locales. Existe el riesgo de sincretismo para todas las iglesias en relación a sus contextos; pero ello no debe impedirles bregar por relacionar las culturas locales con el reino de Dios 14.

Por otra parte, el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), inició un programa sobre 500 años y evangelización. En este programa se busca recoger el clamar de los indios y afroamericanos, desafiando a las iglesias no católicas a asumir el desafío de compartir el evangelio desde una nueva perspectiva que respete sus culturas y formas religiosas.

La problemática de la evangelización y la cultura es un tema vital en esos momentos, como hemos visto. Las decisiones adoptadas en el Concilio de Jerusalén, según el testimonio del capítulo 15 del libro de los Hechos de los Apóstoles, fueron proféticas. La decisión de la comunidad cristiana en aquel momento hizo una opción que la Iglesia de Jesucristo, no debe abandonar. Por el contrario, somos desafiados a seguir profundizando en esa opción de una Iglesia misionera abierta a los retos de las culturas, e identificada con las luchas de los pueblos por sus derechos.

 

1 Comblin, J. Reconciliación y liberación. CESOC, Ediciones Chile y América, Santiago de Chile, 1987, pág. 240.

2 Seguimos la Biblia de Jerusalén. El texto occ. y otros más añaden el v. 34.

3 C. Mesters descubre hasta cien conflictos en el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Cf. “Os conflitos no livro dos Atos dos Apóstoles”, en: Estudos Biblicos No. 3, Ed. Vozes, Petrópolis, 1985, págs. 21ss.

4 Las versiones en español optan por uno u otro término. En nuestro caso hemos preferido el empleo del vocablo “gentil”, dada la connotación peyorativa que suele darse en América Latina al término “pagano”.

5 Roloff, 1. Hechos de los Apóstoles. Ed. Cristiandad, Madrid, 1984, pág. 297, sostiene que en el fondo de la redacción lucana subyace la reunión de dos comunidades (Jerusalén y Antioquía) para decidir el futuro de la misión cristiana.

6 Cf. Rius-Camps, J. El camino de Pablo en la misión de los paganos. Ed. Cristiandad, Madrid, 1984, pág. 68.

7 Roloff, J., op. cit., pág. 306.

8 Danker, Frederick W. “Reciprocity in the Ancient World and in Acts 15. 23- 29” , en: Political I ssues in Lukes-Acts. Orbis Book, Nueva York, 1983, págs. 49ss.

9 Si comparamos la redacción trimembre del argumento en el v. 29, veremos que no coincide con la redacción cuatrimembre en el v.20. Esta discrepancia refleja la existencia de diferentes estadios redaccionales en el documento.

10 Niebhur, Richard. “Christ and Culture”, en: Hander and Brother. New York, 1951.

11 Conzelmann, Hans. History of Primiti't'e Christianitv. Abingdon Press, New York, 1973. Este autor analiza el Concilio Apostólico y concluye que, aunque se llegó a algunos acuerdos importantes, no obstante subsistirán algunas dificultades, págs. 82ss.

12Cf. especialmente la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, II Parte, capítulo 2: “Promoción de la cultura”. Ed. Mensajero, Bilbao, España, 1974 (6a. ed.), págs. 186ss.

13 Documcnto III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina. Ed. San Pablo, Buenos Aires, 1979. El tema de la “evangelización de la cultura”, págs. 147 a 161.

14 CMI. Venga tu Reino. Perspectivas misioneras. Informe de la Conferencia Mundial de Misiones y Evangelización. Melbourne, Australia, 12-25 de mayo de 1980. Ed. Sígueme, Salamanca. 1982, pág. 254.

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.