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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

 

LA BIBLIA DE LOS CONQUISTADORES Y DE LOS VENCIDOS

Jaime Reynés

 

Toda la historia de la Iglesia puede entenderse como la historia de la interpretación de la Biblia, y en estos 500 años se han hecho al menos dos lecturas: una de parte de los conquistadores (cristianos que seguían aferrados a una lógica), y otra de parte de los vencidos (los que, desde el Evangelio del Buen Pastor, sufrían con los indígenas). El artículo repasa estas lecturas divergentes en los principales capítulos de la Historia de Salvación: orígenes, éxodo, conquista de la tierra, profetas, destrucción y ocaso.

  Introducción

  Hace 500 años del “encuentro entre dos mundos, entre el continente europeo y americano”. Se emprendió, como el Diario de Colón, in nomine D. N. Jesu Christi…

Para sacar lecciones de esta historia, releo la Biblia de la conquista y el nacimiento de América.

La historia de la Iglesia (puede entenderse) como historia de la exposición de la Escritura. La interpretación de la Sagrada Escritura no se refleja sólo en la predicación y en la doctrina, ni principalmente en los comentarios, sino en la acción y en el sufrimiento. La interpretación de la Sagrada Escritura se expresa en el ritual y en la oración, en la labor teológica y en las decisiones personales, en la organización de la Iglesia y en la política eclesiástica, en el poder temporal del papado, en las pretensiones eclesiásticas de algunos gobernantes, en las guerras de religión y en obras de amor compasivo… 1

Es una historia tensa entre diferentes lecturas de la Palabra de Dios, la conquistadora y la profética, a favor y en contra de los indígenas.

“No ignoro el excesivo trabajo que será relatar crónica y historias tan antiguas, especialmente tomándolas tan de atrás”, digo como D. Durán. Pero necesitaba buscar respuesta a tantas preguntas: ¿seguimos siendo (no importa la voluntad) de “los que meten su jícara hasta el fondo”, de los que “vinieron a marchitar las flores de los otros”?

¿Tienen motivo todavía los rezos del Nguillatun araucanos: “Tú que reinas arriba en las alturas, nos has olvidado a nosotros, los pobres, porque te van bien”? 2. ¿Por qué hay tantos que examinan la Biblia como Atahualpa: “y dijo que aquel libro no le decía a él nada ni le hablaba palabra” (A. de Zarate)? ¿No hemos pasado del “Antiguo Testamento de América”? ¿o entramos en el Nuevo, y revelamos la cara misericordiosa de Dios? ¿Es cierto que volvemos a plantearnos el mismo problema del siglo XVI: cristianos frente a paganos; hoy: civilización occidental frente a comunismo? “¿Qué profeta, qué sacerdote será el que rectamente interprete las palabras de estas Escrituras?”

Tal vez la conclusión de estas páginas nos lleve de nuevo a “la pedagoga del Evangelio de América Latina” (Puebla 290): una lectura desde los pobres, en el lenguaje de su “cultura del corazón y su intuición”, en el respeto a su religiosidad popular y a su anhelo de liberación.

1. Orígenes

Pablo dijo: “atenienses, en cada detalle observo que son en todo extremadamente religiosos... Pues eso que veneran sin conocerlo, se lo anuncio yo” (Hechos 17,22-31).

En América el hombre europeo encontró dos culturas supe­riores: la mayo-azteca en México y América Central y la incaica en Perú —en un estado de desarrollo como el de Egipto de la primera dinastía, y aún más primitivas: la “distancia cultural” era entonces, entre el hombre hispánico y los indios de cultura superior, de más de cinco mil años—. El resto de América era secundario y absolutamente primitivo 3.

Los taínos de La Española adoraban muchos dioses menores (cemíes) bajo un Espíritu supremo:

Creen que está en el cielo y es inmortal, y que nadie puede verlo, y que tiene madre, mas no tiene principio, y a éste llaman Yúcahu (=Espíritu de la yuca), Bagua (=es el nombre del mar en esta isla, Oviedo), Maórocoti (=sin abuelo o princi­pio 4.

El ser supremo de los antillanos fue un dios pacífico y bienhechor, protector de la cosecha agrícola y de la pesca. Habían sido capaces de crear una bella cosmovisión con “los tres factores primordiales que felizmente se armonizan en las Antillas: tierra, mar y hombre” 5.

En México los españoles se escandalizaron del politeísmo brutal. La verdad es que el único Dios de los aztecas era Ometéolt, en su doble forma (masculina Ometecutli, y femenina: Omecihuatl), “Señor y Señora de la dualidad”. “Pero “que el antiguo dios aparezca —a veces— en forma femenina contradice tanto y tan poco al principio monoteístico como la Trinidad cristiana” (Beyer). Más bien es fruto del difrasismo típico de la lengua náhuatl 6. Conscientes de que lo buscaban “a tientas”, invocaban a Dios con muchos nombres: In Tloque in Nahua que (“el que está junto a todo y junto al cual está todo”), Ipalnemohuani (“dador de la vida”), Totecuiyo in Ilhuicahua in Tlaltipaque in Mictlane (“Nuestro Señor, dueño de los cielos, de la tierra y de la región de los muertos”), Moyocoyani y Teyocoyani (“El que se crea a sí mismo y el que crea a los otros”). Para tener acceso a este “dios de los filósofos” el mejor camino era “la flor y el canto” (in Xochitl in Cuicatl, otro difrasismo que expresaba la poesía, la filosofía, la religión, el arrobo místico...).

Con este lenguaje florido los aztecas evocaban a Quetzalcóatl (dios benéfico, héroe civilizador) y a su hermano Tezcatlipoca (belicoso y taimado). Quetzalcóatl, el penitente, salvó a la humanidad al final de la era “Sol Cuatro Agua”. Rescató los huesos humanos del inframundo y los fecundó con sangre y esperma divinos. Por eso decían los antiguos: “Nosotros somos los merecidos (los macehuales) porque hemos nacido del sacrificio de los dioses”.

Por medio de su doble, Nanahuatzin (dios pobre y enfermo), Quetzalcóatl recorrió el camino del no-deseo y de la liberación interior.

Desnudo, ofrendando las pupas de su sífilis, sacrificó su vida en la hoguera para alumbrar el mundo, “cuando aún era de noche, no había todavía ni luz ni calor”. Todos los dioses hubieron de morir para que el sol resucitara. Quetzalcóatl se despidió de los suyos, bajó a los infiernos, luego su corazón subió al cielo donde fue hecho dios (“Señor del alba”).

Por esto la ciudad de Teotihuacan se llamaba “la ciudad donde los hombres se hacen dioses”. “Es también el lugar donde los dioses se convierten en mortales” 7; mueren para que el hombre viva.

El predominio de Quetzalcóatl pasó a segundo plano con la etapa tolteca. Se refugió en Cholula y otras ciudades. En México-Tenochtitlán cuando llegaron los blancos, reinaba otro héroe, Huitzilopochtli (el colibrí mágico, hijo de madre virgen, dios guerrero). Divinidad solar que se regeneraba con corazones vivos. Este era el culto y la misión de los aztecas, “el Pueblo del Sol”, para conjurar el apocalipsis.

Vivían siempre pendientes de la amenaza del retorno de Quet­zalcóatl (“la semiente emplumada”). En la ceremonia de la coronación se le había advertido a Moctezuma: “Mirad que no es vuestro asiento ni silla, de prestado es” 8.

Los quechuas, mientras tanto, invocaban a su Hacedor/Viracocha:

Raíz del ser, Viracocha, ¿Dónde te encuentras?

Dios siempre cercano, ¿Fuera del mundo,

Señor de vestidura Dentro del mundo,

Deslumbradora… En medio de las nubes

O en medio de las sombras? 9.

 

1.1. El adviento de los dioses

El encuentro entre españoles e indígenas se efectuó en un clima de prodigio y magia, testimonio del esfuerzo interpretador de los vencidos.

Toda América conoce el mito del dios civilizador que, después de reinar benéficamente, desapareció de modo misterioso pro­metiendo a los hombres su retorno. Es el caso de Quetzalcóatl en México, que partió en dirección a Oriente, y de Viracocha, en el Perú, que desapareció andando sobre las aguas del mar occidental. Quetzalcóatl debía volver en un año ce-acatl, mientras que el Imperio Inca debía tener su fin bajo el emperador número doce. Pero en México los españoles venían del este, y 1519 correspondía exactamente a un año ce-acatl; en el Perú, venían del oeste, y el reino de Atahualpa ( o el de Huascar) correspondía al del doceavo Inca 10.

  ¿Qué hubiera pasado si el encuentro se hubiera dado de otra manera? ¿Si la evangelización, en vez de hacer “tabula rasa”, hubiese contribuido al crecimiento de los “gérmenes del Verbo” presentes en las culturas amerindias (cfr. Puebla 400-404)? ¿Podemos imaginar cómo hubiese sido el adviento del “deseado de los collados eternos”, de Jesucristo reconocido como Viracocha, Quetzalcóatl redivivo, Señor de la yuca que cruzaba el mar para dar un abrazo a su pueblo?

2. Éxodo

  ¿No son para mí como etíopes, israelitas?, oráculo del Señor. Si saqué a Israel de Egipto, saqué a los filisteos de Creta y a los sirios de Quir (Amós 9,7).

Los primeros tiempos fueron descritos frecuentemente como un éxodo, aunque diversamente interpretado.

2.1. Lectura maya

Los Itzaes son héroes culturales, nómadas como los hebreos y los aztecas. El Chilam Balam, esotérico, los recuerda saliendo de sus tierras para salvar su identidad.

Su éxodo, los ancianos jefes de los herejes Itzaes. He aquí que se fueron... Y muchos pequeños pueblos, con sus dioses fami­liares delante, fueron tras ellos también. No quisieron esperar a los Dzules (extranjeros), ni a su cristianismo. No quisieron pagar tributo. Los espíritus señores de los pájaros, los espíritus señores de las piedras preciosas, los espíritus señores de las piedras labradas, los espíritus señores de los tigres, los guiaban y los protegían... Toda luna, todo año, todo día, todo viento, camina y pasa también. También toda sangre llega al lugar de su quietud, como llega a su poder y a su trono... Medido estaba el tiempo en que mirara sobre ellos la celosía de las estrellas, de donde, velando por ellos, los contemplaban los dioses, los dioses que están aprisionados en las estrellas. Entonces todo era bueno.

Había en ellos sabiduría. No había entonces pecado. Había santa devoción en ellos. Saludables vivían. No había entonces enfermedad. Rectamente erguido iba su cuerpo entonces. Pero vinieron los Dzules y todo lo deshicieron. Ellos enseñaron el miedo; y vinieron a marchitar las flores. Para que su flor viviese, dañaron y sorbieron la flor de los otros.

Los mayas se admiran de que sea imaginable alguna otra inter­pretación:

¡Castrar al Sol! Eso vinieron a hacer aquí los extranjeros. Y he aquí que quedaron los hijos de sus hijos en medio de las gentes, que sólo reciben su miseria. Sucede que tienen rencor estos Dzules, porque los hzaes tres veces fueron a atacarlos.

Si no hay concordia, “vamos a tener una gran guerra” 11.

•  Lectura espiritualista de “los doce apóstoles (franciscanos) de la Nueva España

...vinieron a esta tierra como a otro Egipto, no con hambre de pan sino de ánimas... y vieron y conocieron morar en ella horror espantoso, y cercada de toda miseria y dolor, en sujeción de faraón, y renovados los dolores con otras más carnales plagas que las de Egipto 12.

Sin embargo, le echan la culpa a los indios, que se convierten así en egipcios/opresores y hebreos/ oprimidos al mismo tiempo.

El clamor de tantas almas y sangre derramada [1485], en la dedicación del templo de Ilúa] en injuria de su Criador sería bastante para que Dios dijese: Vila aflicción de este miserable pueblo; y también para enviar en su nombre quien tanto mal remediase (¡Hernán Cortés!), como a otro Moisés a Egipto 13.

2.3. Lectura liberadora de los “lascasianos”

Los dominicos, desde su llegada a La Española, “habían considerado la triste vida y aspérrimo cautivero que la gente natural de esta isla padecía y cómo se consumían” 14. “El volcánico dominico” denuncia la encomienda “mucho más injusta y cruel que la con que Faraón oprimió en Egipto a los judíos” 15. O como escribe el obispo Juan del Valle: “Parece este tierra más tierra de Babilonia que de Dos Carlos... que es cierto [los naturales] son más fatigados que los israelitas en Egip­to” 16.

2.4. La Noche Triste

Podemos seguir más de cerca esta diversidad de interpretaciones del paradigma-éxodo en el relato de la retirada hispana de la ciudad de México (“ la Noche Triste ”, noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520).

  2.4.1. Lectura indígena 17

  Todo empezó con la matanza del templo mayor.

No más lo vio Motecunzoma y dijo a Malintzin: —Favor del que oiga el dios (Cortés): Ha llegado la fiesta de nuestro dios (el ídolo Huitzilopochtli)... Harán incensaciones y solamente bailaremos... Aunque haya un poco de ruido, eso será todo... Dijo entonces el capitán: Está bien. Que lo hagan. Yo lo oí (Recuerda Ex. 8,22-24.28).

“Sólo el Sol se quedó allí”, señalan los indios (112). ¡Qué ironía y qué triste destino! Quien perpetraría la injusta matanza contra “el Pueblo del Sol” sería nada menos que Pedro de Alvarado (apodado “el Sol”, Tonatiuh = el rubio, “tan bello como malvado”).

Pues así las cosas, mientras se está gozando de la fiesta, ya es el baile, ya es el canto, ya se enlaza un canto con otro, y los cantos son como un estruendo de olas, en ese preciso momento los españoles toman la determinación de matar a la gente... Dieron un tajo al que estaba tañendo: le cortaron ambos brazos. Luego lo decapitaron: lejos fue a caer su cabeza cercenada. Al momento todos acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra dispersas sus entrañas. A otros les desgarraron la cabeza: los rebanaron la cabeza... Pero a otros les dieron tajos en los hombros... A aquéllos hieren en los muslos, a éstos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra. Y había algunos que aun en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos... La sangre de los guerreros cual si fuera agua corría: como agua que se ha encharcado, y el hedor de la sangre se alzaba al aire, y de las entrañas que parecían arrastrarse (108-109).

Se les abrieron los ojos. ¿Era Cortés/Quetzalcóatl que se levantaba contra Huitzilopochtli/Tezcatlipoca, usando la traición? ¿Era Quetzalcóatl o su malvado gemelo Xólotl? No eran teules (dioses), sino popolocas (bárbaros). “Muertos son los capitanes, han muerto nuestros guerreros” (los primogénitos, cfr. Ex 11-12).

La Noche Triste : “A media noche”, una mujer que sacaba agua descubrió a los extranjeros que huían con el botín robado.

Y cuando esto se oyó, luego un rumor se alza. Luego se ponen en plan de combate los que tienen barcas defendidas. Siguen, reman afanosos, azotan sus barcas, van dando fuertes remos a sus barcas... de un lado y de otro había muertos... Pronto con ellos el canal quedó lleno, con ellos cegado quedó (116-117).

“Luego que se alzó la aurora”, los indígenas “vieron” los cadáveres de los blancos en la orilla (cfr. Ex 14,30), muertos. Pudieron fijarse bien en su color: “Cual los blancos brotes de las cañas, como los brotes de maguey, como las espigas blancas de las cañas, así de blancos eran sus cuerpos”. Recogieron los cadáveres “de los dichos caballos” y la carga abandonada (118-119).

Aderezaron la casa del dios y se hizo fiesta. “Se pensó... que nunca jamás regresarían, nunca jamás darían la vuelta” (121).

2.4.2. Lectura hispana 18

El “cortesísimo Cortés” (Cervantes), “el Moisés del Nuevo Mundo” (Mendieta), da repetido testimonio público de fe: “Si Dios misteriosamente no nos quisiera salvar, era imposible escapar de allí” (161); “si Dios no les quebrara las alas” a los indios... (159); El les dio tan buena dicha y victoria (160). “Ya no había caballo de veinticuatro que nos habían quedado, que pudiese correr, ni caballero que pudiese alzar el brazo, ni peón sano que pudiese menearse” (163), pero el Espíritu Santo les alumbré en el momento oportuno (165).

El soldado Bernal Días del Castillo pinta esto cuadro impresionista de la Noche Triste ;

...y cuando me cato, vimos tantos escuadrones de guerreros sobre nosotros, y toda la laguna cuajada de canoas, que no nos podíamos valer, y muchos de nuestros soldados ya habían pa­sado. Y estando desta manera, carga tanta multitud de mexi­canos a quitar la puente y a herir y matar a los nuestros que no se daban a manos unos a otros; y como la desdicha es mala, y en tales tiempos ocurre un mal sobre otro, como llovía, resbalaron dos caballos y se espantaron, y caen en la laguna, y la puente caída y quitada; y carga tanto guerrero mexicano para acabarla de quitar, que por bien que peleábamos, y matábamos muchos dellos, no se pudo aprovechar della. Por manera que aquel paso y abertura de agua presto se hinchó de caballos muertos y de los caballeros cuyos eran... y de los indios tlascaltecas e indias y naborías, y fardaje y petacas y artillería; y de otros muchos soldados que allí en el agua mata­ban y metían en las canoas, que era muy gran lástima de lo ver y oír, pues la grita y lloros y lástima que decían demandando socorro: “Ayúdame, que me ahoga”; otros, “Socorredme, que me matan”; otros demandando ayuda a nuestra señora Santa María y al señor Santiago... (465-466).

Bernal oyó decir a don Hernando “que los que habíamos salido de las calzadas era milagro” (467), y a Alvarado: “que les hizo Dios mucha merced en escapar con las vidas” (468).

Y en aquel adoratorio, después de ganada la gran ciudad de México, hicimos una iglesia, que se dice nuestra señora de los Remedios, muy devota (470).

Esta diversidad de lecturas nos suscitan múltiples interrogantes hermenéuticos: ¿Cómo es posible que pueda haber interpretaciones tan contradictorias de un mismo hecho, y no aceptar la evidencia de los filtros? ¿De parte de quién está Dios, si no hay más que un solo Dios, diversamente conocido y adorado? La Colonia, ¿pudo ser legitimada religiosamente como esclavitud para los indios y tierra prometida para los cristianos? Si el conocer la Biblia no da más Conocimiento de la voluntad de Dios, ¿qué falla?

Ya alerta Amós en el encabezamiento de este capítulo contra las falsas seguridades: Israel y Etiopía, Siria y Filistea, España y América... todos los pueblos tienen su Historia de Salvación y su “éxodo”. Los cristianos debieron saberlo mejor que nadie y, “a fortiori”, los misioneros.

Falló la hermenéutica rigurosa para actualizar el éxodo 19, No pueden descuidarse las cautelas de la interpretación de Las Casas, uno de los padres de la Teología de la Liberación: hay que partir de la realidad social de la conquista; denunciar el “pecado estructural” de la dominación española; no renunciar a la función crítica de la teología frente al sistema político y económico imperante; hacer una teología bíblica, inculturada, y del derecho de los pobres 20.

3. La conquista de la tierra

Conquistar “no es otra cosa sino ir a matar, robar, captivar y subiectar y quitar sus bienes y tierras y señoríos a quien están en sus casas quietos y no hicieron mal, ni daño, ni injuria a los de quien las reciben (B. de Las Casas) 21.

3.1. Mesianismo de los conquistadores

El capellán de Cortés, López de Gómara, define así el mesianismo de los conquistadores:

Quiso Dios descubrir las Indias en vuestro tiempo y á vuestros vasallos para que las convirtiésedes a su santa ley… porque siempre guerreasen españoles contra infieles 22.

Procedían de un mundo medieval fuertemente influenciado por la teología véterotestamentaria. La tierra es don de Dios, la da a quien quiere (cf Gn. 13 y 15). Se la quita a los indígenas que la hicieron impura con sus idolatrías (Jer. 16,18; Sab. 12,3-4). El Papa es “dominus orbis”. “En virtud de la autoridad de Dios omnipotente, concedida a nosotros en San Pedro, y del vicariato de Jesucristo que desempeñamos en la tierra”, puede dividir el globo entre portugueses y españoles (o al menos “sancionar” lo ya poseído, como entienden otros). La condición es que se comprometan a ganarlo para la fe católica (Bula “Inter Cactera”,4.5.1493).

Una buena parte de los teólogos medievales, con sus tesis sobre la teocracia imperialista y el recurso a la guerra santa, representan una regresión hacia la doctrina del Antiguo Testamento. Las primeras generaciones cristianas no le eran favorables. Y con toda razón, pues el Nuevo Testamento es pacifista. Pero en este terreno, como en otros muchos, la teología y la Iglesia en general han vuelto a entroncar con el Antiguo Testamento, pasando por alto el espíritu del Evangelio 23.

3.2. Enfrentamiento de dos culturas

La primera cosa que Cortes preguntó a Tabasco: “si había minas en aquella tierra de oro o plata... Le respondió que ellos no curaban mucho de vivir ricos, sino contentos y á placer” 24.

Los aztecas tenían una cultura de “flor y canto”, de “jade y plumas”. Quedaron tan profundamente escandalizados por la grosería de los blancos, como estos por los sacrificios indios. Observaron deteni­damente su reacción ante los presentes de Moctezuma:

Les dieron a los españoles banderas de oro, banderas de pluma de quetzal, y collares de oro. Y cuando les hubieron dado esto, se les puso risueña la cara, se alegraron mucho (los españoles), estaban deleitándose. Como si fueran monos levantaban el oro, como que se sentaban en ademán de gusto, como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón. Como que ciertamente es que eso anhelan con gran sed. Se les ensancha el cuerpo por eso, tienen hambre furiosa de eso. Como unos puercos hambrientos ansían el oro 25.

Los indios practicaban un tipo de “guerra florida” (en vistas a capturar cautivos para el sacrificio).

La batalla misma no era primordialmente un acontecimiento militar, sino un enfrentamiento mágico del poder de los res­pectivos dioses, cuyas insignias vestían los comandantes. Al igual que con los españoles, las tropas siempre iban acom­pañadas de sacerdotes y con imágenes sacras como estandartes... Sus tácticas eran casi inexistentes... Los bellísimos uniformes eran, de hecho, ornamentos religiosos... Hacían del portador cada vez más símbolo y menos soldado 26.

Los españoles, contradictoriamente, despreciaban “el agua preciosa” (la sangre) en los banquetes, pero la buscaban como fieras en el combate. No aceptaban la oferta de corazones, pero practicaban la “guerra total” de exterminio.

Los guerreros muertos en la batalla (“compañeros del águila”), junto con las muertas de parto y los sacrificados, formaban el cortejo del sol. Podían reencarnarse en forma de colibríes. La muerte era su glori­ficación:

Nada hay como muerte en guerra, Ya se sienten felices los príncipes nada cual muerte florida con florida muerto a filo de obsidiana.

Los teules españoles no se alimentaban de sangre, sino de oro (teocuítlatl, que en náhualt significa: ¡excremento de los dioses!).

¿Por qué tenían que conquistarlos?

¡Ay, pesada es la servidumbre que llega dentro del cristianismo! ¡Ya está viniendo! ¡Serán esclavas las palabras, esclavos los árboles, esclavas las piedras, esclavos los hombres, cuando venga!... Ceñudo es el aspecto de la cara de su dios. Todo lo que enseña, todo lo que habla, es: ¡Vais a morir! 27.

¿Qué buena noticia es ésa?

Justo es decir para gloria de España y de su Cristianismo, que también hubo contemporáneos que enjuiciaron la conquista con rigor aun mayor del que podríamos usar nosotros, y que, aunque en combatida minoría, no fueron comprados o amordazados por las autoridades, como hoy se estila, sino oídos con respeto y tomada en cuenta su opinión para substanciales correcciones a las leyes 28.

Baste citar la última de las “8 proposiciones” de Bartolomé de Las Casas:

...que las gentes naturales de todas las partes y cualquiera de ellas donde hemos entrado en las Indias tienen derecho adquirido de hacernos guerra justísima y raernos de la haz de la tierra, y este derecho les durará hasta el día del juicio 29.

La Palabra de Dios se convirtió en signo de contradicción.

4. Profetismo

Para dároslo a conocer me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla... ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? (A. de Montesinos, 21.12.1511).

¡Qué profundo estupor produce todavía hoy la gesta de aquellos mensajeros de la fe!... ¡Predicaron en toda su integridad la Palabra de Dios... Y cuando el abuso del poderoso se abatía sobre el indefenso, no cesó esa voz que clamaba a la conciencia, que fustigaba la opresión, que defendía la dignidad del injustamente tratado, sobre todo del más desvalido (Juan Pablo II, Santo Domingo 11.10.1984).

En el íter de las diversas interpretaciones que ha sufrido la Biblia en este continente, presentaré a dos hombres de talla, aunados en su amor a las gentes, y enfrentados en dos escuelas diferentes: Bartolomé de Las Casas y Toribio de Benavente (“Motolinía”).

4.1. Bartolomé de Las Casas

Concentraré el mensaje lascasiano en su Brevísima relación de la destrucción de Indias 30. No es una obra histórica, sólo “un alegato fiscal para demostrar la necesidad de proscribir las guerras de conquista y su principal fruto, los repartimientos y encomiendas” (M. Giménez). Con la fuerza de las primeras páginas del Génesis.

a. Paraíso perdido: los españoles en esta tierra “vivieran como en un paraíso terrenal (si fueran dignos de ella), pero no lo fueron por su gran codicia e insensibilidad y grandes pecados” (75).

b. Pecado original: la codicia. Más víctimas han sacrificado los españoles “a su diosa muy amada y adorada, la codicia” en un año, que los indios en cien de idolatría. Cuenta el caso del cacique Hatuey, huido de La Española a Cuba, “con mucha de su gente para huir de las cala­midades e inhumanas obras de los cristianos”. Cuando estos llegaron pisándole los talones, les preguntó:

“¿Sabéis por qué lo hacen?” Los indios contestaron ingenuamente: “No, quizás porque son malos por naturaleza”. Contestó Hatuey: “No sólo, sino porque tienen un dios a quien ellos adoran y quieren mucho. Para conseguirlo nos sojuzgan y matan”. Tenía cabe sí una cestilla llena de oro en joyas, dijo: “Veis aquí al dios de los cristianos; hagámosle, si os parece, areytos y quizás le agradaremos”. Le bailaron delante hasta que se cansaron. Luego lo arrojaron al río... Condenado a la hoguera, un franciscano lo exhortaba a la conversión. El , pensando un poco, preguntó al religioso si iban cristianos al cielo. El religioso le respondió que sí, pero que iban los que eran buenos. Dijo luego el cacique sin más pensar: que no quería él ir allá sino al infierno, por no estar donde estuviesen y por no ver tan cruel gente (46-47).

Estas, pues, son las obras de los españoles que van a las Indias, que verdaderamente muchas e infinitas veces por la codicia que tienen de oro han vendido y venden hoy en este día y niegan y reniegan a Jesucristo (80).

c. Demonios encarnados en bestias:

  Considérese, por Dios, si les cuadra bien a los tales cristianos llamarlos diablos, y si sería mejor encomendar los indios a los diablos del infierno que encomendarlos a los cristianos de las Indias (116).

En estas ovejas mansas... entraron los españoles desde luego que las conocieron como lobos y tigres y leones cruelísimos, hambrientos de muchos días (34 y 94).

d. Tierra desolada:

  La tierra es (era) felicísima. Y dicen los que vienen ahora de allá que es una lástima grande y dolor ver tantos y tan grandes pueblos quemados y asolados... que donde había pueblo de mil y dos mil vecinos no hallaban cincuenta, y otros totalmente abrasados y despoblados (115).

  c. Pero la misericordia de Dios no les abandona:

  He inducido yo, fray Bartolomé de las Casas, o Casas, fraile de Santo Domingo, que por la misericordia de Dios ando en esta corte de España procurando echar el infierno de las Indias y que aquellas infinitas muchedumbres de almas redimidas por la sangre de Jesucristo no perezcan sin remedio para siempre, sino que conozcan a su Criador y se salven, y por la compasión que tengo de mi patria que es Castilla, no la destruya Dios por tan grandes pecados contra su fe y honra cometidos y contra los prójimos (118).

4.2. Motolinía

Fue el sexto de “los doce apóstoles de la Nueva España ”, llegados el 13 ó 14.5.1524. A través del observante fray Juan de Guadalupe (de la custodia franciscana de San Gabriel, Extremadura) venían imbuidos de la visión apocalíptica de Joaquín de Fiore (1130-1202) 31.

El Descubrimiento se revelaba “la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió 32. Si convertían a los indios (labor misionera) y demostraban su entronque con el linaje de Adán (labor investigadora, base de la etnografía americana), podría implantarse “el Tiempo del Espíritu” (la iglesia de los pobres/indios gobernada por los pobres/frailes)...

Trabajaron “con prisa” y denuedo. Se les acusó de complot separatista por oponerse al diezmo, a la entrada del clero secular, a la hispanización. “Mexicanizaron” la Escritura a pesar de Trento, y fundaron el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco para la educación de la elite indígena y la preparación de clero nativo... ¡Se estaban jugando la implantación del Mileno, el Mundo Nuevo, la hora del Juicio Final!

Se comprende la irritación de Motolinía ante Las Casas, quien desautorizaba su obra globalmente: “Todos los conquistadores, dice, sin sacar ninguno 33. Para ellos, en cambio, el Marqués del Valle era el prototipo de buen cristiano: ‘%:,Quién así amó y defendió los indios en este mundo nuevo como Cortés?” (78).

Ruega al Emperador estudie la razón de Las Casas en negar los sacramentos:

...porque qué nos aprovecharía a algunos que hemos bautizado más de cada (uno) trescientas mil ánimas y desposado y velado otras tantas y confesado otra grandísima multitud, si por haber confesado diez o doce conquistadores, ellos y no nos hemos de ir al infierno (69-70).

Pierde la dulzura franciscana en su diatriba contra el dominico:

Yo me maravillo cómo y. M., y los de vuestros Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e importuno y bullicioso y pleitista, en hábito de religioso, tan desasosegado, tan mal criado y tan injuriador y perjudicial y tan sin reposo... dejando acá muy desamparadas y muy sin remedio las ovejas y ánimas a él encomendadas (71).

4.3. Visto desde hoy

Queda claro que el enfrentamiento de las instancias superiores con los profetas viene de muy antiguo, así como las diferentes teologías, escuelas y visiones entre “derecho” (teoría) y “hecho” (praxis). No parece justo exigir que los profetas (además de su denuncia y anuncio algo obsesivos) tengan los carismas de doctores y pastores.

“Si bien hoy nadie condena ya la herejía de Copérnico ni de Giordano Bruno, el padre Las Casas, su contemporáneo, sigue siendo ‘quemado vivo' por cada generación” 34. Esta es una prueba indirecta de que el profetismo lascasiano es auténtico:

Cualesquiera que hayan sido las ambigüedades de aplicación, la protesta de Las Casas es válida por sí misma, por su ins­piración y por su doctrina; el Evangelio es la actualidad misma de la palabra de Dios 35.

Queda una pregunta pendiente: ¿qué juicio merece Motolinía? Tan apasionado como Las Casas, su mérito principal fue la creación de una imponente crónica etnográfica sobre la civilización india. Su itinerario personal nos avisa que la “búsqueda del milenio” siempre es peligrosa y desenfoca la realidad. Tengámoslo en cuenta 36. Ella no le permitió ser un profeta que pusiera el “derecho a ser hombre” por encima de todo.

No podemos escandalizarnos de la “destrucción” de las indias, de que hablaban Las Casas y los dominicos del siglo XVI. mientras no solucionemos el problema del exterminio y del verdadero genocidio de indígenas en Guatemala, en la Amazonia del Brasil; mientras existan desaparecidos, torturados, asesinados y presos políticos, etc., realizados las más de las veces en nombre de la civilización occidental y cristiana. Volvemos a plantearnos el mismo problema del siglo XVI: cristianos frente a paganos. Hoy sería civilización occidental contra el peligro del comunismo. En un planteamiento así el cristianismo adquiere, necesariamente, el sentido de una contradoctrina y pierde su carácter de buena nueva, de mensaje de salvación 37.

5. Destrucción y ocaso

Vino sobre ellos aquella maldición que Jeremías de parte de Dios fulminó contra Judea y Jerusalén, diciendo en el capítulo quinto: “Yo traeré contra vosotros una gente muy de lejos... gente cuyo lenguaje no entenderéis... codiciosísima de matar. Esta gente os destruirá a vosotros y a vuestras mujeres e hijos, y todo cuanto poseáis, y destruirá todos vuestros pueblos y edificios”. Esto a la letra ha acontecido a estos indios con los españoles... (B. de Sahagún).

Fue el derrumbamiento de un mundo (“el ocaso del Quinto Sol”) militar y teológico: “hornos perdido la nación mexicana... Esto es lo que ha hecho el dador de la vida en Tlatclolco” 38.

Los frailes quitaron la máscara a cualquier esperanza de continuidad cultural:

Llamaron (vuestros antepasados) dios a Quetzalcóatl, el cual fue hombre mortal y corruptible que, aunque tuvo alguna apariencia de virtud.., fue gran nigromántico, amigo de los diablos... Lo que dijeron vuestro antepasados que Quetzalcóatl fue a Tlapallan y ha de volver y lo esperáis es mentira, que sabemos que murió y su cuerno está hecho tierra y su ánima nuestro Señor dios la echó en los infiernos; allá está en perpetuos tormentos 39.

Los aztecas prefieren la muerte:

Vosotros dijisteis Dijisteis

que nosotros no conocíamos que no eran verdaderos nuestros dioses...

al Señor del cerca y del junto Y ahora nosotros

a aquel de quien son ¿destruiremos nuestra antigua regla de vida?

los cielos y la tierra. Dejadnos , pues, ya morir,

dejadnos ya perecer,

puesto que nuestros dioses han muerto 40.

En Perú la derrota coincide con la muerte del Inca, hijo del Sol, quien garantizaba la armonía cósmica. Queda “el tiempo loco”, “el Sol castrado”, la naturaleza descentrada:

El sol vuélvese amarillo, anochece Bajo extraño imperio, aglomerados

misteriosamente; los martirios,

amortaja a Atahualpa, su cadáver y destruidos;

y su nombre; perplejos, extraviados, negada la memoria,

la muerte del Inca reduce solos; muerta la sombra que protege,

el tiempo que dura una pestañada… lloramos;

sin tener a quién o adónde volver;

estamos delirando 41.

El Chilam Balam de Chumayel plantea el drama en todo su dramatismo: “Se desmoronaron vuestros dioses, hombres mayas! ¡Sin esperanza los adorasteis!” (93).

Buena es la palabra de arriba, Padre. Entra su reino, entra en nuestras almas el verdadero Dios, pero abren allí sus lazos, Padre, los grandes cachorros que se beben a los hermanos esclavos de la tierra. Marchita está la vida y muerto el corazón de sus flores, y los que meten su jícara hasta el fondo, los que lo estiran todo hasta romperlo, dañan y chupan las flores de los otros... No hay verdad en las palabras de los extranjeros... ¿Qué Profeta, qué Sacerdote, será el que rectamente interprete las palabras de estas Escrituras (163-164).

El obispo Pedro Casaldáliga, ante el espectáculo de la destrucción indígena actual, hace un comentario que no tiene desperdicio:

Para nosotros los cristianos, para las Iglesias en cuanto Iglesias, la tragedia indígena es una acusación histórica no valorada nunca suficientemente. Debería ser un remordimiento asumido, una convulsión profética y eficaz. Porque hemos sido más perseguidores que perseguidos... La generosidad hasta el martirio de muchos misioneros en las Américas, las obras de beneficencia y “educación” de las misiones, los gestos pro­féticos aislados de unos cuantos Las Casas en tiempos pasados y el tardío clamor que algunas Iglesias, también aisladas, alzan hoy contra eso exterminio continental, no eximen a la Iglesia —a las Iglesias— de una culpa histórica de omisión y connivencia... Evangelizar ha sido demasiadas veces equivalente de “civilizar”, “occidentalizar”, “integrar”... La Iglesia de las Américas y la Iglesia de Europa deberían volver la mirada, con espíritu nuevo de encarnación y escucha, al exterminio­-martirio y al grito-mensaje de esos pueblos crucificados 42.

 

Tal vez ésta sea la pregunta que cierra “el Antiguo Testamento de América”: “¿Qué Profeta, qué Sacerdote, será el que rectamente inter­prete las palabras de estas Escrituras?”. Las Escrituras de la Biblia de toda la humanidad y nuestras Escrituras Sagradas, que dan respuesta sobre la voluntad de Dios y el destino de los hombres y pueblos.

6. Revelación de la misericordia

  Desde los orígenes —en su aparición y advocación de Guadalupe— María constituyó el gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo con quienes ella nos invita a entrar en comunión. María fue también la voz que impulsó a la unión entre los hombres y los pueblos (Puebla 282).

Si la Virgen de Guadalupe no se hubiera aparecido, la habrían inventado las luchas colectivas del pueblo mexicano por encontrar un sentido a su caótica existencia. El conflicto cultural entre la España del siglo XVI y México quedó reconciliado, mejor que en ningún otro símbolo, en la morena Virgen de Tepeyac. En ella la nueva raza mestiza, nacida del violento encuentro entre Europa y la América indígena, encuentra su sentido, su singularidad y su unidad... Para los indios esa imagen significó la salvación de su raza, la propia diferencia entre la muerte y la vida..., su resurrección 43.

En el momento en que la Virgen se “aparece”:

—estaba cortado el diálogo cultural.

Por desconocimiento y por la rapidez con que el conquistador destruyó las estructuras de la civilización y del “núcleo ético-­mítico” de las culturas prehispánicas, no se produjo el lento pasaje (pesach-pascua) de un “núcleo ético-mítico” pagano a la aceptación de la comprensión cristiana (la fe) 44.

Con el agravante de que permanece válido el principio de encarnación formulado por San Ireneo: “lo que no es asumido no es redimido” (Puebla 400).

—la comunicación ibérica se basaba en la supuesta fuerza de la lógica (“la persuasión de entendimiento por medio de razones y la invitación y suave moción de la voluntad”) 45. Los indígenas llegaban a la verdad y a Dios, sólo a través de “flores y cantos”.

—¿y cómo podía implantarse a punta de espada la religión del amor? (El dominico V. de Valverde dijo al Inca: “y si los negare (a los Evangelios), sávete que serás apremiado con guerra a fuego y sangre”) 46.

La tilma florecida del indio Juan Diego fue un “Evangelio náhuatl”, un “Evangelio en jeroglífico”, un “códice indígena” para gente de cultura pictográfica. Era la respuesta a la pregunta del “Antiguo Testamento de América”, el sí de Dios (2 Cor 1,20) al adviento de los pueblos, el Nuevo Testamento: la Buena Noticia de salvación para los pobres...

  Su cultura era buena. Florecía el Tepeyac, morada de Coatlicue Tonatzin (la virgen madre del panteón indio), cuna de Huitzilopochtli (el dios que daba y conservaba la vida), crisol simbólico de la raza.

  “La antigua regla de vida” no era despreciable. Su religión les había llevado como una “niñera” (Gal. 3,24-25) a un mayor conocimiento de Ometéolt, que ahora se identificaba con el Dios cristiano.

Dios les salía al encuentro. Ellos que pensaban: “nos tiene colocados en el centro de la palma de su mano, nos está moviendo a su antojo como canicas, se ríe de nosotros” 47. Les hablaba en el lenguaje popular de la música y las flores más bonitas (Jn Xochitl in Cuicatl), del jade y las plumas (In Chalchituitl in Quetzalli).

  La Señora era mayor que el más grande de los dioses indios, ya que ocultaba el sol, aunque sin extinguirlo. El dios sol era la principal divinidad y la Señora más fuerte que él. Era también mayor que la diosa luna, pues estaba en pie sobre la luna, sin aplastarla. Sin embargo, por grande que fuera esta Señora, no era una diosa. No llevaba máscara, como los dioses indios, y su rostro radiante y compasivo indicaba a cualquiera que la mirase que era la madre misericordiosa 48.

Era la madre de Dios. Su mensaje era claro: Nehuatl (Yo) in nizenquizca (la enteramente) zemicac (por siempre) ichpochtli (virgen)

 

Santa Maria in inatzin (Santa María la madre de) in huel nelli (el bien verdadero) teotl Dios (Dios “dios”) in Ipalnemohuani (Señor por quien se vive) in Teyocoyani (Creador de los hombres) in Tloque Nahua que (Señor de Cerca y del Junto) in Jlhuicahua in Tlaltipaque (Señor del Cielo y de la Tierra).

No era Madre de Huitzilopochtli, de Quetzalcóatl, de Tezcatlipoca ni de ninguno de los otros “dioses” con que alternaban los humanos; era la Madre de Dios, del único y verdadero, y Jesucristo, su hijo, no era, por tanto un “téotl” español, sino Ometéotl en persona 49.

Todos eran hermanos (Gal. 2,28:

Ya no habría en adelante mexicana ni tlaxcalteca, ni totonaca ni otomí, ni maya ni tarasco, ni indio ni español, y ni siquiera mexicano y africano, o australiano, o japonés... Todos estaban incluidos en la misma adopción de amor 50.

Era el evangelio de los pobres. Un indio de los barrios marginados (“símbolo de los pobres y oprimidos que se niegan a dejarse destruir por el grupo dominante”) se atreve a pedir al arzobispo (“símbolo del nuevo grupo dominante español”), en nombre de la madre de Dios, que cons­truyan un templo (=una civilización, “todo un nuevo estilo de vida) “no dentro del esplendor de la ciudad, según los planes de España, sino en la barriada del Tepeyac, según los deseos del pueblo”.

 

1 Ebeling, citado por R. Murphy. “Sagrada Escritura e Historia de la Iglesia”, en: Concilium 209 (1987), pág. 9.

2 Delgado-A. M. Perrone. Antología precolombina (Centro Ed. A. L.), Buenos Aires, 1970, pág. 94.

3 Enrique Dussel. Historia de la iglesia en América Latina (Mundo Negro). Madrid, 1983, pág. 79.

4 R. Pane. Relación acerca de las antigüedades de los indios (Siglo (XXI), México, 1974, pág. 21.

5 Cfr.J. J. Arrom. Mitología y artes prehispánicas de las Antillas (Siglo XXI), México, 1975.

6 “Los nahuas cuando quieren describir más cabalmente cualquier cosa, mencionan siempre dos aspectos principales de ella, como para lograr que de su unidad salte la chispa que permita comprender” (M. León Portilla. La filosofía náhuatl (U.N.A.M.), México, 1974 (4a. ed.), pág. 177.

7 L. Sejourné. América Latina I (Siglo XXI), Madrid, 1975 (Sa. cd.), pág. 178.

8 Cito aquí los libros que más he consultado: M. Ballesteros Gaibrois. Cultura y religión de la América prehispánica (BAC), Madrid, 1985; M. Corbi. La religión que viene (en vías de publicación); J. L. Guerrero. Flor y canto del nacimiento de México, México, 1979 (2a. ed.); M. A. Valotta. Mitos y leyendas toltecas y aztecas (Ed. Z), Madrid, 1985.

9 R. Godoy-A. Olmo. Textos de cronistas de Indias y poemas precolombinos (Ed. Nacional), Madrid, 1979, pág. 271.

10 N. Wachtel. Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570) (Alianza Ed.), Madrid, 1976, págs. 41-42.

11Chilam Balam de Chumayel (Historia 16), Madrid, 1986, págs. 71-72.

12 Fray T. de Benavente “Motolinía”. Memoriales o libro de las cosas de la Nueva España y de los naturales de ella (UNAM), México, 1971 (aquí uso la selección de R. Xirau. Idea y querella de la Nueva España (Alianza Ed.), Madrid, 1973, pág. 63).

13 J. Mendieta. Historia eclesiástica indiana (Ed. Porrúa), México, 1870. facsímil; México, 1971, pág. 175.

14 Bartolomé de Las Casas. H istoria de las Indias, L. III, cap. 3.

15 Las Casas. Memorial al Consejo de Indias, año 1562/3.

16 Carta del 8.1.1511 desde Cali. Interesante el artículo de 1. 1. González Faus. “Un modelo histórico de la Iglesia liberadora”, en: Estudios Eclesiásticos 55 (1980), págs. 469-508.

17 Según los Informantes de Sahagún y el códice Aubin, en: M. León-Portilla. Crónicas indígenas. Visión de los vencidos (Historia 16), Madrid, 1985.

18 Según la “Segunda Carta-Relación al Emperador Carlos V (30.10.1520)”, en: H. Cortés. Cartas de relación (Historia 16). Madrid, 1985, y B. Díaz del Castillo. H istoria verdadera de la conquista de la Nueva España (Historia 16), Madrid, 1984.

19 Cf. F. López Rivera. “Sobre la actualización de la narración del éxodo”, en: Christus 489 (1976). págs. 25-29; A. Castillo. “El pueblo se acerca a la Biblia”, en: Christus 489 (1976). págs. 41-46; Concilium 209 (1987), monográfico sobre “El éxodo, paradigma permanente” (muy completo).

20 F. Malley. “Las Casas y la teología de la liberación”, en: Selecciones de Teología 100 (1986), págs. 254-264, desarrolla este esquema.

21Historia de las Indias, 1, XV1I.

22Historia General de las Indias (Rivadeneyra), Madrid, 1852, pág. 156.

23 A. G. Lamadrid. “Canaán y América. La Biblia y la teología medieval ante la conquista de la tierra”, en: Escritos de Biblia y Oriente (Universidad Pontificia de Salamanca), 1981; cfr también L. Hanke. Colonisation et conscience chrétienne au XVI e siècle, París, 1957.

24 López de Gómara, op. cit., pág. 310.

25Crónicas indígenas, pág. 88.

26 Guerrero, op. cit., pág. 43.

27Chilam Balam de Chumayel (Historia 16), Madrid, 1986, pág. 144.

28 Guerrero, op. cit., pág. 43.

29Cf. las “8 proposiciones” citadas en ibid., págs. 210-211.

30 Sigo la edición publicada por Ed. Fontamara, Barcelona, 1979.

31 Cf. el completísimo estudio de G. Baudot. Utopía e historia en México. Los primeros cronistas de la civilización mexicana (1520-1569) (España-Calpe), Madrid, 1983.

32 López de Gómara, op. cit., pág. 156.

33 Sigo la “Carta al Emperador Carlos V (2.1-1555)”, en Xirau, op. cit.

34 L. Sejoumé, op. cit., pág. 79.

35 Chenu Evangelio en el tiempo (Estela), Barcelona, 1966. págs. 570-517; cf. También C. Soria. “Fray Bartolomé de Las Casas, ¿historiador, humanista o profeta?”, en: Christus 472 (1975). págs. 56-60.

36 Cf. G. Baum. “Éxodo y política”, en: Conciliun 209 (1987), págs. 135-146.

37 J. M. Pérez. Estos, ¿no son hombres? (Fund. García-Arévalo), Santo Domingo, República Dominicana, 1984, pág. 112.

38Crónicas indígenas, pág. 166.

39 Sagahún, citado en Guerrero, op. cit., pág. 222.

40 Citado en La filosofía náhuatl, op. cit., págs. 100-103.

41 J. Delgado-A. M. Perrone, op. cit., págs. 86-90.

42 “Los indios ‘crucificados'. Un caso anónimo de martirio colectivo”, en: Concilium 183 (1983), págs. 387-388.

43 V. Elizondo. “La virgen de Guadalupe como símbolo cultural: “El poder de los impotentes”, en: Concilium 122 (1977), 149-160; sigo, además, los magníficos capítulos que le dedica Guerrero. “No vamos a dilucidar ahora la ‘historicidad' del milagro de las rosas... Independientemente de lo que de hecho ocurriera en 1531, hoy podemos decir que no se trata de historia pasada, sino de algo que continúa aún vivo, que sigue creciendo en sentido y que influye hoy en las vidas de millones de personas” (Elizondo, pág. 153). Según J. J. Benítez. El misterio de la Virgen de Guadalupe (Planeta), Barcelona, 1986, el cuadro tendría muchos retoques posteriores para “indigenizarlo” más. No puedo pronunciarme sobre los rostros grabados en los ojos; sólo subrayo que se referirían a la escena colonial del milagro.

44 Dussel, op. cit., pág. 122.

45 Las Casas. De único modo, L.I. cap. 5.

46 F. Armas Medina. Cristianización del Perú, Sevilla, 1953, págs. 177-178.

47 Citado en Filosofía náhuatl, op. cit., págs. 199-200.

48 Elizondo, op. cit., pág. 55.

49 Guerrero, op. Cit., pág. 273.

50 Ibid., pág. 274.

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.