
«ESPEREN EL DIA DE LA LLEGADA DE DIOS Y HAGAN LO POSIBLE POR APRESURARLA…»
(2 Pe. 3,12)
Las cartas no paulinas como literatura de resistencia
Raúl Humberto Lugo Rodríguez
A Frei Leonardo Boff O.F.M.
como humilde compañía solidaria
en estos momentos de crisis de esperanza.
Se pretende mostrar que las cartas no-paulinas, especialmente 1 y 2 Pedro y Judas, pueden ser leídas en cuanto «Literatura de Resistencia», es decir, como literatura productora de esperanza en los tiempos difíciles. Después de asomarse a la parénesis o género exhortativo, el autor estudia en detalle dos ejemplos: 1 Pe 23, 13-17 (Relación entre cristianos y autoridades políticas) y 2 Pe. 3 (papel de la utopía en la esperanza-cristiana). Las conclusiones se antojan interesantes para nuestras comunidades que tienen que sobrevivir en tiempos de auge del neoliberalismo.
1. Situación de las cartas no paulinas en los estudios actuales
Al repasar el Segundo Testamento encontramos una sección que ha sido denominada tradicionalmente como «cartas», y que se encuentra entre el libro de los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis. Una primera clasificación de este material ha tenido como origen al autor de algunos de estos escritos: San Pablo. El «corpus paulinum», como ha sido llamado el conjunto de las cartas que se atribuyen a Pablo, ha sido profundamente estudiado a través del tiempo. Junto a él, las demás cartas han quedado como eclipsadas. En la mayoría de los comentarios, estos últimos escritos son presentados bajo el título de «las otras cartas», quizá porque lo único que parecen tener en común es precisamente su carácter de no paulinas.
Excluyendo a la Carta a los Hebreos, un sermón teológico acerca del sacerdocio de Cristo, y las Cartas de Juan, insertadas para su estudio en el conjunto de los escritos joánicos, nos quedan cuatro escritos de características más o menos comunes, que reflejan un importante estadio de la vida de las comunidades primitivas y nos ofrecen un panorama de los diversos problemas que dichas comunidades fueron enfrentando, enriqueciendo así y diversificando con su experiencia la praxis cristiana de los primeros siglos.
Sin embargo, son precisamente estas cartas las que, en el conjunto del Segundo Testamento, constituyen la sección más olvidada de los estudios y la reflexión exegéticas. Una especie de «complejo de inferioridad» delante de las cartas paulinas, ha provocado un lamentable descuido en la investigación de estas pequeñas joyas de la tradición apostólica primitiva.
1.1. Los modernos estudios europeos y norteamericanos
Es hasta las tres últimas décadas que ha comenzado ha repuntar un interés creciente de los estudios para esta sección biblica, de manera especial en relación a la Carta de Santiago y la Primera Carta de Pedro .
A últimas fechas, los estudios sociolinguísticos han abordado con detenimiento algunos aspectos de la Carta de Santiago. La puesta en claro del ambiente vital de la sociedad que subyace a la carta, ha sido de gran utilidad para quienes buscan una hermenéutica que pueda relacionar la vida del lector con la experiencia plasmada en el escrito apostólico . Esta misma tendencia ha llevado a subrayar los aspectos de ética social de la carta .
La Primera Carta de Pedro ha recibido también una atención especial por los estudios en los últimos años. Las aportaciones de la lectura sociológica de ELLIOT se destacan con singular brillo . La Segunda Carta de Pedro y la Carta de Judas no han corrido con tanta suerte: hay bastante poco en los estudios modernos con respecto a estas cartas, aunque parece que la utilización de la lectura apócrifa judía en ellas, puede dar lugar a aproximaciones interesantes, especialmente ahora que los estudios midrásicos comienzan a tomar carta de ciudadanía en la exégesis bíblica moderna.
1.2. Los estudios latinoamericanos
En la producción exegética latinoamericana, de los estudios sobre las cartas paulinas se han multiplicado , mientras que las cartas no paulinas apenas son abordadas por los especialistas. Fuera de una aportación de E. TAMEZ al estudio de Santiago, no conozco obras dedicadas especialmente a las cartas no paulinas. Es una pena, porque la vitalidad de las comunidades que subyacen a las cartas, y los diversos problemas a los que tienen que enfrentarse, son un buen punto de partida para una hermenéutica que pueda iluminar el caminar de los más pobres en nuestro continente.
En esta línea va precisamente este artículo. En él pretendemos mostrar cómo la parénesis o exhortación, propias de las cartas no paulinas, es un elemento productor de esperanza para los momentos difíciles que tiene que vivir nuestras comunidades eclesiales en este tiempo de auge del neoliberalismo, aun dentro de las fronteras de la Iglesia.
2. La parénesis como literatura de resistencia
2.1. La naturaleza de la parénesis
El género literario de las cartas no paulinas difícilmente puede llamarse epistolar. Su contenido es más bien de exhortación o parénesis, al estilo de las diatribas griegas o de las catequesis morales judías. Cuando hablamos de parénesis, nos referimos a «pasajes en los que predomina el tono exhortativo propio de las enseñanzas morales prácticas . Hay ciertos verbos característicos, expresiones estereotipadas, muletillas de lenguaje, etc., que dan singularidad e identificación a este género literario.
La parénesis como género, no expone grandiosos conjuntos de doctrina, sino series de recomendaciones o consejos dirigidos a los cristianos y concebidos, eso sí, como concecuencia de la doctrina que se predica. En ocasiones el género utiliza procedimientos homiléticos para cumplir con su función exhortativa, pero siempre con el fin de descubrir la relación estrecha entre las afirmaciones centrales de la fe y la vida concreta y cotidiana de los destinatarios. En este sentido, la literatura parenética en ocasión privilegiada para caer en la cuenta de que los orígenes de la vida cristiana no se encuentran en una recopilación de doctrinas o de verdades que era necesario creer, sino en la práctica de una vida coherente con la entrega explícita que se había hecho de toda la vida a Jesucristo en el bautismo.
Es cierto que la parénesis no es una invención cristiana. Ha sido ya ampliamente demostrado que hay nexos muy cercanos entre la exhortación cristiana de las cartas no paulinas y los HAUSTAFELN helenísticos ; entre la parénesis cristiana y la literatura exhortativa del judaísmo . Sin embargo, es precisamente la combinación de diversos elementos (citas veterotestamentarias, trasfondos palestinos y helenísticos, etc.) lo que hace de la parénesis cristiana un fenómeno singular. Esta combinación de elementos encuentra su toque particularísimo en la llamada «cristologización» de la parénesis: hay siempre un fundamento cristológico en los consejos de las cartas del Segundo Testamento, sea brevísima como en 1Pe 2, 13 en donde la sumisión de las autoridades tiene como motivación un DIA TOY KYRIOU, sea larga y extensa como en 1Pe 2, 18-25 en donde la actitud de los esclavos hacia amos no cristianos, es fundamentada por la actitud de Cristo sufriente, cuyos dolores son explicados desde una perspectiva catequética. Es así como la parénesis se convierte, para la comunidad primitiva, en un excelente de transmisión del kerygma .
La literatura parenética es, pues, como habíamos mencionado antes, un testimonio de la relación entre teoría y práctica en la comunidad cristiana primitiva. De ahí que su carácter sea contingente, pues problemas nuevos van exigiendo de la comunidad respuestas nuevas y creativas. La doctrina cristiana misma se va enriqueciendo a partir de las dificultades que la comunidad va experimentando, ya que éstas van haciendo que nuevos aspectos del mensaje de Cristo sean reflexionados y/o puestos de relieve.
Se ha discutido mucho en los últimos tiempos a propósito de la procedencia de la parénesis cristiana, en especial de la forma exhortativa de los catálogos de deberes. Aunque sigue hablándose de la influencia de Pablo sobre Santiago y Pedro, los trabajos más recientes a este propósito se van situando en el reconocimiento de una tradición catequético-parenética común en la predicación primitiva . Esto quiere decir que, así como se fue formando un conjunto catequético en torno a las verdades de fe que, partiendo de las primeras formulaciones fueron –poco a poco– conformando la «regola fidei», así también la situación común de los cristianos que se enfrentaban a ambientes paganos, fue dando lugar a un conjunto catequético en torno a las normas de conducta necesarias para responder a problemas concretos. Este último conjunto, al que podríamos llamar «credo práctico» de la comunidad, con la contingencialidad de la que hemos hablado más arriba, puede encontrarse en sus líneas generales en la que ahora llaman «literatura parenética».
2.2. Parénesis y situación vital de las comunidades
Un aspecto importante de la parénesis de las cartas no paulinas, es que dejan de manifiesto la situación vital por la que pasaba la comunidad. De su lectura puede deducirse cuáles eran los problemas más acuciantes para las comunidades.
Una primera cosa que salta a la vista es la necesidad sentida en la comunidad de que cada cristiano estuviera a la altura de la ciudadanía decente de su tiempo, para permitir, sin contratiempo alguno, la difusión del evangelio. Esto quiere decir que los cristianos tenían que esforzarse por vivir la novedad del mensaje de Jesús de manera que, al mismo tiempo y sin traicionar el evangelio, pudieran servir de ejemplo para los hombres y mujeres de su tiempo. Esto suponía para los cristianos, especialmente para quienes vivían en la diáspora judía, garantizar su identidad cristiana en medio de la sociedad, pero al mismo tiempo asumir y cristianizar los valores más genuinos de la comunidad humana en la que convivían. El reto era, pues, ser distintos, sin ser ajenos.
Otro elemento importante era el recrudecimiento de la ruptura con la sinagoga y la cercanía de la persecución que contra la comunidad habría de desatar el imperio romano. Aunque no hay certeza ninguna para situar ningún pasaje de las cartas no paulinas en un contexto de persecución violenta, sí es cierto que la comunidad manifiesta un sentimiento de preocupación evidente, ante un modelo de vida social que le es hostil y un rechazo, que pone a la comunidad ante el grave peligro del aislacionismo social.
Esta situación que queda de manifiesto en muchos pasajes de las cartas a las que nos referimos, plantea para la comunidad problemas muy serios: qué hacer para diferenciarse de los grupos que, amparados en una ideología determinada, promovían la anarquía o la rebelión; cómo mostrar que la fuerza subversiva de la vida cristiana no radica necesariamente en un enfrentamiento contra las autoridades, por el mismo hecho de ser autoridades, sino en la posibilidad de fermentar desde dentro las estructuras sociales, de manera que se diera cada vez mayor espacio a la novedad personal y social que el Reino venía a traer.
Otra consecuencia era el desánimo y la tristeza que parecía cundir con fuerza en las filas de los seguidores de Jesucristo. ¿Qué hacer para animar, consolar, apoyar a quienes se sentían solos, enfrentados a un poder aparentemente más fuerte que el de ellos? ¿Cómo resaltar el mensaje esperanzador del evangelio en medio de conflictos que no hacían más que arrancar la esperanza del corazón de los creyentes? ¿Cómo enfrentar las críticas de los paganos sin que la entereza de las comunidades se sintiera minada o disminuida? A todo esto quiere dar respuesta la parénesis apostó1ica.
3. «Someterse a la autoridad...» un ejemplo de la primera de Pedro
3.1. Las complejas relaciones entre cristianos y autoridades políticas
Un primer texto al que nos acercaremos desde la perspectiva de la literatura parenética en cuanto literatura de resistencia, es el texto del 1 Pe 2, 13-17, que enfrenta uno de los problemas más acuciantes para los cristianos que vivían en círculos no palestinos, en medio de un ambiente con una ideología estatal muy marcada: el problema de la relación entre los creyentes y las autoridades civiles o políticas .
Podemos, a partir del texto y de sus paralelos paulinos , tratar de imaginarnos las preguntas que los cristianos se plantearían a este respecto, y que dieron lugar a la parénesis que ahora analizamos. ¿Deben los cristianos renacidos a la libertad por el bautismo, someterse a las autoridades civiles? El hecho de ser ciudadanos del cielo, ¿los exime de toda responsabilidad frente a la sociedad y a los poderes constituidos? ¿Les es lícito a los cristianos participar en movimientos revolucionarios violentos? ¿Hasta qué punto la difusión del evangelio debe llevar al cristiano a amoldarse a los valores del mundo, con tal de que el evangelio sea anunciado sin peligro ni temor?
A estas y otras preguntas trata de responder el autor de la Primera de Pedro cuando, al ilustrar en su catálogo de deberes cuál debe ser el «bien obrar» que caracterice a los cristianos, enfrenta el problema de la relación entre cristianos y autoridades civiles en l Pe 2, 13-17.
3.2. Una triple argumentación
Para situar este texto parenético en lo que llamamos «literatura de resistencia», nos sirven tres conclusiones del estudio detenido del texto que ahora comentamos. Antes de aceptar o rechazar las diversas acusaciones que se han lanzado contra este texto, en el sentido de que su contenido es «reaccionario», hemos de mirar con atención tres elementos que clarifican la comprensión total del texto.
A) El verbo HYPOTASSO, que se traduce al castellano por el verbo «someterse», da la impresión de un conformismo ciego, de pasividad. Sin embargo, el uso griego del verbo hace alusión a una subordinación voluntaria y está relacionado en su uso con una idea de ORDEN. La invitación a someterse corresponde al ideal ético del mundo helenístico en el que «cada quien debe estar en su lugar, conforme al papel que le ha establecido Dios...» . De suerte que dicho verbo NO PUEDE SER INTERPRETADO COMO CONFORMISMO CIEGO, so pena de faltar a la mentalidad del autor, sino que encuentra su alternativa no en «rebelarse contra», sino en «estar apartado de». El verbo HYPOTASSO es, pues, una invitación a participar, a ocupar el propio lugar, no a someterse ciegamente ni a nada ni a nadie.
B) Esto viene apoyado por el hecho de la descripción del papel ideal de las autoridades en 2,13b-14. Puede de aquí colegirse «de manera legítima, que el HYPOTASSEIN es pedido hacia unas autoridades (ANTROPINE KTISEI) que saben cual es su deber y lo cumplen . Aunque esta justificación de l Pedro está ligada a la ideología estatal del tiempo (el gobernante como un repartidor de justicia individual), podría extenderse a nuestro tiempo completándose con las características que en estos días se da a un gobernante ejemplar, el respeto irrestricto a los derechos humanos, por ejemplo.
C) Por último, un dato del texto que corrobora la intuición de que estamos ante un texto de resistencia, es la mención de la libertad en 2,16. No nos explicamos cómo HYPOTASSO pueda querer decir sometimiento ciego, si el autor, inmediatamente, invita a ser libres delante de todo poder, afirmando que solamente somos «esclavos de Dios». La aparente contradicción entre «someterse» y «ser libres» indica que el autor está hablando de una posición de los cristianos ante el Estado y las autoridades que nada tiene que ver con una ciega obediencia u opresión aceptada sumisamente, sino participación leal y crítica, a la vez respetuosa, libre y exigente.
Estos tres elementos son suficientes para demostrar que la parénesis de l Pedro, al menos en lo que toca a la sección 2,13-17, está en la línea de la literatura de resistencia, porque se concibe «como un auxilio a los cristianos en la salvaguarda de su identidad en medio de un mundo opuesto a los valores evangélicos» .
4. «El principio esperanza». Un Ejemplo de la segunda de Pedro
4.1. El planteamiento del problema
La segunda de Pedro es, como dijimos antes, una de las cartas menos estudiadas del Segundo Testamento. Es una lástima, porque contiene –además del problema de los falsos maestros, en el que guarda indudables contactos con la Carta de Judas– el testimonio inapreciable de uno de los conflictos que se presentó a los cristianos de la segunda generación: el problema del retraso de la parusía.
A la situación de presión social a la que hacía alusión de l Pedro, se había venido a sumar el conflicto que representó para los cristianos la caída de Jerusalén sin que se cumpliera la promesa de la segunda venida del Maestro. Esta situación que sin duda representó un factor de confusión o al menos de desánimo interno para algunos miembros de la comunidad se agravó cuando los oponentes al proyecto de vida cristiana, a quienes Pedro llama «gente que vive de acuerdo a sus propios malos deseos», comenzó a burlarse de la esperanza que se alimentaba en la predicación de los apóstoles y en la promesa del Señor. Esta crisis de esperanza es atendida por el texto parenético del capítulo 3 de la Segunda de Pedro.
La objeción de los atacantes se encuentra en 3,4: se refiere a las promesas hechas por el mismo Jesucristo a propósito de su segunda venida (Mt 10, 23; 24, 29). Los dichos de Jesús acerca de su venida circulaban con seguridad en la comunidad cristiana desde épocas antiguas. Una primera interpretación fanática provocó cierta tensión, de la que nos habla Pablo 1 y 2 Tes. Ahora, la comunidad tenía necesidad de que se avanzara un poco más en la larga y compleja evolución de la esperanza escatológica, para que la atención se dirigiese a una esperanza más profunda, digamos «cualitativa». Nuestra carta es la expresión más clara de una fase aguda de este cambio de conciencia.
4.2. «Apresurar la llegada...»: Utopía y resistencia
El autor, para animar la resistencia de la comunidad ante el peligro de una pérdida de esperanza, no pone el acento en la segunda venida de Cristo, sino que muestra una verdad de fondo que los adversarios parecen no tener presente: Dios es el que conduce la historia; él la ha iniciado, la sostiene con su palabra y la llevará a un fin seguro.
Aunque los versículos 5-7 nos muestran una concepción cosmológica bastante confusa en que el autor hace alusión, sea a los relatos del Génesis, como a leyendas mitológicas difusas y a creencias de origen estoico , lo cierto es que la doctrina del autor está clara: Dios domina todo con su palabra y dirige la historia para preparar una renovación radical del universo.
En un segundo momento (3,8-9.11-14) el autor da mayor precisión a su propuesta: la aparente lentitud de Dios al cumplir su promesa se debe a la complejidad de la obra salvífica que no se realiza sin la colaboración de los hombres y, sobre todo, a la intención que Dios tiene de salvar a todos.
Así, la idea de la parusía y su proximidad no se abandona. Efectivamente habrá una segunda venida que comportará la destrucción de todo lo defectuoso y malvado y, al mismo tiempo, potenciará al infinito todo lo que existe de bueno.
Pero falta el tercer paso de la reflexión del autor. Es precisamente en este nivel que el texto toma más claramente la característica de literatura de resistencia. La propuesta del autor ante la realidad que viene planteando, es que los cristianos cambien el tinte de su esperanza: se trata de poner el acento en una espera ACTIVA, que contribuya a 1a realización de ese reino que ya ha comenzado, pero que está todavía por venir. En los vv. 11-13 el autor saca una conclusión práctica: una espera activa significa una vida de santidad y piedad. Los cristianos no deben conducirse según sus criterios o los del mundo, sino vivir de acuerdo al compromiso que los liga con Dios. La historia se convierta así en un plazo de gracia, no en un pretexto para desinteresarse egoístamente de las cosas terrenas. Hay una participación activa que Dios espera de los justos en el desarrollo de la historia de la salvación. Por eso puede afirmar el autor en el v. 12 que los justos contribuyen a ACELERAR el tiempo del fin. Con la mediación de una vida personal y social de acuerdo al Reino, se adelanta el tiempo de la parusía.
En el fondo de toda la exhortación, como presidiendo la reflexión del autor, se encuentra la promesa de «los cielos nuevos y la tierra nueva». Esta expresión tomada de Isaías (65,17; 66,22) se refiere a la renovación mesiánica radical y total a la que llegará la historia irremediablemente. Será una armonía perfecta entre los hombres y Dios, entre los hombres entre sí, y entre los hombres y la naturaleza. Entonces la justicia será la característica fundamental de la creación. Todas las injusticias serán definitivamente superadas. Pero, sólo será posible habitar en la tierra en la que imperará la justicia (2 Pe 3,13), si antes hemos conocido y practicado «el camino de la justicia» (2 Pe 2,21) .
La manera, pues, de alimentar la resistencia de la comunidad, es sacar de la esperanza escatológica, del reino de la utopía, las energías necesarias para nuestro «topos», para el aquí y el ahora, para –usando las palabras del autor– llevar una vida «santa, sin mancha ni defecto, recta y piadosa» (3,14) .
5. Pistas para una espiritualidad de la resistencia
Hasta aquí el estudio de los textos. A veces áridos y aparentemente desfasados de nuestro tiempo, los textos parenéticos se han mostrado –en una observación atenta– como verdaderas fuentes para una espiritualidad de la resistencia.
En estas pistas conclusivas trataremos de extraer los principios que podrían ayudarnos para una lectura de la parénesis apostólica desde la perspectiva latinoamericana, que intenta ser la perspectiva desde los más pobres, desde «el reverso de la historia», como dijera Gustavo Gutiérrez.
Un primer elemento sale, precisamente, del hecho mismo de que las cartas que hemos analizado hubieran sido escritas. Esto demuestra que el acompañamiento de los pastores se vuelve herramienta indispensable en momentos de crisis y desánimo para el pueblo.
La exhortación no está pasada de moda; nunca lo estará. Quizá uno de los aportes principales que el pastor puede dar al caminar de la comunidad, sea este apoyo, este acompañamiento solidario, esta cercanía a los más pobres y a sus luchas, a la causa de su liberación . En esta línea ha quedado grabado en la memoria histórica del pueblo latinoamericano, el ejemplo heróico y martirial de Monseñor Romero. En la promoción de una espiritualidad de la resistencia para nuestras comunidades, es indispensable remarcar, la función acompañadora del pastor, distinto del que «trabaja solamente por la paga y cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y las ovejas no son suyas» (Jn 10,12).
Un segundo elemento de reflexión se desprende de la naturaleza misma de la parénesis: pretender la unidad entre fe y vida. Nunca insistiremos demasiado en este aspecto. Es necesario que los cristianos de América Latina comprendamos cada vez más, la dimensión operativa de nuestra fe, y recordemos siempre aquella famosa frase del autor de otra carta no paulina: «Así pasa con la fe, por sí sola, es decir, si no se demuestra CON HECHOS, es una cosa muerta» (St 2,17).
El estudio de los textos de 1 y 2 Pedro en particular, nos proporciona el tercer elemento de reflexión: la importancia del mantenimiento de la utopía. Ambos textos analizados presentan a la comunidad, como un elemento importante en la tarea de animación en medio de las dificultades, la imagen del ideal; en el caso de las relaciones cristianos-autoridades civiles, la presentación de la imagen ideal de gobernante; en el caso de la parusía, la inspiración que se desprende de «los cielos nuevos y tierra nueva donde habita la justicia».
Este tercer elemento adquiere especial relieve ante la actual situación de avance de la ideología del capitalismo liberal y el fracaso de los regímenes del ex-bloque soviético. La propuesta de la nueva «modernidad» es un régimen de eficiencia, de productividad y de avance tecnológico. Es la negación de otro tipo de valores como el arte, la dignidad de la persona humana, la necesidad no só1o de producir, sin de distribuir con justicia, etc. Pero, sobre todo, es la muerte de los sueños, la negación de los ideales, la orfandad de utopía.
Este tipo de mentalidad con tantos medios de propaganda a su servicio, amenaza con minar la fortaleza de las comunidades en la lucha por su liberación, especialmente porque se cuela dentro de las mismas fronteras de la Iglesia. Por ello es tarea importante y urgente no dejar de alimentar el sueño de una sociedad nueva, donde la justicia y la igualdad campeen, donde todos tengamos derecho a ser felices y la oportunidad de ser hermanos. Negar esta utopía es matar toda posibilidad de resistencia. Anunciarla es, por el contrario, negar el fracaso del Reino y acicatear la esperanza constructiva de los cristianos. La confianza en que Jesús es el Señor de la historia y la conduce hacia la comunión final del Reino en plenitud, puede ayudarnos a superar las crisis que se derivan de esta nueva avanzada de la ideología conservadora y su aparente triunfo.
Un último elemento de reflexión surge del tipo de exhortación que muestran las cartas estudiadas: la resistencia se da en las cosas sencillas, cotidianas, no en las extraordinarias y rimbombantes. Así, en las cartas no paulinas que estudiamos, no se exigen particulares virtudes de heroísmo cristiano, sino actitudes positivas que puedan enfrentar el desánimo desde la cotidianeidad. Esto nos lleva a mirar con ojos de valoración, tantos pequeños logros de nuestras comunidades: el crecimiento de la solidaridad entre ellos, los momentos en que el intercambio de los bienes anuncia la conquista de una nueva conciencia ante los bienes materiales, la ayuda mutua y el aprendizaje del arte de perdonar, la pequeña obra material comunitaria lograda con el apoyo de todos, el crecimiento en el respeto de las diferencias, la pasión despertada en la lucha por la justicia, etc.
La capacidad de contemplar la problemática que nos rodea y dejarnos cuestionar por ella, no debe hacernos perder la visión contemplativa del que sabe que Dios actúa en lo pequeño y en los pequeños, y que la historia, a fin de cuentas, no la escriben los poderosos, sino el sencillo pueblo de los pobres.
Creo que estas pistas de reflexión, surgidas de una atenta lectura orante de los textos parenéticos de las cartas no paulinas, pueden ser de enorme utilidad en la construcción y experiencia de una espiritualidad de la resistencia, y en la evolución de una teología de la liberación en tiempos de cautiverio.
Raúl Humberto Lugo Rodríguez
Casa Cural
Tecoh - Yucatán
México
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En fecha próxima verá la luz un artículo de quien esto escribe, titulado La Primera Carta de San Pedro en los estudios actuales en la revista Efemérides Mexicana, de la Universidad Pontificia de México. De él tomamos algunos datos para el presente trabajo.
El ejemplo más divulgado de esta corriente es AA.VV., La Carta de Santiago. Lectura sociolingüística, Cuadernos Bíblicos 65, Verbo Divino, Estella 1989.
Cfr. RiVERA L.F., Sobre el socialismo de Santiago., Revista Bib. 34 (1972) 3-9; BRESSAN R.S., Culto y Compromiso en Santiago., Revist Bfb. 34 (1972) 21-32; ALONSO SCHOKEL L, Culto y justicia en St 1,26-27., Bíblica 56 (1975) 573-544.
ELLOT J.H, Ministry and Church order in the N.T., CBQ 32 (1970) 367-391; The rehabilitation of an exegetical stepchild: I Peter in recent research., en «Perspectives on First Peter»., TALLBERT CH. Ed., Merc University Press, Georgia l986; A home for the hemeless: asociological exegesis of 1 Peter., Fortress Press, Philadelphia 10981.
Baste mencionar. en el campo protestante, a TAMEZ E., Contra toda condena. La justificación por la fe desde los excluidos. DEI, Costa Rica 1991; Desde la óptica cató1ica ver. SEGUNDO J.L. El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, en su sección «La cristología humanista de Pablo», Vol II/l, Cristianidad, Madrid 1985; Cfr. también el magnífico comentario a los conceptos paulinos «carne» y «espíritu» en la obra de GUTlÉRREZ G., Beber en su propio pozo., CEP, Lima 1983.
Nos referimos a Santiago. Lectura latinoamericana de la epístola., DEI, Costa Rica 1985.
Cfr. ALONSO SCHOKEL-FLOR SERRANO., Diccionario determinología bíblica, Cristiandad, Madrid l979, p. 57.
Se llama así en la exégesis alemana a los catálogos familiares de deberes, una especie de lista de obligaciones de buen ciudadano, que eran difundidos por los filósofos, especialmente estoicos. Algo parecido encontramos en algunas cartas paulinas y en l Pe 2,11-3,22.
Para el origen de la parénesis ver el artículo de LOHSE E., Paränese und Keygma im Erste Petrusbrief., ZNTW 73 (1954) 68-89, que conserva toda su validez.
Por ejemplo, BROWN R., Synoptic parallels in the epistles and form-history., NTS 10 (1964) 27-84; BEST E., 1 Peter and the gospel tradition., NTS 16 (1969-70) 95-113.
He tratado con detenimiento este texto en LUGO RODRÍGUEZ R.. El verbo HYPOTASSEIN y la parénesis social de 1 Pc 2,11-17., Ef Mex 9/25 (1991) 57-70. Aquí mencionamos sólo algunas de las conclusiones.
El mismo tema está tratado en Rom 13,1-7; y Tim 2,1-4; Tito 3,1-2.
Cfr. ThWNT-Kittel., Vol III, art. HYPOTASSO, pp. 39-40.
FABRIS R., Lettera de Giacomo e 1a. di Pietro., EDB, Bologna-1980, p. 209.
Cfr. LUGO RODRÍGUEZ., Op. Cit, p. 64.
Ver la nota de la Biblia de Jerusalén a zpe 3,10.
Cfr. COTHENET E., Les êpitres de Pierre., Cahiers Evangile 47, Ed. Du Cerf. París 1984.
Este mismo mensaje fue asumido por el Concilio Vaticano II en G.S. 39.
Sobre lo que el pastor (intelectual) puede apostar al pueblo (masa), puede verse el magnífico libro de GÓMFZ HINOJOSA J.F., Intelectuales y pueblo., DEI, Costa Rica 1988
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