www.claiweb.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

 

LA ORACIÓN FUERTE DEL LAMENTO Y LA RESISTENCIA DEL PUEBLO DE DIOS

Un ángulo de abordaje del libro de los Salmos

 Marcelo de Barros Souza

Resumen

En varias regiones de nuestro continente los grupos de cultura negra prestan diversos servicios, los indígenas tienen «chamanes». Tradiciones antiguas del catolicismo popular hablan de bendiciones y «oraciones fuertes». En la Biblia, los Salmos son oraciones fuertes para la comunidad creyente que puede recurrir con confianza y fidelidad al Señor Dios y a su Alianza.

 

1.         Invitación a una lectura orante

Por toda América Latina, para nosotros, que a partir de la caminada de las comunidades, buscamos conocer y seguir siempre más la Palabra de Dios, vivida en la fe del pueblo, RIBLA ha sido una herramienta fundamental para el trabajo. En ellas nos encontramos como compañeros y compañeras de estudio bíblico, personas de varios países de Iglesias diferentes. Celebrando esta gracia quiero en estas páginas de RIBLA, conversar con ustedes sobre los salmos, como fuerza del pueblo creyente. Invito a ustedes que me están leyendo, para que meditemos en la naturaleza e intensidad de la oración contenidas en los muchos salmos de súplica individual y colectiva, que forman la mayoría del salterio bíblico. Propongo esto pensando en la fuerza de resistencia de nuestros pueblos latinoamericanos y especialmente en las muchas comunidades cristianas populares que en los últimos años han redescubierto los salmos en la oración individual y en el culto. Así como ha ocurrido con nuestras comunidades de base, ciertamente un buen método para entrar aquí en este tema, es dialogar con los salmos en su propio universo que es el de la relación amorosa con el Señor. Haciendo una lectura orante entramos en el espíritu más profundo del libro y no sólo en el contenido intelectual de sus términos. Desde 1962, tengo la gracia de tener a los salmos, como elemento central de una oración diaria. Fue rezando que conocí y aprendí a amar a los Salmos y a recibir de ellos fuerza y valentía en las horas difíciles de la vida.

En el inicio de esta meditación, ¿qué podemos rezar? Desde el siglo III, diariamente, muchas comunidades cristianas se encuentran al menos de mañana, de tarde y al mediodía para cantar los salmos y es en la comunión de esas Iglesias, que alaban e interceden al Padre en nombre de Jesús, que ahora podemos revivir en nosotros, la invocación sálmica, con la cual desde los siglos antiguos, en el occidente se inician los oficios. En Brasil, las comunidades populares cantan así: «Ven, mi Señor, ven a ayudarme, Ven y no demores en atenderme». (Salmo 70, 2)

 

2.         Algunas experiencias de la caminada

Desde algunos años, formo parte de un grupo de pastores, liturgistas, compositores, mujeres y hombres que han traducido los Salmos en lenguaje y melodía brasileñas. Así, ayudamos a las comunidades del pueblo, a usar los salmos en sus oraciones. De allí hasta ahora vi y estudié muchos ejemplos de cómo los salmos han ayudado a expresar la oración más profunda de los creyentes y cómo esta oración ha sido instrumento de resistencia de las personas y comunidades.

Hace ya algún tiempo, todavía no habíamos hecho esta experiencia de los salmos traducido en lenguaje del pueblo, en los años 70 la policía de la dictadura militar, tomó preso a un amigo mío, profesor de Historia en un curso secundario de Recife. Después de la experiencia, él contaba que en el momento más difícil de la tortura, para sacarle nombres de posibles compañeros, él só1o consiguió recordar los versículos que cantábamos en nuestras Misas de sábado en la noche y eran del Salmo 23. Repitiendo este salmo, él resistió a un sufrimiento que él nunca habrá pensado, que sería capaz de soportar y vencer.

El desierto de Nordeste, un grupo de labradores sin tierra había acordado ocupar una hacienda incultivada (1982). Fijaron para las dos de la madrugada de un determinado día. Pero sin que se supiera cómo aconteció la noticia parece haberse corrido que había peligro de violenta represión. La comunidad se dividió. Algunos preferían postergar, pero otros argumentaban que si desistían en aquel momento, difícilmente tendrían la misma oportunidad después. Hicieron entonces una votación y el resultado fue que deberían entrar en la tierra. Pero todos sentían en el aire el miedo y la duda.

Alguien ató dos varas en Cruz, otra persona tomó en las manos una Biblia y otra entonó un canto que habían cantado el domingo anterior:

«Dios se levanta, donde están los enemigos,
en su presencia perecen los iniquos,
son como humo que desaparece,
son ser en el fuego que luego se derrite».
 (versión cantada del Salmo 68, 2-3).

Con el canto de este salmo, emprendieron la aventura de la ocupación y nadie se quedó atrás. No hubo en aquel primer momento ninguna represión. Ella ocurrió algunos días más tarde. Entonces la comunidad retomó el salmo. Algunos del grupo habían participado de un cursillo sobre la lucha por la tierra en la Biblia. Habían aprendido que, según la Biblia, cuando los antiguos hebreos marchaban para conquistar la tierra «que el Señor les había dado», ellos iban cantando este salmo (Cf Nm 10, 35). Así el salmo pasó a ser el himno del campamento.

Desde que las traducciones y melodías con los salmos se expandieran por todo Brasil, he escuchado muchos ejemplos de cómo la oración de los salmos han fortalecido la resistencia de los labradores y de las comunidades de la periferia. No quiero transformar esta conversación en simple relato de estas historias. Propongo que veamos como esto ocurre para el pueblo de Israel, desde el inicio y por toda la historia del uso de los salmos en las comunidades judías. En este sentido, tal vez antes de abrir la Biblia, vale la pena referirnos a dos testimonios de hoy. Refiriéndose a su pueblo (judío), André Chouraqui afirma: «nosotros nacimos con este libro en las entrañas» .

Lo que el canto de los salmos representa para las comunidades del pueblo de la primera alianza, podemos sentirlo más aun en este conmovedor testimonio sobre los judíos, prisioneros de los nazis:

«Hace solamente cincuenta años, en vagones blindados hombres y mujeres eran llevados para Auschwitz, con el fin de ser exterminados allá. Pero en aquellos trenes, ellas y ellos se recusaban a renegar de su humanidad y cantaban en los salmos su fidelidad a Dios. Quién de nosotros, judíos y cristianos, no tenemos dolores profundos, o alegrías inmensas en lo oscuro de la noche en un cuarto oscuro o en la radiante luz del mediodía. Delante de la inmensidad del horizonte, quién es la persona creyente, que no haya sentido la necesidad de abrir su salterio y gritar para Dios, con las palabras apasionadas y nunca sobrepasadas, que la Biblia atribuyó a David» (Collette Kessier) .

3.         Las más antiguas historias de la Biblia y los cantos de guerra

Cuando, en el cine o televisión aparecen luchas corporales del Oriente, vemos que a la hora de defenderse, o atacar, los luchadores sueltan un gran grito. Parece un rugido de animal y tiene una doble función. Libera la respiración, estimulando el valor de los guerreros y al mismo tiempo, asusta al enemigo, infundiéndole terror. Pues bien: como los pueblos antiguos, también Israel tenía sus gritos de guerra (Cf. Nm 10.9 y 1 Sm 17, 52).

Antiguamente era común que el pueblo pensara que tal palabra gritada en el combate, o cantada en la guerra, tenía más fuerza que otra. Por ejemplo, los cantos y gritos más poderosos e importantes se guardaban en secreto. En varios salmos bíblicos, hay alusiones al «Teruá», un grito de guerra, más o menos mágico que se tornó un ¡hurra! de victoria y al mismo tiempo de alabanza a Yavé. El Dios de los hebreos considerado el Vencedor, (por ejemplo: «Ven, alabemos de alegría en el Señor, gritemos Teruá al *Rochedo* de nuestra Salvación, presentémonos delante de Él con acciones de gracia, a Él aclamemos Teruá». Este mismo grito que de los campos de batalla pasó al culto, al Dios Vencedor, lo encontramos en los Salmos 47.2,60.10,65.14,66.1,81.2,98.4 6; 100.1 y en varios otros textos bíblicos).

Salí por la Biblia, corriendo atrás de las referencias, en las cuales se puede descubrir el uso o la función de un salmo en luchas y situaciones de resistencias de las comunidades y de los amigos y amigas de Dios. Generalmente, los estudios exegéticos confirman que los más antiguos textos bíblicos de los cuales tenemos conocimiento, son cánticos de alabanza a Dios y de agradecimiento por la victoria en guerras de liberación y resistencia del pueblo contra sus enemigos. La mayoría de estos cánticos están atribuidos a mujeres profetizas y líderes del pueblo. Uno de los más antiguos es el canto de Débora (Jz 5.1-31) Según la Biblia de Jerusalén, fue compuesto poco después de los acontecimientos a que se refiere: la victoria del pueblo liberado por Débora y Barac contra los cananeos. El canto celebra la fe de que el propio Señor lucha contra los enemigos de su pueblo (v 20.21.23). Otro cántico de la misma naturaleza y que en la historia se volvió todavía más importante, es el cántico de Moisés y Miryam después de la travesía del Mar Rojo (Ex 15). Es el primer canto del Antiguo Testamento que las comunidades cristianas usan como salmo (Cf. Ap. 15,3). Podríamos recordar todavía el canto de Ana (1 Sm 2,1-10), composición de tipo sálmico ciertamente de la época monárquica, que traduce la esperanza de los pobres.

Tal vez alguien diría que estos ejemplos que di son más de cánticos de victorias ya obtenidas que de resistencia. Eso es verdad, pero justamente estos cantos sirvieron como experiencia fundante para que en otros momentos y situaciones de peligro, el pueblo lo citase para pedirle al Señor repitiese en aquel nuevo momento, la intervención salvadora que hiciera en el Éxodo y en el tiempo de la conquista de la tierra. Así, un salmo como el Sal 86, que es una súplica por la protecci6n de Dios, hecha tal vez antes de la guerra con los macabeos, retoma la palabra del cántico del Éxodo:

«Entre los dioses, no hay otro como Tú,
nada que iguale a tus obras» (Ex. 15,11 y Sal 86,8)

Otro ejemplo es el salmo 74, lamentación colectiva después de la destrucción del templo. En este lamento, para alegar y quejarse al Señor, por haber rechazado al pueblo «que era el rebaño de su pasto», el salmo se refiere al cántico del Éxodo: «Recuerda a tu asamblea, que adquiriste desde el origen, la tribu que redimiste como tu herencia...» (Sal 74,2 y Ex 15,17).

Ahora bien, una experiencia que todos nosotros tenemos con las comunidades, es como una de las formas más comunes que el pueblo tiene de fortalecerse en las luchas, es cantar como si la victoria ya estuviera segura. Aún experimentando fracaso y dificultades, las comunidades cantan y gritan: «El pueblo unido jamás será vencido». Es el acto de fe.

En la Biblia encontramos esta misma sensibilidad de los pobres. Ciertamente en la Biblia, el pueblo de Dios va más allá de la porfía de Thiago de Mello, el poeta brasileño, quien escribió: «Está oscuro, pero yo canto». En el libro de los salmos descubrimos situaciones terribles. Lutero escribía: «Donde podría encontrar palabras de aflicción, más lamentosas y angustiantes que en las que se encuentran en los salmos de lamentación? Ahí podrán leer en el corazón de todos los santos…, como todo se vuelve oscuro delante de la terrible cólera de Dios.

Entretanto, la comunidad salmista parece siempre decirnos: «Esta oscuro y por eso mismo yo canto». Si ustedes encuentran que es exageración, miren los muchos salmos de súplica y lamento. La situación descrita es la de angustia, sufrimiento y opresión, pero la comunidad que canta basa su lamento, o su grito en la confianza de salvación que el Señor le da.

 

4.         «La tristeza no tiene fin, la felicidad sí…»

Así cantaba Vinicius de Moraes, en la música popular brasileña de los años sesenta. Pero la impresión que los sufrimientos son una porción más grande que los pedazos de alegría que trae la vida, el pueblo oprimido ya los tenía en los tiempos bíblicos. Podemos reencontrar los recuerdos y expresiones de esta experiencia, sea en el libro de lamentaciones, sea en el Eclesiastés (Qohelet), sea en Job y en otros libros, que reflejan los sufrimientos de Israel, principalmente a partir del siglo V antes de Cristo. Pero donde estos lamentos toman mayor fuerza de oración y reciben la fuerza de la esperanza, es en el libro de los salmos. En él la lamentación que da el tono a la mitad de los 150 salmos, asume el carácter de súplica y de una tal esperanza amorosa, que el lamento se vuelve resistencia y camino de victoria.

Cuando comenzamos la experiencia del oficio de las Comunidades, algunos compañeros de caminada cuestionaron varios de los salmos, que proponíamos, por causa de la melodía. Les parecían un tanto triste y el ritmo no facilitaba que las comunidades los cantasen, danzando y haciendo fiesta, como es la costumbre en los encuentros de caminada. Personalmente me preocupé con esto, y en varios casos estuve de acuerdo con las críticas. Era necesario valorizar la manera propia de los pobres que, del dolor propio son capaces de jugar y hacer fiesta. Pero conversando con varias personas de comunidades, constaté que los cantos que más sabían de memoria y repetían en sus oraciones, eran: «Del fondo de mi penar, llamo por Ti, Señor, escucha mi clamor» (Sal 130) y «Yo levanto mis ojos para los montes, preguntando quien me quiera ayudar» (Sal 121). Lo primero es cantado en un tono que mezcla el «fondo del abismo» en el refrán, con una tonada más animada en los versículos. En el Centro oeste de Brasil, el salmo 121 es cantado con una melodía del más conocido bendito de los romeros del Divino Padre Eterno.

El refrán popular confirma: «Quien canta, sus males espanta». En Brasil podríamos recoger muchos cantos de los oprimidos, que espantan sus males, a través, del acto de cantar. Hace algunos años atrás, Clementina de Jesús grabó un disco con los cantos de los esclavos (DiscoBan). Hay investigaciones sobre canciones de los cortadores de café en el sur de Bahía, cantos de los plantadores de cacao y loas de los negros del este de Minas. Aun en las paradas comerciales del mercado, la música campestre, a pesar de ser algunas machistas, o expresar prejuicios sociales, casi todas se ríen con el sufrimiento de la vida y a pesar de los pesares, transforman el dolor en cántico de comunión humana. Esto se constituye como una manera bien específica de orar. Para entrar en el mismo espíritu, vale la pena comprender bien lo que caracteriza esta manera de rezar de los salmos de la Biblia.

 

5.         «El corazón tiene razones, que la razón desconoce»

Es este proverbio del pueblo que me viene a la mente, cuando pienso en las diversas interpretaciones, con las cuales los exégetas intentan comprender los salmos. No sé si existe algún otro libro de la Biblia, sobre el cual se haya analizado y deducido cosas tan diferentes y al mismo tiempo sin ninguna conclusión definitiva. Ciertamente hay estudios que son casi unánimemente aceptados. La Escuela de la Historia de las formas y la contribución de H. Gunkel, al inicio de este siglo ayudó mucho a que comprendamos los salmos, agrupándolo en diversas familias, o género literario.

Aun si se renunció a la pretensión de una clasificación muy exacta, se consiguió unificar más la investigación sobre fuentes literarias como el estudio sobre el enraizamiento histórico de los salmos. Los descubrimientos sobre el origen y el contexto vital de muchos salmos hoy son comunes. Ya nadie piensa que la mayoría de los salmos son de David. Descubrimos salmos que vienen de antiguos himnos cananeos, o egipcios (por ejemplo: Sal 19A, 29 y el 104). A pesar de que algunas cosas quedan abiertas, hay un cierto consenso de que el contexto vital de la mayoría de los salmos, es el culto, y particularmente el culto post-exílico en el templo restaurado y en las sinagogas. Era una época, en la cual los judíos dependían políticamente del Imperio persa. Su única y verdadera autonomía era religiosa por eso su identidad como pueblo de Dios, dependía mucho del culto. Así la resistencia religiosa y cultural de Israel se organizó en torno al templo y los sacerdotes. Como mucha gente del pueblo ya vivía fuera del país, en la dispersión, la asamblea local de cada ciudad, más tarde llamada sinagoga, agrupaba a comunidades en torno a escriba, o rabino, que era para ello, lo equivalente a nuestro agente de Pastoral; laicos comprometidos, que enseñan la Biblia y coordinan el culto de la Palabra de Dios. En las sinagogas no eran permitidos los sacrificios de animales, como se hacía en el templo de Jerusalén. Por eso, fue en las comunidades y sinagogas, que los salmos asumieron una importancia cada vez mayor. Sin los antiguos sacrificios, el canto de los salmos pasó a representar la ofrenda de la asamblea, que a través de las palabras del salmo, así renovaba la alianza con el Señor Dios.

El culto en el templo, o el uso de los salmos en las sinagogas, aparentemente no era diferente de las oraciones de los pueblos vecinos de Israel y de otros cultos en el antiguo oriente. Si leemos la mayoría de los salmos, podemos encontrar en ellos, contenidos semejantes a los cultos extranjeros. En la mayoría de las religiones, la oración ritual siempre tenía tres elementos fundamentales: el pedido, la alabanza y la promesa (el voto), o en muchos casos, los oráculos, cuando el pueblo venía a consultar a las pitonisas o sacerdotes. Estos elementos se encuentran, más o menos, en las oraciones del antiguo Egipto, en Asiria y Babilonia, como en el culto persa como después en los cultos greco-romanos. Pero, si observamos bien los salmos, descubriremos que estos componentes religiosos comunes se encajan, o no, de acuerdo con la capacidad de expresar o confirmar la alianza del Señor con su pueblo. Esta relación entre los salmos y la Alianza es tan fuerte que, hace algunos años atrás, algunos autores creían que varios salmos provienen originalmente de rituales solemnes y propio de renovación de la alianza. Así un exégeta alemán (A. Weiser) suponía que en los tiempos bíblicos, había en Israel, una fiesta anual de Alianza. Otro (Mowinkel) sitúa los salmos en el contexto de una fiesta anual de entronización de Yavé como Rey. Estas tesis fueron muy discutidas pero nunca pasaron de hipótesis. La Biblia no trae ninguna alusión a estas fiestas. Sin llegar a estas exageraciones, M. Mannati clasifica salmos como el 50 ó el 78 y otros 14 con el título de «salmo ritual de la alianza».

De cualquier manera, es importante que tengamos siempre presente que la oración del pueblo de Dios siempre se dio en tres niveles:

1.       el círculo familiar,
2.       la comunidad local, sea un santuario del interior en el tiempo del pre-exílico, sea más tarde la sinagoga,
3.       el templo y las fiestas nacionales.

Realmente podemos reconocer en el salterio, oraciones e himnos, cuyo origen viene más de la mente familiar, o del culto en un pequeño santuario del norte, o claramente de la liturgia de la fiesta de la dedicación del templo.

Parece que por el estilo y por el contexto social que los textos, en general suponen, los salmos de súplica individual, que aquí nos preocupan especialmente, tuvieron su origen en la oración y devociones del pueblo de la tierra en los santuarios del interior, siendo después asumidos por las sinagogas.

Este hecho no se explica de una manera meramente lógica. Podría haber ocurrido lo contrario del culto: haber quedado más distante del sufrimiento del pueblo y eso se dio en el caso del templo. Pero estas contradicciones, o movimientos dialécticos se entienden mejor con el corazón que con la razón. En este sentido cultivando afectuosamente las palabras de los salmos, encontrándome con el movimiento contemplativo con su relación con el Señor, percibo el sufrimiento y la resistencia del pueblo más pobre que de la marginalidad religiosa, consiguió colocar su palabra, como palabra de Dios y expresión más oficial del culto de la alianza. Creo profundamente que la historia de esta evolución de los salmos, está realmente ligada al modo cómo en cada etapa de la historia, las comunidades del pueblo de Dios... celebran la alianza.

 

6.         La fuerza propia de una súplica hecha en la intimidad de
la Alianza

No es el caso ahora de describir la evolución de la teología de la Alianza en el Antiguo Testamento. En los primeros tiempos, la «berit» era un acuerdo militar, o estratégico entre tribus y clanes y en el caso de Israel, era una alianza hecha en Yavé, o sea, en nombre de Él. Lo tenían como fiador, pero no se veía tanto como una relación directa con el Señor. La teología de la Alianza, como suponemos aquí, es post-exílica y reciente. Pero, quien ora y medita los salmos, percibe en muchos de ellos los movimientos de ofrenda y sacrificio de alabanza, y de acción de gracias, o de súplica basada en una confianza en una tal relación personal con el Señor, que podríamos decir que primeramente el pueblo de Dios oró y vivió la espiritualidad o la mística de la alianza y só1o después de mucho tiempo, la reflexionó y la expresó racionalmente. Esta dimensión de los salmos contiene también una gran subversión en la visión de Dios que el judaísmo desarrolló. Para que veamos mejor esto, basta recordar como debería sonar una oración, en la cual el orante dice: «hice callar y reposar mis deseos, como un niño desmamado en brazos de su madre». (Sal 131,2)

Está claramente sub-entendido que se trata de los brazos de Dios.

Recordemos todavía salmos, en los cuales se pide ver el rostro de Dios (por ejemplo, Sal 27,8-9) a través, de los salmos, fue surgiendo una nueva comprensión de la relación de Israel con el Señor. De cierto modo ese es un camino universal. San Basilio decía: «Así como somos bautizados, así debemos orar».

En la misma línea San Agustín enseñaba: «Me dices cómo oras y yo te diré cómo debes creer». Es lo que decimos en la teología de la liberación al afirmar que el pensamiento teológico latinoamericano es primeramente una espiritualidad y sólo después una teología.

Pienso, por ejemplo en la religión popular brasileña. Muchas veces la formulación de la creencia no es clara, o contiene conceptos que consideraríamos menos bíblicos. Pero cuando vemos los signos, gestos y símbolos, como las palabras de la oración, descubrimos esta dimensión de una relación amorosa con el Señor, que la Biblia llama Alianza.

Comprender y rezar los salmos, como palabra de renovación de la alianza me ayudó a comprender mejor lo que caracteriza un salmo en la oración y hasta la diferencia que podemos ver entre un salmo y cualquier otro cántico, o poema bíblico.

La distinción entre un cántico bíblico y un salmo no existía en las etapas primeras de la historia bíblica hasta los tiempos de la fijación del salterio (siglo III y II A.C.). Salmo sería simplemente un cántico acompañado del instrumento musical llamado «salterio». Después, poco a poco, el instrumento musical pasó a designar un género de cántico. Hasta hoy, en general el pueblo usa la pandereta, o el acordeón para música más animada y acompaña con otros instrumentos de cuerda, los momentos más nostálgicos, o solemnes. Si recorriéramos los títulos hebreos de los salmos, no conseguiríamos darnos cuenta de un estilo, contenido o línea único para designar cuando un poema, aun incluido en el libro del Salterio recibe el titulo de Salmo. En el Salterio hay 57 que tienen el título: «mizmor» (salmo). Entre ellos hay cántico penitenciales de procesión litúrgica, como el Sal 15 y el 24, que tiene este titulo. Hay otros que reciben el título doble de salmo y cántico (65 y el 68), pero es cierto que la mayoría de ellos tienen el contenido de súplica individual. La persona orante describe una realidad para ella angustiante, entonces, confiante se dirige directamente al Señor (Ej: Sal 13,4,5,6,12,13,22,51, etc.).

Hay muchos salmos en este estilo de «quinae» (lamento) a primera vista, como ya dije, ellos se parecen a un tipo de oración, a través de la cual hasta hoy en las diversas religiones los pobres suplican protección a Dios. Pero mirándolos de modo más profundo podemos percibir que en ello, la nota dominante no es tanto la queja o el lamento. Es la confiante certeza de que la situación, por peor que esté, puede ser cambiada y la persona siempre puede valerse de un arma: la promesa del Señor, que es fiel a su Alianza.

Fue justamente comentando los salmos, que San Agustín decía lo siguiente: «Podemos contar con el Señor, como siendo el más fiel de los deudores. Nosotros no le damos, o prestamos nada y lo tenemos como nuestro deudor. ¿Cómo? ¿A qué título? ¿Por qué? Por causa de su Promesa. Nosotros somos fieles a Dios, si creemos en la promesa. Dios es fiel porque cumple con nosotros su promesa. Nosotros no podemos rezar: «Danos lo que te prestamos, sino siempre podemos pedir: danos lo que prometiste».

 

7.         Celebrar la alianza en medio de los conflictos

Cuando vemos una comunidad religiosa bien establecida orando, o cantando la mayoría de los salmos de la Biblia, no nos damos cuenta de las situaciones increíbles que estos salmos originalmente retratan. En Brasil mucha gente conoce una adaptación del Sal 139, muy apreciada por los movimientos de tipo carismático: «Tú me conoces, cuando estoy sentado, Tú me conoces, cuanto estoy de pie».

Las personas cantan entusiasmadamente: «Para dónde iré, para dónde huiré», pero como si se tratara de un conflicto sentimental religioso que recuerda la vida individual de la persona no convertida, en contraposición a la vida de piedad. Pero, como bien escribía el Padre Ivo Storniollo, el salmo 139, como tantos otros de pobres perseguidos, retrata la realidad de una persona perseguida, acusada injustamente y sobre la cual puede todavía caer una condenación a muerte. Entonces, el pobre va al templo del Señor a implorar por el socorro y por la intervención salvadora del Señor. El salmo dice: «Señor, Tu me investigas y me penetras» (es una expresión mucho más fuerte que «Tu me conoces»). Al rezar eso, el salmista está quejándose y no alabando a Dios por estar siempre con El.

La tradición judía atribuye el salmo 3 a David, cuando huía de su hijo Absalom. Pero la realidad descrita es de un cerco militar. Y justamente los enemigos basan su fuerza en el hecho de que «Dios nunca va a salvarlo» (v. 3). Pero el pobre perseguido grita confiante: «Levántate Yavé, sálvame Dios mío. De ti viene la salvación y la bendición para tu pueblo». (v 8-9).

Los salmos 6, 38 y varios otros revelan una persona muy enferma, ciertamente leprosa, considerada pecadora y condenada por la comunidad.

Estos salmos, que la tradición cristiana juntó como penitenciales, piden al Señor cura y perdón: «Vuélvete, Señor libérame, sálvame por tu amor» (S 16,5).

«Ven a socorrerme rápido mi Señor, mi salvación» (S 38,23).

En este grito por los salmos por la salvación, hay una actitud de confianza y una reacción de resistencia del pobre. Varios de los versículos contienen una plaga, o una maldición. El salmo lo dice: «Apartaos de mí, malhechores todos», el texto original dice: «pô ‘allen ‘awen» (realizadores de lo que es vano). Conforme algunos estudiosos, se trataría de personas que armaban maldiciones contra el pobre, o lo herían con la palabra. El salmo 59 contiene una anti-maldición. (v13ss)

Hay salmos, cuyo origen fue la oración de un pobre, ciertamente labrador, que en un santuario del interior gritaba: «Levántate, Señor,... tu mano, no te olvides de los pobres». (Sal 10,12). Hay otros, en los cuales el pueblo oprimido lamenta: «Tú nos entregaste como ovejas de corte, tú nos dispersaste entre las naciones» (Sal 44,12). Hay salmos de los peregrinos que venían al templo para pagar promesas y hay otros en los cuales se recuerdan victorias de los reyes.

La expresión o palabra que aparece en todos estos salmos es el término «Salvar». El verbo proveniente de la raíz hebrea «Y S H» con sus variantes aparece más en el libro de los salmos que en cualquier otro escrito bíblico. Por ejemplo, de todos los libros de la Biblia, el libros de los jueces es uno de los que más utilizan esta expresión y la emplean 21 veces. Pues bien, en el libro de los salmos este verbo aparece 326 veces.

Tal vez vale la pena mirar en nuestras diversas traducciones de la Biblia, cómo aparecen estos términos en portugués. Por ejemplo, en el Salmo 98, la traducción de varias de nuestras Biblias trae «su diestra le trajo a la victoria». El Señor hizo conocer su victoria. Es una traducción lamentable porque la expresión correcta sería salvación, o sea, la acción de Dios fiel a la alianza que viene a liberar, y en este sentido a darnos la victoria. Pero ella tiene un sentido propio y más profundo. Salvar es más que socorrer o ayudar. En cualquier religión o una relación humana común, cualquier persona puede gritar por «socorro» o puede pedir ayudar a otra, o en el caso de oración a Dios. Pero sólo alguien envuelto en la relación de la alianza puede invocar la salvación y gritar «Sálvame». Cuando un salmo dice: «Tú eres el Dios de mi salvación», no podemos traducir simplemente por «Dios de mi socorro».

Salvación y Salvador son en los salmos dos términos que designan el propio modo de ser del Señor, nuestro Dios «Tú eres mi Salvador y mi Dios» (Sal 41,7). «Eres el Dios de mi salvación» (Sal 25,5). «EI Señor es la roca salvadora, fortaleza de salvación» (Sal 31,3) «Dios da nuestra salvación, por la gloria de tu nombre» (Sal 78,9). No necesitamos entrar en los términos del rescate y del papel del Señor, como defensor del pueblo (Go' el) y así también podemos percibir en los salmos de súplica, que la Salvación es el máximo de todo lo que más específico y propio, podemos pedir al Señor: «Restitúyeme la alegría de tu salvación» (Sal 51,14). «Me confío en tu misericordia, que tu corazón pueda alegrarse con tu salvación». (Sal13,6) «Suspiro por tu salvación y tu ley hace mis delicias» (Sal119,117).

Ciertamente no es por casualidad que uno de los salmos más conocidos y requeridos por nuestro pueblo es el salmo 91(90). Y frecuentemente encontramos este salmo escrito en las paredes de las casas. Nuestras comunidades lo cantan, en la bella versión de Reginaldo Velloso, tomando justamente como refrán el último versículo del salmo: «Cuando llames yo atenderé, en la aflicción con él estaré, liberaré, glorificaré, mi salvación yo le mostraré».

Parece que las palabras de este salmo se referían en el inicio al caso de un peregrino perseguido, que se refugió en el templo y consultó al Señor sobre su suerte. El Señor respondió con esta promesa de salvación. Más tarde, todavía en el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios interpretó estas palabras, como refiriéndose al Mesías, por eso que según Mt 4 y Lc 4, Satanás usa un verso de este salmo para tentar a Jesús a usar su poder religioso en provecho propio. Lo que está en cuestión en todo eso, es el concepto de salvación que es fundamental en éste y en todo los salmos.

La salvación bíblica es la relación de vida y protección dada por el Señor y es justamente ligada al título de Rey dada por Javé, por el cual Él se compromete en salvar a su pueblo. En este sentido es la «roca de nuestra salvación» (Sal 95,3; 89,27 y 29) «Tú eres mi Rey y mi Dios, que decidías la salvación de Jacob» (Sal 44,5). La súplica puede así apoyarse en la alabanza. Hay salmos, que se inician por la alabanza y después desembocan en lamentación y súplica. Es el mismo movimiento de confianza: la certeza de que el Señor es fiel y cumple con nosotros lo que prometió. Eso hace que el grito de súplica por la salvación ya pueda venir junto con el agradecimiento. (Sal 22,23; 40 y otros). Por lo demás es también lo que vemos a Jesús vivir en términos de oración. El dio gracias al Padre, delante de la tumba de Lázaro, cuando Lázaro ahí todavía estaba muerto. Antes aún de ver atendida su oración. Él ya agradecía: «Te doy gracias, Padre, porque siempre me oyes» (Cf Jn 11,41).

Es ésta la raíz de resistencia y de la fuerza de lucha de las personas que rezan los salmos. Los salmos expresan nuestros dolores, nuestras fragilidades, nuestras angustias y nuestros temores. Pero traen también en ellos la fuerza de la alianza de Dios, que es el Defensor de los pequeños y el Liberador de las personas oprimidas. Por eso, cada vez más el pueblo de las comunidades se liga con los salmos.

San Agustín dice: «Si el salmo pide, pide con él, si el salmo gime, gime también, si él espera, espera profundamente y si él expresa temor, deja que suscite en ti este temor. Todas esas cosas que allí están escritas, son espejos de nosotros mismos. Es el propio Espíritu que ora en ti».

8.         Bendigamos al Señor

En varios ritos litúrgicos de occidente, desde siglos antiguos, la persona que coordina un oficio, o canta, lo termina diciendo: invitación «Bendigamos al Señor». A primera vista, puede parecer extraño que se haga esta invitación al final del culto y no al inicio. Pero él se refiere al deseo de que la comunidad, habiendo escuchado la Palabra del Señor y recibido la fuerza que viene de la oración, vuelva al compromiso en la vida de cada día y transforme cada momento del día y de la noche en un continuo bendecir al Señor.

Esta costumbre litúrgica se me viene a la mente, ahora que termino estas páginas de meditación de los salmos, como oración fuerte de resistencia del creyente. Ciertamente ustedes conocen, o ya oyeron hablar de algunas oraciones que en ciertos ambientes de la religión popular brasileña, son consideradas como oraciones fuertes. Hace años atrás, los grupos que unían tradiciones del catolicismo, con antiguas costumbres, de feticheras, hablaban de la «fuerza mágica» de la oración de San Cipriano, o la llamada «Oración de la Cabra Negra», que en medio de sus palabras contenían lo que llaman «Credo al revés» o negación del Credo. Estas oraciones son consideradas «fuertes», porque tratan con fuerzas secretas. Para los antiguos cristianos, el Credo tenía un valor especial. Un día, yo estaba celebrando la eucaristía dominical tenían lo que llaman «Credo al revés» o negación del Credo. Estas oraciones son consideradas «fuertes», porque tratan con fuerzas secretas. Para los antiguos cristianos, el Credo tenía un valor especial. Un día, yo estaba celebrando la eucaristía dominical en un capilla de barrio popular. Después de la comunión, un hombre entra a la Iglesia y sin que nadie espere, dispara tres tiros a otro y viene en dirección al altar, tirando para lo alto. Intenté calmar al pueblo para ver qué hacer. Una viejita a mi lado habló: «Padre, comience a rezar en voz alta el Credo en Dios Padre». Obedecí inmediatamente y vi que luego todos en la Iglesia me seguían. Poco a poco, controlamos la situación de pánico que se había creado.

Esta noción de oración fuerte puede ser mágica y en este sentido pagana. Pero tiene un aspecto humano y comprensible. En la relación de las personas cuando conocemos bien a alguien, sabemos cuál es la manera más adecuada de abordar a la persona, o cómo podemos alcanzar de la persona lo que queremos. Es como si cada uno tuviera un punto débil y en la relación afectiva, la gente aprendiera a tratar con eso.

Tal vez parezca extraño, pero nuestro Dios tiene un punto débil y si la persona cree, siempre puede vencerlo, como Jacob venció al Ángel al pedir la bendición (Cf Gn 32). Es en este sentido que los salmos son nuestra oración fuerte. Ellos celebran al Señor su promesa e invocan la Alianza de amor que él hizo con nosotros.

En la tradición del catolicismo popular, los salmos no son conocidos como oraciones fuertes. Sólo en los últimos años con la experiencia de las comunidades de base y el hecho de que la Biblia se haya vuelto más accesible al pueblo, y que floreció de nuevo este amor a los salmos. Le gustan más los salmos y lo reza siempre, quien une la fe con la vida y la lucha del pueblo.

Sin conocer la Biblia, como también sin ligar la fe con la lucha por la justicia, al pueblo no le puede gustar los salmos. En los primeros siglos era así. San Basilio de Cesarea cuenta en una de sus cartas, que quien pasara por la ciudad en medio del día, oía trabajadores y obreros cantando los salmos, mientras trabajaban. Un santo de esta mima época (siglo IV), el Abate Filemón afirmó: «Puedo garantizar a ustedes: Dios imprimió en mi pobre corazón la fuerza de los salmos, como ocurrió a David. Sin la dulzura de los salmos, yo no podría vivir. Los salmos contienen todas las Sagradas Escrituras».

En cualquier circunstancia de la vida, aun en medio de los peores conflictos, tenemos que luchar y conquistar hoy nuestra tierra, o nuestros derechos de trabajo y justicia. Así como el pueblo de la Biblia, hoy podemos aprovechar el tesoro de los salmos y en ellos cantar la Alianza del Señor Dios que atiende nuestras suplicas, «por que su misericordia es eterna» (Cf Sal 136).

 

Marcelo De Barros Souza
Caixa Postal 5
76.600 Goiás - Go
Brasil

---------------------


Aquí me referiré a los salmos en su numeración hebrea, usada en la gran mayoría de las versiones actuales de Biblia.

A. CHOURAQUI, en el prefacio a su «El Cantar de los Cantares seguido de salmos. París, PUF 1970. Él retomó este prefacio en su traducción de los salmos D. de Brouwer. 1990.

C. KESSIER. Les Psaume dans la litugie juive, in Lumière et Vie 202. 1991 p. 13 y contra-tapa.

LUTERO, Prefacio al Salterio (1531) citado por G. RAVASI, II libro del Salmi, tomo I EDP Bologna, 1986 p. 49.

STORNIOLLO, I; los Salmos.

JACQUES VERMEYLEN. Ou en est l'exeqèse du Psautier? in Lutniére et Vie 202 torno 42. 1991 pg. 83.

M. MANNATI. LES PSAIJMES 1. Desclée de Brouwer, París 1966, p. 39.

E. GORSTENBERGER. Salmos I. Ed. Sinodal. 1982 p. 42-45.

Basilio De Cesaria. Tratado del Espíritu Santo 67. PG 32, 193A.Sc17, p. 238.

San Agustín. En narraciones in Psalmis sobre el salrno 82.

San Agustín. Ídem 30 em 2 y 3.1).

Abate Filemon. Filocalia 1. 241- 252.

 

 

 

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.