
¿UNA ESPIRITUALIDAD PARA LA MUJER?
Adriana Méndez-Peñate
Para llegar a desarrollar una «espiritualidad femenina de la fecundidad», más que de la «resistencia», propongo una reflexión y acercamiento desde la mujer, a las realidades cotidianas donde «nos movemos, existimos y somos». La espiritualidad, como proceso dinámico de interacción entre el Espíritu de Jesús y mi espíritu, se da en mí, allí donde soy: en las CEBs, y su método, en la organización popular, en nuestra experiencia de lectura bíblica, en la relación con la Madre Tierra.
De todas las definiciones de espiritualidad que he escuchado, ninguna me ha dejado feliz o satisfecha. Para empezar, la misma palabra me pone en guardia, pues suena a dualismos y dicotomías; a ideas y conceptos. ¿Cuál sería el antónimo u opuesto de espiritualidad? ¿Qué sería lo contrario a espiritualidad? ¿Acaso materialidad, corporeidad, carnalidad, o qué?
Hace algunos años una hermana ursulina norteamericana de mi congregación, Bárbara Becnel, nos dio una charla sobre «espiritualidad feminista». Ella tomaba algunas ideas de Lonergan, Reelaborándolas un poco a partir de mi realidad y mentalidad latinoamericana podría entender la espiritualidad como:
- el mundo de sentido, de relaciones o de significados que se va creando en mí a través del proceso dinámico de interacción entre el Espíritu Santo y mi espíritu humano, tal como se va dando a lo largo de toda mi vida. Mi espiritualidad se expresa a través de mis actitudes, palabras, hechos, oración, experiencias; a través de los símbolos, gestos, relaciones, ritos, y en fin, a través de la VIDA misma, que tiene tanto de «material» como de «espiritual».
Mi vida espiritual se da dentro de mí, varón o mujer; está encarnada y por eso es sexuada. Siempre se ha hablado de la espiritualidad y espiritualidades pero, allá en las alturas, en el mundo de las ideas. Se piensa en el «modelo varón» como la medida perfecta de todas las cosas y se olvida lo humano femenino. Al parecer, y basados quizás en el hecho de que «en el otro mundo seremos como los ángeles y no tomaremos esposa o esposo» (Lc 20,34), desde ahora se nos ha encajonado a todas y todos en un único modelo: el masculino. Tenemos «directores espirituales varones», confesores varones, maestros varones. Son los varones los que aprueban o no, lo que las mujeres creemos, pensamos, decimos, escribimos y hacemos. Son ellos, desde el papá hasta el marido, el «padrecito», o el patrón, los que «nos dan permiso». Se nos ha hecho creer incluso que Dios es únicamente Padre y por lo tanto masculino. Quizás por eso la mayoría de las mujeres no sabemos ni quiénes somos, ni lo específico nuestro, ni lo que hay de Dios en nosotros para ofrecerlo a la vida. Quizás esta ignorancia nos ha dificultado desarrollar nuestras potencialidades femeninas que incluyen todas las capacidades y experiencias HUMANAS: físicas, psíquicas, espirituales, morales, afectivas, volitivas, artísticas, científicas, creativas, intelectuales, sociales, culturales, técnicas, económicas, políticas, religiosas, familiares, etc., o sea, la totalidad de nuestro ser humano femenino en todo «lo material y espiritual» que poseemos.
Por todo esto me «resisto» a hablar sólo de «Espiritualidad» y de «Espiritualidad de la Resistencia en la Mujer». Se me hace muy poco. Espero no desentonar mucho dentro del conjunto, por la forma en que quiero abordar el tema que me piden.
Primeramente quiero comentar y cuestionar acerca de nuestro ser femenino, de lo humano femenino. ¿Cuáles son los resortes y fibras íntimas que hacen resistir a la mujer? ¿Por qué puede pasar 18 años encorvada y al momento de recobrar la salud, ponerse a alabar a Dios? (Lc 13,10-17) ¿Cómo es posible que resista tanta marginación, el vivir como impura, y ser capaz de atreverse a tocar a Jesús para encontrar la salud? (Lc 8,43-48) ¿Cómo ha sido posible que, casi como un tesoro escondido debajo de la tierra y oprimidas por 500 y miles de años, exista en nosotros la capacidad de buscar y recuperar nuestra imagen original y el sueño de Dios, su proyecto «del principio» de ser una sola carne con el varón y mostrar «en la unidad de los dos, en la común humanidad» su Imagen y semejanza? (Gn 1,26-3 1; Mt 19,4-6). ¿Cómo es posible que a pesar del trabajo fuera y dentro de casa, y de los reproches del marido, las mujeres tengamos tiempo, medios y ganas de participar en las comunidades y en las organizaciones populares; de tener animo para aprender a leer y así poder comentar la Biblia? ¿Cómo es que hemos podido resistir tanto en «lo material y en lo espiritual»? ¿Cómo es que, poco a poco, nos estamos haciendo mujeres-escribas «entrenadas como discípulas y amas de casa «del Reino» para sacar de lo viejo y lo nuevo...» (Mt 13,52).
Esta capacidad de «mujer-escriba» (léase hoy: «biblista popular») es la que me ha llevado durante más de 20 años a tratar de descubrir nuestro verdadero rostro o imagen de mujer latinoamericana. Y la verdad es que no considero esta imagen como «espiritual», sino muy ligada a la de la Madre Tierra y como ella, muy integradora, fecunda y transformadora. Creo que nos estamos capacitando para poner nuestra levadura (nuestro propio aporte) en la sociedad para que ésta acabe de fermentar y se convierta en «pastel del Reino» (Lc 13,31).
Acabo de elaborar un trabajo para presentar en el seminario: «Voces Ursulinas hacia el Futuro» que se realizará en Cincinnati, Ohio, del 9 al 12 de julio/92. En ella presentaré la Imagen de la Mujer Latinoamericana, a partir de las Comunidades Eclesiales de Base, el método y la Biblia, vistos desde el «lado izquierdo» o femenino. También hice otro pequeño trabajo sobre los 500 años y los Derechos Humanos para un panel en la Universidad Iberoamericana de Puebla. Ahora, como escriba-mujer, sacaré de lo viejo y de lo nuevo. Compartiré lo que me parece que puede servir para tratar de descubrir algunos rasgos de esa interacción entre el Espíritu Santo y nuestro espíritu femenino, que habita un cuerpo también femenino. No me cansaré de decir que como mujeres, enteritas, somos exageradamente resistentes, como todo lo nuestro..., pero no tan sólo eso...
Propongo una reflexión desde la mujer para que veamos, desde nuestra experiencia, a las comunidades, la organización popular, el método, la Biblia, la tierra y por fin, la espiritualidad.
Desde la mujer:
* Las Comunidades Eclesiales de Base y la Organización Popular.
* El método de las comunidades.
* La Biblia.
* La Co-Madre Tierra en estos 500 años de Resistencia.
* La Espiritualidad.
Desde la Mujer: Las CEBs y la Organización Popular
En teorías, y algunas veces en la práctica, las comunidades son modelo, nivel y expresión de la Iglesia. Son centros de comunión y participación donde los laicos, religiosos, sacerdotes, obispos y el Papa tenemos nuestro ministerio. En ellas intentamos una organización fraterna como en la comunidad primitiva de la Iglesia. La integran los pobres en su mayoría y buscamos seguir a Jesús, celebrando nuestras vidas con la lectura orante de la Biblia y los Sacramentos. También, porque son de base, nos comprometemos y trabajamos para hacer que venga el Reino, esto es, el cielo nuevo y la tierra nueva (Ap 21,1). Esto significa que buscamos la organización popular, luchamos y trabajamos en la transformación de las estructuras sociales y queremos Justicia en lo económico; Paz y Servicio en el nivel político; Verdad y Amor en el nivel ideológico (social, cultural, medios de comunicación, familia e Iglesia). Buscamos ser varones y mujeres nuevas en una sociedad nueva; «vino nuevo en odres nuevos» (Mc 2,22).
La organización popular es un instrumento concreto para ir construyendo esa nueva sociedad y para buscar nuevas posibilidades de vida y proyectos alternativos. En la organización popular nos defendemos de los atropellos buscando crear una sociedad justa y humana donde no exista la explotación y donde todos tengamos los mismos derechos y obligaciones. Dentro de esta realidad se empiezan a dar en toda América Latina organizaciones de mujeres y coordinadoras donde pobres e indígenas, desde la fe y como seguidoras de Jesús, se dan la mano.
En Ecuador me tocó colaborar compartiendo la Buena Noticia desde la mujer en el Evangelio de Lucas. Trabajé con algunas de las mujeres que pertenecen a la coordinadora del MCCH. Curiosamente su nombre tiene dos palabras en quichua y dos en español como signo quizás de igualdad y solidaridad: Se llama Maquita Cushunchic Comercializando como Hermanos. Las dos primeras palabras significan «DARNOS LA MANO»...
La mujer también participa en las CEBs. Hay que reconocer que en las comunidades eclesiales de base, en toda América Latina la presencia femenina es mayoritaria. Aunque nuestros hermanos sacerdotes lo resisten y lamentan la ausencia del varón, la realidad es que casi sólo cuentan con las mujeres para la mayoría de las actividades de la Iglesia. El varón no sólo no asiste sino que a veces es el mayor obstáculo para que la mujer pueda dar su aporte y pueda darse cuenta que ella tiene, como Jesús, la obligación de estar en primer lugar «en las cosas del Padre» (Lc. 2,49), y que «todo lo demás les viene por añadidura» (Lc. 12, 31)
En las CEBs, las mujeres nos vamos sintiendo «persona» pero aún falta mucho para que nos descubramos como «personas del sexo femenino». Esto se debe, quizás, a que todavía estamos muy sujetas a lo que diga o mande el «padrecito»; o quizás, a que el padrecito le gusta «tener la sartén por el mango» y no alienta las iniciativas femeninas por miedo, ignorancia, por la formación recibida, o por alguna otra «muy buena razón»...
Como pueblo creyente y oprimido, las comunidades eclesiales de base y las organizaciones populares se están apoyando mutuamente. Participando en las comunidades, los hermanos y hermanas van adquiriendo una manera nueva de concebir el Evangelio, de rezar, de organizarse como Iglesia, de leer la Biblia, de solidarizarse con los demás, en fin, de desarrollar una nueva conciencia religiosa y una «nueva espiritualidad». Realmente es aquí donde, en medio de los problemas, que no faltan, las mujeres estamos descubriendo una Buena Noticia para nosotras.
Participando en la organización popular, vamos tomando una nueva conciencia de la realidad y de nuestras propias capacidades y derechos humanos (individuales, económicos y sociales). Hay también otros derechos que aún no se han declarado que podrían llamarse los «derechos de la solidaridad». Podrían resumirse en:
• Derecho a la autonomía de los pueblos.
• Derecho a un medio ambiente sano.
• Derecho a la Paz.
• Derecho a beneficiarse del Patrimonio común de la Humanidad.
• Derecho a sabernos la otra mitad de la humanidad, mujeres, rostro materno de Dios y a sentimos plenas y felices por eso.
Desde la Mujer: El Método de las CEBs
Viviendo en esta Iglesia-comunidad, las mujeres aprendemos el método de VER, PENSAR y ACTUAR, y esto a la manera que lo hizo JESÚS. No partimos de doctrinas o de ideas en forma deductiva, sino de la Palabra de Dios que está viva aquí y ahora. Tratamos de escuchar a Dios hoy. Lo descubrimos a El y a su Hijo viendo, pensando y sintiendo su voluntad en nuestras VIDAS, a través de la BIBLIA y con nuestra FE. Nos decidimos y tratamos de vivirla y de ponerla en práctica. También se pueden llamar estos tres pasos:
1) Análisis de la realidad o tendencias;
2) Reflexión de Fe con la Biblia y las Ciencias, o criterios y
3) Opciones o compromisos para la transformación.
Hay otras maneras de explicar el método: Los pobres traen a la comunidad los problemas que ven y sienten en su vida cotidiana. Con sus necesidades y dificultades entran juntos al mundo del TEXTO. Leen la Biblia teniendo como telón de fondo sus luchas y su realidad. Con la luz de la Fe en Jesús, con la ayuda de la Iglesia y de los estudios bíblicos tratan de ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS Y DE PONERLA EN PRACTICA (Lc 8,21; 11,27-28).
Otro ejemplo sería: Para poder leer necesitamos ojos, libros y luz. El pueblo tiene los ojos, los exegetas tienen la ciencia y el libro de la Biblia, la comunidad de la Iglesia tiene el Espíritu, el Camino de Jesús, la tradición y el Magisterio. Si uno de éstos está ausente, no es posible que se dé la lectura.
Tenemos que VER, PENSAR, ACTUAR con JESÚS para poder ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS HOY Y PONERLA EN PRÁCTICA.
Por eso necesitamos:
Los OJOS del PUEBLO |
EL LIBRO de la BIBLIA |
La LUZ de la FE |
PRE-TEXTO |
TEXTO |
CON-TEXTO |
REALIDAD |
EXÉGESIS |
COMUNIDAD-IGLESIA |
VIDA |
CIENCIA |
ESPÍRITU |
Desde la mujer, podríamos hacer algunas observaciones. A través de nuestra educación e historia se nos ha entrenado para ser lógicas. Se nos ha enseñado a usar la cabeza, a ser exactas. Los cuentos son sólo para los niños. Sin embargo, a nosotras nos gustas las historias, los cuentos, las parábolas, los símbolos, los mitos, las sensibilizaciones, el compartir experiencias, la contemplación, las dinámicas, las relaciones humanas, conversar o platicar. A veces parece que no nos tomamos mucho tiempo en el proceso de entender, sino más bien en acariciar, amar, ser, captar, absorber, intuir y nutrir todos los misterios que nos salen al paso.
La historia y la realidad de la mujer en América Latina son tan antiguas como las historias, cuentos y leyendas de los pueblos y de la misma Biblia. Sin embargo, esta historias han sido contadas desde la cabeza, desde las doctrinas y las ideas; desde el punto de vista masculino de nuestros hermanos varones, y especialmente de los «blancos, poderosos y célibes». Las claves de lectura que se han usado para abrir y re-vivir esas historias son patriarcales y «machistas» la mayoría de las veces. Por eso, nosotras hemos aprendido a «ver, pensar y actuar» a su manera, o sea, usando especialmente nuestro «lado o hemisferio derecho», que es el masculino y, obviamente, nuestro lado débil...
Nuestra cultura es tan «machista que se nos ha enseñado que las cosas están «bien y derechas» cuando usamos nuestro hemisferio derecho. Hemos aprendido a sentirnos mal y a creer que estamos equivocadas si usamos la izquierda. HAN LOGRADO CONVENCERNOS DE QUE EL CAMINO DERECHO ES EL DE LA DERECHA... Hablamos incluso de los Derechos Humanos y yo me pregunto: ¿Y dónde están los Izquierdos Humanos, lo femenino, si no están al costado de los derechos?
Tengo la intuición de que dentro de este método liberador de leer la Vida y la Biblia junto con los pobres, hay cada vez más y más varones que están usando su hemisferio izquierdo y también muchas mujeres. Estamos usando muy especialmente nuestro CORAZÓN, que, como todos sabemos, está situado en el hemisferio izquierdo.
Parece ser que nuestro proceso femenino de ver-pensar sobre la Vida y la Biblia a la luz de la Fe es muy original. Es mucho más contemplativo e intuitivo que meditativo y racional. Es más parecido a un brinco que a dos pasos. Con frecuencia hacemos como los «conejos»: brincamos hacia adelante en lugar de dar paso por paso, y sin embargo, rara vez erramos. También avanzamos y pensamos en círculos o en espiral ascendente, o vamos y venimos como las mariposas. Nos gusta darle muchas vueltas a las cosas. Nos sostenemos en el aire como los chupamirtos o las abejitas; nos detenemos una y otra vez en aquello que hemos visto, oído, sentido, olido o gustado. Somos muy semejantes a María, que guardaba todo en su corazón y cuando no lo entendía, lo ponderaba y en el tiempo oportuno, como su Hijo, crecía en edad, en sabiduría y en gracia (Lc 2,19.51-52). Seguimos el método de la Vaca. Ella se la pasa rumiando su alimento hasta que lo transforma en vida, carne y leche. Nosotros, como la mayoría de estos animales hembras, rara vez nos guardamos algo para nosotras. Regresamos a nuestro hogar y somos como la tierra que mana leche y miel, que entrega sus frutos y productos a su pueblo. Casi siempre queremos y tratamos de compartir lo que descubrimos con los que amamos.
Estudiando los escritos de mi fundadora, Santa Angela Merici, intuyo otras cosas acerca del método. Siempre la he admirado por su sentido común y maternal y por su espiritualidad femenina y nupcial. Ella es en verdad una maestra en el uso de su lado izquierdo. Siempre usa su corazón y ama. Todos sus escritos están llenos de símbolos, adjetivos, verbos y muchas imágenes femeninas como las de madre, esposa, novia, hija, hermana, virgen y hasta suegra. Relaciona continuamente la Vida y la Escritura. En cierto sentido Angela usa nuestro método, pero en otro, parece que razona al revés, funciona a la inversa o parece como si caminara del centro a la orilla. Su primera y última palabra es el AMOR y la lógica es la de la «doble caridad». Para ella lo único importante, con su lenguaje de hace 500 años (nació en 1475),es «la Alabanza de su Divina Majestad y el bien de las almas». Comienza con el Actuar. Para ella la única acción es AMAR. Luego pasa a VER y a PENSAR toda la realidad y todas las circunstancias para lograr amar de verdad. Hay que amar siempre y en todas partes y cuando la situación nos pidiera ser duras o usar palabras cortantes, nos pide mucho discernimiento para ver y pensar el cómo, cuándo, dónde y de qué forma vamos a actuar de esa «manera dura» y aun así, sólo guiadas por el amor...
Desde la mujer: La Biblia
Sabemos que la Biblia fue escrita principalmente por varones, desde el punto de vista patriarcal y que en general siempre ha sido explicada por ellos. A nosotras, las mujeres, no sólo se nos ha relegado a un segundo término, sino que se nos ha tratado como objetos. Le pertenecemos al varón junto con la casa, el esclavo y el asno (Ex 20,17; Dt. 5,21). Parecería, de acuerdo con la Biblia que somos un mal necesario y que sólo servimos para dar descendencia masculina al varón aun cuando esté muerto!!! (Dt 25,5). A lo más, somos sus «ayudantes» (Gen 2,20). La Palabra de Dios dice «cosas terribles» acerca de nosotros (SI 25; 42,9-14).
En nuestra búsqueda de abrir nuevas puertas y caminos para el Reino, estamos usando como clave o llave de lectura la palabra «mujer». Con ella estamos abriendo la Vida y la Biblia. Estamos buscando una hermenéutica femenina y estudiando todo acerca de las características femeninas y maternales de Dios y de Jesús en la teología y en las Escrituras. Estamos buscando a todas las mujeres en la Biblia y releyendo los textos con nuestro corazón, (lado izquierdo). Estamos viendo a María de una manera diferente. Hemos descubierto a Jesús y cómo El mismo ha desarrollado su lado femenino. Hemos encontrado que la Eucaristía y su muerte en la cruz son dos de sus «expresiones maternas».
Estamos aprendiendo a leer la Vida y la Biblia con ojos nuevos. Empezamos a «leer entre líneas y detrás de las palabras». Hemos acudido a Jesús. Estamos adaptando nuestros ojos para vernos como El nos ve. Nos estamos poniendo sus lentes. El es la revelación completa del Padre. No podemos ceñirnos a un texto del Antiguo Testamento o a algunas citas de las Cartas, que quizás tengan más que ver con la cultura y con el tiempo en que se escribieron que con la revelación. Este no es el camino para descubrir la verdad acerca de nosotras mismas. Afortunadamente, Jesús le dijo a sus discípulos: «por la dureza de su corazón Moisés les ha permitido muchas cosas, pero en el principio no fue así». (Mt 19,8). Hemos descubierto que tenemos que sospechar cada vez que se lea un texto para probar que una persona, grupo o sexo es superior a otro. Todos somos iguales (Mt 23, 8-12; Gal 3,28; 4,7). En el umbral del año 2000 tenemos que decir con Jesús: «En el principio no fue así...».
Además de aprender a leer la Biblia desde el lado izquierdo, también nos gusta verla actuada. Nos gusta ver y escuchar la Palabra de Dios en la VIDA. Inmediatamente relacionamos las historias de la Biblia con nuestras vidas y con nuestra propia historia. Sabemos cuestionar (Lc 1,34) y también guardar en el corazón lo que no entendemos (Lc 2,19.51). Tenemos capacidad para discutir y proclamar las verdades de nuestra fe (Jn 4,1-30; 11,21-27). Se nos facilita el ser discípulas y sentarnos a los pies del Maestro (Lc 10,39), seguirlo y servirlo con nuestros bienes (Lc 8,1-3), o llevar la Buena Noticia que se nos ha comunicado (Lc 24,9). Tenemos muy buena memoria; captamos el conjunto y el detalle y también las necesidades (Jn 2,3; Lc 7,44-50). Con una simple palabra recordamos toda una historia. Podemos relacionar el pasado, con el presente y el futuro (Lc 24,1-8). En un instante podemos pasar de la pena y tristeza al gozo y la alegría (Jn. 16,21; Jn 20,11). Podemos descubrir fácilmente las verdades escondidas y los tesoros que hay en las parábolas, los mitos y el Reino (Lc 10,21-22). Somos muy perseverantes e insistentes cuando queremos algo (Lc 18,3), y no nos importa humillamos con tal de lograrlo (Mt 15,27; Lc 7,37-38). Somos compasivas y sufrimos con los demás (Lc 23,27-29). Estamos dispuestas a dar todo lo que tenemos para vivir, cuando de verdad amamos (Lc 21,4). Le ponemos mucho corazón y sentimiento a la Vida y a la Biblia.
Todas estas realidades se dan espontáneamente en nosotras por la manera en que estamos hechas. Toda nuestra vida es un misterio pascual continuo. Como la luna en un mes o como la Tierra en sus estaciones, vivimos siempre en el proceso de desarrollar o de nutrir una vida nueva o de renovar esa posibilidad. Estamos mucho más orientadas hacia el proceso y no tanto hacia la meta como lo están nuestros hermanos varones. Me dan ganas de sonreír cuando aseguro que nuestra más grande estabilidad es nuestra «constante inestabilidad» y el cambio continuo dentro de nosotras. Vivimos siempre en un proceso y al final, si es que lo hay, sea de un juego, o una batalla, o si se trata de leer la Biblia, no nos interesa terminar, ganar o aprender. Lo que realmente nos importa es «relacionamos con alguien». Lo que más afecta y hace sufrir a una mujer es la esterilidad (Lc 1,25). Lo que realmente necesitamos es estar nutriendo siempre a «alguien en nuestro vientre, nuestro pecho, sobre nuestras rodillas, o a nuestro lado, costado. Lo que nos interesa es dar y comunicar vida (Jn 10,10); dar de comer a los hambrientos (Lc 1,53; 9,13); compartir el pan nuestro de cada día con nuestra gente (Lc 8,3; 11,3). Lo que más nos interesa son las relaciones, el amor, el compartir, el estar juntos.
Es una lástima que estas realidades sobre nosotras mismas, muchas hermanas mujeres las desconocen. La psicología moderna, sin embargo, sí las conoce muy bien y la aplica en la sociedad de consumo para explotarnos. Encauza toda nuestra energía usándonos como objetos para vender artículos de lujo. Nos sienta toda la tarde y noche a ver tele-novelas donde se refuerzan los roles tradicionales de mujeres intrigosas, celosas y malas o dulces, pobre, abnegadas e inocentes pero todas girando alrededor de un «guapísimo galán» que es verdaderamente un «terrible macho» a fin de cuentas...
Desde la mujer: La Co-Madre Tierra en estos 500 años de Resistencia
De todas las realidades conocidas la que más me gusta para compararnos con ella es la realidad de la Tierra. Participamos de los mismos dones de la tierra. Tenemos el mismo modo de conocer, abriéndonos a la semilla y el mismo modo de dar fruto. También, como ella, somos amadas o usadas y acaparadas. Tanto ella como nosotras en muchas ocasiones somos maltratadas y violadas.
Cuando pensamos en nuestros pueblos latinoamericanos vemos que somos mestizos en la gran mayoría y, por tanto, producto de la «violencia del conquistador», «hijos de la violación». Hasta en nuestros días se le llama «conquistador» a los «Don Juanes»... Según nuestra cultura occidental, «Tierra y Mujer se conquistan, (por no decir, se violan a la fuerza...)».
Sin embargo, estas dos hermanas, co-madres nacieron casi juntas y con la misma vocación y misión: dar vida, y vida en abundancia (Jn 10,10). La tierra nació en el tercer día de la creación y su hermana menor, la mujer, Eva, madre de los vivientes, en el sexto. (Gen 1,9.27) La violencia hacia ambas, comenzó desde tiempo inmemorial, desde los comienzos.
La violencia hacia la mujer se da en todas partes y se perpetúa en la prostitución. La mutilación genital afecta la vida de 65 millones de mujeres africanas y otros millones en Asia. Se dan violaciones constantemente (una cada 3 minutos en EE.UU., el único lugar en que hay datos). En América Latina un promedio de 65de cada 100 mujeres, con relación de pareja, sufren algún tipo de maltrato de parte del marido. Una de cada tres mujeres casadas tiene más de doce años soportando la violencia doméstica. Son millones las madres solteras o abandonadas, o que viven con un hombre casado que tiene otros compromisos. Las niñas casi no estudian y tienen responsabilidades que les impiden jugar, mientras sus mamás salen a trabajar. Frecuentemente sufren algún abuso sexual y casi siempre de algún familiar en la misma casa. Muchas veces las matan incluso antes de nacer cuando se sabe que el feto es femenino. ¿Porqué será que en países como Ecuador, los planes antinatalistas son gratuitos y llevados a cabo por las Fuerzas Armadas del país...?
¿No resuena en nosotros un hecho parecido en el tiempo del Faraón egipcio con el pueblo israelita que se multiplicaba? (Ex 1, 8-22). Ya desde entonces comienza la «organización», la «resistencia» y «la no-violencia activa» de las mujeres. Primero fueron las parteras (Ex 1,10) y luego las precursoras de la liberación de Egipto: La mamá de Moisés, su hermana María y la Hija del Faraón (Ex 2,5-10), que por amor a la vida superaron una posible «lucha de clases» y se unieron para defenderla.
En el año 1992, en el que cumplimos 500 años del llamado descubrimiento de América y de la primera evangelización de los pueblos americanos, nuestros hermanos indígenas se niegan a celebrarlo, y con toda razón. Ellos lo llaman 500 años de Resistencia Indígena. Para ellos, más que descubrirlos fue una invasión de fatales consecuencias. Significó la extinción de más de setenta y cinco millones de hermanos y hermanas, la usurpación de sus amadas tierras, la desintegración de su organización y cultura, el sometimiento ideológico y religioso. A partir de la conquista española se ha establecido una permanente violación de sus derechos fundamentales. La misma Iglesia Católica y otras Iglesias colaboraron con el poder temporal al sometimiento de los pueblos indios. Entre otras cosas, lo hicieron a través de las Encomiendas, que en teoría era el tributo que pagaban los indígenas por el favor que el encomendero español les hacía de enseñarles la doctrina cristiana. Bartolomé de las Casas expresó: «Las encomiendas son contrarias al Evangelio. Encomendar a los indios equivale a ponerlos en los cuernos de muy bravos toros, entregarlos a lobos y tigres de muchos días hambrientos».
Un dicho popular en Guatemala dice: «Cuando llegaron los españoles nos dijeron a nosotros los indígenas que cerráramos los ojos para orar. Cuando abrimos los ojos, nosotros teníamos su Biblia y ellos tenían nuestra tierra». Al despojarlos de su tierra, y violar a sus compañeras mujeres se quedaron huérfanos. Desde siempre la Pachamama, la Tonantzin, ha sido su Madre Tierra. Con la tierra mantienen una relación mística. Hoy, nuevamente la han proclamado su madre, porque de ella han nacido, porque ella los alimenta, porque en su seno descansan cuando están fatigados por el trabajo, porque a ella volverán cuando mueran. No son ellos los que poseen la tierra sino que es ella la que los posee a ellos; es la herencia de sus padres. En ella «nos movemos, existimos y somos» (Hch 17,28). ¿No nos recuerda todo esto a Nabot y por qué no quería vender su viña al rey? (1 Re 21, 1-3).
En el mes de junio de 1992 tuvimos la llamada «CUMBRE DE LA TIERRA». En Río de Janeiro se reunieron para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, más de 90 Jefes de Estado y/o Presidentes de gobierno de un total de 140 países participantes. Cada día, en los medios de comunicación leímos, vimos o escuchamos cosas como: «Gasto Militar Mundial de 17 billones de dólares en 20 años. Equivale a 2.300 millones por día». «Destruyen sus Recursos Naturales América Latina y el Caribe». «50 mil kms cuadrados de Bosques se pierden al año». «10% de la Región está en proceso de desertificación». «La contaminación es ya un Problema de Salud Pública». «Ultimátum para salvar al Planeta y a la Humanidad». «Hay un desarrollo egoísta y opresor: el Foro Global». «Urge Cerrar la Brecha entre el Norte y el Sur». «Nueva Ruta en el Desarrollo». «Enfrenta la Cumbre de la Tierra a Ricos y Pobres». Uno de los periódicos se dio a la tarea de resumir de la Agenda 21 («La Carta de la Tierra») los costos estimados para hacer frente a los diversos problemas ambientales y la reposición de la. biodiversidad del planeta. Empecé a hacer la suma y me di por vencida, pues son cientos de miles de millones de dólares. Aparentemente, como dice la caricatura, parece que queremos que reverdezca la tierra pero no con «hierbas, semillas y árboles de toda especie» (Gen. 1,11) sino con «árboles de verdes dólares...»
La violencia que se está haciendo contra Nuestra Madre Tierra no se paga con billetes. Ella no se prostituye, sino que es violada por el conquistador. Nuestros hermanos indígenas gritan con Isaías (24, 4-5):«En duelo se marchitó la tierra, se amustia, se marchita el orbe, el cielo con la tierra se marchita. La tierra ha sido profanada...»
El Jefe indio Seattle de la nación Swamish «profetizó» en 1855: «Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que quiere. La tierra no es su hermana, sino su enemiga... Trata a su madre, la tierra, y a su padre, el cielo, como cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fueran corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras de sí sólo un desierto... Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios...»
Desde siempre ha habido un lazo muy profundo entre Dios-Amor, la Madre-Tierra y la Hija-Mujer. A lo largo de los siglos hemos leído y releído la creación y hemos encontrado que desde el principio, Dios amó tanto a la tierra que la hizo su esposa. Con esta luz podríamos leer los textos de Isaías:
«...No se dirá de ti jamás ‘Abandonada’, ni de tu tierra se dirá jamás ‘Desolada’... porque Yahvé se complacerá en ti y tu Tierra será desposada. (Is 62,4). Porque tu esposo es tu Hacedor... Dios de toda la tierra se llama (Is 54,5).
Tierra y Mujer tenemos la misma vocación, misión y consagración. Las dos tenemos el mismo modo de relacionamos con el Creador y podría llamarse una relación nupcial. Es necesario que rescatemos el Amor de Dios por su pueblo en el simbolismo de su amor a la tierra como en Isaías y el amor a la mujer como en Óseas. Tenemos que devolverle a la tierra y a la mujer su dignidad original y la propia auto-estima. Por lo pronto «la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto... Y no sólo ella, tambIén nosotras... (Rom 8,22).
Próximamente también se reunirá otra Conferencia (CELAM), la de Obispos en Sto. Domingo. Ciertamente también es otra reunión de «una CUMBRE», no sé si de la Tierra, del Cielo o de puntos intermedios... y se tratarán estos problemas y los de la «NUEVA EVANGELIZACIÓN». Quizás tendremos que preguntamos con Jesús. «Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» (Lc 18,8). ¿Será posible que se logre escuchar en esta otra cumbre, el clamor de la tierra-mujer que lleva 500 y miles de años de resistencia, con un sentimiento de impureza, y acercándose a Jesús, a escondidas, para tocarlo? (Lc 8,43-48).
Con motivo de los 500 años, en las Comunidades Eclesiales de Base y en las organizaciones populares se está recuperando la historia pero vista desde la «tierra-base» y no desde la «cumbre». Se va creando una conciencia cada vez más creciente de la dignidad del indígena. Se empieza a pensar en él como lo expresa la tradición del Nicam Mopohua: «...un pobre, digno, de nombre Juan Diego». Pero lo más importante es que nuestros mismos hermanos y hermanas indígenas y todos los pobres, que son la gran mayoría de mestizos, están despertando a una nueva conciencia de su dignidad y su derecho a la Vida y a la Tierra.
Gracias a Dios, los hermanos indígenas han iniciado un proceso de autodescubrimiento, que llega al núcleo de su propia originalidad, de su propia identidad histórica y cultural. Han emprendido un camino que está tratando de ser distinto a los que emplean «las cumbres de los cielos y de la tierra» que todo lo quieren resolver con alianzas de cúpulas, relaciones políticas, billetes verdes, documentos o el uso de los medios masivos de comunicación vía satélite para la conversión.
El Indígena, los POBRES, varones y mujeres, por su amor a la tierra y a la vida, van descubriendo que el camino del Amor, la Justicia, la Verdad y la Paz; o sea, del Reino, no es el de las Alianzas de los Poderosos. Saben que las soluciones no vendrán «de afuera». El camino es el del Evangelio de la cruz sin espada (Mt 26,52); el de la No-Violencia Activa (Lc 11,37-53), el de una Espiritualidad de la Resistencia comunitaria. Los pobres saben que un comején solito, no tumba un árbol, pero miles sí lo logran. La organización, el sentido comunitario y el espíritu de resistencia se encuentran en la naturaleza de los pobres y en especial en los indígenas y se van logrando organizaciones de distintas clases.
Desde la Mujer: La Espiritualidad
Realmente, en mi experiencia he aprendido mucho de las hermanas y hermanos de las comunidades y organizaciones. Sí podría hablar de su «espiritualidad de la Resistencia» pero me quedaría muy corta y sería muy pobre reducirlo a esto.
Las mujeres hemos descubierto que no hay dicotomías, que no hay mejor parte (Lc 10,42).. Sabemos que lo «espiritual no es mejor que lo material». Sabemos que la mejor parte es ser discípula. El discípulo, como María de Nazareth, María de Betania y Jesús, se inician a los pies del Padre escuchando su Palabra (Lc 10,39). Orando al Padre (Lc 11,1) pero también siendo prójimo como lo fue el Samaritano con aquél que fue asaltado en el camino (Lc 10, 25-37). El discípulo es el que ora y labora.
El pasaje de Martha y María es como un puente o balanza entre el amor al prójimo del buen Samaritano y la oración y alabanza del Padre Nuestro. Estos dos textos están en las orillas del puente. En el texto de Martha y María, Lucas quiere dar a entender qué significa ser amigo de Dios y del prójimo, es decir, amigos de Jesús y verdaderos discípulos.
Nuestro corazón es uno, y aunque es preferencialmente femenino, por estar del lado izquierdo, también es masculino. Es lo femenino en nosotros que recibe la Palabra-semilla, que la guarda, la encarna y le da vida. Es lo masculino en nosotros que lo da al mundo en obras de justicia, paz, verdad y amor. El corazón tiene dos tiempos: sístole y diástole. El «tic», no es mejor que el «tac» Es el mismo corazón que tiene que abrir y cerrar, quedar y recibir constantemente, sin perder el ritmo porque, de lo contrario, allí se acaba la vida. Hay tiempo para amar y tiempo para dejarse amar y estar en la presencia del amigo. Hay tiempo para Actuar-trabajar, servir y tiempo para dejarse servir por el amado. Hay tiempo para dar y tiempo para recibir, tiempo para abrir y tiempo para cerrar, tiempo para orar y contemplar, tiempo para hacer y trabajar. Pero, no hay dos mandamientos, como no hay dos corazones. Son los dos tiempos del corazón para vivir. En este constante dar con mi derecha y recibir con mi izquierda, formamos con el amigo, un sólo corazón. Somos uno con él y nos identificamos (Gal 2,20). Aquí ya no puede distinguirse Dios del prójimo, ni la contemplación de la acción, porque no hacemos uno con el que amamos, con Jesús, DIOS Y HOMBRE. Nos hacemos un solo corazón y un solo Espíritu (Hch 4,32). ¿No es esto una magnífica y Buena Noticia?
Hoy las mujeres comenzamos a entendernos con un nuevo estilo de espiritualidad que llamaría quizás: «espiritualidad femenina de la fecundidad». La mejor parte es ser fecunda, es ser madre y hermana de Jesús, es escuchar y poner en práctica su Palabra (Lc 8,21; 11,27-28). Es vivir en ese constante ritmo y proceso, o tic-tac. La fuerza de la tierra y de la mujer está en que por naturaleza estamos siempre en el proceso de recibir la semilla y alimentarla y de dar fruto y donar vida. Resistimos y esperamos porque sabemos que siempre habrá un amanecer, y otra estación. Volverán el sol y la primavera porque el amado de nuestro corazón es el Señor de la Naturaleza y de la Historia. El nos da ese corazón nuevo, de carne, para que podamos ser fecundas (Ez 36,26). La mejor parte es dejar que el Espíritu nos trate como a la Tierra y a María. A ambas las cubrió con su sombra (Gn 1,2; Ez 36,27; Lc 1,35)y lo que de ellas nació fue bueno a los ojos de Dios y llamado Hijo de Altísimo. La mayor fuerza de la tierra y de la mujer es que, como Dios, no negamos nuestros frutos a la vida. Creemos, amamos y esperamos al Dios fecundo de la naturaleza que «abre su mano y colma de bendición a todo ser viviente» (SI 145, 16).
Ninguno de los cuestionamientos que nos hicimos al principio se habrían dado si no es por esa «interacción entre el Espíritu de Jesús y nuestro espíritu». «El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios» (Rom 8,16). «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5,5).
En lo cotidiano, en el caminar de cada día, en la vida misma se va tejiendo nuestra «espiritualidad de la fecundidad». Son experiencias íntimas, personales y profundamente femeninas en las que como mujeres nos identificamos con «las entrañas de misericordia de nuestro Dios que nos visita de lo alto y nos hace sentir a nosotras, niñas, que seremos profetas del Altísimo» (Lc 1,76-78); el Espíritu nos fecunda para que «la criatura pueda saltar de gozo en todo nuestro ser (Lc 1,41); «para que nuestro espíritu y el espíritu de la Madre Tierra puedan clamar de nosotros»: «ABBA», Papito. (Rom 8,15; Gal 4,6).
Entre las mujeres, pobres, no-blancas (mestizas, negras e indígenas) de Latinoamérica se ha ido creando a lo largo de estos 500 años esa conciencia de fecundidad y se van dando nuevas vivencias o experiencias. Hoy tenemos:
- Una experiencia de identificación con la Madre Tierra. Ante el proceso de esterilización y contaminación, surge una mística profética de unidad con la tierra, de repudio, y denuncia hacia lo que la daña. Como comadres queremos parir, dar a luz vida nueva; SER MADRES DE JESÚS (Lc. 8,21). «Abrase la tierra y nazca la salvación y germine juntamente la justicia (Is 45, 9-12).
- Una experiencia festiva y autovalorativa. Nos alegramos y hacemos fiesta porque estamos recuperando nuestra identidad perdida de imágenes y rostro materno de Dios (Lc 15,8-10).
- Una experiencia de no-violencia activa. No queremos destruir a nuestros opresores, sino que se conviertan y vivan. Amamos a los compañeros varones, queremos que dejen de oprimir para que participemos juntos en el Reino (Lc 6, 31).
- Una experiencia mariana. Nos sentimos amadas e hijas y hermanas precisamente porque somos y nos reconocemos pequeñas, como María, que es modelo de mujer fecunda para nosotros (Lc 2,48; 10,21-22).
- Una experiencia liberadora. Ansiamos ser libres, para liberar y compartir especialmente el Pan Nuestro de cada día, dando de comer los hambrientos, (Lc 9,13) enalteciendo a los hijos con un poco de estudio (Lc 2,52-53), y siguiendo a Jesús liberador (Lc 4,18; 8,1-3).
- Una experiencia de resistencia (perseverante e insistente). Hacemos demandas justas, como las de las mujeres de la Plaza de Mayo. Hacemos marchas, plantones, huelgas, luchas reivindicativas. Perseveramos y esperamos, contra toda esperanza la aparición de los hijos y que se nos haga justicia, como a la viuda del Evangelio (Lc 18 1-5).
- Una experiencia solidaria y de trabajo en común. Buscamos mejores condiciones de vida y servicios, elaborando juntas artesanías, haciendo cooperativas de consumo, de costura, parcelas en común, cría de animales, dándonos la mano para comercializar como hermanas, para dar incluso todo lo que tenemos para vivir (Lc 21, 1-4).
- Una experiencia fecunda, pascual-martirial, vital-dadora de vida. Estamos sosteniendo la vida de nuestros hogares, la vida de la Iglesia, de los sacramentos, de las comunidades, de la catequesis, de los grupos bíblicos y del estudio de la Biblia, de la pastoral, de la medicina natural, llegando incluso al mismo martirio y al don de la vida. (Lc. 9,23).
- Una experiencia evangélica, creativa y femenina. Esto implica, en fin, una gran novedad, una nueva evangelización: una muy nueva y buena noticia, de que somos hijas (Lc 8,48) y mujeres y que tenemos una manera peculiar de apropiamos, asimilar, expresar y dejarnos fecundar por la semilla del Verbo, por el evangelio. Después de 500 y miles de años se está volviendo una experiencia nueva en su ardor, en su expresión y en sus métodos.
Ya para concluir, me gustaría compartirles una última experiencia. Un grupo de religiosas en Ecuador, al terminar una semana de estudio me obsequió una pintura de una mujer indígena con su «Huahua» (bebita) en su rebozo o aguayo. Me pidieron que viera en los ojos de la niña la esperanza hacia el futuro de América Latina y en los próximos 500 años. Esto me hizo pensar en dos realidades extremas de nosotras, mujeres de Latinoamérica. Por un lado, vivimos en el continente de la opresión. Todas las mujeres, solteras, casadas, viudas, religiosas, cargamos con nuestra vida a donde quiera que vayamos y no la cargamos precisamente en la cabeza, sino en todo el ser, en el alma, el vientre, las entrañas, la espalda. Somos como la «mujer encorvada» de la sinagoga que ha cargado no por 18, sino por 500 y miles de años, las cargas que le ha tirado encima la cultura patriarcal-machista y la CONQUISTA (Lc 13, 10-17; Mt 23, 1-4). Sin embargo, por otro lado, también vivimos en el continente de la esperanza y cargamos también en la espalda, en el rebozo o aguayo, el alimento y la niñita que son promesa de vida para el futuro. Creemos firmemente en la posibilidad de volver al vientre de nuestras madres, y renacer del Espíritu para poder ver el Reino de Dios (Jn 3, 1-6). Tenemos que «dejar ser» a la pequeña niña que vive dentro de nosotros y a quien pertenece el Reino (Lc 18,16). Vean a Jesús tomarla de la mano, oigan cómo la llama: «TALITA KUMI (NIÑITA, LEVÁNTATE). No importa que algunos crean que está muerta o dormida... Alegrémonos de cargarla con nosotros. Ella es verdaderamente nuestro corazón nuevo, el de la nueva evangelización. Un indígena oaxaqueño decía a un sacerdote amigo: «No importa a donde vaya si lleva con qué querer...»
Siempre que trato estos temas, mi niñita, «mi corazón, arde dentro de mí» (Lc 24,32). Estoy convencida de que debemos usar más el corazón y el hemisferio izquierdo. Sueño con el día en que seamos «ambidiestros» y podamos aprender, varones y mujeres, a usar nuestros dos hemisferios. Me gustaría que todos aprendiéramos de la ternura de Jesús que no se avergonzó de compararse a la gallina que quiere cubrir a sus pollitos con sus alas (Lc 13,34). Sueño con el día en que varones y mujeres aprendamos a ser fecundos como Jesús, que como la viuda del Evangelio, en el Templo del Calvario echó lo único que tenía para vivir, sus dos últimas gotas de sangre y agua (Lc 21,4; Jn 19,34). Dejémonos guiar por el corazón que es preferentemente femenino, y por lo mismo, fecundo, preñado de vida, de amor y de esperanza.
¡Les deseo corazones fecundos y nuevos en su ardor, expresión y método a todas y cada una de las personas que lean estas reflexiones!
En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, a 26 de Junio de 1992, Iguala, Gro., MÉXICO.
Adriana Méndez-Peñate
Hidalgo 34
40000 Iguala, Guerrera
México
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Nº 7 de la Carta Apostólica sobre la dignidad y vocación de la mujer del 15 de agosto de l988, de Juan Pablo II, al finalizar el Año Mariano.
Muchos de estos datos están tonudos de las cartillas de la Escuela Social Mons. Leonidas Proaño del Vicariato Apostólico San Miguel de Sucumbíos, Ecuador.
Este derecho es agregado mío, pero lo creo muy legítimo…
Siempre que junto las palabras Vida y Biblia las pongo con mayúsculas pues en las dos está la Palabra Viva de Dios.
Ahondaré más en esto al hablar de la Co-Madre Tierra.
Nos recuerda la frase de San Agustín: «Ama y haz lo que quieras... ».
Últimamente hay más información sobre la traducción correcta de. «una ayuda semejante para él». La palabra usada es «ezer», la misma palabra que se usa para Dios y expresa su amor incondicional hacia su pueblo. Aplicado a la mujer en este texto podría significar: «¡No es bueno para el hombre el estar sólo, dijo Dios, le daré la presencia viva de mi propio amor en la forma de... una mujer!» Ana Roy, Ser Mulher, Publicaciones CRB, 1990 Ediciones Loyola, Brasil. Pág. 34.
Me hace recordar la frase del zorro al principito: «Sólo se puede ver bien con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos. (El Principito de Antoine de St. Exupery).
Estas expresiones maternas vienen explicadas en tema Nº 6: La Mujer Madre, de mi libro: La Buena Noticia desde la Mujer, La Mujer en el Evangelio de Locas. CRT. México. 1989.
En el artículo. La Imagen de la Mujer Latinoamericana» desarrollo esta semejanza ampliamente. También puede verse en el tema 12: La Mujer y las Parábolas de mi libro: La Buena Noticia desde la Mujer.
Datos tomados del Seminario: Violencia contra la Mujer. CEPLAES. Julio de 1989. Quito, Ecuador, y del Artículo: Las Mujeres ante el Evangelio de Katy Seib de Vargas. Revistas 22 de Estudios Ecuménicos. Abril-Junio de 1990.
Estas y otras ideas y citas estén inspiradas o tomadas del discurso de Monseñor Proaño, en un Universidad de Alemania cuando se le dio el Doctorado Honoris Causa en Octubre de 1987.
Ver también # 8 del documento de Puebla: «A través de intrépidos luchadores.., la Iglesia promueve la dignidad y libertad del hombre latinoamericano.
Citado por Pablo Richard. Religión indígena y Biblia: 500 altos después (búsqueda de una hermenéutica India).
Documento del Departamento de Misiones del CELAM: La Evangelización de los indígenas en vísperas del medio milenio del descubrimiento de América, Bogota, Septiembre 16 de 1985.
Excelsior. Viernes 5 de junio de 1991. IDEAS 1 y 2.
¿No nos recuerda la Palabra de Jesús: «El Salteador no viene más que a robar, matar y destruir...? (Jn 10,10).
Citado por Monseñor Proaño.
Pobre digno: «macehualtzintli». Siller Acuña, Clodomiro L. Para Comprender el Mensaje de María de Guadalupe. Editorial Guadalupe, 1989, Buenos Aires, Argentina. P88. 57.
Leí en una caricatura: «El día en que hayamos envenenado el último río, abatido el último árbol, asesinado el último animal, cuando no existan ni flores ni pájaros ¡NOS DAREMOS CUENTA QUE EL DINERO NO SE COME!
Proyectos de Lumen 2000 y Evangelización 2000.
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