
EL CUERPO EXCLUIDO DE SU DIGNIDAD
Una propuesta de lectura feminista de Oseas 4
Tania Mara Vieira Sampaio
Resumen
El trabajo procura articular elementos teóricos feministas con la hermenéutica bíblica latinoamericana. A partir de la profecía oseánica se organiza una lectura que prioriza la resistencia del cuerpo de las mujeres ante el proyecto militarista y sacrificial del Estado de Israel. Investigar las complejas relaciones sociales de género y clase social posibilita superar lecturas que individualizan a las mujeres y las remiten fuera de la historia. cuando la historia es construida en la dinámica de dominación y resistencia y se expresa en las relaciones de poder de diferentes grupos sociales.
Abstract
The article tries to articulate feminist theoretical, elements with Latin American biblical hermeneutics. Out of the prophecy of Hosea a reading is made that priorizes the resistance of women to the militarist and sacrificial project of the state of Israel. The investigation of the compex social relations between; sexes and social classes permits to overcome other readings that look at women as individuals only and expel them from history. when history is expressed in the dynamics of domination, and resistance expressed in the power relations of the different social groups.
En casa no hay más alimento,
empleo, cosa tan incierta,
las hermanos menores se hacen cargo de las tareas de la casa y de los niños.
Falta espacio, falta comida,
hay mucha gente, hay muchos estómagos hambrientos.
Hay que buscar nuevas maneras de sobrevivencia.
Violación, incesto son maneras de forzar a las niñas a ganar otros espacios para matar su hambre, para buscar posibilidades de vida.
¡Es muerte sobre muerte!
Tantas formas de expulsión de la casa para la calle.
¡No hay lugar para la ingenuidad!
No hay que condenar la casa-familla como productora de expulsión.
El agotamiento de la casa está dado par las estructuras de la totalidad y del mercado que excluyen a la gran mayoría de las posibilidades de la vida.
Las preguntas se imponen:
¿Quiénes son los que se alimentan del cuerpo de esa gente? ¡Gente sufrida, explotada, que a la miseria económica se le añade la miseria psicológica, la miseria física, la miseria de su integridad humano!
¿Quiénes son los devoradores?
... una niña es violentamente hecha mujer porque este sistema se mantiene de sacrificios humanos.
... y las conciencias permanecen tranquilas, ingenuas, cínicas.
... otras despiertan afligidas, indignadas, luchadoras.
¿Qué duelo de fuerzas antagónicas?
Entre los límites de la vida y la muerte se traban verdaderas batallas, unos para mantener este sistema, otros para derribarlo.
Cuántas, que desearían tener una bonita muñeca para embalar y vivir sus ocho años, son agredidas en su deseo y tienen que intermediarlo con el uso traicionero de su cuerpo para tener dinero y, así, acceso a este mundo excluyente del mercado.
Es el cuerpo prostituido de Ana, de Clara, de Josefina, de Adriana, de tantas, de millares que gritan desde esta tierra que creemos y profesamos creada por Dios para que todas tengan vida...
Pero, ¿qué vida es esta?
¿Se puede considerar vida el hecho de que el índice de exterminio de niñas sea inferior al de niños? ¿O tal vez podemos hablar de vida cuando pagan, con su cuerpo, los innumerables abusos sexuales o el derecho a seguir vivas?
Aunque la imagen sea muy dura, la realidad, con certeza, no es de menor intensidad. La reflexión bíblica se interroga: ¿Cómo podemos estar con nuestras hijas en casa mientras permitimos que prostituyan a las hijas de quienes expropiamos no solo el acceso al trabajo, a la comida, a la casa, a la salud, sino también el acceso a la dignidad?
Orientando el dialogo entre la vida y la Biblia
a partir del eje de la dignidad de la vida
Leer la Biblia con estas escenas en los ojos, en el cuerpo, en las manos es preguntar por la puerta de entrada y por dónde caminar en los textos bíblicos. La manera de esta lectura es identificar los cuerpos que experimentan los límites de la vida y de la muerte. Las relaciones sociales de lo cotidiano van delineando la manera de acercarnos a la Biblia y dan las preguntas que se imponen porque proceden de los cuerpos sufridos de la humanidad. La autoridad de tal hermenéutica bíblica está en la relevancia frente a las preguntas que surgen de las cuestiones estructurales que sustentan el rito antropofágico de nuestros días. El estudio que sigue es una meditación sobre los textos de la profecía oseánica que presenta pistas experimentadas y construidas en el hacer teológico feminista. Presentarnos una propuesta hermenéutica para leer Oseas.
Rescatando textos olvidados o aspectos marginados
La aproximación a los textos de la profecía de Oseas comienza con la pregunta sobre lo que enseñó la tradición teológica y eclesiológica. Y no es sorpresa si decimos que nos hablaron poco de esta profecía; o que el profeta tomó una prostituta y se casó con ella; o aun que Dios nos ama así como somos porque amó a Israel como si fuera una prostituta; o también que enfatizaron que a pesar de la prostitución Dios nos tiene mucho amor.
Oseas fue mucho más usado para hablar de conversión, de volver a Dios y rechazar a otros dioses. No faltaron usos moralistas que impregnaron nuestro imaginario cristiano contra las prostitutas a las cuales se condenó. Lo que se decía es que desde la profecía de Oseas hay un hablar de Dios para convertir a la mujer de su camino de prostitución y al pueblo de su idolatría. Hoy, queremos dialogar con esta enseñanza de la Iglesia mirando otra vez la profecía, con nuevas preguntas en los ojos. Podemos comenzar intrigadas por el hecho de que esta profecía expresa tanta realidad de mujer y, sin embargo, no haber sido notada por la mayoría de los comentaristas o haber sido trabajada de forma discriminatoria. Entraremos por el capítulo cuarto, especialmente a partir de los versículos 11 a 14. La invitación es a impregnarnos del aroma del campo. Es tiempo de cosechas, el trabajo está manifestando su fruto. Las personas asumen su tarea para que nada se pierda. En ese momento, hombres, mujeres, niños, ancianos están llamados a trabajar juntos para que la plantación sea recogida en las eras en las pequeñas colinas donde el viento ayuda al proceso de beldar el cereal.
Es momento de pisar la uva recogida y saborear sus primeros frutos. Es tiempo de mucho trabajo, de mucho cansancio, son algunos días para recoger lo que fue plantado. Es necesario que las sombras de los árboles acojan a los cuerpos cansados y les dé el merecido placer del descanso.
La belleza del trabajo humano, de la fiesta de la abundancia, de la convocación a toda la comunidad para juntarse festejando y trabajando, es también un espacio de religión popular. La gratuidad de la tierra que responde al trabajo es reconocida en los ritos religiosos de la gratitud por la fertilidad. Sin embargo, la profecía de Oseas apunta para una realidad distinta de esta belleza idílica. Veamos:
“El vino y el mosto ahogan a la razón.
Mi pueblo consulta a su pedazo de madera,
y su bastón les hace revelaciones;
porque un espíritu de prostitución los sedujo,
ellos se prostituyeron apartándose de su Dios”.
En la cima de las montañas ofrecen sacrificios
y sobre las colinas queman incienso
y debajo de los robles, de los álamos y las encinas pues su sombra es buena (Os. 4,11-13).
El ambiente de trabajo de cosecha donde hay momentos de descanso, disfrutando de las sombras de los árboles, está permeado de prácticas religiosas en las cuales hay indicios de problemas. El capítulo cuatro en su totalidad enfrenta la temática. Las duras críticas a los sacerdotes, responsabilizándolos de la falta de conocimiento del pueblo abren el capitulo (cf. 4-11). Sigue la narrativa de diversas prácticas religiosas en las eras a la sombra de los árboles (v. 12-14) y luego retoma la crítica a los santuarios y a los jefes del pueblo (v. 15-19).
En medio de toda esa gente, de toda esa religión, de los signos de problema, cabe preguntarse: ¿dónde están las mujeres? ¿Cómo aparecen? ¿Quiénes aparecen? Y para sorpresa, ellas están allí, de una manera que la tradición no nos hizo verlas.
Construir sentidos marcados por las condiciones
de contexto, de sexo y de raza
No es tarea de la hermenéutica bíblica feminista aislar a la mujer como una entidad todavía mal comprendida y destituida absolutamente de poder y, consecuentemente, víctimas de una discriminación incomparable que ahora necesita ser reparada. La tarea se inscribe en la investigación de los procesos de dominación y explotación en los cuales las mujeres acuñaron su parcela de poder a través de larga resistencia. Porque esto es lo que ocurre con todos los grupos sociales.
Cuando interrogamos sobre la condición de la mujer en la Biblia llama la atención que su protagonismo cuando existe, es limitado, ya que se inserta en relaciones sociales de dominación. Relaciones éstas que a su vez no son, absolutamente paralizadoras de las mujeres, pero tampoco son totalmente revertidas por el hecho, por ejemplo, de que la profecía afirma que el castigo destinado a ellas (cf 4,14 “No castigaré a vuestras hijas porque se prostituyen ni a vuestras nueras porque adulteran”).
Es equivocado individualizar a las mujeres en el estudio de la Biblia. La construcción humana de las sociedades se da en la medida que las relaciones de fuerza y de poder se organizan para establecer lo deseado. Esto nos remite a las relaciones sociales como clave de lectura para comprender los acontecimientos. No hay nada en la sociedad que escape a un análisis de las relaciones sociales de sexo, de raza, de clase (por lo menos de estas tres). Hay una multiplicidad de relaciones que se entrecruzan, que se determinan y en su análisis podemos encontrar mayor claridad en el diálogo Vida y Biblia.
Siguiendo la huella del capítulo cuarto de la profecía oseánica, el interés es el de saber o por lo menos preguntar más sobre estas mujeres que están allá, en las eras, en tiempo de la cosecha. Refiere el texto que a la sombra agradable de los grandes árboles de los robles, de los álamos, de las encinas, las hijas se prostituyen y las nueras cometen adulterio (v. 13) y eso hace aparecer dos categorías de mujeres que están en el ámbito de la casa. Las hijas, las jóvenes que todavía están en la casa del padre y las nueras, las recién casadas. La articulación profética indica que en este momento de colecta y religión una probable desorganización de las estructuras de la casa está en cuestión.
El texto continúa con una fuerza y novedad no notada por muchos estudiosos de esta profecía. La palabra profética es muy fuerte y clara: “No castigaré a vuestras hijas porque se prostituyen ni a vuestras nueras porque cometen adulterio” (v. 14). El castigo no es para las mujeres, a ellas no está destinada la acusación.
El texto añade: “Ellos mismos se apartan con las prostitutas y sacrifican con las consagradas a la prostitución (v. 14). Otras categorías de mujeres aparecen aquí: las prostitutas, como algunas de las que se tiene conocimiento por el texto bíblico -Rahab, por ejemplo- y las prostitutas sagradas, que se dirigían a la practicas cúlticas conocidas en la región por los ritos de fertilidad del Mundo cananeo. A estas mujeres tampoco está destinada la crítica.
El diálogo con la tradición de la enseñanza de la Iglesia parece inevitable porque la expresión usada en el cap. 4 para hablar de una de las categorías de mujeres, las hijas, es la misma expresión que el cap. 1 utiliza para hablar de Gomer. Ella es mencionada no como “la prostituta” sino con una expresión en plural “mujer de prostituciones” (cf. 1-2) que puede indicar la existencia de otras hijas en igual situación.
Es importante notar que Gomer es referida por el nombre de su padre. Es la hija de Deblaim (1-3). ¡Solamente las vírgenes listas para el casamiento están en la casa del padre, las prostitutas no! El texto de la profecía oseánica en su totalidad y en sus detalles dice mucho más de lo que la tradición y el uso pastoral del texto nos presentaron. La situación de prostitución que reinaba en todo el país, según el texto: “porque la tierra se prostituyó constantemente, apartándose de Yavé” (1-2) no es caracterizada exclusivamente por la figura de Gomer como “la prostituta”. El prejuicio generado en torno a ella y el contexto negativo sobre la mujer a lo largo del proceso de construcción teológica de la Iglesia sobrepasó el mismo texto bíblico, prostitución en Oseas es una categoría que abarca varias áreas de las relaciones en Israel, y supera, con creces, las lecturas moralistas que individuan en la mujer a la prostitución y la condenan por eso.
Las relaciones de prostitución marcan toda la vida de Israel y no es solo un “privilegio” metafórico del casamiento de Oseas y Gomer para enseñar al pueblo sobre su situación. Prostitución es categoría política, económica y religiosa.
Buscando la dimensión relacional e histórica
de la condición de la mujer
Gomer es una de aquellas tantas otras hijas que son prostituidas en las eras, en tiempo de cosecha. En el momento grande de la reunión popular para el trabajo, para la celebración, para la religión, hay prostitutas y hieródulas envueltas en la prostitución. Hay nueras que adulteran y hay hijas, entre ellas Gomer, siendo prostituidas. Pero, ¿por qué? ¿A quién interesa? ¿Qué relaciones están trazadas aquí? No está demás retomar que no cabe aislar a la mujer para estudiar su condición, sino cabe preguntar por las relaciones en las cuales esta envuelta. En esto está la clave que abre el texto. Observar en la trama social que se desenvuelve los diversos usos de poder entre los grupos sociales.
Cuando la reflexión teológica omitió el acento en la afirmación profética “no castigaré a vuestras hijas ni... a vuestras nueras” los responsabilizados parecen haber sido absueltos. Y la culpa se movió en dirección a la mujer que se volvió símbolo de una unión infiel, débil, culpada y que semejante a Israel carecía del amor gratuito del compañero masculino para redimirse.
Analizar la condición de la mujer a la luz de la profecía de Oseas nos remite a mirar el conjunto de las relaciones no sólo entre hombres y mujeres, sino mirar el conjunto social con sus diversos grupos en sus organizaciones y los diferentes usos del poder.
En la escena destacada que explicita la funcionalización del cuerpo de las mujeres en un momento de colecta y religión popular, ¿cómo entender lo que está sucediendo? ¡No hay cómo no ver que hay una estructura que se fortalece en el debilitamiento del cuerpo de estas mujeres o más exactamente de estas pequeñas hechas adultas demasiado temprano por causa de una lógica asesina!
Los responsables de esta situación, según la contundente crítica de la profecía no pueden ser otros sino aquellos que dan la moldura al cap. 4: son los agentes del Estado. De ellos se habla en la primera parte (4.4- 11) y vuelven a aparecer con los jefes del pueblo al final (4,15-19). El v. 4 afirma que será abierto un proceso contra los sacerdotes porque ellos son responsables de hacer tropezar al pueblo.
Sigue el texto: “Mi pueblo no tiene conocimiento porque el sacerdote lo descuidó y también su tarea de enseñarlo y preservarlo (v. 6). Las enseñanzas de Dios, sus leyes, su alianza fueron olvidadas. Los sacerdotes crecieron en gran número y en la misma medida su pecado (v. 7) que consistía en hacer del pecado del pueblo su alimento (v. 8). Eran responsables de las faltas del pueblo para sacar provecho de ellas.
La discusión con estos agentes del Estado continúa (cf. 15-19). Los santuarios importantes en el reino del Norte, Guilgal y Bet-Aben (Betel) son referidos después de un imperativo de no ser considerados como camino religioso a seguir. En la secuencia está la orden de no pronunciar el nombre de Yavé (v. 15). No se trata de negar a Baal o de no pronunciarlo, sino que la prohibición es de cultuar a Yavé en los lugares tradicionales (v. 15). Por fin, el anuncio de que la alianza con los ídolos y altares será ruina para Israel (v. 17, 19).
Pero, ¿estarían en discusión únicamente cuestiones de orden religioso? Y aun esta cuestión ¿qué novedad presenta en vista de las lecturas convencionales se hacen? ¿La perspectiva profética no es mucho más aguda que simplemente trabajar la oposición Yave-Baal como se hace normalmente?
Asumiendo la existencia de poder en los grupos sociales
La crítica pesada que recae sobre el sacerdote nos inclina a preguntar quién es él en la estructura del Reino de Israel. Y mirando la monarquía no hay manera de separar la organización política y económica de la religiosa. Sacerdote es agente directo de tal sistema. Oseas habla con mucha claridad, hacer reyes y príncipes sin el consentimiento de Yavé es lo mismo que hacer dioses con las propias manos (cf. Os. 8,4).
El Reino del Norte donde ocurre la profecía de Oseas está marcado por un modo de organización tributarista, lo que significa que el Estado depende de los trabajos de los campesinos en la forma de trabajos forzados para el Estado durante un período de un año sin remuneraciones; también de sus tributos en la forma de productos recogidos en cada plantación; y también del contingente de hombres para formar el ejército. Esta última, era una fuerza indispensable para garantizar la soberanía de este tipo de organización socio-económica y política. Un sistema tributario se organiza para recoger lo que le es debido de alguna manera, una de ellas es por la fuerza de las armas cuando es necesario, otra es a través de las practicas religiosas para suavizarlo cuando hay necesidad de tributos que superan mucho la contrapartida de los servicios prestados por el Estado al pueblo. Por este camino es posible comprender la crítica de la profecía a los sacerdotes como agentes de esta estructura que aparta al pueblo del conocimiento de Yavé.
Yavé para la profecía oseánica es siempre referido al Éxodo, a un proyecto liberador que incluye al pueblo en una organización socio-igualitaria en que la figura del rey es superada en cuanto señal de una estructura explotadora del pueblo.
Pero siguen nuestras preguntas. ¿Por qué explícitamente las mujeres son mencionadas en sus diversas categorías en este momento de crítica a los sacerdotes? ¿Sería para reforzar nuestro imaginario de que prostitución es algo que envuelve en primera instancia a la mujer?
¡Seguramente no! La pregunta por las relaciones sociales de poder aquí descritas nos lleva a interrogar sobre ¿qué poder tienen las mujeres en este elemento que el Estado tanto necesita para su sustentación? ¿En qué dependía la estructura tributarla de las mujeres? La respuesta a cuestiones como éstas puede ser ensayada a la luz de la comprensión de que en la relación de dominación y de explotación hombre y mujer actúan cada uno con sus poderes. Este dato es de fundamental importancia cuando deseamos superar el debate con la sociedad patriarcal como si sus estructuras retiraran totalmente o absolutamente el poder de las mujeres. Con certeza el acceso al poder es desigual y marca las relaciones sociales, en cuanto relaciones de sexo, de clase, raza, y otras.
En el conjunto de las fuerzas sociales, el embate de la mujer con el Estado se da en torno al tributo y al ejército que sustentan el sistema tributarista. ¿De dónde provienen estos elementos de los cuales depende el Estado? De la casa que estructura la producción y procreación con sus divisiones del trabajo. El pueblo de un modo general, tiene el fruto de su trabajo expropiado por medio del tributo. Sin embargo, la mujer con la función de generar hijos y garantizarles la subsistencia cotidiana administra más directamente el producto esencial que debe quedar en la casa para que todos tengan lo necesario entre los períodos de cosechas.
En este sentido, el cap. 2 de Oseas es bastante esclarecedor. La mujer es cuestionada por “correr detrás de amantes, en busca de lana, de lino, de aceite. de vino, de pan, de agua” (v. 7). Sin duda, estos son los elementos básicos para la subsistencia. A la mujer se dirige la palabra de alerta acerca de la ilusión que las estructuras promueven como si ellas fueran las que posibilitaran la sobrevivencia que es nada menos que el fruto del propio trabajo del pueblo (cf.2,10).
Hay grandes fuerzas en la convocación a la mujer para salir de este proceso alienante que reduce a fetiche el producto y para estar atenta a la situación de los hijos, que de ella dependen, si no serán abandonados (cf. 2,6: “no amaré más a vuestros hijos”).
Hijos y productos son grandes cuestiones del cap. 2. En torno a estas cuestiones el debate es con la mujer. La situación de prostitución toca su casa y la vuelve presa del Estado que le expropia el producto como impuesto, los hijos para el ejército y la conciencia a través de la funcionalización de la religión popular en los tiempos de colecta. La era está al servicio del Estado. ¿De qué manera? Haciendo del placer del descanso a la sombra de los árboles el medio para que la procreación se dé en mayor escala. El ritmo de la casa con embarazos de tres en tres años para dar tiempo de amamantar a los hijos como Gomer hizo entre el nacimiento de su hija y de su último hijo (cf. 1,8) no sirve a la urgencia de este Estado. Así como hombres que se liberan durante un año de los servicios de guerra y de las obligaciones militares cuando se casan (cf. Dt. 24,5) tampoco ayudan con este proyecto militarista del Estado. La única manera es interferir alterando el orden de la casa.
No se puede olvidar que en esta época, segunda mitad del siglo VIII, antes de Cristo, el imperio asirio es una fuerza devastadora y cualquier nación pequeña sólo sobrevive si le paga tributos y si tiene una fuerza militar mínima que garantice la soberanía. Israel lucha por mantenerse en cuanto nación. Basta ver cómo se describen las alianzas internas y las alianzas externas en el libro de 2 Reyes 15-17.
La estructura monárquica está siendo duramente cuestionada (cf. 1.3-5; 8,4; 13,9-11) y romper con las marcas de la religión que encubren las cadenas de explotación y dominación es fundamental. Sólo así el pueblo puede reconstruir una organización social que le devuelva el vigor de la juventud (2,17) como en los tiempos del desierto cuando se comenzaba a organizar la nación en molde distinto de las ciudades-estados.
Romper con la condición de víctimas de la mujer afirmando su resistencia
La propuesta hermenéutica para la lectura de Oseas asume el desafío de dejar de buscar lo específico de la mujer, la contribución de la mujer o de lo femenino. La búsqueda es por el grupo social “mujer” en sus diferentes expresiones de relaciones sociales. No se pretende subrayar a Gomer o a las mujeres envueltas en los ritos de fertilidad para garantizar la legitimidad de la voz de las mujeres para hablar de Dios. Constatar su presencia y afirmarla, ésto si es un rescate necesario. Visibilizar a las mujeres y sus actuaciones significa preguntar por la realidad estructural y por las relaciones de poder de la sociedad que se componen de actitudes distintas en cuanto a grupos sociales, hombres y mujeres.
En este sentido, la descripción del proceso de cosecha en Oseas indica que entre el placer y el dolor hay una estructura que se sustenta con el sacrificio humano. Sacrificio que precisa ser frenado antes que ciegue más vidas. Con todo, si hay en la profecía señales de expropiación del cuerpo de la mujer, hay también señales de resistencia. No hay por qué enfatizar demasiado la explotación y la condición de víctima en esta estructura. La profecía trae importantes trazos de resistencia:
“No hay más nacimiento, no hay más embarazos,
no hay más concepción.
Aunque ellos críen a sus hijos
yo los privaré de ellos antes de que sean hombres...
Dales Yavé... ¿Qué darás?
Dales entrañas estériles y senos secos,
aunque ellos generen hijos,
haré morir el fruto querido de su seno”. (9,11.14.16).
“Los dolores de parto le sobrevienen,
pero es un hijo necio;
porque llegado el momento, él no sale del seno materno” (13, 13).
El cuerpo de las mujeres no responderá a las exigencias del Estado. Sus hijos no van a ser generados, sus vientres quedarán estériles, sus senos secos, sus hijos no llegarán a adultos. Son palabras esparcidas a lo largo del texto oseánico (4,10; 9,13-17; 13,13; 14,1).
La denuncia de violencia al cuerpo de las mujeres y niños necesita ser hecha, pero esto no significa recaer en un discurso de victimización que encubra las parcelas de poder apropiadas por las mujeres en lo cotidiano. No se trata ni de exaltar el protagonismo social y real de las mujeres, ni de afirmar su absoluta falta de poder. Se trata, pues, de tomar las relaciones sociales como estructurantes de la realidad que es siempre un proceso histórico construido y permeado de contradicciones.
El cuerpo de la mujer, tanto en la profecía, cuanto en nuestros días, trae la marca de un sistema que se alimenta del sacrificio humano, pero en ambas realidades, el uso del poder aunque limitado, se hace presente marcando la resistencia de quien lucha por la dignidad de la vida.
Tania Mara Vieira Sampaio
Rua Prudente de Moraes, 1341, ap. 101
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Brasil
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