
RESEÑAS
Elogio de la diferencia. Lo femenino emergente, Rosiska Darcy de Oliveira, Sao Paulo, Brasiliense, 1991.
María Clara Lucchetti Bingemer
“Después de un buen tiempo deseando encontrar su espacio y su lugar en igualdad con los hombres, las mujeres ahora sienten la necesidad de ejercitar justamente esta diferencia que les es propia.
Sobre ese nuevo momento del movimiento femenino, Rosiska Darcy de Oliveira se vuelca en este libro. Pionera del movimiento de mujeres, participando de él con cabeza y corazón, Rosiska anuncia, en la introducción del libro: “El movimiento de mujeres es para mi, para mí generación, esa cuerda en que subimos para probar que, al alcance de la mano, se ofrece a nosotros un mundo más tierno, más suave” (p. 18). En verdad, el fino análisis de Rosiska parte de la constatación de que la entrada de las mujeres en el mundo de los hombres produjo un resultado de malestar, desvío y conflicto. Citando a Marcuse, ella recuerda la llamada de atención que él mismo, en el inicio de los años 70, ya había levantado “sobre el hecho de que las mujeres quieren y necesitan mucha mas que una “igualdad represiva”, un mero derecho de acceso a “la realidad de los hombres”, con todo esto lo que ésta comporta y exige como negación de la experiencia femenina” (pp. 47-48).
Maduramente, la mujer descubre hoy que si el precio de la libertad es negar la propia identidad, esa libertad no es liberadora y, por tanto, no puede ser deseada. Por ello “en el fin de los años 80, las mujeres comienzan a defender la igualdad, no más en nombre de su capacidad de asemejarse a los hombres, sino sobre todo en nombre de su derecho de diferenciarse de ellos” (p. 73). Ser diferente sin ser inferior, es éste el nuevo (y al mismo tiempo tan antiguo) desafío que el talento de Rosiska desdobla delante de los ojos del lector, afirmando que “redefinir lo femenino y no tener más un pasado nostálgico ya repudiado, al cual referirse, ni tampoco un modelo masculino al cual adherir” (p. 73-74).
El poder de invertir la ecuación que igualó diferencia con inferioridad está, según la autora, en las manos de las mujeres. “Las mujeres son diferentes de los hombres; si esa diferencia hasta hoy fue interpretada como fundamento y justificativo de la desigualdad, sólo depende de las propias mujeres romper ese hecho, dándolo vuelta al revés” (p. 109).
Vivir y ejercitar la diferencia es, pues, el proyecto que Rosiska propone para las mujeres de hoy. Haciendo así, éstas estarán no negando la lucha por la igualdad de derechos, sino calificándola de manera nueva y original, por dentro, desde dentro, profunda y radicalmente.
Escrito con maestría, belleza, amor y honestidad, ese libro da nuevo aliento al movimiento de mujeres del mundo entero y de todas las latitudes que continúan, hoy más que ayer, viviendo el desafío de ser plenamente mujeres en un mundo todavía comandado por los hombres y por los padrones masculinos de ser y hacer.
Ese movimiento es apasionado porque aquello que lo motiva es una pasión atrayente y al mismo tiempo dolorosa. En verdad, como constata Rosiska en el capitulo final de su libro, “la herida de lo Andrógeno jamás cicatrizó” (p. 113). Criados para ser uno solo, hombre y mujer sufren de verse partidos y divididos y, nunca más recuperando plenamente la unidad, deben buscarse eternamente en erráticas aventuras que, aun cuando exitosas, nunca más forman el encaje perfecto y la unidad perdida.
Sin embargo, mujeres y hombres que todavía son capaces de deseo y de fe intentan. Y buscan, “en algún lugar en el futuro, recrear el perfecto equilibrio, celebrar la olvidada armonía que permitirla el advenimiento del amor” (p. 146).
Sin embargo -agrega sabia y realísticamente Rosiska- “ese amor tiene condiciones. Lo Andrógeno solo sería posible si Antígonas fuese feliz” (p. 146).
Revisitando Antígonas al final del siglo 20, Rosiska es fiel a su raza, a su sexo y con ellos al destino del pensamiento occidental que “vive su eterno retorno a la tragedia de la Antigüedad” (p. 27). Redescubriendo en el rostro arquetípico de Antígonas inspiración para su vivir en el mundo de hoy, las mujeres consolidan su presencia adquirida en el espacio político, buscando en el ejercer la lógica de lo Femenino.
En su bellísimo libro, Rosiska Darcy de Oliveira nos propone a todos nosotros, hombres y mujeres, seres humanos, la utopía de “inaugurar relaciones humanos en las que la aceptación de la diferencia sin desigualdad reconcilia a hombres y mujeres y ponga fin al desencuentro de las mujeres consigo mismas” (p. 18). Haciendo axial, estará contribuyendo para que más y más el gesto de Antígonas se inscriba en la historia, en la fragilidad expuesta de su ser femenino, como rebeldía fecunda que rechaza el decreto de ausencia y de silencio en un mundo don de otros pretenden ser señores únicos y absolutos.
Para las mujeres teólogas, que pretenden interpretar y organizar el dato bíblico en un discurso coherente e inteligible, “Elogio de la diferencia” trae instigantes cuestionamientos y preciosas contribuciones. Los textos bíblicos, escritos en un tiempo y en una cultura marcadamente patriarcales cargan, sin embargo, en su interior, trazos luminosos de esa “diferencia” femenina que, buscando por otras vías la fidelidad a Dios, la liberación del pueblo o el compromiso en el proyecto del Reino, se afirman como personas y abren espacios nuevos a lo colectivo y a la comunidad.
Aportando en el espacio público muchas veces por el camino de lo privado, de lo doméstico, de las luchas inmediatas, de las relaciones en puntos pequeños que forman su universo, las mujeres de la Biblia enseñan a las mujeres que hoy trabajan con la Biblia, a “elogiar la diferencia” que las hace ser lo que son: criaturas irrepetibles del sueño creador y vital de Dios. Siendo así, a buscar la concreción del Amor no en una inútil tentativa de uniformar una igualdad sin rostro, sino un fecundo encuentro de diferencias que resulte en una unidad rica y abierta.
Camino no exento de dolores, pero único en términos de real y sana posibilidad, el asumir de la diferencia parece ser hoy elemento indispensable en una hermenéutica bíblica desde la óptica de la mujer. El libro de Rosiska ciertamente será de gran ayuda para las mujeres que, siempre más numerosas y más profundamente, se lanzan en ese camino sin vueltas de pasión y dedicación al estudio, interpretación y transmisión de la Palabra de Dios.
María Clara Lucchetti Bingemer
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