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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

EL DIOS QUE LIBERA
Y FORTALECE A SU PUEBLO

Adolfo Ham

 

En el Caribe inglés un concepto muy usado es el de ‘empowerment’ (capacitación), que apunta a la necesidad de ayudar a los marginados a reconocer sus derechos y a capacitarlos para ejercerlos. Esto me incitó a examinar en la Biblia este concepto. Curiosamente en el Antiguo Testamento los conceptos relacionados con el ‘poder de Yaveh’ surgieron de la experiencia de la lucha del pueblo por su liberación, y es aquí donde se manifiesta su ‘gloria’ y ‘poder’. En el Nuevo Testamento, particularmente en el Magnificat de María, en los relatos de las tentaciones de Jesús y en los milagros (denominados “señales” por Juan y “hechos poderosos” por los sinópticos), Jesucristo siempre confiere a los beneficiarios un nuevo sentido de dignidad y de capacitación para asumir esa lucha.

In tho Englisch Caribbean the concept of ‘empowerment’ is widely used pointing to the need to help the marginalized to recognize their rights and to empower them to excercise them. This incited me to examine this concept in the Bible. Curiosly in the Old Testament all concepts related to the ‘power of Yaveh’ have originated out of the experience of the people’s struggles for liberation and here is where the ‘power’ and ‘glory’ of Yaweh are manifested. In the New Testament, particularly in the Magnificat of Mary, the narratives about the temptations of Jesus and his miracles (called ‘signs’ by John and ‘mighty acts’ by the Synoptics) Jesus Christ always confer to the beneficiaries a new sense of dignity, empowering them to undertake the struggle.

Cuando comencé en el verano de 1991 a trabajar en la Conferencia de Iglesias del Caribe, me encontré a menudo con el concepto ‘empowerment’, o ‘capacitación’, que fue tomado por las ONGs de las iglesias del área en respuesta a la noción de ‘concientización’ de Paulo Freire. El reciente informe de la West Indian Commission bajo el título Time for Action, dice:

...la frase ‘capacitación del pueblo’ se ha convertido en una especie de frase mágica. En nuestro caso lo que significa es que nuestras sociedades rápidamente están madurando y la gente en la base confía que tienen algo que contribuir, y por tanto desean y merecen jugar un papel más allá de marcar una boleta de elecciones cada cierto número de años 1.

Este fecundo concepto denota, en el Caribe, la existencia de sectores de la población que, por marginados, ni siquiera conocen sus derechos. Habituados a la opresión, esperan resignados su liberación de los demás, aunque deberían luchar por conquistarla y mediante el proceso de la concientización reconocer sus capacidades. Esto me inspiró a examinar cómo se trata este concepto en la Biblia y cómo, muy especialmente, la misión y prédica de Jesucristo se dirigen a capacitar a la gente, al pueblo, a los pobres y olvidados de su tiempo, para luchar por su liberación y por asegurarse su plena dignidad humana.
Comencemos por una rápida revisión de los conceptos “fortaleza” y “fortalecer” en la Biblia y descubriremos contenidos que no tienen simplemente un alcance espiritual o moralista, sino que se refieren a lo que hoy denominaríamos la lucha política y la concientización.
En al Antiguo Testamento el concepto se expresa mediante: 1. la raíz ms: ser fuerte”; 2. la raíz hzq:  estar firme”, con sus sustantivos y adjetivos derivados; 3. la raíz zz: ser fuerte”, “ser poderoso”; y 4. el sustantivo koah fuerza” 2.
Es curioso que la raíz  ‘ms  surge precisamente’ en el contexto de la fuerza del pueblo (Gn 25,23 y 2 Cro 13,18). De aquí surge también la conocida fórmula de aliento “se firme y fuerte”, característica de la literatura deuteronomística y cronista, y que proviene de la promesa de ayuda de Yaveh en momentos de guerra: Dt 31,6; Js 1,6; 10,25, por tanto dirigida a un pueblo que se prepara para el combate. La promesa está vinculada a la obediencia a la Torah, como se ve claramente en el texto de Josué. Del ámbito de las ‘guerras santas’ del pueblo de Israel, pasa el concepto al lenguaje cultual como en los hermosos textos de Sl 27,14; 31,24 y en la promesa al Siervo de Yaveh, en Is 41,10.
La raíz  hzq, al igual que la anterior, surge de la misma experiencia de luchas (Jc 1,28; Js 17,13). De ahí se aplica al fortalecimiento que procede de Yaveh y en las fórmulas de ánimo en los oráculos de salvación, como en el caso anterior (por ejemplo, Dt 32,7.23 y en el mismo pasaje de Js 1,6.7.9.18). Aparece en las fórmulas “no temas” (Dt 31,7; Js 1,9; 10,25), junto al “yo estaré contigo” (Dt 31,8.23; 1 Cro 28.20). De aquí procede también la hermosa fórmula que se refiere a la liberación del éxodo: “con mano fuerte y brazo extendido” (Ex 32,11; cf. Jr 32,17-20; 2 R 17,36).
La raíz  ‘zz  produce el adjetivo  ‘az  y el sustantivo  oz. Se aplica al poder del pueblo (Nm 13,28; Is 24,3), pero también a la fuerza y poder de Yaveh que se manifiesta en su pueblo como bondadoso y protector, vinculado a su “gloria y esplendor”. Ahora bien, ese poder manifestado en la creación (Sl 68,34; 74,13) se presenta como poder libertador de su pueblo (Ex 15,13). Luego esta majestad se aplicará al culto en la alabanza, porque “es mi fortaleza y mi gloria” (Ex 15,2; Sl 118,14; 105.4; Is 12,2), porque es poderoso, es ayuda y refugio para los que le invocan (Sl 28,7-9), “es fortaleza de su pueblo y lo liberta” (Sl 46; 84,7), “irá su fuerza en aumento”.
El sustantivo koah, fuerza”, aparece típicamente en Job para referirse a la llamada “omnipotencia” de Yaveh (9,19; 36,22) y juega un papel importante en la teología del Déutero-Isaías (Is 40,26.31). Su poder se ha revelado en la creación (Jr 10,12; 51,15) y en la historia de la liberación (Dt 4,37; Sl 111,6). De ahí que este poder de Dios se proclame en los cánticos de alabanza (Sl 147,5; 1 Cro 29,12, etc.), y también se repiten las expresiones anteriores “con gran poder y brazo fuerte” (Ex 32,11), “con gran poder y brazo fuerte” (Ex 32,11) y “con gran poder y brazo extendido” (2 R 17,36; Jr 27,5; 32,17; Dt 9,29).
Resumiendo: la experiencia que Israel desarrollaba de Yaveh era a partir de su lucha por su liberación y la búsqueda de su identidad como “pueblo de Dios”, y es precisamente en esta experiencia de lucha del pueblo que se manifiesta la fortaleza y gloria de Yaveh.  

1. Dios es fuerte porque libera.
2. Yaveh comunica su fuerza al pueblo para que éste colabore y participe en su proyecto de liberación.
3. El mejor reconocimiento y alabanza a Yaveh por su poder es participar en su proyecto libertador.
4. El culto a Dios es un círculo que comienza con nuestra participación en su proyecto libertador y termina con el fortalecimiento de su pueblo para continuar la lucha.
5. Yaveh nos manda a ser “firmes y fuertes”, a “no temer”, porque siempre nos guía “con su brazo fuerte”.

El desarrollo de estos conceptos en el Nuevo Testamento naturalmente que parte de este trasfondo del Antiguo Testamento, aplicados ahora al nuevo pueblo de Dios: la iglesia. Sin embargo, indebidamente todo este desarrollo conceptual en el Nuevo Testamento lo hemos aplicado principalmente al campo de la espiritualidad y la ética. Los términos a estudiar son  dynamis,  isjyróo,  y el adjetivo  isxyrós,  energía,  exousía  y  krátos, todos traducibles por “poder”  3. Una buena cita es el Magnificat: Dios es el “poderoso” que “ha hecho proezas con su brazo...  quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes” (Lc 1,49.51.52). ¡El poder de Dios se manifiesta en quitarle el poder a quienes lo han usurpado (Col 1,11-14)! En el v.11 aparecen varios de estos términos en el contexto de la lucha contra las tinieblas, recibiendo la “herencia de los santos en luz”.
Tenemos el bien conocido pasaje de Ef 6,10-20: “haciéndonos fuertes con su fortaleza” (v.10), y entonces librar la batalla. ¡Qué falta hace una lectura popular latinoamericana de este pasaje! Podremos imaginarnos las comunidades de base, los sindicatos, o los demás grupos organizados para la lucha en nuestros países, tomando este texto para “estar firmes” ante las torturas, las traiciones, las delaciones, y aun los peligros de muerte. Ya otros teólogos han señalado la importancia de toda la imaginería militar en el Nuevo Testamento, especialmente en Pablo. Los “principados” y las “potestades” actuales son por supuesto los poderes políticos y los neo-imperialismos. De ahí la importancia de toda esta imaginería en el Apocalipsis. En el mundo del NT cundía un fatalismo debido a la astrología y otras influencias religiosas que condenaban a la gente a aceptar el destino sin ningún cuestionamiento.
Por el contrario, a la fe cristiana ofrecía “las armas” apropiadas para luchar contra estos poderes hostiles, haciendo posible un sentido de libertad para luchar contra estos “poderes de las tinieblas” y de muerte. En el Apocalipsis, en las doxologías dedicadas a Jesucristo, aparece, por ejemplo, el término: “el Cordero es digno de tomar el poder” (5,12; 7,7.12). El es el Señor y como tal “los poderes y autoridades” se le someten (Ef 1,20-21), y en la parusía (la llamada “segunda venida”) vendrá en gran poder y gloria (Mc 13,26-27).
Un buen ejemplo de cómo Jesucristo percibía su concepto del “poder” son los pasajes que narran las “tentaciones” (Mt 4,1-11 y Lc 4,1-13). Se trata en los tres casos de aberraciones del poder. Pero no podemos aceptar como latinoamericanos y caribeños que la enseñanza fundamental del pasaje es que en última instancia todo poder político es necesariamente satánico, porque no todo poder político es necesariamente injusto, sino sólo aquél que atenta contra la dignidad humana o porque “le dé al César lo que le pertenece a Dios” (Mc 12,17). Jesús no quiere reinar sobre este mundo, sino crear un mundo, una sociedad nueva: “el reino”. Su camino es el camino del servicio y del sacrificio, y por tanto no el mesianismo triunfalista basado en el poder político sino el basado en el amor. El reconoce su misión como la misión del Siervo Sufriente de los “Cánticos del Siervo” en el Déutero-Isaías, especialmente en Is 52,13-53,12. El camino que lleva a la victoria final es el del servicio y el sacrificio, no el del poder. También le está excluido el camino de la falsa seguridad, de esa religión barata que no es más que “magia blanca”. Asimismo es un rechazo a la “milagrería”; los milagros son los “signos del reino” que fortalecen al pueblo rendido y oprimido para recobrar su dignidad y su espíritu de lucha. Así, la cruz no es una derrota sino el cumplimiento de su misión salvífica.
Es curioso e importante que, si bien Juan denomina “señales” a los milagros de Jesucristo, los sinópticos los designan como “hechos de poder” (Mc 6,2; Lc 10,13, etc.), en el sentido no sólo que manifiestan su poder, sino que confieren poder en gente que por una u otra razón son impotentes, están exánimes. “Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a ustedes el reino de Dios” (Mt 12,28). Son manifestaciones de su poder y de la liberación de Dios realizados por y a través de su palabra, lo cual exige la fe para eliminar todo auto-matismo supersticioso. No obstante, la obra y la palabra del Mesías Jesús no pueden disociarse, por eso Juan los llama “señales del reino” (Jn 2,11, etc.). Todos los grandes temas de los profetas en el Antiguo Testamento y en la actividad mesiánica de Jesús se ilustran en los llamados “milagros”, y, por ello, todos son un preludio de su propia resurrección.
Podríamos analizar diversos milagros típicos, pero por ahora nos basta hacerlo con uno de los bien señalados en los sinópticos: la curación del paralítico: Marcos 2,1-12 y pasajes paralelos en Mateo 9,1-8 y Lucas 5,17-26. Varios elementos sobresalen en la perícopa:

1. Esta hermosa expresión de solidaridad humana, lo que se expresa en cada sinóptico como “la fe de ellos”, no necesariamente la del paralítico mismo, y que, sin embargo, motiva su curación, la recuperación de su plena dignidad humana.
2. Una solidaridad esforzada, pujante, resuelta a enfrentarse a obstáculos y vencerlos. De este grupo de parientes o amigos del paralí-tico que tuvieron incluso que pasarlo por el techo para llegar hasta el Maestro.
3. La solución del dilema necesidades espirituales x necesidades físicas del ser humano. Jesucristo no responde con palabras, responde a la pregunta: “¿Qué es más fácil?”, que significa que es más fundamental, mediante el “milagro” que restituye al enfermo a la plenitud de su liberación. Hay, claro está, en la pregunta y la respuesta la aceptación del postulado bíblico básico del pecado como raíz del mal y de la enfermedad, lo que significa —y esto es muy importante para nosotros hoy, no solamente para la medicina sino para todo proyecto socio-político que luche por la recuperación de la humanidad plena— que una simple curación física no va a la raíz del problema, que requiere el perdón y el arrepentimiento. Siempre recordaré la feliz intuición de un marxista al afirmar la necesidad del perdón, de la restauración moral y completa de la persona humana. Para mí es muy importante que Jesús no le haya dicho al paralítico: “te perdono tus pecados” y no lo curara, o le dijera “levántate, que ya estás sano”, sin que sus pecados fueran perdonados. En la perícopa, en sus tres versiones, el pueblo se maravilla de que en este milagro se haya revelado el poder libertador de Dios en Cristo como “Hijo del Hombre”: incentivado por la solidaridad humana.

Concluyo con una cita de D. Sölle que nos hace pensar mucho:

La cuestión de Dios se determina por nuestra comprensión del poder. ¿Es que podemos concebir el poder en términos exclusivamente machistas: como dominación física, orden jerárquico, o control de los inferiores por los superiores? (4).

Adolfo Ham
P.O. Box 616
Bridgetown
Barbados (Caribe)

 

1) Time for Action. Barbados, West Indian Commission, 1992, p. 83.
2) Aquí voy a seguir el Diccionario teológico manual del Antiguo Testamento, editado por Ernst Jenni y Claus Westermann. Madrid, Cristiandad, 1985, en los artículos correspondientes.
3) En lo que sigue me basaré en el Exegetical Dictionary of the New Testament, editado por Balz-Schneider, Grand Rapids, Eerdmans, 1991.
4) Dorothee Sölle, en Liaisons Internationales, COELI, no. 60, Bruselas, 1991-1992, pp. 6-7.

 
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