
Ivoni Richter Reimer,
Frauen in der Apostelgeschichte des Lukas. Eine feministisch-theologische Exegese. Mit einer Einführung von Luise Schottroff. (Mujeres en Hechos de los Apóstoles. Una exégesis teológico-feminista. Con una introducción de Luise Schottroff). Gütersloh, Gütersloher Verlagshaus Gerd Mohn, 1992, 284 págs*.
Con este libro se cierra, de forma impresionante, una laguna hasta ahora existente en la investigación feminista y, con esto, también en la totalidad de la investigación neotestamentaria. En cuanto al contenido, el profundo análisis socio-histórico de todos los “pasajes de mujeres” proporciona muchos nuevos resultados que clarifican una parte importante de la historia del cristianismo primitivo; y a partir de su especificidad metodológica, presenta igualmente algo único en la investigación. En su tesis de doctorado, hecha junto a Luise Schottroff en Kassel y revisada para la impresión, Ivoni Richter Reimer recorre un camino fascinante: desde su base hermenéutica anclada en la teología latinoamericana de la liberación, en la que teólogas feminista garantizaron su espacio desde 1985 (págs. 19-25), hasta la exégesis socio-histórica feminista (del Nuevo Testamento) en el contexto alemán-europeo. De este encuentro fructífero, el análisis y la reconstrucción del mundo de trabajo y de vida de mujeres judías y cristianas recibe una fuerza paradigmática y vivificante: la dimensión espiritual de la investigación neotestamentaria ha encontrado una nueva forma.
Lo que hace el trabajo tan refrescante es el hecho de no atenerse en demasía a la lamentable visión androcéntrica del texto bíblico, la que, no obstante, es corroborada en los lugares verdaderos. Se sabe que Lucas está interesado primordialmente en sus protagonistas Pedro y Pablo, y luego en sus “colaboradores”. Las mujeres aparecen solamente en los sumarios y en pocas situaciones conflictivas. La perspectiva androcéntrica del texto, sin embargo, es sobrepasada en mucho por los intérpretes cristianos. Este hecho es demostrado en muchos pasajes como, por ejemplo, en los débiles comentarios sobre la resurrección de Tabitá, o en las afirmaciones discriminadoras respecto de la esclava profetisa. Las noticias y los episodios sobre mujeres son raros y están esparcidos por todo el libro: Safira (5,1-11), Tabitá (9,36-43), Lidia (16,13-15.40), la esclava profetisa (16,16-21), Priscila (18,1-4.18-19.24-28). Estas historias son abiertas por la autora en capítulos detallados, con base en conceptos centrales y detalles aparentemente secundarios. Surge frente a nosotros, entonces, un paisaje plásticamente visible sobre la vida de las mujeres en la Antigüedad. Echando mano de un enorme material y fuentes extra-bíblicos, como testimonios arqueológicos, epigráficos y literarios, la autora confirma y profundiza afirmaciones que Elizabeth Schüssler Fiorenza y Bernadette Brooten hicieran anteriormente. Es probable que un lector o lectora que se oriente más por la exégesis tradicional, pueda sentir la falta de una discusión previa y separada sobre el modo de trabajo de Lucas. Pero está cuestión de la calidad histórica de la obra lucana ha sido recientemente muy bien trabajada por otros autores, como por ejemplo R. Riesner.
En todos lo casos, e independientemente de la historicidad de todos los trazos de algunas anécdotas, los pequeños detalles de los textos que fueron analizados por Ivoni Richter Reimer ofrecen nuevos horizontes bíblicos y socio-históricos. Es muy sabroso leer su análisis de términos y conceptos (por ejemplo, proseuché (lugar de oración) y porfirópolis (comerciante de púrpura), lo mismo que los vocabularios marcantes que hacen parte de la historia en el capítulo sobre Lidia (págs. 91-123), que avanza persistentemente basado en un esmerado trabajo de concordancia: es, por así decirlo, un modelo de “exégesis investigativa” o, para hablar con palabras de Ernst Bloch, un modelo de “crítica bíblica detectivesca”. Así, de la breve, pero rara, noticia sobre las “mujeres reunidas” (Hch 16,13), va resurgiendo el cuadro de una comunidad cúltico-judaica de mujeres; todo eso ante el panorama de predios sinagogales helenísticos. La autora prueba que la producción de púrpura con base vegetal era muy conocida y que, con ella, con gran probabilidad, eran tejidos teñidos en Tiatira, la ciudad de origen de Lidia. Con esto se desacredita cada vez más la difundida afirmación de que Lidia era una gran empresaria en el ramo de artículos de lujo (págs. 123-142). Ella debe haber pertenecido, por el contrario, a la categoría profesional de los/las tintureros/as y comerciantes de tejidos; esta categoría era despreciada por la clase alta de la sociedad por considerarla “sucia” (Cicerón). Lidia era líder de una pequeña cooperativa productiva en su casa, la que, entonces, paso a ser una “iglesia doméstica”, “un centro de resistencia de una comunidad judaico-cristiana de personas igualadas” (págs. 267) en la colonia militar romana de Filipos. Tal anti-sociedad es expresada con la pequeña palabra parakalein (pedir insistentemente), en Hch 16,15 (págs. 143-157): aquí no se trata de una impertinente ama de casa que no acepta el rechazo de su hospitalidad, como lo sugieren los comentarios, sino que Lidia actúa en el sentido bíblicamente testimoniado de responsabilidad en relación a la protección de los huéspedes, en solidaridad frente a la posible y plausible persecución política.
De un modo igualmente explícito la autora desarrolla, en el capítulo sobre Priscila (págs. 202-230), la unidad entre el duro trabajo material —hacer tiendas— y el anuncio misionero en la comunidad de hombres y mujeres, la que no puede ser definida patriarcalmente. También aquí es revisada la tesis de que Priscila hubiese sido rica. La más importante misionera ejerció —al igual que su marido Aquila y que Pablo— un trabajo manual de clase empobrecida.
Respecto a la interpretación de la historia de Safira y de Ananías (págs. 29-54) se puede decir, sin exageración, que ésta ocurre en su sentido más profundo por primera vez con este trabajo. La muerte de la pareja, que mediante la retención de una parte del dinero de la venta del terreno, quiere lograr la “comunidad de bienes” de Jerusalén, debe ser entendida como expresión del pecado que trae la muerte, del pecado de la avaricia, del abuso mortal de Mamón, y no como tradicionalmente se ha hecho, como un “milagroso castigo” realizado por Pedro. La autora muestra, de forma concluyente, en qué consiste el pecado específico de Safira, que es la sumisión, la obediencia, en el contexto de un matrimonio patriarcal. Después que Safira había dado a su marido el consentimiento para disponer sobre sus bienes garantizados por el derecho conyugal (kethuba, con detalladas explicaciones al respecto), ella podría —o hasta debería— haber negado ese consentimiento debido a la retención fraudulenta. Es así que esta narración tan triste sirve para aclarar la situación de las mujeres:
Para las mujeres, esta historia puede dar impulsos liberadores… las mujeres deben oponerse a las estructuras que generan muerte, a fin de que ellas mismas y otras personas no sean arruinadas. Ellas deben poder confiar en el hecho de que, por medio de tal desobediencia, encontrarán un lugar en la comunión de las personas santificadas… Su desobediencia les puede posibilitar el camino para una vida libre. Su resignada co-sabiduría/complicidad, al contrario, puede traer la muerte (pág. 265).
El libro termina con una suscinta visión de pasajes que mencionan mujeres breve e implícitamente, y con una reflexión sobre mujeres silenciadas; después de esto viene la conclusión.
El valor teológico de este trabajo consiste asimismo en cómo abarca el gran mal fundamental que, junto al hecho de tornar invisibles a las mujeres, domina la ciencia teológica cristiana, y que es el antijudaísmo. Tenemos aquí una de las primeras disertaciones en lengua alemana que, del inicio al fin, no parte explícita o implícitamente de un profundo antagonismo entre la fe judáica y la fe cristiana, y de una difamación del judaísmo. Sabemos que los trabajos feministas no están libres del mal del antijudaísmo. La investigación feminista, aunque no intencionalmente, también recae en antiguos modelos peligrosos. Ivoni Richter Reimer demuestra el valor eurístico de un relacionamiento no polémico con el judaísmo, principalmente en el capítulo sobre la discípulo (¡mathétria!) que murió repentinamente: Tabitá (págs. 55-90). Sus obras de amor, que se expresaban en la producción de tejidos para viudas empobrecidas, juntamente con el luto de las mujeres, se convierten en el motivo fundante del milagro de resurrección realizado por Pedro.
El significado de la práctica judaica de la misericordia, libre de la denuncia de la “moral del merecimiento” habitualmente hecha por los protestantes, es enfocado de una manera totalmente nueva. De este modo aprendemos a comprender a las primeras comunidades cristianas como una de las formas alternativas de comunidad dentro del judaísmo. En ellas, la justicia practicada en favor de las personas más débiles podía ser vivida. Y por medio de la interpretación de los Hechos de los Apóstoles que aquí se presenta, podemos entender a las mujeres presentes en estas comunidades “como mujeres que se dejan tocar por el mensaje liberador del Mesías judío Jesucristo, sirviendo en la construcción de formas de vida solidarias y justas” (pág. 264).
Marlene Crüsemann
Deckertstrabe 67
4800 Bielefeld 13
Alemania
* Nota del editor: la autora, Ivoni Richter Reimer, presentó ya algunos resultados de su tesis en las siguientes publicaciones:
— "Reconstruir historia de mujeres. Reconsideraciones sobre el trabajo y estatus de Lidia en Hechos 16", en: RIBLA 4 (1989), págs. 47-64.
— "Mulheres na prática da justiça e da solidariedade. Uma leitura feminista de Atos dos Apóstolos", en: Mosaicos da Bíblia (CEDI) 6 (1992).
— "Safira: o pecado das co-sabedoras", en: A Palavra na Vida (CEDI) 56 (1992).
— "Una esclava profetiza y misioneros cristianos: ¿experiencia de liberación? Consideraciones sobre Hechos 16,16-18", en: RIBLA 12 (1992), págs. 117-133.
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