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RESEÑAS
Elsa Tamez, Contra toda condena. La justificación por la fe desde los excluidos. San José, DEI-SEBILA, 1991.Causa a la vez sentimientos de gran alegría y de cierto desconcierto presentar esta obra. Alegría porque estamos en presencia de una obra de una teóloga que se ha destacado en América Latina y el Caribe por su gran capacidad bíblica, por su sensibilidad a las angustias de las mayorías, y por su disposición de servir a estudiantes y pastores. Es motivo de celebración tener en nuestras manos la tesis doctoral de esta joven pero ya gran teóloga, aceptada en la Universidad de Lausana. Elsa se ganó la gratitud de centenares de estudiantes evangélicos/as de teología con su Diccionario conciso griego-español del Nuevo Testamento, de 1978, de 200 páginas, que las Sociedades Bíblicas Unidas han venido editando en un solo tomo utilísimo con el texto del N. T. griego ¡Era todavía estudiante ella misma cuando prestó este servicio por el cual los pastores estarán en deuda por varias generaciones! Su tesis de licenciatura, La Biblia de los oprimidos (San José, DEI, 1979), puso al alcance de muchos en los varios idiomas a que ha sido traducido, los novedosos resultados del estudio bíblico en América Latina y el Caribe sobre la opresión. En el intervalo antes de que pudiera seguir sus estudios, Elsa escribió y coordinó varios libros en el área de teología feminista, (Pastoral de la mujer (1984), El rostro femenino de la teología (1986), Teólogos de la liberación hablan sobre la mujer (1986), y otros más). Con base en conferencias que dictó en São Paulo, presentó Santiago. Lectura latinoamericana de la epístola (San José, DEI, 1985). Presentó también con éxito una tesis de maestría que fue un análisis literario del Cantar de los Cantares, la cual no ha querido publicar, para frustración de sus admiradores. En fin, el lector entenderá la alegría con que recibimos su tesis doctoral. Pero, decíamos, también causa desconcierto este libro: ¿una tesis sobre la justificación por la fe? ¿Será que en Suiza, en una universidad donde pesa la figura de Calvino, le torcieron el brazo para que investigara un tema consagrado de la teología europea? ¿Está Elsa tratando de ganar méritos allá, luchando por hacer pertinente a América Latina y al Caribe una doctrina de la Reforma? Igualmente no deja de causar cierto desconcierto al gremio de biblistas que este libro de una compañera destacada no es uno de interpretación bíblica, sino de teología sistemática, escrito bajo la supervisión del doctor Klauspeter Blaser, un hombre interesado en América Latina y el Caribe y en el socialismo religioso, pero no un biblista. Que Tamez es sensible a la so what question, la pregunta por la pertinencia de su tema, es evidente desde la primera línea del capítulo 1, “¿La pregunta sobre la justificación por la fe es relevante hoy en América Latina?” (pág. 19). Todo el primer capítulo es un intento de responder (19-49). Presenta los resultados de una pequeña encuesta entre sus alumnos/as, indicando las percepciones de algunos jóvenes evangélicos latinoamericanos y caribeños de esta doctrina de su pasado reformado. Muestra cómo algunos teólogos latinoamericanos (Miranda, Alves y Segundo y muchos mas) han abordado crítica y exegéticamente la doctrina. Y señala los efectos nocivos de la interpretación popular de ella, individualista y con énfasis en el perdón de los pecados. ¿Ha demostrado la pertinencia del tema? Este lector se reserva algunas dudas aún, si no es un problema importado del pasado cuando el temor del individuo de enfrentarse desnudo a la ira de Dios era un motivador decisivo de la reflexión teológica. Quien escribe se acuerda haberse sorprendido cuando llegó como estudiante a EE.UU., y descubrir a muchos jóvenes cristianos absortos en este problema, que parecía tan ajeno al mundo real donde vivíamos los evangélicos en Nicaragua. No obstante Tamez ha demostrado que muchos en América Latina y el Caribe nos hemos ocupado de la doctrina. La otra parte de las respuestas a la pregunta por la pertinencia tiene que ver con su utilidad para los cristianos dentro del movimiento popular. De esto trata la parte sistemática y constructiva de este libro, su capítulo tercero y término (137-185).¡Esto sí que es teología de primer orden! Su título es, “La justificación como afirmación de la vida: ensayo de reconstrucción teológica”. Y su clave es la “relectura teológica”. Ahora vemos con precisión lo que Elsa quiere decir con esta expresión que hemos escuchado muchas veces en sus labios. Se trata de una “lectura” situada, situada desde los excluidos —aquellas mujeres, indios, desempleados, y más, que no aportan nada al mercado, pues no son consumidores solventes, y nada a la producción, pues no tienen un nicho en un sistema productivo que goza de un exceso de mano de obra—. Relectura teológica, para Elsa, es preguntarse desde las vivencias y las necesidades vitales de este sector sobrante que esperanza da, si es que brinda alguna, saber que Dios justifica por la fe de Abraham, de Jesús, y de miles de víctimas más. El argumento teológico de Tamez es que la base de la justificación (el “hacer justicia”) es la resurrección (y no la cruz, como la teología protestante clásica lo había entendido). ¡Dios levanta a la vida, al que ha sido condenado por el sistema a la muerte! Bueno, no cabe duda de que Elsa ha logrado mostrar posibilidades donde no era evidente que las hubiera. Y lo ha hecho humildemente, recurriendo a abundantísimas citas de autores latinoamericanos —Míguez Bonino, Gutiérrez, Alvez, Sobrino, Segundo, y muchos más—. ¡Nos podemos imaginar la dificultad de convencer a sus examinadores suizos! El efecto es mucho más que una sistematización del trabajo colectivo, es una contribución original valiosísima. Llegamos ahora a lo que, para los/las lectores/as de RIBLA, será el meollo del libro, su interpretación de las cartas de Pablo para rastrear el tema de la justificación (capítulo segundo, págs. 51-136).Aquí Tamez trabaja dentro de la tradición bíblica europea, por encontrar aún una carencia de estudios en América Latina y el Caribe. Lee todas las cartas auténticas, comenzando con 1 Tesalonisenses y terminando con Romanos. Pero antes de la lectura del texto, y congruente con su método de “relectura”, hace una investigación de Pablo como “judío, artesano, y prisionero”, y del imperio romano con su verdad de “paz y concordia” impuesto por la fuerza de las armas. El situar a Pablo dentro del imperio y dentro de las condiciones que éste impuso sobre el misionero (la vida dura del artesano que pasó por varias cárceles) es indiscutiblemente una virtud del libro. No debemos nunca leer a Pablo de otro modo. La lectura de las cartas es temática y no sistemática, la cual deja abiertas muchas dudas, especialmente en el caso de la carta a los Cristianos de Roma. Elsa trata de situar el problema de la justicia de Dios en transformar las injusticias sistemáticas de la vida en el imperio. En esto se apoya, como era de esperar, en los primeros dos capítulos de Romanos, con su énfasis en la adikia, que es la fuerza activa que “detiene la verdad” haciéndola falsedad. Sin embargo ella misma reconoce que “el tema de la justificación por la fe y no por las obras de la ley, dijimos, aparece más explícitamente dentro de la polémica con judeo-cristianos o judaizantes” (105).Y esto, en mi opinión, no lo logra explicar. Si bien es cierto que los no-judíos son los excluidos para este grupo, y esto empata con el argumento de que la doctrina se puede “releer” desde excluidos mujeres, artesanos o esclavos, no es creíble aún la razón de Pablo para dar tanto énfasis a estos judaizantes. Obras recientes, de modo destacado las investigaciones de E. P. Sanders (Paul and Palestinian Judaism. Fortress, 1978), han demostrado que el cumplimiento de la ley no fue la base de la aceptación ante Dios en el judaísmo del primer siglo. La pertenencia al pueblo del pacto, la aceptación del yugo del pacto, era lo único indispensable. Ninguna violación de la ley era tan grave para excluir de la gracia de Dios a quien era miembro del pueblo del pacto. Sólo que se blasfemara contra Dios y su pacto, se cancelaba esta pertenencia. Entonces, ¿con quién está Pablo discutiendo si no es con judíos? ¿Por qué le dio tanta importancia a grupos de judaizantes que no conocían la vida judía? ¿Será posible que Pablo estuviera fuera de la realidad cuando, en Gálatas y Romanos, dedica tanto espacio a una polémica que parece estéril y sin adversario real, o por lo menos históricamente importante? ¿Qué problema pudo constituir para los cristianos de Roma ser excluidos por un grupo periférico y sectario, que no poseía medios eficaces de represión? La ausencia de esta problemática vuelve no convincente la “relectura” de Pablo en esta magnífica tesis doctoral. Y esto a pesar del acierto de situar históricamente al judío, artesano y preso Pablo, en su contexto en el imperio. ¡No se equivoque el lector! Este es un libro teológico que tiene importancia para el biblista. Esta es una tesis que es resueltamente latinoamericana y caribeña, escrita en un contexto europeo. Que el virtuosismo de Elsa Tamez no logre resolver todos los enigmas que nos dejó Pablo, no es motivo alguno para dejar de lidiar con ella. ¡Quizás Pablo, como el admirable caballero de La Mancha, lidió con molinos, dando importancia teológica a adversarios que no la tenían! No deja de parecer cualquier discusión de la justificación por la fe, incluyendo ésta, por ratos un ejercicio muy difícil de lidiar con molinos. ¡Por favor, mi amigo/a lector/a, no deje que los problemas de este admirador de Elsa Tamez con su última obra, lo/la desaliente de disfrutar su lectura! ¡Consígala! ¡Léala con la Biblia abierta, y el cansancio final será un cansancio después de un trabajo productivo que le redituará un mejor conocimiento de Pablo, de una doctrina reformada clásica, y un mayor compromiso con los excluidos que son hoy los/las predilectos/as de Dios, quien ama a todos/as y sabe que ese amor solamente puede ser real cuando privilegia a las víctimas sobre sus victimarios, sin excluirlos a éstos! Jorge Pixley |
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe. |