
Itumeleng J. Mosala. Biblical Hermeneutics and Black Theology in South Africa. Grand Rapids, Eerdmans, 1989
Jorge Pixley
Esta obra, que salió ya hace algunos años, representa un salto cualitativo en cuanto a hermenéutica de la liberación. Su autor, antes profesor en la Universidad de Ciudad del Cabo, es actualmente profesor en la prestigiosa Universidad de Cambridge, en Inglaterra. Es además un dirigente activo en una de las organizaciones antiapartheid (no el Congreso Nacional Africano) en ese país.
Plantea que aunque la teología negra tiene por contexto a las iglesias y los seminarios teológicos cristianos, su intención es contribuir a la lucha por la liberación del pueblo negro oprimido y explotado de Sudáfrica. Su error histórico ha sido, dice, no tomar en serio la historia y la cultura como factores hermenéuticos. En el mismo contexto acusa a la teología latinoamericana de la liberación de cometer el mismo error (página 3) —y tiene, hay que confesarlo, toda la razón—.
Para Mosala, la categoría “lucha” es el factor hermenéutico clave. Esto se refiere, en primer lugar, a leer la historia de los pueblos negros de Sudáfrica como una lucha perpetua de las clases oprimidas por su liberación, desde antes que llegaran a sus tierras los blancos. Y para situar la lectura que se hace en Sudáfrica es preciso primero leer la propia historia para rescatar allí los temas útiles para la lucha actual y, por ende, para la lectura bíblica. Mosala dedica la segunda parte de su libro (págs. 67-99) a leer en clave sociológica la historia negra de Sudáfrica.
En segundo lugar, es preciso aplicar resueltamente a los textos bíblicos la misma categoría de “lucha”. Esto significa repudiar la idea que difunden las clases dominantes de que la Biblia está por encima de la lucha humana, que es la Palabra de Dios. Mosala critica a sus compañeros de teología negra Desmond Tutu y Alan Boesak, por caer en esta trampa cuando declaran que la Biblia está al lado de los oprimidos en su lucha por la liberación. No es cierto. La Biblia fue redactada por los opresores en Israel y contiene en todas sus partes las marcas de las luchas de clases que se vivieron en el seno de Israel. Entonces, las luchas actuales de los negros darán las pistas para la sospecha que traerá al descubierto los restos tanto de opresión como de liberación en la Biblia. La lectura bíblica es un campo de batalla en la lucha, y es fruto de luchas del pasado. No es posible leerla bien sin un proceso crítico de discernimiento.
Mosala admite que el movimiento de la academia bíblica de estudio socio-crítico de la Biblia es un avance. Pero si, como en algunos casos citados por él (Wayne Meeks, Gerd Theissen, por ejemplo), la sociología que se usa es incapaz de discernir el rol positivo de la lucha en la historia de los pueblos, el análisis sociológico será como dar un paso adelante y dos atrás, pues servirá para encubrir más profundamente la realidad del conflicto social que dejó sus huellas en el texto bíblico.
Después de dedicar cien páginas al análisis metodológico del punto de partida hermenéutico, incluyendo la historia de los negros sudafricanos, nos ofrece el autor 89 páginas de lectura bíblica en dos partes: Miqueas completo, y Lucas 1 y 2.
Miqueas, al cual dedica 53 páginas, es analizado según las categorías elaboradas por Robert B. Coote para analizar el libro de Amós (Amos Among the Prophets: Composition and Theology. Phil., Fortress, 1981). Rechaza con Coote la idea de eliminar capas posteriores para alcanzar un original del mismo profeta, aunque, a decir verdad, se apoya en esos estudios clásicos. Habla más bien de tres “ediciones” del texto del profeta Miqueas, cada cual con su ubicación de clase. “Miqueas C”, que incluye entre otros textos 2, 12-13 y 7, 8-20, proviene de la clase dominante que volvió de Babilonia a imponerse a los campesinos. Una lectura negra denunciará estos textos como instrumentos de opresión. Esta ideología de dominación es la que sirve de marco para todo el libro en su forma actual.
“Miqueas B”, entre cuyos textos están 3, 1-7 y 6, 1-8, es el producto de las capas medias en la época de Josías y el sitio babilónico a Jerusalén, y refleja la ambigüedad de estos sectores. Anuncia su demanda de justicia sin dar nombre a quienes cometen injusticias. De modo que hoy los negros pueden afirmar los principios expuestos en estos textos, sin dejar de reconocer su profunda ambigüedad que los hace susceptibles de uso por sus opresores.
“Miqueas A”, que se presenta, entre otros textos, en 2, 1-5 y 3, 8-12, está dirigido concretamente contra opresores nombrados como tales. Admite, como no lo hacen las ediciones posteriores, que la sociedad de Judá está en conflicto interno. No obstante, aun aquí los lectores negros encontrarán una ausencia que grita, la ausencia de una utopía y un programa de lucha. (Quien escribe esta reseña cree haber encontrado este elemento en 2, 6-11; ver Jorge Pixley, “Miqueas 2, 6-11: ¿qué quiso silenciar la casa de Jacob?”, en Revista Bíblica 33 [1989]).
Por último, Mosala cree encontrar dos textos, 1, 8-9 y 4, 3-4, que son parte de la edición B pero que incorporan y modifican textos de Miqueas A. Estos textos, como los de Miqueas A, son susceptibles de apropiación positiva en la lucha de los negros sudafricanos, aunque siempre hay que aplicar los criterios de la necesidad de la lucha para discernir sus “ausencias”.
Sin duda, el libro de Mosala contribuye inmensamente a clarificar la naturaleza de una hermenéutica negra de la liberación, en particular con su insistencia en rescatar la historia concreta negra para situarse de forma correcta, y luego en buscar la conflictividad de la lucha dentro del texto. Es un planteamiento radical en el mejor sentido de la palabra. Sin embargo, también hay que decir que las lecturas de Miqueas, y más las de Lucas, son delgadas, carecen de espesor. La aplicación del criterio de la lucha en función de las clases sociales de los respectivos modos de producción es útil, pero deja de lado aspectos del texto, incluso de la lucha, que enriquecerían mucho la lectura.
Mosala nos ha entregado un libro que debe leer quien quiera hoy hacer teología negra de la liberación, y es más, todo el que quiera hacer exégesis liberadora de la Biblia, negra, india, o de la que sea.
Jorge Pixley
Apartado Aéreo 2555
Managua
Nicaragua
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