
La cruz en
1 y 2 Corintios
Cartas desde la Práctica de las Comunidades
Rolando López
Teniendo en cuenta el carácter de “Manual” de este número de Ribla, el autor presenta su artículo a modo de Introducción a 1 y 2 Corintios. Intenta demostrar que se trata de una colección de seis cartas dirigidas por Pablo a los cristianos de Corinto en distintas ocasiones y que fueron editadas posteriormente por un redactor paulino. Partiendo del análisis del primero de los problemas prácticos de la comunidad de Corinto presentado en el texto canónico, el autor del artículo ofrece también una clave de lectura: el seguimiento de Cristo crucificado frente a la lucha por el poder.
Given the character of “Manual” of this number of RIBLA, the author presents his article as an introduction to I and II Corinthians. He tries to show that these two letters are, indeed, a collection of six from Paul to the Christians of Corinth, written on different occasions and later recompiled by an editor. Analyzing the first of the practical problems of the Corinth community, which appears in the canonical text, the author of the article offers a key to the readings: the following of a crucified Christ in opposition to the strife for power.
1. Pablo en Corinto
La antigua ciudad de Corinto había sido destruida por el romano murió en el año 140 aC. Pablo conoció la nueva Corinto, la Colonia Laus Julia Corinthensis reconstruida en el 44 aC por Julio César y convertida en el año 27 aC en capital de la provincia de Acaya. En el 44 dC por decisión de Claudio, Corinto recobra su categoría de provincia senatorial y, como tal, será sede proconsular. En el 67 dC Nerón, después de una exitosa presentación en el Estadio, proclamará desde allí la independencia de Grecia.
Ciudad muy rica, gracias a su posición estratégica entre dos mares con un puerto hacia el Egeo (Cencreas) y otro hacia el Adriático (Lequeo), Corinto fue una ciudad eminentemente comercial y punto de encuentro entre oriente y occidente. Resalta su carácter cosmopolita; en la época de Pablo habitaban en ella entre quinientos y seiscientos mil habitantes de diversa procedencia. Desde el punto de vista social, existía un gran desequilibrio entre ricos y pobres. Entre estos últimos se dieron las primeras conversiones (1 Co 1,26ss).
Las fuentes bíblicas nos hablan de tres visitas de Pablo a Corinto: dos según los Hechos de los Apóstoles y una “intermedia” (hipotética) según los datos de 2 Corintios.
La primera visita (50-52 dC), la realizó Pablo desde Tesalónica y Berea durante su segundo viaje. El relato lucano de Hch 18,1-22 ofrece las siguientes noticias sobre esta visita de Pablo a Corinto; 1) Las circunstancias de la llegada: desde Atenas después de haber tenido que salir intempestivamente de Tesalónica y Berea (Hch 18,1). 2) La fecha de llegada, que se puede deducir por la del edicto de Claudio sobre la expulsión de los judíos (Hch 18,2). 3) El tiempo de permanencia: “un año y seis meses” (Hch 18,11). 4) Las circunstancias y fecha de partida: juicio ante el procónsul Galión (Hch 18,12-18). 5) El itinerario final del segundo viaje hasta la vuelta a Antioquía (Hch 18,18-22).
La segunda visita (56-57 dC) fue efectuada desde Efeso y Macedonia durante el tercer viaje (Hch 20,1-6). Los datos con los que contamos son los siguientes: 1) Antecedentes: después de pasar un tiempo en Antioquía, Pablo inició su tercer viaje misionero. Recorrió Galacia y Frigia (Hch 18,23) y llegó a Efeso (Hch 19,1), probablemente el año 54, donde permaneció entre dos y tres años (Hch 19,10; 20,31). Luego fue a Macedonia y, finalmente, a Corinto (Hch 20,1-2). 2) Tiempo de permanencia: “tres meses” (Hch 20,3a). 3) Conjura en su contra y regreso a Siria (Hch 20,3b-6ss).
Basándonos en 2 Co 2,1;12,14.21 y 13,1-2, y coincidiendo con otros especialistas, podemos decir con gran probabilidad que, además de las dos anteriores, Pablo realizó una visita intermedia a Corinto desde Efeso (55-56 dC).
2. La comunidad cristiana. Motivos y finalidad de
1 y 2 Corintios (según la redacción final)
Fundada por Pablo (1 Co 2,1-5; 3,6.10; 4,15;9,1-2.11; 2 Co 3,2-4) durante su segundo viaje (Hch 18,1), la comunidad cristiana de Corinto se asemeja a la de Tesalónica por el origen social y religioso de sus miembros. Integrada por gente pobre (1 Co 1,26-28; 7,21) que procedía, en su mayor parte, de la gentilidad (1 Co 7,18; 8,7; 9,21; 10,14; 12,2; Hch 18,6); algunos de sus miembros venían también del mundo judío (1 Co 7,18; 9,20; Hch 18,8).
Se trata, igualmente, de una iglesia joven. Pero a diferencia de la de Tesalónica, que daba muestras obstinada en una actitud infantil y mundana (1 Co 3,1-4; 14,20), tanto a nivel de la práctica como de la doctrina. En ambos niveles se constata una dicotomía entre la fe de la comunidad y la conducta de sus miembros.
A nivel “doctrinal” se presentan lagunas y distorsiones sobre: el matrimonio y la virginidad (1 Co 7); los idolotitos o la carne inmolada a los ídolos (1 Co 8-11); los carismas (1 Co 12-14); la resurrección de los muertos (1 Co 15). A nivel de la práctica, el cuadro que se nos presenta de la vida de la comunidad es bastante patético:
- “Divisiones”, “envidias”, “discordias”, “apasionamientos” y “pleitos” (1 Co 1,10-11; 3,3; 4,6; 6,4; 11; 18-19); es decir, tensiones, aparentemente insuperables, entre los distintos grupos que conformaban la comunidad.
- “Sectas” o “partidos” antagónicos formados en torno a los predicadores (1 Co 1,10-12; 3,1-4.5.22).
- Diferencias económicas, sociales y culturales no superadas entre esclavos y libres (1 Co 7,21-23; 12,13); judíos y griegos (1 Co 10,32; 12,13); ricos y pobres (1 Co 11,21-22).
- Participación en cultos idolátricos (1 Co 5,11; 10,7.14-22).
- Denuncias de hermanos ante tribunales paganos (1 Co 6,1-8).
- Falta de solidaridad y de atención para con los más pobres y los débiles (1 Co 8,7-13).
- Abusos y desórdenes en las asambleas litúrgicas (1 Co 11,2-16.17-33; 14,26-40).
- Se señalan también algunos casos de inmoralidad en materia de sexualidad (1 Co 5,1-13; 6,12-20; 10,8).
Si hemos constatado al comienzo cierta semejanza con la comunidad de Tesalónica, a este punto podemos decir que las semejanzas se reducen solo a los aspectos formales: fundación paulina y origen étnico de sus miembros. La diferencia entre la comunidad de Tesalónica y la de Corinto es muy grande. Lejos están los corintios de ese magis que caracteriza a los tesalonicenses. Hay, además, otra gran diferencia: las relaciones de la comunidad con Pablo. Mientras en Tesalónica se constata una franca relación de cariño y amistad entre la comunidad y el Apóstol, en Corinto, en cambio, la relación es tensa, difícil, llena de incidentes, de críticas acerbas y de calumnias contra Pablo, a quien se le cuestiona su autoridad de Apóstol (1 Co 4,3-5; 9,3; 2 Co 1,12-2,13; 4,13-6,11.13; 7,2-4; 8,8-9; 10,1-11,20; 12,11).
En realidad, como veremos más adelante, toda esta situación tiene a la base la cuestión de la lucha por el poder en la que, a manera de los tiranos de este mundo, estaba envuelta la comunidad de los que se habían convertido al Crucificado, pero que no acababan de asumir el significado de la cruz en su vida cotidiana.
Toda esta compleja situación es la que mueve a Pablo a escribir a los corintios con la finalidad de exhortar e instruir a la comunidad para su “edificación” (2 Co 12,19) y “perfeccionamiento” (2 Co 13,9b-10).
En 1 Corintios, Pablo “exhorta”, “amonesta”, “ruega” a los corintios (1 Co 1,10; 4,14.16.17; 5,7ss) para que cambien de conducta en lo relacionado con aquello que el Apóstol “ha sabido” y “oído hablar” (1 Co 1,11; 5,1; 11,18) sobre la comunidad. Al mismo tiempo, los instruye doctrinalmente “en cuanto a”, “respecto a” las preguntas que le han hecho por escrito (1 Co 7,1.25; 8,1; 12,1).
En 2 Corintios también “exhorta” y “suplica” (2 Co 5,20; 6,1). La situación de la comunidad no ha cambiado mucho después de la carta anterior. En su próxima visita, Pablo teme encontrar todavía “discordias, envidias, iras, rivalidades, detracciones, murmuraciones, insolencias, desórdenes… a muchos que anteriormente han pecado y no han hecho penitencia por sus actos de impureza, fornicación, libertinaje” (1 Co 12,20-21). No solo eso, las calumnias sobre la actuación de Pablo y el cuestionamiento de su autoridad parecen haber aumentado. Si exceptuamos 2 Co 8-9, todo el contenido de la segunda carta canónica responde a la finalidad de instruir a la comunidad sobre el ministerio apostólico.
En ambas cartas canónicas aparece, además, el tema de la organización de la colecta (1 Co 16,1-4; 2 Co 8-9). Pablo invita a la comunidad a ser generosos y solidarios con los hermanos de la Iglesia madre de Jerusalén.
Esto es lo que podemos decir sobre la finalidad de 1 y 2 Corintios según el texto canónico. Como veremos enseguida, es muy probable que Pablo haya escrito más de dos cartas.
3. Autenticidad y unidad de 1 y 2 Corintios
Con rarísimas excepciones, la autenticidad paulina de estas cartas ha sido siempre reconocida. En cambio, la unidad de las mismas plantea serias dificultades. Veamos el problema y su posible solución1.
3.1. Dos ¿o más cartas?
Los datos proporcionados por las dos cartas canónicas hacen pensar en cuatro cartas escritas por Pablo a los corintios.
En 1 Co 5,9.11 Pablo alude a una carta anterior en la que prohibía a los cristianos de Corinto “relacionarse con los impuros”. Tendríamos así una primera carta precanónica (A). Luego vendría la primera carta canónica (1 Co), que sería en realidad la segunda carta (B). En 2 Co 2,3-4 el Apóstol se refiere a una carta escrita “con muchas lágrimas”, que no es 1 Corintios; sería entonces la tercera carta (C). Seguiría luego la segunda carta canónica (2 Co) que sería la cuarta carta (D). Así tenemos:
Carta A: Precanónica (cf. 1 Co 5,9.11)
Carta B: 1 Corintios
Carta C: “con muchas lágrimas” (cf. 2 Co 2,3-4)
Carta D: 2 Corintios
Esta reconstrucción se basa en los datos del texto, pero sin realizar un análisis literario del mismo. Por eso, supone la unidad de 1 y 2 Corintios: cada una de las cartas canónicas sería una sola carta; las otras dos (A y C) se habrían perdido. La crítica literaria nos lleva a diversos resultados.
3.2. La crítica literaria y la hipótesis fragmentaria: 1 y 2 Corintios una colección de cartas
El análisis literario del texto canónico pone en evidencia una serie de anomalías y rupturas, contrastes y repeticiones, cambios de tono que demuestran una falta de coherencia y de unidad en 1 y 2 Corintios. Los resultados del análisis nos hacen pensar, más bien, en cartas enviadas en distintas ocasiones. Podríamos decir que se trata de una colección de cartas paulinas editadas por un redactor posterior.
3.2.1. Análisis de 1 Corintios
Llama la atención que en lugar de formar un solo bloque, las secciones que parecen responder a cuestiones formuladas a Pablo por escrito (1 Co 7,1-12.25-40; 8,1-11; 12,1-14,40; 16,1-4) aparecen intercaladas con aquellas que parecen ser respuesta a informes orales (1 Co 1,10-4,21; 5,1-13; 11,17-34).
También es llamativa la mención de dos comisiones de los corintios ante Pablo: por un lado, los de Cloe (1 Co 1,11); y, por otro, Estéfanas, Fortunato y Acaico (1 Co 4,17).
Por otro lado, en 1 Co 4,19 Pablo anuncia que irá pronto a Corinto, mientras que en 1 Co 16,5-9 la visita se presenta a largo plazo. ¿Cómo anunciar dos planes distintos de viaje en una carta escrita en una sola ocasión? Parece que se trata, más bien, de dos ocasiones diferentes, cuyo orden debe ser inverso al del texto canónico.
En este mismo sentido hay que entender la doble mención del envío de Timoteo a Corinto (1 Co 4,17 y 16,10-11).
3.2.2. Análisis de 2 Corintios
Es notable el contraste y cambio de tono entre 2 Co 1-7 y 2 Co 10-13. En el primer caso, Pablo hace una exposición positiva del Apostolado; el tono es sereno, pacífico y reconciliatorio. En el segundo, Pablo efectúa una apología del Apostolado con un tono apasionado y polémico. ¿Es normal que se dé la reconciliación antes de darse la polémica? Parece, pues, que en este caso también habría que invertir el orden: primero 2 Co 10-13 y luego 2 Co 1-7.
2 Co 8 y 2 Co 9 aparecen ser duplicados sobre el tema de la colecta. En 2 Co 8 el destinatario parece ser la comunidad de Corinto, ante la cual ha sido enviado Tito (2 Co 8,6.16.23), mientras que en 2 Co 9 da la impresión que Pablo se dirige a todas las comunidades de Acaya (2 Co 9,2). Además de estos datos, no deja de ser extraño el hecho de que en una misma carta se hable dos veces sobre el mismo tema; que se vuelva a tratar sobre él en el capítulo 9 como si no se hubiese dicho nada al respecto en el capítulo 8. Este análisis hace pensar que se trata de dos esquelas independientes enviadas en distintas ocasiones.
2 Co 2,14-7,4 es una digresión (2,7 continúa lógicamente en 7,5). Sin embargo, su pertenencia a 2 Co 1-7 no resulta problemática ni por el tema ni por el tono. No pasa lo mismo con 2 Co 6,14-7,1 que posee un vocabulario que no es paulino.
En 2 Co 10,9-11 se menciona una carta “severa y fuerte”. Si aceptamos que 2 Co 10-13 fue escrita antes que 2 Co 1-7, esa carta no puede ser la escrita “con lágrimas”, de la cual se habla en 2 Co 2,3-4; 7,8-12.
3.2.3. Dos cartas en 1 Corintios
En 1 Co podemos distinguir dos bloques, cada uno con dos grupos de respuestas; unas que responden a informes orales, y otras a preguntas formuladas por escrito: 1 Co 1,1-11,1; y 11,2-16,24. Cada uno de estos bloques forma una carta independiente.
Los informes orales y las preguntas por escrito habrían sido llevados ante Pablo por las dos comisiones mencionadas en el texto canónico: la comisión de la gente de Cloe (1 Co 1,11: respuesta en 1 Co 1,1-11,1) y la conformada por Estéfanas, Fortunato y Acaico (1 Co 4,17: respuesta en 1 Co 11,2-16,24).
La inversión necesaria en el orden de los planes de viaje de Pablo a Corinto (primero 1 Co 16,5-9; luego 4,19), y del envío de Timoteo (primero 1 Co 16,10-11; luego 4,17), nos obliga también a invertir el orden de las dos cartas que encontramos en 1 Corintios: 1 Co 11,2-16,24 (Carta I) fue escrita antes que 1 Co 1,1-11,1 (Carta II). Así tenemos el siguiente cuadro:
Carta Canónica Cartas Hipotéticas
Carta I = 1 Co 11,2-16,24
1 Co
Carta II = 1 Co 1,1-11,1
3.2.4. Cuatro cartas en 2 Corintios y alusión a una carta perdida
El notable contraste que hemos constatado en 2 Co 1-7 y 2 Co 10-13 nos lleva a pensar en la existencia de dos cartas escritas independientemente; además, en un orden inverso al que tienen en el texto canónico: 2 Co 10-13 y 2 Co 1-7 (incluida la digresión de 2 Co 2,14-7,4; pero sin la interpolación de 2 Co 6,14-7,1).
Los capítulos duplicados sobre la colecta constituyen dos esquelas independientes: 1 Co 8 (Carta IV) –escrita antes de 2 Co 10-13 (Carta V)– y 2 Co 9 (Carta VII) –escrita antes de 2 Co 1-7 (Carta VI).
La carta aludida en 2 Co 10,9-11, posiblemente perdida (Carta III), fue escrita antes que las cuatro cartas contenidas en 2 Corintios.
Carta Canónica Cartas Hipotéticas
Carta III = perdida
Carta IV = 2 Co 8
2 Co Carta V = 2 Co 10-13
Carta VI = 2 Co 1-7
Carta VII = 2 Co 9
El siguiente cuadro nos ayudará a ver el conjunto de la colección y su relación con las dos carta canónicas:
1-2 Co I II III IV V VI VII
1 Co 1,1-11,1 ?
11,2-16,24
2 Co 1-7
8
9
10-13
3.3. La crítica histórica y la reconstrucción de las relaciones epistolares entre Pablo y la comunidad de Corinto
La hipótesis sobre la colección de cartas contenidas en 1 y 2 Corintios hay que situarla en el conjunto de las relaciones epistolares mantenidas por Pablo con los corintios durante su permanencia en Efeso y Macedonia (Cfr. Hch 19-20, 3a).
Hacemos, a continuación, una reconstrucción en siete pasos, colocando en la columna de la izquierda las circunstancias inmediatas que motivaron a Pablo a escribir las cartas, que colocamos en la columna de la derecha:
1º Estando en Efeso, durante su tercer viaje, Pablo recibe informes orales y consultas por escrito llevadas por Estéfanas, Fortunato y Acaico (1 Co 16,17). Escribe entonces:
2º Poco después, recibe nuevos informes y preguntas por escrito de la gente de Cloe (1 Co 1,11). Escribe una segunda carta:
3º Efectuado el cambio de programa, Pablo realiza “La visita intermedia” a Corinto, que resultó triste (2 Co 2,1):
4º Va a Macedonia y decide no volver, por el momento, a Corinto. Envía a Tito (1ª misión) con una carta “severa y fuerte” (2 Co 10,10s):
Tito lleva también una esquela para organizar la colecta:
5º Pablo retorna a Efeso. Ahí recibe noticias desalentadoras sobre la misión que había enviado desde Macedonia (2 Co 2,5-7; 7,11-12; 10,7-12). Escribe entonces una carta “con muchas lágrimas” (2 Co 2,3-4.9; 7,8-12) que será llevada nuevamente por Tito (2 Co 2,13; 7,6-8.15):
6º Pablo va a Troade. Al no encontrar a Tito, como habían quedado, se dirige a Macedonia (2 Co 2,12-13), donde encontrará al discípulo (2 Co 7,5-6), quien le trae óptimos informes de Corinto (2 Co 7,7 cfr. 2,6-16). Alentado con estas noticias, Pablo les escribe una “carta de reconciliación”:
7º Antes de ir a Corinto, permanece todavía un tiempo en Macedonia. Desde ahí manda otra esquela para organizar la colecta (en un tono más suave que la anterior):
- Carta I = 1 Co 11,2-16,24
Responde a: Informes orales (1 Co 11,2-34) y consultas formuladas por escrito (1 Co 12,1-16,24)
Incluye, además:
Programa de viaje (16,5-9).
- Carta II = 1 Co 1,1-11,1
Responde a: Informes orales (1 Co 1,10-6,20) y consultas formuladas por escrito (1 Co 7,1-11,1). Además: cambio en el programa de viaje (1 Co 4,19).
- Carta III = perdida
- Carta IV = 2 Co 8
- Carta V = 2 Co 10-13
Apología del Apostolado. Respuesta a las objeciones sobre la autoridad de Pablo. Anuncia una tercera visita en la que actuará “sin miramientos” y “con severidad’ (2 Co 12,14.20-21; 13,1-2.10).
- Carta VI = 2 Co 1-7
Con palabras de perdón. Además, explica sobre el cambio de itinerario y sobre la carta “con muchas lágrimas”.
- Carta VII = 2 Co 9
4. Estructura de 1 y 2 Corintios
Primera Corintios
(1,1-11,1 Carta II)
1,1-3 Saludo
1,4-9 Acción de gracias
1,10-11,1 Cuerpo de la carta
1,10-6,20 I parte: Problemas Prácticos.
(En base a informes orales):
1,10-4,21 El sectarismo.
5,1-13 Un caso de incesto
6,1-11 Recurso a tribunales paganos.
6,12-20 Fornicación.
7,1-11,1 II parte: Instrucción
(En base a consultas por escrito):
7,1-40 Matrimonio y Celibato.
8,1-11,1 Los idolotitos.
(11,2-16,24 Carta I)
11,2-34 III parte: Problemas prácticos
(En base a informes orales):
El orden en las asambleas.
12-15 IV parte: Instrucción
(En base a consultas por escrito):
12-14 Los carismas.
15 La resurrección.
16,1-24 Despedida
Segunda Corintios
(1-7 Carta VI)
1,1-2 Saludo
1,3-11 Bendición
1,12-13,10 Cuerpo de la carta
1,12-7,16 I parte: El Ministerio Apostólico
1,12-3,13 Explicación sobre el cambio
de itinerario.
3,14-6,10 Ministros de la
Nueva Alianza.
6,11-7,16 Explicación sobre la carta con
lágrimas.
8-9 II parte: La Colecta:
(8 Carta IV)
(9 Carta VII)
10,1-13,10 (Carta V)
III parte: El Ministerio Apostólico
10,1-18 Respuesta de Pablo a las ob-
jeciones sobre su autoridad.
11,1-12,18 Apología de Pablo.
12,19-13,10 Temores e inquietudes ante la
próxima visita.
13,11-13 Despedida
5. La cruz y la cuestión del poder:
una clave de lectura
La patética situación de la comunidad que hemos presentado antes, así como la compleja y abundante relación epistolar de Pablo con los corintios, y la misma estructura redaccional de esta colección de cartas que acabamos de discernir nos hacen caer en la cuenta de un dato importante: las cartas de Pablo a los corintios no son un tratado teórico de teología sistemática, sino una serie de “instrucciones” que constituyen una respuesta concreta a problemas surgidos de una práctica defectuosa. A través de esas instrucciones, Pablo intenta ayudar a los cristianos de Corinto a reflexionar sobre las desviaciones en las que están incurriendo para orientarlos hacia una ortopraxis que esté de acuerdo con la fe que profesan. Lo que se desprende de este epistolario es que la fe consiste, en primerísimo lugar, en la adhesión a la persona de Jesucristo crucificado y resucitado; y no en la afirmación de verdades abstractas desligadas de la vida.
Vamos ahora a analizar con más detalle lo que acabamos de afirmar. Por razones de espacio, no podemos hacerlo con cada uno de los problemas tratados en estas cartas. La mayoría de ellos, como ya lo hemos señalado, son manifestación de un problema fundamental: el afán y la lucha de poder desatada al interior de la comunidad de Corinto. Esto constituye para Pablo una negación práctica de la cruz de Cristo; es decir, de su persona, de su palabra y de su obra. Esta es la clave con la que podemos acercarnos a leer las cartas de Pablo a los corintios. Así lo entendió también el editor de esta colección de cartas al colocar en primer lugar el problema de los “partidos”.
El problema comunitario práctico que da ocasión a la intervención de Pablo en 1 Co 1,10; 4,212 es, a primera vista, el de las rivalidades (érides) al interior de la comunidad dividida en grupos antagónicos formados en torno a los predicadores: Pablo, Apolo, Cefas. La comunidad busca en ellos la elocuencia de la “sabiduría”. Pablo opondrá a este discurso, el de la “cruz”: El contenido y el modo de la predicación del Evangelio no pueden estar basados en el poder de los tiranos de este mundo, sino solo en el poder de Dios manifestado en Cristo crucificado. Se trata, en el fondo, de dos lógicas contrapuestas e irreconciliables: la “lógica” del poder mundano y, valga aquí la paradoja, la “lógica ilógica” del poder salvífico de Dios.
Tenemos, pues, en estos capítulos un discurso anti-sapiencial expresado en términos sapienciales, aparentemente regido por la oposición “sabiduría-necedad” (sophía-moría)3. Sin embargo, este vocabulario no es propio de Pablo; pertenece, más bien, a los corintios. Usando esta terminología, el Apóstol parte de la situación concreta de sus destinatarios a fin de corregir su perspectiva y reconducirlos a una nueva praxis. Por eso, la mayoría de veces en que se emplea, la palabra “sabiduría” tiene una connotación negativa. Expresa el absurdo de una comunidad dividida (1 Co 1,17), una perspectiva simplemente humana y mundana (1 Co 1,19.20; 2,5.6), la pretensión de apoderase del conocimiento de Dios (1 Co 1,21.22) y de hablar de él con un lenguaje vacío (1 Co 2,1.4.13). En otras palabras, este término expresa una realidad comunitaria no solo desligada de Dios, sino opuesta al modo como él se ha dado a conocer y ha actuado en Cristo. Al lenguaje de los corintios, y a la conducta que éste manifiesta, Pablo contrapone su propio lenguaje y la práctica que de éste se desprende: “Cristo crucificado” = “Sabiduría” y “poder” de Dios4. Así, la oposición fundamental del discurso no es sabiduría/necedad, sino sabiduría/cruz; mas aún: sabiduría/sabiduría, es decir: poder opresor del mundo/poder salvífico de Dios. Pablo da un contenido diferente al lenguaje de su auditorio y desenmascara el verdadero problema de la comunidad.
Los miembros de la comunidad de Corinto no cuestionan teóricamente el mensaje de la cruz. Su problema consiste en haberlo puesto de lado, no lo viven, no son conscientes de las implicancias de este mensaje en su vida cotidiana. La existencia de las divisiones es el síntoma que permite a Pablo detectar el mal que está despedazando a la comunidad. Para poner en evidencia el carácter absurdo de una comunidad cristiana dividida, Pablo enfrenta a los corintios ante el acontecimiento fundamental: ¡Cristo ha sido crucificado por (para) ustedes! (1 Co 1,13). La comunidad tiene su origen en la cruz. Por tanto, solo “la cruz de Cristo” (1 Co 1,17) puede reconducirla a la unidad. Es más, solo la cruz puede dar razón de su existencia como comunidad y de su razón de ser en la historia. La cruz de Cristo es “poder de Dios” (dynamis theou: 1 Co 1,18). Por la cruz y en la cruz se realiza el obrar de Dios en la historia. Y dado que esta acción divina se realiza en un doble sentido, negativo (juicio) y positivo (salvación-elección), la cruz es el criterio que determina lo negativo y lo positivo de la existencia humana: el ser en el mundo y el ser en Cristo, dos modos de existencia irreconciliables.
El obrar negativo de Dios consiste en el juicio y destrucción de la “sabiduría”, es decir, del poder de este mundo que ha cautivado a los corintios. Dios “anula”, “invalida”, “hace necia” la sabiduría de los sabios; “humilla” y “confunde” lo que el mundo considera “sabio” y “fuerte”; “reduce a la nada”, “aniquila” todo lo que el mundo considera “ser”, todo lo que “es” según el mundo (1 Co 1,19-20.27-28).
Por otro lado, el obrar positivo de Dios se realiza en un doble nivel. En primer lugar, “mediante la necedad que la predicación” (1 Co 1,21), que para los que están en el mundo es un “escándalo” y una “locura” (1 Co 1,22): “Cristo crucificado” (1 Co 1,23), “fuerza y sabiduría de Dios” para los que están en Cristo (1 Co 1,24). La acción positiva de Dios se realiza, en un segundo nivel estrechamente unido al anterior, en la misma elección de la comunidad. Dios manifiesta su poder salvífico en los cristianos como lo ha hecho con Cristo crucificado: eligiendo lo “necio”, “débil”, “plebeyo”, “despreciable”, lo que el mundo considera “no ser”, y que “Dios se escogió para sí’ (1 Co 1,26-29).
Pablo califica la actitud de los corintios en términos de alienación, de un autoengaño (ehautón exapatáo), y los invita a iniciar un camino de conversión: “si alguno de ustedes se cree sabio según este mundo, hágase necio para llegar a ser sabio (1 Co 3,18); es decir, renunciar a pensar y actuar según el poder destructor de este mundo, y comenzar a pensar y actuar según el poder salvífico de la cruz.
Pero la cruz no solo define la vocación de la comunidad, sino también la del apóstol. Al referirse a su propia práctica, Pablo nunca usa la palabra “sabiduría” con una connotación positiva. Se presenta, desde un comienzo, como enviado por Cristo a evangelizar, “y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo” (1 Co 1,17). En oposición al papel protagónico que le asignan los de su “partido”, Pablo centra la atención en la persona de Cristo, situándose él mismo en una posición subordinada. Es más, su misión como “enviado” consiste en evangelizar con la fuerza de la cruz, y no con el poder asesino de “los príncipes de este mundo’ (1 Co 2,8).
La cruz define al apóstol como “servidor” (1 Co 3,5), “colaborador de Dios” (1 Co 3,9), “auxiliar de Cristo” y “administrador de los misterios de Dios” (1 Co 4,1); es decir, como un instrumento de la acción salvífica del Dios de la Vida en favor de la comunidad. Así, pues, Pablo aclara dos puntos suma-mente importantes. En primer lugar, el Evangelio no es un instrumento de poder para ganancia y beneficio del predicador; al contrario, el apóstol es un instrumento del evangelio. En segundo lugar, la comunidad no ha sido elegida para servir al apóstol rindiendo culto a su persona, sino al revés, el apóstol ha sido enviado para servir a la comunidad ayudándola a crecer en su fe:“todo es de ustedes: Pablo, Apolo, Cefas… y ustedes de Cristo y Cristo de Dios” (1 Co 3,23).
Al recordar a la comunidad el ejercicio de su ministerio en Corinto (1 Co 2,1-5; 3,1-4), Pablo les dice que no lo hizo “con el prestigio de la palabra o de la sabiduría” (1 Co 2,1.4), y que no le interesó conocer otra cosa de ellos “sino a Jesucristo, y éste crucificado” (1 Co 2,2). Pablo presenta su propia experiencia apostólica, su vida y su palabra, en total correspondencia con el mensaje: “me presenté ante ustedes débil, tímido y tembloroso” (1 Co 2,3). No intenta justificar aquello que los corintios consideran su fracaso como predicador. Al contrario pretende demostrar que la renuncia del poder manifestada a través de la debilidad del predicador del Evangelio es consecuencia del mensaje que predica. Con su vida y su palabra, el apóstol da testimonio de su fe en Cristo crucificado. Predicar el Evangelio y actuar con el poder de este mundo es una negación del mismo.
En el apóstol crucificado se manifiesta el poder de Dios del mismo modo que se manifestó en la cruz: “A nosotros los apóstoles Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte… Hasta el presente pasa-mos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes. Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos” (1 Co 4,9-13).
En conclusión, el seguimiento de Jesús crucificado es para Pablo la exigencia fundamental en la vida de la comunidad y en la del apóstol, el criterio que le permite discernir la verdad o falsedad de las afirmaciones y de las conductas. La comunidad debe imitar al Apóstol y, como él, seguir a Jesús y actualizar su cruz en el aquí y ahora de su historia. El efecto pretendido por Pablo con su “instrucción” es reconducir a los corintios a este seguimiento; y, a través de ellos, también hoy a nosotros, cristianos latinoamericanos. El hablar de la cruz implica el cargar la cruz. No se trata de pronunciar discursos vacíos ni de buscar cruces artificiales que permitan eludir, con una conciencia tranquila, el compromiso de seguir a Jesús crucificado en la historia presente. Se trata de cargar cada día con aquellas cruces que se imponen como consecuencia del seguimiento de Cristo en solidaridad con los cristos crucificados de nuestro Continente crucificado por “los príncipes de este mundo” (1 Co 2,8).
Rolando López
Apartado 12
Jaén (vía Chiclayo)
Perú
1 Sigo fundamentalmente la hipótesis de Beltrán Villegas, profesor de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile (ad instar manuscripti, Santiago 1980).
2 En mi artículo: “La relación apóstol-comunidad a la luz del discurso de la cruz”, en: Revista Teológica Limense vol XXII, Nº 3 (1988) 336-338, aplico el análisis retórico y estudio en profundidad estos capítulos. Allí mismo se puede encontrar una abundante bibliografía sobre el tema.
3 “Sabiduría” (sophía): 1 Co 1,17.19.20.21.22.24.30; 2,1.4.5.6.6.7.13; 3,19. “Sabio” (sophós): 1 Co 1,19.20.25.6.27; 3,10.18.18.19.20. “Necedad” (moría): 1 Co 1,18.21.23; 2,14; 3,19. “Necio” (morós): 1 Co 1,25.27; 3,18; 4,10. “Hacer necio” (moraino): 1 Co 1,22.
4 “Cruz” (staurós): 1 Co 1,17.18 “Crucificar” (stauróo): 1 Co 1,13.23; 2,2.8.
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