www.claiweb.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

La Idolatria: una clave
de interpretacion de 1 Corintios
La Militancia de la Fe y sus Adversarios

Eduardo de la Serna

 

El tema de la es un tema muy importante en la 1 Corintios (indispensable para comprender la carta): un tema clave. Analizando varias unidades, se estudian los textos en los que explícita (cc. 5-6; 8-10; 12-14) o implícitamente (cc. 1-4; 11) Pablo se refiere a los ídolos o la idolatría. La fe de los corintios no los lleva a una vida coherente; Pablo pretende una en favor del hermano, una fe exclusiva en el Dios de Jesús que siempre toma la iniciativa. Los ídolos son los de Dios, o la presentación de un Dios . En América Latina, ambas realidades son la raíz y causa de la injusticia, violencia y muerte (hay víctimas, y victimarios que ) lo cual hace de esta carta un escrito enormemente actual.

 

The theme of is very important in 1 Corinthians (indispensable to understand the letter): a key theme. Analyzing various unities, we study the texts where explicitly (ch. 5-6; 8-10; 12-14) or implicitly Paul refers to idols or idolatry. The faith of the corinthians doesn’t conduce them to a coherent life; Paul wants their in favor of the brother, an exclusive faith in Jesus’ God who always takes the initiative. The idols are God’s , or a mispresentation of God. In Latin America, both realities are the root and cause of injustice, violence and death (there are victims and victimators ) what makes this letter an enormously actual composition.

Si es verdad, como se ha dicho, que el tema de la idolatría no ha sido debidamente profundizado en los estudios del Antiguo Testamento, no lo es menos, ciertamente, en aquellos dedicados al Nuevo Testamento, y particularmente, en los estudios paulinos. Y esto es especialmente importante si damos la razón a aquellos que afirman que el término “idolatría” (eidôlolatría) ha sido creación de Pablo.
Más allá de que sea cierto o no este punto, el término supone para quien habla o escribe, un punto de partida (una “ortodoxia”, un reconocimiento de una/s divinidad/es como verdadera/s) lógicamente diferente del punto de partida de otros, a cuya/s divinidad/es aquel considerará ídolo/s; en su acepción común supone un juicio religioso sobre otras formas religiosas. Lógicamente, entonces, el “culto” (latría) a una divinidad diferente a la que posee quien habla o escribe es, para él, “culto a un ídolo”.
Un ejemplo interesante de lo dicho lo descubrimos en la unidad dedicada a la “carne inmolada a lo sagrado” (“hieró-thytón”, término que aparece por única vez en la Biblia en 1 Co 10,28 y está puesto en boca de un “pagano”), mientras Pablo y otros textos prefieren “carne inmolada a los ídolos” (“eidôlo-thytón”). Lógicamente, para los “paganos” esa carne inmolada, los lleva a entrar en comunión con lo -para ellos- sagrado; en cambio, para Pablo desde un diferente punto de partida, esa carne lleva a entrar en comunión con los ídolos, puesto que no hay más que un Dios. Sobre este texto volveremos más adelante.
La palabra, evidentemente, se refiere a algo “negativo” y se dirige a los que comparten el mismo punto de partida del que la pronuncia (en este caso, Pablo), no a los “otros”, a los de diferente “punto de partida”. Es decir: se dirige a cristianos, no a “paganos”; por lo tanto, al decir “ídolo” se parte del mismo punto de partida y un mismo criterio frente a lo divino. Lógicamente un “pagano” no aceptaría que lo suyo es un ídolo sino un “Dios”, algo sagrado (hieros). De hecho, los escritos bíblicos, y en nuestro caso los escritos paulinos, se dirigen a quienes tienen el mismo “punto de partida”. No hace falta señalar que las cartas son una nueva forma de presencia de Pablo en la comunidad que, por diferentes motivos, no puede visitar.
Los diferentes diccionarios bíblicos señalan el origen y evolución del término, y los diferentes términos hebreos que son incorporados al término griego “eidôlon”. No es eso lo que nos interesa ver aquí. Queremos descubrir en qué medida es importante la idolatría en la comunidad de Corinto, y por lo tanto en la interpretación de la primera carta a los corintios. Vamos a proponer que el tema de la idolatría es una clave de lectura para 1 Co y por lo tanto, indispensable para entender esta carta.
Desde un punto de vista meramente estadístico el término eidôlo-eidôlatría no aparece en los evangelios, y lo encontramos en los escritos de las escuelas joánicas y paulina... Mientras aparece una vez en 1 Jn 5,21 y cinco en el Apocalipsis (2,14.20; 9,20; 21,8; 22,15), lo encontramos cinco veces en escritos de cierta influencia paulina (1 P 4,3; Hch 7,41; 15,20.29; 21,25) y veintiuna veces en los escritos paulinos (y deutero-paulinos): Rm 2,22; 1 Co 5,10.11; 6,9; 8,1.4 (x2).7 (x2).10 (x2); 10,7.14.19 (x2); 12,2; 2 Co 6,16; Ga 5,20; Ef 5,5; Col 3,5; 1 Ts 1,9. Como se ve, mientras aparece una vez en cada una de las cartas citadas (6 veces), en 1 Co, lo encontramos nada menos que ¡15 veces! Evidentemente el tema es importante en esta carta.
Ciertamente no hemos de dar a cada pasaje una importancia semejante. No la tienen. Hay textos que son referencias a textos del AT, o relecturas de los mismos (1 Co 10,7; cfr. Hch 7,41), o textos que refieren a divinidades extranjeras concretas, “personales” (lo que se ve claramente en los textos referidos a la comida sacrificada a los ídolos [eidôlothyton] como en 1 Co 8,1.4.7.10 cfr. Hch 15,20.29; 21,25 o textos como Rm 2,22), o referencias a la idolatría en los “catálogos de vicios” (1 Co 5,10-11; 6,9; cfr. Ga 5,20; Ap 21,8; 22,15). Sin embargo, solamente al afirmar que tên pleonexían hêtis estin eidôlolatría (“la avaricia, que es una idolatría”: Col 3,5 cfr. Ef 5,5) Pablo (o sus discípulos) demuestra entender el tema en un sentido amplio, no solo “personal”: si la pleonexía es una idolatría (y, evidentemente no se refiere a una divinidad extranjera, con lo cual se acerca más al Mamôn de Mateo y Lucas) está usando el término en un sentido importante: no enfrenta “otro punto de partida” sino desde un “punto de partida” común (ortodoxia) cuestiona una vivencia que lleva a “dar culto” a adversarios de Dios (una heteropraxis). Pero dejemos hablar a los textos, y veamos en qué sentido el tema de la idolatría puede ser un tema clave para interpretar la Primera Carta a los Corintios.
Entendemos, en este trabajo, por ídolo todo aquello que ocupa el lugar del Dios de Jesucristo en la vida de los pueblos, sociedades, comunidades o individuos cristianos. Lógicamente, el “culto” debido a Dios y dado a los ídolos (ídolo-latría) será convertir en rival de Dios lo que de hecho, aunque bueno, es solo creación humana. Notemos, además, que el tema de la idolatría (a pesar del nombre) no debe restringirse al “culto” (por eso lo hemos puesto entre comillas); será la vida (en ese sentido es culto) la “consagrada” a determinado ídolo, pero no necesariamente restringido al ámbito cultual. Como se ve, no intentamos hablar de las divinidades extranjeras desde la misma realidad “extranjera” sino desde la realidad “cristiana”, desde “cerca”, no desde “lejos” (1 Co 5,12; Ef 2,17; cfr. Is 57,19). Por ahora, no pretendemos profundizar los diversos aspectos que el término supone: sacrificios, lugar de culto, ministros, dones, víctimas. Brevemente lo haremos en un segundo momento. Nos interesa, en esta primera parte, analizar las actitudes cristianas que terminan (aunque solo sea en la praxis) idolatrizando realidades y por lo tanto restándole a Dios algo que le es debido, sea porque es dado a otro o porque no le es dado en plenitud. En ese sentido se transforman en rivales de Dios.

 

1.         Presentación de la Carta “primera” a los Corintios

Es sabido, y no necesitamos recordarlo aquí, que la llamada “Primera” carta a los Corintios es (por lo menos) la segunda (cfr. 1 Co 5,9). Es verdad que muchos autores han propuesto dividir la actual 1 Co en varios fragmentos que, originalmente, constituirían (conjuntamente) con 2 Co las varias cartas a los corintios, pero esta postura pierde adeptos día a día. Hemos presentado nuestra propuesta sobre esto en otra parte, donde sosteníamos que la actual 1 Co fue compuesta en dos etapas. Sea esto correcto, o estemos frente a una carta uniforme, de todos modos la mayor parte de los autores coincide en presentar una idéntica estructura. Partiremos de ésta para referirnos a nuestro tema... La carta desarrolla los siguientes temas en las siguientes unidades:

I.-           Problema de los “partidos” corintios (cap. 1-4)
II.-          Problemas morales (cap. 5-6)
   1. el incesto
   2. los tribunales del imperio
   3. a prostitución
 III.-        Respuesta a las primeras preguntas formuladas            (cap. 7)
   1. matrimonio
   2. virginidad
IV.-        Respuesta a la pregunta sobre la carne inmolada a los ídolos y
   problema sobre la autoridad de Pablo (cap. 8-10)
V.-          Problemas de asamblea (cap. 11)
   1. las mujeres
   2. la Cena
VI.-        Respuesta a la pregunta por los “espirituales” (cap. 12-14)
VII.-       Problemas frente a la resurrección (cap. 15)
VIII.-      Respuesta a la pregunta sobre la colecta y sobre Apolo (cap. 16)

Nuestra propuesta era que Pablo responde a una carta enviada por los corintios (1ª etapa), pero al enterarse oralmente del agravamiento de la situación enfrenta los problemas que ha escuchado (2ª etapa). Aquí quedan reflejados en los títulos: “respuesta” (1ª etapa) y “problema/s” (2ª etapa).
Como puede verse por las citas presentadas más arriba, el tema de la idolatría lo encontramos explícitamente referido en las unidades que hemos señalado II, IV y VI.
En el primero de los casos, las tres referencias corresponden a lo que se ha llamado “catálogo de vicios”, en el segundo, el contexto es el de la carne inmolada a los ídolos, mientras que en el tercero se refiere brevemente, pero en un lugar clave, al pasado “pagano” de los corintios. Deberemos analizar estos textos antes de preguntarnos si el tema está implícito en otras partes de la carta...

 

2.         Citas explícitas sobre la idolatría

2.1.         1 Co 5-6: Los problemas morales y la idolatría

Señalamos recién que la unidad 5-6 es una unidad caracterizada por cuestiones morales. De hecho se plantean tres conflictos frente a los cuales Pablo debe intervenir: un caso de incesto, el recurso a los tribunales del imperio y la actitud frente a la prostitución. No es, entonces, de extrañar que en esta unidad Pablo ubique dos catálogos de vicios (5,11; 6,9-10, cfr. 5,10).
Estos “catálogos” son listas de pecados (o de virtudes, en otros casos) que empezaban a ser frecuentes en el mundo greco-judío, griego y cristiano.
En la literatura apócrifa, por ejemplo, puede verse en el Testamento de los 12 Patriarcas: Rubén 3,2-8; Leví 14,5-8; Judá 16,1; Gad 5,1-2; Aser 2,5; 5,1; Benjamín 6,4; Asunción de Moisés 7; Baruc (gr) 4,17; 8,5; 13,4; En (et) 91,6-7; Jub 21,21; 23,14. Citamos el único en el que hemos encontrado referencia a los ídolos/idolatría como “vicio” dentro del “catálogo”: “Y Baruc dijo: ‘-Señor, ¿por qué están esos rayos descendiendo del cielo?’ Y el ángel me dijo: ‘Por la visión de la ilegalidad e injusticia de los hombres cometiendo fornicación, adulterio, hurtos, robos, culto a los ídolos, dados a la bebida, asesinatos, discordias, celos, difamaciones, murmuraciones, habladurías, adivinaciones y otras cosas que son inaceptables para Dios” [Bar (gr) 8,5].
De hecho, el Nuevo Testamento, con excepciones (Juan, por ejemplo) está lleno de ellos. Los catálogos judíos, señalaban particularmente los pecados que caracterizaban a los paganos como consecuencia de la idolatría. El acento en lo sexual radica en que era “el” pecado que los judíos atribuían a los paganos. Y estos pecados “de los paganos” tienen su raíz en el culto a los ídolos. Los catálogos judíos de virtudes, en cambio, tienen su raíz en la Ley y su cumplimiento.
Esto no significa que el catálogo de vicios ronde lo sexual. La pleonexía a la que hicimos referencia, por ejemplo, aparece junto a la idolatría en 5,11 o en el catálogo de 6,10, de Rm 1,29 y Mc 7,22. Lo que nos interesa, por ahora, es señalar que hay pecados que son característicos de los paganos; ahora bien, a ellos los juzgará Dios (5,12-13a), pero esas cosas son intolerables dentro de la comunidad cristiana. El problema es el que “llamándose hermano vive de esa manera” (5,11).
La referencia a los ídolos, en este caso, es referencia al culto que se les da a ellos, y es presentado como “eidôlatría”. Si los “paganos” viven así, es algo de lo que Dios se ocupará; pero si así viven los cristianos, eso implica que están cayendo en algo que podríamos llamar “idolatría práctica”. Este “vicio”, como otros más, es característico de los paganos e inconcebible en la comunidad cristiana; sin embargo, al presentarlo a cristianos (a los que se llaman “hermanos”), eso demuestra que determinados “vicios” estaban “presentes” en la vida de la comunidad. “Algo huele mal en Corinto”.

2.2.         1 Co 8-10: sobre la carne sacrificada a los ídolos

La referencia a los ídolos en esta unidad, aparece en el contexto de una consulta hecha a Pablo por los corintios por carta (cfr. 7,1). Nuevamente el contexto es el del culto; en este caso la comida de la carne inmolada, presentada en sacrificio, a los ídolos. Esta carne podía adquirirse en el mercado, y por lo tanto, comerse en cualquier casa de familia. El planteo que se hace es si al comerla se está entrando o no en comunión con los ídolos. Un grupo (los débiles) cree que sí, y por tanto comer esta carne los escandaliza; otro grupo (los fuertes) sostiene que no, puesto que no hay más que un Dios y no existen los ídolos, por lo tanto, la carne puede comerse sin problemas. Un slogan de los corintios fuertes parece ser el punto de partida de esta cuestión: “el ídolo no es nada en el mundo” y “no hay más que un Dios” (8,4). Varias veces cita Pablo, en la carta, slogans de los corintios, pero lo hace para corregir algún punto de sus planteos. El punto de partida es correcto, de hecho “todos tenemos ciencia” (8,1; probablemente otro slogan corintio). La cuestión es un error en la “escala de valores”. Lo que importa más que la ciencia es el amor: “la ciencia hincha, el amor edifica”.
“Hincharse” es algo que es característico de los corintios (4,6; 8,1; 11,14; 13,4; 2 Co 12,20). El término (physioô) solo aparece en Col 2,18 fuera de las cartas a esta comunidad. Es semejante a “gloriarse”, aunque uno puede “gloriarse” bien: en el Señor (1,31; cfr. 2 Co 10,17). “Hincharse” es jactarse, creerse más, es mirarse a sí mismo. Es todo lo contrario de “edificar” (oikodomeô), un término frecuente en Pablo, y particularmente importante en estas cartas: 3 veces en Rm, 1 en Ga, 4 en Ef y ¡17 veces! en 1-2 Co. Es mirar, tener en cuenta, la comunidad, tener en cuenta al “hermano”...
Claramente Pablo está diciendo que si bien todos tienen ciencia, no todos tienen amor. De hecho, la “hinchazón” de los corintios los lleva a olvidar al hermano. Es más, en lugar de “edificar” la comunidad, el “templo”, “los edifican para comer carne sacrificada a los ídolos” (oikodomêthêsetai eis to ta eidôlóthyta esthíein, 8,10). El amor edifica al hermano, los “hinchados”, en cambio, los están edificando para caer (skándalon), para perderse, para el pecado. Por el “conocimiento se pierde el hermano por quien Cristo murió” (8,11). Creen no pecar por comer pero de hecho pecan contra Cristo en el hermano ya que pecando contra el hermano se peca contra Cristo (8,12).
Lógicamente, aquí el pecado no es la idolatría en cuanto acción cultual sino hacer caer a quienes creen que de hecho están dando culto a los ídolos. Pablo, intelectualmente, está de acuerdo con la ortodoxia de los “fuertes”, lo que cuestiona es su praxis; prefiere hacer suya la praxis de los “débiles” (que parte de un principio con el que Pablo no está de acuerdo: están “acostumbrados hasta ahora al ídolo” 8,7). Pero lo importante es salvar “al hermano por quien Cristo murió”.
Sin embargo, Pablo vuelve sobre el mismo punto en el cap. 10, y lo hace desde un enfoque aparentemente distinto (este es uno de los puntos que ha llevado a muchos autores a suponer en 1 Co más de una carta). El tema sigue siendo la relación con los ídolos, pero en dos diversos contextos.
El primer uso aparece en el contexto de una relectura del Antiguo Testamento y los acontecimientos del desierto. Pablo avanza su “pequeña homilía” de a pares: “no codiciar como codiciaron”, “no fornicar como fornicaron”, “no tentar como tentaron”...; curiosamente el único que no tiene el par correspondiente es el de la idolatría, (“no se hagan idólatras”, v.7)1; este punto se encuentra entre la invitación a no codiciar (epithyméô, v.6) y no fornicar (porneuô, v.8). Los que hacían todas estas cosas detestables que les merecieron la muerte fueron los judíos, que a pesar de haber recibido en figura (vv. 6.11) la Cena del Señor (v.3-4) y el Bautismo del Señor (v.2), eso no fue obstáculo a su pecado, y la consecuencia fue la muerte. Lógicamente, el centro de atención de la homilía de Pablo no son sus antepasados sino sus contemporáneos (v.11). La mano liberadora de Dios, y su providencia en el desierto no fueron obstáculo al pecado; lo mismo ocurre con las cosas que hacen a los corintios “hincharse”; ellos no pueden creer que por participar del mismo Bautismo y de la misma Cena ya están definitivamente en comunión con Dios: ¿eso no es hacerse un ídolo? (cfr. 11,30).
La referencia de Pablo a la idolatría viene acompañada de una cita bíblica. Como es lógico por el contexto del éxodo, la cita es del acontecimiento idolátrico del desierto: el becerro de oro. Es cierto que, dentro del mismo texto, se podrían haber elegido otras citas más claras en referencia al rechazo de la idolatría, pero ésta (Ex 32,6b) hace expresa referencia al “comer” que es el punto en cuestión, de allí que la encontremos aquí.
En cambio, el término “jugar” (en hebreo tsahaq; en griego paizô) se presta a diversas interpretaciones ya que puede referir tanto a juegos sexuales (como lo han interpretado muchos rabinos; de hecho, en Gn 26,8 el sentido del término es evidentemente erótico), o a las danzas rituales (cfr. 1 S 18,7; 2 S 6,5.21; 1 Cro 13,8; 15,29; como lo interpreta Calvino).
Lo importante es que, y la cita bíblica viene a reafirmarlo, Pablo intenta hacer de esta unidad una relectura del acontecimiento bíblico de la idolatría del Pueblo de Dios...
Las siguientes referencias están en la segunda sub-unidad de este capítulo; ahora más expresamente referido a la comida y la carne inmolada a los ídolos (v.19). El tema es la comida y la bebida, con lo que de la carne inmolada se pasa a un nuevo contexto, más cercano a la Eucaristía (la palabra “copa” se repite al principio y al final de la unidad encerrándola). La comida común nos hace entrar en unidad con el Señor al participar de la “copa de bendición”; somos un cuerpo al entrar en comunión con el cuerpo del Señor (como vimos, el tema eucarístico ya fue anunciado “en figura” en la sub-unidad anterior). La comida de carne sacrificada a los ídolos tiene una doble dimensión: por una parte los ídolos, en cuanto divinidades, no existen. Pero existe la comida. Entonces, ¿a quién se ha sacrificado? Si los ídolos no existen, lógicamente se ha sacrificado a los demonios, que son los adversarios concretos del único Dios [solo aquí refiere el Apóstol a los “demonios” (daimónion)]. Con esto, Pablo se acerca a la lectura judía que identifica “ídolos” y “demonios”.
El tema ya había sido presentado en Dt 32,16-17.21 (texto que Pablo cita), y más tarde releído por LXX [mientras el TM de Sal 96,5 hablaba de “dioses” (‘elohy), la traducción griega habla de “demonios” (daimónia)]; cfr. Sal 136,7; Is 65,3.11 (LXX); Bar 4,7; 1 Hen 19,1; Jub 1,11. Algunos autores proponen aquí una diferente lectura frente al tema de la idolatría: los corintios una visión más cercana al judaísmo helenista, Pablo, en cambio, más cercana a la apocalíptica.
Acá es donde presenta un tema típico del rechazo bíblico a la idolatría: los celos de Dios (v.22). El Dios que exige exclusividad no acepta ser compartido; la mujer que Él ama (Israel) no puede andar tras otros dioses (menos todavía si no son tales); eso es prostitución (la imagen se hace más fuerte si el tema tiene su origen en la prostitución sagrada) e infidelidad.
Lo que nos interesa en este momento es indicar que Pablo niega toda entidad a los ídolos en cuanto divinidades (en ese sentido no hay problema en comer la carne sacrificada) pero se enfrenta duramente con la idolatría (participar de los cultos idolátricos es enfrentar a Dios con sus adversarios que no son dioses de hecho sino demonios). Una cosa es comer la carne y otra diferente participar del culto (latría). Hay que notar que la referencia a la “bebida” une la unidad anterior con lo que sigue (los diferentes temas de asamblea y culto). Una vez más los corintios viven como antes de haber recibido a Cristo olvidando la novedad que esto supone, novedad que se vive -por el contexto- en referencia al hermano.

2.3.         1 Co 12-14: Los “espirituales” y la idolatría

En la siguiente unidad, el tema de la idolatría aparece solo al principio y aparentemente “desubicado”. De hecho, muchos comentaristas, cuando analizan esta unidad, optan por pasar casi “de largo” los primeros versículos, aunque sean evidentemente la introducción...
Pablo, nuevamente, responde una pregunta formulada por los corintios en la carta. En este caso la pregunta es sobre “los espirituales” (pueden ser los dones o las personas). La unidad tiene tres partes muy marcadas: la primera (cap. 12) sobre la unidad en la diversidad; es acá donde Pablo pone la semejanza del cuerpo (común en la filosofía estoica) para expresar que nadie puede excluir a nadie, ni sentirse excluido por nadie por tener o dejar de tener determinados “carismas”. De hecho, estos carismas tienen una “escala de valores” que los corintios (o un grupo de ellos) ha deformado o invertido. Frente a esto (probablemente incorporado en un segundo momento redaccional de la carta), Pablo propone un único criterio fundamental: lo que se ha llamado “el patriarcalismo del amor”. Esta segunda parte (cap. 13) viene a marcar el eje de la unidad, y el corazón de todo criterio. La tercera parte vuelve a la “escala de valores”, pero en este caso centrado en dos “carismas” particulares: la glosolalía (don de lenguas) y la profecía (cap. 14). En este contexto, no es fácil entender el papel que juegan los primeros tres versículos: ¿cuál es la relación de todo esto con los “ídolos mudos”? ¿Quién puede afirmar (si alguien lo afirma de hecho) “Jesús es anatema”? Lógicamente, si esta pequeña parte es una introducción (y literariamente es evidente que lo es), debe haber una relación entre ésta y el resto. En este punto, los “ídolos mudos” tienen su importancia.
Veamos, para comenzar, la estructura de estos versículos: Pablo comienza con “en cuanto a...” (perì de). Es la fórmula que se repite con bastante frecuencia como respuesta a los diferentes interrogantes formulados por los corintios en la carta a la que Pablo hace referencia en 7,1. A una comunidad que da tanta importancia a tener “conocimiento” [gnosis (recordar lo dicho en 8,1)], Pablo le escribe para que “no ignoren” (a-gnoein, v.1). Les recuerda lo que sí “saben” (oídate, v.2): que cuando eran gentiles (ethnê) se dejaban arrastrar por los ídolos. Entonces, para que tengan las cosas claras, “les da a conocer” (gnôrizô, v.3) cuál es el criterio con el que deben guiarse. Pero vayamos por partes.
El criterio que Pablo propone, en esta introducción es doble: uno negativo y otro positivo (“con Espíritu”, “sin Espíritu”).
El esquema de composición de la unidad es paralelo: (A) “nadie en Espíritu habla diciendo”, (oudeis en pneúmati... lalôn légei) (A’) “nadie puede decir sin Espíritu” (oudeis dynatai eipein... en pneúmati).
Lo dicho en este paralelo se mueve entre dos extremos antitéticos: una agresión (maldición) a Jesús: “Anatema Jesús”, y la primera confesión de fe: “Señor Jesús”.
El término “anatema” es usado solamente por Pablo en el Nuevo Testamento (Rm 9,3; 1 Co 12,2; 16,22; Ga 1,8.9; aunque hay un uso primitivo y con sentido diferente en Lc 21,5). Significa “hacer maldito” (literalmente: poner sobre, sometido a). Es más grave que la excomunión ya que ésta expulsa de la comunidad de fe, en cambio aquella entrega la cosa o persona anatematizada a la ira divina.
El problema que se presenta aquí es si realmente existía en la comunidad alguien que podía decir tal cosa. Algunos autores, particularmente aquellos que afirman que Pablo enfrenta el gnosticismo que había en Corinto, piensan que los gnósticos (que afirman tener el espíritu) rechazan al Jesús terreno y reconocen al glorificado (por eso es a “Jesús” y no a “Cristo” a quien anatematizan). Sin embargo, es de esperar que si algunos dijeran tal cosa Pablo sería mucho más vehemente en la respuesta. El tema sobre el que parece estar centrada la cuestión es la confesión de fe que aparece en la segunda parte del paralelo: “Señor” (kyrios). Esa es la confesión máxima y primera para el Apóstol (cfr. Flp 2,11). Quien está unido al Espíritu Santo, ese reconoce a Jesús como Señor, en cambio lo rechazan quienes aún no han recibido el Espíritu, los que todavía siguen a los ídolos. Son los que desconocen el señorío de Jesús, los que lo “anatematizan”; de hecho, el mismo Pablo “anatematiza” a los que no quieran al “Señor” (1 Co 16,22). De todas maneras, lo que nos interesa en este momento es la relación de todo esto con los ídolos a los que se hace referencia en el versículo anterior.
Esta doble referencia al criterio negativo y positivo viene precedida por un “por eso” (dio). Estos criterios, por tanto, son consecuencia de lo anterior. La frase es confusa ya que no está terminada (es lo que se llama “anacoluto”); literalmente dice: “saben que cuando gentiles eran hacia los ídolos mudos cuando (ôs an) llevados (êgesthe) conducidos (apagómenoi)”; como se ve, falta -al menos- un verbo (“ser”).
La Nueva Biblia Española ha traducido: “se sentían arrebatados hacia los ídolos mudos, siguiendo el ímpetu que les venía”; el Libro del Pueblo de Dios dice: “se dejaban arrastrar ciegamente al culto de dioses animados” (es parecido a la traducción Dios Habla Hoy); la Biblia de Jerusalén: “se dejaban arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos”; la Traducción Ecuménica de la Biblia: “eran arrastrados como al azar por los ídolos mudos”; la Revised Standard Version: “se dejaban arrastrar hacia los ídolos mudos cuando eran movidos”; la Biblia Latinoamericana: “iban a sus ídolos mudos como gente poseída”.
Más allá de algunas cuestiones, lo importante para Pablo es recordarles algo que “saben”: su pasado, y la referencia es a los ídolos a los que se califica como “mudos” en total sintonía con el Antiguo Testamento: ya que “tienen boca y no hablan” (Sal 115,4-8; cfr. 1 Re 18,26-29; Is 46,7). Y la actitud en el pasado de los corintios hacia ellos: “llevados”, “conducidos”. Los cultos a los dioses paganos (ethnê) eran comunes en esta ciudad (Delfos, Dionisos, Dodona, Baco, Cibeles..., y no debe olvidarse el culto al emperador el cual, expresamente, era llamado “señor”); ya lo había señalado Pablo: “hay multitud de dioses y señores” (8,5). Muchos de estos cultos (que, vimos, Pablo considera “demonios”) se caracterizaban por los trances, éxtasis, hablar en lenguas, y otros fenómenos por el estilo. Aquí está el punto en cuestión: los mismos fenómenos se dan entre los cristianos de Corinto. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo juzgarlo? Pablo va a proponer un criterio: el señorío de Cristo. El Apóstol no sale de la mente de su tiempo, y frente a esos fenómenos (que hoy podemos analizar desde otra óptica) se guía por el criterio de la fe: si son fuera (“lejos”) de la comunidad cristiana, no vienen del espíritu de Dios, vienen de los demonios (= ídolos) y pueden llegar a decir “Jesús es anatema”; si son dentro de la comunidad cristiana (“cerca”) son del Espíritu Santo, y reconocen a Jesús como Señor. Pablo está proponiendo, como criterio, la fe: las lenguas o cualquier otro “carisma” no son criterios de validación, lo es, en cambio, la eclesialidad. Pero ese criterio de fe no es verdadero si no se da dentro de la unidad de la comunidad (imagen del cuerpo, cap. 12), y sobre todo si no es capaz de vivir el amor (cap. 13). Recién después es posible mirar una escala de valores que permita dar la importancia que tiene cada carisma (cap. 14).
Como se ve, la introducción de esta unidad, no puede ser pasada por alto como lo hacen muchos comentarios, es lo que da marco al texto. La idolatría explica, en gran parte, el sentido de la unidad literaria. El criterio vuelve a ser: tener en cuenta al hermano, al despreciado, al débil (c.12) y su edificación (c.14); de allí que exalte la profecía y -en la práctica- prohíba el don de lenguas que solo “edifica” al que lo practica... Lógicamente, la “introducción” tampoco puede entenderse separada del texto que le da fundamento: el llamado “himno a la caridad” (c.13): Pablo no entendería una confesión de fe (“Cristo Señor” = ortodoxia), separada de una “confesión de vida” (“patriarcalismo del amor” = ortopraxis): “aunque tuviera una fe...”.

 

3.         Citas implícitas sobre la idolatría

3.1.         1 Co 1-4: Detrás de los “partidos” de Corinto

Los estudios sobre el tema de la sabiduría (sophía) en la 1 Co demuestran, con justicia, el lugar que el tema ocupa en el enfrentamiento de Pablo y la comunidad, pero ponen el acento en intentar caracterizar esta “sabiduría”, o al supuesto partido que intenta “hacerse fuerte” en ella; aunque los autores no se ponen de acuerdo a la hora de delimitar el papel y características de los así llamados “partidos” en que se encuentra dividida la comunidad (o una parte de ella).
Algunos autores niegan la existencia del partido “de Cristo”; otros niegan también la existencia del partido “de Kefas” (= Pedro); existiría, según estos, solamente el partido de Apolo lo cual explicaría la importancia del tema de la sabiduría en esta unidad. Para otros, solo existe el partido de Cristo, que sería el grupo gnóstico, lo cual también explicaría la importancia del “conocimiento”. Para otros, el partido central es el de Pedro, el partido judeocristiano; la unión Ley-Sabiduría habría influido en la incorporación del tema sapiencial...
Sin embargo, creemos que el Apóstol, más que enfrentar un partido o una “sabiduría”, enfrenta la idolatría que eso supone. Así se entiende mejor, creemos, la referencia a la Cruz como tema de escándalo, y la referencia constante a la iniciativa divina como “marco de fondo” de los capítulos 1-4. Sobre esto hemos trabajado en otra parte, pero veámoslo sintéticamente.
Las divisiones en la comunidad no son una novedad. Toda la carta está marcada por ellas: no solo los partidos (1-4) sino también las divisiones que causan juicios (6), los débiles y los fuertes (8-10), las divisiones en la asamblea eucarística (11), los que se creen más o menos que otros por poseer o no ciertos carismas (12-14); y a eso debemos agregar algunos que parecen desvalorizar el matrimonio (7) y otros que niegan la resurrección (15), además de cierta crisis moral que se ve en Corinto (5-6)... Esto nos presenta una comunidad dividida, situación que persistirá muchos años después, cuando Clemente Romano escriba su conocida carta... Algunos autores pretenden identificar estas divisiones según un criterio común; por ejemplo, quienes sostienen que podemos encontrar gnosticismo en Corinto (generalmente identificado con el “partido de Cristo”) suponen que los gnósticos relativizan todo lo moral (5-6), desprecian el matrimonio (7), descuidan a “los débiles” (8-10), son los “espirituales” (12-14), y niegan la resurrección (15). En ese caso, toda la carta estaría escrita para enfrentarlos.
Nos parece, sin embargo, que lo que Pablo enfrenta no es a tal o cual partido sino el hecho de que los haya. Eso es lo que es para él intolerable. De allí que recurra al tema de la cruz (lo mismo había hecho en 8,11: “tu hermano por quien murió Cristo”), y al tema del bautismo (como había hecho en 12,13: “en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados para no formar más que un solo cuerpo...”). Esto no significa que el tema de la sabiduría no haya sido uno de los causantes de las divisiones, puede haber influido. Pero toda conclusión no pasa de conjetura y es dudoso armar un comentario sobre ellas...
Dejemos, entonces, hablar al texto: Pablo recurre, para comenzar, al tema del bautismo (1,13b-17a), toma luego el de la cruz (17b-25), para recién después tomar el tema de la sabiduría (1,26-3,4; cfr. 1,22-25); otros temas como los “misterios”, el “espíritu” y la iniciativa divina aparecen como marco de fondo que permiten iluminar con mayor claridad el contexto. Para no extendernos en este punto señalemos simplemente que Pablo remarca con mucha vehemencia que el punto de partida de todo esto es la iniciativa divina; Dios es el que empieza, es el que llama y mueve. Aceptar esa iniciativa en nuestras vidas es lo que nos hace verdaderamente sabios, una iniciativa que no es fácil para los “judíos” o “griegos” ya que empieza en la cruz, verdadera “fuerza” y “sabiduría”. Esta cruz es la verdadera pedagogía de Dios, y se manifiesta tanto en la debilidad de Pablo (apóstol “crucificado”, 2,1-5) como en la debilidad de la comunidad (comunidad “crucificada”, 1,26-31). Si alguien, y en este caso los corintios, pretende “hacerse fuerte” en algo diferente, está cayendo en la idolatría, algo que Pablo no menciona pero que es la raíz del tema: “buscar refugio” (en hebreo “hsh”, a veces traducido al griego por “elpízein”) fuera de Dios, como pretenden (algunos) hacerlo con la sabiduría, es idolatría. La sabiduría cristiana es crucificada, no se afirma en la capacidad, la calidad retórica o las formas, sino en Dios mismo, en su iniciativa y en la presencia de su Espíritu; por eso es sabiduría en misterio (2,7). La presencia “crucificada” de Pablo débil y tembloroso (2,1-5), de la comunidad “crucificada”, con pocos sabios o poderosos (1,26-31) invita a poner la confianza en Dios, y solo en El aunque parezca necio y débil (1,18-25). Confiar en la sabiduría de este o aquel predicador (sea la de Apolo, sea gnóstica; sea este tema la causa de las divisiones o no), buscar seguridades en la sabiduría y no en Dios, o en Crucificado o en su Espíritu, eso es idolatría. Y Pablo la enfrenta.

3.2.         1 Co 11: La cena del señor puede ser idolatría

En la lectura del cap. 10 vimos que probablemente los corintios confiaran tanto en su Bautismo y en la Cena del Señor que ya por eso se creyeron salvados. La “pequeña homilía” de 10,1-13 los había alertado sobre esto. Sin embargo, Pablo quiere señalar la cuestión bien claramente. “Confiar” de esa manera en los sacramentos es hacer de ellos un ídolo. Los israelitas murieron a pesar de ellos, y también los cristianos (“por eso hay entre ustedes muchos enfermos, muchos débiles, y mueren no pocos”: 11,30). Por más “divina” que sea, una realidad puede ser idolatrizada, y creer que solo por participar de la Cena del Señor se está en comunión con Él, esto es un error: “eso no es la Cena del Señor” (11,20). “El que come y bebe sin discernir el Cuerpo (eucarístico y eclesial), come y bebe su propio castigo” (11,29).
En otra parte hemos propuesto que usando un esquema mental semejante a nuestro “Ver-Juzgar-Actuar”, Pablo indica que hay divisiones en la “Iglesia” (ver), esto es algo que atenta contra lo que el mismo Señor ha dejado y Pablo ha recibido por tradición (juzgar); “por tanto”, la comunidad debe vivir coherentemente con lo que su Señor espera de ella; caso contrario, habrá hecho de las cosas más santas un ídolo (actuar). Citemos un conocido biblista que afirma algo plenamente válido en este caso: “También los cristianos corremos el peligro incesante de creer en mitos y adorar imágenes. No existe ni una sola verdad de fe que no podamos manipular idolátricamente” (G. Von Rad). La Cena del Señor, en este caso, parece ser una de ellas; especialmente a la luz de lo dicho en 10,14-22.

 

Conclusión

Como hemos visto hasta aquí, las diversas unidades que conforman la 1 Co están -con mucha frecuencia- inspiradas o marcadas por el tema de la idolatría. La confianza en la sabiduría humana (1-4) lleva a los corintios a olvidar la iniciativa divina que “va por otro lado”, que propone una sabiduría diferente, crucificada. La vida que llevan muchas veces los cristianos, o al menos muchos miembros de la comunidad, recuerda la vida que llevaban en tiempos de servicio a los ídolos y no es expresión de los nuevos tiempos inaugurados por el Señor (5-6). Comer la carne inmolada a los ídolos no es pecado, lo que sí lo es, es atentar contra el hermano que, por ser débil (en el conocimiento), cree estar pecando. De hecho, si bien es verdad que no existen los ídolos (en cuanto divinidades), no es menos cierto que sí existe la idolatría, y eso es seguir a los demonios. Y la idolatría puede ser, incluso, confiar idolátricamente en las cosas de Dios y olvidar al hermano “por quien murió Cristo” (8-10). Por otro lado, los cristianos, están frecuentemente frente a la tentación de caer en la idolatría, y, por lo tanto, olvidar lo debido al único Dios (5-6; 10; 11). Hay muchas cosas en las que “estar en Cristo” supone para el cristiano una novedad absoluta y otras muchas cosas que no se diferencian de las vividas en la etapa anterior, como las manifestaciones religiosas (lenguas). Pero hay un criterio de validación: descubrir en el otro un hermano, saberse miembros de un mismo pueblo, tener una fe común (12-14), pero sin olvidar que “los miembros del cuerpo que tenemos por más débiles, son indispensables” (12,22) y que todo el cuerpo sufre cuando sufre una parte (12,26). Jesús trae al hombre una novedad absoluta: una nueva alianza, un nuevo hombre-Adán, un nuevo eón [nueva era (aunque el término esté bastante desgastado)]. Todos los cristianos, por estar “en Cristo” están ya incorporados a esta novedad, lo que no significa que vivan coherentemente con ella; es evidente que los corintios no lo hacen. Por eso Pablo elige calificarlos de “niños”, “carnales”, alimentados a “leche” ya que “viven a lo humano” (cfr 3,1-4). Vivir como en tiempo de ídolos, sea por dar culto, sea por no sacar todas las consecuencias que Cristo trae a las vidas de la comunidad, sea por descuidar al hermano o por no poner la confianza en Dios sino en sí mismos (hinchados) o en terceros (Pablo, Apolo...), la cuestión es que la idolatría aparece como mar de fondo, como expresión de una vida que no ha cambiado. Pablo extrae al máximo las consecuencias de la fe y pretende lo mismo de los suyos. La “militancia de la fe” no debe solo proclamarse, sino “militarse”, vivirse, caso contrario, se está cerca de los ídolos, de la era terminada con Cristo frente a la nueva a la que ingresamos por la fe.
Con lo que hemos señalado hasta aquí hemos pretendido, simplemente, mostrar que el tema de la idolatría está muy presente para Pablo a la hora de escribir su carta: tanto los paganos como los judíos han vivido actitudes que los cristianos corren el riesgo de volver a vivir. Estas actitudes nos permiten tener en cuenta que Pablo ve en la idolatría un adversario de Dios y un adversario de la comunidad cristiana, que atenta contra la vida dedicada a Dios y atenta contra los hermanos provocando la división y la muerte. Por eso es culto a los demonios.

Algunos elementos para una lectura latinoamericana de la carta

Sabemos hasta el cansancio en América Latina que la situación que vivimos es causada, no es “culpa del azar” o de la desidia de los pobres que se niegan a trabajar: es causada y los responsables tienen nombre y apellido: son los ídolos (y los idólatras). Los ídolos de la muerte, adversarios del Dios de la vida: el dólar (“In God We Trust” = “este es el dios en el que creemos” lee V. Codina); el mercado (con sus fiestas, sacerdotes y templos señalados con tanta claridad por L. Boff); el oro y la plata ante los que Job no se postra, ni ha hecho su confianza (Job 31,24 como indica G. Gutiérrez); el Nuevo Orden Mundial... Lo que agrava la situación es que muchos de los que se postran ante estos ídolos “se llaman hermanos”. Lo que los obispos latinoamericanos llamaron “ateísmo práctico” (DP 546) no es, en estos casos, más que “idolatría práctica”... Como los “rostros sufrientes” de Puebla (DP 32-39; SD 178-179), también hoy deberíamos alargar los “catálogos de vicios”... También hoy, muchos que creen no pecar (son “ortodoxos”) ya que no pecan en su doctrina, pecan, sin embargo, “contra Cristo” haciendo caer a sus hermanos. Muchos que creen que por participar de la fe y de los sacramentos de la Iglesia ya están salvados, olvidando lo que le ocurrió “en figura” al “Israel según la carne”...
Y las víctimas son siempre las mismas, “los débiles”, aquellos “por quienes Cristo murió”, aquellos a quienes “se debe tener en mayor estima”... El hermano es el criterio de validación de nuestra fidelidad. Curiosamente, algunos que se llaman seguidores del “Dios de la vida” terminan siendo seguidores de los “demonios de la muerte”. Es el mismo hermano caído al borde del camino que nos interpela y cuestiona desde la sangre derramada de nuestros mártires, desde su muerte acelerada en la pobreza, desnutrición y enfermedades, desde su inocencia quebrada en la calle, en la violencia... ¡Y los victimarios “se llaman hermanos”!
Permítasenos terminar este trabajo con una interesante cita de J. Sobrino en un reciente reportaje: “Honradamente, yo he de decir que, si yo leo la primera Carta a los Corintios, un texto que me impacta muchísimo, y voy al Mozote, la realidad del Mozote, las cruces reales del Mozote, me hacen entender mucho mejor al Pablo que estaba enojado con los carismáticos alienados. Además, la realidad del Mozote no me hace ignorar a Cristo crucificado del que habla Pablo; al contrario”.
Bibliografía

(como señalamos, el tema no está muy estudiado; presentamos bibliografía que puede ayudar a profundizar el texto)

Aguirre, R. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana (DDB, Bilbao 1987)
Anderson, A. F.  - Silva Gorgulho, G. da. Paulo e a luta pela liberdade  (CEPE 1991)
Barbaglio, G. Pablo de Tarso y los orígenes cristianos (Sígueme, Salamanca 1989)
Fee, G. D. Primera epístola a los corintios (Nueva creación -Eerdmans, Buenos Aires - Nueva York 1994)
Fitzmyer, J. Teología de San Pablo (Cristiandad, Madrid 1973)
Käsemann, E. “El culto en la vida cotidiana del mundo”, Ensayos exegéticos (Sígueme, Salamanca 1978) 21-28
Lona, H. “Grupos y tendencias en la comunidad de Corinto. Observaciones sobre conflictos comunitarios y su resolución en la Iglesia primitiva”, Carisma y Libertad (Don Bosco, Buenos Aires 1993) 83-127
Meeks, W. A. Los primeros cristianos urbanos. El mundo social del apóstol Pablo (Sígueme, Salamanca 1988)
Mesters, C. La espiritualidad que animó a san Pablo (Paulinas, Bogotá         1991)
Penna, R. Un cristianismo posible. Pablo de Tarso (Paulinas, Madrid 1994)
Quesnel, M. Las cartas a los Corintios (Cuaderno Bíblico 22) (Verbo Divino, Navarra 1978)
Schnackenburg, R. “La ‘mayoría de edad’ del cristiano según san Pablo”, Existencia cristiana según el Nuevo Testamento (Verbo Divino, Navarra 1970) 255-280
–, “Entre dos tiempos. Existencia cristiana en este mundo según san Pablo”, Existencia cristiana según el Nuevo Testamento (Verbo Divino, Navarra 1970) 207-234
Schweizer, E.  - Diez Macho, A. La Iglesia primitiva, medio ambiente, organización y culto (Sígueme, Salamanca 1974)
Serna, E. de la. “La cruz y el crucificado en 1 Corintios”; RevistB 49 (1987) 209-213
–, “La iniciativa divina en 1 Corintios”; RevistB 51                (1989) 39-44
–, “¿‘Ver-Juzgar-Actuar’ en San Pablo?”; RevistB 52 (1990) 85-98
–, “Los orígenes de 1 Corintios”; Bib 72 (1991) 192-216
Theissen, G. Estudios de sociología del cristianismo primitivo (Sígueme, Salamanca 1985)
Vanni, U. “La primera carta a los Corintios: del ‘discurso de la cruz’ a la eclesialidad”, R. Fabris ed., Problemas y perspectivas de las ciencias bíblicas (Sígueme, Salamanca 1983) 301-314

 

Eduardo de la Serna
El Callao y Casa de Tejas
(1887) Florencio Varela 
Buenos Aires
Argentina

 

1 Es interesante, en este caso, que el texto, en su forma verbal [imperativo presente] puede interpretarse como .
 

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.